#Debate2018 Ganó el formato, faltaron aportaciones de fondo

asd.JPGConcluido el primero de tres debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, los cinco candidatos –como ya lo habían trabajado en sus equipos de campaña- se declararon ganadores de su trinchera y pusieron en marcha sus tácticas para posicionarse en los espacios noticiosos de la semana. Sin embargo, como nunca antes, las estrategias en las redes sociales presidieron el análisis de lo acontecido en tiempo real y con miles de matices de opinión. Lo que quedó fuera, no obstante, fue la oportunidad de abordar los temas de fondo, que sí los hubo, pero palidecieron bajo las tácticas de imagen y campaña.

Los esfuerzos del Instituto Nacional Electoral para trabajar con las empresas controladoras de las principales redes sociales del mundo y que éstas operaran a favor de lograr audiencias y conversación fueron notorios, pero inquieta mirar los resultados: un inmenso volumen de participantes, pero igualmente inmensa la basura que allí se produce. Eso, sin contar aquello que los vendedores de fantasías llaman “estrategias de redes” pero que no son sino la compra burda de tecleadores obsesivos.

Las redes sociales rompieron el monopolio de opinión de los medios de comunicación tradicionales de noticiarios. Nueve de las diez tendencias masivas en Twitter en México hablaban sobre el debate; además, la utilización de diversos hashtags del INE para generar y concentrar la conversación que produjeron cientos de miles de usuarios facilitó dar seguimiento no sólo a las intervenciones de la sociedad sino a los usos que los equipos de campaña de los candidatos están dando a estas herramientas. Por supuesto, Facebook y Whatsapp también fueron receptáculos inmensos donde creció la exposición de lo acontecido en el debate pero hay datos muy preocupantes sobre este enorme esfuerzo: sólo uno de los diez principales influencers en México decidió participar y colaborar en la conversación sobre el debate presidencial; el resto, para mantener su autenticidad y lo que sus audiencias les piden, decidieron no intervenir, ni voluntariamente ni por medio de intereses económicos que les sugirieron tuitear a favor de ciertos candidatos a cambio de un atractivo bono económico.

Esto quedó reflejado involuntariamente en una encuesta realizada por la empresa Pauta: tras el debate realizó mil 196 llamadas telefónicas a hogares mexicanos, sólo 27% de los encuestados había seguido el ejercicio democrático. Es decir, aún permanece un gran volumen de indiferencia social ante estos temas políticos. Y, cuando los hay, la banalización o la burla antecede a la reflexión desapasionada. En la encuesta de un destacado informativo de Jalisco, más de la mitad de sus audiencias confirmó que lo más importante del debate fueron los ‘memes’ y los ataques. Así que, al igual que otras redacciones de noticias, se colocaron en portada principal dos notas: Los memes de los candidatos y un contador de ataques durante el debate.

Ya se esperaba, los ataques se centraron en el candidato puntero y los analistas coinciden en que esta circunstancia redujo las posibilidades de que los participantes expusieran temas concretos y exploraran respuestas a los temas que se les presentaron en este primer debate. Según el contador de ataques emitidos y recibidos: Anaya hizo 17 ataques y recibió 14; Zavala atacó 14 veces y recibió sólo una crítica; Rodríguez no recibió ninguna embestida pero hizo 15; Meade arremetió en 17 ocasiones y recibió 7 agresiones; y, finalmente, López Obrador, atacó dos veces y recibió 43 señalamientos de sus opositores.

En el balance de los analistas políticos y de imagen pública hay cierta coincidencia en que el candidato Ricardo Anaya, fue el que realizó un mejor desempeño en la técnica; que José Antonio Meade, desaprovechó la oportunidad de salir del tercer lugar en la intención de votos; que Andrés Manuel López Obrador, aportó muy poco en el ejercicio y soportó con estoicismo las acérrimas críticas de sus oponentes; que Margarita Zavala, se esforzó demasiado en el tono y en la emoción pero no en el fondo de las ideas; y que Jaime Rodríguez, destacó por las insensateces vertidas y la disruptiva actitud.

Con todo, más allá de la imagen y desenvoltura de los aspirantes, finalmente los temas de fondo sí aparecieron en estos ejercicios democráticos, aunque con tibieza y abordados sin claridad. Quedan para posteriores reflexiones y diálogos: La elección de un fiscal independiente para combatir la corrupción en el gobierno, la exploración de una reforma legislativa para revocar el mandato presidencial, el diálogo por una estrategia de seguridad eficiente y la gobernabilidad en medio de una crisis de Estado.

En conclusión, ganó el formato del debate y será un error dar marcha atrás en ello. Eso obliga a los aspirantes a mejorar sus técnicas y sus argumentos, a ordenar sus ideas y plantearse una imagen que converja con sus planteamientos y a aprovechar su tiempo porque es el tiempo que los ciudadanos (los pocos interesados) les están dando. El terreno está asentado y la audiencia interesada está deseosa de participar, esperemos que –ahora sí- haya más propuestas para hacer coincidir esos dos espacios.

@monroyfelipe

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Un crimen sagrado

padreApenas un kilómetro y una semana de distancia separan la más reciente escena del crimen contra un sacerdote mexicano de la reunión de los obispos con los candidatos a la presidencia de la República en la sede de la Conferencia Episcopal en el Estado de México, mismo municipio, misma diócesis pero un abismo en el discurso. El asesinato del vicario judicial de la diócesis de Izcalli, Rubén Díaz Alcántara, es la prueba irrefutable de que la violencia y el crimen prevalecen como una especie de ‘orden social’ en el territorio nacional.

El Centro Católico Multimedial -organización que da seguimiento a los crímenes contra ministros de culto y miembros de la iglesia católica en México- reportó que con Díaz Alcántara se alcanzó la cifra de 22 sacerdotes asesinados en el país desde el inicio de la administración del presidente Enrique Peña Nieto; además, han sido asesinados 40 periodistas, 73 políticos y más de diez mil mujeres, para redondear en 117 mil, la cifra de homicidios de este sexenio.

Cada crimen, desaparición o secuestro revela la ineficacia de las estrategias de seguridad propuestas en los últimos dos sexenios, desnuda también la crisis humana y moral en la que ha caído gran parte de la sociedad mexicana. Por eso sorprende que el mensaje que los obispos mexicanos dieron a los candidatos a próximo presidente de México hablara tan poco y con ambigua cortesía de este gran drama nacional: “No podemos concebir un orden social basado en la impunidad, la corrupción, la inseguridad, la violencia, la cultura de la muerte”, expuso el cardenal Francisco Robles en nombre del episcopado nacional sólo para matizar más adelante: “Muchas cosas las hemos hecho bien. En los últimos años hemos logrado conformar avances significativos en materia política, económica y social”.

Frente a ese cuerpo episcopal que ha perdido a 22 sacerdotes en menos de un lustro y una cantidad desconocida de fieles católicos, el cardenal Robles dijo a los aspirantes a dirigir el país: “Hay indignación y graves realidades de exclusión que nos sacuden y violentan. Sin embargo, éstos no pueden opacar nuestra mirada sobre el bien conquistado”. Las únicas conquistas en el rubro de inseguridad han sido, sin embargo, indeseables: el 2017 se convirtió en año más violento de la era moderna del país, los crímenes contra ministros pasaron de tres (1994-2000), a cuatro (2000-2006), a 17 (2006-2012) y finalmente a 22 (2012-abril 2018). El Índice de Paz reporta que en 25 de los 32 estados de la República experimentaron un deterioro del nivel de paz y más de 100 millones de personas ven afectadas las relaciones sociales en sus hogares y comunidades por la violencia. Por si fuera poco, la tasa nacional de delitos aumentó en 15% y la tasa mensual de violencia en la familia escaló 32% en los últimos tres años.

El arzobispo Robles aseguró a los políticos que, en el extranjero, hay “admiración” de ciertos avances en México (especialmente en materia macroeconómica, salud, educación, vivienda y democracia) y planteó que “la crisis ética, hay que decirlo, no es exclusiva del gobierno, ni de nuestra Nación, sino que es un cáncer presente en toda la humanidad”. Pero es claro que a ningún obispo se le puede exigir atender el cáncer de la humanidad sino el drama que padece su prójimo inmediato: “El obispo -apuntó el papa Francisco en 2016- debe ante todo vivir para los fieles, y no solamente presidirlos […] estar cercanos a los pobres, a los débiles, a los que no tienen hogar y a los inmigrantes. Miren a los fieles en los ojos. Pero miren el corazón. Y que aquel fiel tuyo sea presbítero, diacono o laico, pueda mirar tu corazón. Pero mirar siempre en los ojos”.

Los obispos tuvieron la oportunidad que millones de fieles católicos no tienen: estar frente a los que aspiran a gobernar el país; tuvieron oportunidad de expresar con claridad evangélica los dramas que su grey y su clero padecen todos los días, tuvieron oportunidad de utilizar las palabras precisas para denunciar “la alarmante violencia” como mencionaron en las condolencias por el asesinato del sacerdote Díaz Alcántara; para iniciar ese “diálogo nacional en el que se escuchen todas las voces, especialmente de aquellos y aquellas que sufren violencias e injusticias” como propusieron en su mensaje final de la 105 asamblea plenaria; o para “reconstruir nuestra Patria […] ante la injusticia e inequidad, la corrupción e impunidad, las violencias, el narcotráfico, los asesinatos y desaparecidos, la inseguridad y extorsión” como dijeron en la 104 asamblea nacional. Una oportunidad que se diluyó en cortesías políticas y que silenciaron buena parte de una indignación social ante una crisis que, si bien no es exclusiva del país, sí es la más cercana y es la que podemos ver directamente a los ojos.

@monroyfelipe

Ideas para un debate

Este domingo 22 de abril se realizará el primer debate presidencial del proceso electoral 2018, acuden cinco candidatos bajo un escenario que, si se simplificase al extremo, sería como sigue: el aspirante opositor va a la cabeza con varios puntos de ventaja en las encuestas; el abanderado del partido en el poder va en un lejano tercer lugar; el segundo lugar se sostiene sobre una explosiva amalgama artificial; y, al final de la carrera, dos candidatos sin partido que atacan al puntero más por ser como es que por alcanzarlo en el frente de las preferencias.

Por supuesto, la simplificación se hace caricatura y peca en objetividad. La construcción histórica de cada candidatura, la constitución real de cada estructura partidista, el panorama actual y futuro del país al que se aspira a gobernar y los acuerdos cupulares institucionales, políticos o económicos, hacen mucho más complejo el escenario en el que los ciudadanos deben valorar con criterio su apoyo a uno u otro aspirante. Pero bien dicen los mercadólogos de la política: el debate no es la oportunidad ciudadana para someter a los candidatos a escrutinio, es la oportunidad de los candidatos a sembrar ideas (reales o falsas) de su persona o de sus contrincantes.

Esos mismos mercadólogos afirman que el ganador del debate sube cuatro puntos en las encuestas de intención de voto popular y por eso preparan a los candidatos con técnicas y artilugios para salir victoriosos; sin embargo, en debates modernos ha habido candidatos que no acuden a estos ejercicios y de igual manera ganan elecciones (Theresa May del Reino Unido, por ejemplo) o debates donde son las reacciones del público presente las que ajustan los estilos o las temáticas de las propuestas políticas.

En México seguimos teniendo formatos muy rígidos, muy cómodos para los candidatos. De tal suerte que sigue siendo poco claro saber qué esperamos en realidad de estos ejercicios de comunicación política. ¿Qué se evalúa en un debate? ¿Las ideas? ¿La claridad con la que se exponen? ¿El temple y el carácter del candidato para recibir o sortear ataques? ¿El ingenio para hacerlos? Y finalmente, ¿quiénes hacen esas evaluaciones? ¿La audiencia como espectador entretenido o como ciudadanía receptiva? ¿O en el fondo es la opinocracia interesada la que califica bajo sospechosos o arbitrarios criterios?

¿Quiénes deben contrastar las palabras con la realidad? ¿Qué instancias verifican la viabilidad de las promesas? Pero, sobre todo, ¿cómo hacer para que la ciudadanía incida en la elección de los tópicos, de los formatos y de los candidatos sobre los que sí tiene interés escuchar?

Y es que en los debates se somete al crisol mucho más que las palabras y actitudes de los candidatos; se pone en evidencia el tipo de sociedad que somos y el nivel de la participación ciudadana que está convocada a pensar y reflexionar sus intenciones electorales.

Que los debates en México estén organizados para que cada candidato (independientemente de cómo haya llegado a la contienda o de sus posibilidades reales de ganar) pueda expeler cualquier agresión que le venga a la mente o prometer la fantasía más alucinante, refleja nuestro oscuro deseo de hablar sólo por tener el micrófono y la falta de sanciones sociales a la mentira. Pero, esa libertad, no explica esa falsa cortesía o protección a los políticos que no tienen posibilidad ni capacidad de soportar el juicio público cuando debaten. Que los moderadores de estos encuentros políticos en México sean periodistas no se compara con la presencia de público general en debates de Estados Unidos o el Reino Unido, ni con la preselección de candidatos a los que se les exige debatir sin ser distraídos por otros aspirantes que, aunque tengan legítimo derecho de contender, no representan plataformas de interés nacional ni debates sociales urgentes (como en Francia, por ejemplo).

La posibilidad para que -legítima, legal o paralegalmente- casi cualquier ciudadano mexicano pueda aspirar a puestos ejecutivos es parte de los avances y tropezones de la democracia; los debates también lo son. Ambos mecanismos son perfectibles y ambos siguen necesitando más participación popular.

@monroyfelipe

Candidatos y obispos: caminos bifurcados

PAPA_TODOSLa semana pasada, los obispos católicos del país lograron convocar a los candidatos a la presidencia de la República para que éstos se apersonaran en su 105ª Asamblea Plenaria y expresaran de viva voz sus planteamientos políticos. Poco de lo ocurrido en la singular pasarela fue comunicado institucionalmente, excepto el mensaje que el cardenal arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles, emitió a cada uno de los aspirantes en nombre de sus hermanos obispos, y lo que cada candidato quiso explicar de la reunión.

Justo antes de los encuentros, los obispos dieron un Mensaje al Pueblo de Dios donde plantearon la urgencia de hacer prevalecer las propuestas políticas por encima de las descalificaciones personales: “invitamos al compromiso por la transparencia, la legalidad, la honradez, la equidad, el dialogo, y la verdad, y  evitar la mentira, el fraude, la coacción, la simulación, la violencia, el engaño a los pobres con dádivas pasajeras y todo lo que desvirtúe la democracia de cuya construcción todos somos responsables”. El diálogo con los candidatos fue la oportunidad perfecta para hacer eco de estas exigencias ciudadanas pero, por alguna razón, los encuentros hallaron otros caminos, menos morales y más políticos.

El arzobispo Francisco Robles, que entró en su último semestre como presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, hizo un largo discurso donde presentó cinco “anhelos/compromisos” políticos de los obispos para el país y una reflexión sobre la situación actual de la nación; pero ya no habló de la “dignidad humana” ni el “compromiso por la paz y las causas sociales” de la que habían hablado esa misma mañana ante los medios de comunicación.

Sobre los anhelos (que incluyen el abatimiento a la pobreza, el sistema económico humano, el fortalecimiento del Estado derecho y la educación de calidad), el cardenal jalisciense expresó el deseo de que en México se respeten los derechos fundamentales: “principalmente, la libertad de conciencia y la libertad de religión”.

En el mensaje final de esa asamblea, los obispos habían solicitado buscar qué afecta la vida y la dignidad de las personas para así trabajar a su favor; pero a los políticos no se les mencionó que el derecho fundamental que la iglesia católica promueve y defiende universalmente es precisamente la vida humana. El propio Francisco, en su última exhortación apostólica Exultate et Gaudete reclama: “Se olvida que ‘no es que la vida tenga una misión, sino que es misión’”.

Es claro que la promoción del derecho a la vida ha generado más tirantez que acuerdos en el país; pero ese derecho a la vida es el que justamente mueve y conmueve al obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, a dialogar con narcotraficantes para preservar la vida de sus fieles y de los ciudadanos. Dignidad de la vida humana que el Papa jesuita explica así: “Porque Dios está misteriosamente en la vida de toda persona, está en la vida de cada uno como él quiere, y no podemos negarlo con nuestras supuestas certezas”. Sin duda las libertades de conciencia y de religión son importantes, pero la dignidad de la vida como derecho humano fundamental es uno de los principales reclamos de los cristianos a las políticas públicas que permiten la muerte de tanta gente bajo condiciones de ignorancia, pobreza, indiferencia, miedo, amenaza, venganza o coacción.

En su primer mensaje, los obispos exigían que las campañas no debían engañar a los pobres con dádivas pasajeras; pero a los candidatos se les reconoció lo bien que se ha hecho: “En los últimos años hemos logrado conformar avances significativos en materia política, económica y social”; dijo Robles. Además, ¿por qué en su primer mensaje los obispos habrían pedido a los políticos que evitaran la mentira, el fraude, la coacción, la simulación y la violencia, si después iban a afirmar que en el extranjero causa “admiración… el manejo macroeconómico, la consolidación de instituciones democráticas y, por supuesto en algunos índices de salud, educación, vivienda, entre otros”?

Ante los políticos, los obispos afirman que México ha creado “un ámbito de instituciones creíbles en el contexto electoral” pero a la convocatoria sólo pudieron asistir Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Margarita Zavala debido a que las instituciones electorales han sido cuestionadas porque el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación avaló de último momento una candidatura presidencial idependiente (y  aún estudia otra más) a pesar de que el propio Instituto Nacional Electoral documentara la invalidez de las firmas ciudadanas que fueron presentadas como requisito para aparecer en la boleta electoral.

En nombre de los obispos, el purpurado jalisciense pidió que la realidad de exclusión que se vive en el país no opaque la mirada sobre el bien conquistado: “La crisis ética, hay que decirlo, no es exclusiva del gobierno, ni de nuestra Nación”. Y, aunque dijo que es un cáncer de la humanidad que se debe combatir; sólo México sigue perdiendo credibilidad global en el índice de percepción de corrupción realizado por Transparencia Internacional debido a que la mayoría de casos de escándalos de abuso de autoridad o corrupción en el país se reservan bajo leyes de confidencialidad. Por ejemplo, la PGR clasificó la información del caso PEMEX-Odebrecht que involucraba funcionarios de los últimos dos sexenios mexicanos cuando en Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y Panamá ya hay funcionarios corruptos en la cárcel o, por lo menos, bajo juicio público ciudadano. Sólo en Venezuela y México se ha impedido la investigación pública de estos hechos. Además, en el último sexenio, los casos de ejecuciones extrajudiciales (Tlatlaya y Tláhuac) han sido reservados al conocimiento público; los conflictos de interés del propio presidente Peña Nieto y algunos de sus más cercanos colaboradores han sido reconocidos en el extranjero pero desestimados por las autoridades nacionales; y las denuncias de desvío del erario público a través de transferencias a universidades (7 mil millones de pesos) o programas de apoyo al campo (3 mil 500 millones de pesos) no han sido atendidas por las autoridades federales.

En el mensaje, el cardenal Robles describió al jefe del ejecutivo ideal para la jerarquía católica: “Necesitamos un Jefe de Estado capaz de orientar con firmeza y suavidad los esfuerzos de la sociedad y el gobierno, con una mirada de largo alcance, en este marco nacional e internacional que nos desafía. Además de estrategias y modelos de gestión, requerimos de la configuración de presupuestos civilizatorios capaces de impulsar un desarrollo humano, sostenible, integral y solidario”. Sin embargo, en su Mensaje con ocasión del Proceso Electoral, los obispos invitaban a elegir “el bien posible”: “Hacer el bien posible significa impulsar lo que aporte al bien común, a la paz, a la seguridad, a la justicia, al respeto a los derechos humanos, al desarrollo humano integral y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos”

Tras la reunión con los obispos, los candidatos sintetizaron los temas que abordaron en sus respectivos encuentros: Ricardo Anaya presentó su modelo de economía incluyente y se solidarizó con los obispos por los asesinatos de sacerdotes; José Antonio Meade dijo que se comprometió a combatir la pobreza y a fortalecer el Estado de derecho; López Obrador anunció que invitará al papa Francisco para que coopere en un diálogo por la paz; y Margarita Zavala comentó que “entendía perfectamente que un líder espiritual trate de calmar las cosas ante la debilidad del Estado”.

Al final, cada uno habló de lo que quiso porque se perdió una gran oportunidad de poner en el centro las búsquedas éticas y morales de la política, de contrastar la realidad, de hacer eco de lo que los católicos quieren de los liderazgos políticos: “trabajar comprometidamente por un México más próspero y pacífico, más solidario y participativo, más atento al rostro de los más pobres y menos cómplice de quienes los olvidan, los manipulan o los marginan”.

@monroyfelipe

Obispos de México, muchas dudas ante las definiciones del país

obisposcemDel 9 al 13 de abril, los obispos de México se reúnen para participar de la 105ª asamblea plenaria en un momento de particular complejidad social y política para el país. Sin dejar de lado el programa de trabajo que vienen desarrollando, los líderes de las comunidades católicas de la República se enfrentan a diversos dramas para los cuales nunca hay suficiente experiencia.

Por supuesto, todos los reflectores se los llevarán los candidatos a la presidencia de la República que visitarán a los obispos. Los políticos presentarán sus ideales y plataformas pero también deberán escuchar las inquietudes de los pastores de una grey aún masiva, fuertemente simbólica de la identidad nacional y sumamente plural.

El episcopado recibirá a los candidatos en plena campaña. Los obispos conocen bien a todos, excepto quizá a Ricardo Anaya, quien se estrena en este foro de por sí complejo para presentar, cual Víctor Frankenstein, las razones de crear un Frente que parece sólo un amasijo de confusiones pragmáticas e ideológicas. El queretano de 39 años tiene contra sí una lectura –ya no digamos inmoral- sino poco ética de su persona pues quedó evidenciado que sólo a costa de traiciones y acuerdos inconfesables ha construido la plataforma de sus ambiciones.

Andrés Manuel López Obrador pisa terreno conocido. Estuvo frente al pleno de obispos en 2006 y en 2012 y sorteó las dudas de los obispos sobre su ‘peligrosidad’ para el país. El tabasqueño carga en su valija no pocas heridas políticas y también su propio golem partidista; pero lleva consigo el argumento irrefutable de que los gobiernos de Calderón y Peña no han resuelto la violencia, la corrupción y la impunidad (donde coinciden todos). El catolicismo practicante y la cercanía pública de sus predecesores con la iglesia católica no fue garantía para hacer permear los principios morales y cristianos en la conducción del país: la normalización de la corrupción, la legal inmoralidad y el nulo compromiso con la dignidad de la vida humana de los últimos dos sexenios han sido más que evidentes. Con todo, López Obrador sigue cargando con el estigma de su extraña personalidad y, para muestra, acude ante los obispos con esa confusión republicana-juarista-cristiana como su estandarte moral.

A José Antonio Meade se le conoce bien y se le reconocen sus buenos oficios al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores; pues con su gestión mejoraron sustancialmente las relaciones entre la Santa Sede y México; y, por ende, con el cuerpo colegiado del episcopado nacional. Sin embargo, la madurez institucional alcanzada en un despacho se convirtió fácilmente en perfidia política cuando se traicionó la palabra (“Las causas del Papa son también las causas de México”, dijo Peña a Francisco sólo para trabajar 15 días después iniciativas que molestaron a los obispos) y cuando el gobierno peñista tomó ventaja una y otra vez de esa buena voluntad. Pero si a Meade se le reconoce el oficio y la técnica, se le cuestiona el liderazgo o la capacidad de controlar a un partido que suma 22 gobernadores cuyas administraciones han dañado los recursos públicos sólo durante la gestión de Peña Nieto. Incluso, sobre Meade pesa la duda razonable de que sea capaz de romper la cadena de impunidad con el gobierno del que formó parte y que está obligado a responder por casos de corrupción (institucionalmente encubiertos) como los de PEMEX-Odebrecth, la ‘Estafa maestra’, el espionaje ‘Pegasus’, la Casa Blanca, etcétera.

Para Margarita Zavala, el encuentro con los obispos no anticipa tensión. Ni su catolicismo militante está bajo duda ni su trayectoria acusa baches. Pero sin partido, sin estructura y sin definiciones sobre ese feminismo conservador que predica, parece que la presencia de la abogada tiene mucho más de cortesía que de posicionamiento.  Como siempre, Zavala carga con los éxitos y fracasos de la administración de Felipe Calderón; está, por supuesto, la sombra de fraude y el ‘haiga sido como haiga sido’ (incompatibles con la doctrina social cristiana); pero, el Waterloo calderonista con el país y el episcopado mexicano es la enorme mancha de violencia que despertó el único presidente que se ha vestido de militar desde la Guerra Cristera y que triplicó los asesinatos de sacerdotes en México.

Ahí están los entretelones de la agenda política sin descartar que los obispos recibirán al secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, quien inquirirá diplomáticamente “qué ocurrió” antes, durante y después de la reciente reunión del obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, con miembros del narcotráfico. Una acción pastoral que a todas luces cuestiona la capacidad rectora del Estado mexicano y evidencia el dominio de la corrupción que ha permeado todas las estructuras legítimas y legales del orden y la administración pública. Y que, al mismo tiempo, da cuenta de los recursos con los que aún cuenta la iglesia católica –autoridad y argumentos- para establecer diálogo y compromisos a favor del respeto a la dignidad de la vida humana, a las familias y a las libertades.

Es claro que los obispos mexicanos advierten que en todo el espectro social, político y cultural se requieren definiciones inaplazables para desterrar la violencia, la corrupción y la impunidad. En su mensaje conjunto frente al proceso electoral en marcha, los ministros católicos urgen “a trabajar comprometidamente por un México más próspero y pacífico, más solidario y participativo, más atento al rostro de los más pobres y menos cómplice de quienes los olvidan, los manipulan o los marginan”. Por supuesto, los procesos electorales son indispensables para alcanzar este deseo, pero no sólo y esa posibilidad sólo está en la ciudadanía.

@monroyfelipe

Cine: The Square, farsa cúbica

sqEntre las nominaciones al Oscar a mejor película extranjera del 2017 se encontró el filme sueco The Square con el apellido en castellano “La farsa del arte”; no se llevó la estatuilla, pero es quizá una de las propuestas cinematográficas más audaces para explorar dos premisas que Orson Welles intentó probar en 1975 con su docu-drama F for Fake: el narrador no-confiable y la superficialidad del arte.

Esa es la propuesta del cineasta Ruben Östlund de presentar al exitoso Christian (Claes Bang), director del Museo de Arte Contemporáneo X-Royal en Estocolmo, quien está a punto de vivir un complejo periplo personal e institucional tras ser timado y robado a plena luz del día por alguien que pide ayuda. De hecho, la vulnerabilidad humana en el acto de pedir ayuda es el eje central de la película: un par de estafadores pide ayuda a Christian y terminan robándole la billetera y el teléfono celular, una mendiga recibe a regañadientes la caridad de un sándwich de pollo porque tiene cebolla, una mujer pide ayuda en un suntuoso banquete de bienhechores porque está a punto de ser ultrajada por un ‘artista’ cuyo performance es convertirse en un orangután, incluso el mismo protagonista parece necesitar ayuda a lo largo del filme, aunque su condición privilegiada parece colocarlo al final de las urgencias.

El museo tiene montadas un par de exposiciones de inquietantes artistas que parecen tener más aire caliente en la cabeza que de talento: un salón lleno de montículos de cemento y una inscripción en neón “You have nothing” y una video-instalación con el ‘artista’ mirando a la cámara sin alma, como un animal enjaulado. Mientras, fuera del museo, la vida está llena de estructura y riqueza, por ejemplo, el amor y la admiración que despierta Christian y un mono que pinta al óleo y en caballete prolijamente.

Sin embargo, es el montaje principal de The Square la línea temática que define la farsa del narrador no-confiable. En el filme, se trata de una obra de la artista Lola Arias que consiste en la instalación de un cuadrado luminoso sobre la plaza del X-Royal. La obra se autodefine como un lugar seguro para todo aquel que pide ayuda y paz. El juego de la doble-superficialidad del arte contemporáneo que propone Östlund comienza con la propia artista, que no es un personaje ficticio, sino la actriz y performer argentina Lola Arias que audicionó vía Skype para el papel de “Natalia” en The Square. Östlund decidió no utilizar el material grabado con Arias pero dejó el nombre de la artista para su artista ficticia del filme y, por si fuera poco, el cineasta ha insistido en que la obra de arte “The Square” es en realidad de la argentina provocando un fenómeno noticioso de escándalo, justo como el que lleva a Christian a las horas más oscuras de su periplo.

Esa fascinación ligeramente malsana de los medios de comunicación por la desgracia también está representada en The Square a través del personaje de Anne (Elisabeth Moss), una periodista que, a pesar de no ver lógica alguna en las explicaciones de Christian mantiene la idea de que él es interesante.

The Square es una comedia amarga, rebelde y sutil, que propone narrativas incompletas para que el espectador sienta justo lo que sucede cuando una sala de arte contemporáneo presenta “obras artísticas” que no son sino montículos de polvo a punto de ser sorbidos por el equipo de limpieza del propio museo o una caja de zapatos en medio de la habitación esperando ser llenada por algo; pero también, coloca en el centro la dificultad que tiene la persona para mantenerse cordial con la humanidad, para mantenerse verdaderamente altruista y hasta para entender que la tolerancia es una actitud que en ocasiones es simplemente imposible aunque sea políticamente correcta.

El filme es una provocación inteligente para desmontar los lenguajes pseudofilosóficos del ‘arte’ o hiper-trascendentales de los ‘artistas’ y los ‘conocedores’; y en la crítica está incluido el séptimo arte y el director mismo. Östlund actualiza el F for Fake de Welles y anticipa que será removido como la farsa que es, tarde o temprano. La escena inaugural, por ejemplo, es comedia pura: para colocar ‘el cuadrado’, la obra de la falsa Lola Arias, el Museo Real de Estocolmo debe remover la estatua ecuestre del rey Carlos XIV Juan, ilustre monarca de Suecia y Noruega que trajo paz y desarrollo a ambas naciones por casi medio siglo. Carlos Juan (nacido Jean Baptiste-Bernadotte) fue un militar francés proclamado príncipe y rey que llevaba un tatuaje que decía: “Muerte a los reyes”. La estatua, antes de ser removida vulgarmente hasta decapitar al amado rey, muestra el lema en sueco del monarca Carlos Juan (aunque nunca lo habló): Folkets kärlek min belöning (El amor del pueblo es mi recompensa).

Sí, acudimos a ver una farsa. Pero que conste que nos los advirtieron.

@monroyfelipe

“Obispos estamos en una angustiante búsqueda de paz”: Secretario CEM

Miranda2Aunque utilicen “diferentes instrumentos”, los obispos de México “tocan una misma partitura, que es la búsqueda constructiva y urgente de paz en el país”, asegura en entrevista el obispo Alfonso Miranda Guardiola, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en vísperas que se celebre la 105° Asamblea Plenaria del organismo donde los obispos definirán avances del Plan Global de Pastoral y sostendrán encuentros con los candidatos a la presidencia de la República.

Del 9 al 13 de abril próximos, más de un centenar de obispos mexicanos llegarán a este encuentro semestral en el Estado de México para participar en la definición del Plan Global de Pastoral, un proyecto iniciado en el 2016 cuyo primordial objetivo es iluminar e inspirar a los católicos del país en una ruta de extensa colaboración por el bien común. En el contexto de esta reunión están las acciones emprendidas por el obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, quien ha defendido su derecho a dialogar con narcotraficantes para procurar la paz en Guerrero; la búsqueda de la actualización de las leyes secundarias en materia de libertad religiosa; y el hecho que los obispos recibirán a los candidatos Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Margarita Zavala a quienes escucharán y propondrán una serie de inquietudes.

Pero, ante todo, intentarán concretar el Plan Global de Pastoral que tiene un horizonte de animación permanente hacia el 2031-2033: “El Plan Global –que ya está en fase definitoria coordinada por el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera; y los obispos Armando Álvarez (Huautla) y Jaime Calderón (Aux. Zamora)- tiene el esquema de un documento iluminador e inspirador más que ser un documento operativo con acciones concretas pastorales. Va a ser un documento que ilumine e inspire los distintos planes de pastoral de las diócesis de México donde tendrán que aterrizarse y llegar a causas concretas”, adelanta Alfonso Miranda.

Y es que, para el secretario de la CEM, los obispos de México pueden “tocar diferentes instrumentos pero todos siguen la misma partitura”, como lo demuestra el caso del obispo Rangel Mendoza quien, a pesar de la censura y las críticas de las autoridades civiles, desde el 2016 ha sostenido diálogos con miembros del narcotráfico para evitar la escalada de violencia en el estado de Guerrero: “Cada uno en sus distintos lugares, tiene un instrumento diferente pero toca la misma partitura. Porque la partitura que seguimos los obispos no es sólo un plan sino el Evangelio y la Escritura… Y todos los obispos son músicos expertos”.

—¿Y qué nombre le pondría a esa melodía, a esa partitura que interpretan todos los obispos de México?

“El nombre es ‘Búsqueda de paz’. Aunque si fuera algo más dramático sería: ‘Búsqueda angustiante de paz’ o ‘Búsqueda constructiva y urgente de la paz’”.

—¿Y ven en los candidatos o en el ánimo de estas elecciones que se esté trabajando por construir la paz o, por el contrario, estamos construyendo más miedos y odios?

“Más que ver, nos toca como episcopado plantear, hacer eco de lo que el pueblo que acompañamos vive y siente. Nosotros debemos ser eco de esa voz; ser portadores de esa voz y plantear lo que a nuestro juicio y posición desearíamos para un México mejor y moderno. En los temas principales a construir y trabajar juntos están la paz, la eliminación de la corrupción e impunidad, el progreso justo, la creación de empleos, los salarios dignos y los temas que no podemos soslayar como son la vida, la familia y los pobres”.

—Sin embargo, para que esta cooperación por el bien común sea mayor se requiere un mínimo de participación formal de la Iglesia con las autoridades de los diferentes espacios públicos. ¿Se está trabajando en proponer algo de actualización en las leyes de Asociaciones Religiosas y Culto Público?

“Hemos trabajado desde enero del 2017 hasta el día de hoy en la última parte, porque hubo intentos o trabajos previos en 2014 cuando se entregó una propuesta de reforma que quedó como ensayo. Y hasta el día de hoy hemos sostenido múltiples reuniones: hacia adentro de la Iglesia con nuestros especialistas pero también con actores de gobierno, hemos socializado con las demás asociaciones religiosas del Consejo Ecuménico e iglesias evangélicas y se ha llegado a una propuesta bastante adecuada a nuestros tiempos donde se busca pasar de un laicismo negativo, que era el talante de la ley de 1992, a un talante de laicidad positiva, que busca la colaboración entre gobierno e iglesias para el bien del pueblo”, expone el obispo.

La propuesta, sin embargo, aún continúa en maduración y no se envía a las instancias del Congreso pero el diálogo con los candidatos a la presidencia de México podrá ser un buen termómetro para explorar el ánimo de las diferentes plataformas políticas respecto a la reforma de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público: “Tenemos la esperanza de que se haga por el bien de México, nuestro país necesita una Iglesia que esté a su altura y que pueda colaborar por el bien de todos los mexicanos… En la propuesta de ley no estamos metiéndonos en la materia electoral. Hablamos de otro tipo de colaboraciones, en el ramo social, educativo, en los medios de comunicación”, puntualiza Alfonso Miranda.

—Finalmente, ¿qué tan positivo es que los candidatos apelen a discursos de índole religiosa en sus campañas políticas?

“Ante todo: El respeto a cada persona, a cada candidato. Cada uno de ellos es humano y tendrá sus preferencias religiosas y eso no podemos quitárselo a nadie. Eso se lleva en el corazón, independientemente del partido al que se pertenezca. Ya sea que lo muestre o no, lo ejerza o no, eso está en la índole privada de cada candidato”.

@monroyfelipe

#Elección2018: Patrones oscuros y hoteles de cucarachas

candidatosPara los políticos en campaña este julio les parece como la frontera de otro país, de otro México en el que todo estaría definido y ordenado a su placer o a su pesar. Detrás de ellos -cadáveres de la ambición-, quedarán los restos de una demencial campaña encarnizada por obtener el poder. Las tácticas y estrategias de sus respectivos búnkeres habrán calculado sólo los riesgos de anteponer escrúpulos frente a la eficiencia del dinero y las promesas inviables; pero, instalados en el triunfo o el fracaso, los excandidatos, sus equipos de campaña y simpatizantes enajenados no lograrán salir de una sutil y sugerente trampa: el miedo a lo posible.

Queda claro que gane quien gane, pierda quien pierda, seguirá existiendo una sociedad sumamente polarizada y fanatizada. Es decir, ni julio es una frontera ni nos habremos liberado de esta pequeña prisión de superficial fanfarronería política. Esta pequeña mazmorra que fue diseñada para mantenernos intoxicados de pedante superioridad defendiendo a ultranza a nuestro candidato preferido y atacando sin razón a sus opositores.

Hemos caído en un patrón oscuro de insatisfacciones. Y es muy riesgoso.

En el diseño de páginas web, aplicaciones y demás interfaces pantalla-usuario existe una práctica muy cuestionable de mercadotecnia que se denomina precisamente: “patrones oscuros”. Se trata de diseños engañosos que hacen que el usuario elija algo que en realidad nunca deseó, compre bajo condiciones que le fueron encubiertas o entregue su información ‘dios-sabe-dónde’. Pero el que más llama la atención de estos diseños es el llamado “Hotel de cucharachas”. Se trata de lugares donde es muy fácil (y muy atractivo) entrar, pero muy difícil salir. Están inspirados (vaya ironía) en un producto antiplaga: las trampas para cucarachas. El sistema de este producto es sencillo: los insectos entran allí atraídos por algo en su interior y, satisfecha o no su curiosidad, les es imposible salir.

Por desgracia, eso justo es lo que parece que sucede en la sociedad mexicana en estas campañas políticas: Entramos muy fácilmente en el discurso de odio y miedo, y ahora nos es casi imposible salir. Tal cretinismo y furia expresados en medios de comunicación e interacciones sociales sobre los políticos y la política nunca se había experimentado. Ha sido tal es asedio en la siembra de odio, miedo, beligerancia y alarmismo en las redes sociales que algunos usuarios claman por paz en sus muros o historiales. Estos usuarios, pocos por otra parte, son muy probablemente el grueso de votantes indecisos que advierte pequeña esta trampa de odios y fanatismos políticos.

Salir de este patrón oscuro significa pensar que el mejor escenario para las próximas elecciones es que la democracia mexicana pueda mejorarse en sus instituciones y en su confianza, que las búsquedas políticas no se limitan a procesos electorales sino a la vigilancia de las políticas públicas cotidianas, que los derrotados entiendan cómo pueden ser una mejor oposición, que los vencedores involucren indefectiblemente los talentos y las ideas fuera de su círculo de influencias, que la ciudadanía se apasione menos de las elecciones y más de la participación ciudadana.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, escribió en su ‘Révolution’ un potente llamado a salir de estas cárceles oscuras de la política: “Todos debemos salir de nuestros hábitos. El estado, los políticos, los altos funcionarios, los líderes de sindicatos y los cuerpos intermedios. Es nuestra responsabilidad y sería un error robarnos a nosotros mismos para acomodarnos en el statu quo. Estamos acostumbrados a un mundo que nos preocupa. Que realmente no queremos nombrar ni mirar a la cara. Entonces nos quejamos, gemimos. Los dramas están llegando. La desesperación también. El miedo se instala y nosotros lo jugamos. Deseamos cambios, pero sin realmente quererlos”.

El miedo, como estrategia y narrativa para trastocar las emociones del respetable, ha tenido un perverso éxito político y un caótico efecto social. No hay nada peor que el sentimiento de alienación conducido por confusas emociones. Desconfiemos sí, pero también de nuestras filias y nuestras fobias inmediatistas y pasajeras. Por eso me gustan las palabras que Macron usó en la introducción de su plataforma política, creo que inspiran a mirar más allá de procesos electorales cíclicos: “Estoy convencido de que este siglo XXI, en el que finalmente entramos, también está lleno de promesas, cambios que pueden hacernos más felices”.

@monroyfelipe

Acelera Aguiar tres primeras reformas a Iglesia CDMX

En el marco de la Misa Crismal del Jueves Santo, el cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, explicó a los sacerdotes capitalinos tres grandes acciones que emprenderá de manera inmediata para lograr los primeros avances en una reforma integral y estructural de la Iglesia de la Ciudad de México: la creación de ocho Unidades Pastorales (UP’s) iniciales, el levantamiento de información administrativa para definir acciones para el sistema de salud y pensiones para sacerdotes y, finalmente, un conjunto de modificaciones al plan formativo del Seminario Conciliar de México, la cantera natural de sacerdotes para la capital.

Ante los sacerdotes que participaron de la tradicional Misa Crismal donde se bendicen los óleos que las parroquias requieren para diferentes servicios sacramentales a lo largo del año y donde los presbíteros renuevan su ministerio sacerdotal, el cardenal Aguiar Retes advirtió: “Necesitamos cambio de mentalidad, hay que trabajarlo”.

El arzobispo repartió un folleto en el que se explican en seis puntos las Unidades Pastorales (UP’s), que son la primera propuesta del cardenal para reformar la iglesia capitalina. En síntesis, son estructuras donde de cuatro a seis sacerdotes o párrocos comparten una casa común y organizan en conjunto la atención pastoral que pueden dar a la feligresía. Con la cohabitación de varios ministros en una UP, el arzobispo espera que mejore la calidad de vida de los sacerdotes, se concreten mejores estructuras de servicios y se aligeren los gastos con los recursos humanos.

Las UP’s aprovechan los recursos humanos, económicos y estructurales de las parroquias para coordinar mejor la pastoral en una zona geográfica específica y así un equipo de sacerdotes podría fortalecer sus actividades parroquiales como la enseñanza de la biblia, la preparación para bautismos, matrimonios, confirmaciones y primeras comuniones, el dispensario, la asistencia humanitaria, etcétera.

“No lo voy a imponer –aclaró el arzobispo-, vamos a ir ensayando en donde los obispos auxiliares me presenten una opción en cada vicaría”. Pero insistió: “Ese es el camino para la gran ciudad”. Actualmente, hay ocho vicarías territoriales, tres vicarías funcionales (pastoral, agentes y vida consagrada) y la vicaría de Guadalupe; y, según el informativo divulgado por el arzobispo, las UP’s podrían funcionar en colonias como Guerrero, Condesa o Santa Fe. “No los voy a obligar; sino, a partir de la voluntad, que entiendan los cambios y que quede muy claro que este es el camino”, explicó.

La segunda acción encaminada a la reforma de la iglesia capitalina es el levantamiento especializado de información en diferentes instancias administrativas de la Arquidiócesis Primada de México. El trabajo lo realizará la firma Ernst&Young (EY) a partir del 9 de abril y concluirá a finales de junio próximos; ante este anuncio el cardenal Aguiar aclaró a sus sacerdotes: “Ha aparecido en los medios que voy a hacer auditorías a las parroquias. Eso es falso, yo no dije eso, pero a veces se saca de contexto lo que se dice. Dije que vamos a hacer un levantamiento de información, semejante a una auditoría, pero no sólo en lo económico sino en todo lo administrativo, de las instancias diocesanas y vicariales. Eso fue lo que yo dije. Es imposible que se haga en las quinientas sesenta y tantas parroquias, eso nos llevaría años hacerlo, no es factible, ni siquiera pasó por mi mente hacerlo”.

La información conseguida por EY ayudará, entre otras cosas, a evaluar la administración de la iglesia capitalina y articular las actividades de cada vicaría y de la curia central diocesana; Aguiar adelantó que también ayudará a resolver el difícil asunto de la atención médica y las pensiones de los más de dos mil sacerdotes residentes en la Ciudad de México.

Finalmente, para el Seminario Conciliar de México, el arzobispo afirmó que realizará “una serie de reformas en cuanto a la formación sacerdotal”. Principalmente para ayudar a los nuevos candidatos al sacerdocio que, a diferencia del pasado, provienen de familias lideradas por madres solteras, padres separados o huérfanos: “tenemos que sanar muchas heridas, porque esos jóvenes sí tienen vocación, pero traen heridas y hay que adecuar la formación sacerdotal para curar esas heridas”, reconoció Aguiar.

La intención –dijo- es acompañar a los nuevos seminaristas para que un nuevo modelo de formación sacerdotal evite que, en el futuro, se incida en cuestiones como la pederastia. Además, Aguiar confirmó que los nuevos sacerdotes que salgan de ahora en delante del seminario, sí deberán vivir en las UP’s que ha propuesto.

@monroyfelipe

De la nostalgia al nuevo ardor religioso

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Un ‘nuevo estilo’ religioso se actualiza y deja atrás viejos estereotipos de piedad

Desde el sur de España, el historiador Mario Sarmiento comparte en video las majestuosas y masivas procesiones de la Semana Santa en aquellos lugares: grandes bandas de viento y percusiones que inundan pueblos enteros con las notas lastimeras de la Pasión, cientos y cientos de cofrades enfundados en solemnes hábitos y capuchas, millares de ceras escamadas encendidas, toneladas de flores, monumentales efigies de Cristo y la Virgen que, llevadas en andas, presiden en todo lo alto las masivas concentraciones públicas… de jóvenes.

Uno pensaría que estas cofradías y procesiones religiosas estarían sólo conformadas por ancianos y jubilados, pero no. Al parecer estos actos comienzan a atraer a más jóvenes cuyo sentido de la religión no es desde la nostalgia sino desde la cultura y el arte, del comunitarismo sensible.

Al mismo tiempo, leo un reportaje que afirma ha crecido el número de cofradías en España: 10 mil organizaciones de cofrades que en Semana Santa organizan sendas procesiones con Cristo y la Virgen. Al artículo lo ilustra la fotografía de un joven andaluz que no tendrá más de 25 años, cabello y barba en plan milenial, arete de plata con crucifijo y la mirada abierta, entregada al acto, absolutamente devota. El reporte es más esclarecedor: los nazarenos (los que cargan una pesada cruz de madera en procesiones públicas) han pasado de un millón a tres millones en la última década; sólo en Sevilla, de 100 mil miembros cofrades que había en 1998, hoy son más de 215 mil. El fenómeno llama la atención por las voces que afirman que la secularización es un proceso inevitable y que sólo va en una dirección.

De vuelta a México, es notorio que poco a poco se van afirmando (entre ciertos jóvenes) algunas tradiciones de religiosidad popular que parecían estar condenadas al olvido o al oscuro rincón del hogar de una anciana. El joven artista plástico Luis Alberto Rosales, por ejemplo, lleva una larga trayectoria diseñando y montando altares devocionales con un giro contemporáneo a los novohispanos. En su labor ha buscado rescatar el Altar de Dolores, una tradición nacida en México para “distraer a la Virgen del dolor”; los Monumentos Ornados del Jueves Santo; Ofrendas y Relicarios para Día de Muertos y Todos los Santos; Nacimientos llenos de simbolismos populares; etcétera. No es el único; decenas de diseñadores, grabadores, pintores, escultores e incluso orfebres y talladores trabajan en versionar clásicos de la plástica religiosa novohispana.

La plástica sobre temas religiosos comienza a pasar de la agresión a una nueva valoración del carácter cultural del costumbrismo y la fiesta. Hay interés por este arte-objeto devocional, a mitad de este año, el Antiguo Colegio de San Ildefonso en México recibirá 160 piezas de arte directamente de los Museos Vaticanos. Los objetos son artísticos y devocionales al mismo tiempo; por ejemplo, la réplica de la tumba de San Pedro es igual una pieza maestra del arte como un símbolo del incesante peregrinaje de católicos a la Basílica de San Pedro en Roma.

Y las procesiones religiosas también crecen en interés por parte de la comunidad juvenil en México. Es el caso de la Procesión del Viernes Santo de Puebla de los Ángeles, sus organizadores afirman que es la más numerosa del continente americano y en su equipo de coordinadores comienzan a verse más rostros jóvenes. Estas procesiones estuvieron prohibidas en México desde 1862 y fueron reanudadas en 1992, por lo que son tradiciones ‘recientes’ o quizá ‘recuperadas’ que crecen en participantes y en espectadores. El comité de esta procesión poblana planea una transmisión en vivo para los más de mil 500 usuarios que tienen interés en seguir vía internet esta singular tradición que convoca a más de 180 mil asistentes.

Sobre las representaciones del Viacrucis de la Pasión de Cristo el tema es casi inabarcable. Las autoridades de la Ciudad de México registran más de 180 representaciones simultáneas en la capital; las más populosas en Iztapalapa y San Pedro Cuajimalpa. Pero decenas de mayordomías preparan sus propias representaciones de Semana Santa con sendas efigies de Cristo, algunas con más de tres siglos de antigüedad.

Sin lugar a dudas, la secularización de una sociedad forjada en tradiciones religiosas se deja notar en la Semana Santa cuando millones de ciudadanos prefieren acudir a exóticos viajes de descanso a playas y resorts en lugar de participar de los actos conmemorativos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús; pero no cabe duda que la fibra devocional aún se manifiesta en estas fechas ‘de guardar’ y se actualiza con inquietudes artísticas y culturales contemporáneas.

@monroyfelipe