Lecturas pamboleras

noticia-130222No voy a engañarlos, el futbol es el pretexto en las lecturas siguientes. Lo que realmente hay que saborear detrás de los trabajos de estos escritores en su aproximación a este fenómeno deportivo, no son los goles, las reglas ni las estadísticas del popular balompié, es reconocer ese poder irresistible de la pasión humana que se expresa en los márgenes del deporte más humilde y más tiránico que ha inventado hasta ahora la humanidad.

Escribir entorno al futbol es una de las actividades más ingratas y limitadas; no importa la belleza ni el equilibrio ni lo salvaje ni lo intrépido que pueda ser un texto sobre el futbol, el peor drible del más torpe de los jugadores en el más inapropiado de los momentos durante el más lánguido de los partidos puede ser más elocuente que todo un estilo narrativo o todo el esfuerzo del literato pambolero por provocar un ápice de emoción en sus lectores.

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En Las llaves del reino, el escritor argentino y periodista deportivo, Eduardo Sacheri expresa: “Esté bien o mal, el fútbol para mí es, también, eso. Una llave que conduce a lugares más profundos. Más importantes. Probablemente yo sería un hombre más profundo, más digno, más cabal, si pudiese entrarle a los temas importantes de la vida y de la muerte sin mediaciones, sin rodeos y sin antecámaras. Aunque, si quiero ser benévolo conmigo mismo, puedo conformarme y agradecerle al fútbol actuar como una puerta, un territorio conocido, una zona feliz de mi vida en la que puedo sentirme en casa. Y una vez allí, en esa casa segura y conocida sí, abrir esas puertas necesarias donde habitan, a veces, el dolor y la tragedia”.

red4Es decir, el futbol como un vehículo que conduce a infinidad de experiencias o quizá a una sola, la necesaria.  Eduardo Galeano, en su extensa disección del balompié El futbol a sol y sombra, por ejemplo, reprocha a los críticos del futbol utilizar su esnobismo como vacuna de humanidad: “Como si hubiera gente señalada por el dedo de Dios, para decir cuáles son las alegrías permitidas y cuáles no”. El uruguayo es capaz de comparar al futbol con la divinidad y se coloca en el equipo de los piadosos: “Se parecen en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

red3En Cerrado por futbol, el mismo Galeano utiliza ese vehículo para explorar los marcos oscuros de la humanidad y su historia gracias al girar de este terrible esférico. De las historias más estremecedoras, aquella de los famélicos obreros ucranianos contra la poderosa Alemania de la segunda guerra mundial. Los jugadores de Kiev se crecieron después de que fueran amenazados con ser fusilados si ganaban a los nazis. Un contundente 4-1 a favor de Ucrania y una veintena de cadáveres ante un barranco reflejan el temple y orgullo que sólo el futbol es capaz de dar.

“El futbol es sencillo, pero es muy difícil jugar sencillamente”. Johan Cruyff

redaNo podemos pasar de largo las obras pamboleras de Juan Villoro (Dios es redondo, Balón Dividido y Los once de la tribu). En Balón dividido Villoro intenta explicar las razones y pasiones de su propia historia personal al experimentar el fenómeno futbolero: desde la intimidad de la relación de los padres e hijos en el estadio hasta las dinámicas económicas de las estrellas del juego. Es filosofía pura su interpretación lúdica, política y humanista del futbol: “Disputar por una pelota es una peculiar forma de estar unidos”. En Los once de la tribu, sin embargo, Villoro vuelve a la erudición sobre el futbol: una mezcla de lo que han dicho los protagonistas de la historia respecto al humildísimo deporte de anécdotas tanto anodinas como definitorias de la cultura futbolera.

Finalmente, en Dios es redondo Villoro explora la extravagancia de las escenas más costumbristas emanadas de la fiebre futbolera: la filosofía del triunfo, el sacrificado canje del dolor por el trofeo, los héroes debilitados, el delirio de la fama, la diferencia entre un triunfo amargo y una derrota dulce, psicología pura del futbol nutrida con datos exactos del fenómeno: “El juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público”.

Galeano y Villoro intentan darle sentido al futbol, a sus personajes, exploran el juego desde ideas académicas y brillantes. Pero hay otros dos tipos de aproximaciones literarias al deporte: la periodística y la exclusivamente lúdica.

red5En los grandes ensayos periodísticos se encuentra La guerra del futbol del genial Ryszard Kapuscinski; más contemporáneo El futbol y la guerra: entre balas y balones de Luis Felipe Silva Schurmann que logra recrear pasajes históricos que no habrían sido como los conocemos sin el aderezo del balompié.

Pero donde la literatura se hace igual de grave y patética que el futbol es en los relatos breves, la ficción lúdica que explora con más naturalidad por qué fascina el futbol. Están los cuentos futboleros de Roberto Fontanarrosa como en Memorias de un wing derecho donde el escritor habla de la pasión desde la pasión misma: “Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad. ¡Por favor!”

Fontanarrosa es conocido por su humor sencillo, lleno de ingenuidad y de sentimiento, en ¡Qué lástima Cattamarancio! el autor juega con la posibilidad de la destrucción global a la mitad de un partido de futbol que ni siquiera es tan emocionante. Fontanarrosa usa el lenguaje simplón, de lugares comunes, apasionadamente lerdo, el hombre de barro haciéndose de oro puro mientras relata su hazaña, la exageración, la tierna devoción eterna a la camiseta, a los colores y al himno incoherente del equipo.

reda2Sachieri, por el contrario, usa sus cuentos como una vitrina de vidas ordinarias: “escribo de futbol… tal vez porque me seduce y me emociona lo que hay de excepcional y de sublime en nuestras existencias ordinarias y anónimas. […] En esas vidas habita con frecuencia el futbol” dice en su nota introductoria a La vida que pensamos.

Sachieri, en sus cuentos, recompone al juego desde la confrontación personal, de los enemigos que no están en la cancha, de la imposibilidad ontológica de cambiar el bando, del tremendo peso que dejan las decisiones absolutas que sí importan en la vida como elegir un equipo o participar involuntaria pero dócilmente de ese fenómeno que es el futbol porque en el fondo se trata “de esos nudos de la historia que, para cuando uno nace, ya están anudados”.

@monroyfelipe

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Lujitos institucionalizados

El uso de recursos públicos (o corporativos) para satisfacciones o ‘lujitos’ personales es completamente reprobable. Es una de las acciones que más destruye la confianza en instituciones por obra directa de los individuos. Y es, al mismo tiempo, muy fácil para las personas creer que merecen esos ‘pellizcos’ que le dan al erario cuando tienen oportunidad.

Lo que recientemente se hizo público con el caso de la senadora que a todas luces ha utilizado su posición para hacer gastos personales con carga al presupuesto de la Cámara Alta es, sin ser complacientes ni minimizando la gravedad de los hechos, una práctica generalizada en todos los sectores de la administración pública e incluso de no pocas organizaciones privadas, aunque estas últimas exigen una reflexión de otra naturaleza.

Algunos de estos actos son en extremo evidentes como comprar con recursos públicos artículos de uso personal; pero se vuelven más sutiles cuando se trata de pagar ciertos servicios cuya necesidad es debatible costear con dinero público o con los emolumentos personales: gastos de representación (alimentos, traslados y hospedajes), servicios de imagen personal (peluquero, maquillista, asesores de imagen), choferes y seguridad privada, consumo ilimitado de gasolina y peajes, servicios de salud y bienestar (nutriólogos, entrenadores, masajistas), formación y educación (capacitaciones, diplomados, entrenamientos, etcétera).

Por supuesto, mucha gente no quiere comparar lo que “roban los políticos” con lo que “toma la sociedad”. Pero pongamos el ejemplo de las conchas sin azúcar, muebles y artículos personales que la senadora cargó al gasto público frente a lo que muchos ciudadanos hicieron al registrar sus automóviles (muchos de lujo) en el estado de Morelos para no pagar tenencia y evitar fotomultas. ¿Cuál actitud provoca una mayor pérdida a los recursos públicos? ¿Cuál es más sancionable moral y públicamente? ¿Qué consecuencias penales puede tener el primero y cuáles el segundo? Y finalmente, ¿cuál estaría dispuesto a hacer usted, querido lector, si tuviera la oportunidad?

Por supuesto, es muy probable que afirme que la primera acción (ser funcionario y aprovechar la posición para cargar al gasto público satisfactores personales) es más grave porque pone todas las alarmas sobre esa persona en el ejercicio honesto y desinteresado de sus responsabilidades: ¿No acaso un funcionario que gasta sin pudor los recursos de la nación puede también pedir una tajada por negocios, licitaciones o adjudicaciones directas? ¿No acaso un servidor público que no se ruboriza al pellizcar la partida presupuestal puede también crear enormes boquetes financieros en deuda o engañosos proyectos de infraestructura con material de cuarta que terminan en socavones mortales? Y ni siquiera estamos hablando de la prepotencia, la impunidad, el fuero o el tráfico de influencias que también podrían considerarse lujitos institucionales.

Pero los ciudadanos de a pie también pecamos del mismo mal: desde la simulación o evasión en el pago de impuestos hasta la innoble recepción de bienes o beneficios económicos a cambio de la venta de la conciencia o del voto. En general no se critica esta actitud, todo lo contrario: se aplaude a aquel individuo que descubre oportunidades de ganancia ocultas para la mayoría de las personas, aún cuando esas oportunidades lindan en la frontera de lo legal, lo legítimo o lo moralmente correcto.

Aceptar un bien que se obtiene de una manera injusta habla de una cultura del agandalle que hace mucho mal a las sociedades donde se le da carta de naturalización. Y hay que reconocer con vergüenza que México ha adoptado este estilo cuya imagen más cruda es la del pernicioso victimismo pegado a la ubre del presupuesto o del grosero acaparamiento de ventajas inmorales, pero perfectamente legales.

@monroyfelipe

Contra el abuso sexual, obispos de México apuestan por nueva cultura de prevención

cema.jpgTomó casi los dos periodos de presidencia del cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, al frente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), pero la ruta hacia una nueva cultura de prevención, atención y respuesta ante potenciales casos de pederastia en la Iglesia católica aseguró forma bajo las “Líneas Guía del Procedimiento a Seguir en Casos de Abuso Sexual de Menores por Parte de Clérigos”.

Los obispos de México publicaron este 11 de junio extractos del antecitado documento como respuesta a las peticiones del papa Francisco de “cero tolerancia a la cultura de abuso y al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse” en el seno de la Iglesia. Esto, en el marco de la aceptación de tres renuncias del medio centenar que los obispos chilenos presentaron al pontífice tras reconocer que el problema les superaba y con las que reconocieron necesitar asistencia y dirección desde el Vaticano.

En México, los pastores de la grey católica aceptan que el abuso sexual infantil dejó “gravísimas consecuencias” para las instituciones religiosas del país y, por ello, comunicaron que en noviembre del 2016 se aprobaron las “Líneas Guía” frente al abuso sexual de menores, que los obispos acogieron las disposiciones del papa Francisco a través del cardenal O’Malley, presidente de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores y que se elaboró un “Protocolo de Protección de Menores” aprobado en 2017.

No son ni el primer protocolo ni las primeras líneas de acción contra la pederastia que elaboran los obispos mexicanos; tras las acusaciones contra el entonces arzobispo de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, la Arquidiócesis de México publicó en 2010 unas orientaciones generales para que tanto los obispos auxiliares, superiores de congregaciones y sacerdotes en general tuvieran conocimiento sobre las disposiciones legales y las responsabilidades civiles y penales que los clérigos asumían frente a estos crímenes. Y a nivel nacional, en 2012, tras la instrucción del papa Benedicto XVI a los obispos mexicanos a elaborar unas guías de prevención y combate al abuso sexual, el obispo de Tula, Pedro Juárez Meléndez, fue el responsable de liderar el proyecto.

Pasaron cuatro años más para que finalmente se tuvieran íntegras las “Líneas Guía”, un documento de 26 páginas dividido en tres secciones generales que abordan desde “el compromiso con la transparencia y el sentido de responsabilidad, la cooperación con las autoridades del Estado, los derechos de la víctima, la asistencia al acusado, la formación de futuros clérigos y los mecanismos del proceso canónico para la investigación e integración de la denuncia.

“Reconocemos que, en el pasado, por diversas circunstancias no se actuó como era debido. Por otra parte, se debe poner atención a los casos de algunas personas que haciéndose pasar por víctimas han inventado un abuso sexual para sacar o intentar obtener un beneficio económico o para manchar y dañar la reputación del clérigo”, explican los obispos.

El documento prohíbe prácticas que hasta hace poco no eran sancionadas por la Iglesia católica como el traslado de clérigos acusados a otras diócesis o de congregaciones religiosas a la vida diocesana; las “Líneas Guías” también recuerdan que es deber de la Iglesia católica el colaborar con las autoridades civiles competentes “proporcionándoles la información recabada en nuestros Tribunales Eclesiásticos, siempre y cuando medie un mandado judicial o del Ministerio Público debidamente fundado y motivado”.

En el tercer apartado del documento se detallan los pasos del “proceso canónico” con el que se reciben las denuncias, se investigan, de dirimen las responsabilidades institucionales, se resguarda la confidencialidad del caso, así como la buena fama, la dignidad y el respeto de todas las personas involucradas.

Las “Líneas Guía” proponen que a los acusados también se les debe asistir: “Deberá someterse a un programa terapéutico inspirado en los modernos protocolos clínicos especialmente elaborados para tratar patologías” y recuerda que, si la denuncia es falsa, el denunciante incurre en entredicho lateae sententiae la cual puede ser sancionada “con una pena justa y obligar a quien a calumniado a dar la satisfacción conveniente”.

“Debemos estar al lado de todos aquellos que han sido heridos y han sufrido. Un día las víctimas de abuso sexual nos mirarán no como a un enemigo sino como a su defensor y amigo. Todavía ese día no ha llegado y, por lo tanto, no somos completamente la Iglesia que debemos ser, un hogar seguro para las niñas, niños y adolescentes”, concluye el histórico documento.

La estrategia del último debate

debateHay que ser muy claros, si todo sigue el curso esperado, será la última vez que los cuatro aspirantes a la presidencia de la República estarán frente a frente compartiendo el mismo salón. Es el tercer y último debate donde los candidatos y sus estrategas se jugarán su última carta dentro del marco legal; el último ejercicio abierto al juicio de los ciudadanos para ver y escuchar a los aspirantes responder ante tres temas generales (desarrollo sustentable, educación y salud) y comportarse frente al último señalamiento que sus contrincantes les hagan en su cara.

En general, para los estrategas políticos, el último debate es donde se establecen todos los diferenciadores posibles entre candidatos. Por ejemplo, en el último debate Clinton-Trump, los dos candidatos expusieron radicalmente sus diferencias: si para la primera, la actuación de los jueces de la Suprema Corte le parecía correcta, el segundo los criticaba ácidamente; cuando Clinton pidió la regulación en la posesión de armas, Trump le reviró que el norteamericano común cree profundamente en la Segunda Enmienda que le garantiza la posesión y portación de armas.

Así continuó la noche, Clinton y Trump ahondaron el abismo que les separaba: aborto, inmigración, el muro con México, seguridad interior. Las acusaciones iban de ida y vuelta, pero aún con datos correctos: Clinton acusó a Trump de usar inmigrantes ilegales para construir sus icónicos edificios aprovechándose de su necesidad y vulnerabilidad; Trump acusó a Clinton de deportar masivamente a indocumentados como una política permanente como secretaria de Estado con Obama. Sin embargo, el clímax del debate fue la provocación de Clinton contra Trump sobre su relación con Rusia y el presidente Putin, que derivó en una vulgar recriminación mutua sobre qué candidato era ‘marioneta’ de Rusia; la demócrata acusó a Trump de usar recursos de su fundación para mandarse a hacer retratos de 2 metros de altura; y el republicano le reviró con el escándalo de la fuga de información a través de los mails de la secretaria de Estado.

En síntesis: el último debate es la oportunidad de que los candidatos muestren una imagen lo suficientemente definida como para sobrevivir al alto contraste. Esa imagen tiene que durar hasta que el elector esté frente a la boleta.

No obstante, el tema en la actual contienda presidencial en México no es el contraste o la diferenciación entre candidatos, es justamente lo contrario: cómo convencer a esa gran porción de indecisos que exigen puntos medios de convergencia a los candidatos: más modernidad administrativa a López Obrador, más empatía con el anti-corporativismo a Meade, más sencillez y humildad a Anaya y más seriedad institucional a Rodríguez Calderón.

Sin embargo, nada parece apuntar a que los candidatos suavizarán el tono; por el contrario, seguirán el manual e irán hasta el final en la confrontación: Anaya insistirá en la alianza Peña-AMLO, Meade continuará con la estrategia del miedo, López Obrador reiterará su posición ante la mafia del poder y ‘El Bronco’ repetirá su condición ingobernable de independiente.

Bajo este modelo, los que realmente perderán serán los temas: Crecimiento económico, pobreza y desigualdad; educación, ciencia y tecnología; y desarrollo sustentable, salud y cambio climático. Es probable que ningún candidato utilice su tiempo frente al micrófono para explicar a profundidad alguna propuesta de política pública en estos rubros; al final, en realidad tampoco es lo que esperan los ciudadanos espectadores.

El debate se realizará este martes 12 de junio en el Gran Museo del Mundo Maya en Mérida, Yucatán, a las 21:00 horas. Desde el último encuentro, el único golpe mediático nuevo fue la divulgación de un video donde vuelve a posicionarse la trama del presunto lavado de dinero de Ricardo Anaya a través del empresario Barreiro en Querétaro; mientras, en el war room de José Antonio Meade se hace sentir la narrativa mercadológica de Carlos Alazraki quien caricaturiza a López Obrador con actitudes de anciano senil; y, por su parte, los estrategas de Andrés Manuel continúan pidiéndole al tabasqueño que se mantenga en su discurso de amor y paz. Sin embargo, las encuestas parecen no dar virajes importantes. Insisto, el tercer debate es la última oportunidad de usar la última carta legal de los candidatos, aunque eso abra la puerta a otras estrategias paralegales o francamente criminales. Esperemos que no.

@monroyfelipe

Cardenal Aguiar valora desmembrar la poderosa iglesia capitalina

34598765_1185626698254713_8690352044071976960_n.jpgEl cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, estudia dividir la Arquidiócesis de México. Tras cuatro meses de haber recibido la Iglesia capitalina de manos del cardenal Norberto Rivera Carrera, el purpurado nayarita ya realiza valoraciones para que la diócesis que preside, que hasta el momento coincide en delimitación geográfica con la Ciudad de México, se divida en dos o tres territorios más que tendrían un obispo autónomo residencial con todas las facultades, derechos y responsabilidades canónicas y representativas.

A través de un comunicado signado por la directora de Comunicación de la Arquidiócesis de México el 6 de junio -justo en el cumpleaños del cardenal Rivera Carrera-, las instituciones eclesiales afirman que se ha iniciado un Proceso de Consulta para la Creación de Nuevas Diócesis, desmembradas de la Arquidiócesis Primada de México.

Las diócesis que se crearían -adelanta el comunicado-, podrían ser la que hoy está delimitada en la Primera Vicaría Episcopal cuyo territorio integra las delegaciones Azcapotzalco y Gustavo A. Madero, y las vicarías Séptima y Octava cuyos territorios abarcan las delegaciones Iztapalapa, Tláhuac, Milpa Alta y Xochimilco. Al frente de estas demarcaciones pastorales, Rivera dejó a los obispos auxiliares Florencio Armando Colín, Jesús Antonio Lerma y Andrés Vargas Peña.

El estudio de la división territorial de la Iglesia capitalina ha sido permanente, incluso el arzobispo Rivera Carrera recibió varias valoraciones sobre los positivos y negativos que generaría tal división. Para el purpurado duranguense, la coincidencia territorial del entonces Distrito Federal con la Arquidiócesis Primada facilitaba la relación de las autoridades eclesiales con las de la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México: Un jefe de gobierno – un sólo obispo residencial titular; pero también ayudaba a manifestar la unidad simbólica de los capitalinos como habitantes culturales de una ciudad de inmensos contrastes.

Por el otro lado, la Iglesia arquidiocesana es a todas luces ingobernable; el cardenal Rivera utilizó un modelo de responsabilidades gerenciales y cedió gran parte de su representación en sus ocho obispos auxiliares; pero una administración centralizada exige muy altas capacidades de gobierno y no pocos sacrificios para caminar en una iglesia tan masiva y dinámica. Sólo los arzobispos de Milán y de Madrid tienen más sacerdotes, parroquias y centros neurálgicos de la política y la economía como los que tiene la Ciudad de México.

De esta manera, si los obispos de México, la Nunciatura y el propio papa Francisco lo validan, en breve existiría una diócesis autónoma al norte de la ciudad que separaría a la Provincia de Tlalnepantla de la Ciudad de México y que sólo salvaría el polígono del Santuario Mariano del Tepeyac porque el arzobispo de México es el custodio histórico del Ayate de Juan Diego, la venerada imagen de Nuestra Señora de Guadalupe; y una diócesis más (si no dos) al sur y oriente capitalino, que es la zona que aún conserva áreas rurales y naturales protegidas, donde se concentran más de 3 millones de habitantes, así como las expresiones religiosas católicas populares más icónicas y masivas de la Ciudad de México: la Candelaria del Niñopa en Xochimilco y Semana Santa de Iztapalapa. Sitios de profundo arraigo religioso que son el principal proveedor de vocaciones sacerdotales de la capital.

Aguiar Retes quedaría como primado capitalino y arzobispo metropolitano con la Basílica de Guadalupe y los territorios más urbanizados, de mayor desarrollo vertical y de alto potencial económico comercial de la ciudad: desde Polanco, Tacubaya, la Condesa, Juárez, Centro, Lomas, Santa Fe, Del Valle, Mixcoac, San Ángel, Coyoacán, Churubusco, Pedregal y Tlalpan.

Si se aprobase la creación de nuevas diócesis: la del norte de la ciudad (en Azcapotzalco básicamente) se quedaría con una diócesis muy estructurada parroquialmente hablando pero con un cuerpo sacerdotal cuyo promedio de edad es muy superior a los 65 años y con pocas vocaciones sacerdotales en el corto plazo; mientras que la potencialmente nueva diócesis del sur se quedaría con la delegación Iztapalapa que es la zona más densamente poblada, marginada, empobrecida y tristemente violenta de la capital y con Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, los únicos territorios con espacios aún rurales de la capital que cuentan con las parroquias, capillas, barrios, mayordomías y expresiones populares más ricas de religiosidad católica.

@monroyfelipe

Para comprender las encuestas electorales

louwerse1d-e1527803912241.png¿A cuál encuesta le creemos? Es una de las preguntas más frecuentes que se hace la gente en estos días; principalmente porque en los últimos años las encuestas parecen haber fallado en sus resultados (Brexit, Trump, Colombia, etc.) y porque nuestra suspicacia ante las malas prácticas políticas nos hace suponer que los resultados de varias encuestas electorales están “cuchareados”, amañados o francamente pagados. La verdad es que muchos ciudadanos están decepcionados de este ejercicio estadístico, pero ¿se habrá acabado la época dorada de las encuestas? ¿Servirán para algo en este panorama de desconfianza posmoderna?

La razón por la que cada vez hay más gente que está harta de las encuestas es quizá porque no nos explican a fondo cuál es su verdadero propósito, ya sea porque no estamos seguros cómo es que muestras tan pequeñas pueden representar a toda una población o por qué haya disparidades tan notables entre dos ejercicios distintos; sin embargo, los especialistas afirman que las encuestas no intentan reflejar el pensamiento de cada individuo o la complejidad de sus preferencias, ni siquiera compiten por obtener la mejor instantánea del pensamiento de una comunidad, el verdadero fin que persiguen es presentar un modelo sobre cómo la población podría responder ante opciones cerradas. Se trata pues, de analizar posibles comportamientos, conocimientos u opiniones ante condiciones estrechas.

Por tanto, son instrumentos y modelos de análisis muy útiles siempre que se tenga claridad en los objetivos que realmente se persigan. Así es la ciencia, los resultados no sirven de mucho si no se conocen ni el método ni las hipótesis que plantearon la experimentación. Por ello, los diseñadores de encuestas no sólo deben presentar sus resultados finales, también están obligados a describir sus intenciones originales, las razones por las que eligieron cierta muestra poblacional, el método de levantamiento de datos y, principalmente, reconocer el margen de error que en todos casos no sólo es inevitable sino hasta saludable pues no son fotografías o radiografías del pensamiento social sino una aproximación por comprender los valores, las actitudes o las opiniones que un cierto representativo social utiliza frente a un constreñido espacio de elección.

Esa es la razón por la cual hay encuestas tan dispares en el actual proceso electoral. La explicación más fácil -la que no exige mucho esfuerzo- es que los encuestadores están pagados o aliados a grupos políticos y eso se refleja en sus resultados: están comprometidos por filiación política o interés económico. Pero es un hecho que a la mayoría de la gente no le interesa la explicación más completa, se queda con lo que necesita y reafirma su parecer antes de explorar otras razones. Como apunta Matthew Mendelsohn, especialista en metodología de encuestas: “Cuando están bien desarrolladas, las encuestas pueden ser herramientas muy útiles; pero si se realizan sin cuidado y con demasiada rapidez, pueden convertirse en muletas para quienes se reúsan a pensar creativamente o con rigor científico”.

Un fenómeno, sin embargo, que sí ha cambiado el panorama metodológico de las encuestas es el avance de las encuestas vía internet. Con el desarrollo de tecnologías, sistemas de comunicación y modelos de análisis de inmensas bases de datos, las encuestas en línea se han convertido en una opción muy eficaz para explorar los comportamientos de diversos perfiles de ciudadanías: más allá de las encuestas telefónicas a hogares o a teléfonos celulares, las encuestas online lideradas por los titanes en motores de búsqueda se han convertido en una mega autopista de doble vía: en un sentido da voz a grandes muestras de población para elaborar encuestas cada vez más certeras mientras, en contraparte, toma de esas muestras una cantidad inmensa de información que termina siendo de gran utilidad para fines comerciales o dinámicas de comportamiento social.

En el actual proceso electoral mexicano, la inmensa mayoría de las casas encuestadoras realizan sus ejercicios metodológicos comisionadas por instituciones políticas, medios de comunicación o empresas particulares, muy pocas -si acaso un par de ellas- se realizan con propósitos académicos. Eso habla mucho de las encuestas que vemos, sus resultados quieren reflejar la eficacia de los mensajes, estrategias o acciones de los contendientes en campaña; pero, no nos engañemos, también habla algo de nosotros, de nuestro comportamiento ante escenarios previstos. ¿O acaso no cree que el alto nivel de desconfianza en las encuestas podría ser un dato muy útil para ciertos intereses?

@monroyfelipe

Szymanski

szymanski_2En persona parecía muy alto y de muy fácil sonrisa; tras saludarlo en el soleado jardín de su casa en San Luis Potosí no tardé mucho en darme cuenta de que Szymanski mantenía permanentemente una mirada vivaz y una interesante conversación de los acontecimientos actuales. Tenía 92 años entonces y, aunque fui a entrevistarlo para que hablara del pasado (en ese entonces era uno de los cuatro obispos sobrevivientes del histórico Concilio Vaticano II de 1962), a don Arturo le fascinaba el futuro porque hacia allá planteaba todas sus ideas, sus inquietudes y sus anhelos.

La primera vez que supe del ya legendario obispo emérito de San Luis Potosí, Arturo Antonio Szymanski Ramírez, fue en 2008 cuando la muerte de otro ilustre católico tampiqueño nos hizo coincidir. Tras las exequias del cardenal Ernesto Corripio Ahumada, arzobispo de México, su amigo y coterráneo escribió una homilía donde destacaba algo que llamó “la segunda conversión” que no es otra cosa sino la amorosa renuncia del ser al Creador y a sus designios. Szymanski intentaba decir que, tras el vigor juvenil para abandonar lo material para seguir con bríos el camino de Jesús, en el ocaso de la vida sólo quedaba cargar la Cruz sin quejarse y enfrentar el final confiados en que Dios sabrá cuánto se intentó hacer el bien en su nombre.

Pero el que crea que el nonagenario Szymanski había perdido los bríos, está muy equivocado. Aquella tarde en su hogar me presumió que a sus 92 años aún podía hacer lagartijas y sentadillas (y realizó dos de estas últimas para demostrarlo); que comía y bebía con disciplina, pero con el apetito y la frugalidad de un jovial obrero; que seguía con interés varias publicaciones y noticiarios para debatir con actualidad los temas más urgentes de reflexión; y que prefería recorrer el país en carretera en lugar de acortar la distancia en un avión. Sin ir lejos, apenas hace año y medio realizó un viaje trasatlántico para encontrase con el papa Francisco y dialogar con él sobre lo que sus 56 años de experiencia episcopal le habían dejado en el caminar de la Iglesia católica antes y después del Concilio Vaticano II.

En sus últimos años, Szymanski profundizó mucho en la “teología del encuentro” y planteaba que si las personas no comparten el mismo temperamento necesitan dialogar, construir, participar y compartir más; consideraba que el cristianismo “siempre es revolución en un mundo revuelto” y promovió el uso de la palabra, la razón, la prensa y el diálogo como pilares de un mundo donde sea posible respetarnos como personas, para promover la libertad y la alegría de la existencia humana.

Don Arturo Szymanski murió la mañana de este 29 de mayo del 2018 a los 96 años de edad, falleció aquel obispo que a sus cuarenta años manejaba por las carreteras europeas explorando el mundo que se avecinaba tras esa ventana que la Iglesia católica estaba abriendo pensando en futuro y en aires nuevos; fue un obispo de inagotables anécdotas (conoció en los años 60 al joven Karol Wojtila -futuro san Juan Pablo II- cuando el legendario cardenal, Stefan Wyszynski, invitó a todos los obispos del mundo de apellido polaco a una pequeña recepción en Roma) y fue un hombre de mucha fortaleza incluso frente al dolor que provoca la verdad (un sacerdote de mucha confianza para él fue hallado culpable de abuso sexual a menores).

En uno de nuestros últimos encuentros, el obispo insistía en que en México faltaba humanismo y sobraban los tecnócratas: “Tenemos que renovarnos interiormente, renovar nuestro corazón. Creo que el tema básico es la caridad, querernos, tratarnos bien. Si usted es de un modo, por qué no voy a quererlo, por qué voy a estarme peleando. Hay tres cosas que he tenido muy claro que se debe ser: Una persona que se entrega a algo, como usted al periodismo, debe ser primero un profesional, después un servidor y, lo tercero, un santo. Para mí, ese es el camino que Dios nos pone. Puede ser que haya unos muy listos como profesionales y hasta serviciales, pero de santidad tienen cero. Creo que nos hace falta tener una poquita de fe”.

Descanse en paz, don Arturo.

@monroyfelipe

Víctimas y victimarios; las fronteras del verdugo

Sobre el caso Nestora Salgado, ¿en realidad sólo podemos entenderlo bajo criterios absolutos? ¿Es ella únicamente víctima o solamente victimaria en toda la historia? ¿Nos es lícito juzgar a una persona como perfectamente buena o absolutamente mala? Sus defensores: ¿Podrían sentir compasión por las personas que la acusan de secuestro? Y sus acusadores: ¿Podrán compartir la posibilidad que, bajo las ingobernables condiciones de violencia y corrupción de autoridad en sus comunidades, hubo algo positivo en las acciones lideradas por esta policía comunitaria? ¿Podríamos tener una mirada desde la alteridad respecto a lo que ella denunció fue su encarcelamiento injusto y, al mismo tiempo, expresar otredad con quienes la acusan de secuestro? ¿Por qué para juzgar preferimos armarnos también bajo la actitud de verdugo, pero eludimos intentar comprender la naturaleza de los actos y responsabilidades de cada ser humano, así como de las instituciones?

Los relatos sobre las situaciones extremas que padecen innumerables pueblos de México ante la ausencia de autoridad (o de su ignominiosa corrupción) y los abusos que personas o grupos cometen en esos páramos sin ley pueden ser releídos desde perspectivas diversas. Por un lado, nos podemos estremecer ante el dolor de centenares de víctimas que padecen actos de absoluta barbarie institucionalizada en estas fronteras olvidadas, pero también nos enternece cada gesto de bondad que algún hombre o mujer común realiza para evitar abusos, despojo o cualquier intento de atropello a la dignidad de su prójimo, aun si estos actos están fuera del orden legal o el casi utópico ‘Estado de derecho’.

Que la sociedad mexicana se debata furibunda entre acusaciones maniqueas, revela la poca comprensión que intentamos sobre la naturaleza humana y social. En ‘Frente al límite’ de Tzvetan Todorov, el filósofo recupera historias de sobrevivientes de campos de concentración nazis y soviéticos; pero no se limita a escuchar sólo la parte de la población que fue recluida y dispuesta a sufrir las torturas y crímenes más atroces del siglo XX, también recupera los testimonios de los que estuvieron fuera de las rejas (custodios, guardias, directores de los campos de concentración) y la manera en cómo asimilaban e intentaban comprender sus responsabilidades y sus actos. Son estos últimos testimonios los más complejos de comprender: ¿Cómo es posible que un monstruo conduzca a cientos de personas al patíbulo mientras escribe tiernas cartas de amor y nostalgia a sus padres y hermanos? ¿Cómo la vigilante en jefe de Birkenau era capaz de ordenar las torturas más inhumanas, pero abrazaba y regalaba chocolate a los niños en el campo de concentración? ¿Qué tipo de padre fue el comandante Schwarzhuber que le colocó un letrero al cuello a su hijo para que, mientras el niño vagaba por la prisión, los soldados no lo confundieran con los condenados a la cámara de gas?

En las situaciones extremas (y no podemos negar que muchas comunidades de México padecen esta condición), la fragmentación de la psique es un recurso de la mente para la supervivencia no sólo de nuestra persona sino del mundo en el que creemos o deseamos existir. Dice el escritor Primo Levi (sobreviviente del campo de concentración de Monowice) que “una cosa que uno no puede comprender se convierte en un vacío doloroso, una picadura, una irritación permanente”. ¿Qué queremos comprender del caso Nestora Salgado y las víctimas de secuestro en medio de un contexto de Estado fallido? ¿Con qué actitud queremos explorar las tinieblas morales y criminales de un caso tan extremo como el que debieron enfrentar Salgado, el pueblo, las autoridades y las víctimas? ¿Seremos capaces de otredad o nos contentaremos con permanecer en la posición de verdugo, esperando la víctima perfecta de nuestros prejucios?

@monroyfelipe

Iglesia y política, forzados a convivir

elecciones.jpgEl genial Chesterton afirmó que la Biblia pedía amar a tanto a los enemigos como a los vecinos porque en general suelen terminar siendo las mismas personas; y la reflexión cae a cuento porque en el presente proceso electoral, las instituciones religiosas parecen estar obligadas a convivir con la política electoral tanto por vecindad como por imbricadas asociaciones.

En los últimos meses, las estrategias políticas de diferentes grupos han querido involucrar a las instituciones religiosas al feroz ritmo de las campañas electorales. En algunos casos lo hacen de manera casi corporativa mediante asambleas enteras de fieles que entran de cuerpo entero en plataformas de ciertos candidatos; y en otros, más sutiles, mediante estrategias de miedo o de presión para que otros grupos de creyentes detonen a favor o en contra de los aspirantes.

En los días previos al segundo debate de los candidatos a la presidencia de la República, se divulgó la noticia de un supuesto panfleto (del que sólo se conoce la fotografía en redes sociales) donde presuntamente un partido político agrede los sentimientos religiosos de un particular credo. Sin ninguna prueba física o alguna otra fuente fidedigna de veracidad, el tema creció incontrolable hasta propiciar un posicionamiento de la Iglesia católica. Los obispos de México afirmaron que el panfleto comenzó a circular en redes sociales y, aunque reconocieron que desconocían incluso su origen, no impidió que con su autoridad reprobaran “que se utilice como instrumento de discordia” y pedir a las autoridades competentes “investiguen estos hechos, y no permitan que circule ningún tipo de propaganda electoral que contenga imágenes o símbolos religiosos venerados por gran parte del pueblo de México”.

Días más tarde, otro organismo de una asociación religiosa rechazó que sus miembros hicieran peticiones de datos personales y promesas de entregas de despensas u otras ayudas económicas a instituciones, fundaciones o agrupaciones religiosas. Detrás de estas denuncias sin duda se encuentra alguna estrategia electorera que utiliza organizaciones religiosas (de alta confianza para el mexicano promedio) para hacerse de adherentes, votos potenciales o padrones espurios para partidos políticos (que sin quizá las instituciones de menor confianza entre los ciudadanos).

Sin embargo, también hay grupos o iglesias que aprovechan los espacios doctrinales para inducir el voto de sus fieles. Se hace de manera velada o francamente abierta, con y sin riesgo de ser señalados ante las autoridades electorales de actos violatorios del proceso electoral. Como decía Chesterton: enemigos y vecinos a veces son las mismas personas.

El tema delicado es que la política y las asociaciones religiosas están, más que nunca, obligadas a convivir en un momento de alta tensión social, en medio de campañas de odio, mentira, tergiversación, señalamientos y marrullerías. El peligro es que grupos religiosos enteros pueden estar vulnerables a los efectos de la mentira y, no es novedad que, a pesar de los permanentes llamados a la mesura por parte de los líderes religiosos o políticos, siempre hay individuos o células radicales que contravengan el principio ético de no hacer en el otro lo que no se quiera experimentar en la carne propia.

El genial escritor de ‘Los viajes de Gulliver’, Jonathan Swift, en pleno siglo XVIII describía la mentira política como una herramienta que sólo es útil cuando hay ingenuos que desean creerla. Así, el vulgo trasmite rumores sobre la vida sexual, la salud, la riqueza o la moral de los políticos sin saber que es utilizado por los hilos del poder. La divulgación de mentiras políticas provoca las más virulentas reacciones y, al final, no importa que se revele la verdad: para quien tiene un prejuicio inoculado al tuétano creerá la mentira hasta la ignominia. Aquí es donde la vecindad de la política y las religiones deben atender más la calidad de su convivencia pues todo fanático tiene su punto de presión; basta que lo activen para que explote revelando su verdadero rostro.

Los panfletos antirreligiosos o los intentos de captación de voto corporativo religioso pueden venir de cualquier lado y, aunque ese es un tema legal por atender, lo que importa es contemplar y explicar cómo estos fenómenos logran revelar el verdadero rostro de quienes ya están fanatizados en sus criterios ideológicos, políticos o religiosos. El arte de la mentira política lleva 400 años perfeccionándose; y resulta vergonzoso cómo la sociedad sigue conservando la misma dosis de credulidad.

@monroyfelipe

Elitismo, división y connivencia: el desafío sistémico para la iglesia chilena

obisposchile.jpgLa presentación de las renuncias de todos los obispos católicos de Chile al papa Francisco es un acontecimiento sin comparación, todo un parteaguas que acudirá al gran escenario histórico como un hecho inédito pero, al mismo tiempo, no falto de lógica: los casos de abuso sexual, acciones de simulación con víctimas y encubrimiento de responsables tomaron una ruta dolorosa pero también necesaria para que la estructura eclesial y su operación institucional finalmente pueda atender y resolver este flagelo.

Histórico sí, pero ineludible. Por ello, el obispo auxiliar de Santiago de Chile y secretario de la Conferencia Episcopal, Fernando Ramos Pérez, leyó -con mucha serenidad y sin impostar afectación alguna- el comunicado de la decisión de los obispos chilenos de presentar por escrito su renuncia al gobierno y cuidado de sus respectivas diócesis en espera de que el papa Francisco les indique el camino a seguir. El día anterior, en la carta que Jorge Bergoglio les entregó personalmente a los chilenos -y que se filtró a la prensa más tarde-, les adelantaba que no sería suficiente la remoción de sólo algunas personas de sus cargos.

La renuncia en bloque de los obispos era necesaria tras conocerse el contenido de la carta de Bergoglio. En ella, primeramente les reconoce su empeño por intentar resolver la situación, por la franqueza y disponibilidad con la que se trabajó con el enviado pontificio Charles Scicluna y por el ‘firme propósito de reparar los daños causados’; pero también reconoce los hechos delictivos en los que incurrió la iglesia chilena: readmisión de religiosos expulsados de sus respectivas órdenes por abusos cometidos, la insensibilidad institucional ante las denuncias recibidas por parte de las víctimas, la destrucción de documentación comprometedora por parte de encargados de archivos eclesiásticos, el desacierto de encomendar seminarios a sacerdotes sospechosos de comportamiento homosexual y, sobre todo, la actitud elitista, clericalista y de superioridad con la que ejercieron su responsabilidad ministerial y pastoral ante esta crisis.

Tras la misión de investigación realizada en Chile por el arzobispo Charles Scicluna (el experto en delitos sexuales más respetado del Vaticano) y el diálogo personal sostenido con los prelados, el papa Francisco reconoció que el problema es sistémico, agravado por la división del colegio episcopal y la connivencia de algunos miembros de la iglesia católica local.

Los comentarios del pontífice y la renuncia conjunta parecerían ser el fondo de un abismo que comenzó con el caso del sacerdote Fernando Karadima (hoy de 87 años) hallado culpable de delitos sexuales que fue formador y referente de prominentes sacerdotes chilenos, incluso del actual obispo de Osorno, Juan Barros. El sórdido caso Karadima tomó una ruta de crisis que obliga a otras conferencias episcopales y organizaciones religiosas a ser más vigilantes y sensibles ante los casos de abuso: Karadima fue denunciado desde 2004 por abusos cometidos entre 1955 y 1980, no fue sino hasta 2010 cuando este tema saltó a la sociedad chilena con las reuniones del cardenal Errázuriz con el presidente Piñera y la visita del poderoso número dos del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone. Encuentros donde se abordó el caso pero que fueron relativizados por las autoridades eclesiales en un primer momento, aunque no pudieron minimizarse por mucho tiempo pues en los meses siguientes se definió la sentencia canónica contra Karadima. Sin embargo, la sentencia no dio plena satisfacción a las víctimas, aún exigen solución al tema del resarcimiento económico y su queja se escuchó con dureza, por ejemplo, cuando Juan Barros tomó posesión de la diócesis de Osorno en 2015 y, por supuesto, durante la visita del papa Francisco en enero de 2018.

La visita de Bergoglio en Chile fue también un escollo doloroso para la iglesia católica: el pontífice defendió a Barros y afirmó en público que no había pruebas contra él. El malestar del pueblo y los católicos chilenos fue tal que el Papa pidió disculpas por sus palabras e instruyó a Scicluna la investigación a fondo del caso pues todo apuntaba a que él mismo no tenía todo el panorama de la situación.

Los resultados presentados por Scicluna en abril fueron devastadores, Bergoglio nuevamente pidió perdón y sostuvo reuniones privadas con las víctimas. Con la visita de tres días de todos los obispos chilenos a Roma se cerró la pinza: el Papa comprendió que la crisis es sistémica y los obispos dejaron en manos del pontífice el gobierno de sus iglesias particulares.

Lo que viene para la iglesia chilena es, sin duda, incierto; los obispos, por lo pronto, han mostrado disposición para hacerse a un lado con tal de no entorpecer la restauración de la salud eclesial, pero sin abandonar la responsabilidad que tienen para detonar un cambio de cultura eclesiástica que ayude a mejorar los mecanismos de denuncia, de acompañamiento y de resolución de crímenes canónicos o hechos delictivos.

@monroyfelipe