Cardenal Aguiar valora desmembrar la poderosa iglesia capitalina

34598765_1185626698254713_8690352044071976960_n.jpgEl cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, estudia dividir la Arquidiócesis de México. Tras cuatro meses de haber recibido la Iglesia capitalina de manos del cardenal Norberto Rivera Carrera, el purpurado nayarita ya realiza valoraciones para que la diócesis que preside, que hasta el momento coincide en delimitación geográfica con la Ciudad de México, se divida en dos o tres territorios más que tendrían un obispo autónomo residencial con todas las facultades, derechos y responsabilidades canónicas y representativas.

A través de un comunicado signado por la directora de Comunicación de la Arquidiócesis de México el 6 de junio -justo en el cumpleaños del cardenal Rivera Carrera-, las instituciones eclesiales afirman que se ha iniciado un Proceso de Consulta para la Creación de Nuevas Diócesis, desmembradas de la Arquidiócesis Primada de México.

Las diócesis que se crearían -adelanta el comunicado-, podrían ser la que hoy está delimitada en la Primera Vicaría Episcopal cuyo territorio integra las delegaciones Azcapotzalco y Gustavo A. Madero, y las vicarías Séptima y Octava cuyos territorios abarcan las delegaciones Iztapalapa, Tláhuac, Milpa Alta y Xochimilco. Al frente de estas demarcaciones pastorales, Rivera dejó a los obispos auxiliares Florencio Armando Colín, Jesús Antonio Lerma y Andrés Vargas Peña.

El estudio de la división territorial de la Iglesia capitalina ha sido permanente, incluso el arzobispo Rivera Carrera recibió varias valoraciones sobre los positivos y negativos que generaría tal división. Para el purpurado duranguense, la coincidencia territorial del entonces Distrito Federal con la Arquidiócesis Primada facilitaba la relación de las autoridades eclesiales con las de la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México: Un jefe de gobierno – un sólo obispo residencial titular; pero también ayudaba a manifestar la unidad simbólica de los capitalinos como habitantes culturales de una ciudad de inmensos contrastes.

Por el otro lado, la Iglesia arquidiocesana es a todas luces ingobernable; el cardenal Rivera utilizó un modelo de responsabilidades gerenciales y cedió gran parte de su representación en sus ocho obispos auxiliares; pero una administración centralizada exige muy altas capacidades de gobierno y no pocos sacrificios para caminar en una iglesia tan masiva y dinámica. Sólo los arzobispos de Milán y de Madrid tienen más sacerdotes, parroquias y centros neurálgicos de la política y la economía como los que tiene la Ciudad de México.

De esta manera, si los obispos de México, la Nunciatura y el propio papa Francisco lo validan, en breve existiría una diócesis autónoma al norte de la ciudad que separaría a la Provincia de Tlalnepantla de la Ciudad de México y que sólo salvaría el polígono del Santuario Mariano del Tepeyac porque el arzobispo de México es el custodio histórico del Ayate de Juan Diego, la venerada imagen de Nuestra Señora de Guadalupe; y una diócesis más (si no dos) al sur y oriente capitalino, que es la zona que aún conserva áreas rurales y naturales protegidas, donde se concentran más de 3 millones de habitantes, así como las expresiones religiosas católicas populares más icónicas y masivas de la Ciudad de México: la Candelaria del Niñopa en Xochimilco y Semana Santa de Iztapalapa. Sitios de profundo arraigo religioso que son el principal proveedor de vocaciones sacerdotales de la capital.

Aguiar Retes quedaría como primado capitalino y arzobispo metropolitano con la Basílica de Guadalupe y los territorios más urbanizados, de mayor desarrollo vertical y de alto potencial económico comercial de la ciudad: desde Polanco, Tacubaya, la Condesa, Juárez, Centro, Lomas, Santa Fe, Del Valle, Mixcoac, San Ángel, Coyoacán, Churubusco, Pedregal y Tlalpan.

Si se aprobase la creación de nuevas diócesis: la del norte de la ciudad (en Azcapotzalco básicamente) se quedaría con una diócesis muy estructurada parroquialmente hablando pero con un cuerpo sacerdotal cuyo promedio de edad es muy superior a los 65 años y con pocas vocaciones sacerdotales en el corto plazo; mientras que la potencialmente nueva diócesis del sur se quedaría con la delegación Iztapalapa que es la zona más densamente poblada, marginada, empobrecida y tristemente violenta de la capital y con Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, los únicos territorios con espacios aún rurales de la capital que cuentan con las parroquias, capillas, barrios, mayordomías y expresiones populares más ricas de religiosidad católica.

@monroyfelipe

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