Entretenimiento

Bandersnatch: La magnapresa de Black Mirror

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A nadie escapa que la empresa de entretenimiento Netflix ha modificado profunda y quizá irreversiblemente el panorama de consumo y comercialización de filmes, series y productos digitales audiovisuales. Pero es su propuesta conjunta de la serie ‘Black Mirror’ y su producto narrativo e interactivo ‘Bandersnatch’, lo que ha abierto un debate sobre las fronteras del consumo que social e individualmente hacemos de la cultura y el entretenimiento.

La traducción literal de Black Mirror (espejo negro) no alcanza a explicar la profundidad de la metáfora que los productores de la serie proponen: La pantalla de los dispositivos digitales audiovisuales personales es el oscuro espejo que traga nuestra persona, trastorna nuestras costumbres, principios y valores y esclaviza nuestros sentidos con experiencias que creemos únicas y liberadoras pero que representan un refinado cautiverio de la masa. Cada capítulo de Black Mirror es siempre la incómoda tragedia de la relación de la naturaleza humana con la tecnología y dispositivos de comunicación (reales o ficticios).

Por ello, para el primer producto interactivo conectado a este principio reflexivo, Black Mirror presentó el 28 de diciembre pasado ‘Bandersnatch’; un singular episodio en el que los espectadores construyen el drama mediante la elección. Las opciones van desde la aparente superficialidad hasta la angustiante irreversibilidad y todas, dentro de la experiencia, influyen de modo insospechable en la historia.

El término Bandersnatch es intraducible pero tiene origen en el alucinante poema ‘Jabberwocky’ de Lewis Carroll en su obra Alicia a través del espejo. Alicia encuentra el texto una vez que ha cruzado el espejo, se encuentra en el mundo reflejo de su realidad y el escrito sólo puede ser leído en el reflejo de donde ha surgido (¿o a donde se ha inmerso?). El poema dice que debe tener cuidado de “the frumious bandersnatch”.

‘Frumious’, se ha explicado, es neologismo de ‘furious’ (fiero) y ‘fuming’ (humeante); ‘bandersnatch’ es más críptico pero lingüistas como Gabriel López Giux afirman que proviene de ‘bander’ (bestia) y ‘snatch’ (atrapar). En concreto: el poema alerta, entre otras cosas, que Alicia deberá enfrentarse a una oscura bestia que no hace otra cosa que atrapar. Más tarde, Carroll reutiliza la figura en otro poema: “The hunting of the snark” y el Bandersnatch es esa creatura acosadora, veloz, agresiva e irracional que no se deja sobornar por las riquezas del banquero sino que, inmotivado, lo deja libre hasta que aquel pierde la cordura.

Las diferentes traducciones en español del ‘Bandersnatch’ de Carroll nos dan ligera idea de cómo nuestros hermanos de lengua han interpretado a este simbólico enemigo: “Negras mariposas”, “Valencida”, “Altanero halcón”, “Zumbabandanas”, “Zamarrajo”, “Tarascazo”, “Galimatazo”, “Agarraiteata”, “Baitezampa” y “Magnapresa”. En todo caso, ‘bandersnatch’ es un monstruo de cualidades invencibles. Esa es la magnapresa de Netflix y Black Mirror: Una bestia magnífica de la que es imposible zafarse.

Un dato curioso es que los teóricos de la complejidad de computación, Garey y Johnson, en su libro ‘Computación e Intratabilidad’ denominan “Problema del Bandersnatch” al conflicto de decisión entre la imposibilidad de construcción de un algoritmo eficiente y la imposibilidad de explicación de porqué no puede haber algoritmo suficientemente eficiente. Es decir, la bestia Bandersnatch de Black Mirror vive en una compleja zona gris de intratabilidad en las decisiones que los espectadores-usuarios van tomando en la historia.

Cada decisión del usuario-espectador en Black Mirror: Bandersnatch construye una historia alrededor del joven programador Stefan Butler quien desarrolla un ambicioso videojuego en los años ochenta. Sin embargo, la complejidad de los caminos en la historia no es en realidad la recompensa para el explorador; todo lo contrario, el problema es que no hay un algoritmo de decisiones que recompense en equidad a la glotonería del espectador-usuario sino sólo un doloroso y sutil veneno de insatisfacción.

En Black Mirror: Bandersnatch somos como Alicia, asechados por el abrumador monstruo de nuestras decisiones; suficientemente ingenuos e inconscientes como para arrojarnos en la negrura de nuestros dispositivos; solitarios y alegres calculadores del tedio a un paso siempre de la bestia Baitezampa; opulentos de bienes inservibles en un universo insondable.

@monroyfelipe

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El noble valor de la crítica

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Hay un propósito -relativamente sencillo- que muy probablemente pocos incorporaron en sus rituales de noche vieja: el propósito de ser serenamente crítico con lo que ve, escucha o cree saber para el año que comienza.

La crítica no sólo será un privilegio de la inteligencia y la razón humanas, será un gesto de valentía, de coraje y de justa indignación; y tendrá un gran valor en el año. No sólo porque las comunicaciones populares están ya saturadas de falsedad y engaños; sino porque los espacios de convivencia humana comenzarán a parecer guetos de ficticia libertad donde las más alucinantes certezas son la droga o vacuna que mantiene en la pureza a legiones de radicales. Y todo, alimentado por los intereses de privilegios.

De inmediato nos viene a la mente, por ejemplo, la prolongada insistencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la construcción del muro fronterizo al punto de ‘cerrar’ el gobierno del país más poderoso del mundo para presionar a su congreso por dinero. Por supuesto, un muro es la representación más simple de la división, la separación y la protección, de encierro y de frontera; de miedo, sí, pero también de apropiación y de control; sin embargo, también hay otras acciones que representan los mismos problemas de aislamiento y necedad.

Son las acciones tiránicas o absolutistas, las certezas invulnerables e irrenunciables, la autoritaria superioridad, el rechazo a la crítica, el chovinismo patológico y, la más perniciosa, la simplificación polarizante. Todas estas actitudes, invariablemente, tienen dos caras y el engaño nos insiste en que una de ellas es la única correcta, la única pura o la única útil.

El engaño, pues, tendrá una privilegiada posición entre las irracionales búsquedas de hits o ‘likes’ en las redes sociales; entre la infinita desconfianza de las fuerzas políticas y fermentará entre la ignominia de los fanáticos, los aplaudidores a ultranza o los negadores sistemáticos.

Piense en el tema que usted quiera y encontrará radicales que se empeñen en hacernos ver que los problemas sólo tienen dos posiciones: ser aliados absolutos o enemigos irreconciliables. Allí tiene usted el origen de la mentira, del error o la falsedad.

Apuntó el genial Nicolás de Condorcet hace 300 años que “los errores, cuando nacen, no infectan más que a un pequeño número de hombres, pero, con el tiempo, el número de imbéciles aumenta” y explica: “Entre el momento en que esos errores alarman a los partidarios de los errores anteriores y el momento en que estos últimos desaparecen, en cada nación se forman dos partidos, y si es verdad que no siempre esos dos partidos dan lugar a una guerra, provocan continuas revueltas y acaban con la opresión de uno de ellos por el otro”.

¿Qué falsedades cree usted que unos u otros partidarios le han sabido vender? ¿Cuáles errores ha adoptado y defendido sistemáticamente? ¿En qué lugar se visualiza a usted mismo cuando piensa que está siendo crítico: desde alguno de los lados del muro o por encima de éste?

El ejercicio de la crítica será mucho más importante en los meses por venir que ser abierta oposición o formal adversario. La radicalidad sólo profundizará la hendidura del error. El propio Condorcet vaticina con tristeza que sin la crítica serena se abre la puerta a un riesgo enorme porque “es imposible que, quien establece errores que él mismo considera inocentes, prevea cuántas extravagancias funestas y monstruosas saldrán a la luz en el futuro a partir de la semilla fatal que sembró”.

@monroyfelipe

Cine: ROMA, esperpento cuaronesco

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Alfonso Cuarón (México, 1961) es un cineasta fascinante y difícil. Prácticamente no hay filme dirigido por él que no ofrezca capas narrativas subyacentes, pliegues de historias abiertas al juego de la interpretación: una comedia romántica que explora los matices del engaño, una road movie adolescente que habla de una crítica política, un thriller distópico que es una oda a la vida humana, la tropical reversión sonora y visual de un clásico literario europeo o una aventura espacial que explica la inevitabilidad del diálogo en el duelo y la “gravedad de la pesadumbre”.

Con Roma (2018), Cuarón no hace una excepción: Es un esperpento cinematográfico (esperpento a lo Valle Inclán) que parece hablar del drama de dos mujeres sometidas a los pesos de una sociedad convulsa pero que celebra la memoria casi documental de una ciudad que ofrece los últimos estertores de su existencia.

Roma es una epopeya de heroísmo silente; un drama con diálogos inconexos; es un homenaje íntimo. Un esperpento que celebra las deformidades de una historia alojada en la memoria. Pero como apuntaba Azorín: “La deformación deja de serlo cuando está sujeta a la matemática perfecta”; y Cuarón nos ofrece esa matemática perfecta, una técnica pulimentada y una estética audiovisual que conforman belleza en rincones mutilados del trabajo, el servicio, el amor, la ternura, el abandono, la inasible expectativa.

Al estilo esperpéntico, Roma es el reflejo dramatizado de la Ciudad de México y sus periferias en la década de los setenta; pero distorsionado en la justa proporción para despertar una falsa memoria disfrazada de nostalgia, una intimidad distanciante y una narrativa que -más que expresarse- se intuye.

Pero si los esperpentos valleinclanescos son reflejos distorsionados en espejos torcidos, Roma es un reflejo sobre cuerpos de líquido turbio: el agua jabonosa, el granizo, el pulque, las charcas (todas las charcas), la sangre y, por supuesto, el revuelto mar.

En contraposición, la ausencia del agua es la literalidad de la fábula: el patio sisífico, el áspero humo del cine, el páramo agreste, la habitación impersonal, la ciudad indiferente, las piedras y balas, el hospital mecanicista. La realidad, la premonitoria tragedia, es un incendio que el agua no logra vencer, concluye hasta que consume todo lo que toca; es el cántaro roto capaz de rearmarse, pero impedido de recuperar su contenido.

En esto, Roma es ‘La tierra baldía’ de Cuarón (de hecho, lo sugiere con las palabras finales de los créditos que son las mismas del inmortal poema de T.S. Eliot), una construcción poética en varias lenguas, un ensayo narrativo con guiños a otros cineastas (se deja entrever ‘Reconstruction’ de Christoffer Boe) o a sus obras previas, un desahogo profesional sobre la historia personal y crisis existencial que forjaron sus valores, sus orígenes y anhelos en su infancia: “Cuando yo era grande, tú estabas ahí, pero eras otra”.

Roma es una obra para reflejarse, es un juego a la memoria con sonidos preclaros de la identidad capitalina. El filme de Cuarón es un impecable documento visual que recrea márgenes del pasado. pero también un testimonio sonoro inagotable. Es la reconstrucción de una compartida complejidad cultural mexicana de la que, incluso ahora e inconscientemente, somos deudores.

Y, sin embargo, Roma es un filme simbólico, lleno de conceptos y contextos para descubrir: una calavera que baila mientras otros se hacen los muertos, un rescate social que es una trampa esclavizante, una presencia que duele más que la ausencia, un auto que no va a ninguna parte, una fortaleza que se derrumba, una ensoñación que descubre una realidad. Es, en síntesis, la realidad de una metáfora.

Roma es una audacia cinematográfica en toda la extensión de la palabra; sin intentar complacer, inquieta profundamente, por ello lleva acumulados 77 premios de las 89 nominaciones y se perfila a ganar muchos más. Todo esto, a pesar del frontal desafío a la industria cinematográfica: de la rebeldía ante los mecanismos de distribución y proyección o la construcción de ídolos cinematográficos (indiscutible el papel de Yalitza Aparicio, auténtica).

@monroyfelipe

Transfiguraciones republicanas

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Hay una monumental diferencia entre cerrar filas en apoyo a la administración de López Obrador y la exaltación hiperbólica de la persona del presidente de la República. Las palabras de Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, puede que hayan reflejado su sentimiento auténtico, pero no cabe duda fueron una desafortunada exageración místico-idílica del tabasqueño que a nadie sirve: ni al presidente, ni a sus aliados, ni al pueblo raso. Vaya, ni a sus opositores. Explico.

En el segundo día de la administración lopezobradorista, Muñoz Ledo escribió: “Confirmé que López Obrador ha tenido una transfiguración… se reveló como un personaje místico, un cruzado, un iluminado… un auténtico hijo laico de Dios”. Y la reacción no se hizo esperar. Los más críticos adelantan que es una especie de ‘endiosamiento’ de López, pero la mayoría coincide en que, por lo menos, esas expresiones traicionan los horizontes laicos de la República.

La ‘transfiguración’ proviene de los evangelios cristianos. Se da el nombre a este acontecimiento cuando Jesús, frente a tres de sus discípulos, cambia de apariencia y se revela en toda su divinidad: “El rostro de Jesús resplandeció como el sol, y sus prendas de vestir exteriores se hicieron esplendorosas como la luz”. En griego, la transfiguración es ‘metasquematizo’ y el término intenta explicar un cambio interno (imperceptible para los demás) y externo (evidente). La Transfiguración es una revelación de lo divino en Jesús, anticipa la gloria de su Resurrección, es la confirmación maravillosa de la revelación dada a los profetas y la promesa a los libertadores del pueblo de Dios y reafirma la confesión de su primer apóstol, Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Pues bien, Muñoz Ledo ha llamado “hijo laico de Dios” a López Obrador. Un estrafalario apelativo que, antes de ayudar a fortalecer un camino hacia la auténtica libertad religiosa bajo los criterios republicanos del Estado laico, revive viejos enconos ideológicos.

Si bien hay sectores que exigen laicismos antirreligiosos y hasta denigrantes a una ciudadanía mayoritariamente creyente; también hay otros sectores que desean instaurar criterios de credo religioso a instituciones cuya misión central es escuchar y atender sin distingo a toda persona independientemente de su religión.

Para muestra un botón: Luego que López Obrador recibiera los ritos de una ceremonia propia de los pueblos originarios en el Zócalo capitalino, comenzaron a publicarse alucinantes acusaciones de tinte fanático que afirmaron el presidente realizó una especie de “consagración demoniaca” a ídolos paganos.

Por desgracia, no extrañan este tipo de fanatismos. Frente a ellos también hay una actitud antirreligiosa que rechaza totalmente la plena y madura libertad religiosa. Que exige a los funcionarios vivir una esquizofrenia práctica de dejar guardada (bajo llave y con todos sus valores morales) su identidad religiosa en casa mientras en público asume una actitud ideologizada complaciente a la conveniencia del mercado, la dominación cultural o la corrección política.

Muñoz Ledo atiza esa incómoda hoguera de polarización. Nadie gana reviviendo ese conflicto entre los límites de las ideologías y los credos. En la rispidez de los argumentos se perderá la oportunidad de madurar como ciudadanía hacia una plena, responsable y consecuente libertad religiosa en el país. Volverán los señalamientos y las cacerías de brujas, la oposición acusará desde la pereza del calificativo fácil, los aliados responderán con pobreza de criterio o argumentos.

En síntesis: la ciudadanía se refugiaría en las certezas de su obcecación y no abrirá su criterio a la posibilidad de un diálogo franco que normalice y humanice la libertad religiosa con todas sus oportunidades, pero también con todas sus responsabilidades.

En todo caso, la transfiguración que etimológicamente explica un cambio interno tan poderoso que se hace evidente, no la necesita sólo el presidente sino la sociedad mexicana.

@monroyfelipe

 

Cine: El papa Francisco, revisiones filosóficas

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El aclamado cineasta alemán Wim Wenders (¡Tan lejos, tan cerca!, 1993; Buena Vista Social Club, 1999; La sal de la tierra, 2014) entrega este 2018 su documental ‘El papa Francisco, un hombre de palabra’; filme que fue galardonado como mejor película en el Festival de Traverse y nominado en la misma categoría en Cannes. Algo ha logrado mover a los jurados de sendos festivales internacionales pues, más allá de la pulcritud técnica -la fotografía, edición y musicalización son impecables-, el filme estructura con sentido y emotividad el testimonio intelectual más audaz del pontífice argentino.

El documental no es, como sugieren algunos críticos, una obra biográfica de Jorge Bergoglio como papa Francisco sino la compilación ordenada, razonable y constructiva del pensamiento filosófico del líder católico en estos seis años de su pontificado. Quien acude a ver este filme esperando encontrar al papa Francisco en melosas imágenes litúrgicas o rebosantes rituales católicos podría decepcionarse; Wenders entrevista a este simbólico y relevante personaje del catolicismo contemporáneo y lo convierte en un imprescindible para la reflexión filosófica y teológica del siglo XXI.

El cineasta presenta una popular, accesible y universal síntesis del testimonio intelectual del pontificado de Francisco. Quienes hemos seguido de manera cotidiana los discursos y la producción de magisterio pontificio de Bergoglio no nos sorprende el contenido discursivo en el filme, pero sí encontramos que Wenders pone el acento en temas de alto interés para la sociedad actual como la economía, la ecología, la globalización y el poder; y pone estos fenómenos a dialogar con expresiones humildemente humanas como la ternura, el perdón, el diálogo, la tolerancia o la esperanza.

Wenders nos pone frente a un personaje cuyo discurso es consecuente y comprometido con su identidad cristiana tanto como con su realidad contemporánea; si acaso la academia no se ha dado la oportunidad de explorar la riqueza intelectual del magisterio del papa Francisco, este filme revela la urgente necesidad de incluir los razonamientos filosóficos -y teológicos- de este líder religioso en el concierto del debate cultural contemporáneo. Los planteamientos de Francisco abren escenarios de reflexión intelectual moderna que intentan explicar la realidad inmediata y el destino de la humanidad y sus civilizaciones.

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Win Wenders y Francisco, diálogo universal

Wenders extrae del pontífice un posicionamiento frente a las malsanas obsesiones por el privilegio y la seguridad del poder, critica la acumulación, el abuso y el descarte del sistema económico; y, sobre todo, cuestiona la ambición desmedida, la narcotización de la falsa felicidad, el frenético modo de vivir y el descarte de los humillados de la tierra. Francisco llama a la desobediencia civil cuando un gobierno hace leyes que atentan contra los desamparados, los despojados y la madre tierra, propone actitudes como el desprendimiento, el silencio, el perdón y la ternura frente a los males inmediatos de la realidad. Reconoce que todas las culturas y todas las civilizaciones deben dar dignidad humana a través del trabajo, la tierra y el techo; comprende que “vivir significa ensuciarse los pies”, que la libertad es una condición irrestricta del ser humano y que, sin embargo, supone un riesgo para el sufrimiento en el amor.

El papa Francisco, un hombre de palabra’ es un filme de lenguaje universal, de actualidad filosófica contemporánea. Una invitación a la reflexión, la introspección y el diálogo franco en los modernos areópagos del pensamiento.

@monroyfelipe

 

Cine: Dos coronas, una lectura al santo Kolbe

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Gracias al Festival Internacional de Cine Católico -una audaz iniciativa para mostrar producciones de promoción religiosa en los cines de México- se presenta de manera itinerante y en diversas salas del país el filme “Dos coronas”, un documental dramatizado sobre la vida de Maximiliano Kolbe, el sacerdote franciscano que intercambió su vida por la de un soldado polaco padre de familia en el campo de concentración de Auschwitz bajo el régimen nazi.

El filme nos lleva con el director polaco Michael Kondrat por los rincones del mundo donde Maximiliano Kolbe desempeñó su ministerio sacerdotal. En un viaje por Roma, Japón y diversos rincones dramáticos de Polonia se narra la historia del religioso antes y  durante el marco de la Segunda Guerra Mundial. La película está construida con testimonios de otros religiosos y de historiadores, y con la recreación de algunos hechos seleccionados para ejemplificar la personalidad y el carácter del religioso.

El título del filme se toma de la visión que Kolbe, interpretado en su edad adulta por Adam Woronowicz, recibió en su niñez de manos de la Virgen María; la cual, ofreciéndole la elección entre la corona de la pureza o la corona del martirio, recibe la respuesta positiva del niño para ambas distinciones que no son sino un doble sacrificio. A partir de allí se entiende que el filme presentará tanto la pureza de Kolbe ante los desafíos de promoción católica su época y el inquietante martirio que eligió al final de su vida.

El documental dramatizado vemos a Kolbe en la organización de un muy exitoso monasterio franciscano (el cual, a la postre, da refugio a judíos durante la dominación nazi), como artífice de una pequeña publicación de propaganda cristiana llamada Militia of the Immaculata (aún en edición en varias partes del mundo), en su papel de misionero al extremo oriente para llevar la fe católica y en las dificultades cotidianas para administrar todas las obras que realizaba.

El acto por el que Kolbe es ampliamente recordado (no sólo por la Iglesia católica) es aquel acontecido en medio de la ocupación nazi en Polonia cuando, un día después de una evasión del campo de concentración, diez detenidos son señalados para morir de hambre en el búnker (un cuarto aislado en la barraca once de Auschwitz). Kolbe sabe que uno de los condenados (Franciszek Gajowniczek) tiene mujer e hijos, sale de su fila y se propone para morir en su lugar: “Quiero morir en lugar de ese prisionero”. Es así que, junto a los otros prisioneros, Kolbe es recluido a morir de hambre pero, soportando la tortura mediante la oración que elevaban todos los condenados, finalmente los custodios nazis les inyectan ácido fénico y los incineran.

KolbeandAntisemitism¿Qué hay en el corazón de este hombre que expresa el heroísmo de la santidad en medio de la aterradora realidad? ¿Qué motiva a un hombre como Kolbe a estar del lado de los prisioneros cuando tuvo oportunidad –como sus hermanos sacerdotes- de ser capellán de los nazis? ¿Cómo entender esa perspectiva mística sobre Dios que le hizo ser capaz de expresar toda la causa de su fe en un ser humano común y corriente como Gajowniczek? Kolbe sintentiza el heroísmo humano y la trascendencia de la santidad en su entrega por el prójimo y “Dos coronas” explica el origen de este singular personaje.

El filme, producido por Televisión Polaca, la Filmoteca Narodowa Instituto Audiovisual y la Fundación Filmográfica de San Maximiliene Kolbe, ya fue estrenado en Europa y algunos países de América Latina; y después de su estancia escalonada en diferentes ciudades de México continuará por otros países de centro y Sudamérica.

@monroyfelipe

Viraje al laicismo positivo, ruta transversal de iglesias, sociedad y gobierno

Si algo ha destacado del actual consejo de presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y en particular de su Secretaría General, ha sido el silencioso trabajo de andamiaje en las diferentes estructuras de la iglesia católica mexicana con las instituciones de gobierno y sociedad civil. Por primera vez en la historia, la Iglesia católica firma acuerdos y convenios de colaboración con diferentes organismos de gobierno mexicano sin mayores pretensiones que romper las inercias de un “laicismo negativo” heredado de la persecución religiosa de inicios del siglo XX y la simulación en la correlación de fuerzas políticas de los últimos 50 años.

Bajo la conducción de Alfonso Miranda Guardiola, la secretaría general de la CEM ha signado convenios con la Fiscalía Especializada para la Prevención de Delitos Electorales (FEPADE), la Procuraduría General de la República (PGR), la Secretaría de Turismo (SECTUR), la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); y ha establecido alianzas estratégicas con centros de investigación, institutos de formación y observatorios sociales. Los convenios tienen horizontes de trabajo, pero impactan más por el significado que dan a la relación del Estado y la Iglesia católica en México: “Debemos pasar de un laicismo negativo a una laicidad positiva; los convenios y el acercamiento tienen que ver con esto. Reconocer el patrimonio, coordinar acciones y trabajo en beneficio de nuestro pueblo”, apunta Miranda.

Tomó tres años, dos equipos distintos y múltiples reuniones interdisciplinarias, pero la CEM finalmente puso acento en la agenda y prioridades de trabajo a largo plazo. En abril del 2018 se aprobó el Plan Global Pastoral 2031-2033 (PGP) y este próximo noviembre -en medio de un proceso de votación y renovación de casi 50 de los 80 cargos episcopales del colegio, incluida su presidencia y vicepresidencia-, la secretaría del organismo presentará la ruta de implementación de dicho plan.

En dicha ruta sobresale el que los obispos hayan decidido celebrar convenios de colaboración con diferentes órganos del Estado para articular los esfuerzos de autoridades civiles y entidades eclesiales al servicio de la gente. Hay que recordar que apenas en 1992, la Iglesia católica en México adquirió personalidad jurídica ante el Estado mexicano y, desde entonces, la relación institucional se había reducido a algunos encuentros diplomáticos de la Secretaría de Relaciones Exteriores con la Nunciatura Apostólica y al registro de las Asociaciones Religiosas ante la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, en el resto de los escenarios políticos y sociales, la relación se limitaba a un mutuo reconocimiento y una especie de pacto de no intervención.

Pero el obispo Miranda Guardiola considera que hay mucho más que aportar a través de estos convenios y, en un futuro próximo, con propuestas legislativas que busquen actualizar la Ley de Asociaciones Religiosas vigente bajo los escenarios de libertad religiosa y sana laicidad del Estado. “El trabajo del secretario general es articular bajo dos principios que considero indispensables: transversalidad e interlocución”; principalmente por las apremiantes necesidades del país que requieren la colaboración interinstitucional (como la atención humanitaria, resguardo y promoción de la cultura, justicia, reconciliación y pacificación) y porque también la iglesia católica “no sólo se juega la credibilidad sino su subsistencia” debido a una “hemorragia” de fieles y de confianza en la institución.

Los convenios logran vencer el muro que ha dado una singular interpretación de la doctrina de “separación Estado-Iglesia”. Por ejemplo, el convenio con Cultura prevé que Iglesia y Estado compartan sus informaciones de los bienes históricos y artísticos del Estado en manos de la Iglesia, regular el estatus jurídico de templos y bienes culturales propiedad de la nación, mejorar los inventarios de piezas de arte y liturgia, y atender con presteza las afectaciones naturales o robos de las riquezas artísticas. Con las autoridades de procuración de justicia, la Iglesia dice querer cooperar en “el abismo de la impunidad y en el proceso de reconciliación”. Con la FEPADE, la colaboración tiene un horizonte formador para que los ministros católicos conozcan a detalle sus márgenes de libertad de expresión y los límites de su participación política. “Las autoridades civiles y eclesiásticas debemos colaborar, especialmente ahora que nuestro pueblo nos necesita tanto”, plantea Miranda.

Tras engarzar la dimensión territorial (95 diócesis) y funcional (8 comisiones episcopales) de la CEM, la secretaría desarrolló una primera programación hacia el 2021 con varios objetivos en mente: poner en marcha un observatorio nacional que mantenga actualizado un directorio general de hospitales, asilos, albergues, casas de migrantes, dispensarios médicos católicos, etcétera; la conformación de un equipo jurídico institucional que coadyuve tanto en la construcción de propuestas de ley para alcanzar una verdadera libertad religiosa en México como en la asesoría para la defensa legal de los obispos de México demandados (entre 2015 y 2018 fueron denunciados más de 100 obispos y sacerdotes católicos ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y la FEPADE, muchos de ellos sólo por expresar las enseñanzas de su credo); y la elaboración de protocolos (son nueve aprobados hasta la fecha) para que todas las instancias eclesiales en México cuenten con parámetros de actuación frente a temas como crisis de comunicación, comportamiento ministerial en caso de abusos sexuales, procesos electorales, responsabilidades hacendarias y fiscales, protección de datos personales y seguridad, etcétera.

“Hoy necesitamos recuperar la confianza de los fieles y el respeto de la sociedad, que hemos perdido. Y por ello estamos trabajando. La gente quiere ver acciones reales, contundentes”, reflexiona Miranda Guardiola y adelanta: “Queremos que todo el despliegue de fuerzas y recursos que de manera individual o aislada hace la Iglesia católica en México puedan amarrarse en el Plan Global Pastoral […] Es un documento que va a desatar procesos, catapultar el desarrollo de nuevos proyectos. El documento tiene que bajar y comenzar a suscitar planes de pastoral, artículos, estudios, tesis de universidades, programas… materializarse. Hay que dejarse iluminar por él y empezar a desarrollar acciones y proyectos; siempre de una manera articulada, organizada y engarzada”.

@monroyfelipe

Cine: Abandonar los hábitos constantes

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De la mano de Netflix, la directora neoyorquina Nicole Holofcener (Una segunda oportunidad, 2013) compone una nueva pieza sentimental sobre los efectos de la separación y el divorcio tardíos: The Land of Steady Habits (2018) aborda la vida del divorciado, retirado y solitario sexagenario Anders Hill (Ben Mendelsohn) que, tras alcanzar todos los ‘éxitos’ de la vida cotidiana en los barrios privilegiados de Connecticut, decide abandonar la ruta de los ‘hábitos constantes’ para enfrentarse a un confuso escenario de trágicas elecciones.

A diferencia de Una segunda oportunidad (con la comediante Julia Louis-Dreyfus, Eleine en Seinfield), Holofcener desarrolla un humor más complejo y duro al presentar las dolorosas peripecias de Anders en la frontera de la responsabilidad de la edad madura. El protagonista experimenta la acelerada pérdida de sus principales relaciones humanas basadas en su proveeduría, su trabajo, el consumo, las obligaciones sociales y las expectativas de su comportamiento. Al abandonar esos hábitos constantes, Anders se siente como un nodo ausente en una gran trama que conserva su función y estructura a pesar de que ha sido arrancado de ella. Así lo confiesa en un bar ante un habitué: “Solía tener esa visión: Mi vida era como una telaraña. Mientras más líneas de esa telaraña salían de ti, se sostenían a ti, más importante eras. Pero, si desapareces, entonces la gente que estaba en tu vida ahora confía en alguien más. Y así la telaraña simplemente se reajusta por sí sola y continúa sin ti”.

The Land of Steady Habits (que también es uno de los lema del estado de Connecticut) es la adaptación de la novela homónima de Ted Thompson; “una propuesta narrativa sobre la dolorosa compasión de aquellos silenciosos solitarios y una mirada honesta a las tradiciones norteamericanas de los suburbios”, según afirma en el propio escritor en su blog. El filme, sin embargo, logra retratar esa angustia pre-navideña autodestructiva de Anders al permitir que su liberación de los hábitos constantes lo convierta en un confundido varón entrado en años que coloca excesivos adornos navideños en su modesta residencia de soltero, que inicia relaciones infructíferas y vergonzosas con desconocidas, que se permite un comportamiento auténticamente irresponsable y que, entrado en problemas, vuelve a la búsqueda de las comodidades del hogar que él abandonó. Anders vive una clásica sobrecompensación ante su desorientado estado anímico mientras su mujer Helene (Edie Falco) y su nueva pareja (Bill Camp), su hijo Preston (Thomas Mann) y las antiguas parejas en su estrecho círculo social le han cerrado las puertas de sus vidas, tanto las abstractas como las necesarias, pero no las de la costumbre.

El filme está construido bajo la clásica estructura de personajes en la tragedia griega: el protagonista es Anders, el marido; su hijo Preston es el deuteragonista y su exmujer, Helene, la tritagonista; pero Charlie y su madre -amiga de Helene- son los verdaderos facilitadores del drama. La amiga, inalterable y confidente, que ha ayudado en la nueva relación afectiva a Helene; y Charlie, el joven adicto a las drogas, que Anders reconoce en su propio hijo. Anders, Preston y Helene tendrán que padecer el tormento de los impulsos irracionales que cuestionan la formalidad del mundo racional.

loshThe Land of Steady Habits, junto a otras obras norteamericanas contemporáneas (Fourlough de Laurie Collyer; y la impecable Three Billboards Outside Ebbing Missouri, Martin McDonagh), forma parte de los esfuerzos de analizar los diferentes perfiles sociales y culturales de la Norteamérica profunda a través de personajes inusuales. Es el caso de estos “hábitos constantes” a los que está acostumbrada la clase media-alta privilegiada en Estados Unidos, que esconde tras los muros de sus perfectas residencias los problemas de sus familias: el individualismo, la posición económica, las adicciones, el hastío y el irreflexivo sentido de vivir en una falsa libertad.

Son filmes, sin duda muy diferentes en calidad cinematográfica, narrativa y actoral, pero en el fondo comparten el leitmotiv de sus agonistas: su nula sensación de origen, camino y trascendencia. Es quizá un reflejo de una cultura norteamericana ‘estancada’, de ignorancia etiológica que ya no reconoce ningún origen ni va a sitio alguno, que sólo acontece en una realidad sucedánea, padecer síntomas sin causas ni consecuencias. Anders está convencido de lo que dejar atrás en su vida y desea ya no formar parte de esos “hábitos constantes” (frente a los trenes de la tarde que llegan con los trabajadores de la ciudad, su colega del bar le pregunta: “¿En realidad quieres volver a eso?”); pero en lugar de emprender un nuevo camino permanece erosionándose, como un tronco viejo que ha perdido todas sus hojas en el invierno.

@monroyfelipe

Miguel y la Sixtina capitalina, una oda al tesón

WhatsApp Image 2018-09-14 at 15.12.07Caminó sobre la obra de un portentoso artista durante 18 años. Miguel Macías comenzó su más grande hazaña en el 2000 en su primer año como jubilado: Tras un viaje a Europa, donde tuvo oportunidad de visitar la Capilla Sixtina en el Vaticano, Miguel cayó en cuenta que el famoso recinto religioso pintado por el inmortal Miguel Ángel Buonarroti tenía mucho en común con la parroquia de su barrio en la colonia Moctezuma de la Ciudad de México; decidió reproducir los frescos de la bóveda pontificia en el templo a donde acude a misa de manera regular y, tras 18 años, finalmente será inaugurada la totalidad de la obra el 21 de septiembre del 2018.

Nada en el exterior de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro adelanta al visitante la asombrosa aparición de la obra de Miguel Ángel Buonarroti a lo largo y ancho de la bóveda del templo. La Moctezuma es una colonia popular, en la Plaza de la Aviación hay un quiosco y una estructura para mitigar el sol, por las calles se suceden locales nuevos y viejos, oficios y servicios que los vecinos ofrecen principalmente a residentes locales; el templo mismo está ligeramente oculto tras frondosos árboles donde sólo destaca un sencillo campanario y un moderno vitral redondo con la imagen de la Virgen María.

Pero al cruzar el umbral de la parroquia capitalina, la obra de la Capilla Sixtina se abre con plenitud ante los ojos del visitante: Son más de 500 metros cuadrados de obra pictórica que reproducen los nueve pasajes bíblicos del Génesis, los simbólicos retratos de sibilas y profetas, y las escenas familiares de los antepasados de Jesús. Macías y la gente que le ayudó desinteresadamente en este trascendental proyecto lograron reproducir los trampantojos de columnas, cuerpos y formas que han hecho mundialmente famosa a esta obra renacentista.

Sin ser pintor, Miguel Macías se las arregló para reproducir en 13 lienzos de 15×3 metros los detalles más acabados de la obra. Al igual que en la Capilla Sixtina original -donde se realiza a puerta cerrada la elección del Santo Padre de la Iglesia católica-, la bóveda de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro no se puede ver de un solo golpe de ojo. Cada personaje y todos los detalles están allí, pintados con cuidado milimétrico. Además, por si fuera poco, Miguel y algunos de los ayudantes que le apoyaron en diferentes etapas de estos 18 años para avanzar en el proyecto dejaron testimonio de su trabajo: “Pues sí, pusieron su nombre, es un pequeño gesto que intenta compensar sus esfuerzos; allí están sus nombres, casi no se ven a diez metros de altura, pero son cosas que, en efecto no están en la pintura original”.

Por si fuera poco, Macías recuerda que uno de sus colaboradores decidió pintar el perfil de la Virgen de Guadalupe en un lugar donde Miguel Ángel sólo había puesto un broche que ata un manto.

WhatsApp Image 2018-09-13 at 12.17.34La empresa de trabajar el proyecto no fue sencilla, ni barata. A lo largo de los 18 años, Macías debió padecer penurias económicas, falta de apoyo y grandes momentos de soledad; sin embargo, de cuando en cuando, los apoyos llegaron: Estudiantes o aficionados a la pintura que trabajaron bajo su guía, donadores generosos del proyecto y sorpresivos apoyos por parte de autoridades de la Ciudad. Lienzos, pinceles, pintura, bastidores, un improvisado taller al costado del templo, pegamentos, grúas hidráulicas, andamios especializados, iluminación y toda especie de necesidades consumieron decenas de miles -si no cientos de miles- de pesos en este proyecto que cabalgó a través de dos arzobispados (Norberto Rivera Carrera inauguró los primeros esfuerzos del artista) y tres jefaturas de gobierno capitalinas. Incluso, también debió sortear los cambios de los párrocos pues, sólo con la autorización de éstos, se pudo dar cauce a esta magna obra.

Macías relata que todo inició con un pequeño cuadro en el que reproducía apenas el detalle de las manos de Dios y Adán en “La creación de Adán”. Por alguna razón comenzó la obra justo en ese espacio entre la mano del creador y del primer hombre: “Me conmueve ese pequeño espacio entre la mano de Dios y de Adán en el momento de la creación del hombre”. En efecto, es un espacio vacío pero lleno de significado, de tensión y gracia, de silencio y de milagro. Las manos humanas que simbolizan la mano del Creador y la mano del primer hombre buscando ese contacto que les llevará todo el tiempo y a lo largo de todas las generaciones, concretar plenamente.

“Yo le agradezco a Dios por permitirme concluir esta obra; por supuesto a todos los que ayudaron -a Gustavo Moreno, por ejemplo, viajó de Cuernavaca a la Ciudad de México cada semana para ayudar durante cinco años al proyecto-, a las autoridades que en algún momento aportaron recursos y apoyo, y a los párrocos que permitieron hacer esta locura durante todos estos años”.

La magna obra será inaugurada por el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo de México, el próximo 21 de septiembre a las 18 horas. Celebrará la comunión eucarística con los feligreses, donantes del proyecto y el párroco del lugar, José Guadalupe Ramírez Murillo.

Audacia, asertividad y unidad; los retos para el episcopado mexicano

En noviembre próximo, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) celebrará su 106 asamblea plenaria; como cada semestre, es un momento de arduos acuerdos, trabajos, consultas y notificaciones que configuran el andar y el perfil de los líderes de la iglesia católica en el país. Pero esta edición está aderezada por las votaciones que se realizarán al interior del organismo para nombrar al nuevo presidente del colegiado tras el sexenio del cardenal arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles Ortega.

Aunque los pastores espirituales de la grey católica insisten en que los tiempos de la Iglesia no son los del poder temporal, no hay manera de comprender que los cambios en la Mesa del Consejo de Presidencia de la CEM no contemplen las singularidades nacidas tras la elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México. En principio, el proyecto de nación promovido por el político mantiene coincidencias éticas y morales irreprochables para los obispos mexicanos: “Recuperar la autoridad moral, asumir la honestidad en la vida privada como en la pública como tabla de salvación, desterrar la corrupción, actuar con austeridad, no mentir, no robar, no traicionar y, finalmente, buscar el bienestar material y el bienestar del alma para la felicidad de todos”.

Pero para algunos obispos mexicanos, no es momento de dormitar sobre las ruedas. Arzobispos como Rogelio Cabrera López y Carlos Garfias Merlos, de Morelia y Monterrey respectivamente, proponen lecturas y acciones más asertivas del papel de la Iglesia mexicana en el contexto contemporáneo. El planteamiento no es menor, la Iglesia en México se debate entre la pasividad de los liderazgos institucionales y la radicalizada agresividad que ciertos grupos religiosos proponen como remedio a los males del país.

En el último par de trienios, la presidencia del cardenal Robles se enfocó en dar cuerpo a un ambicioso plan global a largo plazo para la Iglesia mexicana, abandonó varios espacios sociales de diálogo cultural y mediático para reagruparse en un modelo de trabajo verdaderamente colegial que lograra “la unidad” que tanto les encomendó el papa Francisco. Para no pocos analistas, la agenda de autoridad moral que llevó al candidato López Obrador a la presidencia de la República fue la materia que llenó vacío que los obispos mexicanos dejaron voluntariamente para afanar con la mirada en el 2031 y 2033.

El camino emprendido para lograr el Plan Global de Pastoral podría entonces compararse con un resorte comprimido, aparentemente inerte y reducido, pero con la energía potencial para lograr que la Iglesia católica en México dé el gran salto que requiere para entrar de lleno en el siglo XXI. Dice el proverbio sirio que si molesta el viento que traen las ventanas abiertas, hay que cerrarlas y reposar. Sin embargo, fuera de la serenidad de la Conferencia, varios ventarrones sacudieron a la grey, la opinión pública y al propio pontífice romano. La violencia indómita en México que arrastra a ministros católicos y feligreses por igual; la polarización moralizante entre lecturas de políticas públicas; los nuevos escándalos de abuso sexual y la descarada ofensiva contra la autoridad y credibilidad del papa Francisco por parte de grupos conservadores, víctimas de clericalismos decimonónicos.

La política de la presidencia saliente de la CEM ha privilegiado una cautela excesiva ante la realidad, una hiperreflexión que podría parecer extremo cálculo ante las muchas incertidumbres del país, de la cultura de cambios y de la propia Iglesia católica universal. Como ejemplo, tras la reunión sostenida con el presidente electo el pasado 4 de septiembre en Monterrey, las autoridades episcopales ‘liberaron’ con casi 20 horas de retraso un escueto comunicado y cuatro indiferentes fotografías de un encuentro en el que tuvieron oportunidad de plantear la agenda que los pastores del México aún católico desean promover y en la que quieren participar.

Lo mismo ha sucedido con el posicionamiento ante los foros de paz organizados por el equipo de López Obrador y en los que se les solicitó una presencia activa en consideración con la experiencia que la Iglesia mexicana tiene en proyectos de paz como el de la campaña “Que en Cristo Nuestra Paz México tenga vida digna”. Y, sin duda, también dejaron pasar la oportunidad de manifestar sólidamente su apoyo al papa Francisco en medio de la crisis de autoridad y credibilidad más difícil que ha vivido en el trono pontificio el argentino.

Hay que golpear el metal mientras está caliente. No hay otra forma de forjarlo. De lo contrario, los vacíos se llenarán y los líderes de esa aún masiva y tradicional catolicidad mexicana no hallarán quién haga eco de su voz.

@monroyfelipe