Libros

Lecturas pamboleras

noticia-130222No voy a engañarlos, el futbol es el pretexto en las lecturas siguientes. Lo que realmente hay que saborear detrás de los trabajos de estos escritores en su aproximación a este fenómeno deportivo, no son los goles, las reglas ni las estadísticas del popular balompié, es reconocer ese poder irresistible de la pasión humana que se expresa en los márgenes del deporte más humilde y más tiránico que ha inventado hasta ahora la humanidad.

Escribir entorno al futbol es una de las actividades más ingratas y limitadas; no importa la belleza ni el equilibrio ni lo salvaje ni lo intrépido que pueda ser un texto sobre el futbol, el peor drible del más torpe de los jugadores en el más inapropiado de los momentos durante el más lánguido de los partidos puede ser más elocuente que todo un estilo narrativo o todo el esfuerzo del literato pambolero por provocar un ápice de emoción en sus lectores.

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En Las llaves del reino, el escritor argentino y periodista deportivo, Eduardo Sacheri expresa: “Esté bien o mal, el fútbol para mí es, también, eso. Una llave que conduce a lugares más profundos. Más importantes. Probablemente yo sería un hombre más profundo, más digno, más cabal, si pudiese entrarle a los temas importantes de la vida y de la muerte sin mediaciones, sin rodeos y sin antecámaras. Aunque, si quiero ser benévolo conmigo mismo, puedo conformarme y agradecerle al fútbol actuar como una puerta, un territorio conocido, una zona feliz de mi vida en la que puedo sentirme en casa. Y una vez allí, en esa casa segura y conocida sí, abrir esas puertas necesarias donde habitan, a veces, el dolor y la tragedia”.

red4Es decir, el futbol como un vehículo que conduce a infinidad de experiencias o quizá a una sola, la necesaria.  Eduardo Galeano, en su extensa disección del balompié El futbol a sol y sombra, por ejemplo, reprocha a los críticos del futbol utilizar su esnobismo como vacuna de humanidad: “Como si hubiera gente señalada por el dedo de Dios, para decir cuáles son las alegrías permitidas y cuáles no”. El uruguayo es capaz de comparar al futbol con la divinidad y se coloca en el equipo de los piadosos: “Se parecen en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

red3En Cerrado por futbol, el mismo Galeano utiliza ese vehículo para explorar los marcos oscuros de la humanidad y su historia gracias al girar de este terrible esférico. De las historias más estremecedoras, aquella de los famélicos obreros ucranianos contra la poderosa Alemania de la segunda guerra mundial. Los jugadores de Kiev se crecieron después de que fueran amenazados con ser fusilados si ganaban a los nazis. Un contundente 4-1 a favor de Ucrania y una veintena de cadáveres ante un barranco reflejan el temple y orgullo que sólo el futbol es capaz de dar.

“El futbol es sencillo, pero es muy difícil jugar sencillamente”. Johan Cruyff

redaNo podemos pasar de largo las obras pamboleras de Juan Villoro (Dios es redondo, Balón Dividido y Los once de la tribu). En Balón dividido Villoro intenta explicar las razones y pasiones de su propia historia personal al experimentar el fenómeno futbolero: desde la intimidad de la relación de los padres e hijos en el estadio hasta las dinámicas económicas de las estrellas del juego. Es filosofía pura su interpretación lúdica, política y humanista del futbol: “Disputar por una pelota es una peculiar forma de estar unidos”. En Los once de la tribu, sin embargo, Villoro vuelve a la erudición sobre el futbol: una mezcla de lo que han dicho los protagonistas de la historia respecto al humildísimo deporte de anécdotas tanto anodinas como definitorias de la cultura futbolera.

Finalmente, en Dios es redondo Villoro explora la extravagancia de las escenas más costumbristas emanadas de la fiebre futbolera: la filosofía del triunfo, el sacrificado canje del dolor por el trofeo, los héroes debilitados, el delirio de la fama, la diferencia entre un triunfo amargo y una derrota dulce, psicología pura del futbol nutrida con datos exactos del fenómeno: “El juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público”.

Galeano y Villoro intentan darle sentido al futbol, a sus personajes, exploran el juego desde ideas académicas y brillantes. Pero hay otros dos tipos de aproximaciones literarias al deporte: la periodística y la exclusivamente lúdica.

red5En los grandes ensayos periodísticos se encuentra La guerra del futbol del genial Ryszard Kapuscinski; más contemporáneo El futbol y la guerra: entre balas y balones de Luis Felipe Silva Schurmann que logra recrear pasajes históricos que no habrían sido como los conocemos sin el aderezo del balompié.

Pero donde la literatura se hace igual de grave y patética que el futbol es en los relatos breves, la ficción lúdica que explora con más naturalidad por qué fascina el futbol. Están los cuentos futboleros de Roberto Fontanarrosa como en Memorias de un wing derecho donde el escritor habla de la pasión desde la pasión misma: “Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad. ¡Por favor!”

Fontanarrosa es conocido por su humor sencillo, lleno de ingenuidad y de sentimiento, en ¡Qué lástima Cattamarancio! el autor juega con la posibilidad de la destrucción global a la mitad de un partido de futbol que ni siquiera es tan emocionante. Fontanarrosa usa el lenguaje simplón, de lugares comunes, apasionadamente lerdo, el hombre de barro haciéndose de oro puro mientras relata su hazaña, la exageración, la tierna devoción eterna a la camiseta, a los colores y al himno incoherente del equipo.

reda2Sachieri, por el contrario, usa sus cuentos como una vitrina de vidas ordinarias: “escribo de futbol… tal vez porque me seduce y me emociona lo que hay de excepcional y de sublime en nuestras existencias ordinarias y anónimas. […] En esas vidas habita con frecuencia el futbol” dice en su nota introductoria a La vida que pensamos.

Sachieri, en sus cuentos, recompone al juego desde la confrontación personal, de los enemigos que no están en la cancha, de la imposibilidad ontológica de cambiar el bando, del tremendo peso que dejan las decisiones absolutas que sí importan en la vida como elegir un equipo o participar involuntaria pero dócilmente de ese fenómeno que es el futbol porque en el fondo se trata “de esos nudos de la historia que, para cuando uno nace, ya están anudados”.

@monroyfelipe

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Tom Wolfe: el explorador del estilo

wolfeas.jpgIrónicamente, la noticia de la muerte del ícono del periodismo internacional, Tom Wolfe, aterrizó en el universo de información este 15 de mayo justo con los métodos y elementos periodísticos que el escritor pensó habían envejecido terriblemente. Si hay alguna aportación brillante que el oficio periodístico debe homenajear a este escritor norteamericano en este siglo digital es justamente la reflexión sobre el ‘nuevo periodismo’ y cómo la narración inteligente de los acontecimientos puede salvar a una profesión que, como muchas otras, está amenazada por robots y la inteligencia artificial.

Con cierta unanimidad, tanto el gremio cultural como el periodístico coinciden en que Wolfe fue el padre del nuevo periodismo, no sólo por ejercerlo, sino por descubrir ese estilo en los perfiles de otros periodistas que hacían crecer el oficio con las herramientas de la literatura. Wolfe, sin embargo, fue el primer sorprendido de los estilos periodísticos que fueron naciendo en la década de los 60 en revistas especializadas y en las redacciones de audaces diarios para la época: “Al principio no logré entenderlo, francamente”: narraciones íntimas sumamente detalladas, digresiones personales,  adornos metafóricos, escenarios crudamente explicativos y descripciones llenas de una franqueza inquietante. Estilos que rompían con todo lo que se hacía bajo la fórmula clásica de jerarquización de información norteamericana de las cinco w’s (what, who, when, where, why); Wolfe advirtió que el lenguaje periodístico tradicional no alcanzaba a relatar todos los matices de las historias y entrevistas pero contempló con satisfacción cómo el oficio periodístico comenzaba a cobrar una dimensión estética.

Esta audacia cultural y literaria –pensaba Wolfe- podía ser el remedio a los efectos soporíferos que los diarios proponían a su público lector pero también una oportunidad creativa para que los buenos reporteros no terminaran sus días como malos columnistas. El nuevo periodismo, para el escritor, era la ventana que abría el viciado ambiente de un periodismo que no podía sorprender a nadie, del periodismo “que sólo hacía lo que se esperaba de él”.

“Al mentir se puede engañar siempre a alguien pero revela una gran verdad: Que eres débil”: Tom Wolfe

Han pasado 50 años de este ‘descubrimiento’, de la audacia del gremio periodístico a traspasar las barreras de lo ‘culturalmente correcto’ y, sin embargo, en este 2018, ningún medio digital informó la noticia de la muerte de Wolfe intentando siquiera un deferencia o un reconocimiento a ese nuevo periodismo que elevó a alturas literarias un oficio despreciado muchas veces por la cultura y la historia. El peor homenaje a este tremendo escritor fueron los obituarios genéricos y las notas inmediatistas y superficiales de su fallecimiento; con todo, en cuanto los audaces logren dar orden a su mirada de este acontecimiento se estarán proponiendo lecturas más atractivas de la vida, obra, genio y figura de Tom Wolfe.

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‘El nuevo periodismo’, una propuesta audaz

Wolfe exploró los estilos periodísticos de la mano de la narración y la creatividad, del exhaustivo trabajo de recuperación de datos, de la incómoda observación del perfil de la historia; el periodista en este terreno es un personaje que se implica, se compromete con los fenómenos sociales hasta el más nimio detalle.

 

No es una tarea fácil pero tampoco imposible, el propio Wolfe consideraba que “con frecuencia le resulta más fácil a un reportero penetrar una situación delicada de lo que él mismo u otra persona pudiera imaginar”; el desafío radica más en las dinámicas del medio que en la exposición frente a la costra social: La franqueza del trabajo periodístico puede poner en riesgo al propio medio. Esa es la audacia a la que incitó Tom Wolfe a varias generaciones de periodistas, a explorar nuevos estilos, a arriesgar la comodidad de la cotidianidad. El escritor sentenció que “el periodismo perfecto trataría constantemente de un tema: el estatus”; a las 10 de la mañana, en una redacción de noticias de la Ciudad de México nos enteramos de la partida de Wolfe y nos enfrentamos a dos opciones: mantener o trasgredir el estatus al que estamos acostumbrados.

@monroyfelipe

Blade Runner 2049: Esencia de la distopia

blade_runner_2049Más allá del momento nostálgico ochentero en el que Hollywood se encuentra sumido -y al que nos arrastra desde ya hace más de un lustro-, Blade Runner 2049 (Villeneuve, 2017) no cede a la tentación de agradar fácilmente a ese público que le fascina conectar sus emociones juveniles con la pantalla. A semejanza de su filme predecesor de Ridley Scott, esta segunda entrega, treinta y cinco años después, no simplifica la narrativa para ganar espectadores; por el contrario, insiste en grandes arcos narrativos donde oculta la sutileza del argumento: ¿Se pueden definir las fronteras del alma frente a la realidad?

Aunque sin la identidad sonora ejecutada en los ochenta por Vangelis y que hizo icónica la incómoda vida distópica de aquella visión de Los Ángeles del 2019, Denis Villeneuve logra el ambiente visual correcto para seguir construyendo en la historia esas preguntas emocionales que se hacen sus personajes: ¿Qué nos hace humanos, verdaderamente humanos? ¿Son nuestros sueños o nuestras memorias? ¿Nuestro dolor o el sacrificio voluntario que hacemos por nuestros semejantes? ¿Qué significa tener un propósito y qué fragmento de nuestro ser perdemos si no lo tenemos?

En la secuela de esta historia basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, el agente K. (Ryan Gosling) es un androide mejorado –y obediente- de la singular estirpe Nexus; su trabajo como blade-runner es cazar a los androides rebeldes de su propia casta y ‘retirarlos’ dándoles muerte. Pero un fortuito encuentro con Sapper Morton (Dave Bautista), un singular Nexus-8 que envejece custodiando un terrible secreto, detona la búsqueda de furtivas respuestas sobre la piel de un mundo que ha perdió tanto su memoria como su humanidad.

En su viaje al descubrimiento de su propia especie, K. se vuelve la conciencia más real y sufriente sobre una costra social ficticia y simulada, poblada de espejismos sensoriales como lo demuestra la presuntuosamente fértil arquitectura de las instalaciones del nuevo titán empresarial Niander Wallace (Jared Leto), quien paradójicamente busca lo que su estilo de vida desecha en los tiraderos de un postapocalíptico San Diego.

La búsqueda de K. le lleva hasta Rick Deckard (Harrison Ford), el blade-runner quimérico, quien podría tener la respuesta al porqué la última generación del androide Nexus es capaz de hablar de milagros sin ruborizarse y porqué Wallace -el nuevo remedo de Dios que intenta crear los más perfectos androides humanizados- sigue sin poder alcanzar al ‘unicornio’ de la creación.

Ha sido un acierto la dirección de Villeneuve (The Arraival, 2016) que ya había confirmado su donaire cinematográfico al crear ambientes complejos de una ciencia-ficción dolorosamente cercana e inquietantemente etérea.  Villeneuve, junto a los guionistas Hampton Fancher y Michael Green, y la fotografía de Roger Dakins, hace un gran homenaje al poema de W.B Yeats que Philip K. Dick usa de epígrafe al comienzo de su famosa novela: “No adores hazañas polvorientas / ni quieras –pues esto es cierto también– / ansiar intensamente la verdad, / no sea que tus afanes alimenten / sueños y sueños: la verdad no existe / sino en tu propio corazón. No busques /el vano conocer de esos ilusos / que con sus cristales ópticos siguen / las sendas rotatorias de los astros”.

Blade Runner 2049 es una gran estampa distópica, refleja su esencia como el final oscuro de la esperanza. La distopia es precisamente lo que se percibe en la piel del poema de Yeats y la novela de Dick: el renunciar a la búsqueda de la verdad, poner fronteras al alma para participar de una realidad adormilada, creer que no hay sorpresas bajo las leyes absolutas, creer que se acabaron los milagros ahí donde sobreabundó el conocimiento. Pero Villeneuve, al igual que en The arrival, desliza la posibilidad de vivir en gozosa y plena satisfacción, de comprender la verdad a pesar del conocimiento o de la dolorosa fatalidad.

@monroyfelipe

Redescubrirse en la literatura

CapturaAl hombre le gustan las historias porque existe la posibilidad de descubrirse en ellas”, parece sintetizar el sacerdote y escritor Juan Jesús Priego Rivera (Tamazunchale, San Luis Potosí) los motivos de su libro El amor, la muerte y el tiempo. Meditaciones en torno a la literatura y la fe. En él, Priego es un itinerante de las cuestiones filosóficas más intensas y dramáticas de la vida y de la trascendencia humanas; pero encuentra el cuerpo de sus reflexiones lejos de los ilustrados sofistas o maestros del pensamiento, escudriña con honesta curiosidad e inteligente cautela por las rendijas de la literatura y descubre a los personajes hablando al corazón del lector.

El amor, la muerte y el tiempo es un libro difícil de catalogar, no sólo por la vasta y erudita selección de obras de la literatura universal que son el andamiaje filosófico a través del cual el autor propone un viaje de reflexión al lector sino por el fuerte revestimiento espiritual de búsqueda de Dios en la ruta de los más diversos dramas humanos. De la mano de los autores y sus obras, Priego nos comparte las ficciones noveladas más apasionantes y a los personajes más humanizados declamar su agonismo; y, al mismo tiempo, logra preguntar al lector si su vida misma no es sino una verdad apasionante y donde vivir no significa otra cosa que ese intenso drama a favor o en contra del amor, la muerte o el tiempo.

Las novelas y relatos de Mauriac, Ionesco, Schnitzler, Julien Green, Tolstoi, Kazantzakis o Tennesse Williams son la excusa perfecta para hablar del conflicto, el pasado, el deseo, la ternura, la soledad, la espera o la fe que caminan sobre el hilo de la vida; y es importante reencontrarnos con esas historias puesto que son un diálogo con el mundo, y sus reflejos son también reflejos del mundo que vivimos.

“Posiblemente, la mayor dificultad de un creyente sea encontrar el equilibrio entre ser de este mundo y no ser mundano”, escribe Priego y recoge de su prologuista, Armando Zerolo: “si hemos perdido el sentido de la vida es porque hemos perdido el sentido del mundo, y si hay esperanza es porque el hombre participa de una historia de redención”.

Existe la posibilidad de descubrirse como protagonista en la obra de Juan Jesús Priego pues es una lectura que provoca separar de vez en vez los ojos del libro para entornarlos en la meditación de la propia vida. ¿No acaso la Historia de la literatura, es la Historia de la humanidad misma? ¿No también cada historia, drama, alegría, desamor o locura que se lee es también un fragmento reflejado de nuestra propia existencia?

El amor, la muerte y el tiempo

Juan Jesús Priego

Ed. El buey mudo

Madrid, 2011

 414 pp

Estampas de una relación Estado e Iglesia

linGracias al obsequio de Berenise Bravo Rubio me he encontrado en este libro una serie de aproximaciones y excusas para analizar desapasionadamente la actualidad en el marco eclesial mexicano y de su relación con los miembros de la élite política.

Las relaciones formales e informales que han sostenido el Estado y la Iglesia católica en México, desde la Independencia y hasta nuestros días, siempre han supuesto un imbricado territorio donde historiadores, sociólogos y politólogos han intentado ofrecer lecturas e instantáneas que ayuden a comprender mejor a la sociedad mexicana.

Como fruto del Congreso Internacional sobre Política y Religión en la Ciudad de México siglos XIX y XX que se realizó en agosto del 2010 en el marco por las celebraciones por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicanas, el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) presenta la compilación de trabajos académicos cuya trazado argumental son los estudios que comparten fragmentos de análisis y visiones de la sociedad mexicana que intentan comprender la complejidad de la búsqueda en la construcción de un Estado nación, laico, plural e institucionalmente regulado inserto en una sociedad intensamente religiosa y de profundas prácticas culturales de devoción popular.

“Las líneas temáticas propuestas por el congreso y que el presente libro reúne son: la relación Estado, Iglesias y sociedad civil, prácticas religiosas, movimientos y organizaciones religiosas, los conflictos religiosos, la doctrina social cristiana, los protagonistas religiosos, el clericalismo y el anticlericalismo, y la modernización y anti-modernización de las iglesias”, explican los compiladores.

Franco Savarino, Berenise Bravo Rubio y Andrea Mutuolo han seleccionado los trabajos de 22 investigadores cuyas obras proponen el debate, el análisis y la profundización del estudio del fenómeno religioso y su papel en el ámbito público y privado de los mexicanos.

A lo largo de la obra nos encontraremos con episodios aparentemente hartos conocidos pero con enfoques pocas veces realizados: ¿Cómo fue la contienda teológica durante la guerra de Independencia de México? ¿Cómo intentó reorganizarse el espacio público-religioso durante las turbulencias de la instauración de la primera y segunda república? ¿Cuáles fueron las estrategias de resistencias y participaciones del clero y feligreses ante el conflicto entre conservadores y liberales, las Leyes de Reforma o la separación Estado-Iglesia? ¿Cómo vivían ciertas expresiones y asociaciones religiosas durante el Porfiriato o desde la clandestinidad de la persecución religiosa? ¿Qué transformaciones sociales aportó el ‘catolicismo social y político’ post-revolucionario? ¿Cómo enfrentan las iglesias el paso del tradicionalismo a la modernización en los albores del siglo XX?

“En suma, los veintidós artículos que se presentan en este libro son una buena muestra de la problemática en torno a la religión (de sus prácticas y actores) frente al Estado, y representa una primera mirada en particular… los autores de los artículos no han pretendido agotar las problemáticas entorno a estos temas  sino que, por el contrario, abrir nuevas pautas e interrogantes para futuras investigaciones”, explican los coordinadores.

Política y religión en la Ciudad de México

Savarino, Bravo, Mutolo. Coord.

IMDOSOC México

2014 * 442pp

El temor de los días

flower_in_desertParece haber llegado el día que siempre temimos, aquel en el que no hay más autores en los diarios ni en las revistas. Nosotros, los que quedamos, apenas juntamos algunas frases para intercalar entre las imágenes, videos y metatextos que lanzan a las audiencias a un viaje al espacio exterior, sin arnés ni carta astronómica; mientras, en el siglo de enfrente, con frecuencia hallamos que las noticias parecen calcas de otras noticias y ni siquiera de noticias de otro día sino del mismo día: comienzan igual, continúan igual y llegan al mismo lugar, como si cualquier cosa fuera vivir.

Por alguna razón hoy siento falta de esos periodistas de larga prosa y creativa lírica que comenzaron a vivir como escritores, artífices de ficciones tan sublimes cuyos argumentos podrían salir sin problema en las ocho columnas del diario de mañana; también faltan esos otros peritos amantes de las letras que para sobrevivir y hacerse famosos no les quedó de otra que hacerle al picateclas informativo y dejaron, sutiles, fuentes fértiles donde mana el arte entre la miseria.

No sé bien qué sucede en estos aires que los maestros en el oficio se nos mueren como inalterable secuencia de fichas de dominó. No nos habíamos recuperado de José Emilio, ni de Fuentes; y por supuesto están aún las ausencias de Monsiváis, Montemayor y Granados Chapa. También tenemos que aguantarnos las partidas de Gabo, Mutis, Marré, José María Pérez-Gay y Carballo. Esta década nos está obligando a la triste costumbre de ir a funerales y a homenajes post-mortem; y es que, a veces, la muerte irrumpe con tanta cadencia seductora que se nos olvida cómo comportarnos ante un nacimiento o una boda. “Pobres, lo que les espera”, he llegado a escuchar en alguno de estos últimos. Aunque tampoco es tan grave, decimos todo esto mientras intentamos colocarnos en la fila.

Javier Marías suele decir que el hombre contemporáneo recibe sin tregua la razón de su pesimismo: desastres incesantes, desgracias encadenadas, terror en sesión continua, y que por lo mismo se le puede disculpar cierta insensibilidad, el desánimo, la falta de entusiasmo. Basta mirar la edición de nuestro diario predilecto de hoy para asentir cómplices.

Hay tanto tedio en este periodismo que incluso hay ‘informativos’ que disfrazan al hecho, lo tuercen a propósito y a conciencia, y nos advierten que sus noticias son remedos de nuestra realidad; ‘parodias’, dicen, pero en el fondo son el fiel retrato de un alma llena de hastío. Hasta dónde habrá llegado el aburrimiento que la realidad ya no asombra, nos distraemos inventando el matiz de nuestro entorno solo para reírnos de nuestro chiste o para anestesiar nuestra conciencia.

La verdad, que suele mostrar su piel desnuda y brillante, en ocasiones es obvia pero hallarla jamás es simple y portarla es como llevar el agua en el cuenco de las manos.  Encontrar en ella alguna historia para contar y compartir es como buscar una aguja en un pajar; pero allí donde algunos usarían un imán, otros encenderían un cerillo.

¿Puede dejar de sorprenderse el oficio que busca sorpresas del mundo? Parecería un sinsentido pero frente a esto nos sentamos día a día; ya sea el televisor, la radio, el internet o un medio impreso: informaciones trasferibles, anónimas, autógenas e inconexas. La dificultad de encontrar al autor, al instigador de miradas y reflexiones, aquel a quien Segura Munguía llama “el que hace crecer, brotar o surgir algo; el que aumenta la confianza, el fiador, garante y responsable” es –casi siempre- una búsqueda sin caminos.

El periodista y escritor Vicente Leñero, maestro en el oficio para varias generaciones, recoge esta voz en La voz adolorida que hoy debe hacernos temer por estos días pero también debe llenarnos de esperanza: “¿De qué está enferma… quiero saber de qué está enferma mi pobre mamá, encerrada para siempre sin ver la luz del sol, sin ver los charcos de agua que se forman en el patio de la casa de San Ángel después que ha llovido muy fuerte; sin ver los mastuerzos del jardín… sin ver la reja, sin ver la calle a la que sale por donde está la reja, y los árboles que hay afuera, y el viejo empedrado de la calle, de ciudad empedrada toda, y donde uno que otro coche pasa de repente y se va dando tumbos…”. Los nuevos autores, los que recojan el gran legado de tantos hombres y mujeres de palabra, los que nos hagan superar el temor de los días, deben preguntarse de qué está enferma esta sociedad y, al preguntárselo, han de mirar con certeza, el hermoso horizonte que hoy nos estamos perdiendo.

Buscar el alma

9788420675954Cuando leí la extraordinaria novela Rojo y Negro de Stendhal quedé absolutamente fascinado por el universo que descubría el joven multiagraciado Julián Sorel en su insalvable periplo hacia la desgracia alimentado por sus ambiciones, su desconfianza y orgullo. Pero particularmente me llenó de preguntas aquel pasaje cuando Julián cambia el uniforme de gala militar,  con el que acompañaba al rey, por la sotana negra y sobrepelliz para buscar al obispo de Adge que presentaría al monarca la famosa reliquia de san Clemente. Julián, con todos los talentos del mundo entre sus jóvenes manos, hace este salto intelectual, social, cultural y afectivo una y otra vez a lo largo de su caída libre sin encontrar su esencia ni su alma. Su determinación y rabia lo conducen inexorablemente al éxito de cada empresa que se propone hasta ese día cuando descubre al obispo de Adge, un niño a los ojos de Julián, que bendice con la mano derecha una y otra vez frente al espejo, ensayando. La superficialidad del joven obispo queda manifiesta en sus preocupaciones: “¿Qué le parece a usted mi mitra, señor? ¿No le parece que la llevo muy inclinada hacia atrás?” y es Julián quien realmente se refleja en la figura del obispo y él queda vacío, más vacío.

Ayer tuve el lujo de que el muy ilustre sochantre de la Catedral de México, Felipe Galicia, me presentara el artesonado y el alma de los órganos monumentales del Coro de la Colegiata de la Iglesia Mayor que datan del siglo XVII (los más grandes del mundo iberoamericano, según el sacerdote). Recorridos sus rincones como quien camina por la cubierta de un galeón magnífico, herido su cuerpo igual por la inclemencia del tiempo, la tragedia impensable o la bellaquería de truhanes, es notable cómo es fácil dejarse sorprender por lo aparente, las tallas de finas maderas recubiertas de oro, las monumentales flautas plateadas y sus mascarones dorados o la indubitable presencia majestuosa rompiendo el espacio interior del templo. Pero lo visible es accesorio, la verdadera esencia de este instrumento está (literal y figurativamente) en el secreto, en un corazón oculto a lo evidente y cuya función dota de alma al cuerpo.

El sendero de lo aparente nos lleva al desenlace de lo obvio en lo ficticio y lo supuesto, pero no a la sorpresa, al misterio ni al asombro.

Conocemos el final antes de pasar la mitad de las páginas de nuestra novela incluso queriendo evitar la sentencia popular que nos obliga a que por caminos no pensados habremos de purgar nuestros pecados.

Así como nuestro heroico Julián Sorel en la búsqueda incesante a su interior ha de ir a descubrir su alma en el fondo de un calabozo y bajo el signo de la muerte, o los secretos del temperamento de un instrumento casi vivo se han de mirar sin los ojos sino con un sentido que se extiende en la oscuridad hacia la dimensión en que esa partícula de alma nos ha abandonado, dejándonos incompletos, inseguros e irreparables; así también la búsqueda de la esencia nuestra ha de prescindir del orgullo y autosuficiencia. Suplirlo con lo que Walt Whitman intuye  en su canto: “aquello que satisface al alma es la verdad” o lo que Víctor Hugo fabula: “He encontrado en las calles a un joven, muy pobre y enamorado. Su sombrero era viejo, su abrigo desgastado, el agua se colaba a través de sus zapatos  y las estrellas, a través de su alma”. La búsqueda del alma es salir -en todo sentido- del sitio en el que estamos para no volver jamás.

Un libro abierto al tiempo

ebookLo reconozco, tengo un centenar de libros electrónicos en dispositivos tecnológicos de bolsillo que, con cierta frecuencia me detengo a leer. Suele ser muy cómodo ‘abrir’ estos libros durante un trayecto, un viaje, una estancia larga fuera de casa o haciendo sala de espera. Pero, de este centenar de obras, apenas habré leído unas diez en los últimos años. La razón no es la practicidad de estos gadgets, pues al leer un libro electrónico en ellos nos recuerdan en qué capítulo o renglón dejamos la lectura sin la necesidad de doblarle la esquinita a la página o colocarle un tradicional y colorido separador predilecto por nosotros; además, el libro digital tiene funciones interesantes como el subrayado o las notas al pie, y al hacerlo no me siento tan culpable como cuando lo hago en una página de papel. Al mismo tiempo, las funciones metatextuales suelen ser fantásticas cuando con un clic o dedazo nos da oportunidad de abrir el diccionario o el traductor en alguna frase o palabra incomprensible, nos contextualiza y retroalimenta instantáneamente.

Pero si no he utilizado con mayor frecuencia esta posibilidad tecnológica se debe a que, los libros electrónicos –a diferencia de los periódicos y cotidianos- no satisfacen la identidad de mis libreros, ni de mi persona. Además, no siento apego alguno por estos libros. Si los borro o se estropea el dispositivo, basta recuperarlos del archivo guardado en mi ordenador; no son como algunos libros que, gente muy querida, me ha dedicado u obsequiado; incluso valoro libros que me han acompañado en episodios de gran relevancia en mi vida.

Seguí intermitentemente por la web, el Simposio Internacional del Libro Electrónico en Español que se realizó en el Museo de Antropología e Historia en la Ciudad de México, evento de singular importancia porque el español es el segundo idioma con mayor presencia en la Internet, con un dignísimo 10 por ciento de eñes distribuidas en las marañas de la web.

Las reflexiones de los expertos en la materia no dejaron de provocarme inquietud: la lectura sobre plataforma digital no reemplaza a la lectura de impresos, pero sí modifica actitudes e identidades. Me sorprendió gratamente que ya no se hablara del fatal destino de los impresos, que la materia de expresión papel-tinta sea ya un artilugio del pasado o que una tecnología reemplace a la precedente. Me quedo con la reflexión realizada sobre el proceso de apropiación e identidad que genera la lectura sobre el papel pero que requiere otros lenguajes, nuevos lenguajes, cuando el libro salta a la pantalla. Aún creo que un libro es un libro y no un televisor, radio, teléfono, mapa o videojuego; pero también acepto el reto de escribir y leer para quienes un libro también puede ser todo eso y más, para quienes un lector es también un televidente, radioescucha y usuario.

Pienso en el futuro de quienes nos dedicamos a la prensa escrita y en los lectores a los que deseamos llegar, considero no sólo su generación o su plataforma de lectura, quiero comprender qué de este esfuerzo desean consumir y qué de su identidad pueden apropiarse para que les acompañe en algunos de sus momentos importantes del día y ser un impreso abierto al tiempo.