Poesía

Ruido

tanto ruido en el corazón que late (que se entrega) que remedia soles de invierno y humedales

golpes de locura, trepidantes

un cristal irrompible girando sobre rocas (sin dejar de sonar, sin despertar a nadie) redobles intermitentes que se alimentan de deseo por entregarse (por remediarse, por reencontrarse con el silencio)

cuánto ruido desperdiciado en la hora cuando te busco sin encontrarte (cuánto árbol seco, cuánta guarida sonora despejando un armonioso desastre)

tanto ruido en el corazón,

tanto cuanto clama en la refriega.

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Invasión de errores

De un pestañazo crece la ortiga,

pero no en los sepulcros,

sino en los jardines del anhelo

donde la oruga orada la perfección 

de un escrupuloso desvelo.

El universo, que es insuperable,

depende de la invasión

de errores que se acumulan;

como el polvo, como la pez,

o las lágrimas de las ortigas.

Por ello el tiempo suena a caída,

a un lento derrumbe

o una lenta sucesión de derrumbes,

a una hoja que se desploma

desde lo alto del origen mismo.

Todo lo demás es resistencia

la fricción de un freno que emana

una chispa en rebelión,

una terca imprudencia, 

que abre los ojos al imposible.

Enero, 2017@monroyfelipe 

Desplazados

UNHCR Photo Unit

UNHCR Photo Unit

Hay desplazados que aún no saben que lo están

y los que ya no saben que lo fueron;

los que recuerdan algo

y quienes lo recuerdan todo.

Cada desplazado, en su conciencia,

siempre está por llegar,

pero ellos llegaron hace tiempo.

Los desplazados no solo pierden algo,

se pierden ellos mismos,

están por perderse, se perdieron.

Les han evaporado su desierto,

les quitaron su heredad

como una alfombra en venta.

Los desplazados marchan hacia atrás

y les nacen ojos en la espalda,

rotan sus rodillas y sus pies,

dislocan sus brazos cuando tropiezan.

Pero miran hacia atrás, claman al pasado,

van dejando un sendero de lágrimas

mientras abandonan el camino.

Los desplazados que no caminan no son estáticos,

el mundo gira bajo la sien que han puesto junto al suelo.

Ellos no se van, simplemente se quedan

bajo la colosal roca que el imperio puso a girar.

Hay desplazados que desean resistir

pero no saben que ya no habitan en ellos;

miran atrás y dicen ¡adelante!

No recuperarán nada porque

¿qué habría por recuperar?