Economía

Lujitos institucionalizados

El uso de recursos públicos (o corporativos) para satisfacciones o ‘lujitos’ personales es completamente reprobable. Es una de las acciones que más destruye la confianza en instituciones por obra directa de los individuos. Y es, al mismo tiempo, muy fácil para las personas creer que merecen esos ‘pellizcos’ que le dan al erario cuando tienen oportunidad.

Lo que recientemente se hizo público con el caso de la senadora que a todas luces ha utilizado su posición para hacer gastos personales con carga al presupuesto de la Cámara Alta es, sin ser complacientes ni minimizando la gravedad de los hechos, una práctica generalizada en todos los sectores de la administración pública e incluso de no pocas organizaciones privadas, aunque estas últimas exigen una reflexión de otra naturaleza.

Algunos de estos actos son en extremo evidentes como comprar con recursos públicos artículos de uso personal; pero se vuelven más sutiles cuando se trata de pagar ciertos servicios cuya necesidad es debatible costear con dinero público o con los emolumentos personales: gastos de representación (alimentos, traslados y hospedajes), servicios de imagen personal (peluquero, maquillista, asesores de imagen), choferes y seguridad privada, consumo ilimitado de gasolina y peajes, servicios de salud y bienestar (nutriólogos, entrenadores, masajistas), formación y educación (capacitaciones, diplomados, entrenamientos, etcétera).

Por supuesto, mucha gente no quiere comparar lo que “roban los políticos” con lo que “toma la sociedad”. Pero pongamos el ejemplo de las conchas sin azúcar, muebles y artículos personales que la senadora cargó al gasto público frente a lo que muchos ciudadanos hicieron al registrar sus automóviles (muchos de lujo) en el estado de Morelos para no pagar tenencia y evitar fotomultas. ¿Cuál actitud provoca una mayor pérdida a los recursos públicos? ¿Cuál es más sancionable moral y públicamente? ¿Qué consecuencias penales puede tener el primero y cuáles el segundo? Y finalmente, ¿cuál estaría dispuesto a hacer usted, querido lector, si tuviera la oportunidad?

Por supuesto, es muy probable que afirme que la primera acción (ser funcionario y aprovechar la posición para cargar al gasto público satisfactores personales) es más grave porque pone todas las alarmas sobre esa persona en el ejercicio honesto y desinteresado de sus responsabilidades: ¿No acaso un funcionario que gasta sin pudor los recursos de la nación puede también pedir una tajada por negocios, licitaciones o adjudicaciones directas? ¿No acaso un servidor público que no se ruboriza al pellizcar la partida presupuestal puede también crear enormes boquetes financieros en deuda o engañosos proyectos de infraestructura con material de cuarta que terminan en socavones mortales? Y ni siquiera estamos hablando de la prepotencia, la impunidad, el fuero o el tráfico de influencias que también podrían considerarse lujitos institucionales.

Pero los ciudadanos de a pie también pecamos del mismo mal: desde la simulación o evasión en el pago de impuestos hasta la innoble recepción de bienes o beneficios económicos a cambio de la venta de la conciencia o del voto. En general no se critica esta actitud, todo lo contrario: se aplaude a aquel individuo que descubre oportunidades de ganancia ocultas para la mayoría de las personas, aún cuando esas oportunidades lindan en la frontera de lo legal, lo legítimo o lo moralmente correcto.

Aceptar un bien que se obtiene de una manera injusta habla de una cultura del agandalle que hace mucho mal a las sociedades donde se le da carta de naturalización. Y hay que reconocer con vergüenza que México ha adoptado este estilo cuya imagen más cruda es la del pernicioso victimismo pegado a la ubre del presupuesto o del grosero acaparamiento de ventajas inmorales, pero perfectamente legales.

@monroyfelipe

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De estafas maestras y la paradoja de San Petersburgo

apostarmexEl que, por segundo año consecutivo, México caiga sólidamente en el Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional no debería sorprender a nadie. Estos meses hemos sido testigos de la capacidad creativa con la que ciertas personas que están al frente de instancias públicas o privadas desfalcan al respetable mientras saquean al erario: triangulación financiera, simulación de gasto, retorno fantasma de inversiones, etcétera. Sin embargo, en el fondo, todos los actos de corrupción están fundamentados en la teoría de juegos y, especialmente, en la paradoja de San Petersburgo.

No nos dejemos llevar por el nombre, la paradoja de San Petersburgo no fue creada por rusos sino por suizos y -vaya sorpresa- nació el mismo año (1713) que el famoso ‘secreto bancario’ que ha hecho de Suiza uno de los paraísos fiscales más exitosos y controversiales de la historia. Los hermanos Nicolau II y Daniel, de la afamada familia de matemáticos Bernoulli, idearon este juego de azar donde la casa comienza con un fondo base y se incentiva a un apostador a lanzar una moneda al aire y, si sale cruz, la casa dobla la cantidad del fondo base; pero, si sale cara, el apostador se lleva el bote disponible en ese momento. Al apostador le conviene que la moneda no salga cara en los primeros lances y siempre se lleva algo de dinero; pero, como el apostador siempre gana, la casa debe cobrar una cuota inicial para participar en el juego. Los Bernouilli se preguntaron cuál debería ser la cantidad de la cuota de entrada para que el juego fuese justo o, incluso, viable.

La paradoja de San Petersburgo reside en que las ganancias en el juego crecen exponencialmente mientras que las probabilidades de ganar decrecen también exponencialmente. Los teóricos matemáticos -más allá de los debates minuciosos y los cálculos estratosféricos- resuelven que la paradoja de San Petersburgo depende del cálculo del riesgo y la ganancia que haga el apostador o la casa. ¿Qué tiene que ver todo esto con los casos de corrupción, estafa, triangulación, simulación, desvío o vil robo que soporta el edificio de la corrupción en nuestro país? Bien, casi todo.

Los apostadores son funcionarios públicos o facinerosos emprendedores que aprovechan su posición para ganar sobre la casa, que es el erario; las reglas son las mismas: mientras más riesgoso y prolongado se torna el juego, mayores ganancias se asoman en el horizonte de posibilidades; y mientras más se invierta en jugar, más posibilidades de vencer el umbral de riesgo.

Veamos la llamada ‘estafa maestra’: Se afirma que en ella se utilizan ciertas lagunas legales para hacer fluir capitales del erario mediante adjudicaciones directas a otras instancias de gobierno de aparentes menores responsabilidades para transparentar uso de recursos (como las universidades públicas) y de allí a ser utilizado con nuevos contratos para obtener productos o servicios que finalmente resultan casi imposibles de comprobar siquiera su existencia. El riesgo para los corruptos que apostaron por este ‘método’ no es que se descuba el hilo del dinero, porque la ruta y el método -aunque cuestionables- son legales y la ganancia es cuantiosa; el riesgo mayor es precisamente no haber invertido lo suficiente como para hacer rentable el ‘método’ antes de que la suerte los ponga en el banquillo de los acusados.

Así el resto de los casos de corrupción: ¿Valía la pena el riesgo de aumentar peaje en autopistas para pagar vacaciones y sobornos a funcionarios? ¿Y el riesgo de comprar un inmueble de 89 millones de pesos a una empresa a la que se favoreció mediante licitaciones? ¿Fue razonable el riesgo de endeudar las arcas del estado en diferentes actos de desvío de recursos? ¿Fue positivo defraudar a la banca con 585 millones de dólares con facturas apócrifas de una paraestatal sumamente cuestionada en transparencia?

La teoría de juegos y la paradoja de San Petersburgo son muy claras: si hasta este punto se ha ganado más de lo que se ha perdido y si el riesgo sigue muy por debajo de nuestros escrúpulos, entonces hay que seguir apostando. Usted se preguntará: ¿Valdrá la pena hacer una apuesta por la corrupción en México dos veces? Y la respuesta redunda en obviedad: ¿Ya vio cuántos candidatos quieren el papel de apostador?

@monroyfelipe

La ineficacia de las políticas ‘de espejo’

espejoEl nobel de literatura, Orhan Pamuk, cuenta que en tiempos del sultán Abdul Hamid II en la ciudad de Estambul habitaban dos famosos locos: uno llamado Osman que andaba continuamente desnudo y otra llamada madame Upola que se vestía con todo lo que estaba al alcance de su mano. Aunque ambos deambulaban por las calles sin causar mayor problema, bastaba que se encontraran frente a frente para desatar una encarnizada batalla; tan violenta que las autoridades decidieron impedirles el paso por el puente sobre el Bósforo.

Traigo a cuenta el relato porque en los últimos meses –particularmente desde el inicio de la administración Trump- los cientos de expertos en política exterior no cesan de sugerir que se apliquen ‘medidas de espejo’ frente a los diferendos que han producido las decisiones del actual habitante de la Casa Blanca: Dicen que si Estados Unidos deporta migrantes sin documentos nosotros deberíamos hacer lo mismo; que si Trump endurece las políticas de visado para prácticamente todos los países, el resto de naciones deben obrar igual.

El último de estos ejemplos es la iniciativa que presentaron los eurodiputados para que todos los países de la Unión Europea nieguen el acceso a los ciudadanos norteamericanos que no tengan visado; la iniciativa no es sino una contestación a la acción ejecutiva de Donald Trump que impide a ciudadanos de cinco países de la eurozona entrar a Estados Unidos sin visa (y, particularmente, los obliga padecer la especial entrevista que realizan los agentes consulares).

A México ya le había ocurrido en el 2009 cuando Canadá impuso el visado a los mexicanos que viajaban a aquella nación. No fueron pocos los expertos que recomendaron a las autoridades mexicanas que aplicaran una ‘medida tipo espejo’ como respuesta severa ante la decisión de su socio comercial. La verdad es que, dicha medida era inútil toda vez que la gran mayoría de los mexicanos yendo a Canadá representaban una migración laboral descontrolada mientras que la mayoría de los canadienses yendo a México terminaban en Cancún tomando tequila pagado en dólares.

Aplicar las ‘medidas espejo’, en el fondo, representa la ira desatada entre los locos de Estambul: uno no podía soportar que el otro hiciera justo todo lo contrario de lo que creía era ‘su identidad’.

Ahora que se cocinan las primeras reuniones para renegociar el Tratado de Libre Comercio que México tiene con EU y Canadá, nuevamente salen las voces que sugieren -sin mucha perspectiva- que si el gobierno de Donald Trump insiste en una política de castigo a las importaciones y recompensa de exportaciones de aquel país, entonces México debe hacer igual; dicen que si EU continúa cancelando inversiones en México, nuestro país debe hacer lo mismo en territorio norteamericano. ¿Es en serio?

En los próximos días, se espera que Trump presente su “histórica reforma tributaria” en la que incluya un impuesto transfonterizo (BAT) del 20% a las exportaciones generalizadas y, por supuesto, los expertos financieros ya advierten que la única respuesta posible son (¡Adivinó usted!): las medidas espejo.

En la misma historia de Pamuk, sobre la Estambul del sultán Hamid II, hay otro relato que se parece al de los locos: un buen día aparece atado del cuello a un árbol un hombre que cargaba vasijas llenas de agua; de pronto pasa un transeúnte y pregunta a la muchedumbre que presenciaba el espectáculo cómo fue que terminó así aquel sujeto. Le cuentan que un agá (una especie de alcalde) vio cómo ese hombre ataba a ese árbol a su caballo cargando las mismas alforjas para irse a jugar cartas y beber café. El agá, por tanto, castigó al hombre con lo que hoy llamamos una ‘medida de espejo’; pero el transeúnte, que era un verdadero sabio, se alejó rápidamente de esa muchedumbre y mientras se iba uno alcanzó a preguntarle por qué se marchaba: “Porque si el agá obró correctamente -respondió el sabio- ahora hay en algún lado un caballo jugando cartas y bebiendo café”. ¿Increíble? Ni más ni menos.

@monroyfelipe

Decálogo de una dependencia consentida

willkommen-zum-mexiko-zeichen-23168857¿Por qué los grandes esfuerzos y acuerdos de trabajo de los principales líderes mexicanos no son capaces de mover un ápice el ambiente de los mercados ni la economía en el país? Y, ¿por qué un tuit de Trump sí deprecia la moneda mexicana? ¿Por qué hay tal dependencia de México frente a su vecino del norte? ¿Qué nos ha colocado en esa posición de terrible vulnerabilidad? He aquí diez posibles razones:

Despreciamos otros destinos de exportación

A la hora de vender, México ha preferido los dólares frente a otras divisas. Hacer de los Estados Unidos el prácticamente absoluto destino de exportación parece el negocio obvio más rentable. Hoy, el 75% de nuestras exportaciones depende del consumo norteamericano; por lo cual, una política proteccionista o de consumo interno en EU afecta directamente a casi un tercio de de nuestra economía.

 

Importamos mucha gasolina de EU

No sólo compramos 200 mil millones de dólares a EU cada año: casi el 10% de esas importaciones corresponden a gasolina. Y todos sabemos lo importante que es este producto para todas las actividades. Si se opta por una política para potenciar el mercado interno o diversificar el origen de importaciones se corre el riesgo de una fuerte escalada de precios.

 

Inversión extranjera en México

México es un destino atractivo para la inversión extranjera: por las exenciones fiscales, los incentivos en costo de terreno, los bajos salarios y el que los mexicanos –según la propia OCDE- trabajan más que cualquier otro pueblo, unas 500 horas más por año que el promedio. Las empresas extranjeras (especialmente las norteamericanas) favorecen la economía mexicana con la creación de empleos a largo plazo, transforman las ciudades y crean polos de desarrollo. Según datos de la Secretaría de Economía, las empresas norteamericanas invirtieron 5 mil millones de dólares en el primer semestre del 2016 y representan el 35% del total de inversión extranjera en México.

 

Sujeción al modelo de seguridad

EU no sólo es el epicentro de grandes imperios económicos; su política internacional se ha posicionado mediante la diplomacia, el mercado o la guerra por todo el mundo. Por ello, la seguridad de su territorio es crucial. Al compartir frontera y un inmenso volumen de intercambios con México, obliga a ambos países a compartir estrategias de seguridad, casi siempre desequilibradas. Así, México se ha visto obligado a mantener acuerdos de seguridad internacional con EU aun en detrimento de la propia soberanía.

 

Impericia diplomática

La privilegiada posición geográfica de México en América sirvió en otros años para capitanear el rumbo político y económico de Centroamérica, el Caribe y el Cono Sur del continente. La neutralidad del país y el buen oficio diplomático en México fueron importantes para resolver problemas de la región entre los años 60 y 70, pero tras las crisis de los 80, la diplomacia mexicana se enfocó en promover al país como destino de inversiones e incluso fue capaz de poner en riesgo sus relaciones diplomáticas con países latinoamericanos por instrucción de los EU.

 

Dependencia alimenticia

En 1994, México compraba apenas el 10% de alimentos en el extranjero; hoy la importación alimentaria asciende a más del 55% y más del 70% de éste proviene de los EU. En 2016, compramos dos mil millones de dólares anuales en carne, cereales y productos lácteos a otros países, ocho veces más de los productos del agro que vendemos al exterior.

 

Migración de talento

Estados Unidos es el principal destino migratorio y laboral de los mexicanos. No sólo tiene la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, la fuerza de trabajo de mexicanos les representa un potencial importante para su economía (entre 2005 y 2010 casi medio millón de mexicanos emigraron a EU). Mientras, México recibió 25 mil millones de dólares vía envíos de remesas norteamericanas en 2015. El dinero enviado a familiares desde EU representa casi el 3% del Producto Interno Bruto de México, aunque en algunos estados alcanza hasta el 10%.

 

Sujeción a políticas económicas globales

A “toro pasado” estas políticas económicas no parecen ser las más adecuadas; sin embargo, han sido las que organismos supranacionales en materia de economía y comercio han sugerido a México… y las ha adoptado disciplinadamente.

 

Fascinación cultural por EU

No hay mucho qué explicar de esto. No sólo es la música, el cine, la televisión y el resto de la industria cultural de EU la más difundida en México, también sus modelos de entretenimiento, el lenguaje, las aspiraciones de éxito, etc.

 

Prácticas de corrupción normalizadas

Finalmente, un elemento que es transversal a todos los anteriores y que tienen efectos sobre México más graves de los pensados: Somos el país más corrupto calificado por la OCDE (con 35 de 100 puntos); el segundo lugar en impunidad a nivel mundial (95% de crímenes impunes según el Índice Global de Impunidad) y la inmensa cantidad de actos legales pero inmorales no hacen ni parpadear a las autoridades; esto no sólo provoca desconfianza en el interior, le resta fuerza a las decisiones que el gobierno mexicano toma para remediar su rumbo. De allí el preciso mensaje que el papa Francisco dio a México: “Esta realidad lleva inevitablemente a reflexionar sobre la propia responsabilidad a la hora de construir el México que queremos… un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común”. Habrá que reflexionar en eso. @monroyfelipe

Publicado en El Observador

¿Cómo corrompimos ‘el milagro’ del petróleo mexicano?

naranjo190312Con sus grandes reservas, la expropiación de los ingenios petroleros realizada por Lázaro Cárdenas en 1938 sirvió positivamente para la construcción de las grandes instituciones mexicanas. Quizá de ninguna otra manera México hubiera logrado levantar las principales instituciones sociales del país como los servicios de salud y salubridad o los organismos de educación pública o el fugaz desarrollo agroindustrial. Sin embargo, como es de todos sabido, el mal manejo del petróleo también fue el creador de enormes veneros burocráticos, empresariales y políticos fincados en corrupción y dispendio.
Por ello, los servicios de salud públicos (aunque indispensables para la gran sociedad) hoy se desmoronan por abandono; las instituciones educativas públicas (aunque propiciadoras de equilibrios culturales entre las clases más bajas y las ricas herederas de alcurnias prerrevolucionarias) han sido secuestradas por intereses políticos y económicos; y, el resto del desarrollo agrario e industrial fundado en la renta petrolera persiste en recitar discursos de megalomanía nacional-corporativista aunque sus insumos y productos tengan origen y destino en las economías privadas y extranjeras.
En este 2017 se notifica un serio ajuste en los precios de los combustibles derivados del petróleo, el cual ha provocado un airado malestar popular; sin embargo, el problema no se encuentra en la economía exterior ni en la cualidad nacional o extranjera de la industria petrolera, sino en el terrible vicio que nos ha acompañado como nación a lo largo del siglo XX y lo que va del XX: el corrompido usufructo de la renta petrolera.

El milagro que no fue
A inicios de la década de los 80, la historia sobre la industria petrolera en México tocaba otra tonada. Las circunstancias internacionales y el descubrimiento de nuevos yacimientos de crudo catapultaron a México como un atractivo proveedor de petróleo y, en consecuencia, los ingresos por venta se dispararon por los cielos. El propio presidente, José López Portillo, llegó a declarar: “México ha estado acostumbrado a administrar carencias y crisis. Ahora con el petróleo tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia”.
La posición económica de México a nivel internacional cobró relevancia como nunca antes. Los Estados Unidos –tanto con Carter como con Reagan- mantuvieron una nerviosa relación con el gobierno mexicano debido al petróleo abundante y barato que se vendió a otros países. En esos años, era común que los mandatarios del sur hicieran antesala en oficinas del gobierno mexicano para solicitar petróleo, maquinaria y créditos para su desarrollo industrial. Hoy es difícil imaginarlo, pero hubo una época en que México y Venezuela se comprometieron a abastecer de petróleo a Costa Rica, Jamaica y Nicaragua sólo por ‘limar asperezas diplomáticas’.

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El imprudente despilfarro y la complicidad con formas más creativas de corrupción e impunidad no sólo terminaron con la brevísima época de bonanza económica, también inauguraron una crisis económica de la cual México no ha podido desprenderse del todo.
Los modelos de economía neoliberal continuados por Miguel de la Madrid y llevados a su máximo esplendor durante el sexenio de Carlos Salinas tampoco lograron conjugar un modelo de inversión económica con procesos de desarrollo a largo plazo. Antes bien, como en el resto de los países asesorados por las instituciones económicas globales, simplemente se estableció un modelo económico cuyos frutos parecen solamente ensanchar la brecha entre ricos y pobres, como demuestran los informes de Oxfam.

¿Dónde estamos hoy?
El siglo XXI no ha dejado atrás las prácticas de corrupción e impunidad en el país; de hecho, no hay administración pública que en realidad pueda comprobar el éxito de prácticas más honestas en el ejercicio del poder. Ni siquiera la transición política en México en el 2000 logró cambiar los vicios de la corrupción, cohecho y pillaje acostumbrados. Quizá por ello no han mostrado su utilidad las radicales reformas del 2013 (fruto del Pacto por México concretado por Enrique Peña Nieto) que abrieron la participación de empresas de capital privado a servicios, rendimiento y producción compartida sobre los activos de Petróleos Mexicanos; reformas que habrían de impulsar al país como insistía el eslogan presidencial.
De allí la paradoja y la incomprensión en la toma de decisiones para el alza de precios en combustibles. México aún conserva su undécima posición entre los países productores de petróleo y Pemex sigue en el 14° lugar del ranking de empresas petroleras; pero el volumen de importación de gasolinas (usamos 62% de gasolina extranjera: del cual, el 81% compramos a Estados Unidos y el 15% a Holanda) hace insostenible el precio bajo del combustible.
Las decisiones sobre el manejo del petróleo y los combustibles son ya lo de menos. El lucro de las grandes oportunidades económicas que aún tiene el país (petróleo, turismo, bono demográfico) ya no participa en el soporte del desarrollo social, comunitario o colectivo como antaño. Y, de hecho, como parte de la ideología económica imperante es ya muy difícil encontrar entre la clase trabajadora un sentido de responsabilidad social con los menos desfavorecidos. Una convicción incluso razonable pues terminarán pagando los bienes indispensables para un estilo de vida apenas regular.

A manera de corolario termino con una expresión escuchada en el desierto, un proverbio beduino que dice: “Un camello, un dinar; un camello, mil dinares”. Quiere explicar que lo que cuesta poco suele despreciarse y que, cuando sube su precio, igual hay que seguir comprándolo porque aún es imprescindible. Nuestros camellos en México son los combustibles derivados del petróleo: se han encarecido y ya sólo pocos podrán rentarlos holgadamente para atravesar el desierto; para el resto, aunque sean prácticamente inasequibles, seguirán siendo indispensables. @monroyfelipe

Publicado en El Observador

Despertar de un sueño letárgico, ¿hay vida después del pacto?

No puedo dejar de pensar que estamos en 1981 otra vez. La euforia sobre el inmejorable destino de la industria petrolera en México devino en sonrisa congelada por la misma razón que hace 35 años: el dispendio y la poca transparencia en el valor y uso de los activos del crudo nos volvieron a colocar entre la desesperación y la crisis.

Nuevamente, la presunción oficial de que México se encontraba mejor que nunca se desplomó por el mismo lado de nuestra cojera crónica: los veneros del petróleo. A diferencia del pasado, hoy es imposible hablar de abundancia en el recurso y, del mismo modo, el viraje hacia nuevos productos energéticos menos contaminantes tornan anacrónicas las añoranzas de una pujante industria que resuelva nuestro problema inmediato; sin embargo, lo que no ha cambiado ha sido la dependencia económica con los Estados Unidos por la vía de las importaciones y la ineficacia del desarrollo industrial nacional en la producción de combustibles y energéticos.

Para ser justos, hay que reconocer que la economía global –gracias al modelo tecnócrata neoliberal- se ha constituido en una madeja de imbricadas relaciones difíciles de comprender gracias a la exquisita complicación de terminología y argumentos causales muy diferentes a los de antaño. El caso es que la distancia entre las personas con mayor poder adquisitivo y el resto de los sectores no había sido jamás tan amplía ni tan vergonzosa.

Y eso, aunque pueda tener más de una explicación, no puede sino exigir sensibilidad. Más sensibilidad ante la realidad con la que deben lidiar millones de personas. Una realidad de dificultades que no sólo tiene que ver con los esfuerzos personales y la satisfacción de las propias necesidades; sino en la pobreza de una sociedad que, por mucho que labore honestamente, ya no puede participar de la construcción de la equidad, la justicia y la colaboración solidaria de su pueblo o su comunidad.

Por ello, los pactos económicos desde 1987 no han tenido efectos constructivos sino apenas paliativos; y no hay razón para creer que con el Acuerdo convocado por Peña Nieto ante la tribulación y encono social, esto vaya a ser diferente.

En resumidas cuentas, el presente Acuerdo busca vigilar y sancionar los aumentos de precios injustificados, simplificar los modelos de inversión y reducir el endeudamiento público con medidas de austeridad, siempre y cuando las bases sociales no polaricen la legítima protesta popular.

Lo que no se contempla es que el Estado simplemente no cuenta con recursos técnicos ni humanos para vigilar la escalada de precios; los cuales, por otra parte, pueden justificar objetivamente su modificación debido a la alza de combustible.

La vía de la simplificación en los modelos de inversión suena plenamente coherente y es, sin duda, necesaria; sin embargo, puede interpretarse como un grito desesperado ante las amenazas de que los Estados Unidos, con Trump en el timonel, continúen forzando a las empresas norteamericanas a no invertir en México; dejando al país a merced de feroces inversionistas que condicionen su permanencia mediante el chantaje y el abuso.

Finalmente, las medidas de austeridad si no se aplican en áreas de verdadero dispendio (como en el rubro de imagen) guardan el riesgo de ralentizar el mercado interno provocando el crecimiento de los sectores en franca protesta.

Es por ello que el último punto del acuerdo es un pacto de no agresión: promete funcionar mientras no exista violencia o caos en las calles.

De pronto ya no hay más fantasía, despertamos a una realidad que nos negamos a ver hace mucho tiempo. Atrás quedaron los idilios reformistas que quemaron todo el capital político de básicamente todas las fuerzas partidistas; el emperador (los pequeños emperadores) se descubren desnudos de la retórica que les revistió de gloria y majestuosidad. ¿Hay vida después del pacto? Evidentemente. Pero la pregunta sigue siendo: ¿Hemos soñado que despertamos o despertamos en un sueño que nos negamos a dejar de soñar? @monroyfelipe

El mercado de los oráculos: los adivinos hacen negocio

prediction-010912l_2Sobre adivinos y charlatanes bien se dice que, aunque no sean muchos, bastan dos para que cundan como multitud. Es un fenómeno que ha acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales y que, en ocasiones, busca revestirse de ‘don profético’; pero –como explica la tradición judeo-cristiana- los así llamados adivinos se revelan básicamente por su ambición y el deseo de darse a notar para alcanzar ganancias.
En cada oportunidad que tienen, los supuestos adivinos ‘profetizan’ acontecimientos que van desde hechos irrelevantes hasta terribles visiones apocalípticas. Entre la farándula, por ejemplo, son conocidas las personalidades que, cada año, hablan de las bodas, divorcios, nacimientos y muertes que los ‘famosos del espectáculo’ experimentarán en un futuro no muy lejano. Por supuesto, las empresas que respaldan a estos personajes los presentan como “videntes infalibles” y soportan su “credibilidad” por hacer predicciones tan certeras como: “Alguien importante va a morir”. Estos ‘videntes’ cobran sus servicios dependiendo de la fama que los medios de comunicación les hacen; según una fuente que prefiere permanecer en anonimato, dichas ‘consultas’ pueden llegar a costar más de 500 dólares.
Por otro lado, están los que adoptan el ‘oficio apocalíptico’. Van por aquí y allá sembrando visiones terribles del fin del mundo. Ya sean inundaciones, terremotos, fenómenos sobrenaturales o castigos divinos por el comportamiento humano. A estos se les advierte pronto por el tono de predicador que utilizan para sus ‘advertencias’ y porque hablan como si tuvieran una de las trompetas del fin del mundo. Por si fuera poco, hacen de francotiradores de la moral y paladines de la justicia. Enfundados en su papel, dicen rechazar ganancias y títulos, pero sus juicios no son inocentes y también están marcados por la fama pública que usufructúan a su favor. Entre el 2008 y el 2011, por ejemplo, se filmaron cinco películas y tres cortometrajes sobre el supuesto fin del mundo del 2012 profetizado por el calendario maya. La mayor producción tuvo un presupuesto de 200 millones de dólares, logrando recaudar el mismo monto en taquilla.
Aunque pareciera inverosímil, el supuesto fin del mundo del 2012 convenció al 22% de los norteamericanos y a 15% de la población mundial según una encuesta realizada por Ipsos Global Public Affairs para Reuters. Por si fuera poco, la agencia de noticias reportó que en países como Polonia y Rusia se habían incrementado los ataques de ansiedad entre la población provocados por el ‘apocalipsis maya’.

Aprovecharse de la preocupación
Hay que insistir que en ambos casos, los promotores de las charlatanerías no son inocentes, engañan flagrantemente al prójimo y pueden provocar situaciones de abuso indescriptibles. Por ejemplo, durante el ‘apocalipsis maya’ un empresario chino vendió boletos para su particular ‘arca de Noé’ con precios de hasta ochocientos mil dólares; una empresa de construcción ‘puso en oferta’ sus bunkers para el fin del mundo; el gobierno francés debió disolver concentraciones de personas en una montaña famosa quienes habían pagado por estar allí porque “les habían dicho que una nave espacial bajaría justo allí y salvaría a un puñado de elegidos”; o, por otro lado, agencias de viaje en Guatemala, México y Turquía aprovecharon el fenómeno mediático para patrocinar con engaños oportunidades de turismo.
El fenómeno se desbordó a tal grado que incluso la NASA decidió involucrarse desmintiendo el alarmismo apocalíptico debido a que sus astrofísicos recibían mensajes de gente que pensaba quitarse la vida ante el supuesto fin del mundo.
Al final, aunque parezca obvio el daño que provocan los supuestos adivinadores y videntes, no siempre existen las leyes que castiguen a estos charlatanes.

¿Por qué tienen éxito?
El controversial matemático John Allen Paulos, autor de “Más allá de la aritmética. Cavilaciones de un matemático”, denomina el fenómeno como ‘Efecto Jean Dixon’ el cual tiende a crear una tendencia que da mayor importancia a las ‘profecías cumplidas’ mientras ignora las fallidas, aunque estas últimas sean muchas más.
Jean Dixon fue una famosa ‘astróloga’ norteamericana quien supuestamente predijo el asesinato de Kennedy y el atentado contra el papa Juan Pablo II. Allen estudió el caso y resolvió con una ecuación el éxito del fraude: “Imaginemos que un hombre escribe a 64,000 personas con una predicción sobre el mercado. A la mitad de ellos les afirma que subirá y a la mitad que bajará. Sin importar qué suceda, él envía otra carta pero sólo a las 32,000 personas con la predicción ‘correcta’. Entonces, a 16,000 personas les predice otra vez que el mercado subirá y al resto, que bajará. Nuevamente, sin importar qué pase, el hombre tendrá a 16,000 personas que ahora confiarán ciegamente en él porque ha hecho dos predicciones correctas al hilo”. Al final no importa que 48,000 personas sepan que el ‘adivino’ sea sólo un charlatán, las 16,000 personas con dos predicciones correctas bastan para que la estafa surta efecto.

¿Fraude o no?
Por desgracia, son pocos los códigos penales en México que tipifican la quiromancia, la adivinación y el espiritismo como delito. Sonora y San Luis Potosí, por ejemplo, son los únicos estados que califican como delito de fraude: “Toda aquella acción realizada para obtener un lucro indebido que explota las preocupaciones, las supersticiones o la ignorancia de las personas, por medio de supuestas evocaciones de espíritus, adivinaciones o curaciones u otros procedimientos carentes de validez técnica o científica”. El resto de los estados no tienen artículos tan específicos sobre este tipo de fraude.
La gran mayoría de los ciudadanos se encuentra en tal indefensión que en el 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación tuvo que desechar el recurso de apelación que interpuso un grupo de adivinos llamados “los Hermanos Kendall” sobre sus actividades ilícitas en el estado de San Luis Potosí (de la que habían generado ganancias del orden de 600 mil pesos). La queja de los ‘adivinos’ se sustentaba en que, en la mayoría de los estados de la República, su actividad no es considerada fraudulenta ni ilícita pues está justificada en las creencias de la gente. El ministro Arturo Saldívar explicó entonces en su sentencia que la prohibición de este tipo de actividades “no está enfocado a la práctica espiritual o ideológica en sí misma, sino al engaño fraudulento que se da en la falsa oferta de realizar adivinaciones, evocaciones o curaciones, que tiene como consecuencia un traslado patrimonial al explotar las preocupaciones, supersticiones o ignorancia de la víctima, causándole un detrimento en su patrimonio”. Finalmente, aunque la SCJN confirmó en legalidad al código penal de San Luis Potosí, no se creó jurisprudencia suficiente para que el resto del país asuma a la adivinación como un delito. Así que, por lo pronto, la ciudadanía debe tener suprema prudencia frente a locales de lectura de manos, cartas, tarot, adivinación, curación milagrosa, brebajes mágicos, hechizos y limpias sobrenaturales. Está advertido. @monroyfelipe (Publicado en El Observador)

Laudato si’ no ha podido con el monstruo del dinero

corrupt-politicianEl 18 de junio pasado se conmemoró el primer año de la publicación Laudato si’ Sobre el cuidado de la casa común, la encíclica ecológica-social del papa Francisco. El acontecimiento no ha sido menor, quizá sólo Rerum Novarum del papa León XIII hace más de un siglo recogió tanta lectura e inspiró a tantos liderazgos ideológicos y sectores sociales para fomentar cambios culturales y estructurales en las relaciones del ser humano en sus medios para alcanzar el desarrollo y para preservar su entorno en clave de justicia y trascendencia.

Pero Laudato si’ no es sólo una alerta de emergencia ante la crisis ecológica mundial, no es un alarido desesperado ante la destrucción vertiginosa del equilibrio en el medio ambiente. Es, sobre todo, una propuesta de mirada humanista –y cristiana- sobre la verdadera riqueza de las personas y las sociedades, una repulsa a las actitudes que justifican con promesas de vanguardia y desarrollo la explotación de los más débiles y una severa crítica a la cultura económica-comercial del descarte.

En el marco de este aniversario, como lo recuerdan la Comisión Episcopal de Pastoral Social en México (CEPS-Cáritas) y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMODOSC), se ha fortalecido un lazo que se tenía ciertamente en el olvido: el diálogo entre los creyentes y los pensadores católicos con los científicos e investigadores de los fenómenos naturales de nuestra era y nuestro tiempo.

En esto se ha avanzado mucho, no sólo con las conferencias y encuentros conjuntos que se han logrado con expertos biólogos, sino en las acciones que algunos sectores eclesiales (Iglesia Recicla, por ejemplo) han puesto en marcha como parte de su compromiso para aportar actitudes de responsabilidad frente a la Creación.

 

Ecología sí, economía no

Un espacio, sin embargo, donde la perspectiva de Laudato si’ no ha entrado es en la economía global. Lo advertía Francisco en el capítulo V: “La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales”. El pontífice expresó un deseo fuertemente arraigado en la sociedad civil pero incomprensible para quienes optan por soluciones cortoplacistas e inmediatas a las crisis económicas: “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”.

La decisión de los ciudadanos ingleses para salir de la Unión Europea, con todas las consecuencias que ello conlleve, es un reflejo de cómo la perspectiva social y humanitaria de los bienes –en la esfera de las responsabilidades compartidas- no ha convencido a quienes, en ideal o en nostalgia, creen tener la verdadera riqueza sólo entre sus manos.

Esto es lo que aún no ha logrado Laudato si’. Pero es una de las tareas que se abre en el horizonte como respuesta a las gigantescas contradicciones sociales que siguen prevaleciendo en el mundo. Y, nuevamente, la lectura del pontífice a la economía global no tiene como objetivo delinear estrategias para revertir la tendencia de hiper-concentración de riqueza o generar modelos laborales que satisfagan los mínimos derechos y necesidades del gran grueso poblacional. La aportación de Laudato si’ sugiere una exploración racional y espiritual de los estilos de vida: “Mientras más vacío está el corazón de una persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”, “la sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora”, explica Francisco.

Algo, sin embargo, se ha comenzado a dibujar en algunos productos culturales sobre estas inquietudes. En el mundo cinematográfico hay que destacar “Lobo de WallStreet”, “La gran apuesta” o “Arbitrage”. El más reciente intento es “Money Monster” de Jodie Foster, un thriller sobre las conspiraciones macroeconómicas en el que las historias de las personas nada importan, se diluyen bajo la poderosa cifra de un dinero incapaz de visualizar físicamente. El conductor de un show de TV para inversionistas sobre análisis financiero que mendiga compañía para cenar; el hombre desesperado en bancarrota a nada de ser padre; la directora de comunicación de una compañía que le oculta la información; la productora de TV que lleva mejor relación con nicknames de hackers globales que con el sujeto que tiene enfrente; en fin. Pero nada de ellos sobre su identidad y su horizonte personal. El dinero los ha puesto allí, en medio de una crisis de seguridad y dinero que se viraliza hasta reducirse al chiste de la semana.

Esta misión es la que tiene Laudato si’ y sus promotores para el segundo año de su publicación. Veremos hasta dónde encuentra eco en el impersonal monstruo de la economía global. @monroyfelipe

From Panama to nowhere

SZ_panamapapersLa filtración de documentación sobre sociedades financieras en paraísos fiscales de la consultora Mossack Fonseca (MF) se ha presentado como un muy fino y coordinado trabajo de investigación periodística global en el que se revelan los nombres y los modelos de operación de personajes claves en las cúpulas de éxito en la política, los negocios y el espectáculo.
Lo primero que es necesario contemplar es el volumen monumental de documentación que era resguardada por la firma consultora MF y el gran universo de clientes que, de 1977 a 2015, auxilió para ocultar y hacer crecer sus millonarios negocios al amparo de un muy sofisticado sistema de ingeniería financiera. Lo segundo por atender es la oportunidad que la consultora Mossack Fonseca advierte para filtrar 2.6 terabytes de información al periódico alemán Süddeutsche Zeitung y la decisión de este medio para compartir 11.5 millones de documentos con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación , organización internacional de prensa y periodistas, para que estudien a detalle los clientes, los personajes y las informaciones que le sean más útiles a su país, audiencia y a sus intereses particulares. El compromiso al que llegaron los periodistas que realizaron las búsquedas exhaustivas de sus objetivos en la documentación del bufete MF fue publicar esta información a partir del 3 de marzo pasado, según esto, un año después de que se recibió la información filtrada.
A partir de estos acontecimientos me gustaría analizar tres considerandos: uno profesional periodístico, otro de repercusiones políticas-económicas internacionales y, finalmente, el que más importa en todo esto: los efectos sociales.

Periodismo de investigación
Los 11.5 millones de documentos de la filtración de MF no podían ser analizados de manera íntegra en exclusiva por el periódico Süddeutsche Zeitung; por ello parece sensato el compartir la información para que los periodistas del mundo hagan su parte. Además, frente a un desafío global (el sistema financiero de privilegios y trapacerías fiscales se soporta bajo un modelo internacional) es imperante un esfuerzo internacional de medios de comunicación, uno que trabaje coordinada y globalmente. Este primer lunes de abril, cada rincón del mundo, cada discurso regional y nacional amaneció con dos noticias mayúsculas. La primera: la revelación de un ‘club olímpico’ de multimillonarios que utilizaron empresas fantasmas, prestanombres y otros mecanismos irregulares para salvaguardar y acrecentar su ofensiva fortuna; y la segunda: entre esos multimillonarios hay uno que sí conozco, que sí me afecta, que es de mi país, mi sector o mi afición.
Süddeutsche, por ejemplo, no publica información sobre los argentinos o mexicanos involucrados en el affaire; Proceso o Aristegui Noticias, no atienden las miles de empresas alemanas beneficiadas de este escándalo; la prensa en España no parce hablar de otra cosas que no sea la hermana del rey Juan Carlos; la Nación en Argentina se debate en mirar si está más manchado el presidente actual Macri o la presidencia saliente de Fernández Kirchner; vaya los periódicos deportivos sólo hablan de cómo el crack del futbol Messi, también está en la pléyade de inmorales multimillonarios.
Cada quien su tonada, su canción. Sólo hay una coincidencia generalizada en los medios nacionales: Vladimir Putin, pero eso lo veremos más adelante.
Queda claro que cada medio buscó la información que más se acercaba al interés de sus audiencias, el exhausto trabajo de investigación se ha hecho sobre una inmensa base de datos. Lo importante de este ejercicio profesional es que finalmente se da confirmación documentada a muchas de las intuiciones y sospechas que se tienen de la cúpula de liderazgos: el cinismo de utilizar recursos cuestionablemente legales para lograr ganancias perfectamente inmorales.
Algo que, en México, por otra parte, se ha trabajado a detalle con casos como la Casa Blanca y las concesiones a Higa, las adjudicaciones irregulares a Grupo México, los dólares peregrinos de HSBC México, el caso Oceanografía-Pemex y Banamex, etcétera.
Sin embargo, aún hay muchas preguntas que los periodistas debemos hacernos y debemos intentar dar con respuestas claras: ¿Cómo aparece en el panorama de paraísos fiscales la consultora Mossack Fonseca en Panamá? ¿Cuál es el universo de este tipo de oficinas que desarrollan esta masiva ingeniería financiera en el mundo? Es decir: ¿Cuáles son los principales competidores de MF? ¿Qué detonó ese ejercicio de filtración de documentación e MF al Süddeutsche? ¿Por qué así, por qué ahora?
Una última consideración sobre el periodismo de investigación. Para varios medios de comunicación, el estudio de documentación en el periodismo de investigación debe garantizar un valor ético importante: los archivos deben haberse obtenido a través de una resolución u orden judicial si hay resistencias; y, si es cualquier otro medio legal voluntario, lo honorable es preguntar al emisor por qué desea hacer públicos dichos papeles y comentarlo al público para que sepan desde dónde partir, desde dónde leer dicha información. Finalmente, ¿cómo pasar de un voyerismo de multimillonarios a efectos concretos en el modelo financiero internacional?

Implicaciones internacionales
Regresemos al primer receptor de la información filtrada. El periódico alemán Süddeutsche Zeitung lleva algunas noticias destacadas en su portada: las miles de empresas alemanas vinculadas a Mossack Fonseca, el artículo del editor sobre la historia de The Panama Papers y un extenso trabajo sobre bancos rusos y millonarios beneficios de amigos o cercanos del presidente Vladimir Putin.
¿Cuáles han sido las principales reacciones a estas informaciones? Uno. El ministro de Justicia Federal alemán Heiko Maas planea un “registro de transparencia” en las empresas buzón, las cuales deben revelar sus verdaderos dueños (es una reacción que siguieron todas las naciones con personajes involucrados; en México, el Sistema de Administración Tributaria declaró que haría investigaciones a detalle de los imputados). Dos: La Federación Rusa ha reaccionado inmediatamente alegando que la filtración de The Panama Papers sólo tiene como objetivo el desprestigiar a su líder. Y tres: la velada petición para que las naciones involucradas en este sistema fraudulento reciban castigo ejemplar por las Naciones Unidas. Ni más ni menos por dos temáticas que preocupan a Europa: la migración y el terrorismo.
Rusia, como se sabe, ha adquirido una responsabilidad mayúscula en el área de seguridad y particularmente en el tema de la defensa ante amenazas terroristas; Alemania, por su parte, lleva el bastón de mando europeo para analizar y responder ante los efectos culturales y económicos de la masiva migración de comunidades del África o del Medio Oriente.
Sí, de esta tensión dependen en gran medida las garantías individuales, comunitarias y sociales que se pretenden para el resto del siglo XXI; las responsabilidades de los organismos internacionales, el modelo diplomático, la mutua vigilancia, la guerra, el desarrollo industrial y el cuidado de la tierra.
¿Por qué aparece Vladimir Putin encabezando a los líderes internacionales en este escándalo financiero? Quizá porque es el representante de la más inquietante potencia internacional que se desenvuelve con extrema seguridad y sobrada confianza para criticar a sus oponentes; en los últimos meses hemos visto a un presidente ruso ‘tomando al toro por los cuernos’, al menos en el discurso. Así que, el que se vea vulnerado por los gigantes bolsillos de la avaricia y el fraude le quita el halo heroico. Rusia ya ha dicho que son ataques directos al líder y a la nación; por tanto, parece indicar que las relaciones diplomáticas vayan a tensarse algo más entre las potencias en medio de una crisis humanitaria y de seguridad.
Hasta allí todo lo que tiene que ver con las élites pero ¿en dónde advertimos los cambios para la gente?

Repercusión social
¿Qué es lo que el grueso social puede ganar del The Panama Papers Affaire? ¿A dónde nos conduce este nuevo legajo de información? ¿Qué tanto hemos cambiado con la filtración de información internacional como la realizada por Snowden con Wikileaks?
En el ámbito social no ha sucedido algo que no estuviera ya pasando: los multimillonarios conocen mecanismos ubicados en la frontera de la legalidad y la moralidad para hacerse más ricos, los Estados han perdido el control de los flujos de capitales y de la monetización del orden, la riqueza no se distribuye ni por capacidad ni por necesidad sino por rapiña y fraude, el patrocinio de los insumos de bienestar podría estar siendo alimentado por los mismos provocadores de la hambruna.
La imagen del titán corruptor se reproduce en cada sector:
1. En un país con déficit de cobertura y servicios educativos aparece el benefactor de becas para estudiantes cuyos fondos provienen precisamente de desfalcar al Estado, el cuál no puede garantizar educación social y por ende aplaude al benefactor por dar becas en el sistema privado, sector del que el benefactor es socio interesado.
2. En un país destrozado por los conflictos bélicos y la inestabilidad social, un general extranjero promete paz mediante la caza de los rijosos y terroristas. Requiere libertad de maniobra financiera para hacerse de armas y ejército; controla la rebelión, participa en la instauración de un gobierno afín. Utiliza sociedades off-shore para pagar a los terroristas que contrató en primer lugar.
3. En un país democrático en vías de desarrollo, un gobernante promete modernizar infraestructura y servicios. Son seleccionadas las empresas para dar movimiento a la inversión estatal, hay adjudicaciones multimillonarias a dichas empresas. El gobierno dice que todo es legal. Una vez concluido el mandato, el gobernante disfruta del dinero que las empresas ‘seleccionadas’ le han pagado vía empresas fantasmas de paraísos fiscales que lo deslindan de la transacción.
Sólo hay dos posibles reacciones sociales ante estas circunstancias: el cinismo inmóvil o el moralismo acusante.
En el primero, el ciudadano asume que sólo existe ese camino: “Siempre ha sido así, el pez grande come pez chico. Nada se ha podido hacer y no es momento para intentar cambiar algo. Si el cinismo de estos multimillonarios es olímpico ¿por qué mi cinismo tendría que ser noticia? Ellos han redefinido el significado de robar, estafar y corromper; lo que yo hago no es comparable”. Así por el estilo.
El riesgo del cinismo es que, para variar, serán los últimos los que permanezcan en la ignominia del mundo.
En el segundo, el ciudadano va por el mundo con un dedo acusador, flamígero y moralizante, señalándolo todo como pecaminoso, inmoral, ilegal, irracional, fuera de orden. Un jactancioso apuntador del mal, un crítico amargado para el cual todo está mal menos sí mismo, obsesivos rivales de la realidad. A estos personajes se les encuentra muy fácilmente en las redes sociales.
Los riesgos de este moralismo acusante, como se constata, es el tener una isla donde todos se señalan y rechazan rabiosamente; un mundo de desconfianza donde ser vulnerable es lo peor que puede pasar. Donde todos queremos parte de ese Olimpo privilegiado que, si no es por millones de dólares, al menos será por la sabiduría o la santidad.

Epílogo
The Panama Papers le pone filiación ideológica a la sociedad contemporánea de inicios del siglo XXI. Después de pasearnos a través de un par de terabytes y medio, de 11.5 millones de documentos, miles de empresas y un sinfín de edificios simbólicos de poder y de dinero hemos llegado a Nowhere. Fuimos de Panamá a ningún lado. Sólo aire caliente y transacciones financieras digitales que engrosan el ego de celebridades indiferenciables.
Es allí donde tiene cabida uno de los propósitos más nobles del periodismo: mirar a la gente, escucharla y contar su historia. Arriba expliqué la imagen del titán corruptor que puede ser real o no. Sin embargo, quienes sí son reales, son esos estudiantes que reverencian a su generoso bienhechor educativo que en primer lugar ha destrozado el sistema educativo social (funciona igual con enfermos y sanidad pública); son esas personas que mueren o padecen bajo las balas de un conflicto armado teatralizado por un ‘agente de paz’; son esas personas que sobreviven con angustia cada día esperando que ‘descienda presupuesto’ para sus más básicas necesidades y son esos líderes que acceden patrióticamente a ese reclamo social sacrificando las riquezas del cielo y de la tierra, logrando inversión y llevándose una tajada tras ciertos malabares financieros.
El gran efecto que puede provocar la filtración de los documentos de Mossack Fonseca en The Panama Papers no está sólo en las infinitas cifras bancarias o en la imbricada investigación sobre las líneas de corrupción, abuso e impunidad; sino en la infinita experiencia humana, sobre las vivas líneas de la expresión sobre sus rostros, en cada historia personal o comunitaria, las cuales revelan que, si hay paraísos fiscales, es porque existen infiernos tributarios.

@monroyfelipe

Queremos un huracán tras la calma

IMG_8380La lógica dice que después de un evento muy agitado vendrá la paz y la quietud; pero tras lo que hemos visto y escuchado del Papa en México es claro que lo que necesita este país tras el huracán Francisco es una más vigorosa y alegre manifestación de trabajo, audacia y creatividad para responder al quietismo en el que se encuentran muchas organizaciones e instituciones.

Hay muchas cosas que no avanzan, que están estancadas. Y podríamos echarle la culpa al gobierno, a los empresarios o a los liderazgos pero si en verdad queremos aprovechar el gran impulso que ha dado el pontífice, responder al desafío que ha puesto, debemos reconocer –sin amargura ni drama- en qué y por qué hemos fracasado como sociedad y como comunidad.

Hace poco, la revista Forbes (que habla sobre los negocios de los hombres más ricos del mundo) enumeró cinco razones por las que una empresa fracasa: Ingresos insuficientes, falta de indicadores, falta de análisis, planeación deficiente y problemas de ejecución. Es decir: no tener los recursos necesarios, no saber dónde estamos, no saber por qué estamos así, no imaginar cómo queremos que las cosas cambien y tampoco prepararse lo suficiente para que las cosas realmente sucedan. Detrás de estos ‘pecados’ de los negocios, apuntan los especialistas, muchas veces están los sentimientos de confiada seguridad, de tener demasiadas certezas, de que los liderazgos y los trabajadores siempre saben qué hacer y cuáles son las reglas que deben seguir al pie de la letra.

Saber siempre qué hacer y seguir siempre las mismas reglas es estar en camino hacia el estancamiento y, por ende, al fracaso. El mundo, nuestro país y la Iglesia requieren de un huracán que venga después de esta calma. Un viento fresco que se aleje de la tentación de ir en cacería contra las cosas nuevas y que no exija hacer algo “porque siempre se ha hecho así”. Es decir: si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo.

“¡Pero hay cosas que no deben cambiar!”, me interrumpió hace días un hombre mientras decía yo esto en una intervención. Le pregunté qué cosas no debían cambiar y me dijo con mucho orgullo: “Nuestra fe”. Le di la razón pero le expliqué  que creer no siempre significa ‘estar seguro’ sino estar dispuesto a la audacia de la promesa, estar abierto a la sorpresa, dispuesto también al Misterio. El papa Francisco dijo: “el hombre debe tener el corazón abierto”. Creo lo mismo y creo que sucede igual con nuestro país y con nuestra vida cotidiana: cuando dejamos algo inmóvil en un lugar por mucho tiempo nos olvidamos el por qué o para qué lo pusimos allí en primer lugar. Hemos visto estos días cómo esa fe y ese entusiasmo están sembrados en los corazones de millones de mexicanos, ahora es momento de preguntarnos ¿y para qué les hemos puesto allí? @monroyfelipe