Medio Ambiente

Laudato si’ no ha podido con el monstruo del dinero

corrupt-politicianEl 18 de junio pasado se conmemoró el primer año de la publicación Laudato si’ Sobre el cuidado de la casa común, la encíclica ecológica-social del papa Francisco. El acontecimiento no ha sido menor, quizá sólo Rerum Novarum del papa León XIII hace más de un siglo recogió tanta lectura e inspiró a tantos liderazgos ideológicos y sectores sociales para fomentar cambios culturales y estructurales en las relaciones del ser humano en sus medios para alcanzar el desarrollo y para preservar su entorno en clave de justicia y trascendencia.

Pero Laudato si’ no es sólo una alerta de emergencia ante la crisis ecológica mundial, no es un alarido desesperado ante la destrucción vertiginosa del equilibrio en el medio ambiente. Es, sobre todo, una propuesta de mirada humanista –y cristiana- sobre la verdadera riqueza de las personas y las sociedades, una repulsa a las actitudes que justifican con promesas de vanguardia y desarrollo la explotación de los más débiles y una severa crítica a la cultura económica-comercial del descarte.

En el marco de este aniversario, como lo recuerdan la Comisión Episcopal de Pastoral Social en México (CEPS-Cáritas) y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMODOSC), se ha fortalecido un lazo que se tenía ciertamente en el olvido: el diálogo entre los creyentes y los pensadores católicos con los científicos e investigadores de los fenómenos naturales de nuestra era y nuestro tiempo.

En esto se ha avanzado mucho, no sólo con las conferencias y encuentros conjuntos que se han logrado con expertos biólogos, sino en las acciones que algunos sectores eclesiales (Iglesia Recicla, por ejemplo) han puesto en marcha como parte de su compromiso para aportar actitudes de responsabilidad frente a la Creación.

 

Ecología sí, economía no

Un espacio, sin embargo, donde la perspectiva de Laudato si’ no ha entrado es en la economía global. Lo advertía Francisco en el capítulo V: “La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales”. El pontífice expresó un deseo fuertemente arraigado en la sociedad civil pero incomprensible para quienes optan por soluciones cortoplacistas e inmediatas a las crisis económicas: “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”.

La decisión de los ciudadanos ingleses para salir de la Unión Europea, con todas las consecuencias que ello conlleve, es un reflejo de cómo la perspectiva social y humanitaria de los bienes –en la esfera de las responsabilidades compartidas- no ha convencido a quienes, en ideal o en nostalgia, creen tener la verdadera riqueza sólo entre sus manos.

Esto es lo que aún no ha logrado Laudato si’. Pero es una de las tareas que se abre en el horizonte como respuesta a las gigantescas contradicciones sociales que siguen prevaleciendo en el mundo. Y, nuevamente, la lectura del pontífice a la economía global no tiene como objetivo delinear estrategias para revertir la tendencia de hiper-concentración de riqueza o generar modelos laborales que satisfagan los mínimos derechos y necesidades del gran grueso poblacional. La aportación de Laudato si’ sugiere una exploración racional y espiritual de los estilos de vida: “Mientras más vacío está el corazón de una persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”, “la sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora”, explica Francisco.

Algo, sin embargo, se ha comenzado a dibujar en algunos productos culturales sobre estas inquietudes. En el mundo cinematográfico hay que destacar “Lobo de WallStreet”, “La gran apuesta” o “Arbitrage”. El más reciente intento es “Money Monster” de Jodie Foster, un thriller sobre las conspiraciones macroeconómicas en el que las historias de las personas nada importan, se diluyen bajo la poderosa cifra de un dinero incapaz de visualizar físicamente. El conductor de un show de TV para inversionistas sobre análisis financiero que mendiga compañía para cenar; el hombre desesperado en bancarrota a nada de ser padre; la directora de comunicación de una compañía que le oculta la información; la productora de TV que lleva mejor relación con nicknames de hackers globales que con el sujeto que tiene enfrente; en fin. Pero nada de ellos sobre su identidad y su horizonte personal. El dinero los ha puesto allí, en medio de una crisis de seguridad y dinero que se viraliza hasta reducirse al chiste de la semana.

Esta misión es la que tiene Laudato si’ y sus promotores para el segundo año de su publicación. Veremos hasta dónde encuentra eco en el impersonal monstruo de la economía global. @monroyfelipe

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¡Photoshop no! ¡Luz!

pencilComo periodista tengo una deformación profesional grave: juego en las fronteras de la previsión, la especulación y la adivinación. No me malentienda, no uso bolas de cristal ni cartas con dibujitos. Sólo que quizá intento mirar la historia con un paso adelante para que no me sorprenda, para poder estar allí e informar a todos ustedes oportunamente. Por eso, cuando leí en un breve tuit la primera nota de la explosión en el Complejo Petroquímico de Pajaritos, Coatzacoalcos, sabía que vendría una ruta informativa esperable.

Primero, los datos del siniestro y la emergencia, la numeralia de víctimas y afectaciones; segundo, las esperadas visitas oficiales de primer nivel con recorridos en la zona afectada; tercero, las historias de las víctimas mortales y los heridos, los testimonios; y, cuarto, las investigaciones legales, políticas, económicas e industriales que fincan responsabilidades, que desean hacernos aprender algo del trágico suceso.

En fin, no se necesita ser adivino para conocer esta ruta de acontecimientos y quizá eso es lo que han hecho los periodistas y medios de información para llevar a sus audiencias las noticias sobre las secuelas de la explosión en Coatzacoalcos. Pero, además de la deformación profesional, soy partidario de que nos dejemos sorprender por la realidad. Hay fenómenos que no podemos prever o pronosticar. Nadie, por ejemplo, hubiera imaginado que el twitter del gobernador de Veracruz pusiera una fotografía de Libia para informar de la explosión en la planta petroquímica de Pajaritos; tampoco habríamos soñado con imágenes manipuladas digitalmente del recorrido del presidente de la República por la zona calcinada (ni con la respuesta de su encargada de redes sociales que admitió la ‘photoshopeada’ de las imágenes porque “era un día nublado”). Parecía imposible pensar que las empresas privadas asociadas a Pemex en el Complejo Petroquímico no quisieran dar la cara inmediatamente porque son parte de los responsables del siniestro junto a la paraestatal y nos pareció aún más sorprendente que, cuando se apersonaron, entraran a los escombros para recuperar datos e información de computadoras antes de recuperar los cadáveres de los trabajadores calcinados.

Quizá alguno de ustedes, queridos lectores, diga que no le sorprende tanta torpeza y tanta indolencia de la clase política y de los poderosos empresarios. Sabemos que suelen maquillar (photoshopear) la realidad cuando no les conviene y le agregan luz artificial.

Por eso me quedo con esas religiosas Esclavas Misioneras de Jesús que abrazaron y acompañaron a los trabajadores sobrevivientes al pie del siniestro, que oraron junto a esas familias que contemplaban cómo se calcinaba la esperanza de volver a ver a su ser querido; me quedo con la luz que pudieron ofrecer los ministros en los hospitales, entre los quemados, los heridos de gravedad, en la extremaunción que impusieron a cientos que se debatían en la frontera de la vida. Esa es luz sobre la realidad, lo demás son pixeles blanqueados. @monroyfelipe

¿Qué lección da a la Iglesia el escándalo en Volkswagen?

volkswagen-scandal-2“¿Qué hacía Dios antes del Big-Bang?”, pregunta el comediante.

“Le decía a la prensa que todo lo tenía bajo control…”

Volkswagen es la segunda compañía automotriz con mayor volumen de producción en el mundo; hace ocho años anunciaba con bombo y platillo sus nuevos modelos diesel que, además de abaratar el consumo de combustible, prometía ser altamente eficiente y menos contaminante. Su compromiso, además de comercial era aparentemente ético y responsable con el medio ambiente. Sin embargo, un estudio (casi un accidente) de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos reveló que desde el 2009, 11 millones de sus automóviles diesel contaban con un “dispositivo de defensa” que reducía las emisiones contaminantes sólo cuando se realizaban las pruebas de verificación; al salir, simplemente los automóviles contaminaban muy por encima de lo permitido por las autoridades.

Ahora, en medio del escándalo, el grupo automotriz ha perdido credibilidad, valor de sus acciones, ha salido el CEO y probablemente sus problemas financieros se agudicen al retirar de las calles las unidades manipuladas, recompensar a sus clientes y pagar las multas que los gobiernos decidan imponerles por hacer trampa. ¿Qué tiene esto que ver con la Iglesia?

Aparentemente poco, pero si este escándalo tiene que ser una lección para toda la sociedad, principalmente para las grandes organizaciones, algunos organismos eclesiales podrían reconocer una que otra similitud con el problema de la compañía automotriz alemana.

Más allá de la misión y la mística trascendente que debe tener cada asociación religiosa, es claro que su trabajo y operación debe funcionar bajo las reglas y los mínimos de convivencia ética y de responsabilidad social. Porque al hablar de ética y responsabilidad (ya no digamos santidad) sería odioso que se torciera el modo o la ley para sacar algo de ventaja tal como lo hizo la VW.

Ante los obispos norteamericanos, el papa Francisco habló sin nombrar directamente de los abusos sexuales, acusaciones de encubrimiento y problemas derivados de la mala actuación que se dio ante la gravedad de crímenes perpetrados por miembros del clero*. Dejó en el pasado el episodio al que llamó “momento oscuro en el itinerario eclesial” y reconoció en los obispos de Estados Unidos “la valentía con que los han afrontado […] sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones y sacrificios, sin ceder al miedo de despojarse de cuanto es secundario con tal de recobrar la credibilidad y la confianza propia de los Ministros de Cristo, como desea el alma de su pueblo”.

Aunque esta crisis –como muchas otras dentro de los organismos de Iglesia- no ha concluido, es muy atinado el comentario del pontífice: para recobrar la credibilidad y confianza es preciso asumir las humillaciones y sacrificios, y despojarse de todo lo que en momentos de bonanza se cree indispensable pero es, en el fondo, accesorio.

Hay ejemplos aparentemente menos complejos que el de la pederastia en la Iglesia pero sus consecuencias podrían ser mayores si se minimizan como, en algún momento se intentó con aquel: En una reunión de varias parroquias, cierto obispo quería ‘valorar’ el trabajo con jóvenes que habían hecho los párrocos. Solo una iglesia logró juntar jóvenes para acudir al encuentro con el obispo. Para no dejar en mal a los vecinos, los chicos tomaron por propia una parroquia que no conocían, a la que no pertenecían, para llenar el ojo al obispo visitante. Se tuercen un poco las reglas para simular un buen desempeño, justo como intentó mentir la VW.

En otros casos, aún más delicados, se le da vuelta a la ley para eludir responsabilidades financieras o para sacar ventaja económica de una forzada interpretación de las fisuras de la regla. También se llega a ejercer doble rasero con las penas previstas: a unos se les aplican como lápida, a otros con inexplicable suavidad. Ambas, sin embargo, provocan indignación.

El problema de Volskswagen está lejos de resolverse y sus consecuencias no sólo afectarán a los del apellido alemán, será natural sospechar de todas las compañías automotrices y de sus armadoras (no hay que olvidar que una de las principales armadoras de VW está en México). Ante esto es normal también investigar y denunciar con mucha claridad, sin traicionar la verdad por los compromisos con tufillo de corrupción que puedan adquirirse en el camino. También, ni hablar, hay que asumir nuestra cuota de vergüenza, asumir la crítica, comprender la pérdida de confianza y el que mucha gente nos dé la espalda cuando le hemos traicionado.

Un analista del ramo automotor reflexionaba: “No sé qué decir, es una pena; pero entre Donald Trump y Volkswagen, desafortunadamente los periodistas y los cómicos tienen mucho trabajo”. Así funciona para todo fenómeno que causa escándalo, también los de la Iglesia, y hay que reconocer que si no se deja hacer su trabajo a los periodistas entonces habrá que soportar algo más a los comediantes, que suelen ser aún más mordaces y cáusticos en su oficio.

*Lo abordaría días después en el Encuentro Mundial de Familias tras reunirse con víctimas de abuso sexual cometido por sacerdotes. Ante cardenales y obispos participantes reconoció que esos escándalos no pueden permanecer en secreto y prometió que los responsables afrontarían consecuencias.

@monroyfelipe

Baumgarthner, un corazón y los planetas

Felix_-Baumgartner_edge_spaceLa hazaña humana y tecnológica tiene las mismas fronteras que las de la imaginación, eso quedó demostrado por el equipo de operaciones que llevó a cabo el ascenso de Félix Baumgarthner a la estratósfera terrestre para, desde allí, dejarse caer sobre la costra de nuestro planeta.

Mientras seguía la transmisión por televisión de esta histórica secuencia no dejé de pensar en la posibilidad de convocar todas las artes y experiencias humanas para ser sintetizadas en un par de minutos de hechos inauditos. ¿No vale la pena la preparación, el coraje, la audacia, la ciencia, la fe y la razón para caer vertiginosamente sobre nuestro propio planeta? ¿No valdría más hacer lo mismo para caer así sobre planetas diferentes? Y no me refiero a los planetas físicos, a los que ya conocemos o a aquellos que conoceremos gracias a los grandes avances científicos o a las sondas espaciales.

Pienso en los planetas internos, en los que el corazón es toda una geografía accidentada y el alma que es nuestra atmósfera toda.

Las cámaras que siguieron a Baumgarthner al confín de la Tierra nos lograron mostrar esa esfera azul que es nuestro planeta; tan diminuto, terso y vacilante lucía que, en un momento del salto, me pareció ver que el atleta quería abrazarlo completamente.

En nuestro país, donde ronda un viento de muerte y venganza, cuyas flores y aromas artificiales revelan una vida social y política simulada aún hay esperanza en el abrazo. Por supuesto, esta actitud requiere de perdón, reconciliación y de todos nuestros esfuerzos para acompañar en el dolor pues, aunque para nadie es noticia que nuestro país es una patria herida, hay quienes se empeñan en no reconocer que el principal problema es la indolencia del sufrimiento ajeno.

Hay una geografía personal lacerada, erosionada por el horror del crimen y la violencia, hay un aire contaminando nuestra región transparente con densa niebla de inseguridad y miedo. El tocar esta realidad implica también sufrimiento y sacrificio, significa compartir heridas pero también participar de una misma mirada de esperanza.

Pienso entonces que sí vale la pena saltar en vacío sobre el corazón ajeno, explorarlo, descubrirlo. Reconocer que hay lugares en donde se puede visitar y sentirse agradable, como en el corazón de los amigos y en el de nuestras familias, con quienes compartimos experiencias semejantes y donde hallamos consuelo mutuo. También reconocer que hay otros sitios en los que el aire es tan tóxico que parece imposible estar cinco minutos allí, pero no dejan de ser corazones humanos necesitados de comprensión. A veces hay quienes quieren modificar un planeta: hacer lagos donde hay desiertos, quitar montañas, cambiar cauces de ríos violentos; pero eso es imposible, al menos de forma inmediata y contando sólo con las fuerzas humanas.

De alguna manera pienso en el momento cuando, con todo el valor que alguien puede juntar, decide caer sobre sí mismo, descubrir su propio planeta, porque debe saber que ese salto interior revelará tanto su belleza como sus pantanos; no es sólo mirarse al espejo, es tocarlo hasta traspasarlo completamente. Esto suele sorprender enormemente.