Religión

Tierra, techo, trabajo y residuos de una entrevista papal

Migración, Huir, Guerra, Refugiados, Crisis, Escape

La extraordinaria periodista Valentina Alazraki, decana de la corresponsalía vaticana, realizó hace unas semanas una larga y sumamente clarificadora entrevista al papa Francisco. Casi cada respuesta del pontífice tomó forma en diferentes informativos. Un tema quedó en el tintero de muchos medios, pero no para el pontífice que quiso retomarlo este 4 de junio: el incierto futuro de la sociedad bajo las reglas de la actual dinámica financiera.

En la entrevista, Bergoglio alertó que las sociedades pueden cometer ‘la crueldad más grande’ cuando se pretende defender la idea del ‘territorio’ o la ‘economía’ mientras se descarta a los extranjeros y a los miserables. Inmediatamente después, el Papa criticó el estatus de lo que se puede interpretar es el resultado de la inequidad en la distribución de los bienes económicos: “Cada vez hay menos ricos con la mayoría de la fortuna del mundo. Y cada vez hay más pobres con menos de lo mínimo para vivir…  claro: los pobres buscan fronteras, buscan salidas, horizontes nuevos”.

La ‘crueldad más grande’, para Bergogilo, es el desprecio y el rechazo a los pobres que, buscando horizontes nuevos, emprenden la migración o la movilidad social; pero el pontífice pone claridad: la crueldad puede nacer de la defensa de una idea del territorio o, peor, de una idea económica.

Por supuesto, en la historia del papado han existido recurrentes críticas al capitalismo salvaje producto de un liberalismo económico centrado en el consumo y la ganancia que deshumaniza al hombre y mercantiliza la vida; pero Francisco pone el acento en el sistema financiero, en su volatilidad, en lo inasible de su utilidad real para la gente: “Lo concreto de la fortuna en un mundo de finanzas es mínimo, lo demás es fantasía”, responde a la periodista.

Francisco tiene serias preocupaciones por el mundo de las finanzas (“En este mundo de las finanzas es donde se dan estas injusticias sociales”), distingue con claridad que la economía puede armonizarse con el ser humano, pero acusa sin piedad al modelo financiero. Casi lo ubica en la dimensión ‘antinatural’: “Una economista famosa me dijo que intentó hacer un dialogo entre economía, humanismo y espiritualidad, y le fue bien… Quiso hacer lo mismo entre finanzas, humanismo y espiritualidad y no le funcionó porque por eso gaseoso y abstracto que tiene, la finanza”.

Es decir, el papa Francisco le “trae bronca” al modelo financiero global. La imparable migración, el desastre ecológico, la alienación mercantilista, el consumismo desaforado, la pérdida de sentido, la falta de ternura con el prójimo, las guerras contemporáneas, la indiferencia, el egoísmo y el descarte de los débiles tienen raíz en el desequilibrio propiciado por leyes absolutas de mercado.

Un desequilibrio que sólo se remedia atendiendo la tríada “tierra, techo y trabajo” como garantía social para todas las comunidades. Por lo menos es lo que reflexionó la Cumbre de Jueces Panamericanos sobre Derechos Sociales y Doctrina Franciscana celebrada el 3 y 4 de junio por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales de la Santa Sede.

Se trata de una cumbre en la que se analiza la implementación efectiva de los derechos sociales económicos y culturales (DESCS), se buscan los caminos para implementar la triada tierra, techo y trabajo, se estudia cómo hacer frente a las restricciones presupuestarias y los controles bancarios o financieros exógenos basados ​​en la deuda externa de los países y cómo superar las presiones políticas y crear un movimiento mundial basado en la defensa sin restricciones de los derechos sociales.

Es decir, cómo quitarle lo vacío al sistema financiero y -nunca mejor dicho- aterrizarlo, poner a ras de suelo, palpable y disponible para el disfrute y responsabilidad de las personas, de los pueblos.

Este tema es recurrente en Bergoglio, en 1998 como arzobispo de Buenos Aires criticó al capitalismo moderno por utilizar el dinero como elemento opresor del hombre, por alienarlo con anhelos de autosatisfacción individualista y no de búsqueda de bien común. El propio Bergoglio en su encíclica Laudato Si’ (2015) explica: “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

No es el primer pontífice de expresar esta preocupación. Ya antes las encíclicas Rerum Novarum (Leon XIII, 1891), Populorum Progressio (Pablo VI, 1967), Centesimus Annus (Juan Pablo II, 1991) o Caritas in veritate (Benedicto XVI, 2009) dejaban en claro que el derecho de la propiedad privada no es absoluto: “La propiedad privada, por su misma naturaleza, tiene también una índole social”. A partir de esta convicción, para los católicos la libertad humana antecede a la libertad económica; cuando se ‘adoctrina’ en el sentido contrario, el hombre y la tierra sufren.

Para ahondar en esto, el papa Francisco clausuró la Cumbre con un clamor contra las desigualdades de las sociedades actuales, criticó a ‘doctrinarios’ que intentan explicar que los derechos sociales son viejos y que no aportan a las sociedades actuales dominadas por las leyes del mercado o las finanzas; y repudió a quienes “confirman políticas económicas y sociales que llevan a nuestros pueblos a la aceptación y justificación de la desigualdad e indignidad”.

La ‘crueldad más grande’ del hombre contra el hombre surge, por tanto, cuando se condicionan (o relativizan) los derechos sociales a la tierra, techo y trabajo para priorizar la ideología financiera o las leyes del mercado. Un asunto que parecía residuo de una genial entrevista pero que, está en el centro del pontificado, aunque los poderes financieros hagan oídos sordos.

@monroyfelipe

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Un nuevo horizonte para la Iglesia católica en México

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Sólo imprevistos muy graves podrían retrasar la creación de las tres diócesis de la Ciudad de México. No se habla de otra cosa en la Arquidiócesis capitalina: octubre se vislumbra como un horizonte de no retorno. Desde la Semana Santa de este 2019, los vicarios episcopales han transmitido a los presbíteros un memorándum donde se les invita a discernir y definir su estadía o su incardinación a las nuevas circunscripciones. La división es inevitable.

El cardenal arzobispo, Carlos Aguiar Retes, inició su gobierno de la Iglesia de México siguiendo esta encomienda que llevaba al menos treinta años proponiéndose desde Roma. Desde 1989, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha sostenido discusiones internas sobre la necesidad de la división territorial de la Ciudad de México.

Los argumentos sobran: es una de las diócesis más densamente pobladas y con mayor número de católicos del mundo; en la capital residen los poderes de la federación y prácticamente todas las representaciones formales de los estados, de organismos internacionales, embajadas y corporativos; también la gran mayoría de las congregaciones religiosas de representación internacional tienen su casa central mexicana en la capital; hay más de 600 territorios parroquiales, más de mil 200 templos y el número de sacerdotes incardinados, en estadía temporal o en tránsito es de vértigo.

Desde finales de los ochenta, la necesidad de la división parecía inaplazable por la cantidad de fieles. Para poner en contexto, la arquidiócesis de Madrid tiene 3.7 millones de católicos aproximadamente; Los Ángeles, 4.4; Guadalajara, 5.7; Río de Janeiro (el país con más católicos del mundo), 6.5; y finalmente, la arquidiócesis de México, 7.9.

En aquel entonces se proyectaron seis diócesis en los márgenes del entonces Distrito Federal; pero el proyecto no prosperó por las tensiones respecto a la autonomía de la Basílica de Guadalupe. Años más tarde, durante la administración pastoral de Norberto Rivera Carrera, Roma continuó insistiendo en el tema de la división territorial pero el primado de México defendió su argumento a lo largo de 22 años: El gobierno eclesiástico de la Arquidiócesis de México requiere de todo el soporte territorial y administrativo para dialogar -y en su caso, defender- los intereses de la Iglesia católica capitalina con el regente y el jefe de gobierno del Distrito Federal.

 

Delimitaciones y críticas

Finalmente, Aguiar Retes dará cuerpo al largo deseo de Roma y del episcopado mexicano; pero enfocado en sus prioridades: Habrá -por lo pronto- cuatro diócesis al interior de la Ciudad de México: 1. Azcapotzalco (con las alcaldías de Azcapotzalco, Gustavo A. Madero y Miguel Hidalgo (excepto Basílica de Guadalupe y Polanco); 2. México (Venustiano Carranza, Cuauhtémoc, Iztacalco, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa, Magdalena Contreras y porciones de la GAM, Tlalpan y Miguel Hidalgo); 3. Iztapalapa y 4. Xochimilco (alcaldías Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta).

El criterio para la división -se ha explicado- corresponde a la presencia histórica de pueblos originarios en las tres nuevas diócesis y por los perfiles de las comunidades. También se ha insistido en que la densidad urbana hace muy complejo que el arzobispo local visite y atienda con dedicación a todas las instituciones religiosas de la diócesis. La Arquidiócesis de México tiene una consideración especial (igual que otras diócesis masivas) para realizar la Visita Apostólica en un plazo mayor al estipulado; la segunda visita pastoral del cardenal Rivera, por ejemplo, duró tres años consecutivos.

Sin embargo, los límites territoriales parecen responder a criterios urbanísticos y de perfil socioeconómico; de otra manera se hace incomprensible que la arquidiócesis no conserve para su responsabilidad pastoral ninguna de las trece cárceles capitalinas, o que la diócesis de Azcapotzalco no absorba -con naturalidad de vialidades y accesos- toda la alcaldía de Miguel Hidalgo donde se encuentra uno de los centros económicos más dinámicos de la ciudad.

La primera crítica: Una de las siete obras de misericordia que los católicos están obligados a cumplir es “Visitar a los presos”. El actual proyecto de división territorial impedirá que el arzobispo actual o sus sucesores tengan oportunidad de realizar esta actividad de manera institucional y en su propio territorio; aunque -como sucedió el Jueves Santo pasado- los presos sí han tenido oportunidad de salir momentáneamente de la cárcel para ir hasta la sede del arzobispo. La población actual de reclusorios capitalinos asciende a 25 mil 698 personas privadas de su libertad.

Otra de las críticas -no de la reorganización sino de los criterios en la delimitación- es la dinámica socioeconómica que define la división territorial de las diócesis. Según el sitio de especialistas inmobiliarios ‘Metros cúbicos’, las 20 de 20 colonias más exclusivas y con habitantes de mayor poder adquisitivo de la ciudad se ubicarán en la Arquidiócesis de México; por el contrario, según el Observatorio de Seguridad de la Ciudad de México, 25 de las 50 colonias más peligrosas estarán en las nuevas diócesis y sólo una de las zonas más seguras de la capital se encontrará en la nueva diócesis de Xochimilco.

Para atender estos contextos tan disímbolos, la arquidiócesis capitalina también hace una evaluación de los perfiles de los sacerdotes al frente de las parroquias. La intención es que cada comunidad reciba a un presbítero con el perfil más adecuado a sus realidades y a sus expectativas.

 

Guadalupe, ¿nueva diócesis?

El proceso de división territorial de la Arquidiócesis de México ha despertado el viejo debate sobre la autonomía del Santuario Nacional de la Basílica de Guadalupe y aún más con el decreto del 6 de mayo pasado con el que el arzobispo de México creó la Zona Pastoral de Guadalupe (Santuario).

Según consta en las crónicas de Homero Campa en 1989, los obispos mexicanos recibieron desde Roma la solicitud de un estudio de viabilidad para que la Basílica de Guadalupe se erigiera en Prelatura Territorial. Promovieron ese proyecto el abad Guillermo Schulemburg y el nuncio Girolamo Prigione pero los obispos mexicanos cerraron filas en torno al cardenal Ernesto Corripio Ahumada; 84 de los 86 miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano votaron a favor del planteamiento del tamaulipeco.

Desde entonces, incluso el papa Juan Pablo II tuvo que intervenir en la organización, responsabilidad y los límites de administración de servicios en el Santuario Guadalupano: el custodio del ayate es el arzobispo de México y sus sucesores; pero el Santuario es el corazón de la nación y, por tanto, los obispos mexicanos tienen voz en él.

Cada seis años, por ejemplo, se elige a seis obispos para formar parte del Consejo Nacional de la Basílica Santa María de Guadalupe; asumen responsabilidades de tesorería, catequesis y secretaría general con un suplente para cada área. Hacia el interior, el arzobispo de México mantenía una “Vicaría Funcional” porque su responsabilidad se abocaba a peregrinos y visitantes provenientes de todo el país y el resto del mundo.

Sin embargo, el nuevo decreto del cardenal Carlos Aguiar para la creación de la Zona Pastoral de Guadalupe (Santuario) contempla que el complejo guadalupano más veinte territorios parroquiales estarán bajo una nueva jurisdicción pastoral. El responsable es el rector de la Basílica, Salvador Martínez Ávila; desde esa posición tiene facultades de verificar la cura pastoral de los fieles, de garantizar y procurar la administración de los sacramentos (incluso de aquellos propios de los obispos como la Confirmación), y de atender la Visita Pastoral de sus decanatos, párrocos y parroquias con la consecuente revisión de los libros y finanzas.

Es un modelo que recuerda -aunque con enormes distancias por los estatutos definidos por el papa Juan Pablo II en 1998- a la Prelatura Territorial del Santuario de Loreto. La Basílica de Loreto funge como catedral arzobispal y administra cinco pequeños territorios parroquiales atendidos por cinco congregaciones religiosas diferentes. Las razones de esta prelatura son históricas y en algún momento fue administrada totalmente por Roma; pero poco a poco la Santa Sede ha favorecido la integración de la prelatura del santuario a la región episcopal italiana y a la arquidiócesis de Ancona-Osimo, donde se ubica territorialmente.

Pero eso no significa que en el corto plazo la Basílica de Guadalupe llegue a convertirse en una diócesis autónoma; para ello se necesitaría más que la autorización o sugerencia de Roma, requiere un acuerdo transversal de los obispos mexicanos y la explícita cesión del arzobispo metropolitano al título histórico de custodio de la imagen. Un proceso que se antoja sumamente difícil.

Con todo, el horizonte de la iglesia capitalina bajo la administración del arzobispo Carlos Aguiar y los nuevos obispos que designe el papa Francisco sugiere cambios de relaciones sociales, de relaciones con las instituciones civiles y culturales de la ciudad. Las nuevas diócesis capitalinas habrán de compactar sus equipos y estrechar la confianza de cada obispo con su círculo de colaboradores, de clarificar los desafíos más apremiantes y atender las dinámicas de sus territorios con autonomía e independencia. Habrá retos comunes como la formación de nuevos sacerdotes o la evangelización de una urbe masiva e interconectada; pero, principalmente, la búsqueda de una voz pública que supere las fronteras del ‘territorialismo’.

@monroyfelipe

 

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¿Es necesario el periodismo católico?

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Siempre he considerado que el periodismo católico nos es indispensable más por la identidad de quienes construyen esos medios de comunicación que por la etiqueta de la institución religiosa.
La misión del católico de oficio periodista siempre será la de explorar la realidad con la mirada y la sensibilidad del cristiano, con la confianza de que Dios tiene voz en todos los perfiles humanos y fenómenos de la naturaleza.
En la comprensión de su identidad católica en la vida contemporánea, el periodista puede ofrecer una mirada apasionada por el hombre, por su cultura y por su trascendencia; y, al mismo tiempo, desapasionarse de los poderes temporales, de las jerarquías efímeras y de las tiranías de lo inmediato.
No pocas veces he retomado el pensamiento de León Bloy sobre la actitud cristiana de inclinarse ante los abismos: “En él [el corazón del abismo] debemos aguardar a ver cuando se agoten las cosas visibles…  lo absoluto, la irrefragable morada, es el inmenso abismo que tenemos al lado, a nuestro alrededor, en nosotros mismos. Para descubrirlo es indispensable ser precipitado en él”. El católico periodista puede encontrar en estas ideas un perfil trascendente de su responsabilidad al ejercer el complejo servicio de búsqueda, diálogo y  transmisión de la verdad.
Sin embargo, no pocas veces he escuchado que el periodismo católico está asido e invariablemente sujeto al servicio a alguna institución católica (diócesis, obispo, ministerio, congregación, movimiento, pontífice, etcétera). En esos casos, se dice que la fidelidad a la institución y sus márgenes es proporcional a la fidelidad del servicio periodístico; pero no hay algo más equivocado.
Traigo a cuento la reflexión -provocadora sin duda- de Tzvetan Todorov (“Sólo las naciones muertas han adquirido una identidad inmutable”) para insistir que el periodismo católico nos es útil cuando se realiza desde la identidad del cristiano y no desde la identidad institucional. Porque lo primero es insondable; y lo segundo, apenas superficial o transitorio.
La identidad institucional es mutable, evoluciona, porque los intereses de los personajes y grupos que la conforman no coinciden, porque las instituciones humanas siempre estarán sujetas a jerarquías inestables.
El católico de oficio periodista siente ese abismo perforando su corazón permanentemente y sabe que debe arriesgarse a transitarlo con dosis semejantes de duda, asombro y confianza; porque sólo una institución muerta ha cerrado su catálogo de todo lo posible y todo lo imposible.
Por ello, la identidad del católico periodista resplandece al nombrar y actualizar el inmarcesible peregrinar de él mismo y de sus contemporáneos a través de las largas penumbras hacia la eternidad, de testificar la luz con noble duda porque la peregrinación siempre es sobre lo incógnito, de mantener vivo el asombro a cada paso y, sobre todo, compartir la confianza de que nunca nadie camina en la absoluta oscuridad. (Publicado en ‘El Observador de la Actualidad’ No. 1246)
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Obispos asumen crisis y plantean prioridades

“Estamos en apuros, pero no desesperanzados”. Con esa confesión central, los obispos de México realizaron su 107ª Asamblea Plenaria en la que reconocieron la grave crisis que la Iglesia católica atraviesa en el mundo contemporáneo y plantearon prioridades de trabajo para encaminarse a los horizontes celebrativos de los 500 años del Acontecimiento Guadalupano (2031) y los dos mil años de la Redención (2033).

En la apertura de los trabajos de la Asamblea, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Rogelio Cabrera López, hizo hincapié en ese desafío: “Debemos reconocer que, como Iglesia, atravesamos una etapa de crisis y de gran dificultad. No sólo por los escándalos que tanto han afectado nuestra credibilidad y autoridad moral, sino por el cambio de época que estamos viviendo y al que no estamos respondiendo de manera adecuada. No está cambiando algo, sino alguien; está cambiando la persona que vive una profunda crisis antropológica-cultural”. En nombre del episcopado, el arzobispo Cabrera reconoció que algunos grupos sociales como los migrantes, los jóvenes, las mujeres, las minorías y hasta los mismos sacerdotes, “no siempre nos sienten cercanos y sensibles ante sus problemas”; por ello, adelantó que los trabajos del Proyecto Global e Pastoral 2031+2033 se enfocarán en atender tres “emergencias pastorales”: jóvenes, migrantes y sacerdotes.

Miranda, Coppola, Cabera: por más autocrítica y esperanza al interior de la Iglesia

Los jóvenes, porque representan una cuarta parte de la población del país y que, con frecuencia, se encuentran ausentes de la Iglesia; los migrantes, por el creciente fenómeno de caravanas masivas que entran a México y desbordan los servicios humanitarios; y los sacerdotes, porque en el combate de abusos sexuales se suele minar la confianza filial entre clero y obispos, sembrando la idea de que los obispos deben perseguir e imponer, en lugar de dialogar y acompañar.

Sobre esto último, los obispos actualizaron el nombre del Equipo Nacional para la Protección de Menores a Consejo Nacional y, en conformidad con los proyectos de prevención y actuación, los consejeros no impondrán medidas sino que sólo aportarán recomendaciones a obispos que lo requieran.

El Nuncio apostólico en México, Franco Coppola, también coincidió en la autocrítica; y, en su saludo a los obispos reunidos, señaló algunos problemas internos e hizo una fuerte crítica al clericalismo, a las élites, al intelectualismo y a la incensación jerárquica: “Los últimos meses en la vida de la Iglesia han sido sin duda muy intensos. Los desafíos, muchos e impostergables, los hemos querido ver como signos del grito de Dios que nos llama, ante todo a nosotros mismos, a la conversión”.

Ha sido el obispo auxiliar de Monterrey, secretario general de la CEM, Alfonso Miranda, quien ha coordinado los esfuerzos de vinculación entre organizaciones diocesanas y eclesiales con la finalidad de responder a estos desafíos: “Generar espacios de encuentro, diálogo y trabajo con otros actores de la sociedad, para colaborar en la reconstrucción de la dignidad de las personas y el tejido social; dialogar y colaborar con la sociedad civil y con los organismos nacionales e internacionales para construir la paz; apoyar la fundación de centros de Derechos Humanos en las comunidades cristianas, de manera que se fortalezca el Estado de derecho; recibir con caridad, acompañar, defender los derechos e integrar a los migrantes; promover el liderazgo femenino; acompañar a los grupos vulnerables; y crear centros de apoyo para el desarrollo integral de las personas a través de la promoción económica para el trabajo comunitario y solidario”.

 

Miranda,  vincular los esfuerzos de toda la obra social e institucional católica

El tema urgente: migración

A lo largo de la semana, sin embargo, el tema que más ocupó las reflexiones y trabajos de los obispos de México fue el fenómeno migratorio, principalmente en  la frontera sur. Comenzó con una alerta del obispo de Tapachula, Jaime Calderón, el 28 de abril, donde señalaba una grave crisis de autoridad: “No vemos acciones claras de parte del gobierno mexicano para hacer frente y acompañar a las caravanas de migrantes. Permiten la entrada a los grupos extranjeros, los han vigilado, los acompañan en la carretera bajo el inclemente sol y luego los emboscan para llevarlos a la estación migratoria Siglo XXI. No les ofrecen un trato digno y humanitario. Ni siquiera respetan el mismo documento que les dan, donde les permiten el libre tránsito. Algunos migrantes llevan más de dos meses esperando sus papeles… la crisis de autoridad ha hecho que algunos se desesperen y asuman actitudes donde faltan a las leyes mexicanas y al sano respeto y convivencia”.

Calderón: “ambigüedad política afecta migrantes”

El lunes 29, encargados y agentes de la pastoral migratoria se reunieron con el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas Rodríguez, a quien se le planteó el drama migratorio y los problemas de abuso y engaño que sufren los extranjeros en el país. Los obispos confirmaron que pseudo agentes del Estado mexicano cobraron mil dólares por visa de tránsito falsa a un grupo de migrantes cubanos; y otro tipo de abusos.

Los obispos exigieron al gobierno federal una política migratoria clara, sin ingenuidad y sin ambigüedad, “porque nos parece que el ofrecimiento de trabajo no es tan real; la gente misma lo evidencia […] se ha hablado de una política de puertas abiertas pero constatamos algo diferente”, reclama el obispo Calderón.

Finalmente, los obispos de México adelantaron que los 500 mil dólares donados por el papa Francisco para la asistencia de los migrantes centroamericanos están en un proceso de asignación a proyectos humanitarios, de acuerdo a necesidades y en cumplimiento con las instituciones hacendarias. Actualmente hay trece proyectos autorizados para que se ejecuten en favor de obras sociales que ayudan a migrantes en su paso por México. Los centros o proyectos que recibirán parte del donativo pontificio son las diócesis de Cuautitlán, Nogales, Mazatlán, Querétaro, San Andrés Tuxtla, Nuevo Laredo, Tijuana y Tapachula. También se apoyarán proyectos de las Hermanas Josefinas, la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María; y las religiosas Scalabrinianas. Aunque aún hay otra docena de proyectos en evaluación.

@monroyfelipe

Laicismo sin superioridad y derechos humanos plenos

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La creciente tasa de incidentes violentos y criminales contra ministros de culto en el país hace imperante un debate sobre reformas profundas al régimen de Asociaciones Religiosas vigente y una reflexión sobre el cuidado de los derechos humanos de estos olvidados líderes comunitarios. Esta es la lectura que hizo la diputada federal, Graciela Zavaleta, en el marco de la presentación del documental “Tragedia y Crisol del Sacerdocio en México”, realizado por el Centro Católico Multimedial en el Palacio Legislativo.
El documental, producido por el sacerdote paulino Omar Sotelo Aguilar, presenta las voces e historias de más de medio centenar de agresiones criminales contra ministros de culto en la última década en el país; y, para la legisladora Zavaleta, es una evidencia de la necesidad de reflexión sobre el cuidado que el Estado provee a los derechos humanos de este colectivo ciudadano.
Un tema muy pocas veces abordado desde la esfera pública nacional debido a lecturas institucionales de laicismo que invisibilizan al colectivo de ministros de culto. Los delitos contra sacerdotes, líderes religiosos y agresiones a templos se han multiplicado exponencialmente (de tres o cuatro casos por sexenio pasamos a más de 25) y, según constata Sotelo Aguilar, la gran mayoría de estos casos quedan en la sombra de la impunidad o peor, en el olvido.
Los realizadores del documental, los políticos o los representantes de la Iglesia en México no olvidan que el país se encuentra en una descomposición social alarmante que provoca miles de muertes violentas prácticamente en todos los estados y a los sectores vulnerables más diversos; pero destacan que el colectivo de ministros de culto prácticamente ha sido omitido de la procuración de sus derechos humanos.
Son interesantes de reflexión las palabras de la legisladora Zavaleta: “[Se trata de] los derechos humanos de un sector social que prácticamente está en las sombras; son pocos los estudios que abonan al conocimiento del estado de vulnerabilidad de este sector social particularmente por el trabajo que desarrollan acompañando comunidades y pueblos cuando la autoridad está ausente y los grupos criminales pretender sustraerse al imperio de la ley que nos hemos dado”.
Para la diputada, los ministros de culto suelen ser “factor de estabilidad en comunidades golpeadas por la violencia” y por ello los atentados contra éstos, desestabilizan la paz: “El homicidio de cualquier ministro de culto toca fatalmente a sus comunidades… no son hechos de efectos aislados, repercuten socialmente”.
La presentación del documental en el palacio legislativo también fue la oportunidad para que, en nombre de la Iglesia católica de México, se hiciera un reconocimiento de que, en la historia de la humanidad, “no siempre fue claro para las diferentes culturas y sociedades que todo miembro de la especie humana es persona y que posee una altísima dignidad, y que ella se desprenden todos los derechos humanos”.
El obispo Alfonso Miranda Guardiola, secretario general del Episcopado Mexicano, admite que la propia Iglesia Católica “ha vivido sus propias conquistas, omisiones y negaciones en referencia a los derechos humanos”; pero que, gracias a muchos testimonios y reflexiones históricas de personajes cristianos, hoy hay un abierto compromiso por la promoción y defensa de los derechos de todas las personas: “Hay un llamado a contribuir con coraje y determinación a respetar los derechos fundamentales de cada persona, especialmente de las personas ‘invisibles’ que viven en los márgenes de la sociedad o son descartados”.
De hecho, en la actualidad operan en el país veinte Centros de Derechos Humanos y más de 2 mil 466 obras sociales patrocinados y operados por la Iglesia católica. Y se planea poner en marcha un plan de Construcción de Paz con el que la Iglesia quiere colaborar al Plan Nacional de Paz y Seguridad del gobierno federal, a través de espacios de encuentro para colaborar en la reconstrucción de la dignidad de las personas, del diálogo con la sociedad civil, del fortalecimiento de centros de derechos humanos, la asistencia a personas vulnerables, la promoción del liderazgo femenino y el fomento al desarrollo integral de las comunidades.
Es un trabajo que ya ha comenzado el arzobispo de Morelia, vicepresidente de la CEM y responsable de coordinar los trabajos desde la Iglesia para la pacificación en México, Carlos Garfias Merlos: “Implementar el Proyecto Integral para la Construcción de Paz es sumarse a los esfuerzos del Plan Nacional presentado por el presidente López Obrador… la realización es a través de tres líneas de acción: Atención y acompañamiento a víctimas de la violencia; capacitación, prevención y dignificación de la persona; y la vinculación interinstitucional para mayor impacto social”.
Pero, todos estos proyectos podrían estar aún más vulnerables si las instituciones civiles no participan bajo principios de laicidad positiva y respeto a los derechos humanos de los propios ministros de culto: “Estaríamos en una situación grave de discriminación teniendo a ciudadanos de segunda”, como señala la diputada Zavaleta.
“Se trata exclusivamente de la defensa y promoción de los derechos humanos: Hoy los ministros de culto se convierten en blanco de la violencia por ser incómodos estabilizadores de comunidades y procuradores de la paz”, explica la legisladora y urge a revisar la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público promulgada en 1992 y desfasada tras las reformas constitucionales del 2011 con la garantía de la libertad de religión y la declaratoria del Estado laico.
De este modo, el documental del Centro Católico Multimedial sobre la violencia contra ministros de culto en México aporta dos reflexiones necesarias en la inflexión histórica de la Cuarta Transformación de la vida pública del país: una laicidad moderna y positiva que garantice los derechos humanos de un colectivo social cuyo compromiso es contrubuir a la pacificación de los pueblos. “La violencia en México es una batalla enorme y fuerte; pero no es un reto indabatible. Sólo si el enemigo nos encuentra divididos, caeremos uno a uno”, sintetiza el sacerdote Sotelo Aguilar.
El arte y el periodismo pueden y quizá deban provocar reflexiones sobre nuestra realidad y contexto; en ello radica el potencial del documental sobre crímenes contra ministros de culto: ofrece lecturas sobre lo que se ha dejado de trabajar en conjunto con las Asociaciones Religiosas en materia de construcción de paz debido a extremismos antirreligiosos y también visibiliza las graves omisiones cometidas desde las instituciones sobre los crímenes contra líderes religiosos y comunitarios.

Se trata, por tanto, de reflexionar en la construcción de un Estado en el que se superen las visiones políticas o moralizantes del laicismo o de la laicidad. Se requiere un Estado que viva la laicidad sin la superioridad moral de una confesión religiosa o de un humanismo sin religión; un Estado en el que los derechos humanos fundamentales sean garantizados para todos sus ciudadanos, sus habitantes, migrantes y refugiados. La justicia y la alteridad que pueden recomponer el tejido social y el funcionamiento de las instituciones.

Por último hay que señalar un último logro de este documental. Es la primera vez que en el recinto legislativo federal convergen constructores de leyes, sociedad civil, líderes religiosos y representantes de los tres niveles de gobierno que estarían involucrados en las reformas necesarias para lograr una participación colectiva, ciudadana y plural contra las violencias.
Al evento asistieron representantes de la Secretaría de Gobernación: el director de Asociaciones Religiosas, Héctor Miranda Anzá; el director de Diseño de Construcción de Paz, Fernando Villalovs; y el director de Ministros de Culto, Jorge Basaldúa. Por parte de la Mesa Directiva de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el vicepresidente y arzobispo de Morelia, Carlos Garfias; y el secretario general, obispo Alfonso Miranda. También estuvieron presentes los representantes estatales de Morelos y Veracruz de las unidades de Asuntos Religiosos: Luis Héctor Herrera y Sergio Ulises Montes, respectivamente.

 

@monroyfelipe

Humillarse ante el humilde

La actitud del papa Francisco al retirar repetidamente la mano a los fieles del santuario de Loreto que intentaban besar el llamado “anillo del pescador” provocó un sinfín de reacciones entre los creyentes y los analistas de gestos pontificales. Es cierto que el pontífice argentino ha desmontado una infinidad de prácticas pseudoprotocolares que aceraron la corte vaticana; pero en el camino se ha ganado también no pocas críticas.
En general, varios sectores sociales -principalmente motivados por los medios de comunicación- han mostrado una gran aceptación a la actitud del pontífice al rechazar todo aquello que tenga filones palatinos o suntuosos. Incluso se ha interpretado como una vuelta orgánica a la cristiandad más ancestral: más horizontal que jerárquica, más servidora que ritualista, más compasiva que reglamentaria. Y, aunque exista todavía una distancia inmensa, todos los pontífices del siglo XX y XXI han dejado detrás algunos excesos del boato.
Francisco, por ejemplo, ha dejado atrás las zapatillas carmines, el anillo y pectoral de oro, la estola bordada y la muceta de terciopelo; pero sus predecesores ya habían dejado en desuso la silla gestatoria, el fanón, el camauro, el sombrero de teja y, notablemente, la tiara pontificia.
Y, sin embargo, hay algo raro en el video que se convirtió en noticia internacional donde Jorge Bergoglio retira con cierta dureza su mano mientras sonríe y hace pasar rápido a unos fieles y miembros del Santuario della Santa Casa di Loreto frente a un también inmutablemente feliz arzobispo. Es cierto que Francisco de manera reiterada ha evitado algunas formas exageradas del tradicional “besamanos” pero no se puede dejar de sentir compasión por esos fieles que pasan por ese errático y trastabillante saludo y que son despedidos por una sutil palmada en el codo para desalojar la fila.
No se puede ser tan severos con los fieles que buscaban el ‘baciamano’ pontifical. Aún hoy en varias delegaciones diplomáticas se explica que, como parte del ceremonial y protocolo, los católicos están obligados a besar el anillo papal en el saludo al pontífice. Hay también reglas para el color de la indumentaria de las esposas de los mandatarios, los hábitos de los clérigos y hasta para el conteo de segundos con los que puede pasar el pontífice tras un saludo. Así que no se puede juzgar a los fieles por inclinarse o arrodillarse ante el Sumo Pontífice.
La gente sencilla suele ser espontánea. Suele también seguir las exageraciones de los de adelante o de los ‘enterados’. Pero antes de despacharlos con rudeza, es preferible aprovechar la oportunidad para que mutuamente se pueda aprender una lección.
En mi experiencia con la Iglesia mexicana ha sido muy común ver que los obispos acepan (y hasta soporten) los gestos más inverosímiles de su grey, incluso los que les incomodan o les causan no pocos problemas. Por ejemplo, en una ocasión, cierto prelado respondió con honestidad a la pregunta de un feligrés sobre su platillo favorito. La respuesta corrió como pólvora y, todavía años más tarde de ese episodio, el obispo no puede acudir a una celebración popular donde no le sirvan ese plato, que la fuerza de repetición ha convertido casi en una tortura. Él, sin embargo, siempre agradece el gesto de la gente.
Otra anécdota con comida sucedió a un cardenal. Como primer platillo se sirvió una sopa fría de tal sazón que algunos comensales devolvieron en sus servilletas el primer sorbo que dieron. El cardenal, sin embargo, terminó sus alimentos sin hacer un gesto; al finalizar el banquete se levantó, agradeció la comida, saludó a los cocineros y en el rostro de estos últimos se veía la simple alegría.
A veces, la gente entiende. Quizá el ceremoniero debió recordar a los fieles que el Papa se siente incómodo con el besamanos y nos ahorrábamos las imágenes tan raras. Pero, a veces, la gente no entiende y entonces hay que mostrar mucha compasión con quienes desde su humildad caen en exageraciones. Y entonces es preciso humillarse ante la simpleza del humilde. Lo dijo el propio Francisco en enero del 2018: “Si no sabes vivir una humillación, tú no eres humilde. Esta es la regla de oro: No hay verdadera humildad sin humillación”.
Y, por cierto, a propósito de affaires internacionales: pedir perdón y saber perdonar son inmensos gestos del alma, son liberadores por su generosidad y magnánimos por su humildad.
@monroyfelipe

La cumbre no es el final, apenas abre camino

La cumbre antipederastia convocada por el papa Francisco ha sido, sin lugar a dudas, la audacia más trascendente del pontificado de este pastor latinoamericano. Lo que es decir mucho puesto que Bergoglio llegó a la cátedra de San Pedro con una inmensa reserva de gestos, reformas y transformaciones discursivas para el seno de la Iglesia católica.

Con esta cumbre, los abusos sexuales contra menores o adultos en condición de vulnerabilidad dejaron de ser tema episódico de cierta frecuencia que escandalizaban más o menos a las sociedad para convertirse en parte de una conciencia transgeneracional de los católicos. Las historias están allí aunque por mucho tiempo fueron desoídas y también los casos aunque se hayan archivado en burocráticas actitudes; ahora hay toda una oportunidad para que, recuperando el centro del mensaje cristiano, se abrace a los heridos y despojados bajo la confianza de que Dios acompaña a la humanidad incluso cuando los cimientos de la tierra estén abrasados hasta el tuétano.

La cumbre -se sabía también- no podía quedarse en circunloquios perfectos tras los controlados muros de la diplomacia. Al igual que se comanda la prédica del Evangelio, en lo alto y en las calles, no había otra manera de mirar y atender a este mal y al efecto de sus crímenes sino bajo el escrutinio de la ‘polis’, de los ciudadanos, los medios de comunicación, las autoridades de los pueblos e, incluso, a pesar de la comprensible resistencia de quienes se busca ayudar.

A lo largo de las sesiones, la cumbre nos ha recordado que el dolor se reparte sin avaricia y nos ha mostrado lo difícil que es abajarse del empíreo de las certezas para situarse junto al error y conducirlo (conducirnos) hacia la verdad.

No pocos delegados de esta cumbre quisieron llegar a Roma con parte de la difícil tarea ya hecha en sus países para afrontar, castigar y prevenir los casos de abuso sexual contra menores o encubrimiento cometidos por sacerdotes y obispos: protocolos más o menos afinados, diálogo con las víctimas, transparencia de gestión, apertura de archivos privados, etcétera; pero la misma cumbre mostró que esto no es el final del camino. Para una institución que tiene la confianza puesta en la perenne presencia y asistencia del Espíritu Santo, este punto de los acontecimientos abre ruta en la historia misma de la salvación.

La cumbre, inaugurada por la estremecedora frase “el santo pueblo de Dios nos mira”, ha expuesto sin reservas los horrores que tanto dolor costó evidenciarlos, que tanto ahínco se puso desde las instituciones eclesiales acallar y minimizar. Ahora, el pueblo santo militante, purgante y triunfante de Dios mira esta inflexión en un largo y oscuro contexto de ocultamiento y simulación; clama porque se concrete una profunda transformación de la comunidad cristiana y, como hizo en el pasado, transforme también el mundo en el que vivimos.

@monroyfelipe

Abusos en la Iglesia, el nudo por desatar

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Dijo Orson Welles que, si deseamos tener un final feliz, eso dependerá del lugar donde detengamos la historia. Con el caso de los abusos sexuales cometidos por ministros o agentes de la Iglesia católica pasa algo semejante, el final de este terrible escándalo depende del sitio en el que pongamos la mirada.

A una semana de la cumbre mundial convocada por el papa Francisco en el Vaticano que reunirá a los presidentes de conferencias episcopales para abordar el tema de los abusos sexuales de la Iglesia católica; en México, el nudo dramático está aún lejos de haber sido resuelto.

Si bien es cierto que, en lo particular algunas diócesis mexicanas y congregaciones religiosas han realizado esfuerzos para atender, prevenir y resolver los casos de abuso sexual cometidos por miembros del clero; los mayores avances en esta materia se han dado en los últimos tres años y eso es lo que el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey, lleva en su valija para compartir con sus homólogos en la cumbre.

Ya se cuenta con protocolos muy claros de actuación para obispos o superiores de congregación cuando un caso de estos les hace crisis en las manos; hay un organismo de protección al menor (el Centro de Investigación Interdisciplinar para la Protección del Menor, CEPROME); hay organismos católicos cuyo principal esfuerzo es prevenir este crimen y certificar que colegios e instituciones eclesiales sean “espacios libres de agresión y abuso”; se han logrado diálogos y encuentros con víctimas y defensores de víctimas de abuso sexual y; de lo más radical, se han puesto las condiciones para que la propia Conferencia asuma facultades de acción e intervención en aquellos obispados cuyas autoridades se vean rebasadas para dar sano seguimiento a estos actos criminales.

Es un avance, sin duda alguna, que finalmente el episcopado mexicano tenga una idea del tamaño del problema de abuso sexual en los márgenes de las instituciones católicas del país. Por primera vez, desde los primeros escándalos en México, una autoridad eclesiástica expone un escenario con datos concretos sobre el fenómeno: 152 sacerdotes suspendidos del ministerio desde 2010 por casos de pederastia.

Para las autoridades eclesiásticas, el conocimiento real del problema es una tarea indispensable; incluso el arzobispo Cabrera López deja entrever que en la próxima cumbre el papa Francisco podría solicitar a cada país un centro de información general de lo que sucede en sus diócesis.

En el pasado, sólo las organizaciones de abogados representantes de víctimas de abuso sexual presentaban estimados del número de ministros religiosos culpables de estos delitos; muchas veces mal integradas o con evidentes faltas. En 2005, por ejemplo, la Red de Sobrevivientes de Abusos cometidos por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) afirmó que había 40 curas acusados de abuso sexual refugiados en México y en 2010, incrementó su lista a 65 ministros.

Ha sido, no obstante, la cooperación de la Nunciatura apostólica dirigida por el italiano Franco Coppola la que ayudó a la CEM a tener los datos de los 152 sacerdotes suspendidos pues, la sanción canónica exige que cada caso pase por la nunciatura para ser enviado al Vaticano, tanto a la Congregación para el Clero como en la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde se definen las sanciones de suspensión definitiva del ministerio a los sacerdotes hallados culpables de los delitos de abuso sexual.

Nos encontramos ante una apertura y transparencia inéditas tanto de la Nunciatura como de la Conferencia de Obispos. El propio arzobispo Cabrera López reafirma que la Iglesia católica tiene un deber con la sociedad para exponer con claridad cómo está el panorama real de abusos cometidos por sacerdotes.

Finalmente se ha desatado un gigantesco nudo de desconocimiento u ominoso silencio en la Iglesia católica mexicana sobre este terrible flagelo y, como apuntó Welles, podría ser un final satisfactorio si nos detenemos en este punto; sin embargo, el hilo narrativo ahora se extiende hacia otros complejos escenarios: ¿Qué sugerencias emitió la Nunciatura desde 2010 -por lo menos- a los obispos que suspendieron a sacerdotes por pederastia? ¿Cómo actuaron cada diócesis o congregación religiosa con los casos de abuso sexual? ¿En qué casos los culpables fueron llevados a la justicia civil, en cuáles no y por qué? ¿En qué casos se llegó a acuerdos económicos y cómo se ha procurado ‘reparar’ el daño a las víctimas? ¿Actuarán las diócesis mexicanas como lo han hecho episcopados en otras partes del mundo abriendo sus archivos al escrutinio público? ¿Cómo evitar el descrédito de aquellas iglesias particulares cuya actuación frente a estos casos fue, cuando menos, inhábil y, cuando más, cómplice?

Si nos detenemos justo detrás de los actos criminales poco podemos hacer para prevenir otras circunstancias futuras. Pero también se cae en el error cuando se detiene el relato en el momento en que la institución concreta protocolos anti-abusos, revela cifras y datos de agresiones, transparenta sus casos, reprende a sus victimarios o satisface las búsquedas de justicia solicitadas por las víctimas. Parece que todo se ha dicho y cumplido, pero corremos el riesgo de dejar todo en una compleja anécdota.

Lo mismo sucede en la sociedad. Quizá este largo y doloroso proceso para la Iglesia católica satisfaga en cierta medida la conciencia de la sociedad respecto a la cultura de abusos sexuales (la gran mayoría cometidos en el seno del hogar); pero si algo puede enseñar esta historia es que estos crímenes pueden decantar en más dolor o pueden construir en iluminación y crecimiento. Lo más importante no es quedarse en la atención de las crisis (que pueden ser más o menos cíclicas) sino en crear fuentes de formación y aprendizaje continuo, el establecimiento de medidas de prevención y de permanente evaluación y supervisión de los espacios de convivencia. Sí, de todos los espacios de convivencia social.

@monroyfelipe

Transfiguraciones republicanas

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Hay una monumental diferencia entre cerrar filas en apoyo a la administración de López Obrador y la exaltación hiperbólica de la persona del presidente de la República. Las palabras de Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, puede que hayan reflejado su sentimiento auténtico, pero no cabe duda fueron una desafortunada exageración místico-idílica del tabasqueño que a nadie sirve: ni al presidente, ni a sus aliados, ni al pueblo raso. Vaya, ni a sus opositores. Explico.

En el segundo día de la administración lopezobradorista, Muñoz Ledo escribió: “Confirmé que López Obrador ha tenido una transfiguración… se reveló como un personaje místico, un cruzado, un iluminado… un auténtico hijo laico de Dios”. Y la reacción no se hizo esperar. Los más críticos adelantan que es una especie de ‘endiosamiento’ de López, pero la mayoría coincide en que, por lo menos, esas expresiones traicionan los horizontes laicos de la República.

La ‘transfiguración’ proviene de los evangelios cristianos. Se da el nombre a este acontecimiento cuando Jesús, frente a tres de sus discípulos, cambia de apariencia y se revela en toda su divinidad: “El rostro de Jesús resplandeció como el sol, y sus prendas de vestir exteriores se hicieron esplendorosas como la luz”. En griego, la transfiguración es ‘metasquematizo’ y el término intenta explicar un cambio interno (imperceptible para los demás) y externo (evidente). La Transfiguración es una revelación de lo divino en Jesús, anticipa la gloria de su Resurrección, es la confirmación maravillosa de la revelación dada a los profetas y la promesa a los libertadores del pueblo de Dios y reafirma la confesión de su primer apóstol, Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Pues bien, Muñoz Ledo ha llamado “hijo laico de Dios” a López Obrador. Un estrafalario apelativo que, antes de ayudar a fortalecer un camino hacia la auténtica libertad religiosa bajo los criterios republicanos del Estado laico, revive viejos enconos ideológicos.

Si bien hay sectores que exigen laicismos antirreligiosos y hasta denigrantes a una ciudadanía mayoritariamente creyente; también hay otros sectores que desean instaurar criterios de credo religioso a instituciones cuya misión central es escuchar y atender sin distingo a toda persona independientemente de su religión.

Para muestra un botón: Luego que López Obrador recibiera los ritos de una ceremonia propia de los pueblos originarios en el Zócalo capitalino, comenzaron a publicarse alucinantes acusaciones de tinte fanático que afirmaron el presidente realizó una especie de “consagración demoniaca” a ídolos paganos.

Por desgracia, no extrañan este tipo de fanatismos. Frente a ellos también hay una actitud antirreligiosa que rechaza totalmente la plena y madura libertad religiosa. Que exige a los funcionarios vivir una esquizofrenia práctica de dejar guardada (bajo llave y con todos sus valores morales) su identidad religiosa en casa mientras en público asume una actitud ideologizada complaciente a la conveniencia del mercado, la dominación cultural o la corrección política.

Muñoz Ledo atiza esa incómoda hoguera de polarización. Nadie gana reviviendo ese conflicto entre los límites de las ideologías y los credos. En la rispidez de los argumentos se perderá la oportunidad de madurar como ciudadanía hacia una plena, responsable y consecuente libertad religiosa en el país. Volverán los señalamientos y las cacerías de brujas, la oposición acusará desde la pereza del calificativo fácil, los aliados responderán con pobreza de criterio o argumentos.

En síntesis: la ciudadanía se refugiaría en las certezas de su obcecación y no abrirá su criterio a la posibilidad de un diálogo franco que normalice y humanice la libertad religiosa con todas sus oportunidades, pero también con todas sus responsabilidades.

En todo caso, la transfiguración que etimológicamente explica un cambio interno tan poderoso que se hace evidente, no la necesita sólo el presidente sino la sociedad mexicana.

@monroyfelipe

 

Religión y política, lecturas transversales

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Antes de que concluya este trepidante año político, el antropólogo Elio Mansferrer nos propone una provocativa reflexión en el actual concierto nacional entorno a los sutiles vasos de comunicación entre las expresiones religiosas y los sentimientos políticos, así como el cada vez más complejo universo de asociaciones religiosas ante las instituciones civiles en el país: “El papel de lo religioso y lo simbólico fue muy importante en las definiciones electorales del 2018 debido al contexto de crisis social, política y económica de México”.

En su libro ‘Lo religioso dentro de lo político. Las elecciones de México 2018’, Mansferrer reúne una serie de reflexiones sobre el peso social que los diferentes fenómenos religiosos imprimen en la construcción de identidad política, organización ciudadana y búsquedas de bien social. Un tema que muchas veces se obvia en el contexto del análisis político o cultural de la sociedad mexicana o que, en todo caso, se limita a una serie de encuestas de opinión que cruzan variables de valores morales y opciones políticas.

Lo importante de la provocación de Mansferrer es la visibilización de un muy pequeño y especializado ejercicio de análisis y de información de los márgenes de las expresiones religiosas en México. En nuestro país, a diferencia de muchas otras naciones que comprenden la importancia de los fenómenos religiosos en la construcción de la identidad y las decisiones de la sociedad, la historia nos ha heredado una especie de mantra de ‘no ver, no oír ni comprender’ los profundos latidos de una población sumamente religiosa, así como sus implicaciones en los destinos culturales, sociales o políticos de la nación.

Las últimas “dos transformaciones” del país han atravesado por un doloroso procedimiento de separación artificial de la cualidad religiosa y ciudadana de los mexicanos. Si bien la Guerra de Reforma representó un conflicto político entre conservadores y liberales; fueron las instituciones religiosas las que en ese momento sacaron la peor parte del enfrentamiento (aunque a la luz de los avances sociales, queda claro que la separación de la Iglesia y el Estado es ideal para los países democráticos). Y la Revolución Mexicana, por su parte, devino en un conflicto de caudillos que en pos de lograr la institucionalidad nacional pasó por una sangrienta persecución, intolerancia y simulación religiosa. Esos escenarios propiciaron un estado de simulación y disociación entre las identidad religiosa e identidad cívica en los mexicanos, una especie de ‘esquizofrenia moral’ entre la vida pública y la vida privada de la ciudadanía.

Esta simulación (apenas con avances mínimos en 1992 con la ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público y las reformas constitucionales del 2011) ha evitado la creación de espacios de reflexión, información y análisis sobre la importancia de los fenómenos religiosos. En muchos de los medios de comunicación europeos, centroamericanos y sudamericanos, la dimensión social de la religión forma parte de sus secciones cotidianas de información; la antropología y sociología de las universidades favorece el estudio de los diferentes fenómenos religiosos más allá del folclore y sus expresiones de piedad; finalmente, los análisis de reacción entre votantes ante procesos electorales involucran variables que traspasan la identidad y la participación comunitaria de las convicciones religiosas de los ciudadanos.

México debe remover las telarañas jacobinas de su historia política para que existan más lecturas sobre las relaciones entre las instituciones sociales y las asociaciones religiosas, entre las construcciones de marcos legales y los sentimientos morales y espirituales de los ciudadanos. Debe actualizar sus marcos jurídicos para que la participación de las diferentes asociaciones religiosas en los procesos de construcción política y social no regatee la responsabilidad de los ministros de culto ni los mantenga en la condición de una ciudadanía disminuida en derechos y obligaciones.

Una de las grandes aportaciones de Mansferrer en su libro ‘Lo religioso dentro de lo político’ es la actualización sociológica de la importancia de las confesiones cristianas, evangélicas, pentecostales y neopentecostales en el país. Es una lástima que para el análisis religioso, antropológico o político de México se siga considerando que ‘los cristianos’ forman una maraña de incognosibles fronteras. La identidad de los fieles cristianos no católicos romanos es casi un enigma para nuestra conciencia social, incluso para los propios fieles que suelen conocer poco de su ubicación en el extenso mapa de la cristiandad histórica y geográfica.

Si acaso necesitara una crítica constructiva este ejercicio reflexivo de Mansferrer sería la obsesión del antropólogo por demostrar la caída en picada no sólo de la feligresía católica sino de la propia credibilidad de la institución. Es un hecho que, año con año, el descenso de los declarantes de su catolicidad en México se refleja en los ejercicios estadísticos y, sin hacer muchos vaticinios, es altamente probable que el Censo de población y Vivienda 2020 recoja esta tendencia.

Sin embargo, el antropólogo señala que incluso esos datos “no son creíbles”; además apunta que la jerarquía católica “infla” cifras de sus sacramentos católicos y pone un ejemplo: “En la Ciudad de México hay una notable inflación de cifras de bautismos en por lo menos siete años de la serie reportada… estimamos que se han inflado pues resulta poco probable que se puedan bautizar más niños de los que nacieron en ese periodo”. Sin censurar su razonamiento, es claro que el fenómeno religioso requiere una mirada más cercana con la realidad, al pie de los creyentes y no creyentes, porque de lo contrario las cifras pueden engañar a la mente.

Retomo el ejemplo del investigador y sugiero una mirada antropológica: Tan sólo por los registros de edad del bautisterio de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, resulta evidente que cada vez menos familias bautizan a los hijos de manera inmediata al nacimiento. Los bautizados tienen más de uno o dos años cuando son presentados al sacramento. Y un dato más, muchos menores bautizados en la Ciudad de México no nacieron allí, son originarios del Estado de México (de alguno de los muchos municipios de la megalópolis) u otra entidad. Viven en periferias, pero se ven obligados a integrarse a la vida económica, educativa y social como los 1.6 millones de mexiquenses que cruzan diariamente las fronteras físicas y simbólicas de la Ciudad de México. De esta manera es posible explicarnos las cuentas que plantea el investigador.

Sirva este ejemplo para reforzar la tesis del propio Mansferrer que comparto extensamente: “Lo religioso sigue teniendo un papel significativo en la vida social y política en México”. Hace falta que promovamos la información, el trabajo a ras de suelo e investigación de campo sobre los fenómenos religiosos en el país para integrarlos en análisis más certeros de nuestra realidad y nuestros horizontes civilizatorios.

@monroyfelipe