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Francisco nombra cinco cardenales para repensar la humildad

berretta anelloNo se puede ser más directo. El mensaje enviado por el papa Francisco con la sorpresiva creación de cinco cardenales este 21 de mayo es repensar la humildad que deben exigirse todas las estructuras católicas, incluida aquella compuesta por quienes la tradición ha llamado “los príncipes de la Iglesia”.

Vamos por partes. En principio, el Colegio de Cardenales es una estructura exclusivamente al servicio del Papa. Al leer detalladamente los diez artículos del Código de Derecho Canónico que explican su conformación y su horizonte de funciones es claro que pertenecer a dicho colegio implica más una serie de servicios, responsabilidades y obligaciones, pero realmente pocos privilegios. Es más, las ‘potestades’ conferidas están pensadas básicamente para dar servicios especiales al Papa, como aquella de estar exentos a la potestad de los obispos cuando se encuentran en territorio de estos (un obispo o sacerdote, por el contrario, al estar en territorio de otro obispo debe respetar y someterse al régimen del titular territorial; regulación a la que no están sujetos los cardenales).

Sin embargo, la singularidad de los servicios (como el elegir de entre ellos al Papa) y estos particulares privilegios canónicos crearon, entre la grey y la cultura occidental, una idea casi absoluta sobre los cardenales: su dignidad púrpura representa el más alto escalafón de privilegio en la estructura católica y, por ello, sus miembros debían provenir de diócesis de abolengo, de grandes urbes, de gran notoriedad internacional.

Bien dicen que en la cuna se bebe la tradición; y para la Iglesia católica, la tradición de la cuna cardenalicia parecía inalterable. Las reglas no escritas para integrar a los purpurados del Papa parecían ley absoluta en la práctica; tanto, que prácticamente había una ruta indispensable que debían cumplir los ministros antes de elegidos: la cercanía con Roma (por vecindad o formación), donaire en los ministerios asignados y, principalmente, la fuerte representación de una sede metropolitana, patriarcado o  linaje histórico que los respaldara.

Pero Jorge Mario Bergoglio dio muestras de un cambio sustancial desde los primeros cardenales que creó en 2014: obispos de las periferias no de las grandes ciudades económicas y políticas del mundo; pastores de comunidades católicas del hemisferio sur y de las tierras que, alguna vez, fueron arrasadas por el colonialismo europeo en África, Asia, Centroamérica o el Caribe.

El papa Francisco inició una tendencia para elegir cardenales de los rincones menos esperados del orbe: países que la mayoría de la gente desconoce siquiera dónde se encuentran, localidades sin prosapia ni poderío de ninguna especie, comunidades católicas que nunca hubieron tenido un cardenal y nunca lo hubieron imaginado. Pero, a juicio del pontífice, lugares cuyo ejemplo de vitalidad cristiana algo tiene que decirle al mundo y al avejentado corazón romano.

Los últimos cinco purpurados de Bergoglio continúan esta lógica: El Salvador, Suecia, Mali y Laos nunca hubieran pensado que uno de los suyos les representara en el exclusivo colegio de cardenales. Pero hay que detenerse un poco en el especial caso de Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, quien el próximo 28 de junio recibirá el birrete cardenalicio.

Es un tremendo cambio de paradigma que un obispo auxiliar (no un obispo residencial ni un arzobispo ni un metropolitano) sea elevado a cardenal porque su nombramiento exige una serie de enormes actos de humildad y fraternidad. El primero, de José Luis Escobar Alas, el arzobispo de San Salvador, está obligado a mostrar una humildad tremenda al abrazar y respetar a su propio auxiliar como un cardenal de mayor rango en la Iglesia universal; pero también, Rosa Chávez, deberá mantener, a pesar de su altísimo cardenalato, una humildad ejemplar para continuar en fraterno servicio al arzobispo que sigue siendo el responsable del gobierno de la diócesis salvadoreña.

La “ejemplar humildad” es el mensaje que Francisco envía con claridad meridiana al colegio cardenalicio, a sus primeros consejeros, al grupo de hombres que elegirán al próximo pontífice, pero también a todas las estructuras de la Iglesia católica, desde las más encumbradas hasta las más débiles y mínimas. Diría el genial Miguel de Cervantes: “Tú sabes que la humildad es la base y fundamento de todas virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea. Ella allana inconvenientes, vence dificultades, y es un medio que siempre a gloriosos fines nos conduce; de los enemigos hace amigos, templa la cólera de los airados y menoscaba la arrogancia de los soberbios; es madre de la modestia y hermana de la templanza; en fin, con ella no pueden atravesar triunfo que les sea de provecho los vicios, porque en su blandura y mansedumbre se embotan y despuntan las flechas de los pecados”.

@monroyfelipe

El verdadero riesgo del silenciar a la prensa

415_OldGenerals_detail_webAnte el sexto asesinato de un colega periodista en el año, me atrevo a parafrasear a José Emilio Pacheco: “Si ellos vivieron nuestras posibles muertes, correspondamos a tanta gentileza tratando de escribir las páginas que aquellos no tuvieron tiempo de escribir”. El artero crimen contra Javier Valdez provoca en el gremio la sensación de haber descendido más en un pantano de horrible incertidumbre; no sólo por pensar en las vidas que se arriesgan en cada jornada, sino por el destino de este oficio y profesión cuyo único fin es servir como intermediación entre la sociedad y la construcción de su identidad.

Que el ejercicio del periodismo esté amenazado de muerte cada día en México debería ser suficientemente grave para cuestionar el rumbo del país, pero hay que apuntar (el oficio exige que no miremos sólo nuestras heridas) que la devastación de los hijos de esta nación alcanza a todos los rincones, primordialmente a las estructuras intermedias: familias, escuelas y universidades, pequeños negocios, asociaciones comunitarias como organizaciones de participación social o iglesias.

Hemos llegado al punto en que el seguimiento a la numeralia de la muerte en México se ha tornado irrelevante. Con metodología correcta o no, la evidencia expuesta por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos que coloca a nuestro país como un territorio de conflicto donde la muerte violenta y la desaparición forzada son más que una cuestión de probabilidad, es simplemente inapelable. Olvidando los números, resulta estremecedor que México comparta, en las muestras, los mismos niveles de muerte que países donde tres o hasta cinco ejércitos fuertemente patrocinados crean desolación a través de salvajes incursiones militares.

Y provoca escalofrío que los periodistas silenciados, quienes se esfuerzan en informar de este panorama, compartan el mismo destino de las víctimas a quienes en principio se les intentó dar voz. Porque la aniquilación de la oportunidad para comunicar, la imposición del silencio, es el signo inequívoco de una dictadura en construcción.

Me viene a la mente una historia que explica esto: En la recepción de una oficina que defiende los derechos humanos hay un cuadro de absoluto color negro con una descripción al calce que cuenta la historia de aquel hombre que debía decir que el cuadro era color blanco por ‘sugerencia’ de aquel que detentaba el poder. El hombre veía paulatinamente cómo sus compañeros de trabajo, sus amigos y familiares cedían a la invitación de los poderosos y le pedían (casi le suplicaban) que aceptara que el cuadro era blanco. Pero él continuó diciendo que el cuadro negro, era negro. Primero el hombre perdió su trabajo y a muchos de sus amigos; más tarde recibió visitas muy incómodas en su casa ‘por error’ hasta que terminó perdiendo a su familia y su casa. Para él, la imagen en el cuadro seguía siendo negra aunque de manera inexplicable recibiera golpizas y amenazas de muerte de manera casi aleatoria; seguía siendo negra aunque el llanto de su mujer y sus hijos desde el exilio le tentaran a ceder. El cuadro, para él, continuó siendo de color negro todos los años que pasó en la cárcel  y, en medio de la tortura, quiso decir que era blanco pero sabía que aquello ya había dejado de tener sentido. Cuando fue liberado, llegó a creer que estaba loco porque afuera, todos los libres, los intelectuales, los medios de comunicación, los colegios y universidades, hasta algunos de sus viejos cómplices que en voz baja habían dicho en el pasado que sabían que el cuadro era negro, afirmaban ahora que el cuadro siempre había sido blanco.

La moraleja de este relato es que el drama de este hombre en medio de una terrible dictadura (que puede ser cualquier hombre y la dictadura, cualquier presión de poder) pudo haberse perdido absolutamente, desaparecido de la faz de la tierra y de la Historia, pero alguien la contó, alguien recogió de él o de un tercero el testimonio y lo publicó; lo divulgó y por eso es que ahora lo conocemos. Esa es una de las muchas funciones del verdadero periodismo: dar voz a quienes fueron callados sistemáticamente.

Así que, si han querido callar a catorce periodistas en los últimos doce meses, aquí estaremos los que escribiremos las páginas que ellos no pudieron escribir, que no les dejaron escribir, y optaremos por el color que mejor refleje la verdad.

@monroyfelipe

¿Cree que se pongan interesantes (ahora sí) las elecciones en el Edomex?

elecciones_Edomex-700x443Esta semana fueron publicados dos datos casi imperceptibles sobre las campañas electorales que suceden ahora en el Estado de México: que de los 10 mil mexiquenses con credencial para votar residentes en el extranjero, sólo 118 han mostrado interés para elegir al próximo gobernador (en comparación con los 4 mil que votaron por el presidente en 2012); y que el Instituto Electoral del Estado de México ha difundido menos spots para incentivar al voto que los emitidos por el Tribunal Electoral para recordar que son la instancia donde se dirimirán los anticipados conflictos por gastos de campaña y prácticas ilícitas en la que incurran los partidos políticos.

Es decir, no sólo no parece remontar el interés de la ciudadanía (el abstencionismo en 2011 de la misma elección rondó el 57%) sino que todos se empeñan en desanimarla a toda costa. Comenzando por los perfiles y los estilos de campaña de los candidatos: fuera de tono, reciclados, repetitivos, poco creativos, con guiones y estrategias predecibles y cuestionables. Cada uno defiende lo suyo, no arriesgan, no ceden. Y, si no lo están pensando aún, deberían saber que la única manera de cambiar este marasmo es dar un sólido golpe de timón.

En el fondo el principal problema hasta ahora es la construcción de una narrativa de interés para el ciudadano respecto a lo que realmente representa y significa el proceso electoral del Estado de México para el destino del país. Los partidos políticos lo saben con claridad: el triunfo de esta zona del país representa el control económico de un sinnúmero de puestos burocráticos para fondear la campaña presidencial del 2018, el hacerse de una maquinaria de operación política indispensable para controlar a ras de suelo diversas estrategias de movilización, reclutamiento y andamiaje electoral; y un nuevo grupo de operarios protegidos bajo los fueros del poder para arriesgar lo menos posible cada paso en la frontera de lo legal que se haga para alcanzar la próxima sucesión presidencial. Pero, ¿será igual de importante para el ciudadano mexiquense?

Hace falta que los candidatos y sus partidos (en lo singular o a través de decisiones conjuntas que aún no se revelan del todo) definan con claridad quiénes son protagonistas y quiénes antagonistas en esta narrativa por el poder. Han gastado demasiado tiempo en ubicarse en el mismo lado del acontecimiento: ser cada uno la opción y hacer saber por qué sus contrincantes no lo son. En esas dos ideas se resumen sus campañas pero ni una de las casi 17 millones de personas que habitan el Estado de México, figura en sus estrategias.

Lo que se ha visto en los debates, por ejemplo, es el intento de cada uno de los candidatos por construir la idea de ser protagonistas (ellos los buenos; el resto, los malos) y por ello enfilan sus argumentos para insistir en el mucho bien que ellos mismos han hecho y el mucho mal que sus adversarios podrían seguir haciendo. ¿Pero quiénes son entonces ‘los ciudadanos’ o ‘los electores’ para ellos? ¿En dónde participan de esa narración?

Si alguno de los candidatos quiere resolver el atolladero y la falta de interés popular en los que se encuentra esta elección (o cualquiera de las siguientes) debe reconocer que el protagonista no es él, sino la ciudadanía. Debe hacer de tripas corazón y, con humildad, dar espacio a la realidad.

Y para lograr el interés del respetable y del electorado hace falta definir perfectamente al antagonista: a esa persona, acontecimiento o grupo político que realmente hace una excepcional oposición a las debilidades de los protagonistas, que los interpele y los empuje a tomar decisiones muy difíciles (como perder las prebendas cíclicas de compra de conciencias).

Los partidos enfrascados en esta batalla deben preguntarse cuáles son los verdaderos detonantes de acción para los ciudadanos porque, quién sabe, quizá con el papel de antagonista podrían lograr más de lo que creen.

@monroyfelipe

Guardianes: la apuesta rusa por un blockbuster

movie_the-guardians-2017Está en cartelera en México la película rusa Guardianes. Una superproducción estilo blockbuster que trata de (tomen aire para continuar): unos súper humanos genéticamente mejorados  como resultado de investigaciones experimentales realizados por una oscura agencia secreta de seguridad en tiempos de la Guerra Fría que son reunidos en el caótico siglo XXI para enfrentar una nueva amenaza tecno-mística encarnada en un perturbado científico loco, excolaborador de la agencia quién ahora tiene el poder de operar y manipular todo tipo de maquinaria mecánica, eléctrica o electrónica y que decide, de buenas a primeras, destruir la tierra.

Es, para decirlo en castellano, una monstruosa amalgama de todas las películas de los exitosos Universos Cinematográficos de Marvel y DC, salpimentada con tintura melodramática de guiones como LEGO o Pixar pero soportada en el mito que la Internet ha llevado a todo el orbe: los rusos son más rudos que el remache de la coraza en un submarino nuclear.

La producción dirigida por el ruso-armenio Sarik Andreasyan es un guiño al creciente mercado ruso utilizando la misma fórmula de patriótica heroicidad sobrehumana de los filmes norteamericanos; sin embargo, es tan forzado el tratamiento que se convierte rápido en parodia, más como un símil de los mockbusters de Bollywood (el Hollywood de la India).

IMG_6349Algo que sí comprendió muy bien Andreasyan del éxito de las películas norteamericanas y se aventuró a intentarlo en Guardianes es la intertextualidad que los objetos de la película tienen para la audiencia rusa de la generación del Glasnot y la Perestroika para acá. Es decir, así como la gente conectó emocionalmente con la película Star Wars VIII al reconocer las pistas nostálgicas de un Halcón Milenario abandonado en el desierto, Han Solo y Chewbacca, treinta años después; el director de Guardianes quería que sus héroes (y sus poderes) se identificaran con la cultura ecléctica de fin de siglo ruso: el estilo monacal de un católico ortodoxo, la generosidad vital de las rocas (más bien piedras por aludir a Petersburgo), el nagyka –látigo típico de los cosacos-, un feroz (pero enamorado) oso pardo armado hasta los dientes, la fortaleza y agilidad de las proezas gimnásticas; y, finalmente, la sensible belleza del Volga o el Neva.

No obstante, los huecos narrativos y los continuos caprichos ex machina son casi insultantes para el espectador y solo gracias al nulo desarrollo de los personajes es que no debemos preocuparnos por las actuaciones. Quizá por los diálogos, que guardan una mayúscula cursilería falsamente contenida solo vista en las piezas teatrales de la zarina Catalina II en el siglo XVIII.

IMG_6350En el área técnica hay que reconocer que compite con decoro a las películas norteamericanas de Transformers o Batman vs Superman; ya que es un mínimo para conectar con audiencias juveniles acostumbradas a la velocidad, el impacto y la alta definición de lo imposible. Así que tanto la fotografía como las imágenes generadas por computadora, los efectos de sonido y la postproducción, cumplen positivamente el trabajo; pero ni la locura saturada de resplandores a lo Zack Snyder ni los trucos para dramatizar las proezas sobrehumanas (¿mutantes, metahumanas?) de los protagonistas ayudan a que funcione la receta Avengers cocinada en un perol ruso.

Creo, finalmente, que no hay otra manera de ver este film; si usted ha de atreverse a verla, le recomiendo que sea a lo ruso.

@monroyfelipe

La caída de WhatsApp nos recuerda que debemos mirar lejos pero actuar de inmediato

No es la primera vez que al WhatsApp ‘se le cae el sistema’. En febrero del 2014 se fue el servicio por cuatro horas a un universo de 4.5 millones de usuarios; pero la caída de tres horas el pasado 3 de mayo simplemente volvió loco al mundo. La explicación razonable de tal efecto sería porque este servicio de mensajería instantánea hoy es utilizado por más de mil millones de usuarios.En este momento hay millones de negocios, empresas y organizaciones sociales cuyo modelo de comunicación es casi exclusivamente el WhatsApp. Que este servicio tenga fallas no debería sorprendernos; lo que debe inquietarnos es el pánico que provoca entre sus usuarios la posibilidad de no contar nuevamente con esta aplicación. Pongo un ejemplo: Una mujer emprendedora que hace comida para empleados de oficina en la Ciudad de México me aseguró que sus ventas se desplomaron durante la caída de WhatsApp porque ella implementó un servicio a domicilio soportado en dicha mensajería.

¿Y si no hubiera vuelto a funcionar el sistema? ¿Qué habría hecho esta microempresaria? Y si mañana o pasado mañana vuelve a caerse el WhatsApp, ¿se resignará a que su negocio pierda de nuevo? ¿Cuándo es buen momento para mirar al futuro, poner la mirada en el horizonte de lo posible, y cuándo es imprescindible atender lo más próximo para sortear las amenazas inmediatas?

¿Se ha preguntado usted dónde y cómo encontraría información si Google dejara de existir? ¿Lo haría “a la antigüita”? ¿O quizá piense que, de una u otra forma, encontraría una nueva idea, inédita y revolucionaria, para hacer mejor (mucho mejor) lo que Google ya hace hoy?

Quizá haya escuchado aquella canción de Silvio Rodríguez sobre esos Tres Hermanos que salieron “a descubrir y a fundar” cada uno con su propia estrategia: uno miró el horizonte; el otro, dónde ponía el pié y el tercero, que torció los ojos mitad y mitad. Y, dice la fábula: se hicieron viejos queriendo ir lejos a donde nunca llegaron.

Pienso en ello cada vez que se habla de largos planes a futuro. En octubre de 2006, por ejemplo, el presidente Felipe Calderón presentó el plan “México 20-30, proyecto de gran visión” y el gobierno de Peña Nieto le ha dado moderado seguimiento principalmente en lo referente a las perspectivas económicas en energéticos y combustibles tras las reformas aprobadas; y apenas, el 26 de abril pasado, con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con 17 metas específicas a alcanzar.

La Iglesia católica en México también ha comprendido que está obligada a mirar lejos y ha implementado el Plan Global Pastoral 2031-2033. Se ha puesto ese horizonte de tiempo porque por esos años la iglesia celebrará los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y los 2000 años de la muerte y resurrección de Jesús.

En principio, es muy positivo que las instituciones (incluso cada uno de nosotros) tengan oportunidad de mirar lejos y planear con moderada prudencia los desafíos del futuro; pero el verdadero reto se encuentra en cómo emprender camino hacia el horizonte propuesto. Mirar lejos viene bien pero no se pueden menospreciar los acontecimientos inmediatos, menos ahora que la ‘cultura de lo inmediato y de lo efímero’ marca el ritmo de los cambios sociales. Ya vimos cómo las tres horas de falla en el WhatsApp trastornaron no pocas dinámicas muy adaptadas a ese esquema.

La opción es que la mirada no sea fija; ni el plan, absoluto. Que la comodidad del momento no responda a nuestra plena adaptación sino a nuestra capacidad para adaptarnos al porvenir. ¿El gobierno estará contemplando la probable carestía de mexicanos debido a la disminución de la natalidad? ¿Qué opciones habrá para el país si la tasa de reposición llegara a poner en riesgo la heredabilidad de la cultura mexicana y de sus instituciones? ¿Y la iglesia mexicana? ¿Con qué porcentaje de familias católicas celebrará los 500 años del ícono Guadalupano?

Supongo que, cuales fueren sus observaciones, es evidente que hay que actuar de inmediato.

@monroyfelipe

 

El Papa en TED Talk: Contra el ‘vaticanés

Esta semana, el papa Francisco lanzó un mensaje a TED Talk, esa organización que procura una mejor transmisión de conocimientos mediante una comunicación simple, sencilla y amena. TED Talk ha alcanzado gran fama mundial por hacer que los científicos expresen con claridad sus estudios o que los artistas se quiten la careta de genios incomprensibles e incomprendidos. La decisión de Francisco para participar en este ejercicio de comunicación no sólo fue sorpresiva sino que es absolutamente imprescindible: porque el credo, el magisterio y tradición de la bimilenaria Iglesia católica puede aún transmitirse, puede aún comunicarse, sólo es preciso cambiar estilos y lenguajes.La primera ocasión que estuve en Roma, tuve oportunidad de dialogar con un par de monseñores que trabajaban en las oficinas de la Santa Sede. Junto a una pizza capricciosa y un par de copas de vino quise saber cómo era la vida cotidiana de un trabajador del Vaticano, cómo funcionaba una de las maquinarias burocráticas más ancestrales del planeta y cómo se las arreglaban al estar tan lejos de casa, de sus compañeros de diócesis, de su obispo y sus familias en una labor tan singular y tan silenciosa.

Uno de ellos habló con claridad meridiana: “Es un trabajo como cualquier otro: llegar a la oficina, atender pendientes, seleccionar prioridades, responder cartas, investigar y escribir, escuchar y proponer opciones, echar a andar proyectos. Pero, sobre todo, dialogar, dialogar mucho”. El segundo, recuerdo bien, dijo más o menos lo siguiente: “Es un honor y un privilegio, un servicio en el cual mis pobres fuerzas son puestas a prueba todos los días. No es un trabajo sino la donación de los talentos que nos han sido prodigados para construir el reino de Jesucristo entre los hermanos; aquí en Roma converge toda la Iglesia universal y nos corresponde servir, bajo Pedro y con Pedro, en filiación con nuestros obispos y unidad con todos los cristianos, para evangelizar a todos los pueblos en todos los rincones del planeta”.

Con este ejemplo quiero dejar en claro que si el primer monseñor hablaba italiano, inglés, francés y español; el segundo, hablaba simplemente ‘vaticanés’. Esto es: un lenguaje que (independiente del idioma) envuelve las ideas sencillas en elaborados conceptos inasibles, de fraseo místico, magisterial o figurativo innecesario.

Con el primer sacerdote fue sencillo el diálogo; sin vulnerar la secrecía de su delicada labor, relató anécdotas y episodios de su vida como oficial en el Vaticano. Y, en efecto, fue más sencillo compartir y debatir ideas sobre el trabajo, la familia, la política, el descanso y la búsqueda de una vida digna.

Con el segundo ministro, no podía dejar de pensar que, a pesar de que nos encontrábamos sentados en una sencilla trattoria durante una fría noche romana, el cura permanecía revestido para Misa en su mente, como si cada frase la estuviera dando desde un púlpito o desde una clase de catecismo. Llegué a sospechar que, si le interrogaba por alguna de todas las ideas que el monseñor decía, aquel comenzaría a dar clases de cristología, mariología, eclesiología, magisterio o tradición católicas. Es decir, habría un diálogo desigual.

En mi labor como periodista he tenido la oportunidad de charlar con innumerables sacerdotes, obispos, cardenales y hasta con dos pontífices; y puedo afirmar que el vaticanés amenaza a gran parte de los ministros ordenados católicos; y también a un significativo sector de laicos católicos clericalizados.

Algunos dirían que el vaticanés no es sino un sinónimo de aquel concepto mexicano que la Real Academia de la Lengua Española incluyó en su diccionario hace más de un cuarto de siglo: ‘cantinflear’. Pero no, ‘cantinflear’ es “hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”; el vaticanés, por el contrario, es un habla calculada, sumamente congruente que expresa muchas veces las más complejas ideas concebidas por el ser humano, pero que falla en el principio básico de la comunicación: hacernos entender, provocar una respuesta que permita saber si hemos sido comprendidos.

Es por ello tan relevante que el papa Francisco haya participado en TED Talk y creo que varios monseñores pueden aprender de lo que ha sucedido allí: La disertación del pontífice llevó el título de la conferencia “El futuro tú” y desde allí construyó un mensaje que habló del amplio horizonte de la civilización pero anclado a la existencia concreta de cada persona, al diálogo que pueden entablar y a la humildad que obliga el poder de saber o de tener. Simple, sencillo, ameno; cero resabios del vaticanés.

@monroyfelipe

La batalla por el EdoMex: Lo que sí sucedió en el debate

xcarlosloret.jpg_594723958No entraré en la necedad de apuntar quién ganó o quién perdió en el primer debate realizado por los seis candidatos a la gubernatura del Estado de México porque precisamente ese es el estilo rancio e insustancial que aprovechan los pseudoanalistas para expresar –en el mejor caso- sus fobias y filiaciones políticas; tampoco secundaré las voces victimizadas del ‘pueblo’ que caen en el fácil y cursilón discurso de que los ciudadanos perdemos cada vez que los políticos ganan.

La batalla por el gobierno del Estado de México es, por mucho, el proceso electoral local más desafiante del país. Los once millones y medio de electores en el padrón electoral son, al mismo tiempo, un sueño y una pesadilla. Un sueño porque, con solo entrar en la contienda, los partidos políticos punteros tienen oportunidad de alcanzar una masa crítica de más de un millón y medio de votos potenciales, que representarían algo cercano al 12% de lo que necesitarían en una elección nacional para obtener, por ejemplo, el triunfo de un candidato a presidente de la República. La pesadilla radica en que de esos 11 millones de electores, el abstencionismo raya el 60%.

Más allá de lo evidente –lo esperado de las acusaciones y mutuas descalificaciones- en el primer debate de candidatos al gobierno del Estado de México, hay tres reflexiones por compartir:

 

Primero: Comunicación arcaica

Ninguna plataforma de comunicación propuso un modelo diferente a lo que tradicionalmente se realiza en los debates políticos. Es verdad que el formato de debate no cooperó para trabajar mejor el ritmo y mantener el interés de la audiencia; pero resultó casi ofensivo el que los candidatos se ciñeran al esquema que los libros de comunicación política publicaron hace más de cuatro décadas: “Frases cortas, ideas reiterativas, refuerzos gráficos, implantar la llamada a la acción”.

Los representantes de los partidos políticos –incluso la candidata independiente- se presentaron como las figuras tradicionales de ejercicio del poder, presumieron capacidades de acción y de decisión, desacreditaron a sus oponentes y, sin pensar más allá de una audiencia pasiva, repitieron la retahíla de propuestas geniales –todas buenas, todas eficientes, todas exitosas- que realizarían si ganaran.

Nadie apeló a la ciudadanía como agente del poder colectivo, no se habló desde los lenguajes que expresan democracia y participación bajo el principio de interacción y responsabilidad ciudadana. La persistente visión, desde la clase política, del electorado como una colectividad sin identidad ni capacidad racional organizativa, que sólo ‘merece’ o que sólo ‘pide’, perpetúa un modelo de comunicación donde sólo existen benefactores y mendicantes en el fondo de la estrategia. Y por ello, las expresiones condescendientes, las promesas vacías, el triunfalismo vano.

 

Segundo: Normalización de la corrupción

Las intentonas de desacreditación no son relevantes, lo relevante radica en el trasfondo de los ataques. En este primer debate se acordó atender tres temáticas centrales y de gran interés para la ciudadanía mexiquense: la violencia, la corrupción y el horizonte del desarrollo social. El Estado de México lleva décadas de una descomposición social sostenida que afecta el tejido social, principalmente a las instituciones intermedias de la sociedad (escuelas, empresas, iglesias y demás agrupaciones socio-culturales), mediante la violencia, la impunidad y los excesos de corrupción. El escenario, por tanto, fue el idóneo para que todos los candidatos recriminaran a sus contrarios los actos de corrupción, la falta de transparencia  y la ineficacia de sus previas gestiones administrativas. Cada uno justificó su propio éxito y se encargó de lanzar ‘mordaces cuestionamientos’ (bajo una corrección política soporífera) a sus contrincantes. Nadie salió impoluto (excepto la candidata independiente a la cual todos ignoraron olímpicamente) por una razón: el ejercicio de la administración pública en México está acompañada indefectiblemente de la práctica generalizada de corruptelas, cochupos y transas.

El reparto de dinero en efectivo para ‘incentivar’ la operación gubernamental es una denuncia recurrente del burdo camino mediante el cual los personajes o partidos políticos conservan su influencia con el empresariado formal o los poderes fácticos presentes en el territorio. Pero no es el único método de corrupción: la profesionalización de dicha práctica llega a tal grado de especialización en técnica legaloide que la corrupción en México puede ser inmoral pero no ilícita: el cobro de cuotas vía nomina a empleados de gobierno, los mecanismos de ingeniería fiscal para que las fugas de dinero sean prácticamente invisibles, el cobro del ‘moche’ en licitaciones e, incluso, la aparentemente legal adjudicación de contratos de inversión pública mediante concurso pero cuyo favorecimiento está fríamente calculado con la contraprestación que las empresas hacen al funcionario público.

Que el debate estuviera plagado de estas acusaciones es un síntoma inequívoco de que estas prácticas están más arraigadas y vigentes que nunca en todo el sector político y administrativo del Estado de México.

 

Tercero: Ningún cambio en el horizonte

La inducción no logra vence la deducción. Todos los candidatos formularon explicaciones sobre sus éxitos personales alcanzados en actividades administrativas o de gobierno; pero ninguno planteó cómo ellos mismos son víctimas de un ecosistema perverso que desean remediar.

La inducción explicaría que los “triunfos” en municipios específicos o secretarías de gobierno influirían en la ciudadanía para que ésta concluyera que los candidatos harían el mismo buen trabajo ya en el gobierno del Estado; sin embargo, la deducción insistiría en que la podredumbre del modelo social del Estado hace a cada uno de los candidatos apenas vencedores de la miseria.

¿En dónde se visualizan a ellos mismos en los nuevos escenarios de movilización política? ¿Qué mensajes de campaña expusieron para responder a los desafíos de la identidad ciudadana, de las complejas interacciones comunitarias, de la relación de la ciudadanía con las autoridades, de la operatividad de medios de información y denuncia, de las dinámicas de co-gobierno, de su participación en seguridad pública?  ¿Qué guiños de comunicación y mejora de competencias de gobierno a través de la reestructuración burocrática tradicional presentaron a las audiencias? ¿Cómo abordaron –sin la bravuconería incumplible de meter a la cárcel a todos los exfuncionarios- los medios y mecanismos de regulación de gobierno, la vigilancia ciudadana de la administración pública, en temas como seguridad y política económica?

No. Nadie trató con un mínimo de respeto a esos 11 millones de electores potenciales, la promesa de perpetuar el asistencialismo y generar nuevas dádivas disfrazadas de apoyo social fue todo lo que ofrecieron.  Eso sí fue lo que sucedió en el debate y, a mi juicio, eso es lo más preocupante.

@monroyfelipe

Hambre de poder: las argucias del éxito

founder_still_michael-keaton_lg-h_2016_0El director John Lee Hancock (quien ha impreso un nuevo estilo en la narrativa de películas biográficas, como en Saving Mr. Banks) ha realizado una audaz propuesta en su más reciente trabajo filmográfico Founder (Hambre de Poder, 2016); sobre la historia de Ray Kroc y la manera en cómo transforma un pequeño pero exitoso restaurante familiar en San Bernardino, California, en el negocio de comida rápida trasnacional arquetípico del capitalismo: McDonald’s.

Ray Kroc (Michael Keaton) es un extenuado vendedor de máquinas de malteadas en las postrimerías del boom de las fuentes de sodas en los autocinemas norteamericanos; al borde de la renuncia de uno de tantos fracasos comerciales que ha tenido en su vida se encuentra con los hermanos Dick y Mac McDonald quienes operan con éxito un local de comida rápida bajo un novedoso sistema, eficiente y replicable, del cual Ray queda prendado.

El filme refleja el mordaz ingenio de Kroc así como su inagotable capacidad de elaborar maquinaciones para alcanzar un objetivo que, de origen parece improbable, pero que evidentemente resulta en uno de los principales íconos de la producción en cadena y de la cultura del capitalismo más puro.

Sin embargo, la película no sólo se construye desde la historia o los acontecimientos, sino del lenguaje. El filme inicia con el discurso que Kroc utiliza para intentar vender las máquinas de malteadas. Cada palabra está medida, calculada en tono e intención. Un discurso breve, explicativo, figurativo, imperativo y emocional para convencer a los potenciales clientes.

El lenguaje juega un papel muy importante a lo largo de la película, todas las palabras adquieren un significado distinto cuando están expresadas bajo el código de la determinación y la persistencia. Todo, incluso las malas noticias, pueden expresarse en lenguaje ganador. Así lo muestra la escena en donde Kroc escucha el disco de autoayuda “El poder de lo positivo”.

Todo el lenguaje de Kroc –incluso el personal y familiar- se reviste de códigos de negocio, de interés y utilitarios. Por ejemplo, el asombro es el fermento de una industria; el servicio es de naturaleza proficiente; y hasta el amor se torna una oportunidad calculada.

En el otro lado del anunciado conflicto, los hermanos McDonald, creadores del sistema que hizo de aquel primer restaurante un sutil éxito en San Bernardino, se enfrentan a un hombre cuyo lenguaje –y por tanto sus intenciones- no comprenden del todo. Los McDonald hablan un código de trabajo, de prueba y error, de confianza, responsabilidad, moderación y autocontrol. La ambición termina en el horizonte del bienestar de ellos mismos y de sus empleados, en mantener cierto  equilibrio entre la remuneración y la satisfacción, entre la calidad, el precio y el servicio de su negocio.

El espectador, que sabe cuál ha sido el destino de la cadena McDonald’s, no puede dejar de preguntarse junto a los hermanos si Kroc hace lo correcto: ¿De dónde saldrán todos los suministros alimenticios para el monstruo restaurantero que vislumbró Ray Kroc? ¿Existirá la tierra suficiente para cosechar tanto trigo para los bollos, para hacer crecer tantas legumbres, para poblar y alimentar tantas reses? ¿Bastará con desear la tierra, persistente y tenazmente, para apropiarse de ella?

Naturalmente no; pero, para el lenguaje de negocios, no hay imposibles. O por lo menos aquel debe aparentar que no lo hay.

El mérito de Kroc es haber sido un hombre que miró un horizonte completamente diferente: uno simbólico, el cual la sociedad consumista aceptó como verdad absoluta. Pero tan ficticio que la primera decisión gerencial que hace Kroc en su creciente cadena de restaurantes es remplazar la leche de las malteadas por polvo saborizado.

Founder explora cómo fue construyéndose ese espacio cultural donde ‘los arcos dorados’ de McDonald’s iluminan toda nueva relación de consumo; cómo Kroc desarrolla un lenguaje artificioso que responde a los deseos, las inquietudes, el hambre y el gozo de los consumidores pero que no puede explicar su identidad ni su origen sin mentir.

@monroyfelipe

Obispos de México: Entre la planeación y las definiciones

8eb0c2a6414543cc8dd3b1f566c7ca60Entre las ideas más bellas de Mahatma Gandhi se encuentra una frase tan breve como contundente: “Las acciones expresan prioridades”. No hay mucho que agregar a tal enunciación pero sí hay que señalar que exige reflexionar los actos que cotidianamente realizamos, los que realmente podemos hacer y los hacemos; y en los aquellos que creemos que podemos hacer, que anunciamos que haremos y que terminamos dejándolos dormir el sueño de los justos escritos en una planificación estratégica para algún momento de esta vida o la siguiente.

Traigo a cuento esto porque la próxima semana, del 25 al 28 de abril, los obispos mexicanos se reunirán para su tradicional asamblea plenaria semestral en la que abordan buena parte de la reflexión que habrá de dar sentido al caminar de sus iglesias diocesanas a lo largo de la República.

En la última reunión fue aprobado un plan estratégico integral y pastoral con horizonte al 2033 –el esperado Año de la Redención, pues se cumplirían dos milenios de historia humana desde la Resurrección de Jesucristo-; sin embargo, es claro que, para la media de los obispos mexicanos en activo, tal fecha la recibirán más allá del advenimiento de su propia Pascua Eterna.

Esta realidad, empero, no amilana a la Conferencia del Episcopado Mexicano la cual no quiere esperar al ‘cuarto para las doce’ para cumplir con lo planeado. Es por ello que en esta 103° Asamblea Plenaria tiene la encomienda de poner acción en los temas que obligatoriamente deben ser atendidos, para que la marcha hacia el 2033 no corra riesgos.

Uno de ellos: Decidir la actitud que hay que tomar ante la paulatina pérdida de fieles católicos en México.

Un tema que ya aflige a varias diócesis del país pues afecta mediante otros fenómenos adjuntos como la subutilización de grandes seminarios de formación y casas religiosas, los cuales requieren cada vez mayores esfuerzos económicos para su mantenimiento; la progresiva dificultad que tienen los obispos para la restitución de sacerdotes en parroquias, algunas de las cuales deben dejarse bajo la administración de religiosas, laicos y asociaciones comunitarias; y la proliferación de casos de ‘falsos sacerdotes’ que aprovechan la ausencia de ministros legal y legítimamente ordenados en las realidades humanas más apremiantes para su fe como es la muerte, la enfermedad, la migración, la incertidumbre laboral, etcétera.

Y en los jóvenes, principalmente pensar en los jóvenes; pues para el próximo Sínodo de Obispos, el episcopado mexicano está llamado a responder las preguntas formuladas por la Santa Sede: “¿De qué modo se hacen cargo de los jóvenes que experimentan situaciones de violencia extrema? Y ¿qué formación dan para sostener el compromiso de los jóvenes en el ámbito sociopolítico con vistas al bien común?”

Otra de las prioridades es reflexionar –y en su caso, modificar- el estilo relacional que se ha mantenido con las autoridades civiles; pues los más recientes eventos políticos han dejado más que evidente el grado de descomposición sistemática y normalizada entre la clase política.

A lo largo del país se multiplican los alcaldes, gobernadores y diversos funcionarios de la federación señalados por actos de corrupción, que se encuentran prófugos de la justicia o que son procesados en tribunales; los hay amparados bajo los fueros de la República y los que utilizan precisamente sus redes de influencia para eludir las sanciones que merecen. En el mismo documento del año 2000, los obispos afirmaban que “la autoridad pública es, ante todo, una autoridad moral” y que, por ello mismo era preciso mejorar la relación y el diálogo entre la Iglesia y el gobierno para favorecer acuerdos necesarios para la población. El diálogo, sin embargo, no obliga a la connivencia; ni los acuerdos implican complicidad. No importa cuán anhelados, históricos o sugerentes parezcan los actos religiosos de autoridades públicas para que en su nombre o por sus facultades den ejemplo de fe a toda su jurisdicción; nada de ello es deseable si están soportados en ficciones, simulaciones o el cálculo de rentabilidad política.

Es algo que es oportuno dialogar a profundidad entre los obispos del Estado de México, de Coahuila y Nayarit en medio de las campañas políticas que viven; es preciso que se plantee un nuevo modelo de relación institucional para las diócesis en los estados de Veracruz, Michoacán, Guerrero y Tamaulipas cuya descomposición política las obliga a una mayor altura moral y solidaria con el pueblo; y, finalmente, urgen definiciones muy claras para apoyar a los obispos en Morelos, Ciudad de México o Campeche, donde los conflictos con el poder pueden desviar la atención de lo verdaderamente urgente.

Es por ello que el último tema prioritario, que exige decisiones y acciones inmediatas, pasa por la unidad al interior del episcopado. Esto no por las irreflexivas suposiciones que algunos analistas religiosos describen sobre “bandos contrarios”, “clubes excluyentes” o “guerras intestinas” entre los obispos de México; sino por la actitud –nuevamente la actitud- que es preciso tomar ante el camino que la iglesia católica advierte en el horizonte de las próximas décadas, ante las nuevas formas y el fondo de la misión evangelizadora que buscan realizar en una sociedad que, como nunca antes, ya no depende de ningún modelo jerárquico para obtener las respuestas a sus inquietudes ni el consuelo para sus aflicciones.

“La misión es vasta y llevarla adelante requiere múltiples caminos. Y, con más viva insistencia, los exhorto a conservar la comunión y la unidad entre ustedes… sean capaces de contribuir a la unidad de su Pueblo; de favorecer la reconciliación de sus diferencias y la  integración de sus diversidades; de promover la solución de sus problemas endógenos; de recordar la medida alta que México puede alcanzar si aprende a pertenecerse a sí mismo antes que a otros; de ayudar a encontrar soluciones compartidas y sostenibles para sus miserias; de motivar a la entera Nación a no contentarse con menos de cuanto se espera del modo mexicano de habitar el mundo”, les dijo el papa Francisco apenas hace un año.

“Las acciones expresan prioridades” y para el pontífice Bergoglio, la prioridad en la iglesia católica es la reforma de las actitudes. Algo que el cardenal arzobispo de Guadalajara y presidente de la CEM, Francisco Robles Ortega, parece comprender y adelantar con este mensaje: “Cada uno lleva un sufrimiento personal en la vida. Pero, al mismo tiempo, somos testigos de tanto sufrimiento en la vida de los demás, de tantos inocentes, enfermos, abandonados, víctimas de la violencia… Ya es hora de que muramos a nuestra soberbia, enojo, deseo de venganza, a todo aquello que mata en nosotros el amor de Dios y el amor a los demás”.

@monroyfelipe

Los desafíos del catolicismo en México

catolicismo-700x443El catolicismo, si goza de vitalidad y energía, se nota. No sólo en el estilo evangélico “miren cómo se aman” sino en las prácticas populares, devocionales y tradicionales que inundan toda cultura en la que ha crecido.

Para el católico, cada momento del año tiene un particular tono y sentido; como un filtro de color con el cual se aprecian mejor ciertos detalles y contrastes de la realidad. Si en un instante hay gozo intenso por la promesa eterna, en otro hay necesidad de profunda introspección ante el dolor del prójimo y ante los misterios trascendentales. Esos sentimientos y esas actitudes se distinguen porque se exteriorizan; ya sea en actos litúrgicos singulares o a través de actos individuales o colectivos.

Sin embargo, es sintomático que hoy más católicos en México noten el inicio de la Cuaresma más por el florecimiento de las jacarandas y no tanto por la voluntaria renuncia de los excesos; habla mucho el que la Semana Santa se represente más por las actividades al aire libre y no por la participación devota de los fieles en sus templos; y que la Pascua sea un momento casi inadvertido para el grueso cristiano o que la Navidad se simplifique apenas en comida y regalos.

Una explicación de estos fenómenos podría estar en la paulatina pérdida de fieles católicos en el país que, al no participar en nuevos espacios públicos o políticos, no pueden compartir la riqueza espiritual, artística y cultural de cada momento especial para su fe. Peor aún, la poca presencia cultural católica en un país en el que aún un 80% declara tener esa fe podría explicarse por el desafiante relativismo religioso de quienes conservan una creencia por costumbre o por inercia.

En cualquier caso, los desafíos del catolicismo en México pasan por ambas inquietudes: No sólo es cómo reducir el ritmo en la pérdida en el volumen de creyentes sino cómo hacer que los fieles que perseveran conserven los rasgos de identidad personal y comunitaria allí donde aún pueden participar.

No hay que ser adivino para predecir que en el censo poblacional del 2020 el volumen de católicos en el país será menor. Creo que no es debatible este punto. Lo necesario por atender y comprender no es saber cuántos católicos se han perdido sino a qué ritmo han abandonado la fe de sus padres y por qué. Habrá que valorar, sin apasionamiento y con amplio criterio, cuánto han impactado en una década los escándalos que han ensombrecido la misión y razón de ser de la iglesia; y cuántas oportunidades se han dejado pasar por el obsesivo autorreferencialismo, por la defensa a ultranza o porque la institución no ha dejado de mirarse el obligo como si en él se encontrara la respuesta a sus principales retos.

Hay una anécdota –entre muchas- de la terrible y conmovedora experiencia de Viktor Frankl en el contexto de su cautiverio en los campos de concentración nazi. Sucedió cuando fue transferido de Auschwitz a Dachau: dice Frankl que a pesar del agotamiento, el hambre y la tortura de sus almas y cuerpos, los sobrevivientes descubrieron, en apenas una puesta de sol (imposibles de ver en Auschwitz), que la belleza de la naturaleza hacía toda la diferencia para su espíritu contemplativo, para su esperanza y su vida.

Tremenda actitud que se puede tomar ante la adversidad. La belleza de la realidad tiene potencial para que, quien la contempla pueda abrirse a la esperanza aún en medio de las circunstancias más difíciles.

Para el catolicismo contemporáneo, el reto es volver a ser, si no masivo, sí representativo y significativo, pero no puede partir de fantasías o de viejas glorias; sino de la realidad que, a pesar de todo, sigue enalteciendo la belleza del catolicismo. Ahí está su bagaje cultural y artístico, sus tradiciones y devociones, sus sentidos populares y comunitarios, sus católicos activos y sus servicios humanitarios. El catolicismo no debe dejarse hipnotizar por espejismos sino dejarse tocar por una realidad que le sigue reclamando humanidad.

@monroyfelipe