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Soberanía, corrupción y las tragedias que no cesan

El claro que las tragedias –con cierta excepción de las que provoca la cruel naturaleza- están directamente vinculadas a la corrupción. Es más, incluso los intempestivos fenómenos naturales golpean con más brutalidad en aquellos que han sido víctimas de la corrupción; ya sea porque sus casas fueron levantadas en terrenos a todas luces inestables pero aprobados en el cochupo de inspectores o porque los servicios médicos a los que tienen derecho son secuestrados por infames prestidigitadores de los recursos públicos. El combate a la corrupción es, sin duda, el más apremiante desafío de las sociedades contemporáneas pues es indignante tanto que enfermos con cáncer sean tratados con agua destilada como que villorrios enteros dependan del indigno retruécano caritativo de líderes políticos: “Dénme para que les dé”. Pero, la pregunta que hoy muchos países se hacen es: ¿Combatir la corrupción a costa de lo que sea?

Lo anterior porque en un sencillo restaurante de la ciudad de Guatemala, donde ahora me encuentro, un par de meseras sirven las primeras tazas del café en el desayuno mientras, cruzando la calle, policías ministeriales irrumpen en uno de los edificios del Congreso Nacional de este país para arrestar a dos legisladores acusados por fabricar ‘plazas fantasma’.

La escena, me dicen, se ha vuelto tan cotidiana que ninguno de los diputados presentes en el restaurante soltó su tenedor ni dejó de sorber pausadamente el café de la mañana. El porqué de su impasividad reside en el criterio que rechaza que el combate a la corrupción se haga en detrimento de la soberanía nacional; es decir, los funcionarios acusados de corruptos aún tienen bajo la manga el argumento de la soberanía.

La premisa es simple: el combate a la corrupción en los órdenes de gobierno sólo puede realizarse por organismos independientes al Estado; pero, al mismo tiempo, las decisiones de esos organismos podrían vulnerar la soberana elección del pueblo que hace de sus representantes. Al final, me explica un diputado, se tiene un pueblo rehén de la ‘corrección política’ que dictan organizaciones internacionales no emanadas de la voluntad democrática del pueblo.

¿Extraño? En absoluto. Esto no sólo sucede en Guatemala. En muchos de los países donde la corrupción se ha arraigado en la cultura política, el grito desesperado de la población parece dar carta abierta a organismos internacionales para que intervengan directamente en las políticas públicas; que ‘nos rescaten’ del monstruo de poder y privilegios que se creó bajo el amparo del remedo democrático.

Entonces, ¿en un país democrático seguirá contando o no la voluntad del pueblo? ¿Para qué hacer la farsa de elegir representantes populares si de cualquier modo son los lobbies que operan en las organizaciones internacionales los que definen las políticas públicas? ¿Cómo se hace presente el lamento del pueblo en el camino democrático de su patria? ¿Con la voz de sus víctimas y con los brazos de sus ciudadanos o sólo bajo la conducción de organismos aparentemente neutrales, aparentemente impolutos? ¿Qué tanto margen conserva la ciudadanía para ejercer su voluntad sobre el destino de sus políticas públicas y los idearios que desean conservar como nación?

Más vale que nos hagamos estas preguntas hoy más que nunca y constantemente porque la corrupción en los países de aspiración democrática continúa siendo un flagelo terrible y las tragedias que lloran millones de víctimas parecen perpetuarse y normalizarse en nuestra cotidianidad; aunque, como diría el nobel Miguel Ángel Asturias: “Nada es comparable al grito de una pequeña porción de hueso y carne con piel humana frente al diablo colgado de la nuca”. @monroyfelipe

¿Estamos preparados para la post-verdad?

n_artejoven_circuitos2-1024x724Por primera vez, México tendrá una larga carrera electoral hacia el 2018 con un nuevo elemento a considerar en el horizonte: la post-verdad. Es cierto que las fronteras de la verdad, las promesas y las mentiras no son nuevas para los políticos y los ciudadanos pero, a diferencia del pasado, hoy muchas de las estrategias y campañas políticas estarán aderezadas con este juego perverso que se condensan en las expresiones que la administración Trump ha hecho virales: fake news (noticias falsas) y alternative facts (hechos alternativos).

Decir que los políticos mienten es claramente una obviedad, todos tienen que hacerlo y valorar cuánto de ello les supone un riesgo controlable o no. Politifacts, una empresa norteamericana dedicada a verificar los hechos que los políticos dicen en discursos ha asegurado, por ejemplo, que durante sus dos periodos presidenciales Barack Obama promedió un 25% de mentiras en sus declaraciones. Esa misma empresa aseguró que, durante su campaña, Donald Trump alcanzó en sus discursos hasta un 70% de afirmaciones con premisas falsas.

Cuando sus opositores y algunos medios de comunicación criticaron al magnate por estos alarmantes números, él y su equipo reviraron la acusación y señalaron que los medios hacían ‘noticias falsas’ y que, por el contrario, sólo ellos podían confirmar ‘hechos alternativos’.

Es decir, Trump no sólo calculó que el riesgo en su campaña era mucho menor que el daño que podría causar el mantener un discurso de hasta 70% de mentiras; sino que, cuando fue cuestionado, utilizó la mentira como plataforma para revirar las acusaciones.

Así ganó la presidencia de los Estados Unidos. Y ahora, no son pocos los aspirantes presidenciales (en México y el mundo) que quieren ser “el Donald Trump inculturado”.

Lo peor, es que muchos medios de comunicación también caen en la trampa: llaman a Greert Wilders “el Donald Trump holandés”; a Marine LePen “la Donald Trump francesa”; etcétera. Es más, dependiendo el perfil de informativo que usted tenga, seguramente se habrá convencido de quien, entre los personajes políticos de México, podría ser “el Donald Trump mexicano”.

En realidad las ‘noticias falsas’ y los ‘hechos alternativos’ funcionan de la siguiente manera: un personaje del ambiente digital publica una opinión sobre su contexto (por ejemplo, “el partido demócrata utiliza millones de votantes ilegales”); el planteamiento lo recogen medios de comunicación ideologizados y lo muestran con cierta objetividad (“Ciudadano denuncia votación ilegal de millones de indocumentados”); la información llega a un líder-tomador de decisiones para quien es útil ese planteamiento (“Mis opositores hacen fraude electoral por los millones de votos ilegales”); al ser un personaje público, la información se disemina globalmente (“Trump denuncia de fraude al partido demócrata por utilizar millones de votos ilegales”). De ese modo, cuando se le pregunta a Trump o a sus asesores de dónde salió la información, basta que busquen en Google “millón de votos ilegales” para verificar que la noticia es real. Sí, la noticia es real; aunque el hecho no haya sido verificado ni argumentado con pruebas.

¿Ha visto las noticias donde Andrés Manuel López Obrador le grita ‘¡cállate!’ a uno de los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Qué me dice del famoso pacto entre el presidente del PAN y Peña Nieto para evitar que López Obrador llegue a Los Pinos? ¿Y de los miles de pesos que la fundación de la excandidata presidencial, Vázquez Mota, recibió del gobierno federal?

Seguro tiene su postura frente a cada una de ellas, alguna más o menos favorable, lo que es un hecho es que este tipo de informaciones se multiplicará en los próximos 12 meses. Los asesores de los políticos ya analizan qué tipo de historia quieren vender de ellos y de sus oponentes.

En el fondo, el problema no es de la clase política o sus mercadólogos; como dije, ellos calcularán cuántas mentiras y de qué tipo podrán decir sin despeinarse o sin desplomarse en las encuestas. La responsabilidad recae en las audiencias y en el potencial electorado.

Esto lo comprendió Politifacts en Estados Unidos o el ‘Décodex’ de Le Monde donde las audiencias pueden verificar el nivel de confianza de los medios e informativos de donde provienen ‘los hechos’ porque lo siguiente es una realidad: La comprobación de los datos es de las pocas respuestas que tenemos contra el discurso político que usa y abusa de la mentira, incluso nos previene de un lavado de cerebro.

Lo grave del asunto es que aún ningún medio mexicano ha comenzado a trabajar en la comprobación de datos y hechos. Así que ahí hay un riesgo que nos puede estallar en la cara.

Como dije, no es algo nuevo, pero deberá tenerlo muy presente en este trepidar electoral que ya ha tomado camino porque quizá mucho de lo que usted ya está viendo o leyendo, sea básicamente una mentira bien armada.

@monroyfelipe

Bergoglio, la reinvención de Francisco

Este 13 de marzo del 2017, el argentino Jorge Mario Bergoglio cumple cuatro años de presidir la cátedra de san Pedro. Un pontificado intenso si se pone en la balanza la cantidad de notas periodísticas que hablan sobre él, de sus discursos y su participación en el ámbito político-diplomático. Francisco ha firmado dos encíclicas y dos exhortaciones apostólicas, quince motu proprio que se traducen en nuevos estatutos para varias oficinas vaticanas y, según el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, coordinador del Consejo de Cardenales, ya se han logrado dieciocho reformas a la Curia romana que establecerán la base de la nueva constitución del gobierno de la Iglesia católica.En este periodo, sin embargo, no le han faltado opositores ni detractores y, si continúa la tendencia de abiertos cuestionamientos a su estilo y decisiones, es claro que en su quinto año de pontificado empeorarán las tensiones antagonistas. Este fenómeno ya lo anticipaba Benedicto XVI con tanta claridad que comprendió debía cimbrar el pontificado no sin antes dejar el testimonio del milenio cristiano en código de las virtudes teologales centrales: fe, esperanza y caridad.

Ahora, el pontificado de Francisco es el primero del siglo XXI que ya no debate en las fronteras culturales ideológicas tradicionales, pues los desafíos contemporáneos ya no pueden enfrentarse a través de contingentes abanderados o uniformados; hoy, la dignidad y la salvación de la persona (objetivos centrales de la cristiandad) ya no dependen de gremios ni de etiquetas sino de la universalidad que reside en el corazón etimológico del catolicismo.

En ese contexto, la Iglesia católica puso en el timón de su barca a un hombre que ya no habita corrientes ideológicas que aseguran llegar al destino más rápido, pero tampoco se refugia en la seguridad de las islas administrativas para garantizar unidad en torno suyo. Pero hay que ser claros: Francisco no reinventa al papado; en todo caso, Francisco reinventa a Bergoglio. Porque la ‘reforma de las actitudes’ propuesta por el Papa va de las instituciones hacia la persona, inclina la filosofía sobre la realidad y vive en diluidas fronteras culturales arriesgando los fueros que alguna vez se creyeron imperturbables. Explico:
Inclinar la filosofía sobre la realidad

No puedo iniciar esta exploración de los cuatro años de pontificado de Francisco sin recuperar la dimensión filosófica sobre la cual Bergoglio soporta su caminar pontifical. Las expone con claridad en su revolucionaria exhortación apostólica Evangelii Gaudium: “Quiero proponer ahora estos cuatro principios que orientan específicamente el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común. Lo hago con la convicción de que su aplicación puede ser un genuino camino hacia la paz dentro de cada nación y en el mundo entero: El tiempo es superior al espacio; la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea; y el todo es superior a la parte”.

Con estos principios, Francisco propone que los miembros de la Iglesia católica deben abandonar la idea de ‘un catolicismo’ entendido como una porción ganada de los territorios del orbe y recobrar la mirada trascendente más allá de nuestras obsesiones. En la audaz revolución bergogliana el ‘ismo’ deja de ser un concepto inasible entre las páginas de un magisterio bimilenario o una fracción de la identidad confrontándose a su destino; por el contario, el ser cristiano, la identidad católica y la realidad superior de la salvación se debaten en el horizonte de la divinidad que yace en el seno del ser humano, allí donde realmente pertenecen, en el riesgo que implica creer con la mirada puesta en el horizonte de la promesa.

Para Francisco, la perspectiva filosófica es fundamental para entender el papel de los cristianos en el hoy y ahora, pues el cambio de época es absoluto: “El cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos en distintos campos de la naturaleza y de la vida”. Es por ello que sus aportaciones al magisterio cotidiano intentan adjuntar, en estos saltos, el mensaje atemporal cristiano pero sin jactancia de su triunfo sino en la esperanza de creer en el camino: “¿Cuál es la ruta que la fe nos descubre? ¿De dónde procede su luz poderosa que permite iluminar el camino de una vida lograda y fecunda, llena de fruto?”, como Francisco interroga en la introducción de su encíclica Lumen fidei.
Vivir fronteras disueltas arriesgando el status

Francisco no sólo ha manifestado constantemente su preocupación por las últimas fronteras de las periferias materiales y existenciales del ser humano, las habita con una simplicidad que incomoda a no pocas personas. En el mundo de la cultura líquida, Francisco vive en fronteras disueltas. Fronteras entre el ‘catolicismo’ y el resto de los credos, entre la pobreza y el privilegio, entre el valor y el baluarte. No por nada se le identifica con un pontífice implicado en el fenómeno migratorio, en la radicalidad de habitar la creación como la casa común, en su evidente participación diplomática en la geopolítica y en su insistencia en el ‘encuentro’, en el ‘contacto’, en el accidente y la salida. Francisco convence a Bergoglio a renunciar al fortín y al palacio, a la comprensión dramática de la sublime trascendencia atada a la miseria atemporal. 

Por ello creo que, como navegante de la barca petrina, Francisco no opta ni por corrientes ni por islas. Prefiere, por el contrario, habitar el piélago inmenso de contradicciones donde ya naufragan el creyente y su idea de Dios, el poder y la política, la familia y su naturaleza, los derechos y las injusticias. Es un riesgo que asume Bergoglio por las complejas ambigüedades de la cultura contemporánea.

En esta convicción, Francisco arriesga los fueros recobrando la simpleza de la falibilidad de Bergoglio. La historia de aquella tarde-noche romana cuando se elevó la columna de humo blanco desde la chimenea de la Capilla Sixtina dice que Jorge Mario Bergoglio, cardenal arzobispo de Buenos Aires, eligió el nombre de Francisco por pensar en los pobres a quienes ha puesto en el centro de sus documentos y ministerios; sin embargo, en el turbio océano del siglo XXI, la posibilidad es que ha sido Francisco y sus pobres quienes eligieron a Bergoglio y ahora lo reinventan porque Jesús siempre interpela. Porque en el ocaso de los castillos institucionales, abundan los desterrados, los parias. 

Don Marcelo Sánchez Sorondo, titular de la Academia Pontificia de la Ciencia, sintetiza esto con un comentario sobre el pensamiento de Bergoglio: “El Papa Francisco plantea que la solución no pasa tanto por discurrir sobre la esencia del cristianismo, porque es relativamente fácil entender el umbral del misterio, sino sobre todo por practicar el ejercicio concreto de la fe y de la caridad, que es más difícil. En esto es existencial como Kierkegaard, quien decía que el cristianismo no tiene esencia sino una práctica a realizar en la ‘existencia’: la de hacernos contemporáneos con Cristo por la participación activa de su gracia y de la caridad de su Espíritu”.

Hacernos contemporáneos es reinventarnos, ir de la certeza de la institución a la fragilidad de la persona. Bergoglio vive esto cada día siendo Francisco. Algo que puede ser sumamente ejemplar para los cristianos. @monroyfelipe

Logan, la familia en el debate de la próxima generación

wolverine-3-posterOlvidemos por un momento la brutal carnicería con la que el escritor y director James Mangold decidió revestir su filme Logan (2017) y pongamos la mirada en la narrativa central de la última aparición en la pantalla grande del famoso mutante casi-invulnerable Wolverine bajo el estupendo trabajo de Hugh Jackman.

De principio a fin, Mangold ofrece un ambiente en el que se respira el pesado sentido de derrota y eso dignifica al personaje en su terrible periplo porque lo muestra como un sobreviviente que lo único que no alcanza es la victoria. Logan, con pesadas –e innombrables- cargas físicas y emocionales es un hombre al que aparentemente le cuesta trabajo entregarse voluntariamente a un propósito más grande que el de sus miedos pero que no duda en dar atención –aparentemente inútil- y cuidar a un amigo senil y lisiado.

La vida de Logan y el profesor Charles Xavier (preso más de la decrepitud que de su silla de ruedas) podría reducirse en lo que Samuel Beckett describió: “Viejo ir, viejas paradas, ir ausente, ausente, detenerse […] Entrever, parecer entrever, necesidad de parecer entrever, desvaído a lo lejos, lejos allá cómo una locura para necesitar parecer, entrever”; sin embargo, Laura, la hija genética de Logan irrumpe en ese desierto –nunca mejor descrito- y les abre la mirada con ese sueño que sólo puede pertenecerle a cada nueva generación: el Edén, la utopía.

Laura es una niña de laboratorio, un producto gestado a través de mujeres pobres (en México) que rentaron su vientre por un montón de dólares, es una niña-mercancía con un destino presupuesto y unas expectativas de calidad. Sin embargo, los ‘defectos’ del alma y la dignidad humana obligan a sus ‘dueños’ a decidir interrumpir su vida puesto que les pertenece.

Laura logra sobrevivir gracias a una mujer mexicana que le cuidó durante sus primeros años y quien comprendió, a través de la ternura, que la vida de esos niños-mercancías no se sujeta al derecho de sus ‘creadores’. Allí es donde entra Logan, convencido mediante una fuerte suma de dinero para llevar a Laura al otro lado del país, se ve envuelto en un viaje de supervivencia.

Pero no es una supervivencia épica, sino aquella de las personas normales. ¿Cómo cuidar a un anciano que no puede valerse por sí mismo? ¿Cómo educar en la solidaridad afectiva a una ‘mercancía de laboratorio’? ¿Cómo ser jefe de familia y reeducarse en el sacrificio por los seres queridos? ¿Cómo vivir la pérdida? ¿A dónde ir si hemos perdido más de lo que somos?

Mangold siembra imágenes y momentos que van construyendo estas respuestas para sus personajes y para la audiencia. Ellos y nosotros (herederos del apocalipsis) comprendemos que las motivaciones del amor, la ternura, los cuidados y el sacrificio en las dinámicas familiares son más desgarradoras (más descarnadas, para justificar la cruda violencia del filme) de lo que comúnmente se intenta caricaturizar. ¿Qué significa ser padre, hijo o abuelo? ¿Será esa estampa estúpida de felicidad sin tragedias? ¿Será esa visión posmoderna que monetiza la vida, vicia e intoxica la juventud, y descarta la ancianidad?

Logan es una verdadera sorpresa para el público adormilado de ver héroes de ficción en sus ficticias epopeyas; es una audaz interrogante sobre las dinámicas que enfrentan las familias. Lo hace con madurez y sutileza, sin propaganda ni ideologización.

Suelen decir algunos cinéfilos que, tras ver una película heroica, se levantan de su butaca creyendo tener los poderes fantásticos que acaban de ver. Pero si termina de ver Logan y cree que en esa tragedia no apareció un héroe digno de imitar, yo le recomiendo que regrese a las caricaturas. Me temo que no está listo.

@monroyfelipe

Malinformar: la insidia que amenaza el pontificado

Por si alguno llegó a dudarlo, ahora es claro que el arribo del papa Francisco a la cátedra de Pedro comenzó como un huracán y ya va haciéndose terremoto. En parte hay que darle crédito a su predecesor, Benedicto XVI, que en un hecho aún más trepidante de lo supusimos y apenas con tres palabras (“Declaro que renuncio”), le dio un vuelco entero a las dinámicas superficiales que la iglesia católica fue acumulando con los siglos. Claro, no a todos les gustan las sacudidas.

Perdonará la analogía pero la renuncia del pontífice Joseph Ratzinger fue como ese acto en el que se jala el mantel de la mesa –sobre la cual hay pan y vino, platos y copas-, sin derramar ni una miga ni una gota. Tras la renuncia de Benedicto XVI, la mesa siguió siendo mesa, el pan y el vino quedaron intactos y, lo más importante, los instrumentos con los cuales los comensales siguen siendo invitados a sentarse siguen siendo útiles.

Entonces llegó Jorge Mario Bergoglio, un cardenal latinoamericano, cura porteño, jesuita y arzobispo callejero. Y al principio todo fue alegría con la “Iglesia de los pobres que sale a la calle”, “la revolución de la esperanza”, “la reforma de las actitudes”, “el Papa-párroco”. Todo olía a oveja y a novedad. Pero no tardó mucho para que algunos engranes de la milenaria y gigantesca maquinaria vaticana comenzaran a friccionar, a rechinar y hacer humo. 

Al principio se le cuestionó “el estilo”, luego su “inclinación política”, más tarde la “formación teológica” y la “legitimidad de su magisterio”. Ahora ya vemos franca oposición institucional. La abierta crítica que cuatro cardenales hicieron en forma de duda a los documentos de Francisco fue la conclusión natural de todas las inquietudes que crecían entre los círculos tradicionales de la iglesia que le recelaron sus audacias. Y, el problema con la duda es que, una vez sembrada, se riega sola. 

No aventuremos conspiraciones pero creo que todo esto es efecto de la malinformación (no una desinformación sino el acto personal y voluntario de informar con intereses diferentes a los de la libertad para elegir o decidir) que busca un solo objetivo: presionar al Papa. Se ‘malinforma’ para intentar forzar, bajo mentiras, una toma de decisión que beneficie al final alguna agenda.

Debíamos haber intuido que, debajo de aquellas intenciones y palabras se concretaba una abierta traición al Papa, pactada en voz baja entre los muros de los palacios vaticanos y que se dejó entrever tras la fulminante renuncia de Marie Collins a Pontificia Comisión de Protección de Menores de la Santa Sede y tras las ‘informaciones oficiales’ que recogió la agencia de noticias AP donde se afirma que Bergoglio personalmente redujo penas canónicas a clérigos acusados de abuso sexual contra menores.

Collins, una sobreviviente y una figura clave en la construcción de una oficina necesarísima en la iglesia para abordar la cuestión del abuso sexual de los clérigos, literalmente renunció cuando los constantes reveses a las recomendaciones, la resistencia de miembros de la curia y la falta de cooperación de la Congregación para la Doctrina de la Fe colmaron su “última gota”.

Bajo este asedio, ha sido el cardenal secretario del Estado Vaticano, Pietro Parolin, quien ha salido a calmar las aguas afirmando que Bergoglio “tiene la gran capacidad de mantener la calma y no dramatizar” pero, resulta evidente que la tensión sufrida por Ratzinger y los famosos “cuervos” sigue devastando la confianza dentro de la Ciudad Eterna.

El gran reto por ahora para Francisco es, como puede imaginar, el sopesar los consejos y las iniciativas de sus colaboradores más cercanos. Porque los malinformantes suelen ser eficientes endulzando o vertiendo la insidia en los oídos del aconsejado.

Al respecto tengo la fortuna de contar en mis manos con el gran texto del fraile historiador Carlos Francisco Vera Soto, Vida del clero secular durante la revolución mexicana y por alguna razón no me causa tanta sorpresa leer la disparidad en los dos informes enviados al papa Pío X sobre el estado de las cosas en la iglesia de México en 1914. En uno, el arzobispo de México, José Mora y del Río, le informa que “las costumbres de los sacerdotes son honestas y recomendables, cada servicio a ellos encomendados lo cumplen convenientemente… su doctrina es recta, se entregan al verdadero estudio, sostienen la fe de pueblo, corrigen a los desviados, cultivan ellos mismos la piedad y son adictos y obedientes tanto al obispo como a la Sede Apostólica”.

Pero el delegado apostólico, Tommaso Boggiani vio otra película y le explica al Papa: “Debo decir que la falta de disciplina eclesiástica es suma… se va a los toros, a los teatros, a los cinematógrafos y a cosas peores. El prelado no muestra ninguna energía en corregir estos graves abusos”.

Ahí están, dos informes realizados por dos hombres de buena confianza a un Papa que fue llamado con el oxímoron “reformador y conservador” pero que a la postre fue elevado a los altares por las decisiones que tomó ante las circunstancias. Sin duda, algo habrá hecho bien.

Felipe Monroy

@monroyfelipe

La ineficacia de las políticas ‘de espejo’

espejoEl nobel de literatura, Orhan Pamuk, cuenta que en tiempos del sultán Abdul Hamid II en la ciudad de Estambul habitaban dos famosos locos: uno llamado Osman que andaba continuamente desnudo y otra llamada madame Upola que se vestía con todo lo que estaba al alcance de su mano. Aunque ambos deambulaban por las calles sin causar mayor problema, bastaba que se encontraran frente a frente para desatar una encarnizada batalla; tan violenta que las autoridades decidieron impedirles el paso por el puente sobre el Bósforo.

Traigo a cuenta el relato porque en los últimos meses –particularmente desde el inicio de la administración Trump- los cientos de expertos en política exterior no cesan de sugerir que se apliquen ‘medidas de espejo’ frente a los diferendos que han producido las decisiones del actual habitante de la Casa Blanca: Dicen que si Estados Unidos deporta migrantes sin documentos nosotros deberíamos hacer lo mismo; que si Trump endurece las políticas de visado para prácticamente todos los países, el resto de naciones deben obrar igual.

El último de estos ejemplos es la iniciativa que presentaron los eurodiputados para que todos los países de la Unión Europea nieguen el acceso a los ciudadanos norteamericanos que no tengan visado; la iniciativa no es sino una contestación a la acción ejecutiva de Donald Trump que impide a ciudadanos de cinco países de la eurozona entrar a Estados Unidos sin visa (y, particularmente, los obliga padecer la especial entrevista que realizan los agentes consulares).

A México ya le había ocurrido en el 2009 cuando Canadá impuso el visado a los mexicanos que viajaban a aquella nación. No fueron pocos los expertos que recomendaron a las autoridades mexicanas que aplicaran una ‘medida tipo espejo’ como respuesta severa ante la decisión de su socio comercial. La verdad es que, dicha medida era inútil toda vez que la gran mayoría de los mexicanos yendo a Canadá representaban una migración laboral descontrolada mientras que la mayoría de los canadienses yendo a México terminaban en Cancún tomando tequila pagado en dólares.

Aplicar las ‘medidas espejo’, en el fondo, representa la ira desatada entre los locos de Estambul: uno no podía soportar que el otro hiciera justo todo lo contrario de lo que creía era ‘su identidad’.

Ahora que se cocinan las primeras reuniones para renegociar el Tratado de Libre Comercio que México tiene con EU y Canadá, nuevamente salen las voces que sugieren -sin mucha perspectiva- que si el gobierno de Donald Trump insiste en una política de castigo a las importaciones y recompensa de exportaciones de aquel país, entonces México debe hacer igual; dicen que si EU continúa cancelando inversiones en México, nuestro país debe hacer lo mismo en territorio norteamericano. ¿Es en serio?

En los próximos días, se espera que Trump presente su “histórica reforma tributaria” en la que incluya un impuesto transfonterizo (BAT) del 20% a las exportaciones generalizadas y, por supuesto, los expertos financieros ya advierten que la única respuesta posible son (¡Adivinó usted!): las medidas espejo.

En la misma historia de Pamuk, sobre la Estambul del sultán Hamid II, hay otro relato que se parece al de los locos: un buen día aparece atado del cuello a un árbol un hombre que cargaba vasijas llenas de agua; de pronto pasa un transeúnte y pregunta a la muchedumbre que presenciaba el espectáculo cómo fue que terminó así aquel sujeto. Le cuentan que un agá (una especie de alcalde) vio cómo ese hombre ataba a ese árbol a su caballo cargando las mismas alforjas para irse a jugar cartas y beber café. El agá, por tanto, castigó al hombre con lo que hoy llamamos una ‘medida de espejo’; pero el transeúnte, que era un verdadero sabio, se alejó rápidamente de esa muchedumbre y mientras se iba uno alcanzó a preguntarle por qué se marchaba: “Porque si el agá obró correctamente -respondió el sabio- ahora hay en algún lado un caballo jugando cartas y bebiendo café”. ¿Increíble? Ni más ni menos.

@monroyfelipe

Silencio, refugio del universo interno

El ya legendario cineasta neoyorkino Martin Scorsese irrumpió en el 2016 con el filme Silencio, una propuesta radicalmente distinta a lo que trabajo tres años atrás en su multipremiada The Wolf of Wall Street donde plasmó sin cribar todos los excesos del capitalismo. Silencio, basada en el libro homónimo de Shusaku Endo, aborda la experiencia de los sacerdotes misioneros jesuitas en el Japón del siglo XVII.
La inicia cuando dos sacerdotes jesuitas portugueses Rodrigues y Garupe (Andrew Garfield y Adam Driver) son notificados que su formador ha cometido apostasía (negación de la fe) durante la misión evangelizadora que realizaba en comunidades niponas. Los sacerdotes, indignados por el informe, deciden ir ellos mismos a Japón para buscar a su maestro Ferreira (Liam Neeson) quien, además, describe en una desgarradora carta los terribles horrores de la persecución religiosa que padecen los cristianos en esas tierras.
Es de esa manera que estos jóvenes jesuitas se aventuran en una misión que de inmediato comprenden les exigirá los sacrificios máximos. No puede ser de otra manera en esa tierra de salvaje persecución y martirio; en ese ambiente en el que, bajo el silencio con el que un bautizado hace la señal de la cruz en su pecho, no existe sino el temor del mundo y el deseo de la gloria eterna.
En la misión, ambos sacerdotes deberán hacer su camino en medio de los cristianos conversos, en medio de un pueblo que sufre lo indecible mientras el Dios que les desean presentar y que les promete salvación, contempla todo su dolor en silencio. Aquí es donde los sacerdotes se ven obligados a decidir qué tipo de Persona Christi deben ser, qué imagen de Jesucristo querrán ver en ellos reflejada o qué salvación pueden proveer a la grey. Rodrigues y Garupe asumen, cada uno en su contexto, el tipo de misionero que la vida nueva les ha pedido ser: ¿Ser el evangelizador que predica con ocasión y sin ella? ¿Ser ese buen pastor que da su alma y vida por sus ovejas? ¿O seguir las pisadas del sufrimiento de Cristo y padecer, junto a los justos, la causa de la justicia?


Silencio, sin embargo, no es un filme que intenta demostrar el estridente triunfo de los evangelizadores de oriente; por el contrario, insiste en la idea de la imposibilidad de ganar, que aparentemente no hay victorias porque ante el inmenso sufrimiento, Dios permanece en silencio. Es por ello que el filme ha sido fuertemente cuestionado por algunos sacerdotes y obispos católicos quienes reclaman a Scorsese de disfrazar el deleznable pecado de la apostasía y, al mismo tiempo, recomiendan a sus fieles a no ver el filme pues en ella se afecta la imagen y la vocación sacerdotal.
Por el contrario, otros sectores católicos reconocen en Silencio una positiva provocación para reflexionar, desde la debilidad humana, la dificultad de llevar el mensaje de salvación a los corazones que ya se debaten entre la vida y la muerte.


Bertrand Russell escribió en su obra del Conocimiento Humano una reflexión sobre la enunciación de las palabras. Apuntó que la palabra ‘agua’ o la palabra ‘fuego’ pueden significar muchas cosas cuando se encuentran aisladas; dice que requieren de otras palabras (“aquí hay”, “quiero” o “esto es”) para llegar a comprender. ¿Pasará igual con el silencio? ¿Qué gestos en el silencio pueden significar triunfo o derrota, presencia o ausencia, fe o apostasía? ¿Qué márgenes ocultos hay bajo el terrible silencio que significan sacrificios? ¿Qué requerirá ese angustiante silencio de Dios ante el dolor de su pueblo para comprenderlo? ¿Qué símbolo nos desvela ese refugio de universo interno que sigue hablando de Dios en silencio? El filme de Scorsese es una oportunidad para preguntarnos, junto a estos misioneros jesuitas en Japón, si acaso mientras más absoluto parece el silencio de Dios más claramente se escucha su voluntad y se siente con más abandono su amorosa misericordia. @monroyfelipe

Diplomacia vaticana echa hombro a la incertidumbre en México por la amenaza Trump

Muy pronto ha sido llamado a Roma el nuncio apostólico en México, Franco Coppola. Con sólo cinco meses y algunos cientos de kilómetros recorridos en el país ha sido convocado a la Santa Sede para dar un informe general de su breve periodo de exploración.Esto ha comunicado el nuncio “…estaré en Roma, desde el lunes 27 de febrero hasta el jueves 9 de marzo: la primera oportunidad para hacer el punto sobre mi misión en México con los superiores a cinco meses desde mi llegada a ese grande y complejo, país donde la iglesia tiene que hacer frente a los desafíos de la modernidad para seguir acompañando a este pueblo como lo ha hecho por siglos”. Pero, ¿qué esperamos de aquellos encuentros que sostenga Coppola en Roma?

La última vez que tuve oportunidad de reunirme con el número dos del Vaticano, el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, éste me preguntó: “¿Cómo está México?” Lo expresó como si preguntara por un familiar, por su estado de salud. Sin embargo, las inquietudes que los dicasterios vaticanos le harán a Coppola serán mucho más prácticos: ¿Cuántos obispos están en edad de jubilación? ¿Cuáles son las diócesis apremiantes para hacer cambios? ¿Cómo valora el perfil de restitución episcopal con la cantera de sacerdotes? ¿Cómo ha sido el trabajo con las autoridades mexicanas, particularmente con la Secretaría de Gobernación y la de Relaciones Exteriores? ¿Cuál podría ser la mejor vía para apoyar, desde la diplomacia, la relación entre México y Estados Unidos, ya que sus propias autoridades civiles han confirmado que “lo único cierto es la incertidumbre”?

Las primeras inquietudes de la Santa Sede corresponden a la Congregación para los Obispos, presidida por el cardenal canadiense Marc Oullet (dicasterio donde, por cierto, el representante para México es el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano). En este terreno se preparan las sucesiones, los traslados y las promociones episcopales a lo largo del territorio. Para los no iniciados es difícil ver que en cada cambio de titulares en diócesis clave del país se juega un cambio de paradigma en el estilo y la actitud de servicio de los pastores que se descentran del poder: “Que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales”, como dijo un categórico Francisco hace un año a los obispos mexicanos.

Es claro que, la inestabilidad en la política nacional favorece la corrupción y propicia una serie de persecuciones políticas –unas más virulentas que otras- entre gobernadores, alcaldes y demás funcionarios (basta mencionar el caso paradigmático como el de Javier Duarte). Hoy por hoy, la praxis normalizada entre los obispos responde al ‘respetuoso encuentro con las autoridades’, pero es evidente que se requieren nuevas dinámicas de ‘menos encuentros amistosos’ y ‘más rigor institucional’ para no arriesgar la aún alta credibilidad de los miembros de la iglesia católica entre la sociedad mexicana.

Lo anterior porque el escenario anticipado de campañas políticas, en medio de una incertidumbre diplomática internacional y la volatilidad de la economía interna, exige un principio de orden para que el enviado diplomático de la Santa Sede se enfoque en uno de los intereses capitales del papa Francisco: El fenómeno migratorio.

En el 2016 no fue azaroso el traslado del experimentado nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, a la representación diplomática del Papa en Washington. Su cercanía con episcopado mexicano y su servicio diplomático de la Santa Sede en la ‘era Trump’ lo hizo un participante obligado en la Bienal de obispos fronterizos de Texas y México celebrada en Brownsville a mediados de febrero y lo coloca como un operador de avanzada en la delicada misión de intervenir a favor de la dignidad humana en uno de los polos migratorios más complejos del orbe.

Hay que recordar que el papa Francisco logró derribar el muro histórico que paralizó las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Es evidente que no intervino por intereses ideológicos o políticos sino humanitarios, en correspondencia a las dinámicas familiares y sociales que se establecieron con naturalidad pero al margen de las fronteras. Lo mismo sucede con las políticas migratorias sentenciadas por Donald Trump, más allá del muro, la radicalización de los criterios de legalidad afecta directamente la hermandad, familiaridad y articulación de los habitantes de EU con México y el resto del continente.

Coppola volverá de su encuentro con el Papa en Roma con esta misión bajo el brazo. ¿Encontrará interlocutores en SEGOB o SRE que no estén obsesionados con el precio de los energéticos y la estabilidad macroeconómica? ¿Con qué obispos contará para apoyarle en esta encomienda? Por lo pronto, el cardenal Carlos Aguiar Retes ya ha establecido un acercamiento estratégico con grupos de otras iglesias cristianas en Estados Unidos, en un hecho inédito se ha reunido con Elder Russell Nelson, presidente del quórum de los doce apóstoles de la iglesia de los santos de los últimos días. Por su parte, el cardenal Norberto Rivera Carrera refuerza las relaciones con organizaciones católicas en EU; en agosto acudió a la conferencia anual de la Asociación Católica de Líderes Latinos celebrada en Chicago y el 10 de febrero fue a Dallas, al Centro Nacional Católico de Bioética. El primero es un acercamiento interreligioso con claras vistas diplomáticas; y, los segundos, gestos de unidad católica en el servicio transfronterizo. Ambos útiles, a menos que usted quiera construirle muros al Papa.

Felipe Monroy

@monroyfelipe

¿Una nueva época en panorama episcopal mexicano? (Parte 4 y última: Pastores periféricos)

15above1-master768Nadie como el escritor Samuel Beckett (Esperando a Godot, Final de Partida) para reconocer que aun en el más profundo nihilismo, en el terrible aislamiento o el aparente vacío hay espacio para la compasión: “En el paisaje de la extinción, la precisión está al lado de la piedad”, dice una de sus irónicas y lúgubres sentencias.

Sin embargo, aquello expresado por Beckett es en realidad saber andar por las periferias geográficas y existenciales del hombre, con asertividad y misericordia aun cuando parezca que algo dentro o fuera de nosotros se derrumba. Ese ha sido la incesante petición del papa Francisco a sus obispos que representan a la iglesia católica alrededor del mundo: abandonar los espacios y las actividades donde priva la comodidad; reflexionar sobre si todo aquello que tradicionalmente se hace sólo satisface las necesidades y el orgullo propios o si también explora con la luz de la verdad ese profuso horizonte de incertidumbres.

¿Habrá pastores en México que estén pensando en esto? ¿Cómo reconocer a quienes van abriéndose espacio con nuevos discursos y narrativas en un moderno tejido de la fe? Creo, ateniéndome a mi falible juicio, que sí hay católicos quienes, con honestidad, se preguntan cómo andar por esas orillas del alma y de la vida humana; y que, siguiendo el consejo de Albert Einstein hacen suya la convicción de que “si buscamos resultados distintos no podemos hacer siempre lo mismo”.

Pero esta es la pregunta central: ¿Esta inquietud ha permeado en el colegio episcopal mexicano? ¿Qué tanto ha madurado entre los obispos y las estructuras eclesiales de México la convicción de un ‘nuevo estilo’ ante el carácter que ya ha impreso este siglo en la sociedad y cultura contemporáneas?

Esto puede llegar a ser importante para quienes tienen la responsabilidad de influir y configurar el próximo horizonte episcopal en México; en el cual el relevo de la sede metropolitana de la Ciudad de México –como hemos dicho en las otras entregas– juega un papel definitorio.

Más allá de aquellos candidatos a suceder al cardenal Norberto Rivera Carrera que parecen ir en caballo de hacienda o de los perfiles que abren su juego con una participación diferente en el ambiente popular debemos hablar de aquellos personajes que hacen cosas distintas tanto en los salones de la interacción global como en los márgenes de un mundo invisible.

Pongamos el ejemplo de Gerardo Alonso Garza Treviño, obispo de Piedras Negras (Coahuila), este obispo ha sido representante del episcopado mexicano en tres sínodos consecutivos convocados por el Papa (primero elegido por sus homólogos y luego invitado personalmente por Francisco). En el salón Paulo VI en Roma, frente a las representaciones mundiales de la colegialidad católica, Garza no se destacó por exponer un sólido discurso teológico-doctrinal-moral-disciplinar perfecto sino por llevar hasta los oídos de cada cultura en el orbe, el relato intimísimo de un niño y de sus padres, de su inocencia y sus dudas, de lo poco que el manual tradicional puede darle a alguien que vive tales tribulaciones pero lo mucho que un católico puede hacer para abrazar, consolar y acompañar esas realidades.

Garza además ha desarrollado con ingenio y creatividad un ministerio episcopal sencillo y ordenado en la frontera norte. Su proximidad a la cultura norteamericana y su comprensión por las nuevas comunidades, así como su notable disposición por el permanente aprendizaje, lo perfila como un pastor que puede dar mucha lucidez al nuevo panorama eclesial que requiere México.

¿Podría Garza llegar a ser arzobispo de México? El manual dice que no. Y, aunque hay que estar abiertos a las sorpresas; en el fondo, lo importante es que experiencias tan sensibles como las de él permeen en el mapa nacional independientemente del lugar de su residencia.

Miremos alguien más: Gustavo Rodríguez Vega, actual arzobispo de Yucatán. Originario de Monterrey, fue obispo durante ocho años de la también fronteriza diócesis de Nuevo Laredo. Su trabajo de gobierno a ras de suelo (y en medio de una de las más dolorosas crisis de violencia en el país) estuvo armonizado con un servicio en la dimensión social de la iglesia. Su papel al frente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social simplemente es un parteaguas en la comprensión de la estrecha relación de los valores cristianos que fundamentan la iglesia católica con las diferentes búsquedas de paz, justicia y dignidad de la realidad mexicana. Así, para construir procesos de paz que a México aún le apremian, Rodríguez Vega conjuntó el llamado moral con la articulación práctica de experiencias de paz en otras naciones como Colombia; para denunciar la inmoral agresión del hombre contra la Creación, hizo estudiar y divulgar el grave deterioro de la tierra con bases científicas; y, para evidenciar el abuso sistemático de los pobres y los marginales, también colocó la mirada de los pecados con el prójimo.

Sin embargo, un par de gestos el día de su toma de posesión como arzobispo de Yucatán revelan su sensibilidad a la nueva época que se abre: el quiebre de su voz al recordar a la grey que despedía y con la cual conservó la esperanza aun en medio de la avasallante violencia en Nuevo Laredo era imposible de fingir, habla de honestidad y de vulnerabilidad, de hacerse uno con el prójimo más allá de los discursos. Y uno más: aunque marginales y pequeños, en las fronteras de Yucatán aún hay pueblos originarios que conservan la lengua mayense; Rodríguez Vega les dirigió en su idioma un mensaje de cercanía. Antes de llegar con su nuevo pueblo, se dio tiempo para ellos, para estudiar algo de su lenguaje y cultura, practicó la pronunciación varias horas o varios días quizá. Ese es el grado de compromiso que se espera de un pastor.

¿Podría Rodríguez Vega llegar a ser arzobispo de México? Llegó apenas en julio del 2015 a Yucatán  y el manual dice que no, pero –como dije- podría haber sorpresas e, incluso si no, el próximo arzobispo de México deberá tomar en cuenta esto que se vivió aquella tarde en Mérida.

Junto a estos dos casos hay muchos otros ejemplos: Sigifredo Noriega, de Zacatecas; José María Huerta, de El Salto; Eduardo Cervantes, de Orizaba; Fidencio López, de San Andrés Tuxtla, Héctor Luis Morales, de Nezahualcóyotl; etcétera. Cada uno, con su personalidad propia ha comprendido cómo interactúan los temas centrales de su fe y la doctrina con las realidades periféricas en las urbes y en el alma de sus congéneres.

“Hay un paisaje eterno, una geografía del alma; buscamos sus contornos toda nuestra vida”, escribió la escritora irlandesa Josephine Hart y así parece describir en una bellísima línea el sentido de andar por las periferias geográficas y existenciales, un trabajo que tendrá que asumir la iglesia en la ruta de una cultura transformándose a velocidades vertiginosas. @monroyfelipe

¿Una nueva época en panorama episcopal mexicano? (Parte 3: Pastores de nueva generación)

rampast“El liderazgo no habla de la próxima elección, sino de la próxima generación”, dice el escritor británico Simon Sinek, y no podría estar más acertado. En las anteriores entregas abordamos los cambios en el panorama episcopal mexicano con los traslados, promociones y elecciones de nuevos obispos para el peculiar escenario del relevo del arzobispo primado de México.

La sede catedralicia de la Ciudad de México no es “la joya de la corona de la iglesia católica mexicana” como suele pensarse en términos políticos; sin embargo, su historia misma ha demostrado que el peso específico del arzobispo capitalino aporta un cariz importante en la configuración de la iglesia católica nacional y de la relación que institucionalmente se mantiene entre la jerarquía eclesiástica y los representantes de los diferentes poderes de la Federación.

Por ello, la sucesión del cardenal Norberto Rivera Carrera genera tanta expectativa –y quizá hasta morbo-; pues en el sucesor y en el ‘cómo’ se haga la transición se juega buena parte del estilo, el tono, el discurso y los objetivos de la Iglesia mexicana en la próxima década al menos.

Si bien, la mirada parece enfocarse en el cardenal arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes; los corrillos eclesiales también ven como opción el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro; incluso, miran fuera del país al arzobispo ad personam Jorge Carlos Patrón Wong, actual secretario pontificio para los Seminarios de la Sagrada Congregación del Clero en Roma.

Ramón Castro, después de un súbito traslado de Campeche a Morelos, ha sido una figura visible y de suficiente altura moral en el constante cuestionamiento de las políticas del gobernador Graco Ramírez y del crimen organizado en Morelos; difícil misión que realiza no sin riesgos confiando en su experiencia en el arte político y diplomático. En sus actos, Castro Castro refleja las búsquedas del líder moderno: no sólo convoca o autoriza, participa y se involucra. Por ello ha encabezado marchas multitudinarias por las calles de Cuernavaca, hombro a hombro suma comunidades en sus búsquedas de paz y justicia; es un obispo que no sólo condena desde su escritorio los incontables actos de violencia mediante comunicados oficiales, acude al margen del dolor de la gente, toca y abraza a quienes han perdido a sus seres queridos, entra en los jacales de miseria que la ‘política correcta’ intenta hacer invisibles y clama por la conversión de las autoridades junto a los féretros de quienes murieron debido a su corrupción, impunidad o desdén.

Tiene la edad (61 años) y la vecindad con la Ciudad de México para explorar paulatinamente los contextos de la vida pastoral de la urbe. Al pertenecer a la misma Provincia de México (el grupo de diócesis sufragáneas a la Metrópoli capitalina) conoce a los obispos circundantes y, mejor aún, a los obispos auxiliares del cardenal Rivera cuya labor es imprescindible en la transición y los procesos que requerirán las ocho vicarías episcopales, las más de 650 parroquias y los más de mil templos bajo el gobierno arzobispal.

Castro ha logrado, además, configurar la “comunidad virtual”; esa presencia aparentemente inasible pero decididamente representativa del catolicismo en la web. Castro apenas suma 6,753 seguidores en Twitter pero su actividad, lejos de ser propagandística, intenta reflejar la realidad de su diócesis y los pueblos que la integran.

Quien hace igual y con más de 14 mil followers es el arzobispo Jorge Carlos Patrón Wong, oriundo de Mérida (59 años) quien fue obispo coadjutor y residencial de Papantla, Veracruz; se habla de él como posible sucesor de Rivera Carrera porque fue especialmente elegido por el papa Francisco para llevar un área clave para la iglesia católica del mañana: la formación de sacerdotes.

La experiencia de Patrón Wong en el área es indiscutible pero lo que más llama la atención de este pastor de ‘nueva generación’ es que lo mismo camina con tanta humildad y sencillez por las calles de Roma como lo hacía en Mérida o Teziutlán. Su actitud dialogante y abierta evitó que se convirtiera en un “burócrata de oficina vaticana” en su actual servicio en la Congregación del Clero. En las calles de Teziutlán me confió, un mes antes de partir a Roma, que sentía cierto temor de encerrarse en las paredes de un frío dicasterio vaticano; meses después, ya en el cargo, me reveló que sentía una gran alegría por haber descubierto personalmente a la grey, al pueblo de carne y hueso para el que había sido llamado a servir. Lo hace, por supuesto, al final de su jornada de trabajo.

Patrón Wong parece conjugar bien los meticulosos servicios de gobierno con la permanente presencia entre la gente para la cual fue llamado a servir. Algo más, en medio de un huracán terrible de tensiones en todas las áreas del Vaticano, este arzobispo mexicano ha estado fuera de la foto pero sin indiferencia por el rumbo que toma la reforma de la iglesia que Bergoglio. Su posición quedó plasmada en el documento sobre El Don de la vocación presbiteral divulgado apenas en diciembre del 2016: “Podrían emerger nuevos desafíos, concernientes al ministerio y la vida del presbítero: […] el riesgo de sentirse funcionarios de lo sagrado [… y] la atracción del poder y la riqueza”.

Pero, ¿son estos los perfiles que la Ciudad de México necesita para un pastor que acompañe a una nueva generación? ¿Cómo deben ser los nuevos liderazgos para la tercera década del siglo XXI? ¿Qué aportarían estos obispos al horizonte pastoral de la iglesia mexicana? Aún no lo hemos abordado pero la iglesia católica mexicana acaba de entrar en un profundo periodo de reflexión porque desde este 2017 y hasta el 2031 se conmemoran 500 años de presencia sacramental, educativa y cultural del catolicismo en México. Medio milenio no sólo de ‘evangelización’ sino de ‘institucionalidad’ de la iglesia en el cuerpo social del pueblo mexicano. ¿Qué ha aportado esta institución a la realidad mexicana? ¿Qué se ha arraigado en la cultura y qué se corrompió en el camino?

Por ello, en ese horizonte se hacen las consultas y las ternas para el sucesor del primado de México, se contemplan estos candidatos ‘fuertes’ pero también otros candidatos ‘débiles’ (Alonso Garza, Sigifredo Noriega, Eduardo Carmona, Eduardo Cervantes, Faustino Armendariz, etcétera). Personajes que no cumplen dos o más de los criterios clásicos para el tradicional sucesor de Zumárraga pero que guardan evidencia de la sacudida eclesial que ha propuesto Francisco y que no dejará que México –el aún segundo país con más católicos del mundo- sea una isla en esta revolución. De esto hablaremos en la última entrega de esta serie: de los pastores periféricos para una nueva época en el panorama episcopal mexicano. @monroyfelipe