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El primer año del nuncio Coppola en México: la Iglesia debe cambiar

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Foto: Diócesis de Querétaro

Ha pasado un año desde que Franco Coppola fue enviado como embajador del Papa a México tras una estancia nada sencilla -aunque sumamente productiva- en la representación del Vaticano en la República Centroafricana; a inicios de septiembre del 2016 recibió de viva voz del papa Francisco los objetivos de su encomienda y, desde su arribo en octubre pasado, el salentino prácticamente ya ha explorado los principales perfiles políticos y eclesiales del este país que aún se jacta de tener el segundo lugar en el número de católicos a nivel mundial.

Coppola no deja pasar oportunidad para mencionar lo que el papa Bergoglio le confió un año atrás: “Te envío a un país que es un tesoro para la Iglesia; [los mexicanos] tienen una fe y una devoción que no tiene igual en el mundo. Pero es un país donde la Iglesia, empezando por su jerarquía, tiene que cambiar mucho”; así lo confió a El Observador en quizá la única entrevista que hasta ahora Coppola ha concedido en México. Pero también lo ha comentado frente a las comunidades que ha visitado en este año: “El gran problema de México es su falta de congruencia, muchas expresiones de fe y una gran cantidad de católicos, pero vive grandes problemas con la violencia, el crimen y la corrupción”.

Antes de tomar el descanso veraniego en su tierra natal, Coppola aseguró que la necesidad de un cambio radical en las estructuras eclesiales debe empezar por los obispos y los ministros ordenados: “Tiene que cambiar mucho pero no es un juicio negativo sobre la jerarquía. La jerarquía, en el sentido de los obispos y los sacerdotes, tiene que enfrentar retos y desafíos nuevos […] los tiempos han cambiado, antes de obedecía más a los padres. Lo que era bueno era bueno y lo que era malo era malo. Ahora se cuestiona todo”.

En realidad, el análisis no es nuevo. Los últimos dos pontífices han descrito sin eufemismos la situación de la Iglesia mexicana: para el papa Francisco, México tiene un grave problema cuando sus ciudadanos “buscan el privilegio” pues generan “terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia, el secuestro y la muerte”. Benedicto XVI, por su parte, fue más categórico: “En no pocos católicos se percibe cierta esquizofrenia entre moral individual y pública: personalmente, en la esfera individual, son católicos, creyentes, pero en la vida pública siguen otros caminos que no corresponden a los grandes valores del Evangelio, que son necesarios para la fundación de una sociedad justa”.

Para Coppola, las celebraciones masivas, las grandes peregrinaciones y las muchas expresiones de devoción popular que ha palpado en México son motivo de gran orgullo para el catolicismo; pero le inquieta que el país también tenga los funestos triunfos de “los campeonatos negros” en asesinatos, violencia, corrupción y pobreza. Sin ir lejos, México ha consolidado en una década su vergonzosa posición como el país de occidente más peligroso para ejercer el sacerdocio.

A los obispos mexicanos, el enviado pontificio les ha manifestado su intranquilidad con claridad absoluta: “No sé si me equivoco, pero me impresiona ver cómo, desde una perspectiva nacional, a nivel del episcopado, la Iglesia parece no haber logrado elaborar aún una propuesta específica como camino de vida cristiana para los adolescentes, los jóvenes y los jóvenes-adultos”, les espetó en su más reciente asamblea plenaria.

El cambio que propone Coppola exige, por si fuera poco, sentido común y que los católicos mexicanos conserven los pies en la tierra. Como muestra, la historia de Sandra, una mujer que auxilia a un centenar de niños huérfanos en Burundi. El nuncio relata con frecuencia en sus redes sociales el drama que atraviesa aquella generosa cristiana y pide a sus amigos que donen recursos para que la obra permanezca. Sin duda no ha faltado la piadosa alma mexicana que desinteresadamente ofreció ayuda económica al nuncio, pero Coppola le ha enfriado el entusiasmo por una razón nodal: “Le comento que escribí en italiano expresamente porque este mensaje lo envío a mis amigos italianos […] Me dirijo para pedir ayuda y solidaridad a mis amigos italianos y no a los mexicanos que, si lo quieren y pueden, tienen ya, muy cerca, a quienes ayudar”.

“Católicos, alíviense a sí mismos”, parece insistir Coppola en cada rincón de México. Así de simple, la catolicidad mexicana no puede sólo jactarse de su potencial y de su aún masiva presencia en el país; para iluminar las oscuridades de su propio seno, la Iglesia católica requiere asumir muchos cambios, de lo contrario tendrá frente a sí una gran ruptura cultural donde no sólo sea marginal sino, incluso, prescindible.

@monroyfelipe

¿Quiénes se adjudican bombazo en el episcopado?

coffia.JPGPor supuesto, su objetivo es propagandístico. Todas las acciones que el Comando Feminista Informal de Acción Antiautoritaria (COFFIA), grupo que se adjudicó la detonación del artefacto incendiario en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano, están ampliamente documentadas en la red. Comenzaron la difusión de sus atentados en agosto del 2014: el primero en una oficina de atención ciudadana del asambleísta Orlando Anaya González en Iztapalapa y el segundo, presuntamente fallido, en la iglesia de Nuestra Señora de Loreto en el Centro Histórico.

El diario Reforma consignó el primer evento que sucedió a las 22:00 hrs del 25 de agosto: “De acuerdo con testimonios de vecinos que fueron narrados al legislador, unos sujetos dejaron una bolsa junto a la puerta… Afortunadamente no había gente adentro, nadie está lastimado”, relató el entonces asambleísta.

El segundo acto lo relata Lupe La Camelina, líder del Comando: “En realidad, pretendíamos ponerla en la catedral ubicada en la plaza constitución […] Sin embargo, al llegar, vimos a trabajadoras de la limpieza barriendo. Y dado que amamos la vida, y dado que nosotras mismas somos trabajadoras, desistimos de nuestra idea original. Entonces dimos la vuelta y la colocamos en la iglesia de Loreto que está ubicada en un lugar menos concurrido por las noches. Sobre este, nuestras fuentes nos revelan que fue encontrado y desactivado antes de hacer explosión”.

Desde entonces, cada artefacto explosivo detonado durante la madrugada en diferentes espacios de la Ciudad de México es reivindicado por la célula ‘feminista’. El 6 de junio del 2015 se adjudicaron el bombazo en las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano ubicadas en la Av. Revolución y Rio Mixcoac. En diciembre de ese año, colocaron otro artefacto explosivo en la iglesia del Espíritu Santo sobre la avenida Congreso de la Unión: “Se trata de un mensaje de odio a la iglesia católica… Nosotras destruiremos sus sacristías”, firmaba la misma Lupe Camelina.

El 4 de mayo del 2016 dicen haber atacado las oficinas de la SACMAC en la colonia Nápoles, una consultora que se dedica a servicios de ingeniería y construcción para diversos proyectos entre los que se encuentran la Base Aérea Militar de Santa Lucía, la Terminal 4 del aeropuerto de Cancún y el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. SACMAC también asesora y supervisa las obras del Tren Méxio-Toluca, pasos a desnivel del Circuito Interior, intervención estructural en diferentes líneas de metro; y participa en plantas de perforación petrolera, plantas termoeléctricas, diversos proyectos mineros, plantas de producción de alimentos, medicamentos, partes automotrices; hospitales, laboratorios y plantas de tratamiento de aguas residuales.

Aunque se confirmó que el Centro de Comando, Control, Cómputo y Comunicaciones de la Ciudad de México contaba con una serie de videos para iniciar la carpeta de investigación, no se supo qué resultó de aquellos peritajes. Fue el primer comunicado del Comando firmado por Ana La mariposa negra.

El 20 de diciembre del 2016, Ana La mariposa negra escribió un largo comunicado adjudicándose la detonación de un explosivo frente a las oficinas del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México. El método fue idéntico: en la madrugada, frente al portón de acceso, sin lesionados. La Procuraduría capitalina dijo que el explosivo fue un tubo galvanizado, relleno de pólvora negra, con tapón inferior y en la parte superior varios trapos usados como mechas. El ‘Comando’ explicó el ataque y sentenció en su comunicado: “Esperamos que las feministas ‘buenas y bonitas’ no nos tilden de antifeministas y quieran lanzarnos a la hoguera, aunque seguramente no faltará la que sí”.

Sí, el Comando Feminista atacó una instancia al servicio de las mujeres a quienes les reclama: “Sigan cómplices lamiendo su propio grillete. Pero estén seguras de que por lo que a nosotras respecta, nuestro ataque directo a sus instituciones feministas burguesas continuará…”.

El 26 de julio, COFFIA dijo haber colocado la madrugada anterior el artefacto explosivo frente a la Conferencia del Episcopado Mexicano, el comunicado lo firma una nueva identidad: Coatlicue. El ‘Comando’ escribió la consigna que han usado otras veces: “Ni Dios ni amo” y afirman que la explosión la hicieron “¡Por cada tortura y asesinato en nombre de su Dios! ¡Por cada niño ultrajado por los curas pederastas!”. Dijeron que usaron dinamita y gas LP, aunque los peritos de la Procuraduría capitalina aseguran que el artefacto usó pólvora como precursor.

Las autoridades policiacas llevan tres años intentado dar -sin éxito- con las presuntas responsables de estos actos violentos y, todo parece indicar que no lo harán tras este nuevo ataque. Y quizá haya una razón de fondo: las perpetradoras que se adjudican las detonaciones no son los clásicos ‘sospechosos comunes’, quizá parezcan más víctimas y, sí, es muy probable que en efecto lo sean.

En la primera edición de su periódico anarquista llamado Después de medianoche (frase con la que inician cada comunicado de adjudicación de atentados), la líder Lupe La Camelina escribe una frase que no se puede leer sino con escalofríos: “Nosotras llevamos en nuestros cuerpos las marcas de ese horror repitiéndose una y otra vez. Una y otra vez. Horror que sigue ocurriendo, ahora mismo, y de manera cada vez más violenta”.

Que quede claro: sus actos son terribles, repudiables y merecen castigo; pero no puedo dejar de pensar que son también reflejo de las heridas que, como mujeres, han acumulado en este país donde el asesinato y el abuso contra miles de ellas es alarmante; donde la justicia laboral, económica y social sigue guardando tufos de misoginia y machismo; y donde las explicaciones que les dan sobre su destino y participación en diferentes áreas de la sociedad se basan en arquetipos rancios e inoperantes. Así no es raro imaginar que algunas mujeres caigan en aquellos espejismos delirantes de violencia martirial anárquica.

Eddi Dutra, en Ecos del Edén. Desilusiones de una Iglesia postmoderna intenta explicar este fenómeno que podría dar pistas para comprenderlo y para evitar que siga creciendo en rencor e intensidad: “Entonces, cuando vieron en la decepción de los creyentes y los no creyentes la oportunidad de promover sus propios ministerios, se convirtieron en la voz de sus esperanzas. El pueblo, enfermo de tanto escándalo, fue a escuchar sus denuncias sin darse cuenta de que estos denunciantes eran igualmente corruptos; y que les prometieron libertad mientras ellos mismos eran esclavos de la corrupción […] las víctimas del abuso son susceptibles a la revictimización y, en su búsqueda para sacudir todos los males experimentados en la iglesia, se convierten en blancos fáciles para cualquier persona que utiliza este descontento para atraparlos en sus propios intereses”.

Lo confirma la propia Conferencia del Episcopado en su documento Que en Cristo Nuestra Paz México tenga Vida Digna: “La violencia crea un clima socio-cultural que relativiza la función de las normas para regular la convivencia social. Esto sucede sobre todo entre los jóvenes que, cuando son reclutados por organizaciones criminales, no reconocen más ley que la que les da el poder […] Cuando la frustración de estos grupos sociales es capitalizada por actores políticos para sus propios fines, aumenta el riesgo de reivindicaciones violentas y el peligro para la sociedad”.

Y, más adelante reflexiona: “Perdemos el tiempo cuando buscamos culpables o esperamos pasivamente que sea sólo el gobierno quien dé solución a problemas que son de todos. Debemos actuar ya, cada quien en su propio ámbito de competencia”. Espero que sí y, huelga decirlo, me solidarizo con esta última idea.

@monroyfelipe

La Iglesia de Guerrero y su plan de ‘artesanos de paz’

Es ‘casi’ el infierno, pero no el ‘absoluto infierno’ porque allí aún hay inocentes. Así calificó el sacerdote Jesús Mendoza Zaragoza los eventos funestos de la mañana del 6 de julio pasado en el penal de Las Cruces en Acapulco; los cuales provocaron la muerte de 28 internos del centro de readaptación social. El problema, sin embargo, es que ese ‘casi infierno’ no termina con los muros de la prisión, todo el estado de Guerrero no logra reducir ni la incidencia delictiva ni el rastro de sangre que crece cada año.Según el Instituto para la Economía y la Paz, este 2017, Guerrero nuevamente lidera la vergonzosa tabla de estados con más violencia en México con una escandalosa tasa de homicidios de 62 ejecuciones por cada 100 mil habitantes (la media nacional es de 17 por cada 100 mil). Además, la directora del Instituto, Patricia Obeso, advirtió que delitos como extorsión, secuestro y robo aumentó hasta en 80%.

Hasta el momento, las estrategias de seguridad no han funcionado y lugares como San Miguel Totolapan, El Ocotito, Acapulco, Chilpancingo, Chilapa, Iguala y la Tierra Caliente ya manifiestan episodios de ebullición social como respuesta ante la violencia indómita.

De este panorama está plenamente consciente la iglesia católica que avecinda en la región. Los ministros y la grey han padecido en carne propia la extorsión, las amenazas, el cobro de derecho de piso y el asesinato de liderazgos que intentaban atender la barbarie con aquellos gestos que son obligatorios entre los buenos cristianos. 

Las experiencias de construcción de paz no son pocas; y, por ello, el 13 de julio se realizó el XXII Encuentro de Pastoral de la Provincia de Acapulco donde destacaron las participaciones de los responsables de diferentes áreas de trabajo de las diócesis de Acapulco, Ciudad Altamirano, Tlalpa y Chilpancingo-Chilapa. Parece que la Iglesia guerrerense comienza a dejar atrás el discurso de lamentación y exigencia a las autoridades por seguridad; usan el ‘nosotros’ en primera línea para exigirse más acompañamiento a víctimas, más solidaridad con los vulnerables y más disponibilidad para colocarse entre los operadores del crimen y sus martirizados.

Lo ha hecho el obispo Salvador Mendoza, en Chilpancingo-Chilapa, con la polémica labor de diálogo con narcotraficantes; el obispo Dagoberto Sosa, en Tlapa, con la difícil experiencia de la extorsión; y Maximino Martínez, de Cd. Altamirano, con el permanente riesgo en toma de carreteras en Tierra Caliente. Y lo hizo también el arzobispo Carlos Garfias en Acapulco durante una de las más largas crisis de seguridad en la ciudad insigne del famoso puerto turístico.

Un ambiente complejo al que llegará el nuevo arzobispo Leopoldo González el próximo 29 de agosto: “es casi el infierno”, pero no del todo, aún hay inocentes y justos. Lo dice así el sacerdote Octavio Gutiérrez Pantoja, el coordinador Comisión Pastoral Social: “Lo que la Iglesia ha aportado para la construcción de paz es hacer conciencia en todas las personas, la importancia de ser constructores de la paz… convertirse en artesanos de la paz”.

Decía Stevenson que no se juzga el día por la cosecha sino por las semillas sembradas; y La Fontaine remataría: “Por su obra, se conoce al artesano”.
@monroyfelipe

Norberto Rivera, al alto contraste

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Foto: Vida Nueva México

Es el último cardenal mexicano en funciones creado por Juan Pablo II, arzobispo de la ciudad de México desde hace 22 años, dirige la diócesis con mayor número de católicos en el mundo (más de 7 millones de feligreses) y sede de los poderes de la Federación. Es el líder religioso más mediático del país y prácticamente cada domingo, desde el púlpito y desde su semanario Desde la fe, imprime el sello de la agenda religiosa en el país.

En julio de 2015, cuando lo entrevistaba para Vida Nueva, el cardenal Rivera parecía profetizar el ánimo que se despertaría después de que él presentara su renuncia: “El que piense que va a guiar esta comunidad con sus propias capacidades o sus propias estrategias, se equivoca”.

Por todo eso, y en ocasión de la presentación de su renuncia canónica al servicio arzobispal, el cardenal Norberto Rivera Carrera sigue despertando involuntariamente una serie de loas y críticas por igual. Parece que para el purpurado mexicano todas las lecturas de su ministerio episcopal deben ser extremas y apasionadas.

Cuando fue anunciada su promoción del obispado de Tehuacán  a la sede primada arzobispal de la Ciudad de México, las lecturas eran de lo más distantes: “Algunos lo veían como ‘un elefante en cristalería’, se preguntaban si estaba a la altura de un cardenal sumamente brillante e influyente como lo fue Corripio Ahumada; pero otros lo consideraban un ‘diamante en bruto’ pues el propio Juan Pablo II le confiaba –a pesar de su juventud- el gobierno y la ortodoxia formativa en la diócesis más visible del país”, confía un veterano sacerdote capitalino.

Y ahora, al final de 22 años de conducción de la Arquidiócesis de México, Rivera Carrera se enfrenta a la misma polarización: criminal o santo, humilde servidor o autoritario jerarca. Para hacer una evaluación atemperada del ministerio de Rivera al frente de la iglesia de la ciudad de México es necesario mirar esos claroscuros que alimentan la percepción de sus fieles y sus detractores.

 

Gobierno y poder

Desde su llegada a la arquidiócesis capitalina, Rivera Carrera mantuvo un consejo de gobierno muy definido para atender los pormenores de la vida de las parroquias, las congregaciones religiosas y los movimientos laicales. Para conducir una diócesis con cerca de 600 territorios parroquiales y mil 200 templos en donde es prácticamente imposible hacerse presente en persona, Rivera ha endurecido la división de la arquidiócesis en ocho vicarías episcopales territoriales, una vicaría de Guadalupe, tres vicarías pastorales funcionales y una vicaría para congregaciones religiosas.

Delegar altas responsabilidades a sus obispos auxiliares y a sus vicarios le ha permitido tener tiempo para cultivar relaciones y administrar otras tareas, e incluso responder sin titubear ante responsabilidades encomendadas en dicasterios romanos.

Rivera Carrera ha gobernado la Arquidiócesis mediante decretos operativos que instruyen a las estructuras a responder a un plan. El 30 de noviembre de 1996 publicó el Decreto sobre la reordenación económica de las diversas estructuras de la iglesia particular (actualizado el 4 de agosto del 2007) pero fue en 1998 cuando firmó quizá el más polémico de sus decretos: la Organización y Gobierno Pastoral de la Arquidiócesis de México donde especifica, de los numerales 84 al 136, las facultades reservadas a su persona; todas gerenciales y directivas, que le han valido reclamos de los sacerdotes por gobernar impersonalmente. Según dicho decreto, el arzobispo Rivera se reservó cuatro facultades para atender con su presbiterio: conferir canonjías, incardinar o excardinar clérigos, otorgar licencias y dar autorización para que ministros participen en partidos políticos.

Son, en el fondo, los obispos vicarios territoriales quienes han debido llevar la tarea de escucha, animación y acompañamiento a los sacerdotes en sus labores cotidianas. El trabajo de “padre y pastor”, Norberto lo hace prácticamente por interpósita persona. De allí, los tragos amargos que ha debido afrontar cuando sus obispos auxiliares deben ser removidos cuando se han encontrado faltas morales como sucedió con Luis Fletes Santana y Rogelio Esquivel.

El gobierno de decretos se ha debido ajustar según los tiempos y las necesidades que se advierten con el paso de los años (existe desde 2002 un Decreto sobre los Decanos y Decanatos, y desde 2012, otro para Diáconos) pero la falta de interacción y cercanía entre los ministros ordenados de la Arquidiócesis de México permanece. Como ejemplo, cuando el sacerdote José Miguel Machorro Alcalá fue agredido brutalmente el pasado 15 de mayo en la Catedral de México, las autoridades diocesanas tardaron horas en identificar el origen y el estatus del ministro.

El gobierno pastoral del cardenal Rivera ha sido, pese a todo, la prueba de que el paternalismo trasnochado ya no es imprescindible para configurar la relación de respeto y orden entre el clero con su obispo. Allí donde Rivera ha logrado adhesión, respeto y lealtad en sus ministros se debe al ejercicio de la libertad y la madurez de sus subordinados; y eso no es poco. Cuando finalmente se publicó en la Arquidiócesis de México el manual de “Criterios en relación a comportamientos inadecuados, principalmente con menores, que pudieran suceder por parte de los clérigos” –después de un largo proceso legal que quiso afrontar Norberto Rivera sobre acusaciones de encubrimiento y en el que básicamente se deslindaba completamente de los delitos de sus ministros- las reacciones fueron nuevamente contrastantes: algunos sacerdotes decían que ‘los abandonaba a su suerte’ y otros simplemente consideraron natural el deslinde pues argumentaron: “todos los ministros deben ser adultos responsables de sus actos”.

 

Administración

Cuando Norberto Rivera toma el control de la Arquidiócesis de México, la ley de Asociaciones Religiosas y Culto público apenas tenía dos años y medio de haberse promulgado; por tanto, la gran mayoría de los recintos religiosos de la diócesis aún no habían sido regularizados ante las autoridades correspondientes.

El proceso de regularización y administración de los bienes nacionales en manos de la Iglesia católica ha sido lento y difícil. Pero a lo largo de estos 22 años de administración diocesana del cardenal Rivera Carrera resulta casi inverosímil que la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe se encuentre en controversia jurídica respecto a su estatus como patrimonio y bien nacional.

Sin tener la obligación para atender personalmente el acompañamiento a los sacerdotes, parecería que el pontificado de Rivera Carrera estaría robustecido en lo administrativo y gerencial. Sin embargo, también ha sido uno de los problemas recurrentes, nuevamente debido a la gigantesca dimensión de la Arquidiócesis. La administración de los recursos para la actividad burocrática y pastoral de la iglesia capitalina está regida por el Decreto de Reordenación Económica donde el punto de quiebre reside en la aportación del 10% de todos los ingresos de parroquias, cuasiparroquias, rectorías y capellanías para la administración de las Vicarías Territoriales y de la Curia central arquidiocesana.

El decreto garantiza autonomía financiera de las vicarías, pero en no pocas ocasiones ha puesto en dificultades administrativas a la curia central cuyas oficinas se han tenido que enfrentar a diferentes carencias para subsidiar nomina, materiales, planes y asesorías necesarias para el clero y las parroquias de la ciudad.

Es por ello que el cardenal Norberto Rivera también debió adaptar la administración de la Iglesia al difícil fenómeno del envejecimiento de los sacerdotes de la ciudad con los retos en materia de atención médica y pensiones. Rivera logró acuerdos con la Secretaría de Salud del Distrito Federal y hospitales privados para que los sacerdotes accedieran a servicios médicos básicos y especializados bajo el esquema llamado SIGAMED; y, por otra parte, impulsó la estructura FRATESA que complementa las aportaciones para pensiones de ministros retirados de la Iglesia mexicana OCEAS (Obra de Clérigos en Ayuda Solidaria, antes Centro Cultural y Asistencia Sacerdotal).

Sin embargo, fueron dos mayores cambios a la inercia administrativa de los templos los que orillaron a adecuar la forma de trabajo de la Arquidiócesis de México: Ley Federal para la prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita del 2012 y las disposiciones de la miscelánea fiscal puesta en marcha en 2014. Las reformas no cambiaron el régimen fiscal de los templos y asociaciones religiosas, pero sí exigían nuevas informaciones periódicas. Esta situación, dificultosa para muchos templos sin personal ni herramientas para cumplir la ley, incluso llegó a dialogarse airadamente entre el presidente Enrique Peña Nieto y el cardenal Norberto Rivera, tras la cual se llegaron a acuerdos benéficos para ambas partes.

Rivera ha sabido responder a los desafíos internos y las amenazas externas en materia de administración de la Iglesia y de sus bienes temporales; incluso bajo su dirección la arquidiócesis de México destaca muy por encima de otras diócesis en materia de cooperaciones. Como en la Universidad Pontificia de México, donde la sola ciudad de México ha llegado a aportar hasta el 40% del total de recursos para el centro educativo de los obispos del país.

Esa cualidad, junto a su cercanía con notables empresarios mexicanos (los hermanos Vázquez Raña, Carlos Slim, Amancio Ortega, Lorenzo Servitje, etc), convenció a Benedicto XVI quien le solicitó colaborar en la Comisión de Asuntos Económicos de la Santa Sede; hoy la Secretaría de Economía, a la que seguirá asesorando hasta que el papa Francisco se lo solicite, incluso aún después de que acepte su renuncia como arzobispado capitalino.

 

Piedad y devoción

Para Norberto Rivera, la dinámica social de la Ciudad de México tiene en sus expresiones religiosas una compleja riqueza y, por ello ha sido cauto al explotar las muchas variantes de la fe popular. En la ciudad aún existen un gran número de poblados con tradiciones religiosas muy arraigadas y la devoción a la Virgen de Guadalupe es casi antonomástica de la mexicanidad, pero la delgada línea entre la piedad y la superchería sigue construyendo ramas de religiosidad que han llegado a preocupar seriamente al arzobispo primado.

Su gran logro en la materia –y al mismo tiempo su gran tara- fue la canonización de san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, vidente del milagro guadalupano. La enorme predilección del papa Juan Pablo II por México se vio coronada con su última visita en 2002 y con la canonización del indio Juan Diego. El gran regalo de Rivera Carrera a la Virgen Morena de Guadalupe fue la elevación a los altares universales del santo indígena a quien ella eligió como portador de su mensaje; pero la falta de devoción o la falta de interés por Juan Diego ha retrasado 15 años la edificación de su santuario.

Y, sin embargo, en materia de devoción popular, ese es el menor de los problemas. Durante la gestión de Rivera Carrera, el culto al fenómeno de la ‘santa muerte’ creció exponencialmente desde un pequeño rincón del centro de la ciudad hasta exportarse a otros estados del país e, incluso, mediante la migración al extranjero. El sincretismo entre lo ‘tradicionalmente católico’ y las devociones ‘impuras’ ha sido para el arzobispado una batalla constante. Contra las desviaciones religiosas Rivera ha intentado salir del paso mediante la prohibición expresa para que los católicos no participen de actos y rituales no autorizados por la Iglesia católica pero el propio arzobispo sabe que prohibir no es suficiente; Rivera Carrera suele sintetizar el fenómeno con una advertencia que insiste en sus mensajes: “los vacíos, se llenan”.

 

Desafíos culturales y polémicas

En no pocas ocasiones, Norberto Rivera contrasta el tiempo en que inició misión en la capital y los muchos cambios culturales y legales que ha debido vivir en el cambio de siglo. El cardenal ha dicho que cuando fue nombrado arzobispo de México la ley aún consideraba el matrimonio sólo entre un hombre y una mujer o que no existía tal cosa como ‘interrupción legal del embarazo’. Incluso no había ese particular endurecimiento de medidas penales contra ministros que ejerzan abuso sexual sobre menores ni era notoria la explosión de diversas expresiones religiosas en la ciudad.

En aquella conversación, Rivera Carrera sintetizaba su mirada sobre la capital de la República: “Nuestra ciudad de México no solamente es grande, sino que concentra muchas de las realidades positivas y negativas de todo México; pero además de ser grande y tener esa concentración nacional, aquí vemos que se dan los cambios más profundos, más significativos que después van a las ciudades. Porque aquí tenemos los tres poderes, los centros de cultura y los centros de comunicación más importantes del país. Es normal que aquí se den grandes cambios y esto evoluciona. Constantemente, en el diálogo con los laicos, les digo que esta ciudad ha cambiado totalmente desde que llegué a la fecha. Va en constante evolución. Y por lo tanto no podemos seguir haciendo lo mismo porque la ciudad es otra”.

Sin embargo, los cambios culturales en la ciudad han sido quizá el menor de los desafíos para el arzobispo. La relación con las autoridades del Gobierno del Distrito Federal pasó de tersa a tensa, tirante y hasta adversa. De cordialidad y respeto con el ingeniero Cárdenas, a incomprensión con Rosario Robles; de amistad a extrañamiento con López Obrador y de franco diálogo con Alejandro Encinas; de la desconfianza con Marcelo Ebrard a la fría institucionalidad con Miguel Mancera. Eso, sin contar los encontronazos con delegados, asambleístas, diputados y no pocos activistas políticos.

¿Y tras 22 años de ministerio en la ciudad, qué ha dejado Norberto Rivera como legado? Él mismo lo expresa así: “He contribuido a que esta Iglesia crezca en varios aspectos, no solamente en cuestiones materiales, como en ayudar a que la Catedral esté en pie o que se reconstruyera la Antigua Basílica o que se construyera algún templo o en fundar dos seminarios; creo que la principal contribución, que el Señor me ha permitido poder dar, es el dar ánimos para que esta Iglesia sea misionera, para que esta Iglesia tenga laicos, religiosas, sacerdotes mejor formados para ejercer su ministerio”.

Por supuesto, será el próximo arzobispo de México quien habrá de valorar si habrá sido suficiente.

@monroyfelipe

Traslado de arzobispo a Acapulco consolida grupo episcopal

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Con la notificación del traslado del obispo de Tapachula, Leopoldo González González, a la sede metropolitana de Acapulco, se consolida un amplio grupo de obispos mexicanos vinculados a un proyecto que ya es transgeneracional y cuya figura en común es el distinguido arzobispo emérito de Morelia, el cardenal Alberto Suárez Inda.

El cardenal originario de Celaya tiene una relación sumamente íntima con al menos 18 obispos mexicanos que él mismo ha consagrado o participado en su consagración, de los cuales cinco son arzobispos metropolitanos en activo: Francisco Moreno, Tijuana; Rogelio Cabrera, Monterrey; Carlos Garfias, Morelia; Fabio Martínez, Tuxtla Gutiérrez; y el propio Leopoldo González, ahora en Acapulco.

Por si fuera poco, estos obispos a él vinculados por la herencia episcopal ya han consagrado a otros 12 obispos en activo; uno de ellos, José Fernández Hurtado, que es arzobispo de Durango, seis más son obispos residenciales y el resto auxiliares que forman una cantera importante para las próximas dos décadas de la Iglesia mexicana.

El otro prelado mexicano con una gran cantidad de obispos consagrados es el cardenal Norberto Rivera Carrera (29) pero sólo uno de ellos ha tomado posesión de una sede metropolitana, Víctor Sánchez Espinosa, hoy arzobispo de Puebla; y por lo menos 16 han sido sus propios obispos auxiliares (con un registro negativo de dos obispos que tuvieron que abandonar el ministerio bajo señalamientos graves de moral: Luis Fletes y Rogelio Esquivel).

Por su parte, el cardenal José Francisco Robles, arzobispo de Guadalajara, acumula 12 obispos consagrados (un arzobispo); y el cardenal arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, ha fungido como consagrante para 14 obispos mexicanos (ninguno ha sido elevado a sede arzobispal).

Lo que destaca en el caso de los pastores vinculados al cardenal Alberto Suárez Inda es que sus arzobispos suman una tercera parte de los titulares de las 18 provincias episcopales en las que está organizada pastoralmente la república mexicana. Esto es relevante toda vez que los metropolitanos tienen una importante función en la configuración y renovación de la geografía episcopal. Así, los estados de Guerrero, Michoacán, Baja California, Nuevo León, Durango y Chiapas prácticamente guardarán un estilo de trabajo y el proyecto pastoral en las próximas décadas; pero es la presencia de obispos afines al estilo del cardenal Suárez Inda en otras latitudes lo que anticipa que regiones como la Costa del Pacífico, el Noroeste, Oaxaca, el Bajío y el Centro del país podrían tomar la ruta inspirada por el cardenal celayense.

Son, sin embargo, los jóvenes obispos auxiliares los que tendrán un papel relevante en los próximos diez o quince años pues según los méritos de su servicio y trabajo tienen posibilidad de acceder a diócesis residenciales o a responsabilidades de gran representatividad como hoy la tiene Juan Espinoza, auxiliar de Morelia, como secretario general de la Conferencia Episcopal Latinoamericana; o el obispo Alfonso Miranda, auxiliar de Monterrey (consagrado por Rogelio Cabrera, muy cercano a Suárez Inda), como secretario general del Episcopado Mexicano.

Pero ¿cuál es esa ruta, el estilo y el proyecto que comparten este robusto grupo episcopal en México? El propio Suárez Inda parece sintetizarlo en una entrevista con Vatican Insider: “Reconocer que la mayoría de nuestro pueblo es noble, con una gran tradición cristiana, tenemos riquezas naturales, historia muy rica en cuanto a instituciones y personas relevantes a través de los siglos. Por la religiosidad muy arraigada resultan paradójicos y contradictorios los problemas de pobreza, desempleo, violencia e inseguridad que padecemos […] no hay que dramatizar los problemas en el país porque hay muchos aspectos muy bellos, muy positivos. De manera que: ¡No vivimos en un infierno! En general vivimos un ambiente muy humano, aunque los sobresaltos no faltan”.

¿Serán estas líneas las que marcarán los próximos años a la Iglesia católica de México? ¿Valorar la tradición religiosa, no dejar de mirar los desafíos sociales y no satanizar la realidad? En fin, sólo el tiempo y los inminentes relevos en San Cristóbal de las Casas, Antequera-Oaxaca, Torreón, Mixes, Veracruz y México podrán confirmar la ruta.

@monroyfelipe

 

Lo que nadie dice sobre la excomunión a políticos corruptos

corrupcion-millones-dolares-desarrollo-ONU_MEDIMA20131123_0279_5El 17 de junio pasado, durante el informe final del Coloquio Internacional sobre Corrupción realizado en el Vaticano, se deslizó la posibilidad de que el papa Francisco podría dar cauce a una iniciativa legislativa conducente a aplicar la pena de excomunión por actos de corrupción y asociación criminal; y aunque la iniciativa no tiene destinatarios específicos, de inmediato se pensó en los miembros de la clase política y funcionarios cuyos actos de corrupción parecen afectar con más gravedad a la sociedad.

La excomunión sigue siendo la máxima pena que puede ser impuesta a un católico, significa quedar fuera de la Iglesia, apartado de los medios de salvación. Además, la pena está estipulada para evitar que el pueblo se escandalice de una autoridad que permite que las conductas delictivas graves queden impunes. Así que, si la Iglesia católica llega a formalizar la excomunión a políticos corruptos o a liderazgos económicos o gremiales por actos de asociación criminal, serán los obispos quienes tendrán una mayor responsabilidad en el tema.

Sin duda, muchas voces -dentro y fuera de la Iglesia- han aplaudido la iniciativa del pontífice argentino pues es claro que los actos de corrupción no sólo son indeseables, sino que sus efectos son desastrosos para cualquier sociedad.

En México, el tema es muy sensible ya que, según Transparencia Internacional, nuestro país cayó 28 lugares del 2015 al 2016 en materia de percepción de corrupción y es el último lugar entre las 35 economías que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Para el Instituto Mexicano para la Competitividad y el Centro de Investigación y Docencia Económicas, la corrupción nos cuesta 906 mil millones de pesos, el 10% del Producto Interno Bruto del país. Esto es: que por cada 100 pesos de riqueza que generamos, 10 se destinan a corrupción; y la gente de a pie tiene que desembolsar hasta el 14% de su salario o ingresos para cubrir gastos extraordinarios correlacionados a los efectos de la corrupción. Por si fuera poco, por la corrupción se pierden hasta 480 mil empleos anuales.

Sin embargo, contrario a lo que mucha gente cree, el proceso jurídico que conduce a la excomunión de un cristiano no es sencillo. Primero hay que distinguir que, para la Iglesia católica, hay dos ‘formas’ en que se incurre en excomunión: latae sententiae y ferendae sententiae.

Según el Código de Derecho Canónico, se sugiere que por norma general la pena de excomunión se realice por la vía de ferendae sententiae que es una ‘sentencia ejercida’ resultada de la intervención de una autoridad eclesial (por ejemplo, un obispo diocesano) quien a través de un procedimiento administrativo en el Tribunal Eclesiástico (o algún otro tribunal competente) se dirimen las acusaciones, las pruebas, las circunstancias y, en su caso, se evalúa si el infractor enmendó o no su actuar tras las advertencias previas y obligatorias que debieron haberle hecho.

Ahora ya se ve por qué no sería fácil que por vía de la intervención jurídica eclesial algún político, empresario o poderoso llegue a ser excomulgado. Sería necesarísimo –imprescindible incluso- que antes de procesar en un juicio de excomunión a un acusado, se tuvieran pruebas irrefutables del acto criminal (lo cual ya se antoja imposible) y, además se debe hacer una valoración de la contumacia o la insistencia del acusado a persistir en el error después de la amonestación que la autoridad le hiciera. Es decir: que las autoridades eclesiales deberán hacer amonestaciones concretas a personas concretas por delitos comprobados, darles un tiempo prudente para enmendar el acto y, en todo momento, actuar anteponiendo la dignidad, la buena fama y todas las garantías eclesiales del imputado.

Hay otra figura, sin embargo, que podría ser más cercana a lo esperado: el latae sententiae que es una especie de ‘excomunión en automático’ cuando aquel creyente corruptor o partícipe de un acto corrupto –consciente de lo que hace, de la ley que viola y del mal que implica- no hace nada para impedir el camino de su condena. Este tipo de sentencia inmediata la sugiere el canon 1318 para “delitos dolosos especiales que pueden causar un escándalo más grave”.

Y, en efecto, sería un escándalo gravísimo que políticos corruptos cuyos actos laceran ostensiblemente a una comunidad no sean repudiados por las autoridades eclesiásticas.

Por supuesto, en un Estado laico como México, una sentencia de excomunión a políticos o funcionarios parecería inocua y carente de sentido para el desarrollo de las instituciones; pero, en el fondo, la búsqueda del apoyo social y de amplios estratos del país que requieren los políticos y empresarios pasa indefectiblemente por el juicio moral de millones de mexicanos y de liderazgos de identidad católica.

La excomunión, sin embargo, también es un privilegio de la autoridad eclesiástica; es una sanción vertical y jerárquica. Y allí es donde la ‘excomunión por corrupción’ tiene un riesgo tremendo porque el reto con la corrupción es precisamente acabar con los pequeños o grandes privilegios que son utilizados para aventajar o engañar al bien común. Por desgracia, en los anales de la historia pasada y contemporánea, abundan los casos en que los propios jueces de la moral son artífices de actos de cohecho con las propias autoridades corruptas. Por lo que si un obispo intenta divulgar alguna sentencia de excomunión por corrupción está obligado a contar con una inmaculada e inobjetable estatura moral, una perfecta asepsia política y una historia libre de los clásicos ‘favores’ que ofrecen facinerosos empresarios y políticos; de lo contrario, la sombra de un uso pernicioso de la sanción canónica causaría aún más escándalo entre los creyentes.

@monroyfelipe

La Arquidiócesis de México: los candidatos y el ‘factor Francisco’

mexicodfUno a uno y cada quien a su modo, los obispos mexicanos que han sido “destapados” como posibles candidatos a suceder al cardenal Norberto Rivera Carrera en la arquidiócesis capitalina de México han expresado en perfecto tono evangélico las palabras que el mismo Jesús dijo antes de su Pasión: “Padre, si es posible aparta de mí ese cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Por ejemplo, el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, quien lidera todas las quinielas de la sucesión de Rivera, comentó: “Yo preferiría, con toda honestidad lo digo, continuar en Tlalnepantla. Sé que la Ciudad de México es un gran desafío, y si a mí no me toca yo le doy gracias a Dios”. Algo parecido expresó el obispo de Morelos, Ramón Castro Castro: “Le pido a Dios, con toda mi alma, que no sea yo; estoy tan a gusto y contento que amo a mi esposa la diócesis de Cuernavaca”. El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza –el tercero en la terna que probablemente considere el papa Francisco para relevar a Rivera Carrera-, también sentenció: “Yo estoy tranquilo aquí en Puebla… desde luego nosotros vamos a donde nos pida la Iglesia y nos pida el Santo Padre servir”.

Y aunque no lo han expresado abiertamente, puedo asegurar que comparten el mismo pensar otros obispos que también se mencionan en las probabilidades sucesorias. En efecto, al final quien elija el Papa para ser el trigésimo sexto arzobispo de México no le quedará sino apechugar.

Y es que, a pesar de que el gobierno de la Arquidiócesis Primada de México parezca sinónimo de poder, lujo y privilegio, en el fondo es un verdadero desafío para cualquier obispo. En cada rincón de esta diócesis, que es una de las más grandes y complejas del mundo, salta un conflicto por atender: ya sea por el estatus jurídico de territorios parroquiales (hay aproximadamente 1,200 templos católicos en la ciudad), por el cuidado y vigilancia de casi dos mil sacerdotes o por las múltiples relaciones institucionales que la Iglesia local debe mantener con autoridades, fuerzas políticas, medios de comunicación, centros educativos, organizaciones de la sociedad civil y líderes empresariales.

Sin pensarlo demasiado, menciono tres tareas nada sencillas que deberá asumir el nuevo arzobispo: el gordiano proceso de nacionalización de la Basílica de Guadalupe; la aparentemente imposible renovación generacional de ministros diocesanos ancianos y jubilados; y la delicada reparación de la relación con un presbiterio capitalino que reclama de su pastor cercanía, diálogo y accesibilidad. Eso, sin contar los procesos de evangelización de una ciudad cada vez más secularizada y un balance de los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac que mire al futuro de la piedad y religiosidad de los nuevos católicos mexicanos.

Como se ha insistido, la presentación de la renuncia de Norberto Rivera al papa Francisco no implica una acción inmediata de sustitución. Al arzobispo tapatío Juan Sandoval Íñiguez, por ejemplo, el Papa lo mantuvo casi cuatro años adicionales al frente de Guadalajara y, por el contrario, al legendario obispo de San Cristóbal de las Casas, jtatic Samuel Ruiz, Juan Pablo II le aceptó su renuncia al día siguiente. Es decir, no todo está dicho.

Ahora bien, a las ternas y las planillas de candidatos que barajean los expertos como posibles sucesores de Norberto Rivera habrá que agregarles el ‘factor Francisco’. Porque es un hecho que el pontífice argentino tomará personalmente esta decisión y, si nos atenemos al carácter que ha mostrado en otros nombramientos importantes, su único interés para elegir el perfil del próximo arzobispo primado de México será que aquel esté plenamente comprometido al estilo de la ‘Iglesia en salida’, la ‘revolución de la ternura’ y la ‘reforma de las actitudes’.

Es decir,  aquel que se “saque la rifa del tigre” como próximo arzobispo metropolitano de México será un peregrino que quiera acudir hasta el borde de la realidad y de las periferias humanas de la Ciudad de México, porque en este momento ya es lo que hace a ras de suelo de su propia diócesis. Y entonces las ternas de sucesores ya no se limitan a los obispos favoritos, sino a los últimos, los que por el momento pasan más tiempo en la terracería que bajo los reflectores.

 

*Papa sorprende a tlaxcaltecas

Esta primavera el papa Francisco ha dado dos guiños muy importantes a la Iglesia de Tlaxcala. Primero –aunque la sede episcopal se encontraba vacante- aprobó el decreto para la canonización de los niños indígenas mártires tlaxcaltecas Cristóbal, Juan y Antonio; y este 15  de junio, despertó a la Diócesis de Tlaxcala con el nombramiento de un nuevo obispo. Se trata del sacerdote Julio César Salcedo Aquino, misionero josefino y director de un colegio católico mexiquense, quien será consagrado cuarto obispo de Tlaxcala. Salcedo, de 66 años, será quien el próximo 15 de octubre participe junto al papa Francisco en la histórica canonización de los que se consideran “los primeros mártires del continente”.

@monroyfelipe

Chedraoui, la finalidad de un icono jerárquico

Sayedna-2-1Conocí al arzobispo Antonio Chedraoui Tannous gracias al fotógrafo David Ross; para él, uno de los mejores retratos que había realizado con su famosa técnica de “fundido al negro” había sido al titular de la iglesia ortodoxa de Antioquía en México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe. Más que una fotografía parecía un icono lleno de símbolos de poder: el arzobispo en rason  y epanókamelaukion negros (sobretodo y tocado) luciendo el stauros pectoral y la panaguia bajo sendas cadenas de oro y remates de rubí, empuñando con severidad un tremendo kazranion (báculo) mientras sonríe con gentileza, casi condescendiente.

El arzobispo metropolita Antonio Chedraoui destilaba jerarquía por los cuatro costados; su servicio a la iglesia antioqueña lo resume claramente la nota de su fallecimiento divulgada este 14 de junio: “Ha tenido relaciones con la mayoría de los Presidentes de la República del Líbano desde 1950 hasta la fecha. Y se ha entrevistado con diversos Jefes de Estado, como los Reyes de Grecia, Pablo y Federica, y los Presidentes de Venezuela, Argentina, Brasil y Chile. Se le ha considerado como uno de los líderes más destacados de la Colonia Libanesa en México y de las demás Colonias Árabes. Ha tenido el privilegio de contar con la amistad de varios Presidentes de la República Mexicana, desde el Lic. Gustavo Díaz Ordaz hasta el actual Presidente, Lic. Vicente Fox Quesada (sic); además de contar con el aprecio y la amistad de diversos Secretarios de Estado, de líderes religiosos de diversas Iglesias, así como también de los líderes políticos mexicanos y de la iniciativa privada”.

Para los medios de comunicación y la clase política, el arzobispo Chedraoui se reducía al día de san Antonio Abad, su cumpleaños y onomástico; a una solemne ceremonia de tremenda pompa bizantina y una frugal recepción donde convergían los políticos de moda y los poderosos líderes transexenales. Hay que mencionar que desde 1966, Chedraoui fue el obispo vicario patriarcal para todas las comunidades católicas ortodoxas antioqueñas de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe (la región fue elevada a dignidad archiepiscopal y, por tanto, desde 1996, Chedraoui fue el primer arzobispo metropolitano).

Pero el trabajo del arzobispo tenía efecto en cada comunidad que presidía, fuera en México, Martinica, Guatemala, Honduras o Venezuela. Tan solo en Guatemala, la única institución privada que continúa proveyendo hogar, educación y capacitación laboral a niños huérfanos (hijos y nietos del conflicto armado) es el albergue Rafael Ayub, de las monjas católicas ortodoxas antioqueñas quienes, bajo el amparo de la enorme figura de Antonio Chedraoui, han resistido el embate de los gobiernos que han centralizado los orfanatos con el riesgo de que terminen administrados por la desquiciada corrupción que reina en aquel país.

El legado de Chedraoui, la finalidad de ese estilo de gobierno soportado en esa retórica de poder, ha sido  la visibilización de una iglesia ortodoxa con presencia muy limitada en comunidades pequeñas y dispersas en el continente pero cuya cooperación económica y subsidiaria es muy generosa y que hace que sus servicios de asistencia humanitaria sean altamente reconocidos por la sociedad y los gobiernos latinoamericanos.

Aunque pequeña, la iglesia ortodoxa antioqueña –una breve porción de la pujante comunidad libanesa en México- se ha abierto paso en la conversación política, económica y social en el país. Hoy, la comunidad Ortodoxa se concentra en la catedral de San Jorge ubicada en la ciudad de México; y en su área metropolitana, la magnífica y esplendorosa catedral de San Pedro y San Pablo ubicada en Huixquilucan, Estado de México. Además, los monjes presbíteros, diáconos y archimandritas se congregan en el Monasterio de San Antonio el Grande, Jilotepec; en Yucatán llevan la parroquia de la Dormición de la Virgen y en Tijuana, la misión ortodoxa se denomina Proyecto México.

Chedraoui será recordado como el icono jerárquico de la iglesia antioqueña lationoamericana por antonomasia. Un hombre que provino de una familia humilde avecindada en Trípoli, Líbano, como confesó al periodista Mario Alberto Mejía: “Yo lo digo con orgullo, nací en una familia pobre. Estudié en escuelas de gobierno, que hoy muchos creen que es algo malo. Después, cambié al seminario; a los 13 años me fui al seminario y ahí me incliné hacia la vida sacerdotal. Padecer carencias fue algo muy importante en mi vida y muchos hermanos que estuvimos juntos en el sacerdocio también recuerdan esos días, no recuerdan los días de hoy, donde tenemos más lujos. Aquellos días nos hicieron hombres para poder manejar una sociedad”.

@monroyfelipe

“Los motivos del lobo”, el poema que inspira a obispo mexicano para hablar con el narco

18920419_10209338733934159_8034887677974637305_n.jpg“Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz,  alzando la mano,  al lobo furioso dijo: ¡Paz, hermano lobo!”, así imaginó el poeta Rubén Darío al santo de Asís en su diálogo con una bestia que asolaba rebaños y pastores; y para Salvador Rangel Mendoza, obispo de Chilpancingo-Chilapa, en el estado de Guerrero, México, es la inspiración necesaria para que desde su ministerio episcopal tienda puentes de diálogo con los narcotraficantes de la región sur del país.

“No podemos tapar el sol con un dedo y no estoy de acuerdo con ese discurso triunfalista del gobierno federal, estatal o municipal de que tienen todo bajo control: sabemos que todo Guerrero está en manos del narcotráfico”, afirma categórico el obispo Rangel Mendoza, quien en meses pasados ha tenido oportunidad de dialogar con narcotraficantes en el estado para evitar que aumente la escalada de violencia en la región.

El obispo, de formación franciscana, considera que su misión como pastor le obliga a mantener las puertas abiertas al diálogo, incluso con narcotraficantes: “Como pastor no le puedo cerrar las puertas a nadie y, como ha sucedido en otras ocasiones, lo que yo quiero con este diálogo es asegurar a los sacerdotes, a las religiosas, a los seminaristas y a los catequistas. Y yo prefiero tener esa puerta abierta, esa puerta de diálogo; por eso lo he hecho. Y no es que esté todos los días con ellos, simplemente es para protección del clero”.

Sin embargo, el diálogo que ha sostenido con criminales ha sido duramente cuestionado por las autoridades: “Ya he hablado con el secretario de gobierno y también hemos tratado la situación con el gobernador Héctor Astudillo, a ellos no les ha parecido, no les gusta que esté dialogando con estas personas y me lo han dicho. Lo que busco es sembrar la paz, invitarlos a dejar estos asesinatos y la conversión de todo mundo; pero es la gente de gobierno la que no quiere dar su brazo a torcer, que no dialogan con criminales, con gente fuera de la ley. Yo me pregunto: ¿En dónde está la gente mala, adentro o afuera?”.

Pero en el diálogo con narcotraficantes, ¿no se llegó a ningún tipo de negociación o intercambio de favores?

No, de ninguna manera. Es un diálogo, no es ninguna negociación. Yo aprovecho ese momento, les digo clarito: “Yo vengo aquí como amigo; vengo a ofrecerles la palabra de Dios; vengo a ofrecerles los sacramentos; vengo, no a juzgarlos, sino simplemente decirles que son parte de la diócesis y quiero estar con ustedes. Hasta allí únicamente. Los invito a que en lo posible no asesinen, no hagan levantones, no hagan cosas inconvenientes; y ellos, queriendo que no, hacen caso de este llamado. Prefiero tenerlos cerca que lejanos, y que escuchen alguna voz. Yo siempre los invito a la paz, a la concordia y a la tolerancia. Creo que muchas veces me escuchan esas personas.

Les hace un llamado a la conversión…

Efectivamente. Y a la misericordia.

Para el obispo Salvador Rangel, la situación en el estado de Guerrero es dramática. Semanas atrás denunció que grupos criminales cobraban derecho de piso a las autoridades de la Catedral de Tlapa pero que tras establecer un diálogo con aquel grupo se logró detener el abuso: “Se logró erradicar ese cobro de piso porque se lo pedí a un personaje de estos y él se encargó de arreglar ese asunto. Desgraciadamente, después llegaron otros y creo que ahora, de parte del municipio o del gobierno estatal, tienen montada una guardia de planta allí en la Catedral”.

Pero las amenazas son la menor de sus preocupaciones: “Este fin de semana tuvimos 26 asesinatos en Guerrero; el sábado solamente tuvimos siete asesinados aquí en Chilpancingo. Por ello no estoy de acuerdo con ese discurso triunfalista del gobierno federal, estatal o municipal de que tienen todo bajo control. Y en lo personal sí tengo un cierto temor. Pero tengo más temor de algunas autoridades o instituciones que de los mismos narcotraficantes”. Este pasado fin de semana se encontraron dos cabezas humanas precisamente en su diócesis: una en Chilpancingo y otra en Chilapa

¿Cómo se dialoga con alguien que en su universo de vida no tiene una orientación positiva con su prójimo, que le roba, que lo asesina, que trata de aventajarse de sus debilidades? ¿Cómo hace usted para dialogar con ellos?

Como fraile franciscano tengo siempre presente el diálogo y abrirse a los demás. Tengo muy presente esa poesía de Rubén Darío “Los motivos del lobo”, como san Francisco acudía a escuchar al lobo, a escuchar sus motivos de por qué se portaba mal. Y yo he ido a escuchar los motivos de esas personas, porque no están metidos gratuitamente sino por las circunstancias. Por ejemplo, uno de ellos dice: “Mataron a mi padre”; y otro: “Secuestraron a mi esposa y a mis hijos”. Entonces hablo con ellos y son personas humanas como nosotros, no dejan de tener fe.

Rubén Darío termina así su famoso poema después de verificar que tras la acción violenta del hombre el lobo vuelve a la violencia feroz: “El santo de Asís no le dijo nada. Le miró con una profunda mirada, y partió con lágrimas y con desconsuelos, y habló al Dios eterno con su corazón. El viento del bosque llevó su oración, que era: Padre nuestro, que estás en los cielos…”

@monroyfelipe

¿Por qué la renuncia del cardenal Rivera vuelve locos a todos?

norberto-riveraaEl próximo martes 6 de junio, el cardenal arzobispo de México, Norberto Rivera Carrera, cumple 75 años y según lo marca el Código de Derecho Canónico, el purpurado está conminado a presentar su renuncia al Santo Padre. Es un procedimiento burocrático –diría incluso ordinario- pero por alguna razón son varios los interesados en apurar este evento que en principio detona la búsqueda de su sucesor.

La cátedra arzobispal de la Ciudad de México siempre ha estado en la mira de los medios de comunicación, de los intelectuales y de no pocos sectores de gobierno. A muchos opinantes de temas religiosos parece no importarles las otras 92 diócesis de México y, mucho menos, los cientos y cientos de órdenes, congregaciones y asociaciones religiosas que realizan diferentes servicios en el país. Su obsesión con la sede primada responde a un lenguaje político que confunde el juego del poder con los ministerios encomendados a los obispos.

Esa reflexión es primaria y simple: el titular de la Iglesia católica en la ciudad donde se concentra el poder político, económico, mediático y cultural de todo el país debe ser, al mismo tiempo, el representativo concentrado de toda la catolicidad de la nación. Y quizá aquellos que piensan de este modo no tienen del todo la culpa, porque así funcionó por muchos años: la prosapia, el preclaro linaje, el potencial administrativo y económico de una sede obispal merecía honores y distinciones al pastor quien, así acumulando títulos nobiliarios, pasaba de servidor a jerarca.

Por ello, frente a la renuncia del arzobispo Norberto Rivera Carrera más de uno quisiera ser el primer heraldo que pronuncie: “El Rey ha muerto. ¡Que viva el rey!” y desvelar al sucesor que tomará la sede de la Catedral Metropolitana de México. Sin embargo, a estos entusiastas hay que decirles que, además de no entender a la Iglesia católica, no han terminado de comprender lo que ha estado haciendo el pontificado de Francisco.

Entonces ¿qué pasará con el arzobispo Rivera? ¿Cuándo será aceptada su renuncia y cuándo conoceremos a su sucesor?

Empecemos con la renuncia. El cardenal Rivera presenta su renuncia por principio de orden pero la Santa Sede y el Papa valoran cada caso en particular. En la historia ha habido casos de obispos con más de cuatro años de “tiempo extra”, esto se ha debido a dos fenómenos particulares: el primero es un periodo moderadamente racional (‘tiempo de gracia’) para que el obispo vaya administrando su retiro, encuentre un espacio dónde vivir, deje en orden la casa y participe de cierto modo en el proceso de la búsqueda de su sucesor.

En ese punto ya se encuentra Norberto Rivera: solicitando informes del estado de las cosas en la Arquidiócesis de México que es una iglesia inmensa con ocho obispos auxiliares, 52 decanatos, más de 650 territorios parroquiales y más de mil 200 templos; un territorio donde convergen más de una docena de universidades católicas, cientos de conventos y cientos de servicios de caridad social como hospitales, albergues, comedores populares, refugios, etcétera. Y, por si fuera poco, el Santuario de Guadalupe con sus más de 20 millones de visitantes al año y que está bajo su jurisdicción. ¿Cuánto durará este tiempo para poner orden? Tres a cuatro meses más aproximadamente.

Sin embargo, hay un segundo fenómeno para que un obispo haga ‘tiempo extra’ en la diócesis: la carencia de un claro sucesor o de un perfil adecuado para asumir una carga de esa naturaleza. Este es un tema casi tabú en México pues sería inimaginable que el segundo país del mundo con más católicos tuviera un déficit en candidatos al solideo episcopal  o al palio arzobispal. Pero hay que recordar que las más recientes sucesiones arzobispales en México indican que tanto la Nunciatura como la Santa Sede tienen una responsabilidad más difícil de lo que parece.

Así que, si Rivera Carrera goza de salud y tiene buen ánimo para continuar administrando la iglesia capitalina por algunos meses más, seguramente la Santa Sede no querrá urgir ni poner en predicamento al Papa ni a la Iglesia mexicana para encontrar un sucesor de inmediato.

Y eso nos pone en el segundo tema: ¿Quién podría ser el próximo arzobispo primado de México?

Volvamos al papa Francisco y a su peculiar estilo de gobernar la Iglesia universal. Con los cardenalatos anunciados del pasado 21 de mayo quedó muy claro que para Bergoglio el birrete púrpura en realidad va por la persona y no por el abolengo ni el poderío de la ciudad que administra.

Para Francisco, mientras más grande y compleja sea la diócesis representa más servicio y no más privilegios; más tierra de misión y menos principados; más sacrificios y menos “carrierismo eclesial”. Es así que la monumental Arquidiócesis de México no sería precisamente “un premio” ni “la joya de la corona”.

De tal suerte que el sucesor de Rivera Carrera no necesariamente debe apuntar a un pastor de meteórica carrera entre los corrillos episcopales, sino a un perfil más modesto en la labranza al servicio de la grey, con muchas horas de calle y varios kilómetros en carretera a ras de suelo. Y todas esas historias suceden en esas 92 diócesis restantes que los analistas e intelectuales casi nunca miran y que casi siempre desdeñan, pero que seguro no pasan desapercibidas para el pontífice argentino. @monroyfelipe