Carlos Aguiar Retes

Posaderos y emisarios, los nuevos rostros de la Basílica de Guadalupe

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A nadie escapa la complejidad que encierra la administración y el rostro que debe tener el santuario mariano más visitado del mundo. La relevancia cultural, política e incluso económica de  la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe siempre ha requerido que el arzobispo de México, en su papel heredado de ser custodio absoluto de la estampa del Tepeyac, tenga especial cuidado en la elección de sus colaboradores en ese centro de la espiritualidad cristiana del continente americano. Finalmente, tras ocho meses de plena potestad administrativa, el cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, ha puesto sus cartas sobre la mesa en lo que respecta al santuario guadalupano.

El 25 y 30 de septiembre, Aguiar nombró a Salvador Martínez Ávila y a Gustavo Watson Marrón, como nuevos rector y vicerrector de la Basílica de Guadalupe respectivamente. Ambos guardan muchas semejanzas en su experiencia sacerdotal: son naturales de la Ciudad de México, tienen 55 años de edad y, en sus primeros años de ministerio, vivieron en carne propia la audacia del Segundo Sínodo Arquidiocesano convocado por el cardenal Ernesto Corripio Ahumada para “transformar mediante el Evangelio las vertientes determinantes de la cultura”.

Ambos son, por así decirlo, la primera generación de sacerdotes capitalinos que recibieron el impulso de transformar más que conservar. Las líneas del Segundo Sínodo insisten en el cambio: “hay que transformar las estructuras, leyes y funciones de la Iglesia en expresión y fuente de la caridad pastoral […] transformar las comunidades parroquiales […] transformar los criterios de juicio, líneas de pensamiento, fuentes inspiradoras y modelos de nuestras vidas […] transformar la vida personal y social de los hombres […] desde adentro, renovar la misma humanidad”. En fin “transformar el mundo”. Cambio y transformación son las palabras más frecuentes en los documentos del Segundo Sínodo, la conservación sólo se utiliza una vez: “Debemos conservar las tradiciones de piedad y de religiosidad cristiana portadoras de un patrimonio moral y espiritual hoy en peligro”.

Por ello, para Martínez y Watson no hay nostalgia por el pasado (aunque el primero es biblista y el segundo historiador); han andado con naturalidad sobre el perfil actual de la Iglesia contemporánea, incluso en su relación con el gobierno civil y el propio gobierno arquidiocesano. Prácticamente después de ser ordenados, México reanudó relaciones diplomáticas con el Vaticano (lo que supuso adoptar una nueva actitud frente a todo lo que implicaba una nueva relación institucional entre el Estado y sus funcionarios con la Iglesia y sus ministros) y también vivieron en 1995 la renuncia del único pastor que conocieron y que les había ordenado para dar la bienvenida al joven nuevo arzobispo Norberto Rivera (lo que les advierte una perspectiva serena sobre los cambios y las efectos que provocan).

Pero quizá como nunca antes ambos se enfrentarán a un desafío mayúsculo para sus personas y sus trayectorias: “la protección y conservación del culto guadalupano [….] el cuidado del mayor tesoro espiritual de México y América […] la atención personal y pastoral de millones de peregrinos”. Aguiar Retes ha dado esas instrucciones a estos sacerdotes herederos de la transformación: proteger, conservar, cuidar y atender. Martínez y Watson serán pues posaderos de la casa espiritual de la mexicanidad y, al mismo tiempo, emisarios de un mensaje que quiere hallar su lugar en la cultura del siglo XXI.

No será sencillo, principalmente para el rector Salvador Martínez, integrarse a una dinámica de trabajo con el Cabildo Guadalupano y con los personajes que, desde allí, han mantenido una desagradable tensión al interior del Santuario. Los defectos humanos, las búsquedas de poder y privilegio, los odiosos protagonismos y las insatisfechas suspicacias sobre el destino real de los recursos económicos de la Basílica de Guadalupe son un terrible testimonio de fraternidad sacerdotal en el hogar de la Virgen Morena. Por su parte, en sus impecables 15 años al frente del Archivo Histórico de Guadalupe, Gustavo Watson comprende –porque la ha padecido- la desgastante e incómoda política eclesiástica que se vive en el seno de este recinto y, como vicerrector, seguramente buscará devolver la sana inocencia de ser servidor de los peregrinos.

No tendrán, además, la completa preocupación por la engorrosa y tentadora administración financiera del Santuario. La centralización económica que Aguiar Retes desea implementar en las principales instancias diocesanas les releva en ciertas tareas de esa delicada responsabilidad. Por si fuera poco, el cardenal Aguiar ha hecho también del santuario nacional, el estrado de su misión pastoral en la Ciudad: allí ha trasladado simbólicamente la cátedra arquidiocesana pues celebra de ordinario al pie de la Virgen de Guadalupe y sólo de manera eventual en la propia Catedral de México. Además, mientras se designa a su sucesor en la Arquidiócesis de Tlalnepantla (se especula en la posibilidad del también tepicense Mario Espinosa Contreras, actualmente obispo de Mazatlán), el cardenal mantiene una cercanía física con el territorio donde aún es administrador apostólico.

Martínez y Watson tendrán la tremenda responsabilidad de hacer sentir bienvenidos a los obispos, sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de todas las diócesis mexicanas en sus tradicionales peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe; hacerles saber a todos los peregrinos nacionales y extranjeros que, si bien el arzobispo de México es el custodio del ayate de san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el santuario es nacional y es el espacio donde todos los pastores pueden hacer participar a sus comunidades de la difusión y el fortalecimiento del culto guadalupano.

Este último análisis no es circunstancial, con mucha frecuencia se afirma -sin ningún tipo de rubor- que los mexicanos son más guadalupanos que católicos. La expresión es un sinsentido, porque la Virgen María en su advocación guadalupana sólo puede comprenderse desde las fronteras de una estricta teología católica; y, sin embargo, la afirmación es el más puro reflejo de la identidad nacional. La profunda contradicción emotiva y las infinitas capas de devoción tradicional hacia la virgen morena hacen verdadera la paradoja que lo mismo concede un profesionista ateo que un nuncio apostólico. Ser posaderos y emisarios; Martínez y Watson podrían cristalizar esa aparente contradicción en beneficio de una compleja sociedad guadalupana. Y empezaron con el pie derecho: con un fraterno y sincero abrazo.

@monroyfelipe

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Cardenal Aguiar valora desmembrar la poderosa iglesia capitalina

34598765_1185626698254713_8690352044071976960_n.jpgEl cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, estudia dividir la Arquidiócesis de México. Tras cuatro meses de haber recibido la Iglesia capitalina de manos del cardenal Norberto Rivera Carrera, el purpurado nayarita ya realiza valoraciones para que la diócesis que preside, que hasta el momento coincide en delimitación geográfica con la Ciudad de México, se divida en dos o tres territorios más que tendrían un obispo autónomo residencial con todas las facultades, derechos y responsabilidades canónicas y representativas.

A través de un comunicado signado por la directora de Comunicación de la Arquidiócesis de México el 6 de junio -justo en el cumpleaños del cardenal Rivera Carrera-, las instituciones eclesiales afirman que se ha iniciado un Proceso de Consulta para la Creación de Nuevas Diócesis, desmembradas de la Arquidiócesis Primada de México.

Las diócesis que se crearían -adelanta el comunicado-, podrían ser la que hoy está delimitada en la Primera Vicaría Episcopal cuyo territorio integra las delegaciones Azcapotzalco y Gustavo A. Madero, y las vicarías Séptima y Octava cuyos territorios abarcan las delegaciones Iztapalapa, Tláhuac, Milpa Alta y Xochimilco. Al frente de estas demarcaciones pastorales, Rivera dejó a los obispos auxiliares Florencio Armando Colín, Jesús Antonio Lerma y Andrés Vargas Peña.

El estudio de la división territorial de la Iglesia capitalina ha sido permanente, incluso el arzobispo Rivera Carrera recibió varias valoraciones sobre los positivos y negativos que generaría tal división. Para el purpurado duranguense, la coincidencia territorial del entonces Distrito Federal con la Arquidiócesis Primada facilitaba la relación de las autoridades eclesiales con las de la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México: Un jefe de gobierno – un sólo obispo residencial titular; pero también ayudaba a manifestar la unidad simbólica de los capitalinos como habitantes culturales de una ciudad de inmensos contrastes.

Por el otro lado, la Iglesia arquidiocesana es a todas luces ingobernable; el cardenal Rivera utilizó un modelo de responsabilidades gerenciales y cedió gran parte de su representación en sus ocho obispos auxiliares; pero una administración centralizada exige muy altas capacidades de gobierno y no pocos sacrificios para caminar en una iglesia tan masiva y dinámica. Sólo los arzobispos de Milán y de Madrid tienen más sacerdotes, parroquias y centros neurálgicos de la política y la economía como los que tiene la Ciudad de México.

De esta manera, si los obispos de México, la Nunciatura y el propio papa Francisco lo validan, en breve existiría una diócesis autónoma al norte de la ciudad que separaría a la Provincia de Tlalnepantla de la Ciudad de México y que sólo salvaría el polígono del Santuario Mariano del Tepeyac porque el arzobispo de México es el custodio histórico del Ayate de Juan Diego, la venerada imagen de Nuestra Señora de Guadalupe; y una diócesis más (si no dos) al sur y oriente capitalino, que es la zona que aún conserva áreas rurales y naturales protegidas, donde se concentran más de 3 millones de habitantes, así como las expresiones religiosas católicas populares más icónicas y masivas de la Ciudad de México: la Candelaria del Niñopa en Xochimilco y Semana Santa de Iztapalapa. Sitios de profundo arraigo religioso que son el principal proveedor de vocaciones sacerdotales de la capital.

Aguiar Retes quedaría como primado capitalino y arzobispo metropolitano con la Basílica de Guadalupe y los territorios más urbanizados, de mayor desarrollo vertical y de alto potencial económico comercial de la ciudad: desde Polanco, Tacubaya, la Condesa, Juárez, Centro, Lomas, Santa Fe, Del Valle, Mixcoac, San Ángel, Coyoacán, Churubusco, Pedregal y Tlalpan.

Si se aprobase la creación de nuevas diócesis: la del norte de la ciudad (en Azcapotzalco básicamente) se quedaría con una diócesis muy estructurada parroquialmente hablando pero con un cuerpo sacerdotal cuyo promedio de edad es muy superior a los 65 años y con pocas vocaciones sacerdotales en el corto plazo; mientras que la potencialmente nueva diócesis del sur se quedaría con la delegación Iztapalapa que es la zona más densamente poblada, marginada, empobrecida y tristemente violenta de la capital y con Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, los únicos territorios con espacios aún rurales de la capital que cuentan con las parroquias, capillas, barrios, mayordomías y expresiones populares más ricas de religiosidad católica.

@monroyfelipe

Card. Aguiar Retes: “El Papa me advirtió sobre resistencias”

RV30184_Articolo“Me parece muy bien, pero te advierto que habrá resistencias”, le dijo el papa Francisco al cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, cuando éste le comentó algunas ideas de cambio que desea impulsar en la Arquidiócesis Primada de México, principalmente en materia de reorganización estructural y pastoral para la ciudad más importante del país y una de las iglesias más masivas y complejas del mundo.

Aguiar Retes realizó a principios de marzo una visita al Vaticano para participar en la Asamblea de la Pontificia Comisión para América Latina de la Sagrada Congregación de los Obispos cuyo tema central fue la participación de la mujer en la Iglesia y la sociedad; sin embargo, en su estancia, el cardenal mexicano aprovechó para sostener encuentros con diferentes representantes de dicasterios romanos y con el propio pontífice.

Según lo comentó el propio Carlos Aguiar durante su intervención en el Día de la Universidad Pontificia de México, el papa Francisco escuchó las propuestas que desea implementar en la Iglesia de la Ciudad de México: “Estuve en Roma, estuve con el Santo Padre. Le platiqué mis cuitas y mis proyectos. Me animó muchísimo e incluso me hizo alguna advertencia cuando le planté esto que ya lo he hecho público: Que la parroquia en la ciudad ya no responde cabalmente como se necesita; esa parroquia está hecha para el campo y las pequeñas ciudades donde hay identidad y sentido de pertenencia”.

La propuesta del cardenal Aguiar Retes se centra en las “unidades pastorales”, que rompen con la construcción tradicional de las fronteras parroquiales y su acción. Aguiar impulsó, en las diócesis donde ha gobernado, centros donde un grupo de sacerdotes diocesanos pueda compartir más que sólo la vecindad territorial: “Tenemos que hacer lo que el Derecho Canónico aprueba desde 1983 que son las unidades pastorales, para que sea más amplio y efectivo el trabajo coordinado de los sacerdotes con los laicos y más eficaz”.

Fue entonces cuando Aguiar Retes recibió la advertencia del papa Francisco: “Me parece muy bien, pero te advierto que va a haber muchas resistencias. Como las que tuvo el arzobispo Quarrancino en Buenos Aires cuando inició este proyecto y que a mí me costó muchas resistencias. Pero es el camino y hay que trabajar en ello”, refirió.

El modelo de “unidades pastorales” contempla la posibilidad de que los párrocos ya no vivan en la casa cural del templo sino que compartan una casa común con otros sacerdotes; además de las ventajas económicas que supone el gasto de una sola casa común en lugar de cuatro o cinco independientes, Aguiar había confiado al vaticanista Andrés Beltramo que este modelo podrá atender desafíos anímicos o emocionales de los ministros: “Con la soledad vienen muchas tentaciones; en cambio cuando estás acompañado de otros que dan la vida igual que tú se comparten experiencias, dudas, situaciones… la clave es cambiar la mentalidad clerical que está en el modelo anterior”.

En el marco del Día de la Universidad Pontificia de México, el cardenal Aguiar Retes visitó, por primera vez en su calidad de Gran Canciller, la institución educativa eclesiástica más importante del continente. En el evento entregó los reconocimientos al Mérito Universitario a tres organizaciones de servicio humanitario y solidario en México (Casa de la Amistad para Niños con Cáncer, Proyecto Ave Fénix 2000 y VIFAC) y compartió la solicitud que hizo al cardenal prefecto de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, Giuseppe Versaldi, para que se mantuviera al doctor presbítero Mario Ángel Flores Ramos como rector de la UPM por un periodo extraordinario: “Algo que valoro mucho son las instituciones -dijo el arzobispo de México-, no hay forma de expresar, hacer válida y efectiva nuestra ayuda a la sociedad, como individuos, sino a través de las instituciones. A veces también las instituciones tienen fallas, pero es igual con las personas tenemos fallas y limitaciones. Sin instituciones la sociedad no camina. Y una institución educativa es fundamental para encontrarse y compartir lo que llevamos dentro, no solamente cuestiones académicas, sino que respondan a las realidades que vivimos o estamos viviendo o a los sueños que queremos que se realicen”.

@monroyfelipe

Aguiar comienza los cambios en la Arquidiócesis

31607352-1b80bf3d-d4e0-4e58-b978-0664bd8badb0Con la confirmación de la periodista y comunicóloga Marilú Esponda Sada al frente de la oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, recién entronizado arzobispo primado capitalino, parece estar dando los cambios que adelantó realizaría al cuerpo integral de la Iglesia de la ciudad que estuvo dirigida por más de 22 años por el cardenal Norberto Rivera Carrera.

La rápida transición en la protagónica oficina de comunicación -que lideró el ampliamente reconocido sacerdote Hugo Valdemar Romero Ascensión- fue anunciada por el purpurado ante su nuevo clero en la reunión del retiro espiritual de Cuaresma realizado el lunes 12 de febrero en las instalaciones del Seminario Menor arquidiocesano, donde también presentó a un par de sacerdotes que le acompañarán en una estrategia de renovación institucional.

De esta manera, el cardenal Aguiar Retes da un giro determinante en el modelo de comunicación que prevaleció en la Iglesia capitalina de la mano de Romero Ascensión desde 2003 cuando el sacerdote tomó las riendas de una oficina con grandes deudas y dificultades dejadas en la primera etapa del gobierno de Rivera Carrera.

Bajo el cuidado de la comunicadora queda ahora una instancia de gran presencia nacional e internacional y un equipo de trabajo que colocó la voz del cardenal Rivera en prácticamente todas las plazas nacionales y en no pocas del extranjero. En las mejores épocas del famoso semanario católico Desde la fe, la oficina de comunicación lograba hacer llegar formación religiosa a insospechables destinatarios con su tiraje de 650 mil ejemplares encartados en los diarios de la poderosa Organización Editorial Mexicana y, el equipo de Valdemar consolidó un nutrido grupo de lectores del suplemento dominical Eco Semanal y el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México, donde se publica domingo a domingo la famosa ‘Editorial’ que para los periodistas hace las veces de voz institucional de la Iglesia en la denuncia del poder en México.

Con estos cambios en la comunicación diocesana, Carlos Aguiar Retes deja en claro que una mujer será la voz de una nueva comunicación en la Iglesia y, al mismo tiempo, un vínculo para la enseñanza, la asimilación y la puesta en acción con las dinámicas culturales contemporáneas. La decisión del cardenal Aguiar es un compromiso del jerarca capitalino con esa gran grey de liderazgos femeninos. Es la respuesta a una petición largamente silenciada para que la Iglesia ya no deje fuera de la toma de decisiones a más de la mitad de sus miembros y para que no se perpetúen signos de exclusión, marginación o discriminación contra el tremendo ‘genio femenino’ que es el que, en la gran mayoría de los casos, soporta la acción, la obra y la oración de las parroquias.

Esponda Sada recibe no pocos desafíos que habrá de asumir paulatinamente al frente de la oficina. El primero: la atención a los medios de comunicación presentes en la capital del país que llevan años de una relación tirante -por decir lo menos- con las autoridades de la Iglesia capitalina.

La joven directora trae en su talega muchas cualidades que quieren dar servicio a la visión del cardenal Aguiar Retes en la Iglesia del siglo XXI. Allí ha sido llamada para promover los valores de la libertad religiosa y el diálogo que emanaron del Concilio Vaticano II, están los deseos de una Iglesia que quiere dejar de ser antimodernista y de su transformación interior como institución. Aguiar y su nueva directora de comunicación trabajarán por ser pacientes artesanos del diálogo en un país donde se ha comprobado que ni la vieja ni la nueva política han sabido encarnar la regeneración que México necesita para salir adelante. El arzobispo ha hecho su movimiento para proponer el encuentro, para poner un marco de diálogo; veamos ahora quienes responderán con su mano franca.

Cardenal Aguiar: Tres acentos para su primado en México

aguiarEl día que el cardenal Carlos Aguiar Retes fijó como el inicio de su gobierno al frente de la Arquidiócesis de México no fue sólo una feliz coincidencia; él mismo reconoce, que tras recibir el anuncio del papa Francisco para promoverlo de la Arquidiócesis de Tlalnepantla a la sede primada del país, pensó en el 5 de febrero, día en que se conmemora al protomártir mexicano, san Felipe de Jesús, y en que se celebra también la promulgación de la Constitución Política de México postrevolucionaria de 1917.

Ese es el primer mensaje que el nuevo arzobispo envía: el acento de un ministerio que exige un gran sacrificio y que debe ejercerse sobre la piel de la realidad del país. Una realidad que no a todos gusta pero que sería un error eludir o maquillar. El propio Carlos Aguiar no dejó esta interpretación al aire y, en la Catedral de México, tras la profesión de fe y juramento de fidelidad, expresó quizá el más esclarecido mensaje sobre el camino que emprenderá en su estilo de gobierno: “La dimensión festiva de nuestra Constitución me ofrece poner en práctica, para bien de nuestra sociedad, los derechos humanos universales, y en especial uno de ellos, la libertad de religión […] La convicción religiosa o de la fe, motiva y orienta la conducta personal del ciudadano, que lo lleva a organizarse con otros para un bien social, y la Constitución establece el marco legal indispensable para la conducta social”.

En ese primer discurso, Aguiar Retes puso un segundo acento a la figura del arzobispo primado para con el país y con América Latina (hay que recordar que entre 2006 y 2012 fue presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; y entre 2011 y 2015, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano). El cardenal reconoció el impacto de la capital del país al que llamó: “principal modelo y polo de desarrollo y transformación social y cultural”; y fue muy claro con el papel que le corresponde al liderar a la Iglesia particular de la megalópolis: “Lo que sucede aquí repercute en el resto de la nación; y lo que sucede en la provincia, para ser tenido en cuenta, necesita, la mayoría de las veces, ser manifestado en la capital […] Soy consciente de la gran responsabilidad que en este contexto tiene la labor eclesial, que al igual que la ciudad, lo que se haga o se deje de hacer, repercute en el resto del país”.

El horizonte, sin embargo, no es sólo el país; los invitados a los actos de inicio de ministerio dieron una muestra del guiño latinoamericano y universal que el episcopado de Aguiar quiere dar. La presencia de los nóveles cardenales de una de las regiones del mundo considerada por la catolicidad como “el continente de la esperanza” y que hoy es la referencia cultural y pastoral del papa Francisco, es un gesto del potencial que México y, en particular su ciudad capital, puede aportar a la nueva evangelización.

Carlos Aguiar Retes, se ha insistido, es un cardenal de gran cercanía al pontífice argentino; quedó claro con la presencia de estos purpurados creados por el papa Bergoglio y porque en su primera homilía, como custodio del ayate original de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, el arzobispo trajo a cuenta al pontífice Francisco en cinco ocasiones. Aguiar recoge de Francisco no sólo la comunión con Roma sino la adhesión a la visión de Iglesia “en salida”, “pobre y para los pobres” y “misericordiosa”; y a la puesta en marcha de la “gran renovación”, la “revolución de la ternura” y la “reforma de las actitudes”.

Esas son las convicciones del nuevo primado de México; distan en estilo con las del arzobispo saliente, el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien al entregar la grey dijo a su sucesor: “La Arquidiócesis de México […] se ha enfrentado a una mentalidad mundana que quiere imponerse como una dictadura del relativismo y la inmoralidad”. Aguiar Retes, tanto en la Catedral como en el banquete ofrecido para el inicio de su ministerio, ha puesto el sujeto de la Iglesia en primera persona, recordando sus orígenes, agradecido con su familia y con quienes ha coincidido en su periplo eclesial, nombra a los pontífices postconciliares como los artífices de la ruta en la que él ha andado y en la que cree.

Este es el tercer acento que Aguiar Retes propone para su gobierno pastoral en la Iglesia capitalina y, anticipándose a quienes seguramente preguntarán cómo pondrá en marcha esto, el propio arzobispo responde esto en la entrevista que concedió a la comunicadora Marilú Esponda: “Los cambios deben ser los siguientes: abandonar las prácticas de una Iglesia autoritaria, para ser una iglesia sinodal; dejar de ser una Iglesia en la que se decía qué hacer, para ser una Iglesia en la que se abran los espacios a fin de aportar al bien común lo que hay dentro de cada uno de nosotros, compartirlo e ir tomando decisiones juntos, en los distintos niveles de la vida de la Iglesia”.

¿Qué tan pronto logrará Aguiar Retes estos cambios en una iglesia que ha trabajado con un mismo modelo desde hace más de dos décadas? El cardenal no aventura a poner un plazo, pero en su primer día en la sede primada dejó muy en claro sus prioridades como pastor.

@monroyfelipe

Sucesión de la sede primada: un informe abierto

aasdaMenudo informe presentó el cardenal Norberto Rivera Carrera sobre su servicio de 22 años al frente de la Arquidiócesis Primada de México; lo hace en el marco de las reuniones que sostiene el arzobispo electo, cardenal Carlos Aguiar Retes, con los diferentes consejos arquidiocesanos que llegará a liderar a partir del próximo 5 de febrero.

En una primera lectura resulta evidente que el documento divulgado por el actual administrador apostólico Rivera Carrera, a través del Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México, no es en modo alguno -ni creo que tenga intención de serlo- un informe detallado del “estado de las cosas” en la Iglesia circunscrita en la Ciudad de México; es, a mi parecer, un profuso inventario y una instantánea de la muy compleja y extendida organización gerencial y administrativa de una de las diócesis más abismales que yo conozca.

Muy rápido han salido algunas voces que reclaman que en dicho informe no se incluyen algunos de los pasajes más delicados de la administración pastoral de Rivera Carrera en estos años. En efecto, en el informe no se encuentran las historias personales y las razones de fondo que han hecho de la Arquidiócesis de México una de las instituciones religiosas más comentadas y hasta criticadas -con y sin justicia- en la última década. Para ejemplificar esto: en ninguna de las 84 páginas se nombra siquiera por asomo a quien coordinó durante 20 años la pastoral diocesana para el arzobispo Rivera; y, junto con esa, hay omisiones enormes que también reflejan lo que cada área piensa sobre sí misma.

Sin embargo, parece que ese no es el propósito del informe que hoy puede consultarse libremente. Para conocer el corazón interno y el pulso más profundo de la Iglesia capitalina se requiere caminarla, escucharla en voz de los miles de sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que participan y cooperan con ella diariamente; es necesario despojarse de prejuicios y sentarse largas horas a escuchar al gran cuerpo de operadores, animadores y partícipes de la iglesia arquidiocesana; tantas, como las horas que se deben destinar a salir y caminar con quienes esperan atención, caridad, consuelo, justicia o asistencia por parte de esta masiva institución religiosa.

Pero el informe sí ofrece algunos puntos de partida para que nadie se hunda en la densísima estructura eclesial de la Ciudad de México. Quizá de manera involuntaria, a lo largo de las páginas que constituyen el informe, son revelados algunos de los temas más arduos que deberá atender la administración del cardenal Aguiar Retes. Por ejemplo, el rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, Enrique Glennie Graue, explica que en la Plaza Mariana: “Aún quedan aspectos legales-administrativos por regularizar, que están detenidos en espera de la sentencia definitiva de las demandas impuestas por Grupo Autofin, mismos que dependen de lo que se determine en la sentencia del juez. Este punto también ha dificultado la comercialización de los nichos”. El rector del Seminario Hispano (un seminario en el que se forma a migrantes hispanos para ser sacerdotes destinados a comunidades latinas en diócesis de EU) indica que se busca evitar que este centro de formación se convierta en un “puente migratorio” con el que ciertos ‘dreamers’ logran su visado, pero abandonen la preparación para el ministerio; y la Universidad Pontificia de México reconoce que esta magna e histórica institución educativa tiene problemas económicos para equilibrar los gastos para atender al profesorado y a la matrícula estudiantil.

A nivel territorial, algunas zonas de la Ciudad argumentan que las dificultades son los efectos que fiscalías y mayordomías heredaron tras siglos de operación religiosa y social; otras zonas informan mayores preocupaciones por la regulación contable, laboral, de declaración y pago de impuestos; la gran mayoría de los vicarios territoriales manifiesta una preocupación por las aportaciones económicas que las parroquias deben hacer a la Curia arquidiocesana y a las Vicarías Episcopales; y para todos, la opción entre ‘conservar fieles’ o ‘aventurarse en la misión’ pasa por las obligaciones sacramentales que deben cumplir cada día.

El Tribunal Eclesiástico, que es la instancia donde se dirimen los juicios canónicos, reporta que realiza más de 800 entrevistas y recibe casi 350 causas (la gran mayoría de juicios que solicitan la declaración de nulidad matrimonial); y advierte que la disposición del papa Francisco y del arzobispo Rivera Carrera para que a nadie se le obligue a cubrir los costos de estos procesos canónicos podría incrementar aún más la carga de trabajo de un pequeño y muy especializado equipo de jueces y abogados.

Finalmente, es la primera vez que se ofrecen datos muy concretos sobre las primeras instancias y colaboradores del arzobispo primado: la Arquidiócesis tiene 467 parroquias en mil 500 kilómetros cuadrados (Guadalajara tiene un número cercano de parroquias, pero en esta diócesis están distribuidas en más de 20 mil kilómetros cuadrados); en la Ciudad de México están registrados 2 mil 67 sacerdotes (mil 59 de clero regular) de los cuales el 36% supera los 60 años y sólo 14% tienen menos de 40 años.

Así están los datos de este muy singular informe; es un punto de partida para explicar la complejidad operativa y funcional de la Arquidiócesis Primada; para entender que, si se implementan cambios, requerirán mucho esfuerzo y muchos meses, para comenzar a ver su real andadura.

@monroyfelipe

 

Cardenal Aguiar: reto intelectual de la populosa capital

7674256008_baf35a9e4f_oQuizá nunca se agoten las especulaciones políticas del arribo del cardenal Carlos Aguiar Retes a la sede primada de la Arquidiócesis de México, pero los verdaderos retos pastorales de quien toma las riendas de una ciudad casi surrealista permanecen sin que les preocupen los largos análisis.

Si bien el cardenal Aguiar Retes adelantó que encarará el aparente nudo gordiano que representa la Iglesia de la Ciudad de México desde una actitud de misión, diálogo y escucha; la respuesta no es nueva ni es simple. Hacer presente la fe en forma de caridad y consuelo entre aquellos que les necesitan implica trabajo directo, personal y a ras de suelo.

En 1992 esas eran las conclusiones del II Sínodo Arquidiocesano de la Ciudad de México que encabezó el extinto cardenal Ernesto Corripio Ahumada: “Este anhelo de la Iglesia, llegar al corazón humano por medio de la evangelización de la cultura […] supone asumir ese fenómeno de ‘la gran Ciudad’: la Megalópolis; con todas sus características negativas y positivas. La pastoral exige una evangelización encarnada, capaz de revisar todos sus métodos, formas y expresiones acostumbradas hasta ahora, para responder a las múltiples y variadas necesidades de los grupos, su vida y ambientes”.

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquel anhelo y, por supuesto, muchas cosas han cambiado. No sólo hay diversidad de culturas y diferentes problemas conocidos en la megalópolis; también hay un pulso de cambios que dificultan incluso darle seguimiento desde las instituciones a las delicadas y profundas transformaciones de las personas, las familias y sus relaciones sociales.

No sólo las instituciones políticas, mediáticas o sociales tienen problemas de seguirle el paso a estos cambios culturales; también las instituciones religiosas son incapaces de albergar en sus modelos tradicionales a la gente que ya no siente las condiciones de existencia, espacio o trascendencia en sus vidas.

Tiene razón el cardenal Aguiar Retes al retomar los planteamientos del papa Benedicto XVI sobre “el cambio de época” que supone el disenso y confrontación de valores en la conducta social; sin embargo, hay que advertir que dicho cambio en México tiene efectos paradójicos, muy particularmente en la capital donde confluyen no sólo las últimas influencias culturales sino donde se imbrican sobre una acrisolada costra de tradición que se reafirma ante infundados temores.

El riesgo sería creer que se camina al ritmo de las transformaciones cuando lo que se promueve es una insensata carrera hacia viejos estereotipos y representaciones anacrónicas que paulatinamente ganan terreno. Aguiar Retes lo tiene presente y lo explica en un nivel filosófico: “Hay fractura del consenso de valores que sostienen la cultura”; es decir, no todas las personas que construyen la cultura comparten hoy los mismos valores. Incluso, muchos de los valores en los que la gente común sustenta su vida cotidiana en ocasiones son equidistantes, mutuamente excluyentes.

Es cierto que la Ciudad de México registra los personajes más seculares, el diálogo cultural irreligioso más profuso y ha transformado a sus últimas generaciones hacia una mayor independencia de los valores católicos-cristianos en la toma de decisiones. Pero sería ceguera funcional el no ver el fenómeno religioso masivo y popular del día de San Judas Tadeo; la multitudinaria y mediatizada Semana Santa en Iztapalapa; la enraizada y transgeneracional presencia del Niñopa en Xochimilco o la incesante e inexplicable peregrinación de fieles al Santuario de Guadalupe. La religiosidad se expresa en los pueblos originarios que fueron aislándose entre los ejes viales o las zonas industriales; en las ancestrales colonias que se edificaron junto a sus parroquias; en las periferias que han recibido cíclica asistencia de los conventos y sus religiosas. En fin, la complejidad no se agota en filiaciones políticas o ideológicas.

Por supuesto, son inevitables las lecturas en clave política que analistas hacen del traslado del cardenal Aguiar Retes a la sede de la Ciudad de México; lecturas politiqueras que, por otro lado, hemos aprendido a desconfiar gracias al bajo nivel de discurso al que nos tiene acostumbrados la clase política. No se pueden desdeñar, pero tampoco representan todas las aristas sociales y culturales que implican los cambios de personalidades al frente de grandes responsabilidades.

Resulta un simplismo ofensivo y es el típico error del analista de escritorio el mirar por encima las cifras y lanzar sentencias que nada aportan. La realidad de la Iglesia en la Ciudad de México y la zona conurbada (donde está no sólo la arquidiócesis de Tlalnepantla de donde Carlos Aguiar fue obispo sino la Provincia Eclesiástica más poblada y con más obispos residenciales del planeta) es de una complejidad absoluta, millones de personas que buscan comprender su existencia y trascendencia; millones más, que ni la buscan ni la necesitan.

Aún hace falta la evaluación sosegada de los 22 años del cardenal Norberto Rivera Carrera frente a la Ciudad de México en esta materia. Rivera dio seguimiento a lo planteado por los sacerdotes de la ciudad al final del siglo pasado; ofreció orientaciones pastorales cada año desde esta perspectiva y organizó una Gran Misión Guadalupana en el año 2000. En su planteamiento pastoral y administrativo secundó la idea de que la Iglesia capitalina debía “abrirse a una diversidad de culturas, tan disímbola en valores, tan abrumada y amenazada también por problemas de índole muy diversa”.

Sin duda, obispos auxiliares, sacerdotes y no pocas congregaciones religiosas reclaman a Rivera su estilo de gobierno, su personalidad, las malas decisiones en un par de obispos auxiliares, la distancia con los vicarios generales, los virajes gerenciales en las dinámicas económicas de la diócesis, la poca promoción del clero y vida religiosa local que ha sido -bien y mal- la primera línea de trabajo frente a los inmensos desafíos culturales y religiosos de la capital.

Pero ¿será allí dónde se perdió aquel ímpetu de los católicos defeños que llamaron a “reconstruir la calle, el barrio, el tejido social donde cada cual pudiera dar satisfacción a las exigencias justas de su personalidad”? ¿Fue sólo responsabilidad del primado y de su consejo episcopal? ¿Cuántas de las prioridades pastorales fueron realmente prioridades para cada sacerdote, religioso o congregación religiosa en la ciudad?

Esas son las principales preguntas que hoy seguramente debe estarse haciendo el arzobispo electo de México y, para responderlas, no hay como ir con cada uno de ellos a dialogar y preguntarles; escuchar el pulso de la diócesis; hacerse líder sí, pero hacerse hermano primero, procurar la amistad de una ciudad que aún no pierde del todo la fe. Dice Henri Nouwen en Camino a casa: “El amigo que puede estar callado con nosotros en un momento de desesperanza o confusión; puede estar con nosotros en un momento de tristeza y duelo; puede tolerar no saber, no curar, no sanar y enfrentar con nosotros la realidad de nuestra impotencia. Ese es un amigo al que le importa”.

@monroyfelipe

Aguiar, nuevo arzobispo primado

161122-g4El papa Francisco eligió al cardenal Carlos Aguiar Retes como próximo arzobispo primado de México; sucede en la sede metropolitana al también purpurado Norberto Rivera Carrera, quien dirigió la Iglesia capitalina a lo largo de 22 años. Las implicaciones de este relevo no son menores, simbolizan la necesidad de una transición cultural para los católicos en la Ciudad de México que se esfuerzan por no perder su posición e identidad ante una cada vez más competitiva, dinámica y plural sociedad contemporánea.

Aguiar Retes es de la opinión que la Iglesia católica hoy vive un “esfuerzo de transición cultural” y critica la idea de que deba “competir en un supermercado religioso”; para el cardenal nayarita la identidad cristiana en México no debe descansar bajo la idea la masividad sino en la de ‘significatividad’, pasar de la mera tradición a una verdadera cultura cristiana.

La Iglesia capitalina es monumental, inabarcable y compleja. No sólo por la cantidad de fieles y templos que tiene sino por las dinámicas y los veloces cambios culturales. Norberto Rivera llegó a comentar que él llegó a una Ciudad de México muy diferente a la que dejaba, no sólo en el aspecto exterior sino en las leyes, la cultura y las expresiones que transformaron a la capital en un abrir y cerrar de ojos.

Aguiar, a pesar de tener la trayectoria más amplia en el episcopado nacional e internacional, tiene frente a sí un reto como ninguno antes: la Ciudad de México es la residencia de todos los poderes de la federación, de las representaciones diplomáticas, los corporativos nacionales y extranjeros, y de las instituciones más antiguas y afincadas del Estado. Es el vórtice neurálgico del país y, por ello, el arzobispo de la misma, además de ser primado, seguirá generando un interés en ocasiones sobredimensionado sobre su papel en toda la dinámica de la Iglesia católica nacional.

Del 2006 al 2012, gracias a la Oficina de Comunicación de la Arquidiócesis de México, tuve oportunidad de acompañar al cardenal Rivera por cada rincón de la Iglesia capitalina. En ese tiempo fui testigo de los inmensos contrastes que viven las parroquias, conventos e instituciones católicas; de la compleja pluralidad de ministros, fieles y religiosas en su experiencia con el Evangelio y el servicio al prójimo; de las distancias económicas, intelectuales e incluso emocionales que los creyentes que, a pesar de las heridas, siguen confiando en la Iglesia. En este horizonte, el cardenal Aguiar apuesta por la renovación de la Iglesia católica al estilo Francisco: la reforma de las actitudes y la revolución de la ternura. El año próximo veremos cómo comienza a dar esos pasos en la gran ciudad.

@monroyfelipe

La Arquidiócesis de México: los candidatos y el ‘factor Francisco’

mexicodfUno a uno y cada quien a su modo, los obispos mexicanos que han sido “destapados” como posibles candidatos a suceder al cardenal Norberto Rivera Carrera en la arquidiócesis capitalina de México han expresado en perfecto tono evangélico las palabras que el mismo Jesús dijo antes de su Pasión: “Padre, si es posible aparta de mí ese cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Por ejemplo, el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, quien lidera todas las quinielas de la sucesión de Rivera, comentó: “Yo preferiría, con toda honestidad lo digo, continuar en Tlalnepantla. Sé que la Ciudad de México es un gran desafío, y si a mí no me toca yo le doy gracias a Dios”. Algo parecido expresó el obispo de Morelos, Ramón Castro Castro: “Le pido a Dios, con toda mi alma, que no sea yo; estoy tan a gusto y contento que amo a mi esposa la diócesis de Cuernavaca”. El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza –el tercero en la terna que probablemente considere el papa Francisco para relevar a Rivera Carrera-, también sentenció: “Yo estoy tranquilo aquí en Puebla… desde luego nosotros vamos a donde nos pida la Iglesia y nos pida el Santo Padre servir”.

Y aunque no lo han expresado abiertamente, puedo asegurar que comparten el mismo pensar otros obispos que también se mencionan en las probabilidades sucesorias. En efecto, al final quien elija el Papa para ser el trigésimo sexto arzobispo de México no le quedará sino apechugar.

Y es que, a pesar de que el gobierno de la Arquidiócesis Primada de México parezca sinónimo de poder, lujo y privilegio, en el fondo es un verdadero desafío para cualquier obispo. En cada rincón de esta diócesis, que es una de las más grandes y complejas del mundo, salta un conflicto por atender: ya sea por el estatus jurídico de territorios parroquiales (hay aproximadamente 1,200 templos católicos en la ciudad), por el cuidado y vigilancia de casi dos mil sacerdotes o por las múltiples relaciones institucionales que la Iglesia local debe mantener con autoridades, fuerzas políticas, medios de comunicación, centros educativos, organizaciones de la sociedad civil y líderes empresariales.

Sin pensarlo demasiado, menciono tres tareas nada sencillas que deberá asumir el nuevo arzobispo: el gordiano proceso de nacionalización de la Basílica de Guadalupe; la aparentemente imposible renovación generacional de ministros diocesanos ancianos y jubilados; y la delicada reparación de la relación con un presbiterio capitalino que reclama de su pastor cercanía, diálogo y accesibilidad. Eso, sin contar los procesos de evangelización de una ciudad cada vez más secularizada y un balance de los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac que mire al futuro de la piedad y religiosidad de los nuevos católicos mexicanos.

Como se ha insistido, la presentación de la renuncia de Norberto Rivera al papa Francisco no implica una acción inmediata de sustitución. Al arzobispo tapatío Juan Sandoval Íñiguez, por ejemplo, el Papa lo mantuvo casi cuatro años adicionales al frente de Guadalajara y, por el contrario, al legendario obispo de San Cristóbal de las Casas, jtatic Samuel Ruiz, Juan Pablo II le aceptó su renuncia al día siguiente. Es decir, no todo está dicho.

Ahora bien, a las ternas y las planillas de candidatos que barajean los expertos como posibles sucesores de Norberto Rivera habrá que agregarles el ‘factor Francisco’. Porque es un hecho que el pontífice argentino tomará personalmente esta decisión y, si nos atenemos al carácter que ha mostrado en otros nombramientos importantes, su único interés para elegir el perfil del próximo arzobispo primado de México será que aquel esté plenamente comprometido al estilo de la ‘Iglesia en salida’, la ‘revolución de la ternura’ y la ‘reforma de las actitudes’.

Es decir,  aquel que se “saque la rifa del tigre” como próximo arzobispo metropolitano de México será un peregrino que quiera acudir hasta el borde de la realidad y de las periferias humanas de la Ciudad de México, porque en este momento ya es lo que hace a ras de suelo de su propia diócesis. Y entonces las ternas de sucesores ya no se limitan a los obispos favoritos, sino a los últimos, los que por el momento pasan más tiempo en la terracería que bajo los reflectores.

 

*Papa sorprende a tlaxcaltecas

Esta primavera el papa Francisco ha dado dos guiños muy importantes a la Iglesia de Tlaxcala. Primero –aunque la sede episcopal se encontraba vacante- aprobó el decreto para la canonización de los niños indígenas mártires tlaxcaltecas Cristóbal, Juan y Antonio; y este 15  de junio, despertó a la Diócesis de Tlaxcala con el nombramiento de un nuevo obispo. Se trata del sacerdote Julio César Salcedo Aquino, misionero josefino y director de un colegio católico mexiquense, quien será consagrado cuarto obispo de Tlaxcala. Salcedo, de 66 años, será quien el próximo 15 de octubre participe junto al papa Francisco en la histórica canonización de los que se consideran “los primeros mártires del continente”.

@monroyfelipe

¿Una nueva época en panorama episcopal mexicano? (Parte 2: El relevo capitalino)

cardesMoore decía que la política sucede como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está equivocado. En la entrega anterior dejé puesta la pregunta sobre cómo impacta el proceso de sucesión del primado de México en el discurso, la narrativa y las estructuras de la iglesia católica mexicana y cuáles serán los horizontes de los mismos dependiendo del perfil que asuma la cátedra capitalina.

Algunos analistas presentan a tres o cuatro candidatos ‘fuertes’ para suceder a Norberto Rivera Carrera en el arzobispado de México. Pero recordemos: todo lo que no es totalmente correcto, está equivocado. Además, en el terreno religioso, la ‘debilidad’ adquiere un cariz importante para dar testimonio de los principios cristianos: “Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”, dice la Biblia.

La idoneidad del candidato tiene que ver con el destino: en el siglo XX, la Arquidiócesis de México recibió a obispos relativamente jóvenes (entre los 53 y 60 años), con trayectorias diferentes pero al menos con experiencia como obispos coadjutores, residenciales o arzobispos metropolitanos. Al ser la sede primada en México, es claro que los arzobispos capitalinos ya no pueden ser trasladados a otra representación (quizá sólo promovidos fuera del país); de hecho, en 486 años y sólo en durante el Virreinato tres arzobispos de México fueron promovidos a diócesis en España. Eso ha provocado largos periodos de gobierno que, si bien general estabilidad y confianza, también decantan en pesadas inercias. Un tema que hoy se analiza con seriedad para pensar que el primer arzobispado capitalino del siglo XXI no necesariamente tenga un horizonte de 20 años sino 15, o incluso diez.

Los candidatos ‘fuertes’ son el novel cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla; el secretario pontificio para los Seminarios, el arzobispo ad personem Jorge Patrón Wong; y el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro. En algunos espacios también se habló del arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez, quien a fuerza de un entregado y desgastante servicio a ras de suelo se le veía como un posible sucesor de Rivera –con quien trabajó hombro a hombro como obispo auxiliar en la populosa Iztapalapa- pero su actual estado de salud parece descartarle de la terna.

El cardenal Retes parece llevar mano en el horizonte por muchos elementos a su favor. El purpuardo nayarita ha cubierto todas las áreas de representación organizativa de la Iglesia en México y Latinoamérica como presidente del Episcopado Mexicano (CEM) y de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM). Además, ha sido notoria una cierta cercanía –y hasta amistad- con el papa Francisco que se forjó cuando colaboró con el entonces cardenal Bergoglio en la V CELAM, realizada en Brasil, cuyo documento final (Documento de Aparecida) ha definido la voz y el estilo pastoral también de todo el continente americano.

Hay, además, un antecedente muy cercano que apoya la tesis de que el cardenal Rivera será reemplazado por otro cardenal: la sucesión del dominante cardenal arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, en 2011, exigió que se trasladara de Monterrey a Jalisco al novel purpurado, Francisco Robles Ortega. En aquella ocasión se explicó en los corrillos eclesiales con el refrán: “Para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo”.

Pero eso no es todo. Aguiar Retes dejó un fuerte legado en la reestructuración de la Iglesia en México y las nuevas dinámicas han sido plenamente asimiladas por casi todos los rincones del país. Desde su servicio como obispo en Texcoco y Tlalnepantla, Aguiar ha conformado una gran Provincia pastoral mexiquense que alberga el mayor volumen de creyentes de todo el país. Esto lo ha logrado mediante el diálogo con sus homólogos obispos pero también con un grácil tacto político con las autoridades del Estado de México, el gobierno federal y grandes sectores empresariales. Razones suficientes para que el papa Francisco –sin que él manifestara interés particular- finalmente celebrara la multitudinaria misa dominical en Ecatepec durante su visita en México de febrero del 2016.

Por si fuera poco, el cardenal Aguiar se anota el único pronunciamiento televisado del episcopado mexicano transmitido en cadena nacional. Todo esto hace al actual arzobispo de Tlalnepantla sea el candidato más evidente a la sede primada; pero también, gracias al cappello cardenalicio otorgado por Francisco, se contempla como un serio papabile, un pastor en construcción de su perfil pontificio, en ruta a la continuidad de la revolución bergogliana de cariz latinoamericano en la Iglesia católica universal.

¿Cómo influirá este escenario la elección de alguno de los otros candidatos ‘fuertes’ a suceder a Rivera Carrera? ¿Quiénes son los otros candidatos “débiles” pero ciertamente potenciales y fuertemente considerados a asumir la titularidad de la Arquidiócesis de México? ¿Qué desafíos se abren en el horizonte de la iglesia mexicana para la tercera década del siglo XXI? Eso lo veremos en las siguientes partes. @monroyfelipe