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Narrativas políticas para una catástrofe

cndaNo importa cuánto lo maquillen, la verdadera construcción electoral en México para la presente campaña se reduce a un solo objetivo: “cimentar estructura”. Los liderazgos políticos que legítimamente contienden por los principales puestos de elección popular se han armado de un alucinante tinglado donde caben todos los absurdos con tal de que, bajo esa informe techumbre, convivan los operadores más astutos para garantizar: promoción, movilización, organización, vigilancia y defensa (legal o meta legal) de los votos en cada distrito y ante las autoridades electorales; así como las atractivas posiciones en una posterior negociación de fuerzas de poder.

Esto es lo que se derrama bajo la evidencia de las decisiones que cada liderazgo político ha tomado mediante alianzas, coaliciones, sospechosos acuerdos, intercambios de siglas partidistas y demás inverosímiles invitaciones. Sin embargo, a la par de esa construcción de monstruos informes, los candidatos trabajan en la historia que desean sembrar en la mente colectiva de los potenciales votantes. Y es la ‘narrativa política’ (hoy llamada así por la moda de la comunicación política) la mejor herramienta para construir ideas en un sector muy codiciado por los partidos y liderazgos políticos: los votantes indecisos.

Frederick W. Mayer, profesor en Políticas Públicas en la Universidad de Duke, en su libro “Narrative Politics” se pregunta porqué hay tanta recurrencia a las historias cuando se trata de alcanzar objetivos políticos como la adhesión, el voto, el reclutamiento o la movilización. Mayer concluye que los relatos operan a nivel emocional: “En realidad, es ilógico para la gran mayoría de las personas el preocuparse por el cambio climático porque su impacto se sentirá mucho después de que hayamos partido. Pero la razón por la cual la gente se preocupa es porque hay una narrativa, una historia, en la que nosotros impedimos la tragedia. Esa empatía, esa emoción, mueve a la acción y a la toma de decisiones”.

Volvamos al contexto electoral mexicano. Tanto los candidatos de las megaestructuras pertidistas como los candidatos nominativamente independientes (con estructuras menos evidentes pero funcionales) comparten la misma narrativa política con la que desean convencer a los indecisos: “impedir la tragedia”.

Por ello no es raro que, a través de exageraciones delirantes, políticos, politólogos y hasta periodistas, afirmen sin ruborizarse que “estamos frente a las elecciones más importantes para la historia de México”. Cuando, si nos serenamos en objetividad, lo más importante para nuestra democracia es que en seis, doce o dieciocho años sigamos teniendo procesos electorales y que la ciudadanía cuente con mecanismos funcionales para evaluar, responsabilizar y acotar a los representantes populares electos en cualquier momento de su servicio.

No es raro (y seguramente crecerá la intensidad) que se opte por la narrativa facilona de que tal o cual candidato es sinónimo de la catástrofe, que tal o cual partido o alianza es la representación de la hecatombe, que no hay futuro posible si se elige al equivocado pero que todos los triunfos y parabienes se alcanzan optando por el falso modesto. La narrativa política elegida para estas elecciones se sintetiza: “Mientras más grande el monstruo, más audaz parece el héroe”.

Es evidente que las historias (aunque no sean sino disparates de fanáticos) no son malignas ni perversas por sí mismas; son sólo historias que pueden o no convencer en la profunda emotividad a los destinatarios. Sin embargo, sí es importante alertar a los ciudadanos, más en medio de una contienda política, que muchas veces estas historias son las armas que los políticos usan para intentar manipular las emociones de aliados y contrincantes.

Las elecciones no son el umbral ni del infierno ni del paraíso prometido, no se trata de un cedazo donde se ciernen todos los triunfos y todas las tragedias; son un proceso donde se encuentran imbricadas muchas instituciones y aspiraciones donde nos debe preocupar mucho más cómo se amalgaman y bajo qué oscuros acuerdos se levantan esas “formas sin conformar”. Estas estructuras metapolíticas donde sin coherencia de las historias personales ni las siglas de ninguna ideología o proyecto se arman ‘coaliciones’ al alimón, sin duda posicionan ya a los verdaderos ganadores de ese territorio que los políticos se empeñan que veamos como el cataclismo cuando aquellos ya han fincado una oficina de tributos.

@monroyfelipe

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Custodios de noticias

media-2-1.jpgCada 24 de enero, desde 1967, los pontífices de la Iglesia católica envían un mensaje para celebrar y reflexionar los fenómenos entorno a los cambios en las comunicaciones sociales. Desde Paulo VI hasta Francisco, los máximos jerarcas de la iglesia han aportado sus ideas respecto a la prensa, la publicidad, el cine, la radio y el internet; pero también han profundizado en fenómenos humanos intrínsecos de la comunicación como la reconciliación, la interpretación, la claridad de la palabra, el valor del silencio, la verdad y la mentira.

Este 24 de enero, día de san Francisco de Sales -patrono de los periodistas y escritores-, el papa Bergoglio publicó su quinto mensaje de reflexión sobre la comunicación. En su pontificado, Francisco ha meditado sobre lo que “debe” ser comunicado en el contexto contemporáneo: “la cultura del encuentro”, “la gratuidad del amor”, “la misericordia” y “la esperanza”. Pero en este 2018, el argentino alerta sobre un fenómeno que no ha dejado a nadie indiferente en el negocio de las noticias y el servicio de la información: las noticias falsas o “fake news”.

Francisco alerta que las “fake news” son un fenómeno complejo. Dice que básicamente se trata de desinformación difundida basada en datos inexistentes o distorsionados que tienen como fin engañar y manipular a las audiencias. Y su perversidad radica en parecerse a la realidad (‘se mimetizan’, dice Bergoglio). Son “falsas pero verosímiles” y parecen ser más verosímiles mientras más apelan a los sentimientos gremiales, populares, a los prejuicios sociales, a la frustración, las ansias o al desprecio.

Bergoglio no se toma con sutileza este fenómeno: si esa ‘divulgación de información’ sigue la “lógica de la serpiente” (es decir: es capaz de camuflarse, engañar, ser insidiosa y morder) entonces proviene de una sola persona: del ‘padre de la mentira’ que en el catolicismo no es sino el mismo diablo.

Para el papa Francisco, la mejor manera de combatir a las “noticias falsas” es por medio de periodistas que sean “verdaderos custodios de la noticia”, que los profesionales de la comunicación no se dejen vencer por los eslóganes ni por el ruido de las declaraciones altisonantes (esto creo que es muy pertinente para los periodistas que informamos procesos electorales); el pontífice le pide a los periodistas a ser verdaderamente hostiles a la falsedad y que, principalmente, no se pierdan ni desgasten “quemando las noticias” -escribir una tras otra las noticias que provienen de todos y ningún lado a la vez- sino que busquen sus causas reales, contemplen a la gente y su humanidad en ellas y favorezcan a esclarecer una ruta de solución, una potencial respuesta al conflicto.

Custodiar la veracidad y la integridad de las noticias es un mínimo social para el bien común que hacen los periodistas, que deberíamos hacer todos. Pensemos en la actual carrera por el poder en el proceso electoral el México: ¿Cuánto de lo que se divulga y se declara debemos creer que es verdad o mentira? ¿Cuántos intereses subyacen para que una información falsa sobre candidatos y partidos llegue hasta nuestros ojos y oídos? ¿Cuánto hacemos para mantenernos ecuánimes ante la información que nos presentan cuando evidentemente apelan a nuestros prejuicios, creencias, discriminaciones o egocentrismos? ¿Dónde podemos informarnos con moderada objetividad y quiénes son esos “custodios de noticias” en los que confiamos? ¿Quiénes, por el contrario, son mercenarios de la noticia, títeres de la manipulación mediática o víctimas del ‘padre de la mentira’?

El Papa concluye que “la verdad” es una especie de soporte: “La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer”. Y con esa metáfora me viene en mente ese proverbio del funambulista (esos acróbatas que cruzan el espacio vacío suspendidos en delgados cables atados a grandes alturas) que explica la diferencia entre ‘creer’ y ‘confiar’. Sabemos que el artista ha cruzado siempre con éxito un gran abismo y, para ‘creer’ que lo hará nuevamente, basta mirar desde abajo para comprobarlo; pero ‘confiar’ en que lo hará es porque vamos montados en sus hombros mientras intenta la proeza una vez más.

En conclusión: ¿Ya se preguntó en quién o quiénes confía usted, que son verdaderos soportes de la verdad en las noticias que consume todos los días en estas campañas electorales? Si no. Piénselo bien; muy, pero muy bien.

@monroyfelipe

Terrorismo y radicalismo: Demasiada información, poca visión

OC 2Elija un tema, cualquiera de que se haya hablado en los medios de comunicación en las últimas semanas. Podría ser la rampante corrupción, la ineficiencia del gobierno, los errores de los liderazgos, el terrorismo y el fanatismo, cualquier servicio público al borde del colapso o affaire internacional. Quizá sea un tema que le ha interesado desde hace tiempo o quizá le tomó por imprevisto y ahora no puede dejar de pensar en ello.

Los medios de comunicación -con más y menos claridad de por qué lo hacen- despliegan constantemente sus esfuerzos para acercar a sus audiencias la mayor cantidad de información sobre el asunto o el fenómeno. La información se exhibe con celeridad y -en principio- con moderada precisión para ser consumida por la mayor cantidad de gente cercana al medio. La información no es neutral, no sólo responde a la línea editorial, carga ideológica o compromisos económicos del medio o sus directivos, también es claro que cada lector o espectador pertenece a un tipo de audiencia que comulga con la línea o la ideología del medio y por ello lo elige o se encuentra en el área de influencia del mismo.

Sin embargo, a pesar de proporcionar una gran cantidad de información, los medios no suelen ofrecer visión.

Entre las leyendas de los nativos americanos se cuenta que cierto jefe de una tribu entre las montañas convocó a sus posibles sucesores, los envió a una exploración a la más alta cumbre de la serranía y les solicitó que volvieran con un regalo extraordinario, el mejor de los cuales les daría derecho a asumir el liderazgo de la tribu. El primero regresó con la flor más hermosa que halló y el segundo volvió con todo lo que encontró por el camino y que pudo cargar en sus brazos. El tercero parecía llevar las manos vacías, pero portaba algo más valioso: la visión. Visión de una oportunidad mejor, de futuro y esperanza, de sentido y ruta para el porvenir de la tribu.

En estos días, mientras compiten por las audiencias, los medios de comunicación portan florituras atractivas en forma de noticias o saturan con información a las audiencias creyendo que con eso satisfacen no sólo las búsquedas de sus lectores sino, incluso, su responsabilidad social.

¿Pero, sólo para eso está la información? ¿Para llenarnos el ojo o para complacer nuestras dudas? ¿No hay una responsabilidad de los medios de comunicación y de sus profesionales para influir en la sociedad, generar cambios? ¿Y, si creen tenerla, en realidad la ofrecen a sus audiencias?

Lo que nos hace falta es visión. Altura de miras respecto al devenir cotidiano en todo lo que es noticia, que nos inquieta y que nos construye como sociedad.

Tomemos el caso de los atroces y viles actos de terrorismo en forma de atropellamiento masivo de peatones en Francia, Estados Unidos y España. El curso de esas noticias se convierte en asignaciones casi mecánicas y repetitivas en las redacciones del orbe: la devastadora crónica en vivo que provoca espanto e inquietud; la paulatina confirmación de primeras versiones, sospechas y testimonios; la declaración oficial de las autoridades; la búsqueda y presentación de los responsables; la búsqueda y presentación las víctimas y sus familiares; y las historias detrás de las víctimas. Cuando la historia comienza a enfriarse sólo quedan los análisis, las odiosas comparaciones, el desmenuzamiento de los porqués y las condenas que fijan la postura del medio y sus periodistas.

En cada episodio de estas tragedias perdemos la oportunidad de estar en la cumbre de la montaña y no mirar más allá de lo obvio. El tema del terrorismo, el racismo, el fanatismo y la seguridad internacional merece estudiarse con perspectiva de futuro, con visión: ¿A dónde queremos llegar? ¿Cómo haremos para lograrlo? ¿Qué tipo de sociedad podemos ser con el curso que toman los liderazgos políticos, económicos y culturales?

Sucede igual con otros temas como el de la volatilidad económica, la debilidad de las instituciones, los avances científicos y tecnológicos, o el sutil testimonio de una cultura en construcción: simplificando en maniqueísmos morales y absolutizando el fenómeno en bandos adversarios olvidamos dar espacio a la perspectiva.

Algunos dicen que la prensa y los medios de comunicación son la conciencia moral de la sociedad. Ahora voltee nuevamente a esos medios de información que consume cotidianamente, ¿qué tanta perspectiva o visión le ofrece esa conciencia sobre nuestro contexto y nuestro devenir? ¿Parece que sólo van persiguiendo los trenes que ya partieron o le ofrece una verdadera red de comunicación para poder transitar y convivir en el futuro?

@monroyfelipe

El Papa en TED Talk: Contra el ‘vaticanés

Esta semana, el papa Francisco lanzó un mensaje a TED Talk, esa organización que procura una mejor transmisión de conocimientos mediante una comunicación simple, sencilla y amena. TED Talk ha alcanzado gran fama mundial por hacer que los científicos expresen con claridad sus estudios o que los artistas se quiten la careta de genios incomprensibles e incomprendidos. La decisión de Francisco para participar en este ejercicio de comunicación no sólo fue sorpresiva sino que es absolutamente imprescindible: porque el credo, el magisterio y tradición de la bimilenaria Iglesia católica puede aún transmitirse, puede aún comunicarse, sólo es preciso cambiar estilos y lenguajes.La primera ocasión que estuve en Roma, tuve oportunidad de dialogar con un par de monseñores que trabajaban en las oficinas de la Santa Sede. Junto a una pizza capricciosa y un par de copas de vino quise saber cómo era la vida cotidiana de un trabajador del Vaticano, cómo funcionaba una de las maquinarias burocráticas más ancestrales del planeta y cómo se las arreglaban al estar tan lejos de casa, de sus compañeros de diócesis, de su obispo y sus familias en una labor tan singular y tan silenciosa.

Uno de ellos habló con claridad meridiana: “Es un trabajo como cualquier otro: llegar a la oficina, atender pendientes, seleccionar prioridades, responder cartas, investigar y escribir, escuchar y proponer opciones, echar a andar proyectos. Pero, sobre todo, dialogar, dialogar mucho”. El segundo, recuerdo bien, dijo más o menos lo siguiente: “Es un honor y un privilegio, un servicio en el cual mis pobres fuerzas son puestas a prueba todos los días. No es un trabajo sino la donación de los talentos que nos han sido prodigados para construir el reino de Jesucristo entre los hermanos; aquí en Roma converge toda la Iglesia universal y nos corresponde servir, bajo Pedro y con Pedro, en filiación con nuestros obispos y unidad con todos los cristianos, para evangelizar a todos los pueblos en todos los rincones del planeta”.

Con este ejemplo quiero dejar en claro que si el primer monseñor hablaba italiano, inglés, francés y español; el segundo, hablaba simplemente ‘vaticanés’. Esto es: un lenguaje que (independiente del idioma) envuelve las ideas sencillas en elaborados conceptos inasibles, de fraseo místico, magisterial o figurativo innecesario.

Con el primer sacerdote fue sencillo el diálogo; sin vulnerar la secrecía de su delicada labor, relató anécdotas y episodios de su vida como oficial en el Vaticano. Y, en efecto, fue más sencillo compartir y debatir ideas sobre el trabajo, la familia, la política, el descanso y la búsqueda de una vida digna.

Con el segundo ministro, no podía dejar de pensar que, a pesar de que nos encontrábamos sentados en una sencilla trattoria durante una fría noche romana, el cura permanecía revestido para Misa en su mente, como si cada frase la estuviera dando desde un púlpito o desde una clase de catecismo. Llegué a sospechar que, si le interrogaba por alguna de todas las ideas que el monseñor decía, aquel comenzaría a dar clases de cristología, mariología, eclesiología, magisterio o tradición católicas. Es decir, habría un diálogo desigual.

En mi labor como periodista he tenido la oportunidad de charlar con innumerables sacerdotes, obispos, cardenales y hasta con dos pontífices; y puedo afirmar que el vaticanés amenaza a gran parte de los ministros ordenados católicos; y también a un significativo sector de laicos católicos clericalizados.

Algunos dirían que el vaticanés no es sino un sinónimo de aquel concepto mexicano que la Real Academia de la Lengua Española incluyó en su diccionario hace más de un cuarto de siglo: ‘cantinflear’. Pero no, ‘cantinflear’ es “hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”; el vaticanés, por el contrario, es un habla calculada, sumamente congruente que expresa muchas veces las más complejas ideas concebidas por el ser humano, pero que falla en el principio básico de la comunicación: hacernos entender, provocar una respuesta que permita saber si hemos sido comprendidos.

Es por ello tan relevante que el papa Francisco haya participado en TED Talk y creo que varios monseñores pueden aprender de lo que ha sucedido allí: La disertación del pontífice llevó el título de la conferencia “El futuro tú” y desde allí construyó un mensaje que habló del amplio horizonte de la civilización pero anclado a la existencia concreta de cada persona, al diálogo que pueden entablar y a la humildad que obliga el poder de saber o de tener. Simple, sencillo, ameno; cero resabios del vaticanés.

@monroyfelipe

Conectados y comunicados

mapofrigacenter_71620Vivimos la era de las comunicaciones. Y no sólo me refiero a las telecomunicaciones, los medios de comunicación masiva o la conexión a redes de datos. Es cierto que los avances tecnológicos nos ofrecen perspectivas infinitas respecto a los horizontes por descubrir y conquistar gracias a aplicaciones y nuevos medios de comunicación, pero también gozamos ahora un mejor enlace entre los poblados y las poblaciones. Esto puede contemplarse en la disminución tiempos en los recorridos de las distancias que hay entre las ciudades o entre los países, en los medios de transporte cada vez más eficientes y rápidos, en los viajes que cada vez están más al alcance de la persona promedio en todos los países.

A mediados del siglo XIX, el geógrafo mexicano Antonio García Cubas recorría amplios trechos del país a lomo de caballo con su equipo de trabajo: un topógrafo, un dibujante y un explorador. Por fortuna, García Cubas era además un gran cronista y sus aventuras quedaron plasmadas en largas relatorías de viaje, gracias a las cuales hoy podemos imaginar lo difícil que era explorar esta vasta tierra mexicana (sólo un dato: en esa época para cruzar el Lago de Texcoco de la ciudad de México hacia Acolman podía llevar casi un día entero).

Con la aparición de la locomotora y otros medios de transporte, los viajes comenzaron a estar más al alcance de ciertos grupos sociales; o al menos en su deseo. El caso que mejor refleja este sentimiento es del escritor mexicano Manuel Gutiérrez Nájera. En varios de sus relatos describe perfectamente el ambiente parisino o las calles romanas pero se dice que su viaje más largo que este escritor hizo en su vida fue de la Ciudad de México a Puebla.

Hoy no es raro que los oficios o los trabajos de la clase media mexicana exijan por lo menos ciertos viajes a la República; y, extraordinariamente, al extranjero, principalmente a los Estados Unidos, a Brasil o a España. También, durante los tiempos de esparcimiento o vacación, la gente tiene mayores oportunidades de acudir a diferentes centros turísticos en México o fuera de él.

Hoy, la mayoría de las crónicas modernas de estos viajes de placer o de trabajo, se hacen a través de selfies, cambios de status y confirmaciones de ingreso en las muchas plataformas de redes sociales existentes. Hace años tuve oportunidad de viajar a cinco ciudades europeas junto a un amplio grupo de periodistas de todas las edades. Nada más llegar, algunos colegas tenían sus rituales muy específicos: Dos de ellos registraban su ingreso en Tinder, esperando que alguna persona pudiera quedar con ellos tras las jornadas de trabajo; la gran mayoría se tomaba una selfie y la compartía en su Facebook o en Twitter. Sólo uno de los periodistas tomaba un tiempo para elegir cinco postales, comprar los timbres de correo y enviarlas a familiares o amigos a través deln buzón.

La necesidad de comunicarnos y estar conectados es vital. Y, aunque en ocasiones pareciera que la Internet ha destruido las barreras y las distancias, nos olvidamos que el vertiginoso recorrido lo realiza la imaginación humana en diálogo con la ciencia. Al igual que en el pasado, es muy importante recordar que toda distancia se recorre a través del esfuerzo. Eso fue lo que aprendí del último periodista: Cierta noche, mientras llegábamos a uno de los destinos, el departamento de seguridad nacional había bloqueado el wi-fi y la red de telefonía en el aeropuerto debido a una amenaza terrorista. El único que pudo enviar un mensaje fue el colega de las tarjetas postales porque para él, el mundo aún seguía ahí. @monroyfelipe

Solo con madurez, el espacio religioso puede promover la libertad

IMG_3553“Cuando comencé en esto, la religión aparecía muy de vez en cuando en los periódicos y siempre estaba ligada a la sección de sociales: se casaron fulanito y menganita, bautizaron al hijo de tal matrimonio, etcétera. Los ministros solo éramos ese sujeto sonriente en la fotografía, siempre con la casulla encima”. El comentario es de un veterano religioso mientras sigue las noticias.

El detonante de la charla es lo que publicamos el 16 de diciembre sobre el inicio de una nueva voluntad entre los líderes de Estados Unidos y Cuba para reanudar relaciones diplomáticas entre estas naciones profundamente distanciadas. En realidad, lo que llamó la atención al religioso es la preeminencia de la figura del papa Francisco en la concreción de acuerdos y en la búsqueda de los primeros pasos de una nueva etapa para ambos países. En ese momento recodamos las palabras del pontífice ante el parlamento europeo durante su visita a Estrasburgo y la repercusión política que causó su posicionamiento desde el Evangelio frente a las dinámicas contemporáneas de la política, el mercado y la globalización. Sucedió igual con su intervención entre los liderazgos de Palestina e Israel para buscar la paz, con su cercanía con personajes como José Mujica para denunciar el modelo de descarte humano, etcétera.

Pero no es solo el Papa. Obispos de todo el mundo, clérigos, miembros de la vida religiosa y movimientos laicales de inspiración cristiana llenan algunas páginas de los principales medios de comunicación desde su protagonismo en su contexto: Atención a migrantes, auxilio de frontera a enfermos, negociación para la construcción de paz o manifestaciones que buscan concretar en las políticas públicas los valores inalienables de la vida, el derecho humano, la libertad, la ética y la moral, hay un discurso religioso partícipe en ello. Algo de lo más reciente fue la Jornada “La Iglesia frente a la corrupción, la injusticia y la violencia” organizada por estudiantes e la Universidad Pontificia de México y que convocó a liderazgos poco cómodos para el Estado y la Iglesia misma. En el encuentro, académicos de mi propia casa de estudios, la UNAM, reconocían con vergüenza que una iniciativa así  –libre y plural- hubiera sido disuadida en nuestra universidad que se jacta de autonomía, pluralidad y vanguardia social. Sin embargo, paradójicamente, la libertad de asociación y manifestación fue posible en la universidad de los obispos de México, un centro educativo vinculado al Papa y a la Iglesia universal.

Por estos ejemplos, el hablar de la esfera religiosa y su servicio en las diferentes dimensiones sociales ha saltado de las páginas anecdóticas al horizonte político, cultural y económico de las sociedades.

Sin embargo, la inserción en la dinámica pública y política por parte de los miembros de las asociaciones religiosas requiere madurez para no confundir ni crear falsas expectativas de lo que significa ser una voz más en el concierto de opiniones con legítimo derecho de expresión y participación.

Adrien Candiard, fraile dominico, explica en el dossier de Religión y Razón de La Maleta de Portbou, que el fenómeno de integración de las religiones a la arena pública y mediática exige un cambio de principio de autoridad: “Expresar las diferencias desde la perspectiva religiosa no divide a la humanidad en muchas, sino que se trata de una humanidad común que comparte el uso de la misma razón. Cualquier opinión, incluso si es religiosa, es discutible desde la razón y negarla es respetar  una opinión pero no significa respetar a la persona que la sostiene. Si nos limitamos a manifestar nuestra creencia, invocamos una posición de superioridad basada en la experiencia, pero discutir con el otro es estar a su mismo nivel, solo así puedo demostrar que lo que piensa es falso y ese es un modo de tomar seriamente lo que el otro piensa. Intentar demostrar honestamente que el otro está equivocado significa también correr el riesgo de que se nos demuestre lo contrario. Exponer nuestras razones es correr el riesgo de mostrar en público la propia debilidad”.

En pocas palabras, el nuevo protagonismo de la Iglesia exige madurez, solo allí puede aportar para transformar y transformarse positivamente.

Del viejo sendero del crimen a la diáspora de la palabra

IMG-20140319-00758Soy periodista de una generación que creció leyendo los episodios de la guerra sucia, las desapariciones forzadas y el genocidio institucional en libros (no oficiales) de historia y en las crónicas que nuestros maestros del oficio dejaron para la posteridad en las hemerotecas. Nunca pensé que escucharía esas voces desgarradoras que ellos testificaron en quienes perdieron a algún ser querido bajo la orden o las balas del propio sistema político. Jamás pecamos de ingenuidad; la muerte, el crimen y la corrupción pertenecen a ese ambiente natural de la sociedad humana, pero confiábamos en que aún ellas se actualizarían según el orden político, económico o cultural en el que se registraran.

En las últimas tres décadas, el orden neoliberal levantó los muros más altos e inexpugnables de un imperio lleno de símbolos de privilegio y exclusión. La muerte, el crimen y la corrupción permanecían con su mismo grado de horror pero solo en las olvidadas esquinas y los lúgubres rincones del descarte. El sistema no dejaba de ser criminal y las fuerzas invisibles de esa maquinaria tenían la conciencia manchada por la muerte de tantos y tantos miserables. No era la sangre lo que escandalizaba, sino los fantasmas de un sistema aséptico que aniquilaba de olvido, de hambre, de miedo, desesperanza o ignorancia. Utilidad, ganancia y riesgo como el camino sobre una cuerda floja hacia el éxito y en el cual una inmensa población caía en el vacío lejos de la mirada o consternación de esos triunfadores que jamás perdieron el objetivo: conquistar.

Se suponía que el sadismo de la tortura, la brutalidad seca de las balas, los cadáveres degradándose al ras del suelo o esa orden de desprecio desde las sombras para hacer desaparecer a alguien había concluido. Pero no, no ha sido así. Quizá el orden solo renovó la ruta sobre la que ya crecía la maleza de nuestra confianza.

Vino a dar luz a la memoria el libro póstumo de  Miguel Ángel Granados Chapa titulado Buendía. El primer asesinato de la narcopolítica en México, en él nos dejó una pincelada de su preocupación en voz de su hijo Tomás Granados Salinas: “Ojalá los lectores vean aquí no solo una biografía o un libro de historia, sino también un útil diagnóstico de las condiciones que hicieron posible algunos horrores del México presente”.

A treinta años de distancia el crimen de Manuel Buendía parece más indignante que nunca pues casi un centenar de periodistas han muerto en circunstancias sospechosas mientras un sistema sigue acallando las voces que reclaman justicia y paz. Para muestra, esto que escribió en su ´Red privada´ en abril de 1982: “Se acumulan evidencias de que en México algunos empleados públicos pueden cometer crímenes impunemente –homicidios, secuestros, robos, etcétera-, porque otros empleados y aun funcionarios de superior jerarquía se encargarán de protegerlos… En México el terrorismo ya no existe oficialmente, excepto el que tal vez ejerzan entidades oficiales. De hecho, según los archivos periodísticos, se vive ahora la peor época de los crímenes encubiertos por funcionarios”.

Los extensos depósitos de información con los que ahora contamos y que están al alcance de una búsqueda por la web nos dibujan un panorama algo más negativo del que percibió Buendía.

Y, sin embargo, en el viejo sendero del crimen autoritario también camina la palabra que relata, que denuncia y esparce por la ruta de la historia la ignominia del poder.

Nos lo recuerda Ryszard Kapuściński en su libro Shah-in-shah sobre la tragedia de Kernán, Irán, en tiempos de Agha Muhammad Khan: “En su lucha por alcanzar el trono, el Sháh ordena asesinar o cegar sin excepción a toda la población de Kernán. Sin excepción, sus soldados acataron la orden: formaron en fila a los habitantes, a los adultos les cortaron la cabeza, a los niños les arrancaron los ojos. A pesar de los pequeños descansos, al cabo de cierto tiempo los soldados están completamente exhaustos, sin siquiera poder levantar la espada o el cuchillo. Solo gracias al cansancio de los carniceros es que una parte de la población salva la vida o la vista. Fue así que desde aquella ciudad salieron huyendo procesiones de niños ciegos. Vagaban por Irán pero con frecuencia perdían la ruta y morían de sed y hambre en el desierto. Algunos acuden a asentamientos donde piden comida entonando los cantos de la masacre de Kernán”.

La procesión de los niños ciegos de Kernán es un símbolo de una especie de oposición ambulante al régimen porque en su voz portan la única arma más poderosa que cualquiera a las que pueda aspirar el tirano: la memoria.

Con diferentes palabras escucho de varias personas la convicción de que hemos vuelto a ser una sociedad en la mirilla de oscuros francotiradores, miembros de grupos que en el pasado se les denominó “fuerzas invisibles” y que con el tiempo se dijo que eran “poderes fácticos”. Lo cierto es que, sin metáforas, la responsabilidad de una ciudadanía madura que se resiste a ser víctima debe iniciar por rescatar de los meandros de la tierra y la memoria la cicatriz dolorosa de nuestras omisiones, y emprender la marcha que denuncia la corrupción y anuncia la esperanza de una sociedad mejor. @monroyfelipe

Comunicación como auténtico encuentro

vnm69Del 13 al 16 de octubre, nos encontramos en la Provincia de Acapulco para participar en el XII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación cuyo primordial objetivo es mirar hacia los nuevos escenarios donde se experimenta la adquisición, transmisión y correspondencia de una cultura de la información y que, al mismo tiempo, transforma la vida cotidiana de millones de seres humanos.

Bajo el lema Comunicación al Servicio de una Auténtica Cultura del Encuentro, la Comisión Episcopal de Pastoral de la Comunicación busca en este encuentro –además de poder compartir experiencias desde las diferentes trincheras de la información se han acumulado en los servicios que periodistas, fotoreporteros, camarógrafos, administradores de portales y sitios web de noticias, etcétera- proveer técnicas, herramientas, servicios y conocimientos para enfrentar el gran reto de comunicar en la era digital.

Este es el vigésimo segundo encuentro entre los responsables de información y comunicación de las diócesis, con lo cual se confirma la importancia en la profesionalización que las diferentes circunscripciones particulares han puesto en la ruta del diálogo y encuentro con las culturas.

El reto de los comunicadores no es solo el de proponer la verdad y la realidad bajo el análisis de nuevas configuraciones tecnológicas o sociales sino el de reflexionar desde dónde aquellas configuraciones pueden construir puentes para resarcir fenómenos como la corrupción, la desconfianza, la desesperanza y la mentira.

Frente a ese complejo horizonte, compartimos dos convicciones: la  del periodista Alex Grijelmo quien apunta que “la mentira imposibilita toda comunicación leal” y la del escritor Carlos Monsiváis quien acuciaba a desterrar la creencia de que “la información es poder”.

La comunicación leal se hace solo con la verdad y la información es un servicio. Estas son dos condiciones sin las cuales no hay ejercicio periodístico o informativo verdaderamente digno, responsable y solidario. Por desgracia, muchas veces advertimos que la verdad y el servicio son, podríamos figurar, los dos remos de una barcaza en un océano de información, donde buques, trasatlánticos y submarinos nucleares avasallan con poder, prepotencia y desprecio. Pero la navegación no se hizo para hombres o mujeres temerosos, ni para aquellos que confían demasiado en sus propios aparejos. Además, la historia enseña que hasta un simple leño está convocado al inmarcesible sino del ejemplo.

Gracias a la oportunidad y la convocatoria del presidente de la CEPCOM, Luis Artemio Flores, obispo de Tepic, y a la hospitalidad del arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos, es que al menos un centenar de profesionales de la comunicación provenientes de varios rincones del país estarán llegando a un puerto donde realimentarse del primer deseo de su oficio comunicador: compartir. Compartir desde la incesante lucha contra la mentira y desde sus heroicos esfuerzos por sobrevivir.

Y, sin embargo, no es este –como ningún otro- un puerto tranquilo. Desde hace ya varios años en esta ciudad y estado federado se han testimoniado una serie de eventos que laceran y vulneran la posibilidad de confianza y de encuentro. La violencia en casi todas sus trágicas expresiones se ha manifestado en esta región bajo una no siempre eficiente ni honesta vigilancia de las autoridades. La descomposición del orden social en el que incluso los supuestos democráticos, representativos, de justicia, paz y equidad son fuertemente cuestionados hace más urgente la propuesta de una comunicación al servicio de una auténtica cultura de encuentro.

Finalmente, hay que mencionar que este encuentro de comunicadores se suma a otros grandes esfuerzos por compartir el camino de diálogo con las culturas presentes en el país. Por ejemplo, en la diócesis de San Cristóbal de las Casas, también se testifica una cumbre para analizar la teología indígena y, en la ciudad de Puebla de los Ángeles, los especialistas en bienes muebles e inmuebles de arte sacro fueron convocados para el Taller de Bienes Eclesiásticos Mexicanos cuyo interés es preservar y mejorar los diferentes acervos artísticos e históricos de temática religiosa en México.