economía

La Iglesia católica, activo de equilibrio social

CAFRICA-UNREST

 Card. Nzapalaing de RCA entrega pan a musulmanes refugiados /Getty Images

Al finalizar el 2017, dos singulares informes dieron cuenta de parte de la acción social que la Iglesia católica realiza alrededor del mundo. El primero, proveniente de Estados Unidos, reveló que la fundación Catholic Extension patrocinó con 12 millones de dólares el servicio de asistencia a migrantes en la frontera con México; el segundo, el reporte económico de la empresa católica BOSCO, que se confirmó como una de las más grandes proveedoras de internet en Uganda, originalmente fundada para ofrecer una plataforma de contacto e información para confrontar al terrorismo y remediar la brecha social en regiones marginales del norte del país.

No son los únicos reportes del año; en realidad, las fundaciones sociales católicas alrededor del mundo se cuentan por centenas de millares y el análisis financiero del impacto que dichas asociaciones de caridad tienen en sus realidades concretas ya ha sido materia de trabajo de sociedades de inversión como Wilminton Trust, la cual publicó en 2016 un documento de trabajo sobre “El avance de las fundaciones basadas en organizaciones religiosas en los Estados Unidos” y en el que analiza la importancia de estas estructuras de apoyo filantrópico organizadas y administradas por la Iglesia católica.

Aunque el documento explica que el financiamiento a organizaciones de caridad de la Iglesia católica en Estados Unidos disminuyó tras los casos de abuso sexual revelados por los medios de comunicación en la primera década del siglo, los analistas ven una mayor confianza en los donantes católicos norteamericanos con el papa Francisco al frente de la Iglesia universal: “De acuerdo con la encuesta realizada por FADICA (Fundaciones y Donantes Interesados en Actividades Católicas) el 24% de los católicos norteamericanos han incrementado sus donativos en el último año [2014]. El estudio también menciona que el 77% de los encuestados aseguran que es el propio papa Francisco quien los ‘inspira’ para donar, incluidos los 42% de quienes afirman que el Papa tiene un impacto positivo en su acción caritativa”.

Sin embargo, más allá del análisis financiero, las obras de caridad que realizan las instituciones católicas alrededor del orbe tienen potencial de mejorar la calidad de vida de no pocas comunidades; incluso, de poder salvarlas. Esa fue la intención original de BOSCO-Uganda, el servicio de internet que la iglesia católica instaló en varios poblados del norte de Uganda durante el régimen terrorista de Lord’s Resistance Army que llegó a asesinar a más de cien mil ciudadanos y desplazar a dos millones de ugandeses. El servicio de internet logró conectar a ciudadanos para defenderse de asaltos armados, minas antipersonales y las amenazas de los soldados radicalizados; Tony Okwonga, el director general y jefe de operaciones de BOSCO explicó a National Catholic Reporter, que el servicio comenzó como un equilibrio de acceso social (el servicio ordinario de internet cuesta 72 dólares al mes cuando el 35% de los ugandeses tiene un ingreso de 2 dólares al día) pero que ha escalado a un nivel de competitividad regional a pesar de no contar con los derechos para comercializar espacios digitales.

Lo mismo sucede con Catholic Extension. El cardenal Blaise Cupich, de Chicago, reveló a Catholic News Agency que los fieles de la parroquia del Sagrado Corazón en McAllen, Texas, lograron ayudar a 74 mil mujeres y menores migrantes en los Estados Unidos a través de esta fundación durante la crisis de menores migrantes del 2014 y que, a través de la fundación se destinarán 10 millones de dólares para construir un nuevo centro de atención humanitaria en la diócesis.

Los servicios humanitarios de la Iglesia católica permanecen a pesar de los regímenes políticos y las debilidades estructurales locales. The Catholic Herald publicó recientemente un análisis de David Paton, profesor titular de la Universidad de Negocios de Nottingham y profesor visitante de la Universidad de Santa María en Twickerham, en el que afirma que la Iglesia católica opera en el mundo más de 140 mil escuelas, 10 mil orfanatos, 5 mil hospitales y más de 16 mil clínicas. Tan sólo la organización Cáritas (que agrupa a instituciones de caridad diocesana) estima que sus gastos en promoción humanitaria ronda los 2.8 y 3.8 billones de dólares; eso, sin contar las obras de caridad a pequeña escala que realizan las más de 200 mil parroquias alrededor del mundo.

Anuncios

La ineficacia de las políticas ‘de espejo’

espejoEl nobel de literatura, Orhan Pamuk, cuenta que en tiempos del sultán Abdul Hamid II en la ciudad de Estambul habitaban dos famosos locos: uno llamado Osman que andaba continuamente desnudo y otra llamada madame Upola que se vestía con todo lo que estaba al alcance de su mano. Aunque ambos deambulaban por las calles sin causar mayor problema, bastaba que se encontraran frente a frente para desatar una encarnizada batalla; tan violenta que las autoridades decidieron impedirles el paso por el puente sobre el Bósforo.

Traigo a cuenta el relato porque en los últimos meses –particularmente desde el inicio de la administración Trump- los cientos de expertos en política exterior no cesan de sugerir que se apliquen ‘medidas de espejo’ frente a los diferendos que han producido las decisiones del actual habitante de la Casa Blanca: Dicen que si Estados Unidos deporta migrantes sin documentos nosotros deberíamos hacer lo mismo; que si Trump endurece las políticas de visado para prácticamente todos los países, el resto de naciones deben obrar igual.

El último de estos ejemplos es la iniciativa que presentaron los eurodiputados para que todos los países de la Unión Europea nieguen el acceso a los ciudadanos norteamericanos que no tengan visado; la iniciativa no es sino una contestación a la acción ejecutiva de Donald Trump que impide a ciudadanos de cinco países de la eurozona entrar a Estados Unidos sin visa (y, particularmente, los obliga padecer la especial entrevista que realizan los agentes consulares).

A México ya le había ocurrido en el 2009 cuando Canadá impuso el visado a los mexicanos que viajaban a aquella nación. No fueron pocos los expertos que recomendaron a las autoridades mexicanas que aplicaran una ‘medida tipo espejo’ como respuesta severa ante la decisión de su socio comercial. La verdad es que, dicha medida era inútil toda vez que la gran mayoría de los mexicanos yendo a Canadá representaban una migración laboral descontrolada mientras que la mayoría de los canadienses yendo a México terminaban en Cancún tomando tequila pagado en dólares.

Aplicar las ‘medidas espejo’, en el fondo, representa la ira desatada entre los locos de Estambul: uno no podía soportar que el otro hiciera justo todo lo contrario de lo que creía era ‘su identidad’.

Ahora que se cocinan las primeras reuniones para renegociar el Tratado de Libre Comercio que México tiene con EU y Canadá, nuevamente salen las voces que sugieren -sin mucha perspectiva- que si el gobierno de Donald Trump insiste en una política de castigo a las importaciones y recompensa de exportaciones de aquel país, entonces México debe hacer igual; dicen que si EU continúa cancelando inversiones en México, nuestro país debe hacer lo mismo en territorio norteamericano. ¿Es en serio?

En los próximos días, se espera que Trump presente su “histórica reforma tributaria” en la que incluya un impuesto transfonterizo (BAT) del 20% a las exportaciones generalizadas y, por supuesto, los expertos financieros ya advierten que la única respuesta posible son (¡Adivinó usted!): las medidas espejo.

En la misma historia de Pamuk, sobre la Estambul del sultán Hamid II, hay otro relato que se parece al de los locos: un buen día aparece atado del cuello a un árbol un hombre que cargaba vasijas llenas de agua; de pronto pasa un transeúnte y pregunta a la muchedumbre que presenciaba el espectáculo cómo fue que terminó así aquel sujeto. Le cuentan que un agá (una especie de alcalde) vio cómo ese hombre ataba a ese árbol a su caballo cargando las mismas alforjas para irse a jugar cartas y beber café. El agá, por tanto, castigó al hombre con lo que hoy llamamos una ‘medida de espejo’; pero el transeúnte, que era un verdadero sabio, se alejó rápidamente de esa muchedumbre y mientras se iba uno alcanzó a preguntarle por qué se marchaba: “Porque si el agá obró correctamente -respondió el sabio- ahora hay en algún lado un caballo jugando cartas y bebiendo café”. ¿Increíble? Ni más ni menos.

@monroyfelipe

Despertar de un sueño letárgico, ¿hay vida después del pacto?

No puedo dejar de pensar que estamos en 1981 otra vez. La euforia sobre el inmejorable destino de la industria petrolera en México devino en sonrisa congelada por la misma razón que hace 35 años: el dispendio y la poca transparencia en el valor y uso de los activos del crudo nos volvieron a colocar entre la desesperación y la crisis.

Nuevamente, la presunción oficial de que México se encontraba mejor que nunca se desplomó por el mismo lado de nuestra cojera crónica: los veneros del petróleo. A diferencia del pasado, hoy es imposible hablar de abundancia en el recurso y, del mismo modo, el viraje hacia nuevos productos energéticos menos contaminantes tornan anacrónicas las añoranzas de una pujante industria que resuelva nuestro problema inmediato; sin embargo, lo que no ha cambiado ha sido la dependencia económica con los Estados Unidos por la vía de las importaciones y la ineficacia del desarrollo industrial nacional en la producción de combustibles y energéticos.

Para ser justos, hay que reconocer que la economía global –gracias al modelo tecnócrata neoliberal- se ha constituido en una madeja de imbricadas relaciones difíciles de comprender gracias a la exquisita complicación de terminología y argumentos causales muy diferentes a los de antaño. El caso es que la distancia entre las personas con mayor poder adquisitivo y el resto de los sectores no había sido jamás tan amplía ni tan vergonzosa.

Y eso, aunque pueda tener más de una explicación, no puede sino exigir sensibilidad. Más sensibilidad ante la realidad con la que deben lidiar millones de personas. Una realidad de dificultades que no sólo tiene que ver con los esfuerzos personales y la satisfacción de las propias necesidades; sino en la pobreza de una sociedad que, por mucho que labore honestamente, ya no puede participar de la construcción de la equidad, la justicia y la colaboración solidaria de su pueblo o su comunidad.

Por ello, los pactos económicos desde 1987 no han tenido efectos constructivos sino apenas paliativos; y no hay razón para creer que con el Acuerdo convocado por Peña Nieto ante la tribulación y encono social, esto vaya a ser diferente.

En resumidas cuentas, el presente Acuerdo busca vigilar y sancionar los aumentos de precios injustificados, simplificar los modelos de inversión y reducir el endeudamiento público con medidas de austeridad, siempre y cuando las bases sociales no polaricen la legítima protesta popular.

Lo que no se contempla es que el Estado simplemente no cuenta con recursos técnicos ni humanos para vigilar la escalada de precios; los cuales, por otra parte, pueden justificar objetivamente su modificación debido a la alza de combustible.

La vía de la simplificación en los modelos de inversión suena plenamente coherente y es, sin duda, necesaria; sin embargo, puede interpretarse como un grito desesperado ante las amenazas de que los Estados Unidos, con Trump en el timonel, continúen forzando a las empresas norteamericanas a no invertir en México; dejando al país a merced de feroces inversionistas que condicionen su permanencia mediante el chantaje y el abuso.

Finalmente, las medidas de austeridad si no se aplican en áreas de verdadero dispendio (como en el rubro de imagen) guardan el riesgo de ralentizar el mercado interno provocando el crecimiento de los sectores en franca protesta.

Es por ello que el último punto del acuerdo es un pacto de no agresión: promete funcionar mientras no exista violencia o caos en las calles.

De pronto ya no hay más fantasía, despertamos a una realidad que nos negamos a ver hace mucho tiempo. Atrás quedaron los idilios reformistas que quemaron todo el capital político de básicamente todas las fuerzas partidistas; el emperador (los pequeños emperadores) se descubren desnudos de la retórica que les revistió de gloria y majestuosidad. ¿Hay vida después del pacto? Evidentemente. Pero la pregunta sigue siendo: ¿Hemos soñado que despertamos o despertamos en un sueño que nos negamos a dejar de soñar? @monroyfelipe

Laudato si’ no ha podido con el monstruo del dinero

corrupt-politicianEl 18 de junio pasado se conmemoró el primer año de la publicación Laudato si’ Sobre el cuidado de la casa común, la encíclica ecológica-social del papa Francisco. El acontecimiento no ha sido menor, quizá sólo Rerum Novarum del papa León XIII hace más de un siglo recogió tanta lectura e inspiró a tantos liderazgos ideológicos y sectores sociales para fomentar cambios culturales y estructurales en las relaciones del ser humano en sus medios para alcanzar el desarrollo y para preservar su entorno en clave de justicia y trascendencia.

Pero Laudato si’ no es sólo una alerta de emergencia ante la crisis ecológica mundial, no es un alarido desesperado ante la destrucción vertiginosa del equilibrio en el medio ambiente. Es, sobre todo, una propuesta de mirada humanista –y cristiana- sobre la verdadera riqueza de las personas y las sociedades, una repulsa a las actitudes que justifican con promesas de vanguardia y desarrollo la explotación de los más débiles y una severa crítica a la cultura económica-comercial del descarte.

En el marco de este aniversario, como lo recuerdan la Comisión Episcopal de Pastoral Social en México (CEPS-Cáritas) y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMODOSC), se ha fortalecido un lazo que se tenía ciertamente en el olvido: el diálogo entre los creyentes y los pensadores católicos con los científicos e investigadores de los fenómenos naturales de nuestra era y nuestro tiempo.

En esto se ha avanzado mucho, no sólo con las conferencias y encuentros conjuntos que se han logrado con expertos biólogos, sino en las acciones que algunos sectores eclesiales (Iglesia Recicla, por ejemplo) han puesto en marcha como parte de su compromiso para aportar actitudes de responsabilidad frente a la Creación.

 

Ecología sí, economía no

Un espacio, sin embargo, donde la perspectiva de Laudato si’ no ha entrado es en la economía global. Lo advertía Francisco en el capítulo V: “La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales”. El pontífice expresó un deseo fuertemente arraigado en la sociedad civil pero incomprensible para quienes optan por soluciones cortoplacistas e inmediatas a las crisis económicas: “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”.

La decisión de los ciudadanos ingleses para salir de la Unión Europea, con todas las consecuencias que ello conlleve, es un reflejo de cómo la perspectiva social y humanitaria de los bienes –en la esfera de las responsabilidades compartidas- no ha convencido a quienes, en ideal o en nostalgia, creen tener la verdadera riqueza sólo entre sus manos.

Esto es lo que aún no ha logrado Laudato si’. Pero es una de las tareas que se abre en el horizonte como respuesta a las gigantescas contradicciones sociales que siguen prevaleciendo en el mundo. Y, nuevamente, la lectura del pontífice a la economía global no tiene como objetivo delinear estrategias para revertir la tendencia de hiper-concentración de riqueza o generar modelos laborales que satisfagan los mínimos derechos y necesidades del gran grueso poblacional. La aportación de Laudato si’ sugiere una exploración racional y espiritual de los estilos de vida: “Mientras más vacío está el corazón de una persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”, “la sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora”, explica Francisco.

Algo, sin embargo, se ha comenzado a dibujar en algunos productos culturales sobre estas inquietudes. En el mundo cinematográfico hay que destacar “Lobo de WallStreet”, “La gran apuesta” o “Arbitrage”. El más reciente intento es “Money Monster” de Jodie Foster, un thriller sobre las conspiraciones macroeconómicas en el que las historias de las personas nada importan, se diluyen bajo la poderosa cifra de un dinero incapaz de visualizar físicamente. El conductor de un show de TV para inversionistas sobre análisis financiero que mendiga compañía para cenar; el hombre desesperado en bancarrota a nada de ser padre; la directora de comunicación de una compañía que le oculta la información; la productora de TV que lleva mejor relación con nicknames de hackers globales que con el sujeto que tiene enfrente; en fin. Pero nada de ellos sobre su identidad y su horizonte personal. El dinero los ha puesto allí, en medio de una crisis de seguridad y dinero que se viraliza hasta reducirse al chiste de la semana.

Esta misión es la que tiene Laudato si’ y sus promotores para el segundo año de su publicación. Veremos hasta dónde encuentra eco en el impersonal monstruo de la economía global. @monroyfelipe

Eficientar y transparentar donativos, ¿para qué?

Algo querrá decir el papa Francisco con las cartas apostólicas en forma de motu proprio del último año. Ha signado cuatro reformas del aparato interno de la curia: la nueva estructura de coordinación de asuntos económicos (la creación de una Secretaría de Economía y un Consejo Económico), los nuevos estatutos de la Autoridad de Información Financiera, el Comité de Seguridad Financiera para prevenir el blanqueo, financiación del terrorismo y la proliferación de armas; y la adecuación de la jurisdicción en materia penal de los órganos judiciales del Estado Vaticano. Cada una representa una posibilidad de ofrecer mayor certeza a las grandes inquietudes de los fieles y de la sociedad en su conjunto sobre los mitos y verdades a medias que se han creado entorno al binomio Iglesia y dinero.

¿Es tan millonaria la Iglesia como se dice? ¿Funcionan sus organismos de caridad como centros de lavado de dinero internacional? ¿Qué entidad global vigila las transacciones bancarias de la Santa Sede o de las diócesis? ¿Hay organismos que evitan que los obispos utilicen arbitrariamente los recursos de sus diócesis? ¿Tienen derecho los fieles a conocer los balances financieros de su parroquia, de las congregaciones religiosas o de sus institutos apostólicos? Sin duda el estigma crítico de no poca gente que imagina a una Iglesia que vive con las rodillas sobre cojines de seda orando para erradicar el hambre de los pueblos mientras suplica a estos mismos pueblos la contribución del diezmo para obras de caridad y el sostenimiento de sus estructuras, nunca será convencido de que su visión caricaturizada es injusta y parcial de una gran y compleja obra de solidaridad y caridad que opera en cada rincón del planeta, con millones de agentes comprometidos y, primordialmente, casi sin recursos que los financien.

Sin embargo, quienes albergan la duda razonable merecen respuestas razonables. Estas personas pueden, si se fomenta la transparencia y la información oportuna del origen y uso de los recursos financieros de las obras de Iglesia, participar de manera más constructiva, solidaria y comprometida con las necesidades de la misma y de los más necesitados. Y esto también lo está realizando Francisco.

A raíz de las inundaciones en Bolivia, que hasta este 25 de febrero ha dejado 59 personas muertas, 11 desaparecidos, 12 carreteras destrozadas, 120.000 cabezas de ganado muertas, 1.730 viviendas derruidas, 61.235 familias afectadas y 39.289 hectáreas de cultivos dañados, el papa Francisco envió un donativo de 50,000 dólares como parte de la participación de la Santa Sede para el auxilio y reconstrucción de las zonas afectadas.

Hizo igual con México cuando las inundaciones de agosto y septiembre del 2013 afectaron varios estados de la república. En aquella ocasión, envió apoyo económico a través del Pontificio Consejo Cor Unum para que obispos y diócesis costearan proyectos de desarrollo social, rehabilitación estructural y reconstrucción de espacios perdidos. Según el informe de la Secretaría General del Episcopado Mexicano, el papa Francisco habría enviado un millón 280 mil pesos (97 mil dólares aproximadamente) y que fueron destinados en principio a las diócesis de Acapulco, Ciudad Altamirano, Tlapa, Chilpancingo-Chilapa, Tampico, Papantla, Huejutla y Huajuapan. Recursos que habrían sido aprovechados con rigor y prudencia, y que ojalá sean un contraste moral con la pobre actuación de las autoridades mexicanas que reclaman la ausencia de 30 millones de pesos prometidos.

Volvamos a Bolivia. El sacerdote Juan Carlos Velásquez, secretario de la Pastoral Social, aseguró que los 50,000 dólares enviados por el Papa serán administrados por la Cáritas local en coordinación con la oficina estatal de Defensa Civil, que canaliza las labores de socorro, para que la ayuda “sea eficaz en el marco de un plan interinstitucional”. Se comprometió además, a dar seguimiento puntual de los fondos y a informar a la sociedad de cómo y con qué propósito fueron utilizados. Es, quizá, lo menos que podría hacer.

El Papa ha dado pasos oportunos en materia de transparencia y responsabilidad, el dinero de la Iglesia siempre es el dinero de los pobres y de los más necesitados, está para ellos. Sus donaciones van con nombre, apellido, circunstancia y cantidad. Y esto puede y es necesario que se replique en cada estructura eclesial. Da certeza, esfuma fantasmas, evita intrigas… quizá no elimine críticas pero ¿estarían justificadas?