Elecciones 2018

La estrategia del último debate

debateHay que ser muy claros, si todo sigue el curso esperado, será la última vez que los cuatro aspirantes a la presidencia de la República estarán frente a frente compartiendo el mismo salón. Es el tercer y último debate donde los candidatos y sus estrategas se jugarán su última carta dentro del marco legal; el último ejercicio abierto al juicio de los ciudadanos para ver y escuchar a los aspirantes responder ante tres temas generales (desarrollo sustentable, educación y salud) y comportarse frente al último señalamiento que sus contrincantes les hagan en su cara.

En general, para los estrategas políticos, el último debate es donde se establecen todos los diferenciadores posibles entre candidatos. Por ejemplo, en el último debate Clinton-Trump, los dos candidatos expusieron radicalmente sus diferencias: si para la primera, la actuación de los jueces de la Suprema Corte le parecía correcta, el segundo los criticaba ácidamente; cuando Clinton pidió la regulación en la posesión de armas, Trump le reviró que el norteamericano común cree profundamente en la Segunda Enmienda que le garantiza la posesión y portación de armas.

Así continuó la noche, Clinton y Trump ahondaron el abismo que les separaba: aborto, inmigración, el muro con México, seguridad interior. Las acusaciones iban de ida y vuelta, pero aún con datos correctos: Clinton acusó a Trump de usar inmigrantes ilegales para construir sus icónicos edificios aprovechándose de su necesidad y vulnerabilidad; Trump acusó a Clinton de deportar masivamente a indocumentados como una política permanente como secretaria de Estado con Obama. Sin embargo, el clímax del debate fue la provocación de Clinton contra Trump sobre su relación con Rusia y el presidente Putin, que derivó en una vulgar recriminación mutua sobre qué candidato era ‘marioneta’ de Rusia; la demócrata acusó a Trump de usar recursos de su fundación para mandarse a hacer retratos de 2 metros de altura; y el republicano le reviró con el escándalo de la fuga de información a través de los mails de la secretaria de Estado.

En síntesis: el último debate es la oportunidad de que los candidatos muestren una imagen lo suficientemente definida como para sobrevivir al alto contraste. Esa imagen tiene que durar hasta que el elector esté frente a la boleta.

No obstante, el tema en la actual contienda presidencial en México no es el contraste o la diferenciación entre candidatos, es justamente lo contrario: cómo convencer a esa gran porción de indecisos que exigen puntos medios de convergencia a los candidatos: más modernidad administrativa a López Obrador, más empatía con el anti-corporativismo a Meade, más sencillez y humildad a Anaya y más seriedad institucional a Rodríguez Calderón.

Sin embargo, nada parece apuntar a que los candidatos suavizarán el tono; por el contrario, seguirán el manual e irán hasta el final en la confrontación: Anaya insistirá en la alianza Peña-AMLO, Meade continuará con la estrategia del miedo, López Obrador reiterará su posición ante la mafia del poder y ‘El Bronco’ repetirá su condición ingobernable de independiente.

Bajo este modelo, los que realmente perderán serán los temas: Crecimiento económico, pobreza y desigualdad; educación, ciencia y tecnología; y desarrollo sustentable, salud y cambio climático. Es probable que ningún candidato utilice su tiempo frente al micrófono para explicar a profundidad alguna propuesta de política pública en estos rubros; al final, en realidad tampoco es lo que esperan los ciudadanos espectadores.

El debate se realizará este martes 12 de junio en el Gran Museo del Mundo Maya en Mérida, Yucatán, a las 21:00 horas. Desde el último encuentro, el único golpe mediático nuevo fue la divulgación de un video donde vuelve a posicionarse la trama del presunto lavado de dinero de Ricardo Anaya a través del empresario Barreiro en Querétaro; mientras, en el war room de José Antonio Meade se hace sentir la narrativa mercadológica de Carlos Alazraki quien caricaturiza a López Obrador con actitudes de anciano senil; y, por su parte, los estrategas de Andrés Manuel continúan pidiéndole al tabasqueño que se mantenga en su discurso de amor y paz. Sin embargo, las encuestas parecen no dar virajes importantes. Insisto, el tercer debate es la última oportunidad de usar la última carta legal de los candidatos, aunque eso abra la puerta a otras estrategias paralegales o francamente criminales. Esperemos que no.

@monroyfelipe

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Para comprender las encuestas electorales

louwerse1d-e1527803912241.png¿A cuál encuesta le creemos? Es una de las preguntas más frecuentes que se hace la gente en estos días; principalmente porque en los últimos años las encuestas parecen haber fallado en sus resultados (Brexit, Trump, Colombia, etc.) y porque nuestra suspicacia ante las malas prácticas políticas nos hace suponer que los resultados de varias encuestas electorales están “cuchareados”, amañados o francamente pagados. La verdad es que muchos ciudadanos están decepcionados de este ejercicio estadístico, pero ¿se habrá acabado la época dorada de las encuestas? ¿Servirán para algo en este panorama de desconfianza posmoderna?

La razón por la que cada vez hay más gente que está harta de las encuestas es quizá porque no nos explican a fondo cuál es su verdadero propósito, ya sea porque no estamos seguros cómo es que muestras tan pequeñas pueden representar a toda una población o por qué haya disparidades tan notables entre dos ejercicios distintos; sin embargo, los especialistas afirman que las encuestas no intentan reflejar el pensamiento de cada individuo o la complejidad de sus preferencias, ni siquiera compiten por obtener la mejor instantánea del pensamiento de una comunidad, el verdadero fin que persiguen es presentar un modelo sobre cómo la población podría responder ante opciones cerradas. Se trata pues, de analizar posibles comportamientos, conocimientos u opiniones ante condiciones estrechas.

Por tanto, son instrumentos y modelos de análisis muy útiles siempre que se tenga claridad en los objetivos que realmente se persigan. Así es la ciencia, los resultados no sirven de mucho si no se conocen ni el método ni las hipótesis que plantearon la experimentación. Por ello, los diseñadores de encuestas no sólo deben presentar sus resultados finales, también están obligados a describir sus intenciones originales, las razones por las que eligieron cierta muestra poblacional, el método de levantamiento de datos y, principalmente, reconocer el margen de error que en todos casos no sólo es inevitable sino hasta saludable pues no son fotografías o radiografías del pensamiento social sino una aproximación por comprender los valores, las actitudes o las opiniones que un cierto representativo social utiliza frente a un constreñido espacio de elección.

Esa es la razón por la cual hay encuestas tan dispares en el actual proceso electoral. La explicación más fácil -la que no exige mucho esfuerzo- es que los encuestadores están pagados o aliados a grupos políticos y eso se refleja en sus resultados: están comprometidos por filiación política o interés económico. Pero es un hecho que a la mayoría de la gente no le interesa la explicación más completa, se queda con lo que necesita y reafirma su parecer antes de explorar otras razones. Como apunta Matthew Mendelsohn, especialista en metodología de encuestas: “Cuando están bien desarrolladas, las encuestas pueden ser herramientas muy útiles; pero si se realizan sin cuidado y con demasiada rapidez, pueden convertirse en muletas para quienes se reúsan a pensar creativamente o con rigor científico”.

Un fenómeno, sin embargo, que sí ha cambiado el panorama metodológico de las encuestas es el avance de las encuestas vía internet. Con el desarrollo de tecnologías, sistemas de comunicación y modelos de análisis de inmensas bases de datos, las encuestas en línea se han convertido en una opción muy eficaz para explorar los comportamientos de diversos perfiles de ciudadanías: más allá de las encuestas telefónicas a hogares o a teléfonos celulares, las encuestas online lideradas por los titanes en motores de búsqueda se han convertido en una mega autopista de doble vía: en un sentido da voz a grandes muestras de población para elaborar encuestas cada vez más certeras mientras, en contraparte, toma de esas muestras una cantidad inmensa de información que termina siendo de gran utilidad para fines comerciales o dinámicas de comportamiento social.

En el actual proceso electoral mexicano, la inmensa mayoría de las casas encuestadoras realizan sus ejercicios metodológicos comisionadas por instituciones políticas, medios de comunicación o empresas particulares, muy pocas -si acaso un par de ellas- se realizan con propósitos académicos. Eso habla mucho de las encuestas que vemos, sus resultados quieren reflejar la eficacia de los mensajes, estrategias o acciones de los contendientes en campaña; pero, no nos engañemos, también habla algo de nosotros, de nuestro comportamiento ante escenarios previstos. ¿O acaso no cree que el alto nivel de desconfianza en las encuestas podría ser un dato muy útil para ciertos intereses?

@monroyfelipe

Iglesia y política, forzados a convivir

elecciones.jpgEl genial Chesterton afirmó que la Biblia pedía amar a tanto a los enemigos como a los vecinos porque en general suelen terminar siendo las mismas personas; y la reflexión cae a cuento porque en el presente proceso electoral, las instituciones religiosas parecen estar obligadas a convivir con la política electoral tanto por vecindad como por imbricadas asociaciones.

En los últimos meses, las estrategias políticas de diferentes grupos han querido involucrar a las instituciones religiosas al feroz ritmo de las campañas electorales. En algunos casos lo hacen de manera casi corporativa mediante asambleas enteras de fieles que entran de cuerpo entero en plataformas de ciertos candidatos; y en otros, más sutiles, mediante estrategias de miedo o de presión para que otros grupos de creyentes detonen a favor o en contra de los aspirantes.

En los días previos al segundo debate de los candidatos a la presidencia de la República, se divulgó la noticia de un supuesto panfleto (del que sólo se conoce la fotografía en redes sociales) donde presuntamente un partido político agrede los sentimientos religiosos de un particular credo. Sin ninguna prueba física o alguna otra fuente fidedigna de veracidad, el tema creció incontrolable hasta propiciar un posicionamiento de la Iglesia católica. Los obispos de México afirmaron que el panfleto comenzó a circular en redes sociales y, aunque reconocieron que desconocían incluso su origen, no impidió que con su autoridad reprobaran “que se utilice como instrumento de discordia” y pedir a las autoridades competentes “investiguen estos hechos, y no permitan que circule ningún tipo de propaganda electoral que contenga imágenes o símbolos religiosos venerados por gran parte del pueblo de México”.

Días más tarde, otro organismo de una asociación religiosa rechazó que sus miembros hicieran peticiones de datos personales y promesas de entregas de despensas u otras ayudas económicas a instituciones, fundaciones o agrupaciones religiosas. Detrás de estas denuncias sin duda se encuentra alguna estrategia electorera que utiliza organizaciones religiosas (de alta confianza para el mexicano promedio) para hacerse de adherentes, votos potenciales o padrones espurios para partidos políticos (que sin quizá las instituciones de menor confianza entre los ciudadanos).

Sin embargo, también hay grupos o iglesias que aprovechan los espacios doctrinales para inducir el voto de sus fieles. Se hace de manera velada o francamente abierta, con y sin riesgo de ser señalados ante las autoridades electorales de actos violatorios del proceso electoral. Como decía Chesterton: enemigos y vecinos a veces son las mismas personas.

El tema delicado es que la política y las asociaciones religiosas están, más que nunca, obligadas a convivir en un momento de alta tensión social, en medio de campañas de odio, mentira, tergiversación, señalamientos y marrullerías. El peligro es que grupos religiosos enteros pueden estar vulnerables a los efectos de la mentira y, no es novedad que, a pesar de los permanentes llamados a la mesura por parte de los líderes religiosos o políticos, siempre hay individuos o células radicales que contravengan el principio ético de no hacer en el otro lo que no se quiera experimentar en la carne propia.

El genial escritor de ‘Los viajes de Gulliver’, Jonathan Swift, en pleno siglo XVIII describía la mentira política como una herramienta que sólo es útil cuando hay ingenuos que desean creerla. Así, el vulgo trasmite rumores sobre la vida sexual, la salud, la riqueza o la moral de los políticos sin saber que es utilizado por los hilos del poder. La divulgación de mentiras políticas provoca las más virulentas reacciones y, al final, no importa que se revele la verdad: para quien tiene un prejuicio inoculado al tuétano creerá la mentira hasta la ignominia. Aquí es donde la vecindad de la política y las religiones deben atender más la calidad de su convivencia pues todo fanático tiene su punto de presión; basta que lo activen para que explote revelando su verdadero rostro.

Los panfletos antirreligiosos o los intentos de captación de voto corporativo religioso pueden venir de cualquier lado y, aunque ese es un tema legal por atender, lo que importa es contemplar y explicar cómo estos fenómenos logran revelar el verdadero rostro de quienes ya están fanatizados en sus criterios ideológicos, políticos o religiosos. El arte de la mentira política lleva 400 años perfeccionándose; y resulta vergonzoso cómo la sociedad sigue conservando la misma dosis de credulidad.

@monroyfelipe

#Debate2018 Ganó el formato, faltaron aportaciones de fondo

asd.JPGConcluido el primero de tres debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, los cinco candidatos –como ya lo habían trabajado en sus equipos de campaña- se declararon ganadores de su trinchera y pusieron en marcha sus tácticas para posicionarse en los espacios noticiosos de la semana. Sin embargo, como nunca antes, las estrategias en las redes sociales presidieron el análisis de lo acontecido en tiempo real y con miles de matices de opinión. Lo que quedó fuera, no obstante, fue la oportunidad de abordar los temas de fondo, que sí los hubo, pero palidecieron bajo las tácticas de imagen y campaña.

Los esfuerzos del Instituto Nacional Electoral para trabajar con las empresas controladoras de las principales redes sociales del mundo y que éstas operaran a favor de lograr audiencias y conversación fueron notorios, pero inquieta mirar los resultados: un inmenso volumen de participantes, pero igualmente inmensa la basura que allí se produce. Eso, sin contar aquello que los vendedores de fantasías llaman “estrategias de redes” pero que no son sino la compra burda de tecleadores obsesivos.

Las redes sociales rompieron el monopolio de opinión de los medios de comunicación tradicionales de noticiarios. Nueve de las diez tendencias masivas en Twitter en México hablaban sobre el debate; además, la utilización de diversos hashtags del INE para generar y concentrar la conversación que produjeron cientos de miles de usuarios facilitó dar seguimiento no sólo a las intervenciones de la sociedad sino a los usos que los equipos de campaña de los candidatos están dando a estas herramientas. Por supuesto, Facebook y Whatsapp también fueron receptáculos inmensos donde creció la exposición de lo acontecido en el debate pero hay datos muy preocupantes sobre este enorme esfuerzo: sólo uno de los diez principales influencers en México decidió participar y colaborar en la conversación sobre el debate presidencial; el resto, para mantener su autenticidad y lo que sus audiencias les piden, decidieron no intervenir, ni voluntariamente ni por medio de intereses económicos que les sugirieron tuitear a favor de ciertos candidatos a cambio de un atractivo bono económico.

Esto quedó reflejado involuntariamente en una encuesta realizada por la empresa Pauta: tras el debate realizó mil 196 llamadas telefónicas a hogares mexicanos, sólo 27% de los encuestados había seguido el ejercicio democrático. Es decir, aún permanece un gran volumen de indiferencia social ante estos temas políticos. Y, cuando los hay, la banalización o la burla antecede a la reflexión desapasionada. En la encuesta de un destacado informativo de Jalisco, más de la mitad de sus audiencias confirmó que lo más importante del debate fueron los ‘memes’ y los ataques. Así que, al igual que otras redacciones de noticias, se colocaron en portada principal dos notas: Los memes de los candidatos y un contador de ataques durante el debate.

Ya se esperaba, los ataques se centraron en el candidato puntero y los analistas coinciden en que esta circunstancia redujo las posibilidades de que los participantes expusieran temas concretos y exploraran respuestas a los temas que se les presentaron en este primer debate. Según el contador de ataques emitidos y recibidos: Anaya hizo 17 ataques y recibió 14; Zavala atacó 14 veces y recibió sólo una crítica; Rodríguez no recibió ninguna embestida pero hizo 15; Meade arremetió en 17 ocasiones y recibió 7 agresiones; y, finalmente, López Obrador, atacó dos veces y recibió 43 señalamientos de sus opositores.

En el balance de los analistas políticos y de imagen pública hay cierta coincidencia en que el candidato Ricardo Anaya, fue el que realizó un mejor desempeño en la técnica; que José Antonio Meade, desaprovechó la oportunidad de salir del tercer lugar en la intención de votos; que Andrés Manuel López Obrador, aportó muy poco en el ejercicio y soportó con estoicismo las acérrimas críticas de sus oponentes; que Margarita Zavala, se esforzó demasiado en el tono y en la emoción pero no en el fondo de las ideas; y que Jaime Rodríguez, destacó por las insensateces vertidas y la disruptiva actitud.

Con todo, más allá de la imagen y desenvoltura de los aspirantes, finalmente los temas de fondo sí aparecieron en estos ejercicios democráticos, aunque con tibieza y abordados sin claridad. Quedan para posteriores reflexiones y diálogos: La elección de un fiscal independiente para combatir la corrupción en el gobierno, la exploración de una reforma legislativa para revocar el mandato presidencial, el diálogo por una estrategia de seguridad eficiente y la gobernabilidad en medio de una crisis de Estado.

En conclusión, ganó el formato del debate y será un error dar marcha atrás en ello. Eso obliga a los aspirantes a mejorar sus técnicas y sus argumentos, a ordenar sus ideas y plantearse una imagen que converja con sus planteamientos y a aprovechar su tiempo porque es el tiempo que los ciudadanos (los pocos interesados) les están dando. El terreno está asentado y la audiencia interesada está deseosa de participar, esperemos que –ahora sí- haya más propuestas para hacer coincidir esos dos espacios.

@monroyfelipe

Un crimen sagrado

padreApenas un kilómetro y una semana de distancia separan la más reciente escena del crimen contra un sacerdote mexicano de la reunión de los obispos con los candidatos a la presidencia de la República en la sede de la Conferencia Episcopal en el Estado de México, mismo municipio, misma diócesis pero un abismo en el discurso. El asesinato del vicario judicial de la diócesis de Izcalli, Rubén Díaz Alcántara, es la prueba irrefutable de que la violencia y el crimen prevalecen como una especie de ‘orden social’ en el territorio nacional.

El Centro Católico Multimedial -organización que da seguimiento a los crímenes contra ministros de culto y miembros de la iglesia católica en México- reportó que con Díaz Alcántara se alcanzó la cifra de 22 sacerdotes asesinados en el país desde el inicio de la administración del presidente Enrique Peña Nieto; además, han sido asesinados 40 periodistas, 73 políticos y más de diez mil mujeres, para redondear en 117 mil, la cifra de homicidios de este sexenio.

Cada crimen, desaparición o secuestro revela la ineficacia de las estrategias de seguridad propuestas en los últimos dos sexenios, desnuda también la crisis humana y moral en la que ha caído gran parte de la sociedad mexicana. Por eso sorprende que el mensaje que los obispos mexicanos dieron a los candidatos a próximo presidente de México hablara tan poco y con ambigua cortesía de este gran drama nacional: “No podemos concebir un orden social basado en la impunidad, la corrupción, la inseguridad, la violencia, la cultura de la muerte”, expuso el cardenal Francisco Robles en nombre del episcopado nacional sólo para matizar más adelante: “Muchas cosas las hemos hecho bien. En los últimos años hemos logrado conformar avances significativos en materia política, económica y social”.

Frente a ese cuerpo episcopal que ha perdido a 22 sacerdotes en menos de un lustro y una cantidad desconocida de fieles católicos, el cardenal Robles dijo a los aspirantes a dirigir el país: “Hay indignación y graves realidades de exclusión que nos sacuden y violentan. Sin embargo, éstos no pueden opacar nuestra mirada sobre el bien conquistado”. Las únicas conquistas en el rubro de inseguridad han sido, sin embargo, indeseables: el 2017 se convirtió en año más violento de la era moderna del país, los crímenes contra ministros pasaron de tres (1994-2000), a cuatro (2000-2006), a 17 (2006-2012) y finalmente a 22 (2012-abril 2018). El Índice de Paz reporta que en 25 de los 32 estados de la República experimentaron un deterioro del nivel de paz y más de 100 millones de personas ven afectadas las relaciones sociales en sus hogares y comunidades por la violencia. Por si fuera poco, la tasa nacional de delitos aumentó en 15% y la tasa mensual de violencia en la familia escaló 32% en los últimos tres años.

El arzobispo Robles aseguró a los políticos que, en el extranjero, hay “admiración” de ciertos avances en México (especialmente en materia macroeconómica, salud, educación, vivienda y democracia) y planteó que “la crisis ética, hay que decirlo, no es exclusiva del gobierno, ni de nuestra Nación, sino que es un cáncer presente en toda la humanidad”. Pero es claro que a ningún obispo se le puede exigir atender el cáncer de la humanidad sino el drama que padece su prójimo inmediato: “El obispo -apuntó el papa Francisco en 2016- debe ante todo vivir para los fieles, y no solamente presidirlos […] estar cercanos a los pobres, a los débiles, a los que no tienen hogar y a los inmigrantes. Miren a los fieles en los ojos. Pero miren el corazón. Y que aquel fiel tuyo sea presbítero, diacono o laico, pueda mirar tu corazón. Pero mirar siempre en los ojos”.

Los obispos tuvieron la oportunidad que millones de fieles católicos no tienen: estar frente a los que aspiran a gobernar el país; tuvieron oportunidad de expresar con claridad evangélica los dramas que su grey y su clero padecen todos los días, tuvieron oportunidad de utilizar las palabras precisas para denunciar “la alarmante violencia” como mencionaron en las condolencias por el asesinato del sacerdote Díaz Alcántara; para iniciar ese “diálogo nacional en el que se escuchen todas las voces, especialmente de aquellos y aquellas que sufren violencias e injusticias” como propusieron en su mensaje final de la 105 asamblea plenaria; o para “reconstruir nuestra Patria […] ante la injusticia e inequidad, la corrupción e impunidad, las violencias, el narcotráfico, los asesinatos y desaparecidos, la inseguridad y extorsión” como dijeron en la 104 asamblea nacional. Una oportunidad que se diluyó en cortesías políticas y que silenciaron buena parte de una indignación social ante una crisis que, si bien no es exclusiva del país, sí es la más cercana y es la que podemos ver directamente a los ojos.

@monroyfelipe

“Obispos estamos en una angustiante búsqueda de paz”: Secretario CEM

Miranda2Aunque utilicen “diferentes instrumentos”, los obispos de México “tocan una misma partitura, que es la búsqueda constructiva y urgente de paz en el país”, asegura en entrevista el obispo Alfonso Miranda Guardiola, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en vísperas que se celebre la 105° Asamblea Plenaria del organismo donde los obispos definirán avances del Plan Global de Pastoral y sostendrán encuentros con los candidatos a la presidencia de la República.

Del 9 al 13 de abril próximos, más de un centenar de obispos mexicanos llegarán a este encuentro semestral en el Estado de México para participar en la definición del Plan Global de Pastoral, un proyecto iniciado en el 2016 cuyo primordial objetivo es iluminar e inspirar a los católicos del país en una ruta de extensa colaboración por el bien común. En el contexto de esta reunión están las acciones emprendidas por el obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, quien ha defendido su derecho a dialogar con narcotraficantes para procurar la paz en Guerrero; la búsqueda de la actualización de las leyes secundarias en materia de libertad religiosa; y el hecho que los obispos recibirán a los candidatos Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Margarita Zavala a quienes escucharán y propondrán una serie de inquietudes.

Pero, ante todo, intentarán concretar el Plan Global de Pastoral que tiene un horizonte de animación permanente hacia el 2031-2033: “El Plan Global –que ya está en fase definitoria coordinada por el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera; y los obispos Armando Álvarez (Huautla) y Jaime Calderón (Aux. Zamora)- tiene el esquema de un documento iluminador e inspirador más que ser un documento operativo con acciones concretas pastorales. Va a ser un documento que ilumine e inspire los distintos planes de pastoral de las diócesis de México donde tendrán que aterrizarse y llegar a causas concretas”, adelanta Alfonso Miranda.

Y es que, para el secretario de la CEM, los obispos de México pueden “tocar diferentes instrumentos pero todos siguen la misma partitura”, como lo demuestra el caso del obispo Rangel Mendoza quien, a pesar de la censura y las críticas de las autoridades civiles, desde el 2016 ha sostenido diálogos con miembros del narcotráfico para evitar la escalada de violencia en el estado de Guerrero: “Cada uno en sus distintos lugares, tiene un instrumento diferente pero toca la misma partitura. Porque la partitura que seguimos los obispos no es sólo un plan sino el Evangelio y la Escritura… Y todos los obispos son músicos expertos”.

—¿Y qué nombre le pondría a esa melodía, a esa partitura que interpretan todos los obispos de México?

“El nombre es ‘Búsqueda de paz’. Aunque si fuera algo más dramático sería: ‘Búsqueda angustiante de paz’ o ‘Búsqueda constructiva y urgente de la paz’”.

—¿Y ven en los candidatos o en el ánimo de estas elecciones que se esté trabajando por construir la paz o, por el contrario, estamos construyendo más miedos y odios?

“Más que ver, nos toca como episcopado plantear, hacer eco de lo que el pueblo que acompañamos vive y siente. Nosotros debemos ser eco de esa voz; ser portadores de esa voz y plantear lo que a nuestro juicio y posición desearíamos para un México mejor y moderno. En los temas principales a construir y trabajar juntos están la paz, la eliminación de la corrupción e impunidad, el progreso justo, la creación de empleos, los salarios dignos y los temas que no podemos soslayar como son la vida, la familia y los pobres”.

—Sin embargo, para que esta cooperación por el bien común sea mayor se requiere un mínimo de participación formal de la Iglesia con las autoridades de los diferentes espacios públicos. ¿Se está trabajando en proponer algo de actualización en las leyes de Asociaciones Religiosas y Culto Público?

“Hemos trabajado desde enero del 2017 hasta el día de hoy en la última parte, porque hubo intentos o trabajos previos en 2014 cuando se entregó una propuesta de reforma que quedó como ensayo. Y hasta el día de hoy hemos sostenido múltiples reuniones: hacia adentro de la Iglesia con nuestros especialistas pero también con actores de gobierno, hemos socializado con las demás asociaciones religiosas del Consejo Ecuménico e iglesias evangélicas y se ha llegado a una propuesta bastante adecuada a nuestros tiempos donde se busca pasar de un laicismo negativo, que era el talante de la ley de 1992, a un talante de laicidad positiva, que busca la colaboración entre gobierno e iglesias para el bien del pueblo”, expone el obispo.

La propuesta, sin embargo, aún continúa en maduración y no se envía a las instancias del Congreso pero el diálogo con los candidatos a la presidencia de México podrá ser un buen termómetro para explorar el ánimo de las diferentes plataformas políticas respecto a la reforma de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público: “Tenemos la esperanza de que se haga por el bien de México, nuestro país necesita una Iglesia que esté a su altura y que pueda colaborar por el bien de todos los mexicanos… En la propuesta de ley no estamos metiéndonos en la materia electoral. Hablamos de otro tipo de colaboraciones, en el ramo social, educativo, en los medios de comunicación”, puntualiza Alfonso Miranda.

—Finalmente, ¿qué tan positivo es que los candidatos apelen a discursos de índole religiosa en sus campañas políticas?

“Ante todo: El respeto a cada persona, a cada candidato. Cada uno de ellos es humano y tendrá sus preferencias religiosas y eso no podemos quitárselo a nadie. Eso se lleva en el corazón, independientemente del partido al que se pertenezca. Ya sea que lo muestre o no, lo ejerza o no, eso está en la índole privada de cada candidato”.

@monroyfelipe

#Elección2018: Patrones oscuros y hoteles de cucarachas

candidatosPara los políticos en campaña este julio les parece como la frontera de otro país, de otro México en el que todo estaría definido y ordenado a su placer o a su pesar. Detrás de ellos -cadáveres de la ambición-, quedarán los restos de una demencial campaña encarnizada por obtener el poder. Las tácticas y estrategias de sus respectivos búnkeres habrán calculado sólo los riesgos de anteponer escrúpulos frente a la eficiencia del dinero y las promesas inviables; pero, instalados en el triunfo o el fracaso, los excandidatos, sus equipos de campaña y simpatizantes enajenados no lograrán salir de una sutil y sugerente trampa: el miedo a lo posible.

Queda claro que gane quien gane, pierda quien pierda, seguirá existiendo una sociedad sumamente polarizada y fanatizada. Es decir, ni julio es una frontera ni nos habremos liberado de esta pequeña prisión de superficial fanfarronería política. Esta pequeña mazmorra que fue diseñada para mantenernos intoxicados de pedante superioridad defendiendo a ultranza a nuestro candidato preferido y atacando sin razón a sus opositores.

Hemos caído en un patrón oscuro de insatisfacciones. Y es muy riesgoso.

En el diseño de páginas web, aplicaciones y demás interfaces pantalla-usuario existe una práctica muy cuestionable de mercadotecnia que se denomina precisamente: “patrones oscuros”. Se trata de diseños engañosos que hacen que el usuario elija algo que en realidad nunca deseó, compre bajo condiciones que le fueron encubiertas o entregue su información ‘dios-sabe-dónde’. Pero el que más llama la atención de estos diseños es el llamado “Hotel de cucharachas”. Se trata de lugares donde es muy fácil (y muy atractivo) entrar, pero muy difícil salir. Están inspirados (vaya ironía) en un producto antiplaga: las trampas para cucarachas. El sistema de este producto es sencillo: los insectos entran allí atraídos por algo en su interior y, satisfecha o no su curiosidad, les es imposible salir.

Por desgracia, eso justo es lo que parece que sucede en la sociedad mexicana en estas campañas políticas: Entramos muy fácilmente en el discurso de odio y miedo, y ahora nos es casi imposible salir. Tal cretinismo y furia expresados en medios de comunicación e interacciones sociales sobre los políticos y la política nunca se había experimentado. Ha sido tal es asedio en la siembra de odio, miedo, beligerancia y alarmismo en las redes sociales que algunos usuarios claman por paz en sus muros o historiales. Estos usuarios, pocos por otra parte, son muy probablemente el grueso de votantes indecisos que advierte pequeña esta trampa de odios y fanatismos políticos.

Salir de este patrón oscuro significa pensar que el mejor escenario para las próximas elecciones es que la democracia mexicana pueda mejorarse en sus instituciones y en su confianza, que las búsquedas políticas no se limitan a procesos electorales sino a la vigilancia de las políticas públicas cotidianas, que los derrotados entiendan cómo pueden ser una mejor oposición, que los vencedores involucren indefectiblemente los talentos y las ideas fuera de su círculo de influencias, que la ciudadanía se apasione menos de las elecciones y más de la participación ciudadana.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, escribió en su ‘Révolution’ un potente llamado a salir de estas cárceles oscuras de la política: “Todos debemos salir de nuestros hábitos. El estado, los políticos, los altos funcionarios, los líderes de sindicatos y los cuerpos intermedios. Es nuestra responsabilidad y sería un error robarnos a nosotros mismos para acomodarnos en el statu quo. Estamos acostumbrados a un mundo que nos preocupa. Que realmente no queremos nombrar ni mirar a la cara. Entonces nos quejamos, gemimos. Los dramas están llegando. La desesperación también. El miedo se instala y nosotros lo jugamos. Deseamos cambios, pero sin realmente quererlos”.

El miedo, como estrategia y narrativa para trastocar las emociones del respetable, ha tenido un perverso éxito político y un caótico efecto social. No hay nada peor que el sentimiento de alienación conducido por confusas emociones. Desconfiemos sí, pero también de nuestras filias y nuestras fobias inmediatistas y pasajeras. Por eso me gustan las palabras que Macron usó en la introducción de su plataforma política, creo que inspiran a mirar más allá de procesos electorales cíclicos: “Estoy convencido de que este siglo XXI, en el que finalmente entramos, también está lleno de promesas, cambios que pueden hacernos más felices”.

@monroyfelipe

Salto de fe electoral

voto-senoraPara nadie es un secreto que los candidatos del actual proceso electoral de México recurren con más frecuencia que en otras campañas a figuras y parábolas religiosas o bíblicas; es un hecho que hoy forman parte de la estrategia que los asesores de campaña recomiendan y que intentan conectar con esa gran mayoría religiosa mexicana que -por lo demás- es profundamente heterogénea.

En gran medida, el periodo llamado de ‘intercampaña’ -donde la autoridad electoral prohíbe expresamente la divulgación de propuestas, propaganda, llamado al voto o descalificación de adversarios- orilló a los políticos a expresar diferentes discursos metapolíticos y, de entre ellos, guiños religiosos particularmente con la absoluta mayoría que profesa alguna religión de enseñanzas bíblico-cristianas.

Dice el proverbio que es muy mala idea cruzar un abismo en dos saltos; se hace de una vez, implicándose absolutamente para llegar a la otra orilla o, de lo contrario, se hace un salto de fe esperando que alguna fuerza sobrenatural sostenga al audaz en el vuelo y le deposite a salvo en el destino. Sin quererse mojar por entero en el tema religioso (prohibido por otro lado por las leyes mexicanas), los partidos políticos hacen saltos de fe al vacío aguardando que un milagro los conecte con esa sociedad que comparte ciertos principios morales, éticos y trascendentales.

Quien lo ha expresado de manera más abierta ha sido, sin duda, Andrés Manuel López Obrador, quien afirmó: “Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesucristo; porque Jesucristo luchó en su tiempo por los pobres y los humildes. Entonces soy, en ese sentido, un creyente”. En su actual campaña, ha coqueteado con conceptos como la amnistía (no hay que olvidar que Amnistía Internacional fue fundada por un católico converso), la constitución moral y la pérdida de valores espirituales; no es nuevo este acercamiento, el tabasqueño ha predicado amar al prójimo y ha dicho que “Jesús es amor”. Su cercanía a este discurso quizá ha abierto una puerta, pequeña pero sumamente simbólica, para que predicadores, oradores, sanadores o liberadores espirituales vociferen afectadas plegarias sobre el político mientras imponen sus manos sobre su cabeza y hombros.

Por su parte, José Antonio Meade también ha hecho incursiones a los lenguajes religiosos. En un evento, catequizó sobre el significado del color de las velas en la Corona de Adviento (una tradición eminentemente católica) y, durante una entrevista radiofónica, el exsecretario se comparó con el mismo Jesús. El candidato recordó que el inicio formal de las campañas (30 de marzo) es Viernes Santo y dijo al periodista: “El 30 es crucifixión, pero yo espero que no sea la mía propia… voy a estar crucificado entre dos ladrones”. Según el evangelio de San Lucas y en particular las narraciones de los llamados evangelios apócrifos, Jesús fue crucificado entre los ladrones Dimas y Gestas.

Las leyes mexicanas y las electorales son muy claras: los candidatos a puestos de elección popular no pueden recibir ningún tipo de apoyo por parte de iglesias o asociaciones religiosas y, al mismo tiempo, tampoco deben utilizar ningún símbolo religioso; pero sin duda los cuartos de guerra de los partidos en contienda hacen guiños o alocuciones anfibológicas de corte religioso para quizá hacerse de simpatizantes de cierta fe o prácticas religiosas que, por cierto, están jugando un papel muy relevante en diferentes procesos electorales.

Sin embargo, esto que sucede en México es un fenómeno muy singular en el mundo, es herencia de una tortuosa historia que, lejos de apelar a la madurez ciudadana o clarificar fronteras de la conciencia social, ha provocado tanto jacobinismos trasnochados como pietismos pseudopolíticos, lo que hoy hace que tengamos ciertos lenguajes religiosos contendiendo en el proceso electoral actual y, aunque no creo que sea del todo negativo, hay que aclarar que la religión y lo religioso están en una esfera superior a la de la metapolítica, pertenecen a inmanencia de lo divino, la trascendencia del ser y la existencia de todo.

He insistido que estos guiños político-religiosos, en ocasiones profundamente confusos y contradictorios, surgen como una válvula de escape al prolongado silencio que se les impuso desde un agresivo laicismo institucionalizado. En el marco de su visita a México, Benedicto XVI fue categórico: los mexicanos padecemos una especie de esquizofrenia entre moral individual y pública: “personalmente, en la esfera individual, son católicos, creyentes, pero en la vida pública siguen otros caminos que no corresponden a los grandes valores del Evangelio”.

Jugar en esa frontera de la fe y la política puede ser riesgoso porque implica que la ciudadanía no madure en la conciencia de sus muchas responsabilidades; personalmente creo que dar el gran salto a la plena libertad religiosa en México ayudaría a que en las contiendas electorales del futuro –y en otros momentos de participación cívica-, los políticos no intenten hacer malabares con espadas y que sus asesores no esperen ver milagros donde sólo caben las estratagemas.

@monroyfelipe

¿Dónde están los liderazgos morales?

IMG_2882.JPGQuienes conocieron el sistema de partidos políticos que existía previo al Pacto por México en 2012, seguramente recordarán que en cada agrupación política del país existía, cuando menos, una figura pública destacada de referencia central para los militantes y a la que se le denominaba “líder moral”.

Cuando el presidente Peña Nieto logró alinear a las dirigencias de los tres principales partidos políticos en pugna por el poder en el país, no sólo logró los acuerdos necesarios para que el congreso pasara sus famosas ‘reformas estructurales’; quizá sin quererlo, demolió a esas figuras altamente simbólicas y representativas para los militantes de los partidos cuya responsabilidad no era directiva u operativa sino ideológica. Por ello, estas elecciones presidenciales del 2018 tienen de todo, excepto aquellas figuras.

No es raro, por tanto, que cada uno de los candidatos promueva y defienda con tanta vehemencia la catadura moral de su persona. No es sólo un tema de discurso político o de estrategia de campaña: es el esfuerzo por llenar ese espacio que ha permanecido vacío por varios años al interior de los partidos.

Sin embargo, el que estas figuras de liderazgo moral no hayan tenido espacio dentro de los partidos políticos, en la construcción de sus estrategias ni en la conformación de las nuevas fuerzas políticas de presunta independencia no quiere decir que no hayan participado en la vida pública del país.

Sin duda, al hablar de líderes morales en la sociedad no se pueden dejar de mencionar a los ministros de culto o de formación de las iglesias o asociaciones religiosas. Desde los obispos y sacerdotes católicos, pasando por los pastores de todas las denominaciones cristianas así como los rabíes, maestros y los predicadores de diferentes perspectivas espirituales; todos, en la dimensión que les corresponde, han levantado la voz frente a muchas de las injusticias y violencias que padece el país.

Pero los ministros de culto no son los únicos liderazgos morales del país; también están los incontables ciudadanos que hacen un liderazgo comunitario ya sea en la custodia y celebración de tradiciones como en la promoción de los valores culturales, formativos, humanitarios o solidarios. Son los fiscales y mayordomos de las tradiciones de millares de poblados; los maestros y educadores; médicos y voluntarios; los promotores de la recreación, la sensibilización, la información, la escucha, la inclusión o el diálogo.

Y el ejercicio de ese liderazgo no ha sido sencillo. Si bien la iglesia católica, por su grado de institucionalidad y organización, es la asociación religiosa que hace informes permanentes de sus ministros de culto que son amenazados, extorsionados, desaparecidos, secuestrados y hasta asesinados; muchas otras organizaciones religiosas o populares han padecido también la violencia generalizada en el país, los efectos de la corrupción y la inseguridad. Que en los últimos dos sexenios (Calderón y Peña), la Iglesia católica haya reportado un crecimiento exponencial en el número de ministros asesinados obliga a reflexionar sobre los crímenes contra otros liderazgos que también han ensombrecido a otras organizaciones religiosas, comunitarias o populares.

Los liderazgos morales de una sociedad son la vida y el espíritu que amalgama las instituciones intermedias de un país. Son voces diferenciadoras y definidoras de muchas inquietudes o indecisiones de grandes porciones de ciudadanos. Por ello, hay una soberbia inmensa en aquellos candidatos que piensan que no hace falta un debate moral, que todo es eficiencia o talento, venganza o cuestión de capacidad autorreferencial. Hace falta escuchar a esos liderazgos morales y populares, reconocerles el lugar que ya tienen entre sus comunidades. Eso sí sería una propuesta democrática y llena de humildad, para variar un poco la tónica pendenciera electoral que se ha repetido hasta la náusea en México.

@monroyfelipe