Elecciones

¿Cómo reparar un partido político?

Bildschirmfoto-2014-09-24-um-12.18.24Reconozcámoslo, no es la primera vez que se nos despedaza algún partido político. El alba y el ocaso de grupos ideológicos que emprenden la legítima búsqueda del poder o de grupos de poder que emprenden la extenuante tarea de fingir que tienen principios ideológicos son fenómenos que hemos contemplado a lo largo en nuestra muy peculiar construcción democrática. Y hay que reconocer que eso es natural: los modelos se agotan, cambian las circunstancias, se transforma el mundo.

El espejismo recurrente del poder es la eternidad. Pero es claro que la contingencia acompaña a todas las realidades sociales, incluido el poder político. Por ello, algunos partidos se van avejentando de manera natural y algunos mueren intempestivamente. Los primeros pueden desaparecer lentamente dejando dos estelas: o una escuela o un resentimiento; los segundos perecen tan rápido que ni sus simpatizantes recuerdan sus siglas ni sus eslóganes a la vuelta de los días.

En México hemos tenido ambos casos trágicos. Partidos políticos que surgieron más por la presión que del consenso; nacieron del poder, pero no de la necesidad. De esos partidos políticos casi no queda nada. Sólo operadores sobrevivientes, náufragos que sueñan con ruinas en otros barcos que los llevan a la tierra de oscuras oportunidades.

Pero también hemos tenido partidos que se erigieron gracias al clamor popular, a una convicción; como el eco de un anhelo que cruzaba por los sufrimientos de un pueblo. Partidos que nacieron tan pequeños como un vivaz riachuelo y que, con el tiempo, fueron mares estancados sin salidas ni afluentes. De la muerte de esos partidos quedan dos cosas: un ideal, el sueño por fecundar otras tierras; y una necedad, la imposibilidad de adaptarse.

La cultura del descarte -una especie de filosofía o costumbre social que prefiere tirar lo roto en lugar de repararlo- indica que los despojados del triunfo, de los reflectores o de las esperanzas no tienen remedio, que deben ser desechados. Algo nuevo lo sustituirá, algo joven (algo que, sin embargo, también tendrá fecha de caducidad).

¿Qué hacemos con los partidos políticos que fracasaron terriblemente ya fuere por su envejecimiento crónico o por su innecesaria existencia? ¿Qué es lo que sus tripulaciones desean rescatar de las naves destrozadas tras la batalla? ¿Abordarán al barco triunfante sólo por supervivencia o se aferrarán al último madero alegando entereza moral? ¿Qué tesoros guardaban las bodegas de esas embarcaciones? ¿Dinero y poder? ¿Valores y principios? ¿Bienes o personas?

Queda claro que los pragmáticos sugerirán un renacimiento entero: nueva nave y nuevos aparejos, nueva tripulación y marinos; nuevo nombre y ruta. Nuevo todo, todo nuevo. Pero los románticos lucharán por rescatar “el corazón” del navío. El poder inasible de una convicción que se podrá llamar ‘principio’ o ‘doctrina’. A veces, como nos indica la tradición japonesa del Kintsugi, la reparación de algo roto puede generar una belleza inesperada, sutil y vulnerable, pero abierta a la posibilidad de sumar partidarios.

Una última reflexión: que la reparación de un partido político sea posible no quiere decir que sea necesaria. Puede bien permanecer en las costas de nuestra memoria, encallado como un ancestral buque que se resigna a morir del todo. También allí estaría dando ejemplo, asintiendo en silencio lo que Oscar Wilde alguna vez escribió: “La experiencia es simplemente el nombre que le damos a nuestros errores”.

@monroyfelipe

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Fanatismo electoral: ¿Compromiso o intransigencia?

joven_agrede_hombre_silla_ruedas_rusia (1)Afortunadamente ya estamos en los últimos momentos de las campañas electorales. Es un alivio para millones de mexicanos que no sólo debieron soportar con estoicismo heroico millones de spots sino ‘genialidades’ creativas como comparar el proceso electoral con la elección de un pretendiente; pero, lo peor, el fanatismo político de fidelidad incondicional que no logró abrir espacios de diálogo o conciliación entre diferentes posturas de la muy plural sociedad mexicana. Desde el inicio ya se había advertido que un ingrediente central de las campañas ha sido el maniqueísmo moral, casi religioso, de contrastar lo bueno con lo malo, la esperanza con el peligro, lo bonito de lo feo, lo necesario de lo prescindible, lo no negociable frente a lo contingente, todo en valores absolutos.

George Orwell afirmaba que “la mayoría de nosotros sigue creyendo que todas las opciones políticas consisten en tener que elegir entre el bien y el mal… creo que sería preciso despojarnos de esta creencia que nos viene del jardín de la infancia”. Y tiene razón, máxime porque no pocos líderes aprovecharon esas murallas de radicalidad moral de sus seguidores para influenciarlos en su reflexión a favor o en contra de personas o proyectos políticos; pero lo que parece que podría germinar sólo en ciertos grupos religiosos, es evidente que encontró tierra fértil en toda la esfera social.

En los discursos abiertos, los líderes morales de grupos sociales han insistido a sus seguidores que la elección de sus representantes debe hacerse desde la reflexión razonada. Pero lo que no advierten es que la razón que piden es más cerrada que abierta. Es decir, una razón de lógica cerrada (intransigente) frente a una lógica abierta (flexible). Y lo que en el fondo los líderes piden a sus seguidores es que usen la reflexión de lógica moral cerrada para justificar ‘valores irrenunciables’ ‘principios no negociables’ o ‘actitudes irreconciliables’.

El escritor católico Charles Péguy reflexiona al respecto: “Es un prejuicio, pero absolutamente irradicable, pretender que una razón cerrada sea más razón de una razón abierta […] las lógicas cerradas son infinitamente menos exigentes que las lógicas abiertas, al ser infinitamente menos ajustadas. Las morales cerradas son infinitamente menos exigentes que las morales abiertas, al ser infinitamente menos ajustadas… contrariamente a todo lo que se cree, es la rigidez la que hace trampas, la que miente; y es la flexibilidad no sólo la que no hace trampas ni miente, sino la que no permite trampear, ni deja mentir. La rigidez, todo lo permite, no señala nada”.

Quizá por ello la tónica de las campañas, por desgracia, ha fluido más hacia el sectarismo intransigente que al compromiso conciliador: en la primera es más fácil la mentira y la trampa (justificarían más las fake news y el fraude, por ejemplo). Por supuesto, cuando las cosas van mal, cuando las respuestas parecen tan esquivas ante una realidad tan dolorosa como lo es la mexicana en el contexto actual, la intransigencia parece más seductora que el compromiso con la alteridad, la otredad o la conciliación.

Para evitar que el sectarismo moral en la política genere tribalismo socio-cultural y todas sus nefastas consecuencias como la discriminación y la persecución, es necesario que los liderazgos morales promuevan más el compromiso con la conciliación y la construcción de puentes entre expectativas contradictorias o entre valores opuestos; de lo contario, el fundamentalismo fanático se alimentará de los miedos y los prejuicios promovidos por las campañas electorales. “El intransigente -dice Paul Valadier- está en las antípodas del hombre del compromiso… al intransigente le gusta ufanarse de no ser como los demás… altivo y algo despectivo porque cree en su rigor, en su distinción personal que le separa de los demás, del vulgo”.

El compromiso, el verdadero compromiso, trabaja desde la vulnerabilidad y la pobreza; la intransigencia casi siempre debe pagar con componendas inconfesables el éxito de su cerrazón. Como decía: es un alivio que las campañas ya estén por concluir, pero la polarización que sembraron podrá crecer en formas más oscuras de política excluyente. Y si así fuera, ¿qué habremos de cosechar en los próximos seis años?

@monroyfelipe

Mártires a la vera de las elecciones, la verdadera influencia rusa

chalchihuitan7-1Pensar que las campañas electorales oficiales empezarán hasta el Viernes Santo y aún no llegamos ni al Miércoles de Ceniza; prácticamente están listos casi todos los personajes y ya están puestos en el escenario. Cada partido, cada alianza y cada cuarto de guerra ya ha colocado sus piezas sobre el tablero y no hace falta, sino que los estrategas hagan uso de sus más creativas artimañas (o las copien de otros países) para llegar a los momentos claves.

Al final, sólo uno es el que alcanzará la mayoría de las preferencias, pero -diría el político norteamericano Thomas B. Reed- muchos mártires han sido quemados en la hoguera mientras se contaban los votos.

¿Quiénes serán esas víctimas de nuestro proceso electoral en marcha? ¿Qué familias y comunidades permanecen a la vera del camino mientras partidos y coaliciones se preocupan en fortificar las estructuras de campaña y control electoral (que son el verdadero nombre de estas elecciones)?

Pongamos un ejemplo: Más allá de los conflictos políticos en Chiapas (de control en las estructuras de poder partidistas) que los analistas políticos están colocando como el tema más urgente por atender en esta entidad del sureste. Los conflictos entre localidades, las tensiones sociales que han generado las disputas históricas por la tierra, por las diferencias culturales y hasta religiosas, no pueden alcanzar la paz a pesar de los muchos esfuerzos que imprimen organizaciones sociales.

El conflicto entre los municipios de Chalchihuitán y Chenalhó -añejado por casi medio siglo- y resuelto en el papel el pasado diciembre; parece que no evitará los efectos de nuevos desplazamientos de más de miles de familias indígenas que estarán a merced ahora de grupos armados y el crimen organizado.

El 3 de enero, el obispo Rodrigo Aguilar Martínez, tomó posesión de la diócesis de San Cristóbal de las Casas y, congruente con su primer mensaje, nuevamente llamó a “superar rencores” y a “reconocer la propia responsabilidad por los agravios que cometidos”. El obispo declaró: “La rigidez en la postura, encubre la verdad. Y cuando la manipulación de información sólo quiere ver que la culpa la tienen los otros, es difícil la reconciliación y la paz duradera”.

El obispo recién avecindado en aquel profundo sureste mexicano pidió “escuchar con humildad porque el proceso no es ver quién gana o pierde, sino saber crecer ambas partes para que crezcamos todos”. Pero Aguilar Martínez no declaró esto desde la comodidad de su escritorio: el sábado 13 de enero visitó la comunidad de San Pablo Chalchihuitán, de la región tsotsil de Chiapas. La relación de su viaje guarda la historia como lo hubiera hecho su ancestral predecesor Fray Bartolomé de las Casas: “Recorrer el estado de Chiapas es una delicia y una fatiga. Delicia por su paisaje, de verdor constante, de montañas y hondonadas, de carreteras y caminos serpenteantes. Es fatiga por los frecuentes topes y baches, además de los bloqueos que obligan a esperar a veces largo tiempo o a buscar rodeos para poder avanzar. De todo esto hubo en el recorrido para llegar a la comunidad de Chalchihuitán […] me dolía saber que una parte de la población seguía en el cerro, desplazados fuera de sus casas y anhelaba encontrarme con ellos. Luego de un sabroso desayuno, partimos a uno de los campamentos, el de Pom. Ahí pegaba más el viento frío, pues la reunión era en la cresta del cerro. Varias personas compartieron su dolor y aflicción al tener ya varios meses fuera de casa, con mucha hambre, frío, enfermedad, incertidumbre y cansancio porque no se resuelve el problema […] Yo vi con dolor a muchas personas descalzas, niños y adultos, algunos con ropa muy delgada a pesar del frío. Peor todavía, que están lejos de su casa y descuidando sus campos de trabajo, llenos de tristeza y depresión […] La ayuda asistencialista sigue siendo imperiosa mientras continúen desplazados; pero es necesario destrabar y desarmar los conatos de violencia y muerte, a fin de que puedan regresar a su vida ordinaria de habitación y trabajo. Invito a todos y cada uno a sanar el propio corazón de la prepotencia, el abuso, el rencor, el odio, la venganza. Les invito a vernos y tratarnos como hermanos, a darnos la mano y el corazón, como hacen los tsotsiles”.

El obispo Aguilar cuenta que, saliendo de Chalchihuitán fue a Chenalhó y reflexiona: “El problema no es por cuestión de límites. Es más que eso e intervienen y buscan beneficio personas ajenas a dichos pueblos”.

¿Importará esto a los genios de los cuartos de guerra de los candidatos a puestos de elección popular? ¿Pensarán en la gente a ras de suelo que padece estas injusticias? ¿O les interesará únicamente el control de las estructuras electorales? Si es así, la influencia rusa en el actual proceso electoral es evidente: ¿Qué no fue Stalin quien afirmó aquello de “No importa quién vota, sino quién cuenta los votos”?

@monroyfelipe

 

Elecciones llenan de desconfianza y recelo a obispos mexicanos

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Reunión del Consejo Permanente de Obispos Mexicanos con el Consejero Presidente del INE

Ya fuere en sus últimos mensajes del 2017 o en la celebración de la Jornada Mundial de la Paz el primer día del 2018, los obispos mexicanos no desaprovecharon la oportunidad de enviar en sus mensajes una concienzuda preocupación por el año que comienza; particularmente por el proceso electoral en marcha y los efectos que dejarán las campañas en un país fuertemente lastimado por la corrupción y la violencia.

En el corazón de la capital, el teólogo canónigo de la Catedral de México, Julián López Amozurrutia -en suplencia del cardenal administrador apostólico Norberto Rivera Carrera-, afirmó que el 2018 se vislumbra como un año “en el que las esperanzas son tibias” pues dijo son “demasiados los desengaños acumulados”. El teólogo reprochó que en México la persona humana no se encuentre en el centro de las prácticas colectivas y lamentó que los más indefensos “sigan siendo víctimas de atropellos indecibles”.

Sin embargo, fueron los obispos del interior quienes hicieron hincapié en que gran parte de la responsabilidad de aquellos desengaños y atropellos provienen de los partidos políticos y los funcionarios: Arturo Lona Reyes, obispo emérito de Tehuantepec, afirmó que en el proceso electoral próximo todos los partidos políticos carecen de credibilidad por ser responsables de la crisis política, social y económica del país.

Lona Reyes, aseguró que los partidos políticos “están matando a pausas a los pobres de México” y que sus empeños por el poder restan posibilidades de una vida mejor y de dignidad a la ciudadanía.

En cierta consonancia, Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, obispo de Veracruz, dijo que en el país se “ha retrocedido en materia política” toda vez que los partidos se han desprestigiado y que frente a las próximas elecciones las opciones presentadas son decepcionantes: “Cada vez más la sociedad no se ve representada en los partidos y sus gobernantes, cada vez más la percepción de la sociedad es que lo que hace toda esta gente es hacer carrera política para ganar dinero, para hacerse ricos y de ahí corrupciones y todo lo que sabemos, entonces si los partidos han ido desmereciendo la confianza pues lo estamos viendo en las elecciones… Casi casi la mayoría se pone a pensar cuál es el menos peor, porque en realidad está la cosa decepcionante”.

Aunque la mayoría de los obispos de México solicitaron a su grey estudiar bien y analizar el voto que darán a los aspirantes a cargos de elección, el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, afirmó que la solución del país no pasará sólo por las urnas. El obispo, que ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz y acreedor de varios premios internacionales de derechos humanos, animó al trabajo comunitario de los fieles y rechazó que los desafíos del país en el 2018 vayan a encontrar solución en las elecciones del 1 de julio próximo ni que los comicios lograrán cambios en las cúpulas del poder.

“Se espera un año difícil”, resumió el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, en su mensaje de año nuevo ante los feligreses de Morelos; y, aunque pidió recibir al 2018 con esperanza, reconoció lo difícil que es dejar las páginas de corrupción e irresponsabilidad. Lo dice con conocimiento de causa porque en el 2017, Castro sufrió una persecución política por su crítica ante las acciones deliberadas de agresión, corrupción e intimidación del poder criminal en el estado.

Quien expresó con más crudeza las dificultades del año en medio de una compleja contienda electoral y una violencia inédita en el país fue el obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, quien consideró que los recientes asesinatos de alcaldes y candidatos en el estado de Guerrero ya adelantan que “las cosas se van a caldear demasiado”. Al finalizar la misa del primero de enero en la catedral de Chilpancingo, el obispo Rangel afirmó que su perspectiva del 2018 “no es tan halagüeña” y, aunque deseó un feliz año a los fieles, remató: “No creo que sea tan feliz”.

El proceso electoral en el que se elegirán 3 mil 415 cargos de elección popular el próximo 1 de julio mantiene cautos a los representantes de la Iglesia católica en México; Sigifredo Noriega Barceló, obispo de Zacatecas, dijo que el 2018 será un año muy significativo para el país, porque después de que 2017 ha sido uno de los años más violentos de su historia, los mexicanos tienen la oportunidad de revisar la vida y tomar un nuevo camino. Noriega pidió que los votantes no dejen al final su reflexión sobre los candidatos y aseguró que la Iglesia católica colaborará “inyectando esperanza, creando conciencia y trabajando por la paz” con la reflexión en la dimensión política de los ciudadanos.

Se refiere, por cierto, al Manual de Construcción Ciudadana publicado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) en noviembre pasado en el que ofrecen una serie de talleres orientados a fortalecer la democracia participativa y la reconstrucción del tejido social justo frente a los comicios de julio, pero enfocados en generar liderazgos comunitarios más allá de los procesos electorales.

La propia Conferencia de Obispos en voz de su presidente el cardenal arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, invitó a los fieles a prepararse “muy bien” para las elecciones; el cardenal dijo que es un evento trascendente en la vida política del país y exhortó a los votantes a tener mucho cuidado y a observar bien. Finalmente, el cardenal Robles pidió que el juicio que la ciudadanía tenga hoy de sus funcionarios se deje en manos del Supremo: “que sea Dios mismo el mejor juez de quienes hasta ahora en los últimos años nos han gobernado”. Algo que seguramente desearían con fervor los 16 exgobernadores mexicanos que hoy se encuentran prófugos o investigados por diversos delitos y actos de corrupción.

@monroyfelipe

¿Cree que se pongan interesantes (ahora sí) las elecciones en el Edomex?

elecciones_Edomex-700x443Esta semana fueron publicados dos datos casi imperceptibles sobre las campañas electorales que suceden ahora en el Estado de México: que de los 10 mil mexiquenses con credencial para votar residentes en el extranjero, sólo 118 han mostrado interés para elegir al próximo gobernador (en comparación con los 4 mil que votaron por el presidente en 2012); y que el Instituto Electoral del Estado de México ha difundido menos spots para incentivar al voto que los emitidos por el Tribunal Electoral para recordar que son la instancia donde se dirimirán los anticipados conflictos por gastos de campaña y prácticas ilícitas en la que incurran los partidos políticos.

Es decir, no sólo no parece remontar el interés de la ciudadanía (el abstencionismo en 2011 de la misma elección rondó el 57%) sino que todos se empeñan en desanimarla a toda costa. Comenzando por los perfiles y los estilos de campaña de los candidatos: fuera de tono, reciclados, repetitivos, poco creativos, con guiones y estrategias predecibles y cuestionables. Cada uno defiende lo suyo, no arriesgan, no ceden. Y, si no lo están pensando aún, deberían saber que la única manera de cambiar este marasmo es dar un sólido golpe de timón.

En el fondo el principal problema hasta ahora es la construcción de una narrativa de interés para el ciudadano respecto a lo que realmente representa y significa el proceso electoral del Estado de México para el destino del país. Los partidos políticos lo saben con claridad: el triunfo de esta zona del país representa el control económico de un sinnúmero de puestos burocráticos para fondear la campaña presidencial del 2018, el hacerse de una maquinaria de operación política indispensable para controlar a ras de suelo diversas estrategias de movilización, reclutamiento y andamiaje electoral; y un nuevo grupo de operarios protegidos bajo los fueros del poder para arriesgar lo menos posible cada paso en la frontera de lo legal que se haga para alcanzar la próxima sucesión presidencial. Pero, ¿será igual de importante para el ciudadano mexiquense?

Hace falta que los candidatos y sus partidos (en lo singular o a través de decisiones conjuntas que aún no se revelan del todo) definan con claridad quiénes son protagonistas y quiénes antagonistas en esta narrativa por el poder. Han gastado demasiado tiempo en ubicarse en el mismo lado del acontecimiento: ser cada uno la opción y hacer saber por qué sus contrincantes no lo son. En esas dos ideas se resumen sus campañas pero ni una de las casi 17 millones de personas que habitan el Estado de México, figura en sus estrategias.

Lo que se ha visto en los debates, por ejemplo, es el intento de cada uno de los candidatos por construir la idea de ser protagonistas (ellos los buenos; el resto, los malos) y por ello enfilan sus argumentos para insistir en el mucho bien que ellos mismos han hecho y el mucho mal que sus adversarios podrían seguir haciendo. ¿Pero quiénes son entonces ‘los ciudadanos’ o ‘los electores’ para ellos? ¿En dónde participan de esa narración?

Si alguno de los candidatos quiere resolver el atolladero y la falta de interés popular en los que se encuentra esta elección (o cualquiera de las siguientes) debe reconocer que el protagonista no es él, sino la ciudadanía. Debe hacer de tripas corazón y, con humildad, dar espacio a la realidad.

Y para lograr el interés del respetable y del electorado hace falta definir perfectamente al antagonista: a esa persona, acontecimiento o grupo político que realmente hace una excepcional oposición a las debilidades de los protagonistas, que los interpele y los empuje a tomar decisiones muy difíciles (como perder las prebendas cíclicas de compra de conciencias).

Los partidos enfrascados en esta batalla deben preguntarse cuáles son los verdaderos detonantes de acción para los ciudadanos porque, quién sabe, quizá con el papel de antagonista podrían lograr más de lo que creen.

@monroyfelipe

¿Estamos preparados para la post-verdad?

n_artejoven_circuitos2-1024x724Por primera vez, México tendrá una larga carrera electoral hacia el 2018 con un nuevo elemento a considerar en el horizonte: la post-verdad. Es cierto que las fronteras de la verdad, las promesas y las mentiras no son nuevas para los políticos y los ciudadanos pero, a diferencia del pasado, hoy muchas de las estrategias y campañas políticas estarán aderezadas con este juego perverso que se condensan en las expresiones que la administración Trump ha hecho virales: fake news (noticias falsas) y alternative facts (hechos alternativos).

Decir que los políticos mienten es claramente una obviedad, todos tienen que hacerlo y valorar cuánto de ello les supone un riesgo controlable o no. Politifacts, una empresa norteamericana dedicada a verificar los hechos que los políticos dicen en discursos ha asegurado, por ejemplo, que durante sus dos periodos presidenciales Barack Obama promedió un 25% de mentiras en sus declaraciones. Esa misma empresa aseguró que, durante su campaña, Donald Trump alcanzó en sus discursos hasta un 70% de afirmaciones con premisas falsas.

Cuando sus opositores y algunos medios de comunicación criticaron al magnate por estos alarmantes números, él y su equipo reviraron la acusación y señalaron que los medios hacían ‘noticias falsas’ y que, por el contrario, sólo ellos podían confirmar ‘hechos alternativos’.

Es decir, Trump no sólo calculó que el riesgo en su campaña era mucho menor que el daño que podría causar el mantener un discurso de hasta 70% de mentiras; sino que, cuando fue cuestionado, utilizó la mentira como plataforma para revirar las acusaciones.

Así ganó la presidencia de los Estados Unidos. Y ahora, no son pocos los aspirantes presidenciales (en México y el mundo) que quieren ser “el Donald Trump inculturado”.

Lo peor, es que muchos medios de comunicación también caen en la trampa: llaman a Greert Wilders “el Donald Trump holandés”; a Marine LePen “la Donald Trump francesa”; etcétera. Es más, dependiendo el perfil de informativo que usted tenga, seguramente se habrá convencido de quien, entre los personajes políticos de México, podría ser “el Donald Trump mexicano”.

En realidad las ‘noticias falsas’ y los ‘hechos alternativos’ funcionan de la siguiente manera: un personaje del ambiente digital publica una opinión sobre su contexto (por ejemplo, “el partido demócrata utiliza millones de votantes ilegales”); el planteamiento lo recogen medios de comunicación ideologizados y lo muestran con cierta objetividad (“Ciudadano denuncia votación ilegal de millones de indocumentados”); la información llega a un líder-tomador de decisiones para quien es útil ese planteamiento (“Mis opositores hacen fraude electoral por los millones de votos ilegales”); al ser un personaje público, la información se disemina globalmente (“Trump denuncia de fraude al partido demócrata por utilizar millones de votos ilegales”). De ese modo, cuando se le pregunta a Trump o a sus asesores de dónde salió la información, basta que busquen en Google “millón de votos ilegales” para verificar que la noticia es real. Sí, la noticia es real; aunque el hecho no haya sido verificado ni argumentado con pruebas.

¿Ha visto las noticias donde Andrés Manuel López Obrador le grita ‘¡cállate!’ a uno de los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Qué me dice del famoso pacto entre el presidente del PAN y Peña Nieto para evitar que López Obrador llegue a Los Pinos? ¿Y de los miles de pesos que la fundación de la excandidata presidencial, Vázquez Mota, recibió del gobierno federal?

Seguro tiene su postura frente a cada una de ellas, alguna más o menos favorable, lo que es un hecho es que este tipo de informaciones se multiplicará en los próximos 12 meses. Los asesores de los políticos ya analizan qué tipo de historia quieren vender de ellos y de sus oponentes.

En el fondo, el problema no es de la clase política o sus mercadólogos; como dije, ellos calcularán cuántas mentiras y de qué tipo podrán decir sin despeinarse o sin desplomarse en las encuestas. La responsabilidad recae en las audiencias y en el potencial electorado.

Esto lo comprendió Politifacts en Estados Unidos o el ‘Décodex’ de Le Monde donde las audiencias pueden verificar el nivel de confianza de los medios e informativos de donde provienen ‘los hechos’ porque lo siguiente es una realidad: La comprobación de los datos es de las pocas respuestas que tenemos contra el discurso político que usa y abusa de la mentira, incluso nos previene de un lavado de cerebro.

Lo grave del asunto es que aún ningún medio mexicano ha comenzado a trabajar en la comprobación de datos y hechos. Así que ahí hay un riesgo que nos puede estallar en la cara.

Como dije, no es algo nuevo, pero deberá tenerlo muy presente en este trepidar electoral que ya ha tomado camino porque quizá mucho de lo que usted ya está viendo o leyendo, sea básicamente una mentira bien armada.

@monroyfelipe

¿Una nueva época en el panorama episcopal mexicano? (Parte 1)

25928788090_6086d15ced_zDecía el canciller Bismarck que la política es “el arte de lo posible” y no hay razón para que la política eclesial no lo sea. Por muchas razones a nadie se le escapa que este año el cardenal Norberto Rivera Carrera presentará su formal renuncia a la sede catedral de la Arquidiócesis Primada de México; así que los periodistas y analistas de escritorio ya han abierto la temporada de apuestas para intentar anticipar quién podría elegir el papa Francisco como sucesor del arzobispo.

El caso de la sucesión del arzobispo capitalino es muy atractivo para los medios de comunicación, principalmente porque la Ciudad de México es la residencia de todos los poderes de la federación, de las representaciones diplomáticas, los corporativos nacionales y extranjeros, y de las instituciones más antiguas y arraigadas del Estado. La Ciudad de México es el vórtice neurálgico del país y, por ello, el arzobispo de la misma, además de ser primado, genera un interés en ocasiones sobredimensionado sobre su papel en toda la dinámica de la iglesia católica en México.

Sin embargo, la iglesia católica en México es una gran institución que conjunta titánicas representaciones extendidas a lo largo de las culturas y los territorios del país. Aunque en principio se puede explicar en cifras de diócesis, parroquias y ministros; en realidad sus dimensiones operativas, relacionales y formativas son casi inabarcables.

Esto es lo que no entienden quienes han reducido a un puñado de nombres y razones el escenario del panorama episcopal mexicano; y quienes hacen sus lecturas de estos escenarios sólo en código político. Pues quienes obran en estos oficios confían en la asistencia del espíritu, tanto como Joseph Ratzinger afirmaba: “El Espíritu Santo no dicta el candidato, no toma el control de la situación sino que actúa como un buen maestro”.

Es un hecho que los ministros católicos deben presentar su renuncia al cumplir los 75 años de edad. No es un antojo ni una excepción. Es parte de un proceso. Uno que ha asumido plenamente la Conferencia del Episcopado Mexicano en conjunto con la Nunciatura apostólica y también bajo la mirada el Estado.

En este momento, la sucesión del cardenal Rivera es ciertamente importante; pero tanto como los sucesiones episcopales en Acapulco, Tarahumara, Tlaxcala y Matehuala que se encuentran vacantes. Acapulco no es un tema menor, es una de las 18 sedes metropolitanas arzobispales de México y tiene un papel relevante para las diócesis de la provincia de Guerrero; Tlaxcala es una bella diócesis de gran tradición (de hecho la primera sede episcopal formal en México); la sierra Tarahumara es una diócesis de misión que ha superado su propias carencias y empuja con orgullo un servicio pastoral con identidad indígena; y Matehuala, el extenso altiplano potosino cuyo pastor Lucas Martínez Lara falleció en funciones el año pasado.

Pero esas cuatro diócesis no son las únicas en espera de un sucesor, otros seis obispos titulares (y cuatro auxiliares) llegan a la edad límite de retiro y tanto la CEM como la Nunciatura deben barajar nombres y perfiles para favorecer esos reemplazos. Entre los reemplazos inminentes de mayor impacto se encuentran Oaxaca y San Cristóbal de las Casas; sus obispos ya presentaron su renuncia al Papa hace más de un año. La profundamente indígena y populosa San Cristóbal ya tiene un obispo coadjutor (pretendidamente sucesor inmediato de Felipe Arizmendi Esquivel) pero Oaxaca, en tanto sede metropolitana, tiene frente a sí un gran desafío por la complejidad de suceder al aún arzobispo José Luis Chávez Botello.

En el horizonte inmediato también las diócesis de Torreón, Irapuato, Veracruz y la prelatura Mixe esperan reemplazos a sus obispos que ya sobrepasaron  los 75 años canónicos de servicio.

La cantera de la iglesia mexicana sigue proveyendo de representantes episcopales a todos los rincones del país, con ello se garantizan los relevos generacionales. Sin embargo, varios hechos y acontecimientos recientes orillan a preguntarse si sólo habrá reemplazos o si estamos frente a un verdadero cambio de época en el gran ajedrez eclesial y episcopal en México.

¿Qué tipos de hombres y perfiles de obispos van abriéndose espacio en las principales sedes metropolitanas de México? ¿Qué discursos y narrativas en la fibra católica han abierto nuevos horizontes a los fieles y ministros para el siglo que ya ha puesto sus condiciones? ¿Qué carácter va madurando en la iglesia mexicana entre sus estructuras y entre sus obispos? ¿Cómo impacta la sucesión del primado de México en todo este ambiente? Eso lo veremos en las siguientes entregas. @monroyfelipe

Controversial proceso penal contra ministro por celebrar en campaña electoral

noticias_20160313220457_1El sacerdote católico Filiberto Campos Carrillo se ha convertido en en primer ministro religioso en la historia de México en ser sometido a un auto de sujeción a proceso para concurrir a las diligencias ministeriales que la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FEPADE) investiga por la presunta violacion a la laicidad en el proceso electoral del municipio de Chiautla, Estado de México.

Aunque el Estado mexicano garantiza desde el 2013 en su Carta Magna la “libertad de religión”, la asistencia de dos políticos en campaña a sendas celebraciones eucarísticas en la parroquia de su localidad ha provocado el ejercicio de una acción penal tanto para los excandidatos como para el sacerdote que presidió las misas.

Todo comenzó cuando, hace un año, el partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) interpuso una denuncia contra el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ángel Melo Rojas, por realizar un acto de campaña durante una celebración eucarística en la parroquia de San Andrés Chiautla. En un inicio, el Tribunal Electoral del Estado de México desechó la denuncia y Melo Rojas tomó posesión como presidente municipal de dicha localidad el 1 de diciembre del 2015.

Cuatro días después, sin embargo, la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales anuló las elecciones y retiró el cargo a Melo Rojas “viciar todo el procedimiento electoral y el principio de laicidad, al invitar al pueblo a la misa de bendición de su proyecto político y después al inicio del acto de campaña”.

Las autoridades electorales convocaron a elecciones extraordinarias en marzo del 2016, resultando ganador por segunda ocasión el candidato Melo Rojas quien tomó nuevamente posesión de la alcaldía, esta vez, en abril pasado. Sin embargo, tanto la Fiscalía como el Tribunal Electoral continuaron las pesquisas y finalmente el primero resolvió que no sólo el primer imputado violó la ley, también lo hizo el excandidato de MORENA, Juan Carlos González Moreno y el sacerdote Filiberto Campos Carrillo quien declaró ante el Tribunal que ambos candidatos en diferentes fechas participaron en celebraciones eucarísticas como consta en el expediente PES/6/2016.

Por supuesto no es la primera vez en México que se actúa penalmente contra políticos por violar las leyes electorales en materia de laicidad pero sí lo es para un ministro de culto católico. Esto fue lo que resolvió la fiscalía luego de verificar que los entonces candidatos a la alcaldía de Chiautla y el párroco de la localidad incurrieron en un delito federal al violar las regulaciones para los partidos políticos y para las asociaciones religiosas respecto a la prohibición que tienen las iglesias de participar de la vida política en México y la proscripción que regula a los partidos políticos de utilizar actos de culto o inmuebles religiosos para actos de campaña u organización política. De encontrarse culpables, la sanción para cada infractor podría alcanzar una multa de 500 días de salario mínimo (casi 2,000 USD).

En el fondo, el problema recae en el desdén de la política mexicana por actualizar y garantizar un régimen cívico donde los principios de una verdadera libertad religiosa se vivan con madurez y responsabilidad ciudadana. Casos como el del municipio de Chiautla vuelven a entrampar a las instituciones entre la simulación de la separación Estado e iglesias, y la inoperancia de regulaciones anacrónicas que no han logrado modernizar las fronteras legales entre el Estado y las diferentes asociaciones de culto presentes en el país.

En teoría, la legislación mexicana no da margen a interpretaciones: la ley prohíbe cualquier tipo de participación de carácter político a las asociaciones religiosas y sus ministros de culto. Las iglesias no pueden crear ni participar en ninguna organización con finalidades políticas, los ministros no pueden asumir labores propias de funcionarios públicos de cualquier nivel de gobierno y, por supuesto, no pueden contender en votaciones populares ni favorecer a partidos políticos o candidatos durante procesos electorales. Si se incumplen algunas de estas medidas, tanto los ministros como las instituciones religiosas y centros de culto deben ser sancionados. Con todo, el rasero con el que determinaron sancionar al sacerdote de Chiautla podría no ser el mismo con el que se acusa a los partidos políticos involucrados. Tal como lo consignó la propia FEPADE, en las citadas elecciones municipales de Chiautla, los partidos políticos fueron investigados por 15 diferentes delitos electorales mientras que la sanción al ministro se derivó por las declaraciones que éste tuvo que hacer en su defensa ante el Tribunal Electoral respecto a la ‘inusual’ asistencia como feligreses de los candidatos en medio de sus campañas políticas.

En un procedimiento del 2015, el Tribunal explica que el párroco Filiberto Campos fue requerido a declarar por las autoridades respecto a la denuncia de “violación a la laicidad” del candidato del PRI al hacer un acto de campaña en el templo y constata que el ministro declaró “… que efectivamente se realizó una celebración eucarística para pedir a dios por el éxito de la campaña del candidato a la presidencia municipal de Chiautla, Estado de México, del C. ahora electo Ángel Melo Rosas (sic), pero se niega que haya habido alguna manifestación de carácter electoral o llamamiento al voto o pedir apoyo para su campaña, sólo fueron asistentes pasivos él y sus acompañantes”. Sin embargo, la declaración escrita del párroco también señala que: “…el día 2 de mayo de 2015 igualmente se celebró la misa de inicio de campaña del partido MORENA, sin que hubiera tampoco alguna manifestación de carácter electoral”.

Para la Fiscalía, esta declaración fue suficiente para imputar al ministro por participar ilegalmente en procesos electorales.

Aún se desconoce la gravedad de la sanción penal que podrían imponer al párroco (aunque se aclara que por ser un delito federal menor no amerita la cárcel) por haber celebrado su ministerio cotidiano los días en que dos candidatos convocaban a sus respectivos seguidores a lo que ellos mismos llamaban “misa de bendición de apertura de campaña”. @monroyfelipe

Responsabilidad ciudadana

presidencialismo-absolutoNuevamente habrá elecciones en México. El próximo 5 de junio se elegirán 12 gobernadores, 965 alcaldes, 239 diputados de mayoría relativa y 149 diputados de representación proporcional. Por desgracia parece que cada vez más la gente común está muy alejada de estos acontecimientos importantes para su localidad y comunidad. La desconfianza por la corrupción y la impunidad en la que trabajan muchos políticos mexicanos  podría ser la razón de la apatía entre la ciudadanía.

Pero esto podría cambiar. Eso al menos es lo que se busca con la Ley General de Responsabilidad Ciudadana (mejor conocida como Ley 3 de 3), la cual ha estado siendo ampliamente respaldada por diferentes sectores sociales, incluso los obispos mexicanos vinculados a la dimensión de paz, reconciliación, fe y política se han sumado a la iniciativa y han exhortado a la feligresía a adherirse a esta causa ciudadana.

La Ley 3 de 3 es muy sencilla pero necesaria, los funcionarios públicos y los candidatos a cargos de elección popular estarían obligados a presentar tres documentos a la ciudadanía: cuánto dinero y propiedades tienen; quiénes son sus socios y deudores; y cuánto están pagando regularmente de impuestos por sus actividades económicas. ¿Para qué serviría esto? Fácil, para que a mediano y largo plazo, la clase política lo piense dos veces antes de utilizar su cargo público para su propio enriquecimiento o beneficiar con sus decisiones a familiares, compadres o amigos.

Esto, porque la iniciativa de ley también propone algunas sanciones a los funcionarios que precisamente incurran en corrupción, tráfico de influencia o abuso de autoridad.

Sin embargo, para que esta ley pueda llegar al pleno de la Cámara de Diputados y Senadores se requiere que 120 mil mexicanos, mayores de edad y con credencial de votar vigente, firmen la petición para que la iniciativa ciudadana avance. Quizá no todo se solucione de inmediato, quizá los diputados y senadores detengan esta iniciativa y quizá con los nuevos personajes que resulten vencedores en las próximas elecciones volvamos a tener casos de corrupción e impunidad, pero la democracia no es sencilla y gran parte de la solución está en manos de todos. ¿No le gustaría saber cuánto dinero y propiedades tienen los funcionarios públicos o los candidatos? ¿No le gustaría saber con quienes tienen deudas los candidatos o quiénes son los amigos que podrían beneficiarse de tener un gobernador, presidente municipal o diputado como aliado? ¿No le gustaría saber qué personajes y partidos podrían recibir sanciones ejemplares cuando incumplan frente a la ciudadanía?

Es más, la Ley 3 de 3 también es útil para los candidatos y funcionarios honestos que son colocados en el mismo saco de corruptos; aún es posible de cambiar inercias y algunas empiezan en casa: ¿qué otras instituciones cree que también tendrían que transparentar dineros e intereses?  @monroyfelipe