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Matrimonio y familia: glosa al sentido común

third-way-300x241Podrá sonar irreal, pero estoy convencido: tienen mucho en común quienes están a favor del ‘matrimonio igualitario’ y quienes defienden la ‘familia tradicional’. Al parecer toda esta polarización social se ha limitado a mirar al árbol y no al bosque entero.

Veamos el árbol:

Es cierto que ambos grupos se han golpeado de la manera más baja y ruin posible. Por un lado, es imperdonable que la demanda por procurar garantías a las personas y a las familias se hayan utilizado tácticas de falsa información y alarmismo, apelando al pánico reaccionario y a escenarios apocalípticos sin fundamento alguno. Y, por el otro, es desconsolador el escuchar ataques que van de la sorna al insulto o rabiosas demandas al Estado para que, ejerciendo toda su potestad, pisotee a un grupo de ciudadanos que desean alzar su voz frente a políticas públicas que a su juicio consideran lesivas.

Mentir es pura maldad, el alarmismo insulta la inteligencia, la socarronería sólo se autosatisface y, finalmente, negar auténticos derechos al prójimo denunciándolo ante el Estado es mezquindad. Aquí comienzan las coincidencias: tanto grupos pro-familia como grupos pro-matrimonio igualitario han utilizado todos estos recursos para denostar a quienes no piensan como ellos.

Ahora bien, aunque ambos lados del debate han cometido errores, resulta más preocupante la alimentación del encono, la radicalización de posturas y las campañas (principalmente mediáticas) que intentan demostrar lo irreconciliable de la situación. ¿De qué se nutren estas campañas? ¿Por qué se tensa un debate hasta polarizarlo en confrontación social? Parece que se nos obligara a mirar sólo el árbol y no el bosque, un reduccionismo que por desgracia fomenta la división y genera discordia entre personas que, aunque no parezca, comparten mucho más de lo que disienten sus posiciones ideológicas.

Por ello, veamos el bosque:

¿Por qué estoy convencido de que podrían coincidir quienes desean las mejores condiciones para el desarrollo de las familias y quienes luchan por que los derechos satisfagan sin discriminar la dignidad que cada persona merece? Porque comparten el mismo contexto socio-cultural, los mismos parámetros de realidad y el honesto deseo por que las cosas mejoren para todos; pero, sobre todo, porque todos somos rehenes del mismo modelo económico que pulveriza el sentido de persona y lo reemplaza por categorías de utilidad, mercado y ganancia.

Los escritores de ciencia-ficción del siglo XXI suelen decir que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo (de este capitalismo) y tienen toda la razón. Todos los condicionamientos sociales, culturales y hasta familiares de este siglo pasan por el tamiz del modelo de mercado: quienes no se someten a los estándares económicos son descartables, sujetos desechables, despojos de persona. Hemos llegado a un punto en que la sociedad y sus culturas ordenan sus categorías de valores desde una perspectiva de conveniencia, cálculo, poder, supervivencia y ganancia.

Aunque desprestigiadas y vapuleadas, el matrimonio y la familia son de las últimas instituciones que, más allá del utilitarismo económico, respaldan a las personas frente a los retos del mundo y el tiempo. Lo hacen con principios de libertad, de ética, moral, gratuidad, servicio, sacrificio, participación y complementariedad.

El matrimonio siempre ha sido una manera de enfrentar los desafíos de la incertidumbre mediante la alianza de dones y bienes, un contrato que define y defiende los caminos de la pareja en su existencia y su trascendencia, una institución que salvaguarda la identidad individual al mismo tiempo que vela por los frutos de la complementariedad de dicha alianza.  Lo que va construyéndose en ese camino es lo que conocemos como familia. Familia, así a secas, sin idealismos; porque no todo lo deseable es realizable ni sólo lo deseable es positivo.

Sólo desde esta perspectiva es comprensible por qué los grupos pro-familia están a favor de defender todo aquello que garantiza la prevalencia de estas instituciones frente a una cultura que mercantiliza (o en el mejor caso, banaliza) los bienes, beneficios y derechos de los matrimonios y sus familias. Pero el escenario también ayuda a comprender por qué las personas que, por tradición, no cubren los requisitos biológicos, antropológicos o culturales históricamente necesarios para aplicar al contrato matrimonial deseen garantizar los derechos que esta institución provee a los contrayentes y a los intereses de su compromiso.

La búsqueda del ‘derecho al matrimonio de parejas no heterosexuales’ y la ‘defensa de los valores de la familia’ no son otra cosa que el grito desesperado de una sociedad que pierde derechos e identidad por el salvaje capitalismo que reduce a las personas en mercancías y su dignidad en privilegios.

Eso es lo que está en juego. Eso es lo que personajes como el papa Francisco o José Mujica (aunque no coincidan en varias cosas) han venido criticando sobre el contexto. Un contexto que fomenta y premia el individualismo, la segregación y la autocomplacencia, una cultura que reemplaza la antropología del ser humano por ‘realidades’ sintéticas o forzadas.

A pesar de todo, existe una opción de sentido común: la ruta solidaria y humanitaria, la que se mira con honestidad frente al espejo, la que valora con criterios de justicia y trascendencia, la que dialoga desde el respeto y la generosidad, la que privilegia el perdón y reconciliación; la que propone, la que es creativa, la que mira en el horizonte de nuestros retos el triunfo de la belleza, la dignidad, la imaginación, la capacidad de amar, la necesidad por aprender a amar. @monroyfelipe

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Matrimonios igualitarios: la batalla florida

“Es entonces probable que el trofeo que perseguía el guerrero de la ‘batalla florida’ no fuera otro que el de su propia alma”. Laurette Séjourné. Pensamiento y religión en el México Antiguo

 

20ada9e701613571847bd29d4d788a45Todo parece indicar que en los próximos días, las calles serán testigos de un nuevo episodio en la confrontación entre quienes están a favor y quienes están en contra de la propuesta legal que busca homologar los conceptos, la razón, la cultura y los derechos del matrimonio para todo tipo de parejas no heterosexuales.

La iniciativa de ley fue presentada por el presidente Enrique Peña Nieto el 17 de mayo pasado, exactamente siete días después de que la Federación Internacional de Futbol Asociación le exigiera al gobierno mexicano atender primero los problemas domésticos en materia de derechos humanos antes de presentar su candidatura como sede al Campeonato Mundial de Futbol.

Por supuesto, la FIFA se refería a la crisis de derechos humanos que México ha venido arrastrando por casos de corrupción, abuso de poder y casos específicos donde las autoridades del orden (militares y policiacas) han participado directa o indirectamente en situaciones de persecución, desaparición forzada y hasta ejecuciones extrajudiciales. Casos que, no hay que olvidar, aún esperan razones de verdad y de justicia.

Sin embargo, Peña Nieto se decantó por los derechos humanos del colectivo LGBTTI y, en el marco del día nacional de lucha contra la homofobia, presentó sus intenciones por garantizar reformas a la constitución y al código civil para homologar la figura legal del matrimonio para todas las parejas no heterosexuales.

Como lo explica el especialista Guillermo Gazanini, la iniciativa se empantanó en el Congreso por los periodos de descanso legislativos y también por el poco interés de los congresistas por cumplir los procesos reglamentarios en el tema. De hecho, incluso la bancada del partido del presidente abandonó el proyecto y lo desechó de su agenda de trabajo tras valorar que quizá el tema afectó electoralmente al partido en las votaciones nacionales del 5 de junio.

En el otro frente, algunos grupos de la sociedad civil y algunos ministros religiosos no dejaron de señalar que la iniciativa presidencial no representaba el sentir de los mexicanos (la mayoría de las encuestas reflejó que más de la mitad de la ciudadanía no está de acuerdo con la homologación matrimonial a parejas no heterosexuales ni con la adopción de menores por parejas del mismo sexo), que no respondía a los criterios antropológicos fundamentales de la sociedad y que, incluso miembros de los colectivos LGBTTI, no deseaban que el gobierno les ‘diera permiso’ para asociarse bajo una institución heteronormativa patriarcal como lo es el matrimonio.

Algunas de estas reflexiones orillaron a varias agrupaciones sociales, religiosas, de participación ciudadana, educativas y altruistas a conglomerarse bajo un Frente Nacional por la Familia (FNF) cuya bandera de presentación se difundió el 25 de mayo. Este Frente Nacional recogió y presentó 240,000 firmas de ciudadanos mexicanos que se opusieron contra la iniciativa de Peña y aseguraron que dicha reforma del presidente era un “golpe letal a las familias mexicanas” y que demostraba “un autoritarismo desmedido” del Ejecutivo contra el pueblo mexicano.

En estos tres meses de debate, las voces de ministros religiosos han respaldado al FNF y han intentado explicar, desde su criterio institucional y desde sus códigos de creencias, por qué tienen derecho a disentir y a manifestar su opinión sobre los matrimonios no heterosexuales.

Sin embargo, ciertos discursos de ministros así como artículos de opinión en medios de comunicación afines han recibido denuncias ante el Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación (Conapred). Las denuncias también han sido presentadas ante la Secretaría de Gobernación por la condición legal especial que tienen las Asociaciones Religiosas en México. Los querellantes son miembros de la sociedad civil y, principalmente, miembros de un grupo político.

Las denuncias alegan que los ministros religiosos incurren en ‘discurso homófobo’ e incitan a actos de discriminación por homofobia. De tal suerte que la Conapred podría tener entre sus manos la posibilidad de sancionar mediante apercibimiento, medidas administrativas o de reparación del daño a los ministros o a sus asociaciones religiosas, si los querellantes verifican daños materiales e inmateriales causados en su persona por los discursos denunciados.

En el caso de Gobernación, la sanción es aún menos probable, pues las expresiones de los ministros permanecen en la esfera de la libertad de expresión y, aunque la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público sí sanciona a los ministros que critiquen la ley o llamen a desobediencia civil, el tema de matrimonios igualitarios en México es apenas propuesta y no ley.

En este escenario, el Partido de la Revolución Democrática es el único grupo político que hoy toma la bandera del presidente Peña Nieto y que exige sanciones contra los ministros religiosos. Los otros partidos (PRI-PAN-PVEM, Morena) se han bajado de la batalla.

De este modo, las sanciones que el PRD exige contra ministros religiosos por parte de Gobernación se ven improbables; excepto una que no tiene nada que ver con el tema de matrimonios igualitarios sino con el problema de gobernabilidad del mandatario perredista, Graco Ramírez, en Morelos. Para nadie es desconocido que la violencia no ha sido resuelta en el estado. La sociedad civil, grupos del sector educativo y fieles han salido a marchar y reclamar paz; incluso se han propuesto alternativas políticas para confrontar la ruta del gobernador. El obispo Ramón Castro Castro ha escuchado permanentemente este clamor social y ha dado voz a las terribles denuncias de la población: “Estamos en manos del crimen”, sentenció el religioso durante el sepelio de la alcaldesa de Temixco, Gisela Mota, asesinada un día después de asumir el cargo. La sanción contra Castro podría llegar a leerse como un acuerdo político entre el único partido que tiene el presidente Peña como aliado en el tema de matrimonios igualitarios y la única instancia que tiene la cúpula del partido para defender la investidura de su tan criticado gobernador.

Extraña mancuerna que ha alentado al Frente Nacional por la Familia a desplegar su músculo por el país. Con sus más de mil organizaciones están convocado a dos marchas: la primera el 10 de septiembre en las principales ciudades de la República y, la segunda, el 24 de septiembre, en la Ciudad de México. De manera histórica, la propia Conferencia del Episcopado Mexicano ha convocado a los obispos y a las diócesis a organizar y patrocinar dichas movilizaciones. Por supuesto, como en toda movilización pública, encontrarán nuevos aliados y también nuevos férreos opositores.

Mientras toda esta batalla sigue provocando tensión en las instituciones y en las calles, cada vez parece menos probable que la iniciativa logre consenso o siquiera interés en el cuerpo legislativo. Esperemos que no asuma la calle lo que aún se puede llevar al debate y la razón. Porque, ¿qué ha pasado con esos crímenes contra los derechos humanos de los que se lamentó la FIFA aquel 10 de mayo?, ¿quién se acuerda de ellos?

Sólo por esta vez parece tener razón el rapero Talib Kweli quien dice: “El juego es distracción. Saltémonos la parte de la religión y de la política; vayamos directamente hacia la compasión. Todo lo demás es sólo distracción”. @monroyfelipe

Reforma civil en puerta

peñaobisposmxNo se le puede dar vueltas, la iniciativa de reforma al Código Civil que presentó Enrique Peña Nieto al Congreso fue sorpresiva, principalmente para los católicos que habían escuchado en febrero pasado al presidente de la República asegurar al papa Francisco que “las causas del Papa también son las causas de México”. A los politólogos no les sorprendió porque así han sido  presentadas todas las reformas estructurales (energética, educativa, laboral, hacendaria, etc.) y, lo peor, que todas fueron aprobadas sin debate previo o mediante diálogos simulados entre partidos.

La iniciativa enviada al Congreso dice: “La presente iniciativa tiene por objeto reformar, adicionar y derogar diversas disposiciones del Código Civil Federal a efecto de: a) Garantizar el derecho de las personas del mismo sexo a contraer matrimonio en igualdad de condiciones que las personas heterosexuales. b) Establecer igualdad de condiciones que las personas heterosexuales para la adopción. c) Garantizar la identidad de género. d) Establecer el divorcio sin expresión de causa”. Estos fragmentos han sido los que –hay que decirlo- inquietaron a muchas personas.

De inmediato se ha despertado una cruzada en defensa el matrimonio tradicional que ha hecho reflexionar a muchos sobre los límites y alcances de una regulación de esta naturaleza en medio de una sociedad como la nuestra. Todo esto está bien porque se requerirá que la sociedad pensante participe activamente en los debates que se convoquen previos a la votación. Eso, si hay debates o si, en ellos, se invita en pluralidad.

El texto del presidente, sin embargo, añade que se tendrían que ‘actualizar otras figuras jurídicas’ para generar condiciones de igualdad y evitar la discriminación de personas o grupos; y, en esas actualizaciones jurídicas aparece algunas ideas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación asegurando: “el derecho a formar una familia… la protección constitucional a la familia… proteger a la familia como realidad social”. Después de esto hay muchas cosas por debatir pero me quedo con estas tres porque, como ha mencionado Juan Dabdoub, presidente del Consejo Mexicano de la Familia, en la constitución mexicana, la familia no tiene figura jurídica, sólo los individuos.

Por supuesto, es claro que toda la argumentación política y legal de la iniciativa presidencial propone homologar el concepto de matrimonio; pero no lo podrá hacer si no incluye conceptos más profundos como familia y persona en un modelo legal que, por décadas, ha tratado a las personas como piezas de recambio histórico y a la familia como una manía cultural.

Ojalá el debate que por estos días comience a gestarse en ruta a la reforma al Código Civil sirva para dialogar, confrontar y favorecer el encuentro de razones; ojalá que, más allá de estridencias controversiales, se logre percibir la naturaleza de la persona y los derechos de las familias. Derechos que parten de su identidad y de su misión; derechos que, más allá de apariencias y disfraces, el Estado debe garantizar. @monroyfelipe

De comunión y comuniones

 “Todo bien, por naturaleza, no tiene límite”. San Gregorio de Nisa

burbujas-de-dialogo-dibujadas-a-mano_23-2147494778Nuevamente sobreabundan las relecturas de un aparente conflicto dentro de la Iglesia y en ellas, las mentes más fantasiosas ya han hecho de la celebración del sínodo extraordinario de la familia en el Vaticano un campo de batalla donde invariablemente habrá vencidos y vencedores. Sin caer en la imaginería de sendos ejércitos comandados por cardenales/generales en los que la disputa por la certeza de la doctrina cristiana es el trofeo de la fidelidad, es oportuno ver en estos acontecimientos la riqueza del diálogo y el debate, la actualización del magisterio y la renovación del valor profético de la tradición y la palabra en la realidad absoluta que vivimos.

El llamado del papa Francisco al sínodo, así como los cambios en la metodología o el cuestionario abierto a los obispos y al pueblo fiel, ha descolocado a muchos de las pocas certidumbres a las que estaban asidos. Quizá sean partidarios de aquella convicción donde esperar órdenes y argumentos es más sencillo y menos arriesgado que proponer y confiar en la perspectiva de estrechar la realidad con el Misterio.

En la mitología, es la diosa Calipso quien hace uso de sus artes para hacer olvidar y ocultar a sus víctimas la tierra donde nacieron así como la conciencia de ser hombres y no cerdos. En concreto, les arrebata su identidad y los hace prisioneros. En el drama del Odiseo cautivo por Calipso, solo es a través de Hermes, el mensajero, que la libertad del peregrino retoma su cauce. A este mensajero se le conoce por sus habilidades en el uso de la palabra, en la elocuencia, se le reconoce por prudente y circunspecto, y principalmente por su astucia. Desvelando a Calipso, Hermes revela la verdad para Odiseo y la voluntad que los dioses tienen para él.

Me viene a la mente todo lo anterior porque, de cierto modo, el ‘estilo Francisco’ ha propiciado –con gestos y mensajes- correr el velo de los personajes y de lo que hay en sus corazones cuando de dialogar al interior de la Iglesia se refiere. En esto, no basta decir que la Iglesia ha pecado de verticalidad burocrática o que la pluralidad de opiniones pone en riesgo la doctrina. Lo que encontramos son expresiones faltas de caridad que acucian intensas divisiones y tensiones nada fraternas; expresiones donde la casa se ha hecho estrecha para la distancia que requieren sus moradores.

Pertrechados en sus seguridades parecen reclamar derrotados a su hermano con las palabras de Ignacio Padilla: “Eran otros los cimientos del edificio de tu pensamiento y tu lenguaje”. La petición del papa Francisco de una Iglesia en salida, ha movido a no pocos a tomar rumbo hacia la puerta, abandonando comodidades y rincones de ambiente enrarecido, pero una vez en el umbral de la puerta se han dado cuenta que vivían como extraños en la misma casa y, antes de salir, se reparten la herencia de la misma que creen les corresponde.

Ante los desvaríos de muchos, algunas voces sensatas ya advierten que el sínodo que ahora empieza es de cierto modo preparativo, no de un documento sino de actitudes, una oportunidad de encontrarse y dialogar, de recuperar las voces que los obispos conocen en cada uno de sus territorios y de plantear preguntas, de proponer senderos para recobrar la comunión, para que todos sean uno.

Para los católicos, la esperanza de que encuentros de esta naturaleza hagan crecer la idea de comunión y que esta trascienda a la exclusivamente jerárquica, que haga de la fraternidad una evidencia tautológica y que comporte una dimensión más eclesial, más horizontal y en sintonía con el Concilio Vaticano II, no es una prueba de la pureza de cada uno frente a la piedra de toque sino de reconocerse en la responsabilidad de hacer el bien. Así lo expresó Francisco: “la Iglesia se comporta como Jesús. No nos da lecciones teóricas sobre el amor, sobre la misericordia. No difunde en el mundo una filosofía, una vía de sabiduría… Cierto, el cristianismo también es todo esto, pero como consecuencia, como reflejo. La madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo, y las palabras sirven para iluminar el significado de sus gestos”. @monroyfelipe

Futuro de la educación católica en México

DSC_0255Cuando el episcopado mexicano presentó su documento Educar para una Nueva Sociedad, la doctora María Luisa Aspe Armella, presidenta del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC), advertía que en el tema específico de la educación católica en México se requería, además de un diagnóstico preciso y complejo, la formulación de “estrategias para la formación de formadores y de maestros católicos en formación permanente con el mundo secular y el de las culturas, que participen activamente en las iniciativas de la sociedad civil”.

Para acompañar este reto de los centros docentes, la editorial SM realizó el Tercer Foro Nacional de Reflexión sobre la Escuela Católica con el fin de plantear desafíos y rumbos de la educación católica en México.

La temática en general giró en torno a la participación y la corresponsabilidad de religiosos y laicos en la misión compartida de educar en el contexto nacional y global actual. Superiores y directivos de colegios en el país tuvieron oportunidad de compartir experiencias y enfoques teóricos-prácticos de su tarea magisterial.

En materia pedagógica, los retos que señalan los obispos mexicanos como prioritarios para un desarrollo social y cultural en México son: mejorar en equidad la calidad y la cobertura educativa, revertir los bajos índices de aprendizaje, responder ante la deserción escolar y promover una educación significativa y atractiva para el alumno y para su contexto específico.

A dichos retos, la escuela católica ha dado un paso al frente. El objetivo es certificar lo que se espera de ella: “formar con mayor libertad a sus alumnos a través de una adecuada educación profesional y mayor conciencia social efectiva; no basta la ‘excelencia académica’, México necesita hombres y mujeres capaces de asumir –como responsabilidad propia- las necesidades de los demás, en especial, de los más pobres y marginados”. Para el religioso marista Alexandro Aldape Barrios, presidente de la Confederación de Escuelas Particulares de México, es importante que en los colegios haya una formación humanista, que debe partir de los maestros, basada en valores universales como el respeto, la libertad, la justicia, la honestidad y la equidad.

En nuestra edición impresa de Vida Nueva México publicamos una reseña de lo trabajado durante este Tercer Foro Nacional: las nuevas fronteras y desafíos pedagógicos planteados por Mons. Alberto Agustín Bustamante, consejero superior de educación católica de la región Cono Sur; y la voz de las congregaciones religiosas femeninas con misión docente en México, representada por Georgina Zubiría, de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. En concreto, hay avances y aún hay retos en la respuesta al desafío de una ‘educación con valores’ lanzado por los obispos: que los valores sean reconocidos e interiorizados al grado que se conviertan en ideales que orienten la vida.

Emergencia educativa: la crisis que no vemos

DSC_0255Todo pareció empeorar en el tema educativo en México justo cuando comenzó la evaluación de su calidad, de sus procesos y de sus procuradores.

Después de las políticas de evaluación impulsadas hacia finales del siglo XX, mucho se habla y muy constantemente de un pobre desempeño escolar, generalizado, en todos los ambientes, lo mismo en la escuela pública que en la privada; pero también han quedado en evidencia las múltiples carencias materiales y formativas que padece el sistema educativo: aulas, espacios lúdicos, materiales de enseñanza modernos, formación, capacitación y control de profesores, etcétera. Basta atender la alerta que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hizo en su reciente documento “Panorama Mundial de la Educación 2012” para constatar que la educación en México sufre una crisis que ha provocado ya situaciones sociales muy específicas.

Por ejemplo, se afirma que México ocupa el tercer lugar mundial con el mayor número de jóvenes que no estudian ni trabajan (24%, empatado con España y sólo por debajo de Turquía e Israel) pero también pronostica que en los próximos años sólo el 47% de los jóvenes concluirá el bachillerato y el 18% de ellos, la universidad.

En este panorama, siempre surgen culpables.

Se culpa al sindicato, a los maestros, a los padres de familia, al gobierno, etcétera. Incluso se llega a culpar a los niños, adolescentes y jóvenes, y se dice que son ellos los responsables, pues ya no les interesa estudiar.

Sin embargo, para la Iglesia en México, estos problemas son apenas la superficie de una crisis educativa mayor: nuestro país padece una verdadera emergencia educativa según han señalado los obispos mexicanos en su pasada asamblea nacional. Una crisis que no tiene que ver con recursos humanos o materiales, sindicatos o evaluaciones.

Es una crisis de concepto, de significado: de humanidad.

Es por ello que debemos atender al otro rostro de la crisis educativa en México, la crisis que muchos no desean ver. Lo hacemos en el marco de la presentación del documento “Educar para una Nueva Sociedad. Reflexiones y orientaciones sobre la educación en México” que la Dimensión de Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano realizó junto a un grupo de expertos sobre el papel que la Iglesia ha tenido y puede tener en la atención de esta tarea humanizadora que no ha logrado concretarse por los vacíos en la educación formal, informal y familiar.

Debemos abrir la reflexión hacia el horizonte antropológico de la necesidad del hombre de ser educado y educar en humanidad; en otras palabras: ¿qué preocupaciones y esperanzas depositamos en el término ‘emergencia educativa’ en México? En esta ‘otra crisis educativa’, la responsabilidad no sólo se deposita en el gobierno mexicano o en el gremio magisterial, se encuentra primordialmente en los padres de familia y, al mismo tiempo, en toda la sociedad en su conjunto.