Franco Coppola

Años de retraso

nuncioDespués de un año de estancia en México, con cientos de reuniones con círculos sociales, fieles, obispos y con diversas autoridades mexicanas que se afirman católicos, tenemos que dar cierto crédito -y también tomar cierta distancia- a lo que el representante del papa Francisco, Franco Coppola, está diciendo sobre el país y sobre la Iglesia que aún suma una tremenda mayoría de la población: vivimos en un retraso notable.

Coppola ya lo había expresado en el 2016 cuando dijo a obispos que no alcanzaba a ver proyectos concretos de transmisión de la fe católica a los jóvenes; pero la respuesta de las estructuras eclesiales mexicanas se hizo práctica cuando se concretó la creación de la nueva dimensión de Jóvenes y Adolescentes del Episcopado Mexicano, también con los esfuerzos para estructurar las actividades juveniles católicas que existen en cada rincón del país y para participar colectivamente en los trabajos para el próximo Sínodo de la Juventud y, de hecho, desde octubre pasado y hasta octubre del 2018, la Iglesia mexicana vive el “Año de la Juventud”.

Pero durante su visita a Coahuila para participar de la ceremonia de ordenación episcopal y toma de posesión del nuevo obispo de Torreón, Luis Martín Barraza, el nuncio Coppola fue más directo: “Hay que reconocer que la manera de la Iglesia de transmitir la fe, de ayudar a su pueblo a crecer en la fe, es la misma desde hace 50 años… Ese es el problema, el Evangelio siempre es el mismo, pero la manera de pasarlo a las nuevas generaciones no ha cambiado”.

Los medios de comunicación interpretaron correctamente al salentino: “La Iglesia mexicana tiene medio siglo de retraso”. No es una crítica indolora, significa que en todos los espacios en los que el Nuncio ha participado no ha encontrado alguna acción que parezca actuar más allá de la inmediata coyuntura.  Sobre ello, Coppola ha criticado que algunos católicos busquen cambiar leyes para resolver el hoy pero que en seis meses se derogan sin que a nadie parezca importarle; también ha señalado que esa ‘masividad católica’ que presume ser el segundo país con más católicos en el mundo no significa nada frente a la cultura de la muerte y la corrupción que permea en toda la nación; ha dicho, en cada oportunidad, lo absurdo de una sociedad de innumerables tradiciones y sustratos cristianos que convive con incontables asesinatos, secuestros y crímenes impunes.

Personalmente, creo que Coppola hace una crítica más allá de la estructura eclesial, apunta a la cultura mexicana, al país en sí mismo: el retraso es sistemático, ideológico y religioso. Si del 84% de mexicanos (inmensa pluralidad de ciudadanos que se identifican católicos) ninguno ha logrado ver cuánto tiempo ha pasado, cuánto ha cambiado el mundo, es verdaderamente improbable que algún miembro de otro conjunto social sí lo haya hecho. ¿No acaso al ‘destape’ del precandidato del PRI a la presidencia de México se le llamó ‘ritual’, ‘liturgia añeja’? ¿Los partidos políticos estarán adaptándose a los cambios del mundo o buscan el poder bajo el mismo esquema anquilosado y predecible? ¿Qué decir de las instituciones de servicio público? ¿Cómo miran al futuro? ¿Porqué aplaudieron al director del IMSS, Mikel Arriola, por garantizar la viabilidad de la institución que vela por la salud de los mexicanos, tan sólo por dos años más? ¿Por qué cada ‘nuevo modelo’ o ‘nuevo sistema’ en México parece que va persiguiendo a modelos o sistemas que en mundo llevan funcionando varias décadas?

En efecto, vamos retrasados décadas, medio siglo quizá. Pero aceptar esta realidad no es claudicar en lo posible. Que la Iglesia católica en México muestra signos de anquilosamiento en algunas actitudes y lenguajes es cierto, ni siquiera hay que debatir, es evidente; sin embargo, hay audaces que miran los desafíos venideros, ponen la mirada en el futuro y abrazan la realidad con aceptación y cariño.

Para esos años de retraso: aggiornamento, no hay más. Luego, el horizonte del tiempo.

@monroyfelipe

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Coppola, un nuncio con visión alternativa para México

coppolaqroaDe nada sirve prohibir porque lo prohibido se vuelve más deseable en automático, no sirven tampoco los cabildeos legislativos contra el aborto o la eutanasia si no van acompañados de un cambio cultural profundo y, finalmente, no sirven los acuerdos cupulares con políticos o funcionarios porque los políticos cambian sus ideologías y principios sin ruborizarse al ritmo que marcan las encuestas o las modas pasajeras. De esta manera ve el Nuncio apostólico en México, Franco Coppola, el panorama actual del país. La famosa “solución mexicana” que el embajador del Vaticano cree que puede ser la vía para superar entuertos sociales y culturales se aleja mucho del maniqueísmo tradicional en donde parece que se han entrampado grandes grupos antagonistas.

Mientras algunos sectores religiosos (no sólo católicos) no paran de hablar de ‘guerra’, ‘brazos armados’ y ‘batallas de la fe’ que suceden en la arena política; el enviado del papa Francisco (que proviene de naciones donde estas expresiones no son sólo figurativas) siempre propone vías de diálogo que exigen un mínimo ejercicio de autocrítica. Una perspectiva que puede venir muy bien ante los tiempos electorales que comienzan a inquietar a los mexicanos.

En principio, al nuncio Coppola le llama la atención que la filiación religiosa de los políticos mexicanos sub-represente la cantidad de católicos en el país: “Me ha extrañado –dijo en Querétaro durante su participación en un encuentro de laicos- que en un país tan católico entre comillas, con 80% de fieles, a nivel político, los que profesionalmente tratan o deberían tratar de conseguir el bien común, haya una presencia muy escasa de católicos. Casi no se ven, hay algunas personas pero muy pocas. No son para nada representativas del hecho que los católicos son el 80% de la población, para nada”.

Sin embargo, Coppola tampoco considera apremiante usar sólo la ficha de la masividad católica como apuesta para construir una verdadera nación de valores humanos y cristianos: “No hay que estar muy atentos sólo en concentrarse en estos hechos. Este es un aspecto importante pero no sirve de nada si no se trabaja con la gente, con el pueblo; si no se construye esta familia, este espíritu de familia en el pueblo mexicano. Hubo un tiempo –ejemplifica Coppola-, el de la conquista, o hace un siglo, incluso hasta hace sólo 40 o 50 años, cuando era posible convertir al jefe y enseguida todos los demás seguían automáticamente. Bastaba convertir al rey y todo el reino seguía. Bastaba con ponerse de acuerdo y hacer unas leyes y todo estaba arreglado. Esto iba bien hace un siglo, ahora no”.

De tal suerte que el diplomático señala sin medias tintas: “Si no se fortalece la conciencia cristiana de la población, no sirve de nada trabajar con los políticos, no se consigue nada. Se puede obtener una ley pero en seis meses será cancelada, no se llega a nada”.

La lectura del nuncio replantea fuertemente las búsquedas que varios sectores sociales han planteado para garantizar en el marco legal mexicano los derechos fundamentales de la vida y la dignidad humana. Coppola no los desanima ni desacredita los esfuerzos de aquellos grupos, sólo les propone una visión alternativa: “Es equivocado pretender defender la vida desde el nacimiento sólo prohibiendo el aborto, no sirve de nada; o defender la vida hasta el último momento prohibiendo la eutanasia. ¿A quién sirven las prohibiciones? Cuando se hace una cosa prohibida, la única consecuencia que uno la desee más; eso psicológicamente es automático”.

Franco Coppola ha planteado en varios foros la perspectiva de promoción de valores humanos y cristianos que el papa Francisco desea en las naciones: “La protección de la vida desde el principio hasta el último momento significa, siempre siguiendo el mensaje del Papa, estar cercanos a la gente. Para que ninguna mujer, ninguna joven, se sienta tan sola que no se sienta capaz de acoger la vida que el Señor le ha dado en su seno. Para estar bien cercanos a los enfermos, a nuestros viejitos, para que no sientan la necesidad o el deseo, como última cosa, de ser liberados de esta enfermedad. No es la ley lo que va a darnos estas cosas, es la cercanía a las personas. Si nosotros no estamos cercanos a las personas, las personas se alejan y tratan de encontrar la solución más fácil: el aborto o la eutanasia. No sirve de nada tapar estas salidas, porque siempre hay muchas maneras ilegales y de todas maneras no sirven. Se puede ganar la batalla si se obtiene una legislación que nosotros queremos, pero si no se hace nada para estar al lado de los adolescentes, las mujeres o los enfermos, no sirve de nada. Es una batalla ganada pero la guerra está perdida”.

La misión de Coppola en México parece ser la de sembrar estas ideas entre los obispos y los ministros de nueva generación, dejar de alimentar el purismo excluyente porque la revancha es un refugio sombrío. Kasuo Ishiguro el nobel de literatura 2017 plantea en su Gigante enterrado: “No sé qué tipo de desesperación nos lleva a instalarnos en parajes tan lúgubres”. La alternativa cristiana, incluso en la política, no levanta muros en las fronteras sino puentes, no llama a la guerra santa profetizando cataclismos: confía y se implica mientras los desesperados echan suertes.

 

@monroyfelipe

 

“Los pobres, antes; los otros después”, pide Nuncio al nuevo obispo de Tlaxcala

21167345_1374907019289643_4809848607011037537_oA inicios de este año no había ni escaleras eléctricas ni sucursales de Starbucks en todo el estado, pero Tlaxcala está a poco más de un mes para que todo el mundo hable de él. El próximo 15 de octubre, el papa Francisco celebrará la canonización de Cristóbal, Antonio y Juan, los tres indígenas adolescentes mártires tlaxcaltecas del siglo XVI, asesinados con tremenda brutalidad -propia del miedo a lo nuevo y lo desconocido- durante los primeros años del contacto entre las civilizaciones precolombinas y la conquista española.

Sin duda, es quizá el tema principal que ocupa la mente del nuevo obispo de la diócesis de Tlaxcala, Julio César Salcedo Aquino, un misionero josefino originario de la Ciudad de México quien recibió el pasado 30 de agosto el largo camino de la canonización de los mártires para culminarlo en su papel de obispo residencial en un evento histórico, de talla internacional y trascendental, no sólo para el más pequeño de los estados de la República mexicana sino para el país entero y la Iglesia universal.

Sin embargo, durante la preconización de su nuevo obispo residencial, la pequeña diócesis fue el escenario perfecto desde el cual, tanto el representante del Papa en México como su flamante obispo residencial lanzaron mensajes de mayúsculo significado para las estructuras eclesiales país. Franco Coppola, nuncio apostólico en México, insistió en que la Iglesia católica está compelida a acudir a los pobres: “Estos son los primeros a quienes somos enviados: los pobres. Tiene que ser muy claro, son los primeros a quien el señor nos envía. Los otros, después; antes, los pobres”.

En un mensaje ante los medios de comunicación el nuncio Coppola comentó que, durante su estancia en México ha visto que “hay gente que está muy bien. No se puede decir que el país es pobre o donde todos son pobres y no se puede hacer nada. Es un país donde hay muchos recursos y la riqueza está mal distribuida […] Debemos ayudar a entender que no podemos decirnos católicos si hay esta facilidad de usar violencia hacia nosotros; no podemos decirnos católicos si, al mismo tiempo, nosotros tenemos tanto que nos sobra y otros les falta lo necesario”.

Salcedo habló en la misma sintonía. Aunque no dejó de agradecer y reconocer el trabajo que la diócesis ya ha hecho con los preparativos frente a la canonización, entre los actos protocolarios y las celebraciones litúrgicas, el novel obispo deslizó lo que parecen serán principios de su particular actuación pastoral: “Hermanos, en el Evangelio no todo fue escrito, el Evangelio de la misericordia es un libro abierto donde se continúan escribiendo los signos y gestos concretos de amor de los discípulos de Cristo”; después aseveró categóricamente: “No creo que sea lo mejor condenar, rechazar o apartar. Hay que dialogar, hay que analizar situaciones. No se trata nada más de imponer una norma o una ley”.

Entre las palabras de ambos se advierten las líneas de una generación de obispos plenamente identificados con la actitud de salida, de asumir incluso los riesgos que conlleva implicarse directamente en las fronteras de la existencia humana: “Aquí, como en todos los lugares, siempre hay situaciones difíciles. Hace rato el Nuncio me dijo: ‘Quiero que vayas a los pobres’. La pobreza existe de muchas maneras, y para responder a esa gama de problemas tenemos que saberlos asumir y enfrentar, no espantarnos”, confirmó Salcedo en conferencia de prensa.

Salcedo afirmó que desea salir con misericordia al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a la grey. Dijo querer llegar a las heridas de cada uno para curarlas, salir de sí mismo para ir a las periferias geográficas y existenciales.

La brújula pastoral de Salcedo parece que está en la misma ruta que la del pontífice argentino y su embajador Coppola: “El Papa nos invita a la conversión pastoral -dijo en entrevista-: Nos dice claramente que no podemos dejar las cosas como están. Necesitamos estar en una continua conversión, en un continuo cambio… yo sueño también como el papa Francisco, con una Iglesia que esté en continua conversión. No podemos dejar las cosas como están y se requiere esta actitud de abrirse a una conversión interior, a una conversión de las estructuras, de nuestros procesos. No pensar que ya estamos seguros, cuando estamos en búsqueda, cuando estamos ante todos ofrecer la riqueza de la Iglesia que es la evangelización, necesitamos estar en esa Iglesia en salida”.

Sí, más allá de escaleras eléctricas y sucursales de cafeterías multinacionales, Tlaxcala tiene aún capacidad de sorprender enormemente.

@monroyfelipe

El primer año del nuncio Coppola en México: la Iglesia debe cambiar

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Foto: Diócesis de Querétaro

Ha pasado un año desde que Franco Coppola fue enviado como embajador del Papa a México tras una estancia nada sencilla -aunque sumamente productiva- en la representación del Vaticano en la República Centroafricana; a inicios de septiembre del 2016 recibió de viva voz del papa Francisco los objetivos de su encomienda y, desde su arribo en octubre pasado, el salentino prácticamente ya ha explorado los principales perfiles políticos y eclesiales del este país que aún se jacta de tener el segundo lugar en el número de católicos a nivel mundial.

Coppola no deja pasar oportunidad para mencionar lo que el papa Bergoglio le confió un año atrás: “Te envío a un país que es un tesoro para la Iglesia; [los mexicanos] tienen una fe y una devoción que no tiene igual en el mundo. Pero es un país donde la Iglesia, empezando por su jerarquía, tiene que cambiar mucho”; así lo confió a El Observador en quizá la única entrevista que hasta ahora Coppola ha concedido en México. Pero también lo ha comentado frente a las comunidades que ha visitado en este año: “El gran problema de México es su falta de congruencia, muchas expresiones de fe y una gran cantidad de católicos, pero vive grandes problemas con la violencia, el crimen y la corrupción”.

Antes de tomar el descanso veraniego en su tierra natal, Coppola aseguró que la necesidad de un cambio radical en las estructuras eclesiales debe empezar por los obispos y los ministros ordenados: “Tiene que cambiar mucho pero no es un juicio negativo sobre la jerarquía. La jerarquía, en el sentido de los obispos y los sacerdotes, tiene que enfrentar retos y desafíos nuevos […] los tiempos han cambiado, antes de obedecía más a los padres. Lo que era bueno era bueno y lo que era malo era malo. Ahora se cuestiona todo”.

En realidad, el análisis no es nuevo. Los últimos dos pontífices han descrito sin eufemismos la situación de la Iglesia mexicana: para el papa Francisco, México tiene un grave problema cuando sus ciudadanos “buscan el privilegio” pues generan “terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia, el secuestro y la muerte”. Benedicto XVI, por su parte, fue más categórico: “En no pocos católicos se percibe cierta esquizofrenia entre moral individual y pública: personalmente, en la esfera individual, son católicos, creyentes, pero en la vida pública siguen otros caminos que no corresponden a los grandes valores del Evangelio, que son necesarios para la fundación de una sociedad justa”.

Para Coppola, las celebraciones masivas, las grandes peregrinaciones y las muchas expresiones de devoción popular que ha palpado en México son motivo de gran orgullo para el catolicismo; pero le inquieta que el país también tenga los funestos triunfos de “los campeonatos negros” en asesinatos, violencia, corrupción y pobreza. Sin ir lejos, México ha consolidado en una década su vergonzosa posición como el país de occidente más peligroso para ejercer el sacerdocio.

A los obispos mexicanos, el enviado pontificio les ha manifestado su intranquilidad con claridad absoluta: “No sé si me equivoco, pero me impresiona ver cómo, desde una perspectiva nacional, a nivel del episcopado, la Iglesia parece no haber logrado elaborar aún una propuesta específica como camino de vida cristiana para los adolescentes, los jóvenes y los jóvenes-adultos”, les espetó en su más reciente asamblea plenaria.

El cambio que propone Coppola exige, por si fuera poco, sentido común y que los católicos mexicanos conserven los pies en la tierra. Como muestra, la historia de Sandra, una mujer que auxilia a un centenar de niños huérfanos en Burundi. El nuncio relata con frecuencia en sus redes sociales el drama que atraviesa aquella generosa cristiana y pide a sus amigos que donen recursos para que la obra permanezca. Sin duda no ha faltado la piadosa alma mexicana que desinteresadamente ofreció ayuda económica al nuncio, pero Coppola le ha enfriado el entusiasmo por una razón nodal: “Le comento que escribí en italiano expresamente porque este mensaje lo envío a mis amigos italianos […] Me dirijo para pedir ayuda y solidaridad a mis amigos italianos y no a los mexicanos que, si lo quieren y pueden, tienen ya, muy cerca, a quienes ayudar”.

“Católicos, alíviense a sí mismos”, parece insistir Coppola en cada rincón de México. Así de simple, la catolicidad mexicana no puede sólo jactarse de su potencial y de su aún masiva presencia en el país; para iluminar las oscuridades de su propio seno, la Iglesia católica requiere asumir muchos cambios, de lo contrario tendrá frente a sí una gran ruptura cultural donde no sólo sea marginal sino, incluso, prescindible.

@monroyfelipe

Diplomacia vaticana echa hombro a la incertidumbre en México por la amenaza Trump

Muy pronto ha sido llamado a Roma el nuncio apostólico en México, Franco Coppola. Con sólo cinco meses y algunos cientos de kilómetros recorridos en el país ha sido convocado a la Santa Sede para dar un informe general de su breve periodo de exploración.Esto ha comunicado el nuncio “…estaré en Roma, desde el lunes 27 de febrero hasta el jueves 9 de marzo: la primera oportunidad para hacer el punto sobre mi misión en México con los superiores a cinco meses desde mi llegada a ese grande y complejo, país donde la iglesia tiene que hacer frente a los desafíos de la modernidad para seguir acompañando a este pueblo como lo ha hecho por siglos”. Pero, ¿qué esperamos de aquellos encuentros que sostenga Coppola en Roma?

La última vez que tuve oportunidad de reunirme con el número dos del Vaticano, el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, éste me preguntó: “¿Cómo está México?” Lo expresó como si preguntara por un familiar, por su estado de salud. Sin embargo, las inquietudes que los dicasterios vaticanos le harán a Coppola serán mucho más prácticos: ¿Cuántos obispos están en edad de jubilación? ¿Cuáles son las diócesis apremiantes para hacer cambios? ¿Cómo valora el perfil de restitución episcopal con la cantera de sacerdotes? ¿Cómo ha sido el trabajo con las autoridades mexicanas, particularmente con la Secretaría de Gobernación y la de Relaciones Exteriores? ¿Cuál podría ser la mejor vía para apoyar, desde la diplomacia, la relación entre México y Estados Unidos, ya que sus propias autoridades civiles han confirmado que “lo único cierto es la incertidumbre”?

Las primeras inquietudes de la Santa Sede corresponden a la Congregación para los Obispos, presidida por el cardenal canadiense Marc Oullet (dicasterio donde, por cierto, el representante para México es el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano). En este terreno se preparan las sucesiones, los traslados y las promociones episcopales a lo largo del territorio. Para los no iniciados es difícil ver que en cada cambio de titulares en diócesis clave del país se juega un cambio de paradigma en el estilo y la actitud de servicio de los pastores que se descentran del poder: “Que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales”, como dijo un categórico Francisco hace un año a los obispos mexicanos.

Es claro que, la inestabilidad en la política nacional favorece la corrupción y propicia una serie de persecuciones políticas –unas más virulentas que otras- entre gobernadores, alcaldes y demás funcionarios (basta mencionar el caso paradigmático como el de Javier Duarte). Hoy por hoy, la praxis normalizada entre los obispos responde al ‘respetuoso encuentro con las autoridades’, pero es evidente que se requieren nuevas dinámicas de ‘menos encuentros amistosos’ y ‘más rigor institucional’ para no arriesgar la aún alta credibilidad de los miembros de la iglesia católica entre la sociedad mexicana.

Lo anterior porque el escenario anticipado de campañas políticas, en medio de una incertidumbre diplomática internacional y la volatilidad de la economía interna, exige un principio de orden para que el enviado diplomático de la Santa Sede se enfoque en uno de los intereses capitales del papa Francisco: El fenómeno migratorio.

En el 2016 no fue azaroso el traslado del experimentado nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, a la representación diplomática del Papa en Washington. Su cercanía con episcopado mexicano y su servicio diplomático de la Santa Sede en la ‘era Trump’ lo hizo un participante obligado en la Bienal de obispos fronterizos de Texas y México celebrada en Brownsville a mediados de febrero y lo coloca como un operador de avanzada en la delicada misión de intervenir a favor de la dignidad humana en uno de los polos migratorios más complejos del orbe.

Hay que recordar que el papa Francisco logró derribar el muro histórico que paralizó las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Es evidente que no intervino por intereses ideológicos o políticos sino humanitarios, en correspondencia a las dinámicas familiares y sociales que se establecieron con naturalidad pero al margen de las fronteras. Lo mismo sucede con las políticas migratorias sentenciadas por Donald Trump, más allá del muro, la radicalización de los criterios de legalidad afecta directamente la hermandad, familiaridad y articulación de los habitantes de EU con México y el resto del continente.

Coppola volverá de su encuentro con el Papa en Roma con esta misión bajo el brazo. ¿Encontrará interlocutores en SEGOB o SRE que no estén obsesionados con el precio de los energéticos y la estabilidad macroeconómica? ¿Con qué obispos contará para apoyarle en esta encomienda? Por lo pronto, el cardenal Carlos Aguiar Retes ya ha establecido un acercamiento estratégico con grupos de otras iglesias cristianas en Estados Unidos, en un hecho inédito se ha reunido con Elder Russell Nelson, presidente del quórum de los doce apóstoles de la iglesia de los santos de los últimos días. Por su parte, el cardenal Norberto Rivera Carrera refuerza las relaciones con organizaciones católicas en EU; en agosto acudió a la conferencia anual de la Asociación Católica de Líderes Latinos celebrada en Chicago y el 10 de febrero fue a Dallas, al Centro Nacional Católico de Bioética. El primero es un acercamiento interreligioso con claras vistas diplomáticas; y, los segundos, gestos de unidad católica en el servicio transfronterizo. Ambos útiles, a menos que usted quiera construirle muros al Papa.

Felipe Monroy

@monroyfelipe

La Iglesia mexicana, camino al 2031

asamblea-cem-2011Del 7 al 11 de noviembre próximos, se realizará la 102ª Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) donde casi un centenar y medio de obispos podrán ponerse en sintonía con los acontecimientos del último semestre del año. Hay noticias por celebrar y hay decisiones que se deben ir tomando anticipando los escenarios del 2017.

Los dos acontecimientos centrales que los obispos mexicanos estarán conociendo de primera mano son: la llegada del Nuncio apostólico, Franco Coppola, quien hace apenas dos semanas entregó sus cartas credenciales al presidente de México, Enrique Peña Nieto, y quien además sostuvo un encuentro con el secretario de Gobernación el 3 de noviembre pasado; y además, está el nombramiento cardenalicio que el papa Francisco confió al arzobispo Carlos Aguiar Retes, el cual será impuesto el próximo 19 de este mes en Roma.

Estos dos hechos reconfiguran sutil pero eficientemente el perfil del episcopado mexicano frente a la difícil agenda eclesiástica que se aproxima. Por un lado, los cinco cardenales mexicanos (nunca hubo tantos purpurados mexicanos con tanto peso de participación) podrán asumir un protagonismo interesante en las futuras sucesiones arzobispales de gran impacto para el país (Morelia*, México, Oaxaca) y, por otro, va a ser fundamental el conocimiento y diálogo del Nuncio con la Iglesia nacional para encontrar coincidencias en esa ‘vía mexicana’ que el propio Coppola desea para abordar agendas sociales polémicas.

Aunque la mayoría de los analistas religiosos ocupan largas conjeturas sobre las decisiones que el Papa estará en breve tomando para reemplazar a dos polos importantes de la vida eclesial en México (el cardenal Alberto Suárez Inda, de Morelia, está a meses de cumplir 78 años; y el cardenal Norberto Rivera Carrera, de México, cumple la edad canónica de retiro en junio próximo); la propia Conferencia del Episcopado intentará llevar más allá de las coyunturas un plan global pastoral cuyo cuerpo esté soportado en un muy amplio lapso del siglo: 2017-2031.

El periodo no es un capricho. Responde a la conmemoración de medio milenio de presencia católica en México: desde los primeros actos de evangelización realizados por los misioneros españoles con los nativos hasta el mayúsculo Acontecimiento Guadalupano, el cual confirmó la plena inculturación cristiana en los pueblos indígenas mexicanos.

El plan parece ambicioso y veremos si es posible llevarlo a cabo, porque para lograr un extendido consenso entre los obispos, antes se requiere que los organismos de la CEM realmente trabajen coordinadamente y logren articular los diferentes esfuerzos que a lo largo y ancho del país se realizan en áreas específicas de la llamada ‘Nueva Evangelización’. Un desafío no menor para el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, quien como presidente del Episcopado Mexicano se ha mantenido al margen de varios de los escenarios de la Iglesia en México quizá siguiendo las sugerencias del Papa: “el objetivo general y los proyectos que elaboremos han de favorecer que nos acerquemos más a nuestra gente… Esto es lo esencial… no perdamos tiempo y energías en cosas secundarias, como habladurías e intrigas, carrerismo, planes de hegemonía, clubs de intereses o de consorterías, murmuraciones y maledicencias”, dijo el cardenal apenas en abril pasado parafraseando al papa Francisco.

Lo cual lleva al último punto –pero no el menos importante- por reflexionar para la presente asamblea general: ¿Qué dejó el papa Francisco en su paso por México? ¿Qué dinámicas, compromisos o acciones se han puesto en marcha para no dejar el mensaje del pontífice en mero espectáculo? En febrero del 2017 se cumplirá un año de su trepidante estancia en el país y aún hay sectores eclesiales que no han pasado de la anécdota. ¿Dónde se ha manifestado el compromiso de la Iglesia con la juventud, esa ‘riqueza de México’? ¿Cuáles obras religiosas sí han dado un paso adelante en la audacia por transformar al país y no resignarse al modelo de exclusión imperante? ¿Qué tanto se ha trabajado con las comunidades indígenas para que la sociedad mexicana aprenda de su relación ecológica con la Tierra? ¿Cómo se ha involucrado la grey católica en el diálogo, confrontación y encuentro entre el mundo empresarial y el sector laboral para remediar la inequidad y desigualdad económica? ¿Cómo se ha llevado el consuelo maternal de la Iglesia –siguiendo la mirada de Guadalupe- a los desposeídos, las víctimas, los migrantes, las familias en situación de pobreza, los heridos, los hambrientos, los excluidos, los discriminados…?

Entre las peticiones del Papa a la Iglesia de México, Coppola tiene su propia encomienda: mejorar las relaciones entre los episcopados mexicano y estadounidense. Tema de gran interés para Francisco pues no en vano ha enviado al exnuncio en México, Christophe Pierre a su sede diplomática en Washington, dio luz verde para la diócesis fronteriza de Nogales y quizá se sigan escuchando muchas sorpresas de los obispos y diócesis ubicadas en la frontera de ambas naciones. Las coyunturas políticas, económicas y sociales de ambos países requieren de un gran diálogo entre sus Iglesias.

Porque para conmemorar los 500 años de catolicismo en México no son pocas las obras y los actos históricos de los creyentes que se pueden –y se deben- celebrar; pero para no sólo jactarse del pasado y para dar razones de futuras conmemoraciones es preciso que cada generación dé un testimonio que perdure porque “el tiempo es superior al espacio”. @monroyfelipe

 

*Tras la publicación de este artículo; el 5 de noviembre del 2016 el papa Francisco aceptó la renuncia del cardenal Suárez Inda y nombró a Carlos Gafias Merlos, como arzobispo de Morelia.

Coppola, nuncio de la guerra civil africana enviado a México

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Franco Coppola visita en Chad una misión católica de asistencia hospitalaria a enfermos VIH/Sida

En noviembre del 2015, el papa Francisco realizó una compleja visita a África. Además de visitar las históricas misiones católicas en Kenya y Uganda, donde el catolicismo ha edificado ya gran parte de la cultura regional, hizo una parada ciertamente riesgosa en Bangui, la capital de la castigada República Centroafricana. En medio de una guerra civil que ha cobrado cientos de vidas, el hombre que hizo posible esa visita pontificia fue Franco Coppola, el nuncio apostólico que este 9 de julio fue designado a asumir la representación diplomática en México

Coppola, de 59 años, ha representado a la Santa Sede en Burundi del 2009 al 2014  y, en los últimos dos años, realizaba su misión diplomática en República Centroafricana y Chad. En la primera nación africana logró un gran avance en el reconocimiento jurídico de la Iglesia local, en la República Centroafricana participó en la construcción de acuerdos de paz en 2015, y finalmente en Chad, se ha apersonado constantemente entre las comunidades cristianas –y musulmanas- que padecen la persecución y el terrorismo de grupos extremistas como Boko Haram. Su envío a México en este momento sorprende precisamente por los avances de paz logrados en Centroáfrica y la necesidad de la presencia del enviado del Papa en las naciones acosadas por radicalismos religiosos.

En el marco de la visita de Francisco a República Centroafricana, Franco Coppola explicaba a Time que sus principales preocupaciones como diplomático en la región eran la proliferación de armas, la violencia, los refugiados, los menores víctimas de la guerra, la condición de vulnerabilidad de las mujeres y la educación. Temas que, sin duda, son comunes con la nación mexicana.

La razón por la que Coppola fue nuncio de Chad y de la República Centroafricana al mismo tiempo responde a una larga y difícil relación entre ambas naciones. Chad se encuentra al norte de la RCA, es un país musulmán, militar y económicamente más poderoso que constantemente invade territorial y culturalmente a la debilitada república sureña. Las misiones humanitarias en la República han denunciado constantemente la corrupción del poder político centroafricano, el nulo interés de los representantes políticos por desarrollar la nación y la actitud de entreguismo de los líderes políticos de los recursos, el rico subsuelo y la fuerza de trabajo a los vecinos del norte (aunque también a China y Sudáfrica).

En sus dos años de servicio en la región central africana, Coppola también ha estado muy cercano de las misiones hospitalarias y médicas de diversas congregaciones religiosas principalmente en la asistencia de millares de pacientes con VIH-Sida y en la reciente crisis del ébola.

Coppola llegará a asumir la representación diplomática en México, tomará la oficina que en abril pasado Christophe Pierre dejó al ser nombrado nuncio en los Estados Unidos. México es una sede diplomática importante para la Santa Sede: de sus 120 millones de habitantes, un 85% se declara católico, el país está organizado en 93 circunscripciones eclesiásticas y el colegio episcopal suma más de 130 obispos. El arzobispo italiano tendrá su primer encuentro con la plenaria episcopal hasta noviembre próximo (antes sostendrá encuentros con los consejos de Presidencia y Permanente de los obispos mexicanos) pero su arribo podrá ayudar a la mediación entre el episcopado mexicano y el gobierno federal en temas que han distanciado a ambos organismos después de la visita del papa Francisco en febrero pasado. Temas como la homologación del matrimonio civil para parejas no heterosexuales y la participación política de miembros religiosos en la construcción de justicia y paz en el país, garantizada por la búsqueda de una formal libertad religiosa, serán parte de los primeros asuntos en la agenda del Nuncio. @monroyfelipe