Iglesia católica

La Iglesia católica, activo de equilibrio social

CAFRICA-UNREST

 Card. Nzapalaing de RCA entrega pan a musulmanes refugiados /Getty Images

Al finalizar el 2017, dos singulares informes dieron cuenta de parte de la acción social que la Iglesia católica realiza alrededor del mundo. El primero, proveniente de Estados Unidos, reveló que la fundación Catholic Extension patrocinó con 12 millones de dólares el servicio de asistencia a migrantes en la frontera con México; el segundo, el reporte económico de la empresa católica BOSCO, que se confirmó como una de las más grandes proveedoras de internet en Uganda, originalmente fundada para ofrecer una plataforma de contacto e información para confrontar al terrorismo y remediar la brecha social en regiones marginales del norte del país.

No son los únicos reportes del año; en realidad, las fundaciones sociales católicas alrededor del mundo se cuentan por centenas de millares y el análisis financiero del impacto que dichas asociaciones de caridad tienen en sus realidades concretas ya ha sido materia de trabajo de sociedades de inversión como Wilminton Trust, la cual publicó en 2016 un documento de trabajo sobre “El avance de las fundaciones basadas en organizaciones religiosas en los Estados Unidos” y en el que analiza la importancia de estas estructuras de apoyo filantrópico organizadas y administradas por la Iglesia católica.

Aunque el documento explica que el financiamiento a organizaciones de caridad de la Iglesia católica en Estados Unidos disminuyó tras los casos de abuso sexual revelados por los medios de comunicación en la primera década del siglo, los analistas ven una mayor confianza en los donantes católicos norteamericanos con el papa Francisco al frente de la Iglesia universal: “De acuerdo con la encuesta realizada por FADICA (Fundaciones y Donantes Interesados en Actividades Católicas) el 24% de los católicos norteamericanos han incrementado sus donativos en el último año [2014]. El estudio también menciona que el 77% de los encuestados aseguran que es el propio papa Francisco quien los ‘inspira’ para donar, incluidos los 42% de quienes afirman que el Papa tiene un impacto positivo en su acción caritativa”.

Sin embargo, más allá del análisis financiero, las obras de caridad que realizan las instituciones católicas alrededor del orbe tienen potencial de mejorar la calidad de vida de no pocas comunidades; incluso, de poder salvarlas. Esa fue la intención original de BOSCO-Uganda, el servicio de internet que la iglesia católica instaló en varios poblados del norte de Uganda durante el régimen terrorista de Lord’s Resistance Army que llegó a asesinar a más de cien mil ciudadanos y desplazar a dos millones de ugandeses. El servicio de internet logró conectar a ciudadanos para defenderse de asaltos armados, minas antipersonales y las amenazas de los soldados radicalizados; Tony Okwonga, el director general y jefe de operaciones de BOSCO explicó a National Catholic Reporter, que el servicio comenzó como un equilibrio de acceso social (el servicio ordinario de internet cuesta 72 dólares al mes cuando el 35% de los ugandeses tiene un ingreso de 2 dólares al día) pero que ha escalado a un nivel de competitividad regional a pesar de no contar con los derechos para comercializar espacios digitales.

Lo mismo sucede con Catholic Extension. El cardenal Blaise Cupich, de Chicago, reveló a Catholic News Agency que los fieles de la parroquia del Sagrado Corazón en McAllen, Texas, lograron ayudar a 74 mil mujeres y menores migrantes en los Estados Unidos a través de esta fundación durante la crisis de menores migrantes del 2014 y que, a través de la fundación se destinarán 10 millones de dólares para construir un nuevo centro de atención humanitaria en la diócesis.

Los servicios humanitarios de la Iglesia católica permanecen a pesar de los regímenes políticos y las debilidades estructurales locales. The Catholic Herald publicó recientemente un análisis de David Paton, profesor titular de la Universidad de Negocios de Nottingham y profesor visitante de la Universidad de Santa María en Twickerham, en el que afirma que la Iglesia católica opera en el mundo más de 140 mil escuelas, 10 mil orfanatos, 5 mil hospitales y más de 16 mil clínicas. Tan sólo la organización Cáritas (que agrupa a instituciones de caridad diocesana) estima que sus gastos en promoción humanitaria ronda los 2.8 y 3.8 billones de dólares; eso, sin contar las obras de caridad a pequeña escala que realizan las más de 200 mil parroquias alrededor del mundo.

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¿De veras escuchar a los jóvenes?

joven misa FranciscoAl principio, la sociedad descubrió a la generación millennial como quien contempla un portento o una proeza sobrehumana; pero, con el tiempo, no faltaron los críticos que siempre ven el vaso medio vacío y se preguntaron de qué sirven ciertas hazañas extraordinarias en el mundo real. Entonces se hizo viral aquel video de un sujeto afirmando que la generación del milenio está compuesta básicamente por jóvenes impacientes, muy mimados, algo ingenuos y demasiado confiados de sí mismos pero incapaces de hacerse cargo de alguien más.

Sin embargo, sucedió el temblor y la generación millennial hizo su parte superando cualquier expectativa del resto de la sociedad. Aprovecharon sus habilidades y el acceso que tienen a la tecnología para hacer algo más que tomarse selfies con filtros e hicieron trabajar su creatividad y sus músculos en la calle y no en los espacios de control que se han erigido para embellecer lo que de por sí ya es bello.

La generación del milenio demostró que es capaz de tender la mano por su prójimo en el mundo real y no sólo con los pulgares arriba de los likes. Por supuesto, la ilusión por el éxito inmediato o la gratificación instantánea que contamina la percepción de toda la sociedad también adormeció pronto la conciencia de los millennials: rápidamente se creyó que basta un día extraordinario, quizá dos o tres, para que todo el país cambie, para transformar toda la realidad, para superar los fantasmas que pueblan la profunda idiosincrasia mexicana. Con un par de días todos fuimos nuevos y el ‘volver a la normalidad’ significaba casi un regreso a las cavernas.

Pero ‘la normalidad’ es la realidad, con sus pros y sus contras, con los desafíos cotidianos y las búsquedas sociales que llevan años –si no décadas- poder concretar. Así que, sin que parezca un sinsentido: muchos de los triunfos culturales que busca la juventud, si se empeña buenamente en conseguirlos, quizá podrán alcanzarse cuando sus promotores ya no sean jóvenes. Y, de igual manera: los cambios que hoy transforman la sociedad son fruto de grandes empeños que las generaciones previas vienen realizando desde hace décadas.

Por eso es tan importante escuchar la voz de los jóvenes, nos explica su sentir en un mundo construido y nos abre una mirilla en el tiempo hacia un futuro que podría construirse.

En estos días, la Iglesia católica ha iniciado un año jubilar de la juventud; su interés es escuchar a los jóvenes y atisbar un poco el porvenir de esta institución en las décadas que vienen. Para ello, el papa Francisco convocó para la XV Asamblea Ordinaria de obispos a un “Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Desde su mirada, la Iglesia advierte que la juventud del mundo está más cómoda en sociedades multiculturales y multirreligiosas, de alto pragmatismo tecnológico y en espacios que se adaptan rápidamente a culturas mixtas; pero también mira con preocupación que la falta de adaptación de grandes grupos de jóvenes a estos cambios deriva rápidamente en actitudes de integrismo o fundamentalismo, sea de corte nacionalista, ideológico o religioso.

Habrá que esperar los resultados del cuestionario global que la Iglesia católica está realizando entre los jóvenes creyentes y no creyentes; y contrastarlo con el otro cuestionario que está haciendo a los jóvenes que participan ya en alguna actividad de la Iglesia. Será altamente interesante porque los lenguajes empleados en cada uno de los cuestionarios son muy diferentes. Mientras al amplio público le preguntan: “¿Qué cosa has visto o te han platicado sobre cómo algún miembro o institución de la iglesia ha ayudado a la vida plena de un joven?”; a los jóvenes de la Iglesia católica les preguntan sobre “contribuciones a la formación en el discernimiento vocacional”, “aplicación en práctica pastoral ordinaria” o “interpretación de la paternidad espiritual”.

Escuchar a los jóvenes es un imprescindible social, más en países como México donde la población de entre 15 y 29 años aún supera el 25% del total (en países europeos este grupo social rasguña un promedio del 15%) y que representan casi el 50% del total de emigrantes que buscan fuera de México nuevos espacios y culturas para vivir.

Si hoy 2 de cada 10 jóvenes mexicanos no estudian ni trabajan quizá es porque la oportunidad de empleo para los jóvenes no ha hecho sino decrecer en las dos últimas décadas (la razón de empleo respecto a la población para jóvenes entre 15 y 29 años ha caído sostenidamente del 52% al 44%) y si, como  han venido declarando los obispos de México, los jóvenes representan un porcentaje mínimo de las asambleas dominicales de las parroquias quizá esté sucediendo algo que, para variar, sería bueno que esos mismos jóvenes pudieran explicarlo.

@monroyfelipe

Bergoglio, la reinvención de Francisco

Este 13 de marzo del 2017, el argentino Jorge Mario Bergoglio cumple cuatro años de presidir la cátedra de san Pedro. Un pontificado intenso si se pone en la balanza la cantidad de notas periodísticas que hablan sobre él, de sus discursos y su participación en el ámbito político-diplomático. Francisco ha firmado dos encíclicas y dos exhortaciones apostólicas, quince motu proprio que se traducen en nuevos estatutos para varias oficinas vaticanas y, según el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, coordinador del Consejo de Cardenales, ya se han logrado dieciocho reformas a la Curia romana que establecerán la base de la nueva constitución del gobierno de la Iglesia católica.En este periodo, sin embargo, no le han faltado opositores ni detractores y, si continúa la tendencia de abiertos cuestionamientos a su estilo y decisiones, es claro que en su quinto año de pontificado empeorarán las tensiones antagonistas. Este fenómeno ya lo anticipaba Benedicto XVI con tanta claridad que comprendió debía cimbrar el pontificado no sin antes dejar el testimonio del milenio cristiano en código de las virtudes teologales centrales: fe, esperanza y caridad.

Ahora, el pontificado de Francisco es el primero del siglo XXI que ya no debate en las fronteras culturales ideológicas tradicionales, pues los desafíos contemporáneos ya no pueden enfrentarse a través de contingentes abanderados o uniformados; hoy, la dignidad y la salvación de la persona (objetivos centrales de la cristiandad) ya no dependen de gremios ni de etiquetas sino de la universalidad que reside en el corazón etimológico del catolicismo.

En ese contexto, la Iglesia católica puso en el timón de su barca a un hombre que ya no habita corrientes ideológicas que aseguran llegar al destino más rápido, pero tampoco se refugia en la seguridad de las islas administrativas para garantizar unidad en torno suyo. Pero hay que ser claros: Francisco no reinventa al papado; en todo caso, Francisco reinventa a Bergoglio. Porque la ‘reforma de las actitudes’ propuesta por el Papa va de las instituciones hacia la persona, inclina la filosofía sobre la realidad y vive en diluidas fronteras culturales arriesgando los fueros que alguna vez se creyeron imperturbables. Explico:
Inclinar la filosofía sobre la realidad

No puedo iniciar esta exploración de los cuatro años de pontificado de Francisco sin recuperar la dimensión filosófica sobre la cual Bergoglio soporta su caminar pontifical. Las expone con claridad en su revolucionaria exhortación apostólica Evangelii Gaudium: “Quiero proponer ahora estos cuatro principios que orientan específicamente el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común. Lo hago con la convicción de que su aplicación puede ser un genuino camino hacia la paz dentro de cada nación y en el mundo entero: El tiempo es superior al espacio; la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea; y el todo es superior a la parte”.

Con estos principios, Francisco propone que los miembros de la Iglesia católica deben abandonar la idea de ‘un catolicismo’ entendido como una porción ganada de los territorios del orbe y recobrar la mirada trascendente más allá de nuestras obsesiones. En la audaz revolución bergogliana el ‘ismo’ deja de ser un concepto inasible entre las páginas de un magisterio bimilenario o una fracción de la identidad confrontándose a su destino; por el contario, el ser cristiano, la identidad católica y la realidad superior de la salvación se debaten en el horizonte de la divinidad que yace en el seno del ser humano, allí donde realmente pertenecen, en el riesgo que implica creer con la mirada puesta en el horizonte de la promesa.

Para Francisco, la perspectiva filosófica es fundamental para entender el papel de los cristianos en el hoy y ahora, pues el cambio de época es absoluto: “El cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos en distintos campos de la naturaleza y de la vida”. Es por ello que sus aportaciones al magisterio cotidiano intentan adjuntar, en estos saltos, el mensaje atemporal cristiano pero sin jactancia de su triunfo sino en la esperanza de creer en el camino: “¿Cuál es la ruta que la fe nos descubre? ¿De dónde procede su luz poderosa que permite iluminar el camino de una vida lograda y fecunda, llena de fruto?”, como Francisco interroga en la introducción de su encíclica Lumen fidei.
Vivir fronteras disueltas arriesgando el status

Francisco no sólo ha manifestado constantemente su preocupación por las últimas fronteras de las periferias materiales y existenciales del ser humano, las habita con una simplicidad que incomoda a no pocas personas. En el mundo de la cultura líquida, Francisco vive en fronteras disueltas. Fronteras entre el ‘catolicismo’ y el resto de los credos, entre la pobreza y el privilegio, entre el valor y el baluarte. No por nada se le identifica con un pontífice implicado en el fenómeno migratorio, en la radicalidad de habitar la creación como la casa común, en su evidente participación diplomática en la geopolítica y en su insistencia en el ‘encuentro’, en el ‘contacto’, en el accidente y la salida. Francisco convence a Bergoglio a renunciar al fortín y al palacio, a la comprensión dramática de la sublime trascendencia atada a la miseria atemporal. 

Por ello creo que, como navegante de la barca petrina, Francisco no opta ni por corrientes ni por islas. Prefiere, por el contrario, habitar el piélago inmenso de contradicciones donde ya naufragan el creyente y su idea de Dios, el poder y la política, la familia y su naturaleza, los derechos y las injusticias. Es un riesgo que asume Bergoglio por las complejas ambigüedades de la cultura contemporánea.

En esta convicción, Francisco arriesga los fueros recobrando la simpleza de la falibilidad de Bergoglio. La historia de aquella tarde-noche romana cuando se elevó la columna de humo blanco desde la chimenea de la Capilla Sixtina dice que Jorge Mario Bergoglio, cardenal arzobispo de Buenos Aires, eligió el nombre de Francisco por pensar en los pobres a quienes ha puesto en el centro de sus documentos y ministerios; sin embargo, en el turbio océano del siglo XXI, la posibilidad es que ha sido Francisco y sus pobres quienes eligieron a Bergoglio y ahora lo reinventan porque Jesús siempre interpela. Porque en el ocaso de los castillos institucionales, abundan los desterrados, los parias. 

Don Marcelo Sánchez Sorondo, titular de la Academia Pontificia de la Ciencia, sintetiza esto con un comentario sobre el pensamiento de Bergoglio: “El Papa Francisco plantea que la solución no pasa tanto por discurrir sobre la esencia del cristianismo, porque es relativamente fácil entender el umbral del misterio, sino sobre todo por practicar el ejercicio concreto de la fe y de la caridad, que es más difícil. En esto es existencial como Kierkegaard, quien decía que el cristianismo no tiene esencia sino una práctica a realizar en la ‘existencia’: la de hacernos contemporáneos con Cristo por la participación activa de su gracia y de la caridad de su Espíritu”.

Hacernos contemporáneos es reinventarnos, ir de la certeza de la institución a la fragilidad de la persona. Bergoglio vive esto cada día siendo Francisco. Algo que puede ser sumamente ejemplar para los cristianos. @monroyfelipe

7 mil jóvenes mexicanos en Polonia, ¿qué llevan, qué encontrarán?

13698209_811947085572809_3259879454799805308_oA partir de este 26 de julio y hasta fin de mes la ciudad de Cracovia, Polonia, recibirá el encuentro juvenil bienal que la Iglesia católica propone para refrescar y dejarse rejuvenecer por las nuevas generaciones que abren paso en el siglo. Las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido, en cada sede donde se realizan, una oportunidad de mostrar el rostro joven de la Iglesia y renovar un deseo del papa Juan Pablo II: que los jóvenes cristianos se redescubran en la alegría, la sorpresa y la audacia de construir mundo haciendo a un lado el desánimo, el inmovilismo y el miedo provocados por los muchos flagelos de la sociedad contemporánea.

Aunque en esta edición se han registrado más de medio millón de jóvenes peregrinos a la JMJ de Cracovia, resulta interesante que al menos 7,000 de ellos serán mexicanos. Son muchas las delegaciones de sacerdotes y jóvenes que comenzaron su peregrinar veraniego hace algunas semanas. Han partido en grupos compactos desde sus localidades y en Polonia se reencontrarán con sus connacionales. Algunos lo hacen ya a través de grupos en redes sociales, utilizan las etiquetas #JovenesDeMéxico y #YoVoyaCracovia para compartir imágenes de su periplo y de los encuentros que van teniendo en el camino. En la próxima semana, los jóvenes acudirán a los centros de acogida, las catequesis generales en parroquias, las peregrinaciones a santuarios y a las actividades festivas y celebrativas de la JMJ presididas por el Papa.

Estos jóvenes peregrinos a la JMJ de Cracovia ya no son la famosa generación Juan Pablo II, pero irán “a donde todo comenzó” para el pontífice que dio perfil a la segunda mitad del siglo XX. A su país, a su casa, a su sede arzobispal donde aprendió a ser pastor y a confiar en que su ser cristiano puede transformar el mundo. Eso es lo que encontrarán los jóvenes en Cracovia, la tierra que Juan Pablo II fue animando como sacerdote, obispo y como pontífice en las siete visitas apostólicas, el sitio que se erige como un nuevo centro de peregrinación hasta donde ya han acudido el papa Benedicto XVI en mayo del 2005 y ahora Francisco este mes.

Los jóvenes encontrarán en Cracovia uno de los pilares que la Iglesia católica conserva en el Viejo Continente. Una resistencia de tradición y eclesialidad en la frontera del este europeo, un dique de cristiandad, historia y organización social que impugna el camino hacia la secularización y el radicalismo frente a la multiculturalidad acelerada por las migraciones y los refugiados. En palabras simples, para el catolicismo occidental, Polonia significa la posibilidad de mirar en la devoción mariana, el martirio por persecución y en el sacrificado ministerio (Polonia tiene una larga lista de obispos y sacerdotes santos) un reducto cristiano que los jóvenes católicos de hoy están obligados a conocer y a preservar.

México aún registra un alto porcentaje de jóvenes (27.3% del total de la población) los cuales proporcionan un dinamismo y una riqueza importante a la sociedad, pero también sus necesidades de educación, trabajo y esparcimiento son todo un desafío. Muchos de los jóvenes que hoy se encuentran en Polonia para vivir la experiencia de la JMJ tienen que lidiar en su ciudad o estado de origen con la búsqueda de oportunidades. El sistema educativo patrocinado por el Estado ha corroborado una y otra vez la imposibilidad institucional de dar educación superior y media superior a toda la demanda actual de jóvenes; mientras que las modalidades de educación particular privada requieren de grandes inversiones para proveer opciones educativas a una mayor matrícula juvenil. La situación en el sector laboral para jóvenes no es más halagüeña: la precarización de las condiciones de trabajo, las cada vez menores responsabilidades patronales y la pulverización del sentido colectivo del trabajo mantiene en una efímera ilusión adquisitiva a aquellos que tienen trabajo y en una apática búsqueda de trabajos sin horizontes de estabilidad. Para la revista Forbes, el verdadero problema en el fenómeno de jóvenes que no estudian ni trabajan (llamados ninis) es que desistan definitivamente de buscar trabajo o de volver a las aulas.

Muchos de los jóvenes mexicanos optan por emprender sus propios proyectos alentados por los muchos testimonios de éxito e independencia; sin embargo, la gran mayoría de observatorios de negocios apuntan que apenas 8 de cada 100 proyectos logran mantenerse apenas tres años y, si a ese panorama se agregan variables como el crimen organizado, la violencia, la volatilidad en el mercado cambiario y la corrupción, los emprendedores tienen un panorama muy difícil. El camino fácil, sin embargo, se abre hacia la corrupción, el abuso y la criminalidad como procuradores de supervivencia.

A diferencia de la JMJ de 1991 que presidió Juan Pablo II también en Polonia (en Czestochowa concretamente), hoy la juventud ya no padece la división de bloques ideológicos y militares, ya han caído los altos muros de acero y concreto que partían al mundo en dos (aunque aún existan liderazgos que no lo comprenden). Logros en parte animados por el grito de libertad y el llamado a no tener miedo que Wojtyla insistió durante su pontificado. Hoy, la JMJ de Cracovia quiere desmontar nuevos muros alimentados de temor y de egoísmo, de consumismo y relativismo, de indiferencia y de insatisfacción (la tercera causa de muerte en menores mexicanos es suicidio). Y frente a los nuevos retos que enfrenta hoy la sociedad, la propuesta de Francisco es misericordia: “una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar sus almas, una mirada que sacia la profunda sed que demora en sus corazones jóvenes: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad”. Esperemos que eso sea suficiente para ese medio millón de jóvenes que volverán a sus países a intentar ponerla en práctica y para esos siete mil mexicanos que puedan compartir con sus connacionales que el futuro es mucho más que una salvaje supervivencia. @monroyfelipe

Solo con madurez, el espacio religioso puede promover la libertad

IMG_3553“Cuando comencé en esto, la religión aparecía muy de vez en cuando en los periódicos y siempre estaba ligada a la sección de sociales: se casaron fulanito y menganita, bautizaron al hijo de tal matrimonio, etcétera. Los ministros solo éramos ese sujeto sonriente en la fotografía, siempre con la casulla encima”. El comentario es de un veterano religioso mientras sigue las noticias.

El detonante de la charla es lo que publicamos el 16 de diciembre sobre el inicio de una nueva voluntad entre los líderes de Estados Unidos y Cuba para reanudar relaciones diplomáticas entre estas naciones profundamente distanciadas. En realidad, lo que llamó la atención al religioso es la preeminencia de la figura del papa Francisco en la concreción de acuerdos y en la búsqueda de los primeros pasos de una nueva etapa para ambos países. En ese momento recodamos las palabras del pontífice ante el parlamento europeo durante su visita a Estrasburgo y la repercusión política que causó su posicionamiento desde el Evangelio frente a las dinámicas contemporáneas de la política, el mercado y la globalización. Sucedió igual con su intervención entre los liderazgos de Palestina e Israel para buscar la paz, con su cercanía con personajes como José Mujica para denunciar el modelo de descarte humano, etcétera.

Pero no es solo el Papa. Obispos de todo el mundo, clérigos, miembros de la vida religiosa y movimientos laicales de inspiración cristiana llenan algunas páginas de los principales medios de comunicación desde su protagonismo en su contexto: Atención a migrantes, auxilio de frontera a enfermos, negociación para la construcción de paz o manifestaciones que buscan concretar en las políticas públicas los valores inalienables de la vida, el derecho humano, la libertad, la ética y la moral, hay un discurso religioso partícipe en ello. Algo de lo más reciente fue la Jornada “La Iglesia frente a la corrupción, la injusticia y la violencia” organizada por estudiantes e la Universidad Pontificia de México y que convocó a liderazgos poco cómodos para el Estado y la Iglesia misma. En el encuentro, académicos de mi propia casa de estudios, la UNAM, reconocían con vergüenza que una iniciativa así  –libre y plural- hubiera sido disuadida en nuestra universidad que se jacta de autonomía, pluralidad y vanguardia social. Sin embargo, paradójicamente, la libertad de asociación y manifestación fue posible en la universidad de los obispos de México, un centro educativo vinculado al Papa y a la Iglesia universal.

Por estos ejemplos, el hablar de la esfera religiosa y su servicio en las diferentes dimensiones sociales ha saltado de las páginas anecdóticas al horizonte político, cultural y económico de las sociedades.

Sin embargo, la inserción en la dinámica pública y política por parte de los miembros de las asociaciones religiosas requiere madurez para no confundir ni crear falsas expectativas de lo que significa ser una voz más en el concierto de opiniones con legítimo derecho de expresión y participación.

Adrien Candiard, fraile dominico, explica en el dossier de Religión y Razón de La Maleta de Portbou, que el fenómeno de integración de las religiones a la arena pública y mediática exige un cambio de principio de autoridad: “Expresar las diferencias desde la perspectiva religiosa no divide a la humanidad en muchas, sino que se trata de una humanidad común que comparte el uso de la misma razón. Cualquier opinión, incluso si es religiosa, es discutible desde la razón y negarla es respetar  una opinión pero no significa respetar a la persona que la sostiene. Si nos limitamos a manifestar nuestra creencia, invocamos una posición de superioridad basada en la experiencia, pero discutir con el otro es estar a su mismo nivel, solo así puedo demostrar que lo que piensa es falso y ese es un modo de tomar seriamente lo que el otro piensa. Intentar demostrar honestamente que el otro está equivocado significa también correr el riesgo de que se nos demuestre lo contrario. Exponer nuestras razones es correr el riesgo de mostrar en público la propia debilidad”.

En pocas palabras, el nuevo protagonismo de la Iglesia exige madurez, solo allí puede aportar para transformar y transformarse positivamente.

Católicos mexicanos hacen frente contra la crisis nacional

1415730646983Mientras el gobierno mexicano se empeña en acelerar la salida de una crisis social que ha visto situaciones dramáticas, los índices globales de percepción en la corrupción, violencia, injusticia social y desigualdad continúan ubicando al país apenas por encima de los peores lugares de sus encuestas y estadísticas. Para Transparencia Internacional, la corrupción en México califica con 3.1; la OCDE, mantiene muy por debajo de su promedio el nivel de desarrollo, justicia y orden social; y el Índice de Paz Global continúa ascendiendo al país en la escala de violencia.

Aunado a esto, México ha sido por segundo año consecutivo el peor país de América para ejercer el sacerdocio, la violencia ha cobrado la vida de al menos 36 mil personas en los últimos dos años, ocho ministros entre ellas. Para la Iglesia local es todo un reto la acción pastoral, los secuestros a sacerdotes crecieron 300% en el 2014 y las agresiones a agentes religiosos, religiosas y laicos también han sumado ya víctimas mortales.

Ante este panorama, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes y obispos del país han decidido “dar un paso al frente” no solo para reflexionar las causas y las consecuencias de la actual situación en México sino para coadyuvar en la generación de ideas, proyectos, movimientos y organizaciones que destinen sus esfuerzos para recuperar la paz.

La jornada pretende conjuntar voces y propuestas de líderes católicos que desempeñan labores de prevención, atención y auxilio en diferentes ámbitos de necesidades específicas en la construcción de paz.Animados por un grupo de estudiantes de la Universidad Pontificia de México, los directivos de la misma institución, el Centro de Estudios Ecuménicos, la Dimensión de Justicia y Paz del Episcopado Mexicano y la revista Vida Nueva México convocan a la jornada “La Iglesia frente a la corrupción, la injusticia y la violencia en México” que se realizará en la capital del país el 8 de enero.

Entorno a una mesa de diálogo en la que participarán los obispos Raúl Vera (Saltillo, Coahuila), Ramón Castro (Cuernavaca, Morelos), el sacerdote Alejandro Solalinde, el religioso dominico Miguel Concha Malo, la religiosa María de Jesús Zamarripa (Compañía de María) y el poeta y activista Javier Sicilia, se desplegará una exposición de organizaciones dedicadas a la reconstrucción del tejido social.

Junto a los expositores, algunas organizaciones darán talleres para sensibilizar frente a los dramas de las violencias y proveerán algunas técnicas de intervención positiva frente a la crisis social. En esa esfera de actividades denominada “El quehacer de la Iglesia. Acciones concretas de solidaridad y cambio” participarán organizaciones como el Albergue para migrantes Hermanos en el Camino, Asociaciones de Intervención en Promoción Comunitaria y Prevención Social de la Violencia, Centro Cáritas de Formación para la Prevención de Adicciones y Situaciones Críticas Asociadas, el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, Cooperamedia, Opción México, entre otras.

El momento central, sin embargo, será la mesa de diálogo entre distinguidos miembros de la Iglesia católica mexicana que desde su labor y oficio han desarrollado estrategias para enfrentar situaciones de corrupción, muerte y violencia que padece el país.

Los participantes de la mesa serán los obispos Raúl Vera y Ramón Castro. Raúl Vera ha sido distinguido con diversos reconocimientos internacionales por su labor de defensa de derechos humanos; por su parte Ramón Castro es el titular de la Dimensión de Justicia y Paz del organismo de los obispos mexicanos. Él mismo se ha manifestado públicamente en varias ocasiones para restaurar la paz en el estado de Morelos, donde se encuentra su diócesis Cuernavaca, y recientemente coordinó la publicación de manuales prácticos para desarrollar experiencias de paz en el país.

En la mesa participará también el sacerdote Alejandro Solalinde, distinguido defensor de los derechos de los migrantes y activo referente de una Iglesia involucrada en los dramas vigentes de la nación. El escritor y fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Javier Sicilia; y el religioso dominico, Miguel Concha Malo, responsable del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria. Completará el grupo la religiosa María de Jesús Zamarripa, secretaria general de la Confederación  Nacional de Escuelas Particulares, quien ha llevado al Congreso mexicano diversas iniciativas de educación integral preventivas al drama de la corrupción y la violencia.

La jornada se realizará en las instalaciones de la Universidad Pontificia de México, el día jueves 8 de enero desde las 9:30 horas y la entrada será abierta para todo público.