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Lecciones de periodismo para mundos confrontados

journalism.jpgEs triste, pero es un deber ético reconocer que hablar de religión provoca muchas tensiones y muy profundas discordias. Y no solo sucede cuando se confrontan las posturas de creyentes y no creyentes, sino entre creencias divergentes, dentro de las mismas convicciones y hasta en el corazón de una misma institución religiosa.

Ser testigo de tan sutiles conflictos y traductor para la sociedad de la relevancia que tienen dichas dinámicas para dar lecturas a destinatarios tan íntimos como la fe de una persona o tan públicos como la manifestación social de sus credos, no es un trabajo simple. Pero si esa difícil responsabilidad debe caer en alguien, más vale que sea en las de un periodista; y no de cualquiera, sino de un profesional capaz de amar la verdad aunque ésta siempre le sea esquiva.

El oficio exige compromisos que parecen mínimos, pero que se tornan enormes frente a ciertas circunstancias. En la Declaración Final del Primer Encuentro Internacional de Periodistas de Información Religiosa, realizado esta semana en Madrid, los amanuenses de la información que abordan los perfiles religiosos de este mundo coinciden en que el periodista debe “amar la verdad, vivir con profesionalidad y respetar la dignidad humana”.

Insisto, parece poca cosa, pero son muchas las tentaciones que orillan al periodista a simular el noble oficio y complacer así a formalismos vanos, instituciones pasajeras, personajes mortales o condescendencias cómodas. A veces, el periodista que ha perdido la brújula se convence de su superioridad y la defiende a ultranza.

Por eso llama mucho la atención que en su Declaración, el cuerpo de periodistas de información religiosa haya retomado las palabras que el papa Francisco dejó en su encíclica Laudato si’: “Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco”.

Como decía al inicio, hablar de religión provoca muchas discordias pero resulta esperanzador que los diferentes liderazgos internacionales en materia de periodismo religioso aceptemos que hemos tenido, en buena medida, parte de la responsabilidad para que esos aparentes abismos que existen entre partidarios de posturas contrarias sólo se ahonden y se enardezcan más.

Y creo que si los profesionales de la información religiosa (nicho despreciado en casi todas las naciones) pueden hallar vías para reencontrase con el verdadero servicio social que conlleva el oficio periodístico aún en esos temas de tal gravedad humana; los colegas del resto de tópicos informativos también pueden alzar la mirada y reencontrar en el oficio las claves del servicio que la ciudadanía requiere de ellos. A esto se comprometen este puñado de servidores de la información religiosa en un momento en que el propio pontífice máximo de la Iglesia católica es confrontado desde las almenas de altas catedrales y no debe ser minimizado ni instrumentalizado.

Que los periodistas evitemos ser utilizados como instrumentos ideológicos o políticos; que la búsqueda de la verdad la hagamos desde la honestidad, la transparencia, el rigor y la imparcialidad. Que nuestro trabajo busque siempre –denunciando y proponiendo- la igualdad, la justicia, la solidaridad, la libertad, la paz y el cuidado del ambiente. Que nuestra mediación favorezca el encuentro, la escucha, el diálogo, la sinergia y confrontación de ideas.

¿O no cree, querido lector, que usted merezca esto, cuando menos estos principios éticos y morales de los medios de comunicación que consulta –o que lo invaden en sus redes sociales-, y que hoy le presentan a terribles personajes políticos como los nuevos e inmaculados paladines de la democracia?

@monroyfelipe

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Terrorismo y radicalismo: Demasiada información, poca visión

OC 2Elija un tema, cualquiera de que se haya hablado en los medios de comunicación en las últimas semanas. Podría ser la rampante corrupción, la ineficiencia del gobierno, los errores de los liderazgos, el terrorismo y el fanatismo, cualquier servicio público al borde del colapso o affaire internacional. Quizá sea un tema que le ha interesado desde hace tiempo o quizá le tomó por imprevisto y ahora no puede dejar de pensar en ello.

Los medios de comunicación -con más y menos claridad de por qué lo hacen- despliegan constantemente sus esfuerzos para acercar a sus audiencias la mayor cantidad de información sobre el asunto o el fenómeno. La información se exhibe con celeridad y -en principio- con moderada precisión para ser consumida por la mayor cantidad de gente cercana al medio. La información no es neutral, no sólo responde a la línea editorial, carga ideológica o compromisos económicos del medio o sus directivos, también es claro que cada lector o espectador pertenece a un tipo de audiencia que comulga con la línea o la ideología del medio y por ello lo elige o se encuentra en el área de influencia del mismo.

Sin embargo, a pesar de proporcionar una gran cantidad de información, los medios no suelen ofrecer visión.

Entre las leyendas de los nativos americanos se cuenta que cierto jefe de una tribu entre las montañas convocó a sus posibles sucesores, los envió a una exploración a la más alta cumbre de la serranía y les solicitó que volvieran con un regalo extraordinario, el mejor de los cuales les daría derecho a asumir el liderazgo de la tribu. El primero regresó con la flor más hermosa que halló y el segundo volvió con todo lo que encontró por el camino y que pudo cargar en sus brazos. El tercero parecía llevar las manos vacías, pero portaba algo más valioso: la visión. Visión de una oportunidad mejor, de futuro y esperanza, de sentido y ruta para el porvenir de la tribu.

En estos días, mientras compiten por las audiencias, los medios de comunicación portan florituras atractivas en forma de noticias o saturan con información a las audiencias creyendo que con eso satisfacen no sólo las búsquedas de sus lectores sino, incluso, su responsabilidad social.

¿Pero, sólo para eso está la información? ¿Para llenarnos el ojo o para complacer nuestras dudas? ¿No hay una responsabilidad de los medios de comunicación y de sus profesionales para influir en la sociedad, generar cambios? ¿Y, si creen tenerla, en realidad la ofrecen a sus audiencias?

Lo que nos hace falta es visión. Altura de miras respecto al devenir cotidiano en todo lo que es noticia, que nos inquieta y que nos construye como sociedad.

Tomemos el caso de los atroces y viles actos de terrorismo en forma de atropellamiento masivo de peatones en Francia, Estados Unidos y España. El curso de esas noticias se convierte en asignaciones casi mecánicas y repetitivas en las redacciones del orbe: la devastadora crónica en vivo que provoca espanto e inquietud; la paulatina confirmación de primeras versiones, sospechas y testimonios; la declaración oficial de las autoridades; la búsqueda y presentación de los responsables; la búsqueda y presentación las víctimas y sus familiares; y las historias detrás de las víctimas. Cuando la historia comienza a enfriarse sólo quedan los análisis, las odiosas comparaciones, el desmenuzamiento de los porqués y las condenas que fijan la postura del medio y sus periodistas.

En cada episodio de estas tragedias perdemos la oportunidad de estar en la cumbre de la montaña y no mirar más allá de lo obvio. El tema del terrorismo, el racismo, el fanatismo y la seguridad internacional merece estudiarse con perspectiva de futuro, con visión: ¿A dónde queremos llegar? ¿Cómo haremos para lograrlo? ¿Qué tipo de sociedad podemos ser con el curso que toman los liderazgos políticos, económicos y culturales?

Sucede igual con otros temas como el de la volatilidad económica, la debilidad de las instituciones, los avances científicos y tecnológicos, o el sutil testimonio de una cultura en construcción: simplificando en maniqueísmos morales y absolutizando el fenómeno en bandos adversarios olvidamos dar espacio a la perspectiva.

Algunos dicen que la prensa y los medios de comunicación son la conciencia moral de la sociedad. Ahora voltee nuevamente a esos medios de información que consume cotidianamente, ¿qué tanta perspectiva o visión le ofrece esa conciencia sobre nuestro contexto y nuestro devenir? ¿Parece que sólo van persiguiendo los trenes que ya partieron o le ofrece una verdadera red de comunicación para poder transitar y convivir en el futuro?

@monroyfelipe

¿Cómo llegó ese video a mi whatsapp?

coberturaPasaba del mediodía del 18 de enero cuando a través de un mensaje de whatsapp recibí el fragmento de video de un circuito cerrado de televisión donde se ve a un adolescente entrar a cierto salón de clases con un arma de fuego y disparar contra un par de compañeros y su maestra; un par de segundos más tarde, él mismo detona pistola contra su sien. No tiene sonido. En la esquina superior, aparecen inmutables la fecha y el reloj con segunderos: 18-01-2017 08:51:24 y en uno de los muros del salón la malograda palabra “ONESTY”. Solo eso.

Soy periodista y desde las nueve de la mañana sabía el contexto. Junto a muchos colegas estuvimos al pendiente de los acontecimientos en el Colegio Americano del Noreste en Monterrey. La información fluía sin cesar y, por ello, por responsabilidad profesional, debía verificar el origen y la veracidad del video antes de contemplarlo como un material audiovisual legítimo. Una vez verificado, la siguiente responsabilidad fue preguntarse si se debe publicar este tipo de información o no. Y, en ese debate aún nos encontramos.

Sin embargo, quien me envió el video no es periodista y no trabaja en ningún medio, quizá pensó que, como yo sí, podría interesarme o hacerlo llegar a más gente. Personalmente decidí no divulgarlo pero me inquietó una pregunta: ¿Cómo llegó el video del crimen a mi whatsapp? Así que le pregunté a mi fuente cómo lo había obtenido él; me dijo que se lo había enviado alguien más –un primo-. Le pedí que le preguntara a su primo quién se lo había enviado. Dijo que lo había recibido de un compañero del trabajo quien a su vez lo recibió de un amigo periodista; pero el colega afirmaba que, a su vez, había recibido el video de un familiar que trabaja en el gobierno. En ese punto desistí en la misión de encontrar el origen del video y llegué a una reflexión: Aun si el medio para el que trabajo divulgaba el vídeo, seguramente no llegaría a tanta gente como ya había llegado en ese momento y como lo seguiría haciendo a cada segundo mientras en las redacciones nos debatíamos entre éticas y deontologías legales si se publicaba o no.

Esto es lo que debemos poner en perspectiva antes de abordar la ética profesional periodística que guarda un largo cuerpo de experiencia e investigación, pero no existe nada respecto a todo lo que sucede en redes sociales o aplicaciones de mensajería grupal.

 

Medios y ética

Como siempre sucede en eventos que estremecen y polarizan rápidamente a la opinión pública, es necesario hacer una valoración del deber de los medios de comunicación, así como de los usuarios particulares que generan y propagan información a través de múltiples redes.

El crimen del Colegio Americano del Noreste ha suscitado un nuevo debate sobre el papel que deben asumir los medios de comunicación y los usuarios de redes de información frente este tipo de acontecimientos.

Por un lado, se promueve un principio legal –vigente en México- que prohíbe claramente la difusión y divulgación de datos o registros personales de menores involucrados en crímenes; junto a ello, se cuestiona si, además de la ley, es necesario establecer principios morales –aduciendo respeto a las víctimas y a sus familiares- para evitar la difusión de imágenes crudas de violencia que poco aportan a la responsabilidad de mantener y mantenerse informados.

Por supuesto, hay otra perspectiva: Muchos medios de comunicación y usuarios se han manifestado contra la restricción y propugnan por el derecho y la libertad de transmitir entre sus audiencias tanto datos como detalles, registros fotográficos o audiovisuales, de crímenes de alto impacto social sin importar las condiciones ni ciertas atenuantes morales o legales tipificadas para ello.

Los argumentos de estos últimos no refieren “utilidad” o “necesidad” de la información comprendida como un servicio, sino como un crudo registro, real y verídico, de un acontecimiento en el cual la sociedad puede reflejarse y revalorar sus conductas.

El tema de la ética de la información se ha hecho más complejo porque se han diversificado casi al infinito las fuentes y los objetivos de la práctica informativa. De hecho, cualquier debate en el tema finalmente no alcanza a los particulares porque –aunque pueden hacerlo- no suelen tener conocimiento ni les interesa saber cuál es el principio que les garantiza su derecho a informarse y a compartir información; y tampoco tienen un objetivo para hacerlo.

Soy un periodista fraguado en nota roja y por tanto mi opinión es parcialísima. Reconozco que hubo veces, muchas, en que debí deshumanizar el crimen para digerirlo yo y transmitirlo a la audiencia; en el trabajo al pie de la víctima hay carne y vísceras, hay ley y castigo, hay causas y efectos, nada más. La audiencia se encarga del resto, de “ponerse en sus zapatos”, de “sentir otredad” o de “tener compasión”. Todo en comillas porque es tan fugaz como pasar a la sección de espectáculos.

Sin embargo, creo que el periodismo de nota roja ha tenido una función importante entre las sociedades pues modula los comportamientos excéntricos, es pura moral envuelta en primitivas advertencias. Esto no lo comprenden -no pueden comprenderlo- quienes creen que todos sus actos son actos de la razón; pero lo entiende nuestro cerebro primitivo, el que nos mantiene a salvo o nos engaña haciéndonos creer que lo estamos.

Hoy, la diferencia es que todos tienen oportunidad de fustigar con su personal moralidad los eventos sociales que llegan a su conocimiento, eventos que no saben cómo o porqué llegaron hasta ellos. Y esto es lo que requiere un análisis profundo porque están en juego principios básicos de realismo y causalidad en nuestro contexto social, de ello depende la cultura que se construye día a día. Una cultura que sí depende de la legislación (como fue la intención de limitar la difusión del video) pero que tiene sus raíces más profundas en las prácticas, las costumbres, la tradición y la narrativa cotidiana de nuestro sentido social. @monroyfelipe

La verdad oculta: consecuencias de la verdad

film2016En cartelera para este primer mes del 2016 se encuentran al menos tres películas que abordan crudamente el tema de la verdad; todas grabadas y producidas en 2015.  La Chica Danesa (Danish Girl), que relata la vida del pintor danés Einar Wegener quien en 1912 comienza a asumir su condición de mujer como Lili Elbe hasta someterse a riesgosas y experimentales cirugías que finalmente la conducen a la muerte. Elbe es reconocida como una de las primeras transgénero femeninas de la historia quien además de asumir cambios superficiales y físicos consiguió que la ley le reconociera en su nuevo nombre su identidad femenina. Asumir la verdad que Lili sentía en su persona le hizo renunciar a todo lo que implicaba ser Einar, incluso pintar, que era una de las pasiones de su personalidad masculina dejada atrás. En el papel de Elbe, el actor Eddie Redmayne (ganador del Óscar al mejor actor por La Teoría del Todo) trabaja más los matices del conflicto emocional que el del orgullo a la irreversible decisión.

En Primera Plana (Spotlight) recrea los acontecimientos en Boston durante la divulgación de los crímenes de abuso sexual contra menores perpetrados por ministros religiosos. A través de un grupo de periodistas de  The Boston Globe se realiza la investigación sobre una perniciosa complicidad entre autoridades de la Iglesia y las entrañas del sistema judicial para que los ministros queden impunes y las víctimas silenciadas.  La búsqueda de la verdad, sin embargo, no es un camino en línea recta y, si es honesta, dicha búsqueda no tiene como objetivo una meta, sino un servicio. Los riesgos de seguir las migajas de la verdad histórica no sólo se encuentran en quienes se oponen a la investigación sino a la complejidad de la realidad y de la naturaleza humana.

Finalmente, La Verdad Oculta (Concussion) cuenta el improbable suceso forense que es capaz de vulnerar toda la industria cultural del futbol americano. El médico nigeriano Bennet Omalu (con un Will Smith ligeramente sobreactuado) es un forense de Pittsburgh cuyos estudios sobre Encefalopatía Traumática Crónica revelan que los consecutivos y aparentemente inofensivos choques craneales (como los que invariablemente realizan los jugadores de futbol americano) desarrollan una serie de afecciones mentales graves a largo plazo, irreversibles y mortales. Sus investigaciones no sólo incomodan a los inversionistas del deporte favorito de los Estados Unidos sino que el conocimiento de la verdad y su necesaria divulgación tiene implicaciones más allá de las comerciales o políticas, afecta la alegría de las personas y algunas eligen no reconocer la verdad para, literalmente, seguir jugando.

Estos tres filmes están basados en sucesos reales y personajes verídicos; todos hablan sobre la verdad como la consecución lógica de lo que sentimos, creemos y conocemos. Pero la verdad no es una pieza de rompecabezas que ajusta perfectamente en un espacio vacío; la verdad puede ser esa ausencia, ilógica e irracional, pero absolutamente necesaria. Quien busca honestamente la verdad está dispuesto a sentirse sorprendido, cuestionado y vulnerado en sus más profundas creencias; está dispuesto a padecer la burla, la persecución y la amenaza de quienes creen ya haber alcanzado la verdad; y, finalmente, quien busca la verdad, está consciente de que aun cuando la necesiten, muchos optarán por no mirarla aunque por ello pierdan la vida.

Resulta interesante que estas tres películas coincidan en cartelera y que, a pesar de haber sido concluidas en la segunda mitad del 2015, sean exhibidas en México en el inicio el 2016. Parecen pedir a gritos que las audiencias reconozcan lo dramática y emotiva que puede ser la realidad, pero vivimos en la surrealidad total y nos hace falta más inverosimilitud para que creamos que algo es verdad. @monroyfelipe

Periodistas: Nuestro particular modo de interrogar

Carmen Aristegui

Carmen Aristegui / http://www.20minutos.com.mx

Como periodista siempre he tenido una primordial certeza respecto a la audiencia y los lectores: ellos nos eligen entre un abundantísimo sector únicamente porque junto a nosotros reafirman sus convicciones, sus prejuicios y sus inquietudes.

Esto, dicho llanamente, es “conectar con el auditorio” y encontrar en el público las alianzas que requiere todo aquel que se atreva a buscar y representar la verdad. Y aunque no sea la preocupación principal de los periodistas, siempre se puede percibir entre las líneas de las palabras, de los silencios y de nuestras intenciones. Esto que parece simple, es en realidad la dificultad más grande que tenemos los profesionales de la información: conocer y reconocernos en nuestro particular modo de interrogar.

Conozco hombres y mujeres que, en el mundo de los medios de la información, jamás se han reconocido en sus preguntas y ello no significa que no puedan ser exitosos. Suelen apegarse a un guión, a la información oficial y al cálculo de su prestigio entre sus aplaudidores. Sus audiencias los conocen y les patrocinan el continuar en esa tónica. Hay otros, muy pocos desafortunadamente, que no solo se preocupan por esa aprobación sino por su propia sorpresa, por herirse en un legítimo asombro y por reconocer los errores que la parcial percepción nos suele propiciar.

Sin embargo, aun entre los primeros hay grandes diferencias. Mientras para algunos periodistas sus audiencias son las altas esferas del poder, otros cultivan su alianza con la más humillada ciudadanía. Y allí es donde hay que saber reconocerse.

No me asombra lo sucedido con Carmen Aristegui, Daniel Lizárraga e Irving Huerta; tampoco lo escrito por Ciro Gómez Leyva o Ricardo Alemán. Es verdad que en este nuevo debate algunos opositores al ‘estilo Aristegui’ se han solidarizado con la periodista a título personal, pero tampoco eso es tan difícil de comprender cuando aquellos informadores han descubierto y saboreado las posibilidades del periodismo digital: más libre, más cercano y más significativo, frente al siempre cuestionable prestigio que da una empresa, las operaciones de sus dueños o de la necesidad de subsistencia corporativa.

Con todo, no por dejar de ser sorpresa me resigno a asumirlo como algo incontrovertible. Y el tema no se zanja solo por el centro sino por los costados.

¿Es verdad que hubo censura para acallar al equipo de investigaciones de Carmen Aristegui como resultado de una operación política y un acuerdo con el empresariado de MVS? ¿O se trata de un simple diferendo laboral cuya resolución compete únicamente a las condiciones que un empleador negocia con sus empleados? ¿Podría ser un poco de ambas? No lo sabemos, pero esas son las clase de preguntas que se deben hacer los periodistas, inquietudes en las que debe inmiscuirse para conocer la información de todas las partes posibles, horizontes que requieren puentes verdaderos en forma de documentación certera.

Con su trabajo, en su estilo y sus decisiones, Carmen ha labrado una mancomunidad con un gran sector de las audiencias, con liderazgos sociales, con su equipo, sus socios y sus confidentes. Lo vimos. No suele ser común que cuando un periodista termina su relación de confianza con la empresa que lo acoge, el público y sus amigos le sigan y abandonen el ‘prestigioso medio’. No solo los comentaristas, analistas y empleados de MVS dejaron a la empresa que, juzgan, no dio razones válidas de sus procedimientos; también la audiencia le ha dado la espalda a la compañía: 30 mil unfollows en cuatro horas tras la salida del equipo según se consignó.

¿Manipulados? Podría ser, pero ¿eso es lo que un periodista pensaría de su propia audiencia? ¿Creería tener la capacidad de controlar así a sus seguidores? ¿Esa es la clase de respeto que merece nuestro público?  Prefiero pensar en la posibilidad de madurez y libertad ciudadana, porque esos son los valores que espero alcanzar con mi ejercicio profesional.

Reitero en la idea de esa fuerte asociación que existe entre el periodista y su audiencia, porque cuando un informador ya no puede ser dominado entre los límites que impone un modelo político o económico, la sociedad tampoco. @monroyfelipe

Aplaudir o censurar; mientras, armas

rapidoEn un país con un ín­dice de lectura por los suelos, el libro del periodista Manuel Buendía La CIA en México llegó a vender más de 10,000 ejem­plares en los primeros meses tras su lanzamiento en 1983. La razón: el periodista había reunido en largos años de in­vestigación un esquema bas­tante completo de los agentes norteamericanos directivos, estrategas y operativos que mantenían funciones en Mé­xico a pesar del estricto marco de soberanía que reclamaba la República en sus leyes y estatutos.

Como se sabe, Buendía fue asesinado el 30 de mayo de 1984 y la investigación del caso llegó a tener 298 hipó­tesis de autores intelectuales y 58 de posibles autores ma­teriales del crimen. Algunas de ellas apuntaban a los agen­tes de Estados Unidos. En 30 años, la presencia de agentes extranjeros armados en te­rritorio mexicano no ha sido ajena a las autoridades. In­cluso en 2103, Manuel Bart­lett -quien fuera secretario de Gobernación en los años 80- denunció la “invasión” de agentes de la CIA y la DEA en territorio nacional.

Pongo esto en contexto por­que el 24 de febrero pasado, el presidente Enrique Peña Nieto envió una iniciativa al Congreso de la Unión para modificar la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos para atender dos “reciprocidades internacionales”. Una: que agentes aduanales de Es­tados Unidos puedan portar armas de fuego en territorio mexicano para labores de vi­gilancia en centros de expor­tación y, dos: que agentes de seguridad de jefes de estado, jefes de gobierno, ministros o equivalentes puedan portar en México revólveres o pistolas de funcionamiento semiau­tomático cuyo calibre no sea mayor a .40 pulgadas.

Extraña iniciativa hace re­cordar el proyecto Gunrunner y el operativo Rápido y Furioso que implementaron el sexenio anterior el Departamento de Justicia y la Oficina de Control de Tabaco y Armas de Fuego de EU cuyo plan dejó pasar casi 2,000 armas de fuego al país para “rastrear cárteles y células del crimen organiza­do”. Esas armas terminaron matando a muchas personas durante la Guerra contra el Narco emprendida por el pre­sidente Felipe Calderón.

Como casi todas las iniciati­vas presidenciales, parece que ésta también pasará casi sin modificaciones por la Cámara de Diputados y quizá tenga la misma suerte en el Senado; aún más, podría ser una de las primeras reformas alcanzadas por la próxima legislatura cuyos representantes estarán votando los mexicanos el 6 de junio entrante.

Lo inquietante es el origen de la iniciativa. En el fondo, es un reclamo internacional a México ante la imposibilidad de garantizar la seguridad de sus líderes e intereses en nues­tro territorio y es carta abierta para que ellos mismos salva­guarden esta garantía.

“Ya sé que no aplauden” murmuró Peña Nieto frente a los reporteros tras una rueda de prensa hace unas semanas. Habrá que recordarle el dis­curso del periodista Francisco Martínez de la Vega, cuando recibió la medalla al mérito cívico seis meses después del asesinato de Buendía: “El pe­riodismo bien concebido es el que aplaude sin cortesanía y censura sin injurias”. @monroyfelipe

Comunicación como auténtico encuentro

vnm69Del 13 al 16 de octubre, nos encontramos en la Provincia de Acapulco para participar en el XII Encuentro Nacional de Pastoral de la Comunicación cuyo primordial objetivo es mirar hacia los nuevos escenarios donde se experimenta la adquisición, transmisión y correspondencia de una cultura de la información y que, al mismo tiempo, transforma la vida cotidiana de millones de seres humanos.

Bajo el lema Comunicación al Servicio de una Auténtica Cultura del Encuentro, la Comisión Episcopal de Pastoral de la Comunicación busca en este encuentro –además de poder compartir experiencias desde las diferentes trincheras de la información se han acumulado en los servicios que periodistas, fotoreporteros, camarógrafos, administradores de portales y sitios web de noticias, etcétera- proveer técnicas, herramientas, servicios y conocimientos para enfrentar el gran reto de comunicar en la era digital.

Este es el vigésimo segundo encuentro entre los responsables de información y comunicación de las diócesis, con lo cual se confirma la importancia en la profesionalización que las diferentes circunscripciones particulares han puesto en la ruta del diálogo y encuentro con las culturas.

El reto de los comunicadores no es solo el de proponer la verdad y la realidad bajo el análisis de nuevas configuraciones tecnológicas o sociales sino el de reflexionar desde dónde aquellas configuraciones pueden construir puentes para resarcir fenómenos como la corrupción, la desconfianza, la desesperanza y la mentira.

Frente a ese complejo horizonte, compartimos dos convicciones: la  del periodista Alex Grijelmo quien apunta que “la mentira imposibilita toda comunicación leal” y la del escritor Carlos Monsiváis quien acuciaba a desterrar la creencia de que “la información es poder”.

La comunicación leal se hace solo con la verdad y la información es un servicio. Estas son dos condiciones sin las cuales no hay ejercicio periodístico o informativo verdaderamente digno, responsable y solidario. Por desgracia, muchas veces advertimos que la verdad y el servicio son, podríamos figurar, los dos remos de una barcaza en un océano de información, donde buques, trasatlánticos y submarinos nucleares avasallan con poder, prepotencia y desprecio. Pero la navegación no se hizo para hombres o mujeres temerosos, ni para aquellos que confían demasiado en sus propios aparejos. Además, la historia enseña que hasta un simple leño está convocado al inmarcesible sino del ejemplo.

Gracias a la oportunidad y la convocatoria del presidente de la CEPCOM, Luis Artemio Flores, obispo de Tepic, y a la hospitalidad del arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos, es que al menos un centenar de profesionales de la comunicación provenientes de varios rincones del país estarán llegando a un puerto donde realimentarse del primer deseo de su oficio comunicador: compartir. Compartir desde la incesante lucha contra la mentira y desde sus heroicos esfuerzos por sobrevivir.

Y, sin embargo, no es este –como ningún otro- un puerto tranquilo. Desde hace ya varios años en esta ciudad y estado federado se han testimoniado una serie de eventos que laceran y vulneran la posibilidad de confianza y de encuentro. La violencia en casi todas sus trágicas expresiones se ha manifestado en esta región bajo una no siempre eficiente ni honesta vigilancia de las autoridades. La descomposición del orden social en el que incluso los supuestos democráticos, representativos, de justicia, paz y equidad son fuertemente cuestionados hace más urgente la propuesta de una comunicación al servicio de una auténtica cultura de encuentro.

Finalmente, hay que mencionar que este encuentro de comunicadores se suma a otros grandes esfuerzos por compartir el camino de diálogo con las culturas presentes en el país. Por ejemplo, en la diócesis de San Cristóbal de las Casas, también se testifica una cumbre para analizar la teología indígena y, en la ciudad de Puebla de los Ángeles, los especialistas en bienes muebles e inmuebles de arte sacro fueron convocados para el Taller de Bienes Eclesiásticos Mexicanos cuyo interés es preservar y mejorar los diferentes acervos artísticos e históricos de temática religiosa en México.