Juan Pablo II

El mercado de los oráculos: los adivinos hacen negocio

prediction-010912l_2Sobre adivinos y charlatanes bien se dice que, aunque no sean muchos, bastan dos para que cundan como multitud. Es un fenómeno que ha acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales y que, en ocasiones, busca revestirse de ‘don profético’; pero –como explica la tradición judeo-cristiana- los así llamados adivinos se revelan básicamente por su ambición y el deseo de darse a notar para alcanzar ganancias.
En cada oportunidad que tienen, los supuestos adivinos ‘profetizan’ acontecimientos que van desde hechos irrelevantes hasta terribles visiones apocalípticas. Entre la farándula, por ejemplo, son conocidas las personalidades que, cada año, hablan de las bodas, divorcios, nacimientos y muertes que los ‘famosos del espectáculo’ experimentarán en un futuro no muy lejano. Por supuesto, las empresas que respaldan a estos personajes los presentan como “videntes infalibles” y soportan su “credibilidad” por hacer predicciones tan certeras como: “Alguien importante va a morir”. Estos ‘videntes’ cobran sus servicios dependiendo de la fama que los medios de comunicación les hacen; según una fuente que prefiere permanecer en anonimato, dichas ‘consultas’ pueden llegar a costar más de 500 dólares.
Por otro lado, están los que adoptan el ‘oficio apocalíptico’. Van por aquí y allá sembrando visiones terribles del fin del mundo. Ya sean inundaciones, terremotos, fenómenos sobrenaturales o castigos divinos por el comportamiento humano. A estos se les advierte pronto por el tono de predicador que utilizan para sus ‘advertencias’ y porque hablan como si tuvieran una de las trompetas del fin del mundo. Por si fuera poco, hacen de francotiradores de la moral y paladines de la justicia. Enfundados en su papel, dicen rechazar ganancias y títulos, pero sus juicios no son inocentes y también están marcados por la fama pública que usufructúan a su favor. Entre el 2008 y el 2011, por ejemplo, se filmaron cinco películas y tres cortometrajes sobre el supuesto fin del mundo del 2012 profetizado por el calendario maya. La mayor producción tuvo un presupuesto de 200 millones de dólares, logrando recaudar el mismo monto en taquilla.
Aunque pareciera inverosímil, el supuesto fin del mundo del 2012 convenció al 22% de los norteamericanos y a 15% de la población mundial según una encuesta realizada por Ipsos Global Public Affairs para Reuters. Por si fuera poco, la agencia de noticias reportó que en países como Polonia y Rusia se habían incrementado los ataques de ansiedad entre la población provocados por el ‘apocalipsis maya’.

Aprovecharse de la preocupación
Hay que insistir que en ambos casos, los promotores de las charlatanerías no son inocentes, engañan flagrantemente al prójimo y pueden provocar situaciones de abuso indescriptibles. Por ejemplo, durante el ‘apocalipsis maya’ un empresario chino vendió boletos para su particular ‘arca de Noé’ con precios de hasta ochocientos mil dólares; una empresa de construcción ‘puso en oferta’ sus bunkers para el fin del mundo; el gobierno francés debió disolver concentraciones de personas en una montaña famosa quienes habían pagado por estar allí porque “les habían dicho que una nave espacial bajaría justo allí y salvaría a un puñado de elegidos”; o, por otro lado, agencias de viaje en Guatemala, México y Turquía aprovecharon el fenómeno mediático para patrocinar con engaños oportunidades de turismo.
El fenómeno se desbordó a tal grado que incluso la NASA decidió involucrarse desmintiendo el alarmismo apocalíptico debido a que sus astrofísicos recibían mensajes de gente que pensaba quitarse la vida ante el supuesto fin del mundo.
Al final, aunque parezca obvio el daño que provocan los supuestos adivinadores y videntes, no siempre existen las leyes que castiguen a estos charlatanes.

¿Por qué tienen éxito?
El controversial matemático John Allen Paulos, autor de “Más allá de la aritmética. Cavilaciones de un matemático”, denomina el fenómeno como ‘Efecto Jean Dixon’ el cual tiende a crear una tendencia que da mayor importancia a las ‘profecías cumplidas’ mientras ignora las fallidas, aunque estas últimas sean muchas más.
Jean Dixon fue una famosa ‘astróloga’ norteamericana quien supuestamente predijo el asesinato de Kennedy y el atentado contra el papa Juan Pablo II. Allen estudió el caso y resolvió con una ecuación el éxito del fraude: “Imaginemos que un hombre escribe a 64,000 personas con una predicción sobre el mercado. A la mitad de ellos les afirma que subirá y a la mitad que bajará. Sin importar qué suceda, él envía otra carta pero sólo a las 32,000 personas con la predicción ‘correcta’. Entonces, a 16,000 personas les predice otra vez que el mercado subirá y al resto, que bajará. Nuevamente, sin importar qué pase, el hombre tendrá a 16,000 personas que ahora confiarán ciegamente en él porque ha hecho dos predicciones correctas al hilo”. Al final no importa que 48,000 personas sepan que el ‘adivino’ sea sólo un charlatán, las 16,000 personas con dos predicciones correctas bastan para que la estafa surta efecto.

¿Fraude o no?
Por desgracia, son pocos los códigos penales en México que tipifican la quiromancia, la adivinación y el espiritismo como delito. Sonora y San Luis Potosí, por ejemplo, son los únicos estados que califican como delito de fraude: “Toda aquella acción realizada para obtener un lucro indebido que explota las preocupaciones, las supersticiones o la ignorancia de las personas, por medio de supuestas evocaciones de espíritus, adivinaciones o curaciones u otros procedimientos carentes de validez técnica o científica”. El resto de los estados no tienen artículos tan específicos sobre este tipo de fraude.
La gran mayoría de los ciudadanos se encuentra en tal indefensión que en el 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación tuvo que desechar el recurso de apelación que interpuso un grupo de adivinos llamados “los Hermanos Kendall” sobre sus actividades ilícitas en el estado de San Luis Potosí (de la que habían generado ganancias del orden de 600 mil pesos). La queja de los ‘adivinos’ se sustentaba en que, en la mayoría de los estados de la República, su actividad no es considerada fraudulenta ni ilícita pues está justificada en las creencias de la gente. El ministro Arturo Saldívar explicó entonces en su sentencia que la prohibición de este tipo de actividades “no está enfocado a la práctica espiritual o ideológica en sí misma, sino al engaño fraudulento que se da en la falsa oferta de realizar adivinaciones, evocaciones o curaciones, que tiene como consecuencia un traslado patrimonial al explotar las preocupaciones, supersticiones o ignorancia de la víctima, causándole un detrimento en su patrimonio”. Finalmente, aunque la SCJN confirmó en legalidad al código penal de San Luis Potosí, no se creó jurisprudencia suficiente para que el resto del país asuma a la adivinación como un delito. Así que, por lo pronto, la ciudadanía debe tener suprema prudencia frente a locales de lectura de manos, cartas, tarot, adivinación, curación milagrosa, brebajes mágicos, hechizos y limpias sobrenaturales. Está advertido. @monroyfelipe (Publicado en El Observador)

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Francisco, el Papa de la ‘buena onda’

2013891Francisco sigue dinamitando las peanas de cristal donde cierta raigambre católica había ya hecho su morada. Y, por ello, ya no son pocos los miembros de ese “círculo rojo eclesiástico” que no dudan en cuestionar abiertamente los gestos, lenguajes y hasta fundamentos teológicos del pontífice argentino.

Los amantes de las conspiraciones ideológicas, llaman a este fenómeno un conflicto entre los partidarios del conservadurismo de ancestral abolengo católico y los progresistas que impulsan una reforma de actitudes cristianas desde las últimas periferias sociales y culturales. El fenómeno, sin duda, ha alcanzado verdaderas problemáticas institucionales ventiladas ante la opinión pública (como las sendas cartas enviadas al Papa por dos grupos de cardenales distintos entre 2015 y 2016 para insinuarle su error en la toma de decisiones y en su aproximación a la teología y el magisterio); pero su verdadera esencia parece no estar en los detalles sino en el contexto.

En marzo de 1983, desde Puerto Príncipe en Haití, el papa Juan Pablo II compartió con los obispos latinoamericanos presentes una idea hasta ese momento inédita para la Iglesia católica –y ciertamente polémica- sobre “una evangelización nueva, en su ardor, en sus métodos y en su expresión”. El pontífice polaco emitía así su interés por que los principios y elementos del mensaje cristiano encontraran su propio camino en el inescrutable milenio que se acercaba.

No fue sino hasta 2010 cuando su sucesor Benedicto XVI instituyó formalmente el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y recordaba constantemente que se debían buscar “medios y lenguaje adecuados” para proponer el sentido de la fe a quienes se han alejado de ella. Su mensaje ante los cardenales, obispos y expertos de dicho Consejo refleja la gran preocupación del pontífice alemán por los métodos con los que la Iglesia católica bimilenaria podría aportar en un mundo donde se había diluido su peso cultural y el escenario ya no era el futuro incierto planteado su predecesor sino en el incontrovertible hoy y ahora de la realidad: “En las décadas pasadas –decía Ratzinger- todavía era posible encontrar un sentido cristiano general que unificaba el sentir común de generaciones enteras, crecidas a la sombra de la fe que había plasmado la cultura. Hoy, lamentablemente, se asiste al drama de la fragmentación que ya no permite tener una referencia unificadora; además, se verifica con frecuencia el fenómeno de personas que desean pertenecer a la Iglesia, pero que están fuertemente plasmadas por una visión de la vida en contraste con la fe”.

A Francisco, como a cualquier pontífice que hubiera sido electo en 2013, le corresponde lidiar con ese contexto, pero no es el único que debe hacerlo. No son pocos los obispos que constatan esta realidad en sus propias diócesis, incluso de lugares donde el catolicismo forma parte de la cultura, el lenguaje y las tradiciones del pueblo. Durante una reunión en la Ciudad de México, el arzobispo de León (una de las regiones en México de catolicismo de gran solera), Alfonso Cortés Contreras, confiaba a sus interlocutores lo fácil que es aprovechar la inercia de tradiciones católicas en su grey pero el mayúsculo desafío que implica entretejer verdaderos valores cristianos significativos y trascendentales en dichas inercias. Dicho en otras palabras: las prácticas culturales católicas pueden ser muchas y muy arraigadas, pueden estar revestidas de símbolos que alguna vez significaron algo, pero bajo las cuales ya no fluye ni un riachuelo del manantial evangélico.

Quizá esa sea un esbozo de respuesta a la constante pregunta que los últimos nuncios en México se hacen sobre el país: “¿Por qué un país con una población tan católica, tan fiel, tenga niveles de violencia así?”

Esto, pensando en los pueblos que conservan esos castillos simbólicos del catolicismo, pero ¿qué hay de esos otros países y sociedades donde ni siquiera se asoma la cruz en la vida cotidiana?

Quizá por ello es que Francisco arriesga, se expone al error, se compromete “como el chancho con el jamón”, al escribirle a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena que “si no reza, piénseme bien y envíeme buena onda”. O, cuando escribió a la madre del músico Gustavo Cerati quien aún permanecía en un prolongado coma: “es difícil decir algo frente a la relación tan sagrada como es la de la madre con un hijo”; o en su carta al juez Eugenio Zaffaroni: “rece por mí, porque lo necesito bastante”; o el texto que envió a la niña Paolina Libraro que agonizaba de cáncer: “Uno mis manos a las tuyas y a las de aquellos que están rezando por ti. De esta forma haremos una larga cadena que, estoy seguro, llegará al cielo”. ¿Por qué recojo estos casos? Porque sólo los destinatarios saben lo personal que han sentido las palabras del Papa, saben que han recibido la carta cálida e íntima de un creyente; firmada con la franqueza y el error que la amistad agradece y perdona.

Esto, insisto, es lo que el contexto contemporáneo exige a cualquier cristiano y por supuesto al pontífice máximo; es una fortuna la naturalidad y la sencillez con la que Jorge Bergoglio se inclina sobre ese abismo y sonríe con plena confianza. Una apuesta a esa  “Evangelización nueva”: en sus métodos, en su ardor y en su expresión. @monroyfelipe

 

7 mil jóvenes mexicanos en Polonia, ¿qué llevan, qué encontrarán?

13698209_811947085572809_3259879454799805308_oA partir de este 26 de julio y hasta fin de mes la ciudad de Cracovia, Polonia, recibirá el encuentro juvenil bienal que la Iglesia católica propone para refrescar y dejarse rejuvenecer por las nuevas generaciones que abren paso en el siglo. Las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido, en cada sede donde se realizan, una oportunidad de mostrar el rostro joven de la Iglesia y renovar un deseo del papa Juan Pablo II: que los jóvenes cristianos se redescubran en la alegría, la sorpresa y la audacia de construir mundo haciendo a un lado el desánimo, el inmovilismo y el miedo provocados por los muchos flagelos de la sociedad contemporánea.

Aunque en esta edición se han registrado más de medio millón de jóvenes peregrinos a la JMJ de Cracovia, resulta interesante que al menos 7,000 de ellos serán mexicanos. Son muchas las delegaciones de sacerdotes y jóvenes que comenzaron su peregrinar veraniego hace algunas semanas. Han partido en grupos compactos desde sus localidades y en Polonia se reencontrarán con sus connacionales. Algunos lo hacen ya a través de grupos en redes sociales, utilizan las etiquetas #JovenesDeMéxico y #YoVoyaCracovia para compartir imágenes de su periplo y de los encuentros que van teniendo en el camino. En la próxima semana, los jóvenes acudirán a los centros de acogida, las catequesis generales en parroquias, las peregrinaciones a santuarios y a las actividades festivas y celebrativas de la JMJ presididas por el Papa.

Estos jóvenes peregrinos a la JMJ de Cracovia ya no son la famosa generación Juan Pablo II, pero irán “a donde todo comenzó” para el pontífice que dio perfil a la segunda mitad del siglo XX. A su país, a su casa, a su sede arzobispal donde aprendió a ser pastor y a confiar en que su ser cristiano puede transformar el mundo. Eso es lo que encontrarán los jóvenes en Cracovia, la tierra que Juan Pablo II fue animando como sacerdote, obispo y como pontífice en las siete visitas apostólicas, el sitio que se erige como un nuevo centro de peregrinación hasta donde ya han acudido el papa Benedicto XVI en mayo del 2005 y ahora Francisco este mes.

Los jóvenes encontrarán en Cracovia uno de los pilares que la Iglesia católica conserva en el Viejo Continente. Una resistencia de tradición y eclesialidad en la frontera del este europeo, un dique de cristiandad, historia y organización social que impugna el camino hacia la secularización y el radicalismo frente a la multiculturalidad acelerada por las migraciones y los refugiados. En palabras simples, para el catolicismo occidental, Polonia significa la posibilidad de mirar en la devoción mariana, el martirio por persecución y en el sacrificado ministerio (Polonia tiene una larga lista de obispos y sacerdotes santos) un reducto cristiano que los jóvenes católicos de hoy están obligados a conocer y a preservar.

México aún registra un alto porcentaje de jóvenes (27.3% del total de la población) los cuales proporcionan un dinamismo y una riqueza importante a la sociedad, pero también sus necesidades de educación, trabajo y esparcimiento son todo un desafío. Muchos de los jóvenes que hoy se encuentran en Polonia para vivir la experiencia de la JMJ tienen que lidiar en su ciudad o estado de origen con la búsqueda de oportunidades. El sistema educativo patrocinado por el Estado ha corroborado una y otra vez la imposibilidad institucional de dar educación superior y media superior a toda la demanda actual de jóvenes; mientras que las modalidades de educación particular privada requieren de grandes inversiones para proveer opciones educativas a una mayor matrícula juvenil. La situación en el sector laboral para jóvenes no es más halagüeña: la precarización de las condiciones de trabajo, las cada vez menores responsabilidades patronales y la pulverización del sentido colectivo del trabajo mantiene en una efímera ilusión adquisitiva a aquellos que tienen trabajo y en una apática búsqueda de trabajos sin horizontes de estabilidad. Para la revista Forbes, el verdadero problema en el fenómeno de jóvenes que no estudian ni trabajan (llamados ninis) es que desistan definitivamente de buscar trabajo o de volver a las aulas.

Muchos de los jóvenes mexicanos optan por emprender sus propios proyectos alentados por los muchos testimonios de éxito e independencia; sin embargo, la gran mayoría de observatorios de negocios apuntan que apenas 8 de cada 100 proyectos logran mantenerse apenas tres años y, si a ese panorama se agregan variables como el crimen organizado, la violencia, la volatilidad en el mercado cambiario y la corrupción, los emprendedores tienen un panorama muy difícil. El camino fácil, sin embargo, se abre hacia la corrupción, el abuso y la criminalidad como procuradores de supervivencia.

A diferencia de la JMJ de 1991 que presidió Juan Pablo II también en Polonia (en Czestochowa concretamente), hoy la juventud ya no padece la división de bloques ideológicos y militares, ya han caído los altos muros de acero y concreto que partían al mundo en dos (aunque aún existan liderazgos que no lo comprenden). Logros en parte animados por el grito de libertad y el llamado a no tener miedo que Wojtyla insistió durante su pontificado. Hoy, la JMJ de Cracovia quiere desmontar nuevos muros alimentados de temor y de egoísmo, de consumismo y relativismo, de indiferencia y de insatisfacción (la tercera causa de muerte en menores mexicanos es suicidio). Y frente a los nuevos retos que enfrenta hoy la sociedad, la propuesta de Francisco es misericordia: “una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar sus almas, una mirada que sacia la profunda sed que demora en sus corazones jóvenes: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad”. Esperemos que eso sea suficiente para ese medio millón de jóvenes que volverán a sus países a intentar ponerla en práctica y para esos siete mil mexicanos que puedan compartir con sus connacionales que el futuro es mucho más que una salvaje supervivencia. @monroyfelipe

Pedir perdón a los gays ¿por qué unos sí quieren y otros no?

Papa-dice-que-cristianos-deben-pedir-perdón-a-homosexuales_369x274_exact_1467038001Pedir perdón está en el corazón de la religión judeocristiana, al menos en los textos sagrados: perdonar setenta veces siete, pedir perdón por nuestras ofensas y poner la otra mejilla. Pero quizá no todos compartan la misma lectura a las palabras del papa Francisco sobre pedir perdón, en nombre de la Iglesia, a todas las personas que han sentido una agresión o exclusión, incluidas a las homosexuales.

Para el registro hay que recordar que Francisco no es el primero en pedir perdón en nombre de la Iglesia por errores concretos que fueron cometidos por sus miembros en situaciones históricas y culturales particulares. Juan Pablo II, en el año 2000, durante una ceremonia, pidió perdón por la intolerancia, la violencia contra los disidentes, los abusos en las Cruzadas y en la Inquisición; perdón por la presteza en excomuniones, persecuciones y divisiones; perdón a los judíos; perdón por las ofensas contra el amor, la paz y los derechos de los pueblos; perdón por no respetar a las culturas, la dignidad humana, a las mujeres, los indígenas, las diferentes razas y los derechos humanos excluidos y marginados.

En 2010 Benedicto XVI pidió perdón a las víctimas por los actos de pederastia cometidos por ministros o miembros de la Iglesia; y este año Francisco pidió perdón en Chiapas a los indígenas por la exclusión y el maltrato de sus tierras.

Visto de una manera simple, pareciera que los pontífices van por el mundo de puntillas excusándose frente a los hombres por todo lo malo que la Iglesia ha hecho sobre sus pueblos. Y en esta lectura, varios cardenales, obispos y ministros se preguntan si ellos también deberían pedir perdón. La duda no es banal: algunos creen que no tendrían de qué pedir perdón si personalmente no han cometido agresión alguna (sería falsa humildad) y, además, en varias regiones del mundo, la agresión contra creyentes no es censurada, incluso en algunos espacios es fomentada. Lo cual parecería forzar a los cristianos y a los creyentes a pedir perdón prácticamente por existir. Así, mientras la sociedad usufructúa los servicios culturales y humanitarios de los creyentes (hospitales, escuelas, comedores, tradiciones, procesiones, recintos religiosos artísticos, etc), estos no tienen derecho a expresar su opinión ni su convicción y, si lo hicieran, estarían obligados a pedir perdón.

En América y en África ya se han alzado algunas voces que no comparten la actitud del papa Francisco o del cardenal Reinhard Marx (quien fue el primero en desatar el tema en el marco del día del orgullo LGBTTTI), es el caso del cardenal africano Wilfrid Fox Napier quien lamentó que “lo políticamente correcto sea la mayor herejía de hoy”; “A los cristianos –sintetiza una periodista católica mexicana- nos exigen que pidamos perdón por opinar de una manera diferente al resto”.

A esto es lo que Jorge Traslosheros investigador de la UNAM o el director de comunicación del Arzobispado de México, Hugo Valdemar, han llamado ‘cristianofobia’ y está fomentada desde lo institucional, lo mediático y lo cultural. Una actitud discriminatoria que aplaude las consignas antirreligiosas contra ministros y cristianos en manifestaciones públicas pero censura la opinión religiosa colocándola en el mismo saco junto al fanatismo, la intolerancia y el odio. En el plano institucional, por ejemplo, reconoce y respeta que la embajadora de EU, Roberta Jacobson, participe en la marcha del orgullo gay pero censura –y sanciona- que el embajador del Vaticano participe en manifestaciones a favor de la familia.

En efecto, muchas actitudes y acciones de creyentes en Occidente aún están alimentadas por la soberbia de saberse los elegidos, la exclusividad de Dios, el privilegio de la última ciencia, la ofuscación por la posesión de la única absoluta verdad y el alucinante derecho de anatemizar y juzgar a todo aquel que disienta. Por estas actitudes, algunos liderazgos católicos están pidiendo perdón.

Ahora, a esperar que se acepten las disculpas; también se necesita gran humildad para ello y reconocer la dignidad compartida con quien está tendiendo la mano. Entonces veremos quién valora realmente la diversidad de pensamiento y la superior dignidad de las personas. @monroyfelipe

La canonización va por la persona no por el pontificado

santsHenri Nouwen apuntó que una de las áreas primordiales de la teología es encontrar palabras que no dividan sino que sumen, que no creen conflicto sino unidad y que no lastimen sino que curen. Renace este deseo en el seno de la Iglesia con la canonización de dos de los pontífices más trascendentes para el catolicismo y su relación con el universo moderno: Juan XXIII y Juan Pablo II.
El primero, italiano proveniente de una realidad aún rural que se veía avasallada por severos cambios de paradigmas sociales y culturales, Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II, una experiencia que cimbró la estructura de la Iglesia en su estilo, su práctica y su autopercepción sobre su participación en la misión que le ha sido encomendada. Y cuyo espíritu ha alimentado las fuerzas vivas de la Iglesia en el último medio siglo.
El segundo, de origen polaco, testigo y sufriente de la transformación política y económica en su nación y en el orbe, Karol Józef Wojtyla, Juan Pablo II, concretó a lo largo de su pontificado modelos de gobierno, evangelización, misión y encuentro con las realidades sociopolíticas. La vigilancia, disciplina, animación y sacrificio del camino elegido para el cristiano como signo de contradicción en el mundo entusiasmó al mundo entero y colocó a la Iglesia católica como un interlocutor indispensable en la búsqueda por la construcción de sociedades humanitarias y libres.
Juan Pablo II llega a los altares, distinguiendo su experiencia de fe y de pastor en el libro de los santos; sin embargo, para el pueblo el Papa Wojtyla ya era santo y lo exigió así a la Iglesia que sirvió y a su sucesor el papa Benedicto XVI quien respondió al grito unísono de “¡Santo subito!” concediendo la excepción pontificia para iniciar su proceso de canonización sin esperar los cinco años que prescribe la reglamentación de la Congregación para los Santos. Por su parte, Juan XXIII también es inscrito en el Canon de los santos por una concesión pontificia que el papa Francisco solicitó para eximir del estudio y comprobación de un segundo milagro atribuido a la intercesión del Papa Roncalli, como beato también es reconocido por la comunión anglicana.
Ambos titanes del siglo XX configuraron un estilo de Iglesia, una búsqueda de servicio y abrieron la posibilidad de dialogar en un mundo que ya no precisaba de cruzadas ideológicas sino de presencia testimonial, de encuentro y de experiencia latente de la fe en cada cultura existente en los cinco continentes.
Hay, por tanto, más coincidencia que distancia entre ambos pontífices. Frente a la inminencia de la canonización de Juan Pablo II se suele esgrimir la idea de la ‘compensación’ que Francisco quiso hacer con la exención de la regla para equilibrar con la canonización de Juan XXIII la abrumadora personalidad del Papa polaco y de sus 26 años de ministerio petrino. Suele argumentarse desde una mentalidad acostumbrada a los malabares, condicionada e inconsecuente, que juzga en la santidad al gobierno pontificio de cada uno. La santidad, como apunta nuestro amigo y director global de Vida Nueva, Juan Rubio, va por la persona no por el pontificado.
¿Puede haber más diferencia entre un pontificado de cuatro años y medio frente a uno de más de 26? ¿Es válido comparar la cantidad de magisterio pontificio, de las decisiones de gobierno, de los acontecimientos vividos entre un pontificado de apenas un lustro frente a otro de más de un cuarto de siglo? La santidad que ahora reconoce la Iglesia de Roncalli y Wojtyla no está sujeta a su función ni a su dignidad pontificia sino a la elección que hicieron de Dios y de su mensaje, de su búsqueda incansable del corazón de los seres humanos, de su respuesta positiva frente a un horizonte de desafíos, de la esperanza experimentada en medio de los grandes cambios culturales de la segunda mitad del siglo XX, en una palabra: de su fe encarnada en la realidad de su contexto inmediato.
Es innegable que este 27 de abril, domingo de la Misericordia se coloque en el centro al Papa del Concilio, a Juan XXIII “El Bueno” y al Papa Viajero, a Juan Pablo II “El Grande”. Ojalá puedan estar con su pensamiento y su disposición frente a la necesidad de Dios por el hombre que barbecha la tierra para que Él siembre la eternidad en la humanidad. Ojalá esté san Juan XXIII en su frase: “Miré con mis ojos dentro de los tuyos, puse mi oído junto a tu corazón” y san Juan Pablo II con su convicción sobre que “el futuro inicia hoy, no mañana”.
Dice la frase anónima que “Dios no bendice los toques a retirada” y ambos hombres eligieron permanecer junto al Misterio, tal como ahora lo hacen el papa emérito Joseph Aloisus Ratzinger y el pontífice Jorge Mario Bergoglio. La riqueza de la Iglesia está precisamente en la diversidad de sus carismas y en la pluralidad de miras tanto como lo está en la comunión de sus miembros, la certeza de su tarea y la unidad en torno al destino del hombre.
Esta doble canonización es la certificación que hace la Iglesia de la conclusión del siglo XX y de la apertura que hacemos en el siglo XXI como comunidad renovada en espíritu, misión y desafíos. Ha aparecido un nuevo continente para el hombre -el digital- y los parámetros culturales y sociales han dejado de ser los del siglo de las dos guerras mundiales; hoy las economías no dependen de dos centroides de poder y la polarización del mundo no es entre dos naciones o dos conceptos de sociedad. Los desafíos se perfilan en torno al relativismo indolente, la deshumanización de la vida, el individualismo ideológico y la distancia entre el ser y la ficción de ser. Y en esta realidad también habrá santos que caminen con provisiones de fe, esperanza y caridad.

Don Trini, el rompequinielas

310204_orig“Toda la vida exige lucha. Aquellos que lo tienen todo se vuelven perezosos, egoístas e insensibles a los valores reales de la vida. El esfuerzo y el trabajo arduo, que constantemente deseamos evitar, es en realidad el mayor cimiento de la persona que somos hoy”.

Estas palabras del papa Pablo VI sintetizan en mucho la charla que sostuve con el obispo José Trinidad Zapata Ortíz después de que fuera difundida la noticia de su traslado de la diócesis de San Andrés Tuxtla a la de Papantla, ambas en Veracruz. Don Trini, es un ejemplo de tenacidad, de esfuerzo y de lucha, sencillo entre los sencillos, ha entregado su vida en los servicios que implican desgaste y agotamiento, trabajos que otros quisieron evitar. Su nombramiento tiene todo el mensaje del papa Francisco a propósito de los obispos: “hombres que no tengan psicología de príncipes”.

El obispo electo para Papantla es un caso atípico en el episcopado mexicano: ha sido formado cien por cien en México (la mayoría hizo algún estudio en el extranjero). Su ingreso en el Seminario de Cristo Rey de vocaciones adultas en Coatlinchán, Texcoco, y sus estudios en la Universidad Pontificia de México, son apenas una ventana al estilo de vida que don Trini ha sostenido en su ministerio.

Muchos otros obispos provienen de situaciones marginales y localidades pobres pero es difícil pensar en un poblado más humilde que el de San Vicente de Plenitud, Zacatecas, donde nació Trinidad Zapata. El poblado apenas tiene 170 habitantes (42 hombres y 65 mujeres), son 22 viviendas y solo se encuentran dos escuelas: la preescolar comunitaria y la primaria rural Vicente Guerrero.

“Estudié solo hasta cuarto de primaria —nos confía don Trini al teléfono—; podría decir que no tenía futuro”. Su futuro lo forjó a 700 kilómetros de su pueblo natal, en el seminario para adultos, a los 25 años. Junto al estudio de la filosofía y la teología, hizo sus estudios de secundaria y preparatoria a través del sistema abierto.

Cuando egresó del seminario, el papa Juan Pablo II visitaba México y ordenó a un grupo de sacerdotes en la Plaza de la Soriana, en Durango. Entre ellos, estaba el hoy obispo. El Papa ahí les dijo: “¡Vosotros sois los sacerdotes de la última década del segundo milenio! ¡Vosotros sois los sacerdotes de una nueva etapa de esperanza para México! Sed siempre testigos de la verdad, de la justicia, del amor, especialmente hacia los más necesitados. Vuestra vida sacerdotal es una exigente vocación de servicio, de entrega, de dedicación plena a la obra de la nueva evangelización de México”.

Luego fue enviado a San Andrés Tuxtla, a la parroquia de Catemaco, que es una localidad que vive entre la magia y la farsa pero que vive con un pulso religioso lleno de fervor; Trinidad Zapata gracias al apoyo de su obispo Guillermo Ranzahuer, hizo la Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de México y, tras ser rector del propio seminario de Cristo Rey, fue nombrado obispo en su diócesis, a suplir el retiro de su mentor.

“Como ya se ha publicado hoy, el Papa Francisco me ha elegido obispo de la hermana diócesis de Papantla, ahora mi nueva diócesis de misión, para esta nueva etapa de mi vida”, explicaba don Trini en un comunicado la mañana de la difusión de la noticia.

“Cuando vine a san Andrés Tuxtla no tenía ninguna experiencia del ministerio episcopal, pero mis hermanos presbíteros tuvieron mucha paciencia conmigo, pero sobre todo Dios que a pesar de mi inexperiencia y de mis debilidades me ha conservado en el ministerio, no sin dificultades y pruebas, pero gracias a ellas me hizo aprender y madurar más… Ahora me prepararé para ir a la diócesis de Papantla con la experiencia de esta tierra de los Tuxtlas y pienso que nada de lo vivido aquí quedará en el olvido para poder responder a los retos que seguramente me voy a encontrar allá. La experiencia vivida en San Andrés ha sido una escuela de pastor, espero con la ayuda de Dios, no reprobar en la nueva misión”.

Sí, José Trinidad Zapata es un obispo como los trazados en el perfil de Francisco: “Que sean padres y hermanos; que sean apacibles, pacientes y misericordiosos; que amen la pobreza: interior como libertad para el Señor, y también exterior como sencillez y austeridad de vida; que no tengan una psicología de ‘príncipes’; […] que no sean ambiciosos, […] que no busquen el episcopado […]. Y que sean esposos de una Iglesia, sin andar constantemente en busca de otra –esto se llama adulterio–. Que sean capaces de ‘vigilar’ el rebaño que se les confíe, es decir, que velen por todo aquello que lo mantenga unido; […] capaces de ‘desvelarse’ por el rebaño”.

Rivera Carrera y las piezas clave de la Secretaría de Economía

Tal como adelantaba la constitución del nuevo instituto de economía de la Santa Sede que el papa Francisco creó el pasado 24 de febrero, se nombraría a un Consejo de Economía que tuviera como tarea el supervisar la gestión económica y vigilar las estructuras y actividades administrativas y financieras de los Dicasterios de la Curia Romana, de las Instituciones relacionadas con la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Este Consejo quedó definido en sus quince miembros, ocho cardenales y siete laicos expertos en competencias financieras y económicas. El arzobispo de Múnich y Frisinga, Reinhard Marx, será el coordinador. Cabe destacar que los cardenales convocados ya eran miembros del Consejo de Estudio para los Problemas Organizativos y Económicos de la Santa Sede (creado en 1981 por Juan Pablo II con 15 cardenales miembros ordinarios), consejo que fue disuelto con la entrada en vigor de la Secretaría de Economía y de su nuevo consejo.

En un comentario explicativo, la Santa Sede asegura que este consejo mantendrá nuevas relaciones estatutarias con la Secretaría de Economía y se tratará de un cuerpo colegiado con autoridad de decisión en políticas financieras y no sólo como un órgano consultivo.

A pesar de lo novedoso de esta noticia, esta reforma del papa Francisco es un proceso iniciado por su predecesor Benedicto XVI que está encontrando causes a los trabajos iniciados en el 2010 por el anterior consejo. En aquel entonces, se quería dar una respuesta a varios problemas financieros de la Santa Sede, entre ellos la sospecha por presunto lavado de dinero desde el Instituto para las Obras Religiosas (IOR) mejor conocido como Banco Vaticano y el déficit recurrente en los balances anuales de la gestión económica de la Santa Sede.

Tan solo como un par de datos: para el 2012, los gastos en el governatorato de la Santa Sede ascendieron a más de 230 millones de euros; la Curia erogó casi 250; la Pastoral, 72; y las obras de caridad (sostenidas casi íntegramente por donativos de fieles), 274. Las otras áreas obtuvieron ingresos por la actividad comercial y la gestión patrimonial de sus bienes.

Miembro de ambos consejos, el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de la ciudad de México, aparentemente ha sido una pieza clave en este proceso de saneamiento y reorganización financiera. La gestión administrativa ha sido siempre de gran interés para el purpurado; como responsable de una de las diócesis más grandes, vastas, complejas y políticamente delicadas del mundo, Rivera ha trabajado por dejar claras las reglas del gobierno administrativo y pastoral, aunque esto siempre ha supuesto conflictos y tensiones internas. Intentar ordenar los bolsillos de monjes y curas siempre provoca lágrimas y risas.

A pocos meses de su llegada a la Arquidiócesis de México promulgó un Decreto de Reordenación Económica. Entró en vigor en 1997 y declaraba entre otras cosas: que el monto total de la colecta del Seminario Conciliar de México se destinaría íntegramente al Seminario; que la colecta del Óbolo de San Pedro se dividiría a la mitad: una que a través de la curia arzobispal y la Nunciatura Apostólica se entregara a la Santa Sede y la otra mitad, quedaría en las parroquias de la ciudad; la colecta a las Obras del Episcopado Mexicano: el 75% a la curia y al Episcopado y el 25% a las parroquias; el 100% de la colecta del Domingo Mundial de las Misiones se entregaría a las Obras Misionales Pontificias Episcopales.

Aquel decreto también actualizaba los procedimientos de un seguro médico accesible a todos los clérigos así como la reorganización del fondo económico para la pensión de los sacerdotes jubilados tras cumplir la edad canónica del retiro. Un tópico de naturaleza grave y que se complica conforme el promedio de edad asciende entre los ministros religiosos.

Este decreto fue actualizado en el 2000 y en el 2007, clarificando áreas de competencia y validando con los organismos de la Santa Sede los alcances legales y canónicos del decreto. En la última reforma, el arzobispo insistió en la creación en todas las parroquias del DF de un “Consejo de Asuntos Económicos” en el que, de manera gradual, pudieran participar tanto sacerdotes como religiosas y laicos, así como la simplificación de procesos administrativos mediante una aportación mensual obligatoria del 10% de los ingresos brutos constatados de cada parroquia, rectoría y capilla capitalina.

Sin duda, en la ciudad de México persiste el manejo discrecional de los fondos de las iglesias y aún hace falta la solidaridad intraeclesial para apoyar a las comunidades más desfavorecidas; las reglas, sin embargo, están puestas y esperamos que, aunque a nivel vaticano también lo estén, no se repitan las vergonzosas historias de malversación de los recursos de la Iglesia.

Historias y leyendas de El Chapo

130520172938-el-chapo-guzman-illustration-story-topPrimero, la leyenda: Es día de muertos de 2011, una reliquia del Papa beato Juan Pablo II está en una peregrinación histórica por todo el país. El fenómeno ya es masivo y mediático, millones de fieles se han acercado a la urna que resguarda una efigie del pontífice que expone una gota de la sangre del santo mientras cientos de millares de fotos y videos de la reliquia aparecen en todos los medios de comunicación y en cada noticiario. A lo largo de este periplo por México no han faltado las sorpresas y episodios críticos, angustiantes, por ello, la vigilancia de la urna es absoluta, infranqueable, interinstitucional, dicen.  Pero entre el de 3 y 6 noviembre, mientras pernoctaban en Sinaloa, sucedió el mito: Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” acudió a venerar las reliquias del Papa Wojtyla. Como en todo relato, la fantasía crece al final de la fila; y la fila de fieles que pasaban a tocar la urna de la reliquia, era interminable. Algunos dijeron que acudió disfrazado, con una peluca y una nariz falsa; otros dijeron “¿disfraz? Pa’ qué si todos lo conocemos”; unos más están seguros que en algún punto de la noche, la fila de fieles se detuvo y los elementos de seguridad apartados, por algún acceso secreto habría llegado El Chapo para orar unos momentos al pie de la sangre del Papa.

Dos años atrás el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, había dicho que el famoso líder del Cártel de Sinaloa vivía en aquel estado pues provocaba una “psicosis casi caótica”; González declaró: “Más delante de Guanaceví, por ahí vive El Chapo. Todos lo sabemos, menos la autoridad”. Al año siguiente, el obispo lo calificó casi de omnipresente: “[El Chapo] está en todas partes, lo mismo puede estar aquí que en un bulevar, ahí donde está El Grande (un restaurante de mariscos) o bien estar en Tamazula o amanecer en Huazamota, o por San Andrés de Teúl, en Zacatecas, en donde tiene sus grandes propiedades”.

El Chapo es en sí una leyenda, que Joaquín Guzmán se ha forjado pero con un buen empujón de las autoridades mexicanas y por el mecenazgo patrimonial y cultural que labró durante años. El Chapo es el ícono de una narcocultura ampliamente diseminada por la población y que tiene una capa muy gruesa de apariencias que esconden una realidad interpelante: la orfandad de referencias sociales dignificantes.

Ahora, el hecho: El sábado 22 de febrero, durante un operativo en el hoy célebre Hotel Miramar en Mazatlán, efectivos policiales capturaron “al hombre más buscado del planeta”. Los detalles de la captura los ha relatado todo mundo, también las suspicacias sobre un supuesto doble del capo y todas las versiones posibles de un complot. Sin embargo, una semana después todo parece indicar que los más sorprendidos tras las captura son las propias autoridades.

Quizá habrían pensado en los efectos secundarios del golpe: la lucha de la mafia por el reemplazo jerárquico, la nunca agradable desestabilización de una organización criminal global, la posible vendetta de sus sicarios, bueno, quizá hasta hayan contemplado el déficit de trasiego de mercancía a los EU que reacomodaría vías y operadores de mercado a lo largo de México. Pero lo que dejó perplejos a todos fue la convocatoria de la marcha solidaria al capo en la capital sinaloense. La marcha cumplió su objetivo: El Chapo pasó de delincuente capturado a preso político.

Lo que no suele comentarse en las noticias es que la marcha a favor de El Chapo tuvo un antes y un después: el antes fue el diseño, impresión y negociación para la distribución de mantas, panfletos y volantes; en el antes, estuvo el acuerdo con las dos bandas musicales para pagarles por pieza o por hora, en el pago de la avioneta que, desde el aire, lanzó la propaganda de la marcha y en la creación de los perfiles públicos de las redes sociales desde donde se convocó a la manifestación.

El después es lo que prácticamente todos vimos en televisión, escuchamos en crónicas radiofónicas o leímos en los periódicos: una manifestación a favor del capo a lo largo de los icónicos 2.3 kilómetros culiacanenses que van de las escalinatas de La Lomita hasta la Plazuela Álvaro Obregón a un costado de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario.

En medio, sin embargo, reside lo trascendente: en la narcocultura no hay etiqueta del bien y del mal. “Es inmoral”, acotó el obispo de Culiacán, Jonás Guerrero Corona  pero quizá un término mejor sea “amoral”. Esto supone una misión muy particular para las instituciones de orden moral, especialmente para las iglesias.

— ¿Qué sucede entonces?– le pregunto con el mismo pasmo a un religioso sinaloense que prefiere permanecer en el anonimato: “sucede un desconcierto, eso es lo que vivimos. La marcha a favor de El Chapo aprovecha nuestros símbolos y nuestras costumbres. Convocarla en La Lomita, que es donde siempre parten las manifestaciones, aprovecharon la salida de los jóvenes de la preparatoria y la gente de sus oficinas, muchos se sumaron por curiosidad o por el desconcierto, por la música y, según se dijo, acarreados con 200 y hasta 500 pesos. Las exigencias de la marcha fueron que le dieran un trato justo como preso, que no lo extraditaran y que contemplaran en su sentencia los beneficios que había dado a la gente y al estado”.

— ¿De qué beneficios se habla?

—Mucha gente dice que fue apoyada por él durante el Huracán Manuel, gente de la sierra dice haber recibido víveres y medicinas allí donde al gobierno le es difícil llegar. Para esta gente no importa si la actividad es lícita o no, se ha sentido ayudada y eso basta. Se habla también de patrocinio de templos, ninguno católico según entiendo, enclavados en la sierra principalmente.

No es sencillo saber qué ocurrirá en Sinaloa en los próximos meses; la sociedad civil no logró en la marcha por la paz y la dignidad la respuesta que se esperaba, principalmente porque muchos quieren no verse comprometidos; algunas organizaciones políticas y religiosas aún conservan fantasmas o sospechas de sus líderes o representantes y de su actuar en el pasado inmediato.

Hace falta trabajar en la construcción de una cultura diferente, pacífica, humanizadora y corresponsable. Para esto se requiere toda la voluntad y el esfuerzo de la sociedad en su conjunto. Familias, centros educativos, iglesias, empresas, negocios, medios de comunicación y asociaciones civiles con un solo propósito en el horizonte: anteponer el bienestar común al interés individual. Esto debe estar profundo en el pensamiento social, como diría el filósofo cristiano Soren Kierkegaard: “nuestra vida siempre se expresa como el resultado de nuestros pensamientos más dominantes” y “aunque la vida solo pueda ser comprendida en retrospectiva, siempre hay que vivirla hacia al frente”.