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Cine: Furlough, comedia femenina humanizada

furlough4La directora Laurie Collyer (1967) nuevamente aborda su interés por tortuosos viajes de autodescubrimiento a través de singulares historias de mujeres norteamericanas contemporáneas. Furlough (USA, 2018) tiene parecidos a sus hermanas menores Sherrybaby (2006) y Sunlight Jr (2013) al presentar relatos de jóvenes mujeres que se enfrentan a los desafíos de vida que las han alcanzado de manera natural, sin violencia ni irrupciones dramáticas y que, por tanto, se han alojado en ellas sin demasiada molestia ni incomodidad. Sin embargo, estas mujeres comienzan un periplo que les obliga a remontar su identidad y personalidad en búsqueda de libertades y pequeñas alegrías.

Furlough significa ‘el permiso’ que el Estado de Nueva York hace a la prisionera Joan Anderson (Mellisa Leo) para que visite a su madre quien se encuentra agonizando. La oficial de correccional, Nicole Stevens (Tessa Thompson) recibe la instrucción de acompañar por 36 horas a esta mujer de muchas habilidades maliciosas en un pequeño recorrido para garantizar la voluntad de la moribunda (más que la compasión con la prisionera). Apenas día y medio que son también una especie de liberación para la propia Nicole, pues le permite apartarse de la pesada e impositiva carga de atender a su propia madre enferma (Whoopi Goldberg).

El filme, encuadrado en un sutil equilibrio del drama y la comedia, pretende abordar los problemas de la independencia, la libertad y la sororidad en un lenguaje femenino. Las agonistas de la historia son todas mujeres cuyas vidas están sujetas a las expectativas de su contexto: proveer atención y cuidados, sentir compasión y ternura, encontrar el amor y luchar por la autonomía. Sin embargo, al igual que sucede en los otros filmes de Collyer, los personajes de autoridad y consejo son masculinos: el jefe de la prisión,  el ‘capitán’ del autobús, el administrador del edificio, etc.

Al igual que los best sellers norteamericanos actuales (Su cuerpo y sus otras partes de Carmen María Machado o Lili  de Marilynne Robinson), Furlough propone una ligera meditación femenina sobre la familia, la esperanza y la pertenencia, cómo se puede abrazar la duda cotidiana al tiempo de descubrir la actitud de vida correcta a través de la gracia interna.

La historia original viene de la mano del escritor de comedias Barry Strugatz, es quizá esa génesis sardónica de Furlough lo que facilita a Collyer una ligereza discursiva para evitar el melodrama alcanzado en sus piezas precedentes. Collyer, en Sherrybaby (con una muy aplaudida Maggie Gyllenhaal) y en Sunlight Jr (con la estupenda Naomi Watts), acentúa la carga emotiva en historias que también involucran la prisión, la búsqueda del equilibrio emocional y las relaciones familiares laceradas. Ambas películas fueron selecciones oficiales para festivales cinematográficos (Sundance y Tribeca, respectivamente) y son un foro de exploración para el talento actoral femenino.

Furlough es una “road movie” porque es sobre el camino cuando la agente Stevens y la reclusa Anderson concretan el autodescubrimiento, encuentran las sensaciones que las hacen apostar y confiar, les devuelve la alegría de la realidad y la oportunidad de creer en alguien más y en ellas mismas; la muerte, la soledad, el aislamiento, la distancia, la enfermedad y la incomprensión continuarán con ellas, con todos los que ellas amen, pero ambas se darán ‘el permiso’ de volver a sonreír.

@monroyfelipe

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El dilema católico sobre el papel de la mujer

FullSizeRender (2)Esta semana se realiza en el Vaticano la asamblea de la Pontificia Comisión para América Latina de la Congregación de los Obispos instalada hace 60 años. Es una reunión bienal de cardenales y obispos del continente americano en la que debaten algunos tópicos de interés para la Iglesia en el ‘Continente de la Esperanza’ como lo llamó Juan Pablo II. Para esta edición, el papa Francisco promovió que el tema central fuera el papel de la mujer en la Iglesia. Un tema que, por desgracia, suele despertar reacciones muchas veces injustificadas y poco informadas que ya explicaré un poco más adelante.

La asamblea en la Santa Sede lleva por título “La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y la Sociedad en América Latina”; comenzó el 6 de marzo y concluirá el viernes 9, no sin antes participar de una manera significativa en el Día Internacional de la Mujer el 8 del mes. A nadie escapa que los miembros de la comisión en cuestión son cardenales y obispos y, por tanto, son todos hombres; así que, para esta edición, de manera extraordinaria se han invitado a un grupo de mujeres que expondrán perspectivas sobre la dimensión femenina en el mundo contemporáneo y se seleccionó también a trabajadoras de las diferentes oficinas del Vaticano para convivir y compartir puntos de vista con los purpurados latinoamericanos.

Hasta allí todo bien. Sin embargo, el tema sobre las sutiles dinámicas de control y el suave yugo que se impone sobre las mujeres católicas y, muy particularmente, sobre las mujeres consagradas, explotó al inicio de la semana con la publicación del suplemento “Donne Chiesa Mondo” del periódico oficial de la Santa Sede, en donde se denunció con claridad meridiana que en el mundo “existen monjas y mujeres consagradas que son tratadas como sirvientas por cardenales y obispos, que no tienen un sueldo, no tienen horario ni tienen ningún tipo de asistencia o protección laborales como otro personal”.

Los testimonios que las religiosas le confiaron a la periodista Marie-Lucile Kubacki son estremecedores: “Rara vez estas religiosas son invitadas a sentarse a la mesa… se levantan al amanecer para preparar el desayuno y se van a dormir una vez que esté servida la cena, la casa arreglada, la ropa lavada y planchada”.

Hace menos de un mes, en esta columna, escribí que la decisión del cardenal Carlos Aguiar Retes de nombrar a una mujer como directora general de la Oficina de Comunicación de una de las Iglesias más grandes del mundo era “una respuesta a una petición largamente silenciada para que la Iglesia no deje fuera de la toma de decisiones a más de la mitad de sus miembros y que no se perpetúen signos de exclusión, marginación o discriminación contra el tremendo genio femenino”. De inmediato recibí ecos de reacciones llenas del dilema católico sobre el papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

Explico el dilema: es cierto que los principios evangélicos y cristianos dados por Jesús -al menos en ciertas interpretaciones del Nuevo Testamento- contemplan la dignidad de la mujer con un especial simbolismo de confianza, entrega, liderazgo y testimonio. Valores de dignidad que quizá no tenían las mujeres en los grupos de ortodoxia hebraica o en las formas legales de los protectorados romanos pero que no eran ajenos en otros estratos sociales paganos. Sin embargo, en la evolución del cristianismo no se puede negar que hubo perversiones a la palabra y que, de la mano de la ley y las costumbres, se colocó el estigma de la impureza original sobre todo el género femenino.

Bajo estas dos condiciones, las mujeres católicas suelen afirmar que el cristianismo, en voz y obra de Jesús, les reconoce la dignidad máxima; pero también, que las estructuras sociales y culturales emanadas de las tradiciones judeo-cristianas imponen una extraña misoginia en las responsabilidades de las mujeres y en el papel que pueden hacer a favor de sí mismas y de sus comunidades.

Lo fácil, por tanto, es atrincherarse en una u otra concepción: Que el catolicismo es la única religión que reconoce la dignidad de la mujer; o que el catolicismo es el fermento cultural donde las instituciones occidentales han perpetuado la sujeción y control del genio femenino.

Y no, no sólo es por el poder. En el fondo es frívolo discutir si debiere haber papisas, obispas o sacerdotisas en la Iglesia católica porque, la historia confirma que ante la ausencia de liderazgos masculinos consagrados en territorios de misión o de compleja evangelización, han sido las mujeres las que han tenido la firme capacidad de transmitir la ortodoxia del magisterio y el valor de la celebración de las tradiciones de la fe católica. Estos casos son de lo más común en nuestra época y nuestro país. Personalmente he conocido y charlado con religiosas que llevaban la administración de algunos sacramentos en lugares donde los ministros no podían llegar, que vivieron la fe y la transmisión de ésta en espacios donde los varones no podían vivir; conozco no pocos templos bajo cuidado y administración absoluta de mujeres y sé de los infinitos sacrificios que hacen muchas de ellas por su comunidad en conformidad con el mensaje cristiano.

El dilema no es sobre el poder sino por el lugar en la mesa, por el respeto a su genio y su dignidad. La coparticipación de hombres y mujeres en la construcción de la Iglesia y de la sociedad es real e incuestionable; lo cuestionable sería porqué la voz de esas mujeres tendría menor liderazgo que la de un hombre. Si una mujer tiene poder y liderazgo en la Iglesia, nadie debería escandalizarse; por el contrario, sería una alegría y una responsabilidad. La primera, con esas otras mujeres que podrían estar bajo el indigno yugo de un ministro o una institución machista.

 

@monroyfelipe

Aguiar comienza los cambios en la Arquidiócesis

31607352-1b80bf3d-d4e0-4e58-b978-0664bd8badb0Con la confirmación de la periodista y comunicóloga Marilú Esponda Sada al frente de la oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, recién entronizado arzobispo primado capitalino, parece estar dando los cambios que adelantó realizaría al cuerpo integral de la Iglesia de la ciudad que estuvo dirigida por más de 22 años por el cardenal Norberto Rivera Carrera.

La rápida transición en la protagónica oficina de comunicación -que lideró el ampliamente reconocido sacerdote Hugo Valdemar Romero Ascensión- fue anunciada por el purpurado ante su nuevo clero en la reunión del retiro espiritual de Cuaresma realizado el lunes 12 de febrero en las instalaciones del Seminario Menor arquidiocesano, donde también presentó a un par de sacerdotes que le acompañarán en una estrategia de renovación institucional.

De esta manera, el cardenal Aguiar Retes da un giro determinante en el modelo de comunicación que prevaleció en la Iglesia capitalina de la mano de Romero Ascensión desde 2003 cuando el sacerdote tomó las riendas de una oficina con grandes deudas y dificultades dejadas en la primera etapa del gobierno de Rivera Carrera.

Bajo el cuidado de la comunicadora queda ahora una instancia de gran presencia nacional e internacional y un equipo de trabajo que colocó la voz del cardenal Rivera en prácticamente todas las plazas nacionales y en no pocas del extranjero. En las mejores épocas del famoso semanario católico Desde la fe, la oficina de comunicación lograba hacer llegar formación religiosa a insospechables destinatarios con su tiraje de 650 mil ejemplares encartados en los diarios de la poderosa Organización Editorial Mexicana y, el equipo de Valdemar consolidó un nutrido grupo de lectores del suplemento dominical Eco Semanal y el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México, donde se publica domingo a domingo la famosa ‘Editorial’ que para los periodistas hace las veces de voz institucional de la Iglesia en la denuncia del poder en México.

Con estos cambios en la comunicación diocesana, Carlos Aguiar Retes deja en claro que una mujer será la voz de una nueva comunicación en la Iglesia y, al mismo tiempo, un vínculo para la enseñanza, la asimilación y la puesta en acción con las dinámicas culturales contemporáneas. La decisión del cardenal Aguiar es un compromiso del jerarca capitalino con esa gran grey de liderazgos femeninos. Es la respuesta a una petición largamente silenciada para que la Iglesia ya no deje fuera de la toma de decisiones a más de la mitad de sus miembros y para que no se perpetúen signos de exclusión, marginación o discriminación contra el tremendo ‘genio femenino’ que es el que, en la gran mayoría de los casos, soporta la acción, la obra y la oración de las parroquias.

Esponda Sada recibe no pocos desafíos que habrá de asumir paulatinamente al frente de la oficina. El primero: la atención a los medios de comunicación presentes en la capital del país que llevan años de una relación tirante -por decir lo menos- con las autoridades de la Iglesia capitalina.

La joven directora trae en su talega muchas cualidades que quieren dar servicio a la visión del cardenal Aguiar Retes en la Iglesia del siglo XXI. Allí ha sido llamada para promover los valores de la libertad religiosa y el diálogo que emanaron del Concilio Vaticano II, están los deseos de una Iglesia que quiere dejar de ser antimodernista y de su transformación interior como institución. Aguiar y su nueva directora de comunicación trabajarán por ser pacientes artesanos del diálogo en un país donde se ha comprobado que ni la vieja ni la nueva política han sabido encarnar la regeneración que México necesita para salir adelante. El arzobispo ha hecho su movimiento para proponer el encuentro, para poner un marco de diálogo; veamos ahora quienes responderán con su mano franca.

Mujeres, del yo a nosotr@s

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Sin la mujer, la vida es pura prosa… Rubén Darío

 

 

Entre las historias más bellas de amor que he leído está aquella de Lourdes y Antonio, de la calle Guzmán El Bueno en Madrid, que Mempo Giardielli plasma en su cuento El seguimiento. Lourdes cuida de Antonio mientras vigila su camino de casa hacia el trabajo y del trabajo a la casa todos los días sin que él lo note; ella no es invasiva y respeta la independencia de Antonio aun si la enfermedad de él lo pone en un peligro constante en su camino diario; y, a pesar del gran esfuerzo y concentración que implica este seguimiento, Lourdes hace todo lo necesario para continuar con su vida normalmente. El azar, sin embargo, se lleva al amor de su vida en la fracción de segundo en que ella lo pierde de vista.

Me gusta pensar en aquella mujer como cada mujer y en aquel hombre como la humanidad entera. No solo es una idea que tranquiliza también implica una conversión de actitudes para saber mirar ese empeño, ese andar de ellas en el mundo.

A lo largo de mi trabajo como periodista me he encontrado con muchas mujeres que a base de audacia y fortaleza llevan a cabo empresas útiles, llenas de caridad y de éxito, justo igual que muchos hombres, pero por alguna razón con ellas hablo de ‘ellas’ y con ellos hablo de ‘él’. Los hombres solemos ir en singular, en individual; las mujeres no suelen ser individuales, una mujer es ella y los suyos; aunque muchas veces seamos precisamente los suyos quienes más daño solemos causarles.

Este 8 de marzo, como cada año, siempre es importante mirar en ellas lo que nosotros somos y sentir que cada mujer es una unidad que conglomera; y si este sentimiento no alcanza para todo el año es que nos ha caído el egoísmo encima.