Papa Francisco

Francisco rechaza conspirar para erradicar conspiraciones

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Hay que partir de un hecho: El papa Francisco arrancó su quinto año de pontificado con quizá una de las más complejas crisis de orden, confianza y credibilidad en los corrillos de la jerarquía eclesiástica. En medio de la aún delicada tarea de atender las causas y efectos de los abusos sexuales cometidos por clérigos alrededor del mundo (y la reforma de actitudes de los pastores), desde el seno de las cortes vaticanas y sus aliados, le asestaron un dardo envenenado que básicamente buscaba desacreditarlo en su figura de líder y autoridad moral sobre la ruta de la Iglesia católica en el siglo XXI.

La insidia de sus detractores ha sido tan rabiosa que incluso periodistas especializados intentaron evidenciar las mentiras de las acusaciones apelando a la memoria, a los datos y a la veracidad de los argumentos; y, sin embargo, por mucho que se recomendaba al pontífice devolver la acusación, responder contra el ataque, Francisco optó por otro tipo de respuesta.

Para comprender por qué, hay que acercarse a algunas ideas que Bergoglio ha expresado en sus mensajes, homilías y discursos. La primera, de una homilía en Casa Santa Marta en 2017: “En el camino del cristiano, la verdad no se negocia, pero hay que ser justos en la misericordia”. En aquella reflexión el pontífice afirma que la justicia y la misericordia son una misma cosa: “En Dios, justicia es misericordia y misericordia es justicia”.

Por ello Francisco optó por no dar su respuesta fulminante (justa pero inmisericorde) contra sus acusadores porque “la verdad es silenciosa y no hace ruido”. El 3 de septiembre, una semana después de la acusación del exnuncio Carlo María Viganó, el Papa también reflexionó sobre ello durante una celebración nuevamente en Santa Marta: “Con las personas que no tienen buena voluntad, que buscan sólo el escándalo, que buscan sólo la división, que buscan sólo la destrucción, también en las familias (lo que hay que hacer es): silencio y oración” y remató: “que el Señor dé la gracia de discernir cuándo se debe hablar y cuándo callar”.

Y es que en su viaje a Filipinas de 2015, el pontífice argentino había dejado en claro que el mal, el enemigo, es quien está detrás de las personas que buscan escándalo, división y destrucción: “El diablo es el padre de la mentira. A menudo esconde sus engaños bajo la apariencia de la sofisticación”.

Ante las acusaciones, el papa Francisco ha optado por una actitud que igual define y comunica: no usar las mismas armas que el enemigo

Es decir, en Francisco hay una negativa para no utilizar los mismos medios que el enemigo; porque hacerlo implica modificar el propio fin, hacernos renunciar a la misión intrínseca de nuestra oposición. El Papa quizá tenga en mente el precepto del enorme Marco Aurelio: “Haré mejor en aprender a callarme, provisionalmente, y a ser”. Ser congruente con lo que ha predicado es un valor importante a considerar para Francisco, al estilo de Etty Hillesum parece decir con su actitud: “No creo que podamos corregir nada en el mundo exterior que no hayamos corregido ya en nosotros mismos. Tenemos que cambiar tantas cosas en nosotros mismos que no deberíamos ni siquiera preocuparnos de odiar a quienes llamamos nuestros enemigos”.

El filósofo Tzvetan Todorov plantea sobre esto: “¿Debemos combatir al enemigo con sus propios medios? ¿No nos arriesgaríamos –aun triunfando sobre él- a ofrécele esa sombría victoria subterránea: la de habernos convertido en sus semejantes? ¿Es justa la lucha de esos hombres que conspiran para que no hubiera ya conspiraciones, que roban para que ya no hubiera robo sobre la tierra, que asesinan para que no se asesinara a los hombres?”.

Francisco oferta su respuesta desde un terreno de la política moral cristiana y eso sorprende a todos quienes confunden la inacción discursiva con la aceptación. Y en este último caso, el Papa está muy lejos de aceptar que muchas cosas en la Iglesia permanezcan igual: ni el clericalismo, ni la actitud principesca de los pastores, ni el encubrimiento de los crímenes.

Bergoglio ratifica la tolerancia cero, pero antepone la voz de la institución a la propia, porque ésta última conlleva toda la debilidad humana. En el comunicado con el que el pontífice ordenó el 6 de octubre pasado el estudio exhaustivo de los archivos del Vaticano sobre el escándalo sexual del excardenal Theodore McCarrick, el caso que desató la intentona de Viganó para que el Papa renunciara y que intentó dinamitar la credibilidad de Bergoglio, es terminante: “Abuso y encubrimiento no pueden ser tolerados más […] un trato distinto de parte de los obispos que han cometido abusos o los han encubierto, de hecho representa una forma de clericalismo que no puede ser más aceptada”. Es decir, Francisco no evita dar una respuesta; comprende quién debe responder y aparta las fallas humanas de la búsqueda del bien ulterior.

Aún faltan capítulos a este penoso evento pero el papa Francisco rechaza  la tentación de entrar en el debate por la verdad sólo con las herramientas del poder y la razón; diríamos que confía –como Tolstoi- en la parte del Misterio con el que “Dios ve la verdad, pero no la suelta de golpe”.

@monroyfelipe

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Elitismo, división y connivencia: el desafío sistémico para la iglesia chilena

obisposchile.jpgLa presentación de las renuncias de todos los obispos católicos de Chile al papa Francisco es un acontecimiento sin comparación, todo un parteaguas que acudirá al gran escenario histórico como un hecho inédito pero, al mismo tiempo, no falto de lógica: los casos de abuso sexual, acciones de simulación con víctimas y encubrimiento de responsables tomaron una ruta dolorosa pero también necesaria para que la estructura eclesial y su operación institucional finalmente pueda atender y resolver este flagelo.

Histórico sí, pero ineludible. Por ello, el obispo auxiliar de Santiago de Chile y secretario de la Conferencia Episcopal, Fernando Ramos Pérez, leyó -con mucha serenidad y sin impostar afectación alguna- el comunicado de la decisión de los obispos chilenos de presentar por escrito su renuncia al gobierno y cuidado de sus respectivas diócesis en espera de que el papa Francisco les indique el camino a seguir. El día anterior, en la carta que Jorge Bergoglio les entregó personalmente a los chilenos -y que se filtró a la prensa más tarde-, les adelantaba que no sería suficiente la remoción de sólo algunas personas de sus cargos.

La renuncia en bloque de los obispos era necesaria tras conocerse el contenido de la carta de Bergoglio. En ella, primeramente les reconoce su empeño por intentar resolver la situación, por la franqueza y disponibilidad con la que se trabajó con el enviado pontificio Charles Scicluna y por el ‘firme propósito de reparar los daños causados’; pero también reconoce los hechos delictivos en los que incurrió la iglesia chilena: readmisión de religiosos expulsados de sus respectivas órdenes por abusos cometidos, la insensibilidad institucional ante las denuncias recibidas por parte de las víctimas, la destrucción de documentación comprometedora por parte de encargados de archivos eclesiásticos, el desacierto de encomendar seminarios a sacerdotes sospechosos de comportamiento homosexual y, sobre todo, la actitud elitista, clericalista y de superioridad con la que ejercieron su responsabilidad ministerial y pastoral ante esta crisis.

Tras la misión de investigación realizada en Chile por el arzobispo Charles Scicluna (el experto en delitos sexuales más respetado del Vaticano) y el diálogo personal sostenido con los prelados, el papa Francisco reconoció que el problema es sistémico, agravado por la división del colegio episcopal y la connivencia de algunos miembros de la iglesia católica local.

Los comentarios del pontífice y la renuncia conjunta parecerían ser el fondo de un abismo que comenzó con el caso del sacerdote Fernando Karadima (hoy de 87 años) hallado culpable de delitos sexuales que fue formador y referente de prominentes sacerdotes chilenos, incluso del actual obispo de Osorno, Juan Barros. El sórdido caso Karadima tomó una ruta de crisis que obliga a otras conferencias episcopales y organizaciones religiosas a ser más vigilantes y sensibles ante los casos de abuso: Karadima fue denunciado desde 2004 por abusos cometidos entre 1955 y 1980, no fue sino hasta 2010 cuando este tema saltó a la sociedad chilena con las reuniones del cardenal Errázuriz con el presidente Piñera y la visita del poderoso número dos del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone. Encuentros donde se abordó el caso pero que fueron relativizados por las autoridades eclesiales en un primer momento, aunque no pudieron minimizarse por mucho tiempo pues en los meses siguientes se definió la sentencia canónica contra Karadima. Sin embargo, la sentencia no dio plena satisfacción a las víctimas, aún exigen solución al tema del resarcimiento económico y su queja se escuchó con dureza, por ejemplo, cuando Juan Barros tomó posesión de la diócesis de Osorno en 2015 y, por supuesto, durante la visita del papa Francisco en enero de 2018.

La visita de Bergoglio en Chile fue también un escollo doloroso para la iglesia católica: el pontífice defendió a Barros y afirmó en público que no había pruebas contra él. El malestar del pueblo y los católicos chilenos fue tal que el Papa pidió disculpas por sus palabras e instruyó a Scicluna la investigación a fondo del caso pues todo apuntaba a que él mismo no tenía todo el panorama de la situación.

Los resultados presentados por Scicluna en abril fueron devastadores, Bergoglio nuevamente pidió perdón y sostuvo reuniones privadas con las víctimas. Con la visita de tres días de todos los obispos chilenos a Roma se cerró la pinza: el Papa comprendió que la crisis es sistémica y los obispos dejaron en manos del pontífice el gobierno de sus iglesias particulares.

Lo que viene para la iglesia chilena es, sin duda, incierto; los obispos, por lo pronto, han mostrado disposición para hacerse a un lado con tal de no entorpecer la restauración de la salud eclesial, pero sin abandonar la responsabilidad que tienen para detonar un cambio de cultura eclesiástica que ayude a mejorar los mecanismos de denuncia, de acompañamiento y de resolución de crímenes canónicos o hechos delictivos.

@monroyfelipe

Card. Aguiar Retes: “El Papa me advirtió sobre resistencias”

RV30184_Articolo“Me parece muy bien, pero te advierto que habrá resistencias”, le dijo el papa Francisco al cardenal arzobispo de México, Carlos Aguiar Retes, cuando éste le comentó algunas ideas de cambio que desea impulsar en la Arquidiócesis Primada de México, principalmente en materia de reorganización estructural y pastoral para la ciudad más importante del país y una de las iglesias más masivas y complejas del mundo.

Aguiar Retes realizó a principios de marzo una visita al Vaticano para participar en la Asamblea de la Pontificia Comisión para América Latina de la Sagrada Congregación de los Obispos cuyo tema central fue la participación de la mujer en la Iglesia y la sociedad; sin embargo, en su estancia, el cardenal mexicano aprovechó para sostener encuentros con diferentes representantes de dicasterios romanos y con el propio pontífice.

Según lo comentó el propio Carlos Aguiar durante su intervención en el Día de la Universidad Pontificia de México, el papa Francisco escuchó las propuestas que desea implementar en la Iglesia de la Ciudad de México: “Estuve en Roma, estuve con el Santo Padre. Le platiqué mis cuitas y mis proyectos. Me animó muchísimo e incluso me hizo alguna advertencia cuando le planté esto que ya lo he hecho público: Que la parroquia en la ciudad ya no responde cabalmente como se necesita; esa parroquia está hecha para el campo y las pequeñas ciudades donde hay identidad y sentido de pertenencia”.

La propuesta del cardenal Aguiar Retes se centra en las “unidades pastorales”, que rompen con la construcción tradicional de las fronteras parroquiales y su acción. Aguiar impulsó, en las diócesis donde ha gobernado, centros donde un grupo de sacerdotes diocesanos pueda compartir más que sólo la vecindad territorial: “Tenemos que hacer lo que el Derecho Canónico aprueba desde 1983 que son las unidades pastorales, para que sea más amplio y efectivo el trabajo coordinado de los sacerdotes con los laicos y más eficaz”.

Fue entonces cuando Aguiar Retes recibió la advertencia del papa Francisco: “Me parece muy bien, pero te advierto que va a haber muchas resistencias. Como las que tuvo el arzobispo Quarrancino en Buenos Aires cuando inició este proyecto y que a mí me costó muchas resistencias. Pero es el camino y hay que trabajar en ello”, refirió.

El modelo de “unidades pastorales” contempla la posibilidad de que los párrocos ya no vivan en la casa cural del templo sino que compartan una casa común con otros sacerdotes; además de las ventajas económicas que supone el gasto de una sola casa común en lugar de cuatro o cinco independientes, Aguiar había confiado al vaticanista Andrés Beltramo que este modelo podrá atender desafíos anímicos o emocionales de los ministros: “Con la soledad vienen muchas tentaciones; en cambio cuando estás acompañado de otros que dan la vida igual que tú se comparten experiencias, dudas, situaciones… la clave es cambiar la mentalidad clerical que está en el modelo anterior”.

En el marco del Día de la Universidad Pontificia de México, el cardenal Aguiar Retes visitó, por primera vez en su calidad de Gran Canciller, la institución educativa eclesiástica más importante del continente. En el evento entregó los reconocimientos al Mérito Universitario a tres organizaciones de servicio humanitario y solidario en México (Casa de la Amistad para Niños con Cáncer, Proyecto Ave Fénix 2000 y VIFAC) y compartió la solicitud que hizo al cardenal prefecto de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, Giuseppe Versaldi, para que se mantuviera al doctor presbítero Mario Ángel Flores Ramos como rector de la UPM por un periodo extraordinario: “Algo que valoro mucho son las instituciones -dijo el arzobispo de México-, no hay forma de expresar, hacer válida y efectiva nuestra ayuda a la sociedad, como individuos, sino a través de las instituciones. A veces también las instituciones tienen fallas, pero es igual con las personas tenemos fallas y limitaciones. Sin instituciones la sociedad no camina. Y una institución educativa es fundamental para encontrarse y compartir lo que llevamos dentro, no solamente cuestiones académicas, sino que respondan a las realidades que vivimos o estamos viviendo o a los sueños que queremos que se realicen”.

@monroyfelipe

Cardenal Aguiar: Tres acentos para su primado en México

aguiarEl día que el cardenal Carlos Aguiar Retes fijó como el inicio de su gobierno al frente de la Arquidiócesis de México no fue sólo una feliz coincidencia; él mismo reconoce, que tras recibir el anuncio del papa Francisco para promoverlo de la Arquidiócesis de Tlalnepantla a la sede primada del país, pensó en el 5 de febrero, día en que se conmemora al protomártir mexicano, san Felipe de Jesús, y en que se celebra también la promulgación de la Constitución Política de México postrevolucionaria de 1917.

Ese es el primer mensaje que el nuevo arzobispo envía: el acento de un ministerio que exige un gran sacrificio y que debe ejercerse sobre la piel de la realidad del país. Una realidad que no a todos gusta pero que sería un error eludir o maquillar. El propio Carlos Aguiar no dejó esta interpretación al aire y, en la Catedral de México, tras la profesión de fe y juramento de fidelidad, expresó quizá el más esclarecido mensaje sobre el camino que emprenderá en su estilo de gobierno: “La dimensión festiva de nuestra Constitución me ofrece poner en práctica, para bien de nuestra sociedad, los derechos humanos universales, y en especial uno de ellos, la libertad de religión […] La convicción religiosa o de la fe, motiva y orienta la conducta personal del ciudadano, que lo lleva a organizarse con otros para un bien social, y la Constitución establece el marco legal indispensable para la conducta social”.

En ese primer discurso, Aguiar Retes puso un segundo acento a la figura del arzobispo primado para con el país y con América Latina (hay que recordar que entre 2006 y 2012 fue presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; y entre 2011 y 2015, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano). El cardenal reconoció el impacto de la capital del país al que llamó: “principal modelo y polo de desarrollo y transformación social y cultural”; y fue muy claro con el papel que le corresponde al liderar a la Iglesia particular de la megalópolis: “Lo que sucede aquí repercute en el resto de la nación; y lo que sucede en la provincia, para ser tenido en cuenta, necesita, la mayoría de las veces, ser manifestado en la capital […] Soy consciente de la gran responsabilidad que en este contexto tiene la labor eclesial, que al igual que la ciudad, lo que se haga o se deje de hacer, repercute en el resto del país”.

El horizonte, sin embargo, no es sólo el país; los invitados a los actos de inicio de ministerio dieron una muestra del guiño latinoamericano y universal que el episcopado de Aguiar quiere dar. La presencia de los nóveles cardenales de una de las regiones del mundo considerada por la catolicidad como “el continente de la esperanza” y que hoy es la referencia cultural y pastoral del papa Francisco, es un gesto del potencial que México y, en particular su ciudad capital, puede aportar a la nueva evangelización.

Carlos Aguiar Retes, se ha insistido, es un cardenal de gran cercanía al pontífice argentino; quedó claro con la presencia de estos purpurados creados por el papa Bergoglio y porque en su primera homilía, como custodio del ayate original de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, el arzobispo trajo a cuenta al pontífice Francisco en cinco ocasiones. Aguiar recoge de Francisco no sólo la comunión con Roma sino la adhesión a la visión de Iglesia “en salida”, “pobre y para los pobres” y “misericordiosa”; y a la puesta en marcha de la “gran renovación”, la “revolución de la ternura” y la “reforma de las actitudes”.

Esas son las convicciones del nuevo primado de México; distan en estilo con las del arzobispo saliente, el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien al entregar la grey dijo a su sucesor: “La Arquidiócesis de México […] se ha enfrentado a una mentalidad mundana que quiere imponerse como una dictadura del relativismo y la inmoralidad”. Aguiar Retes, tanto en la Catedral como en el banquete ofrecido para el inicio de su ministerio, ha puesto el sujeto de la Iglesia en primera persona, recordando sus orígenes, agradecido con su familia y con quienes ha coincidido en su periplo eclesial, nombra a los pontífices postconciliares como los artífices de la ruta en la que él ha andado y en la que cree.

Este es el tercer acento que Aguiar Retes propone para su gobierno pastoral en la Iglesia capitalina y, anticipándose a quienes seguramente preguntarán cómo pondrá en marcha esto, el propio arzobispo responde esto en la entrevista que concedió a la comunicadora Marilú Esponda: “Los cambios deben ser los siguientes: abandonar las prácticas de una Iglesia autoritaria, para ser una iglesia sinodal; dejar de ser una Iglesia en la que se decía qué hacer, para ser una Iglesia en la que se abran los espacios a fin de aportar al bien común lo que hay dentro de cada uno de nosotros, compartirlo e ir tomando decisiones juntos, en los distintos niveles de la vida de la Iglesia”.

¿Qué tan pronto logrará Aguiar Retes estos cambios en una iglesia que ha trabajado con un mismo modelo desde hace más de dos décadas? El cardenal no aventura a poner un plazo, pero en su primer día en la sede primada dejó muy en claro sus prioridades como pastor.

@monroyfelipe

Francisco en Chile, tres dificultades

Francisco en Chile_AFPEste lunes 15 de enero, el papa Francisco dio inicio a su visita apostólica a Chile y Perú, un viaje que particularmente en la nación chilena ha despertado una serie de actitudes y acciones violentas. En los tres días de actividades en las localidades de Santiago, Temuco e Iquique, el pontífice sostendrá los tradicionales encuentros con autoridades, obispos, sacerdotes, religiosas y con la sociedad civil; sin embargo, un clima complejo alimentado por tres dificultades particulares de la Iglesia católica en Chile advierte que la estancia de Francisco no será en modo alguno sencilla.

Cuatro días antes del arribo del pontífice argentino a Santiago de Chile, la prensa local daba cuenta de los ataques incendiarios que ciertas organizaciones populares arremetieron contra templos católicos en la capital chilena situación que llegó a complicarse con la ocupación momentánea de la propia Nunciatura apostólica por parte del colectivo Andha Chile, encabezados por la excandidata presidencial Roxana Miranda, que ha reclamado los altos gastos de la visita pontificia.

La primera de las dificultades es, pues, la sensibilidad política y social respecto a las condiciones particulares del último tramo de la segunda gestión presidencial de Michelle Bachelet y de la segunda gestión presidente electo, Sebastián Piñera.

La segunda de las dificultades pasa por un fuerte fenómeno de secularización y, principalmente, de desencantamiento chileno de la Iglesia católica. Un desencanto que incluso ha movido a algunos sacerdotes locales a reconocer “lo odioso” que se ha vuelto la Iglesia católica en la última década.

Latinobarómetro, la corporación chilena de levantamiento y análisis de datos estadísticos publicó el 12 de enero un estudio sobre la religión latinoamericana en el marco de la visita del papa Francisco (http://www.latinobarometro.org/latNewsShow.jsp). Entre los datos más destacados revelados por Latinobarómetro es que la región presenta una caída en el catolicismo y que Chile perdió un gran volumen de católicos tras el caso Fernando Karadima, el sacerdote confirmado culpable de abuso sexual en 2011.

El estudio también revela que la evaluación popular del papa Francisco en Chile es la peor en todo el continente; incluso en la segmentación de ‘católicos’ el pontífice apenas logra un 5.9 puntos de 10 en la evaluación chilena, en contraste con los 7.7 puntos del resto del continente.

Esta es una de las dificultades más sensibles y notables que el papa Francisco tiene en esta visita de tres días; la ‘confianza en la Iglesia católica’ entre los encuestados chilenos apenas llega al 36 por ciento y, por primera vez en la historia moderna del país, la catolicidad chilena dejó de tener la mayoría absoluta de los creyentes. Según el estudio, en 2013 Chile tenía 57% de católicos y en 2017 bajó hasta el 45%. Por el contrario, Chile es el país latinoamericano que mayor crecimiento de agnósticos o ateos ha tenido desde 2011, justo en el punto más álgido del escándalo Karadima.

El último de los desafíos que Francisco tendrá en Chile pasa por el propio mensaje que el pontífice quiera sembrar en su quinto viaje al continente (“Mi paz les doy”). En los últimos viajes en Colombia, México, Bolivia, Ecuador y Paraguay, sus discursos y homilías no se han librado de manipulaciones políticas o eclesiales. Por quinta ocasión, Bergoglio evita viajar a Argentina, pero cerca de 25 mil argentinos aprovechan la vecindad con Chile para acudir a encontrarse con el primer pontífice porteño de la historia. No es un dato insustancial: en los últimos meses se ha generado una pequeña guerra de declaraciones sobre el derecho a entender y explicar al papa Francisco; y los obispos y amigos argentinos de Bergoglio parecen querer llevar la mano.

@monroyfelipe

Los 7 momentos #ModoPapa más esperados de Francisco en Colombia

BANNER-FRANCISCOEl papa Francisco realiza su quinto viaje trasatlántico al continente americano; Colombia es el séptimo país de América que el pontífice argentino ha decidido visitar y ya se sabe que el próximo viaje será a Chile en enero del 2018.

El motivo del viaje del Papa a cuatro ciudades de Colombia se enfoca en apoyar los esfuerzos de los acuerdos de paz entre el gobierno y los exguerrilleros tras largas décadas de violencia en el país cafetero. Aquí te presentamos: “Los 7 momentos más esperados de la visita del papa Francisco a Colombia”.

 

  1. Tras pasar su primera noche en Bogotá, el papa Francisco dialogará con el presidente Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño; la expectativa nacional recae en qué mensaje podrá dejar el pontífice respecto a los acuerdos de paz que dividen a la población colombiana.
  2. En Bogotá, el Papa sostendrá un diálogo privado con los obispos de Colombia y los delegados de la Conferencia de Obispos de Latinoamérica y el Caribe; se espera que dialoguen sobre la ruta de la llamada Nueva Evangelización en América tras los 10 años de la Misión establecida por Benedicto XVI en Aparecida, Brasil.
  3. A pesar de la apretada agenda del jueves 7 de septiembre, Francisco sorprendió con una convocatoria para dialogar específicamente con los obispos venezolanos donde seguro sugerirá orientaciones para que la Iglesia participe en las acciones necesarias para remediar la crisis política y social en el país bolivariano.
  4. El viernes Francisco volará a la ciudad de Villavicencio, al pie de los Llanos Orientales donde se libraron las más sangrientas batallas de las guerrillas del siglo pasado. El pontífice rezará frente a la Cruz de la Reconciliación que simboliza la paz posible.
  5. El sábado el Papa visitará Hogares San José en Medellín, un orfanato que comenzó a atender a huérfanos y viudas tras la Guerra de los Mil Días a inicios del siglo XX. Hoy sigue funcionando con cinco internados para 630 niños y niñas que van de los 2 a los 18 años, todos huérfanos por la guerrilla o desplazados por la violencia.
  6. En Cartagena de Indias, Francisco bendecirá la primera piedra de un proyecto de casas para personas en situación de calle y para las niñas de la Misión Talitha Qum que es un proyecto de la Iglesia católica para dar asistencia principalmente a adolescentes y niñas que ha sufrido maltrato físico y sexual. La organización ayuda a 70 jovencitas (la mayoría afrocolombianas) y busca evitar la exploración sexual comercial infantil.
  7. Antes de volver a Roma, Francisco hará una parada en el Santuario de San Pedro Claver, el misionero jesuita que defendió los derechos humanos de los esclavos negros del puerto cartaginés de Colombia. Claver se hacía llamar “el esclavo de los negros” y entregó su vida al auxilio de estos. El papa León XIII llegó a decir que Claver fue el santo -después de Cristo- que más lo conmovió.

Estos son los siete momentos más esperados de la estancia del papa Francisco en Colombia cuyos habitantes se han declarado en “ModoPapa” para vivir la tercera visita pontificia en su historia: la primera en 1968 con Paulo VI, la segunda en 1986 con Juan Pablo II y ahora ésta, de la mano de Francisco.

@monroyfelipe

Francisco en Colombia: la humilde ruta de la paz

fracolDesde este miércoles y hasta el domingo 10 de septiembre, el papa Francisco realiza una vista apostólica a cuatro ciudades de Colombia. No es una visita sencilla, el país está en un proceso de reconciliación; no sólo con su pasado por las heridas que la guerrilla, las fuerzas armadas y los paramilitares dejaron en todo lo ancho de su territorio, sino por los acuerdos de paz donde excombatientes han reconocido sus faltas y lanzan su apuesta ideológica ahora por la vía política.

Francisco ha sido un entusiasta de estos acuerdos que simbolizan una temeraria apuesta al perdón, la reconciliación y la paz sin poner mayor bandera que la del respeto a la dignidad humana. Sin embargo, no todos comulgan con esa audacia, el propio expresidente Álvaro Uribe ha escrito al Papa argentino que su visita podría utilizarse políticamente como una justificación para que los crímenes del pasado queden impunes.

Fuera del ámbito político, Colombia parece también dejará testimonio público de un catolicismo “anti-Francisco”. Aunque ya en varios países se ha advertido una creciente corriente ultraconservadora que regatea el catolicismo al Papa, es en Colombia donde esto ha escalado a nivel público y mediático. José Galat, excandidato presidencial, rector de la Universidad Gran Colombia y director del canal católico Teleamiga, olvidó la diplomacia al declarar: “Nuestro canal es católico; los que no son católicos son los obispos que acompañan a un Papa que niega las verdades de la fe”.

La Iglesia católica local también vive un proceso de reconciliación con sus propios feligreses, por la tensión surgida entre diferentes liderazgos del episcopado nacional ante los criterios de los acuerdos políticos para la paz y por la virulenta respuesta de grupos ultraconservadores ante un catolicismo que pierde posiciones frente a diferentes apuestas cristianas evangélicas y protestantes que ya suman un sólido 35% de población creyente.

Francisco llega a esta Colombia convulsa, orgullosa de participar en un proceso de paz lento y delicado pero también con no poco desconcierto sobre el futuro que le depara a una nación donde las violencias hallaron espacio en la política. Por ello, entre la apretada agenda pontificia, destaca la visita a Villavicencio, donde orará frente a la Cruz de la Reconciliación que simboliza la paz posible tras el cruento conflicto en la región de los Llanos Orientales.

En estos últimos cuarenta años, Colombia ha sabido superar, no sin muchos sacrificios, la terrible violencia que asoló la cotidianidad de sus ciudadanos y la ruta elegida puede no ser la ideal pero es la necesaria. Lo ha dicho el obispo presidente del Episcopado de Colombia, Óscar Urbina: “La paz sin alma no camina”. La ruta por andar es simple pero no sencilla: es preciso favorecer la mediación entre la guerrilla y las familias de los secuestrados, se requiere la intervención humanitaria en las cárceles donde se deshumanizan militares y guerrilleros, hay que participar del duelo y el perdón durante la exhumación de los cadáveres víctimas de la guerra y, finalmente, hay que interactuar permanentemente con las víctimas y sus heridas. Una ruta que pasa por la humildad y el despojo de todo purismo moral.

El obispo Urbina –que es pastor justamente en Villavicencio- ha dicho que la Iglesia de Colombia le toca “hacer un trabajo de esperanza” con la gente de a pie para crear un clima de paz; quizá esto es lo que ha animado al Papa para visitar este país bolivariano, porque sabe lo difícil que es hablar de paz sin herir la pureza ni la hipersensibilidad de los regímenes que intentan mantener el control social mediante una fórmula que se ampara en el populismo mediático, la hegemonía del ejercicio de la fuerza pública y la simulación democrática. Y claro, podríamos hablar de Colombia o de Venezuela o de Argentina; de hecho, podríamos hablar de casi todos los regímenes políticos latinoamericanos.

@monroyfelipe

La Arquidiócesis de México: los candidatos y el ‘factor Francisco’

mexicodfUno a uno y cada quien a su modo, los obispos mexicanos que han sido “destapados” como posibles candidatos a suceder al cardenal Norberto Rivera Carrera en la arquidiócesis capitalina de México han expresado en perfecto tono evangélico las palabras que el mismo Jesús dijo antes de su Pasión: “Padre, si es posible aparta de mí ese cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Por ejemplo, el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, quien lidera todas las quinielas de la sucesión de Rivera, comentó: “Yo preferiría, con toda honestidad lo digo, continuar en Tlalnepantla. Sé que la Ciudad de México es un gran desafío, y si a mí no me toca yo le doy gracias a Dios”. Algo parecido expresó el obispo de Morelos, Ramón Castro Castro: “Le pido a Dios, con toda mi alma, que no sea yo; estoy tan a gusto y contento que amo a mi esposa la diócesis de Cuernavaca”. El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza –el tercero en la terna que probablemente considere el papa Francisco para relevar a Rivera Carrera-, también sentenció: “Yo estoy tranquilo aquí en Puebla… desde luego nosotros vamos a donde nos pida la Iglesia y nos pida el Santo Padre servir”.

Y aunque no lo han expresado abiertamente, puedo asegurar que comparten el mismo pensar otros obispos que también se mencionan en las probabilidades sucesorias. En efecto, al final quien elija el Papa para ser el trigésimo sexto arzobispo de México no le quedará sino apechugar.

Y es que, a pesar de que el gobierno de la Arquidiócesis Primada de México parezca sinónimo de poder, lujo y privilegio, en el fondo es un verdadero desafío para cualquier obispo. En cada rincón de esta diócesis, que es una de las más grandes y complejas del mundo, salta un conflicto por atender: ya sea por el estatus jurídico de territorios parroquiales (hay aproximadamente 1,200 templos católicos en la ciudad), por el cuidado y vigilancia de casi dos mil sacerdotes o por las múltiples relaciones institucionales que la Iglesia local debe mantener con autoridades, fuerzas políticas, medios de comunicación, centros educativos, organizaciones de la sociedad civil y líderes empresariales.

Sin pensarlo demasiado, menciono tres tareas nada sencillas que deberá asumir el nuevo arzobispo: el gordiano proceso de nacionalización de la Basílica de Guadalupe; la aparentemente imposible renovación generacional de ministros diocesanos ancianos y jubilados; y la delicada reparación de la relación con un presbiterio capitalino que reclama de su pastor cercanía, diálogo y accesibilidad. Eso, sin contar los procesos de evangelización de una ciudad cada vez más secularizada y un balance de los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac que mire al futuro de la piedad y religiosidad de los nuevos católicos mexicanos.

Como se ha insistido, la presentación de la renuncia de Norberto Rivera al papa Francisco no implica una acción inmediata de sustitución. Al arzobispo tapatío Juan Sandoval Íñiguez, por ejemplo, el Papa lo mantuvo casi cuatro años adicionales al frente de Guadalajara y, por el contrario, al legendario obispo de San Cristóbal de las Casas, jtatic Samuel Ruiz, Juan Pablo II le aceptó su renuncia al día siguiente. Es decir, no todo está dicho.

Ahora bien, a las ternas y las planillas de candidatos que barajean los expertos como posibles sucesores de Norberto Rivera habrá que agregarles el ‘factor Francisco’. Porque es un hecho que el pontífice argentino tomará personalmente esta decisión y, si nos atenemos al carácter que ha mostrado en otros nombramientos importantes, su único interés para elegir el perfil del próximo arzobispo primado de México será que aquel esté plenamente comprometido al estilo de la ‘Iglesia en salida’, la ‘revolución de la ternura’ y la ‘reforma de las actitudes’.

Es decir,  aquel que se “saque la rifa del tigre” como próximo arzobispo metropolitano de México será un peregrino que quiera acudir hasta el borde de la realidad y de las periferias humanas de la Ciudad de México, porque en este momento ya es lo que hace a ras de suelo de su propia diócesis. Y entonces las ternas de sucesores ya no se limitan a los obispos favoritos, sino a los últimos, los que por el momento pasan más tiempo en la terracería que bajo los reflectores.

 

*Papa sorprende a tlaxcaltecas

Esta primavera el papa Francisco ha dado dos guiños muy importantes a la Iglesia de Tlaxcala. Primero –aunque la sede episcopal se encontraba vacante- aprobó el decreto para la canonización de los niños indígenas mártires tlaxcaltecas Cristóbal, Juan y Antonio; y este 15  de junio, despertó a la Diócesis de Tlaxcala con el nombramiento de un nuevo obispo. Se trata del sacerdote Julio César Salcedo Aquino, misionero josefino y director de un colegio católico mexiquense, quien será consagrado cuarto obispo de Tlaxcala. Salcedo, de 66 años, será quien el próximo 15 de octubre participe junto al papa Francisco en la histórica canonización de los que se consideran “los primeros mártires del continente”.

@monroyfelipe

¿Por qué la renuncia del cardenal Rivera vuelve locos a todos?

norberto-riveraaEl próximo martes 6 de junio, el cardenal arzobispo de México, Norberto Rivera Carrera, cumple 75 años y según lo marca el Código de Derecho Canónico, el purpurado está conminado a presentar su renuncia al Santo Padre. Es un procedimiento burocrático –diría incluso ordinario- pero por alguna razón son varios los interesados en apurar este evento que en principio detona la búsqueda de su sucesor.

La cátedra arzobispal de la Ciudad de México siempre ha estado en la mira de los medios de comunicación, de los intelectuales y de no pocos sectores de gobierno. A muchos opinantes de temas religiosos parece no importarles las otras 92 diócesis de México y, mucho menos, los cientos y cientos de órdenes, congregaciones y asociaciones religiosas que realizan diferentes servicios en el país. Su obsesión con la sede primada responde a un lenguaje político que confunde el juego del poder con los ministerios encomendados a los obispos.

Esa reflexión es primaria y simple: el titular de la Iglesia católica en la ciudad donde se concentra el poder político, económico, mediático y cultural de todo el país debe ser, al mismo tiempo, el representativo concentrado de toda la catolicidad de la nación. Y quizá aquellos que piensan de este modo no tienen del todo la culpa, porque así funcionó por muchos años: la prosapia, el preclaro linaje, el potencial administrativo y económico de una sede obispal merecía honores y distinciones al pastor quien, así acumulando títulos nobiliarios, pasaba de servidor a jerarca.

Por ello, frente a la renuncia del arzobispo Norberto Rivera Carrera más de uno quisiera ser el primer heraldo que pronuncie: “El Rey ha muerto. ¡Que viva el rey!” y desvelar al sucesor que tomará la sede de la Catedral Metropolitana de México. Sin embargo, a estos entusiastas hay que decirles que, además de no entender a la Iglesia católica, no han terminado de comprender lo que ha estado haciendo el pontificado de Francisco.

Entonces ¿qué pasará con el arzobispo Rivera? ¿Cuándo será aceptada su renuncia y cuándo conoceremos a su sucesor?

Empecemos con la renuncia. El cardenal Rivera presenta su renuncia por principio de orden pero la Santa Sede y el Papa valoran cada caso en particular. En la historia ha habido casos de obispos con más de cuatro años de “tiempo extra”, esto se ha debido a dos fenómenos particulares: el primero es un periodo moderadamente racional (‘tiempo de gracia’) para que el obispo vaya administrando su retiro, encuentre un espacio dónde vivir, deje en orden la casa y participe de cierto modo en el proceso de la búsqueda de su sucesor.

En ese punto ya se encuentra Norberto Rivera: solicitando informes del estado de las cosas en la Arquidiócesis de México que es una iglesia inmensa con ocho obispos auxiliares, 52 decanatos, más de 650 territorios parroquiales y más de mil 200 templos; un territorio donde convergen más de una docena de universidades católicas, cientos de conventos y cientos de servicios de caridad social como hospitales, albergues, comedores populares, refugios, etcétera. Y, por si fuera poco, el Santuario de Guadalupe con sus más de 20 millones de visitantes al año y que está bajo su jurisdicción. ¿Cuánto durará este tiempo para poner orden? Tres a cuatro meses más aproximadamente.

Sin embargo, hay un segundo fenómeno para que un obispo haga ‘tiempo extra’ en la diócesis: la carencia de un claro sucesor o de un perfil adecuado para asumir una carga de esa naturaleza. Este es un tema casi tabú en México pues sería inimaginable que el segundo país del mundo con más católicos tuviera un déficit en candidatos al solideo episcopal  o al palio arzobispal. Pero hay que recordar que las más recientes sucesiones arzobispales en México indican que tanto la Nunciatura como la Santa Sede tienen una responsabilidad más difícil de lo que parece.

Así que, si Rivera Carrera goza de salud y tiene buen ánimo para continuar administrando la iglesia capitalina por algunos meses más, seguramente la Santa Sede no querrá urgir ni poner en predicamento al Papa ni a la Iglesia mexicana para encontrar un sucesor de inmediato.

Y eso nos pone en el segundo tema: ¿Quién podría ser el próximo arzobispo primado de México?

Volvamos al papa Francisco y a su peculiar estilo de gobernar la Iglesia universal. Con los cardenalatos anunciados del pasado 21 de mayo quedó muy claro que para Bergoglio el birrete púrpura en realidad va por la persona y no por el abolengo ni el poderío de la ciudad que administra.

Para Francisco, mientras más grande y compleja sea la diócesis representa más servicio y no más privilegios; más tierra de misión y menos principados; más sacrificios y menos “carrierismo eclesial”. Es así que la monumental Arquidiócesis de México no sería precisamente “un premio” ni “la joya de la corona”.

De tal suerte que el sucesor de Rivera Carrera no necesariamente debe apuntar a un pastor de meteórica carrera entre los corrillos episcopales, sino a un perfil más modesto en la labranza al servicio de la grey, con muchas horas de calle y varios kilómetros en carretera a ras de suelo. Y todas esas historias suceden en esas 92 diócesis restantes que los analistas e intelectuales casi nunca miran y que casi siempre desdeñan, pero que seguro no pasan desapercibidas para el pontífice argentino. @monroyfelipe