paz social

Víctimas y victimarios; las fronteras del verdugo

Sobre el caso Nestora Salgado, ¿en realidad sólo podemos entenderlo bajo criterios absolutos? ¿Es ella únicamente víctima o solamente victimaria en toda la historia? ¿Nos es lícito juzgar a una persona como perfectamente buena o absolutamente mala? Sus defensores: ¿Podrían sentir compasión por las personas que la acusan de secuestro? Y sus acusadores: ¿Podrán compartir la posibilidad que, bajo las ingobernables condiciones de violencia y corrupción de autoridad en sus comunidades, hubo algo positivo en las acciones lideradas por esta policía comunitaria? ¿Podríamos tener una mirada desde la alteridad respecto a lo que ella denunció fue su encarcelamiento injusto y, al mismo tiempo, expresar otredad con quienes la acusan de secuestro? ¿Por qué para juzgar preferimos armarnos también bajo la actitud de verdugo, pero eludimos intentar comprender la naturaleza de los actos y responsabilidades de cada ser humano, así como de las instituciones?

Los relatos sobre las situaciones extremas que padecen innumerables pueblos de México ante la ausencia de autoridad (o de su ignominiosa corrupción) y los abusos que personas o grupos cometen en esos páramos sin ley pueden ser releídos desde perspectivas diversas. Por un lado, nos podemos estremecer ante el dolor de centenares de víctimas que padecen actos de absoluta barbarie institucionalizada en estas fronteras olvidadas, pero también nos enternece cada gesto de bondad que algún hombre o mujer común realiza para evitar abusos, despojo o cualquier intento de atropello a la dignidad de su prójimo, aun si estos actos están fuera del orden legal o el casi utópico ‘Estado de derecho’.

Que la sociedad mexicana se debata furibunda entre acusaciones maniqueas, revela la poca comprensión que intentamos sobre la naturaleza humana y social. En ‘Frente al límite’ de Tzvetan Todorov, el filósofo recupera historias de sobrevivientes de campos de concentración nazis y soviéticos; pero no se limita a escuchar sólo la parte de la población que fue recluida y dispuesta a sufrir las torturas y crímenes más atroces del siglo XX, también recupera los testimonios de los que estuvieron fuera de las rejas (custodios, guardias, directores de los campos de concentración) y la manera en cómo asimilaban e intentaban comprender sus responsabilidades y sus actos. Son estos últimos testimonios los más complejos de comprender: ¿Cómo es posible que un monstruo conduzca a cientos de personas al patíbulo mientras escribe tiernas cartas de amor y nostalgia a sus padres y hermanos? ¿Cómo la vigilante en jefe de Birkenau era capaz de ordenar las torturas más inhumanas, pero abrazaba y regalaba chocolate a los niños en el campo de concentración? ¿Qué tipo de padre fue el comandante Schwarzhuber que le colocó un letrero al cuello a su hijo para que, mientras el niño vagaba por la prisión, los soldados no lo confundieran con los condenados a la cámara de gas?

En las situaciones extremas (y no podemos negar que muchas comunidades de México padecen esta condición), la fragmentación de la psique es un recurso de la mente para la supervivencia no sólo de nuestra persona sino del mundo en el que creemos o deseamos existir. Dice el escritor Primo Levi (sobreviviente del campo de concentración de Monowice) que “una cosa que uno no puede comprender se convierte en un vacío doloroso, una picadura, una irritación permanente”. ¿Qué queremos comprender del caso Nestora Salgado y las víctimas de secuestro en medio de un contexto de Estado fallido? ¿Con qué actitud queremos explorar las tinieblas morales y criminales de un caso tan extremo como el que debieron enfrentar Salgado, el pueblo, las autoridades y las víctimas? ¿Seremos capaces de otredad o nos contentaremos con permanecer en la posición de verdugo, esperando la víctima perfecta de nuestros prejucios?

@monroyfelipe

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No es hora de abandonar

enmDonde termina el camino crece la hierba, la maleza invade el terreno. Y hay que decir sobre la tierra mexicana que se abandonaron muchos senderos, algunos desde hace mucho tiempo.

No solo por miedo se desolaron los caminos, que no es para menos; también se renunció a ellos por mezquindad, por malsana complicidad e intereses, por suprema comodidad.

La semana pasada, un grupo de estudiantes sacudió las conciencias aletargadas de muchos para construir caminos de unidad frente a una urgencia nacional ineludible. Su iniciativa tuvo mayor repercusión de lo que cualquier medio de comunicación pueda asegurar.

Porque vi a un grupo de estudiantes colocarse en el seno del dolor de las víctimas y no sectorizar la agonía, ni privatizar la justicia.

Porque vi a un rector universitario y a un colegiado académico que custodian a su comunidad estudiantil, porque de su cercanía y orientación dependerá el futuro de las instituciones que acompañen o conduzcan.

Porque no faltaron las detracciones, los extrañamientos y murmuraciones que criticaron el porqué del acercamiento con las ‘ovejas negras’. ¿Por qué curar en sábado? ¿Por qué saludar a los impuros?

Porque la búsqueda de acuerdos, de diálogo y de construcción de paz no es cuestión de partidismos ni gobiernismos.

Hay universalidad cuando se promueve, propicia y resguarda la misión ulterior de un centro que produce cultura con el respeto por la historia y la audacia por el futuro… ojalá otras universidades tomaran ejemplo de esto que he visto.

“No demoren en acudir a lo que deben, se pierde tiempo”, urgía santa Guadalupe García Zavala a sus religiosas. Pero ¿qué es lo que se debe hacer? El papa Francisco exaltó la misión más importante de religiosa: “Esta nueva santa mexicana nos invita a amar como Jesús nos ha amado, y esto conlleva no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza, de afecto sincero y de amor”.

Haríamos muy mal en subrayar con rojo todas las desgracias en el país sin proponer ningún camino para enmendar la plana, para remediar las injusticias o, por lo menos, atenderlas. Nos gusta señalar pero no participar.

Compartimos los cadáveres de un sistema asesino, que reprende a los disidentes, hipnotiza a los indiferentes y descarta a los miserables; y, en el caso de los desparecidos, las sombras de su ausencia habitan en nuestro duelo tanto como en nuestra esperanza.

La conciencia de este dolor por el país nos mueve a exigir justicia, a manifestar nuestra indignación y a anunciar nuestro legítimo derecho a discrepar de los modelos políticos, económicos y culturales que no educar en la paz ni respetan la dignidad de las personas.

Pero, precisamente, para dar marcha a un camino de reeducación social requerimos un cambio de actitud. No basta señalar el mal y atrincherarse en las fantasías de seguridad que provee el dinero y el poder; porque hemos visto que solo se traducen en prepotencia e impunidad.

Todos somos responsables del grave momento que pasa el país, del grado de descomposición social, de la indiferencia frente al prójimo, de la apatía ante a la vida y de los múltiples atropellos a la dignidad del prójimo, sea vecino, hermano, migrante, mujer, menor, discapacitado, pobre, desempleado, desplazado o marginado.

¿Cómo remediarlo? Con pequeñas obras y actitudes cotidianas que reviertan la indiferencia. Precisamente en Vida Nueva México siempre buscamos a diferentes actores de la sociedad civil a que compartan un mínimo común desde el cual se puede construir la acción de paz. Sean de liderazgos notables, o de hombres y mujeres soterradas en el olvido de la marginación y el descarte, sus voces deben ser escuchadas y sus anhelos acompañados.

Desde el nacimiento de esta revista, en nuestras páginas, sociólogos, educadores, activistas sociales y líderes religiosos nos han compartido sus experiencias que marcan pautas para la construcción de paz: el respeto al medio ambiente, la convivencia entre creencias, garantizar los derechos humanos, el rechazo explícito de la violencia. Todo aquello en el contexto de la familia, de la comunidad, la escuela, el trabajo, el espacio público, el religioso y en el acompañamiento de las periferias materiales y existenciales.

Basta de quejarnos. Basta de creer que solo los demás son responsables de cambiar el panorama en que vivimos. Basta de poner la culpa exclusivamente en los otros por la situación de México. Con actitudes sencillas y prácticas, el día a día puede ser distinto; y con una manifestación social consciente, fortalecida y corresponsable son posibles las grandes transformaciones que requiere el país. Eso queremos demostrar. Si comenzamos a tener acciones que denuncien la iniquidad y que anuncien la justicia, que denuncien la corrupción y que anuncien la responsabilidad, que denuncien las violencias y anuncien la fraternidad, la solidaridad y la esperanza, entonces podremos aspirar a la construcción de paz, a lograr ambientes sin violencia, sanos y cordiales.

No es hora de abandonar aunque parezca demasiado débil nuestra difícil comunión y mientras sea tan fácil poner etiquetas, marcar diferencias y juzgar. Eso solo trae discordia y aislamiento en guetos.

No estoy dispuesto a creer que ese es el camino de mi comunidad ni el del país. Por ello en la convocatoria fueron todos, de manera inédita, todos juntos, con sus fascinaciones por los reflectores, con sus peculiares modos de pensar y sus loables trabajos. Los que no quisieron ir fue porque no querían ‘mancharse’, no querían ‘arriesgarse’; prefirieron amurallarse con sus colectivos que les festejan todo y no les critican nada.

Con frecuencia, los miembros de la Iglesia católica solemos no hacer mucha justicia al principio de solidaridad, hermandad y comunión que en principio debería convocarnos; en ocasiones sentimos que hay una Iglesia demasiado dividida entre diferentes sociedades, tanto por actitudes como por perspectivas ideológicas; por eso no solo saludamos esta iniciativa sino que nos involucramos con ella, nos ha sido grata porque intenta evitar que esas divisiones tan notorias dentro de los colectivos eclesiales, interrumpan esta misión trascendental que tenemos frente al país que es la recuperación de una estabilidad y la articulación de diferentes procesos de paz.

Porque solo hay dos maneras para que crezcan las flores: cuando se siembran y cuando son necesarias.

Católicos mexicanos hacen frente contra la crisis nacional

1415730646983Mientras el gobierno mexicano se empeña en acelerar la salida de una crisis social que ha visto situaciones dramáticas, los índices globales de percepción en la corrupción, violencia, injusticia social y desigualdad continúan ubicando al país apenas por encima de los peores lugares de sus encuestas y estadísticas. Para Transparencia Internacional, la corrupción en México califica con 3.1; la OCDE, mantiene muy por debajo de su promedio el nivel de desarrollo, justicia y orden social; y el Índice de Paz Global continúa ascendiendo al país en la escala de violencia.

Aunado a esto, México ha sido por segundo año consecutivo el peor país de América para ejercer el sacerdocio, la violencia ha cobrado la vida de al menos 36 mil personas en los últimos dos años, ocho ministros entre ellas. Para la Iglesia local es todo un reto la acción pastoral, los secuestros a sacerdotes crecieron 300% en el 2014 y las agresiones a agentes religiosos, religiosas y laicos también han sumado ya víctimas mortales.

Ante este panorama, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes y obispos del país han decidido “dar un paso al frente” no solo para reflexionar las causas y las consecuencias de la actual situación en México sino para coadyuvar en la generación de ideas, proyectos, movimientos y organizaciones que destinen sus esfuerzos para recuperar la paz.

La jornada pretende conjuntar voces y propuestas de líderes católicos que desempeñan labores de prevención, atención y auxilio en diferentes ámbitos de necesidades específicas en la construcción de paz.Animados por un grupo de estudiantes de la Universidad Pontificia de México, los directivos de la misma institución, el Centro de Estudios Ecuménicos, la Dimensión de Justicia y Paz del Episcopado Mexicano y la revista Vida Nueva México convocan a la jornada “La Iglesia frente a la corrupción, la injusticia y la violencia en México” que se realizará en la capital del país el 8 de enero.

Entorno a una mesa de diálogo en la que participarán los obispos Raúl Vera (Saltillo, Coahuila), Ramón Castro (Cuernavaca, Morelos), el sacerdote Alejandro Solalinde, el religioso dominico Miguel Concha Malo, la religiosa María de Jesús Zamarripa (Compañía de María) y el poeta y activista Javier Sicilia, se desplegará una exposición de organizaciones dedicadas a la reconstrucción del tejido social.

Junto a los expositores, algunas organizaciones darán talleres para sensibilizar frente a los dramas de las violencias y proveerán algunas técnicas de intervención positiva frente a la crisis social. En esa esfera de actividades denominada “El quehacer de la Iglesia. Acciones concretas de solidaridad y cambio” participarán organizaciones como el Albergue para migrantes Hermanos en el Camino, Asociaciones de Intervención en Promoción Comunitaria y Prevención Social de la Violencia, Centro Cáritas de Formación para la Prevención de Adicciones y Situaciones Críticas Asociadas, el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, Cooperamedia, Opción México, entre otras.

El momento central, sin embargo, será la mesa de diálogo entre distinguidos miembros de la Iglesia católica mexicana que desde su labor y oficio han desarrollado estrategias para enfrentar situaciones de corrupción, muerte y violencia que padece el país.

Los participantes de la mesa serán los obispos Raúl Vera y Ramón Castro. Raúl Vera ha sido distinguido con diversos reconocimientos internacionales por su labor de defensa de derechos humanos; por su parte Ramón Castro es el titular de la Dimensión de Justicia y Paz del organismo de los obispos mexicanos. Él mismo se ha manifestado públicamente en varias ocasiones para restaurar la paz en el estado de Morelos, donde se encuentra su diócesis Cuernavaca, y recientemente coordinó la publicación de manuales prácticos para desarrollar experiencias de paz en el país.

En la mesa participará también el sacerdote Alejandro Solalinde, distinguido defensor de los derechos de los migrantes y activo referente de una Iglesia involucrada en los dramas vigentes de la nación. El escritor y fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Javier Sicilia; y el religioso dominico, Miguel Concha Malo, responsable del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria. Completará el grupo la religiosa María de Jesús Zamarripa, secretaria general de la Confederación  Nacional de Escuelas Particulares, quien ha llevado al Congreso mexicano diversas iniciativas de educación integral preventivas al drama de la corrupción y la violencia.

La jornada se realizará en las instalaciones de la Universidad Pontificia de México, el día jueves 8 de enero desde las 9:30 horas y la entrada será abierta para todo público.

Revisionismo ficcional mexicano

lindavista-totolapan Imaginemos una inmensa caravana de hombres, mujeres y niños a través de un sendero entre las montañas; contemplemos que sus rostros morenos y relucientes dibujan con su ceño fruncido el lenguaje íntegro de la indignación. En la multitud, todos cargan el arma de su esperanza, a veces un rifle, una escopeta, una pistola vieja, un machete, piedras, palos, cuchillos, lo que sea que vieron antes de salir de sus casas y les pareció suficientemente amenazante. Una mujer aprieta un crucifijo entre los dedos y empuña una medalla de San Benito (“la mejor arma contra el maligno”, habrá pensado); pero no es la única, detrás de la Kaláshnikov, la Remington recortada y algo que parece una Garand de la Segunda Guerra Mundial, un grupo lleva cargando la imagen de la Virgen de Guadalupe que preside la cruzada del pueblo contra “todos los males”. El rumor grave que se escucha entre el denso follaje es el de miles de pasos marchando atropelladamente, pero que vociferan determinación y hartazgo.
Entre las joyas de la literatura mexicana está la imprescindible de Juan Rulfo, su portentosa producción narrativa nos ha dejado cuentos como Nos han dado la tierra, cuyo protagonista habla como profeta: “Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo”.
Ese pueblo podría tener todos los nombres de los pueblos mexicanos posibles, pero por lo pronto se llamaría Lindavista y se encontraría en el municipio de San Miguel Totolapan, Guerrero, su gente habría decidido tomar las armas “para defenderse y para invitar a los pueblos vecinos a unirse en la lucha de la paz social”.LINDAVISTA 01
Por supuesto, el páramo que describe Rulfo no es comparable al de la sierra guerrerense que imaginamos; aquel no tenía “ni la tantita tierra que necesitaría el viento para jugar a los remolinos”; sin embargo, los habitantes de los innumerables poblados mexicanos que han sido víctimas del crimen organizado, la corrupción, la impunidad, la indiferencia, el abuso o el olvido así contemplan su terruño: como un estéril paisaje erosionado por una recurrente y obstinada violencia. Y, sin embargo, en medio de todo eso, sí hay algo: hay un pueblo. Son esos pueblos los que nos hacen escribir una nueva historia, que nos orillan a contemplar nuevos mitos y leyendas, que definen porciones en la línea del tiempo de una nación. Quizá en el futuro logren hacernos nombrar con una palabra la razón de su existencia, que al decirla signifique todo el horror y toda la esperanza, que sus letras contengan todo el dolor por sus muertos y desaparecidos, que su acento refleje toda la rabia e indignación que los empujó a marchar. Pero no debemos olvidar que aquella palabra algunos la escribirán con mayúscula enviándola a la perennidad de la Historia y otros le pondrán comillas cuestionando incluso su relevancia. Por ello hablo de imaginar ese pueblo, pues en función de lo fácil o difícil que nos resulte hacerlo, dependerá la urgencia de nuestro compromiso con él.

Video. Toma de armas Pueblo de Lindavista.