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Continuidad operativa pero nueva agenda para la Iglesia católica

La 106ª Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) eligió al arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, como el nuevo presidente del organismo colegiado por un periodo de tres años. Los obispos católicos también han ratificado a su obispo auxiliar, Alfonso Miranda Guardiola, como Secretario General, con lo cual los dos pastores de la Sultana del Norte se convertirán en las principales figuras de articulación entre las instituciones eclesiásticas en México y las instituciones políticas y organizaciones sociales del país.

Al mismo tiempo, el otro fuerte candidato a la presidencia del organismo debido a su compromiso en los procesos de reconciliación y paz en México, el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos, asumirá la vicepresidencia de la CEM; por lo cual, se confirma un equipo de trabajo que mantendrá los procesos del Plan Global de Pastoral 2031-2033 al tiempo de poner ahínco en la reconciliación y pacificación del país. Todo bajo la carta fuerte del arzobispo Cabrera: promover una nueva agenda de la Iglesia contemporánea en el concierto cultural, social y político de México.

Rogelio Cabrera y Miranda Guardiola han demostrado que la Iglesia católica tiene oportunidad de actualizarse ante los desafíos culturales del llamado “cambio de época”. Un proceso complejo que involucra el reconocimiento de su identidad, un redescubrimiento de su historia y una rearticulación de nuevos lenguajes que involucren la obra humanitaria de los creyentes, la trascendencia del mensaje espiritual y el compromiso de la catolicidad con la agenda actual del ser humano.

La elección del nuevo Consejo de Presidencia de la CEM sucede en un contexto de singular trascendencia para el país. La transición política que va haciendo camino tras el rotundo triunfo de Andrés Manuel López Obrador parece mostrar los nuevos perfiles de relación entre los poderes políticos y las instituciones intermedias de la sociedad. Mientras con algunas, parecen crecer las tensiones históricas (financieras, empresariales); en otras organizaciones intermedias se abre una oportunidad de diálogo y cooperación, principalmente con las religiosas a las que el político se acercó en su última campaña.

El presidente saliente de la CEM, el cardenal Francisco Robles Ortega, en su mensaje de apertura de la Asamblea aborda este importante factor: “Hace seis meses lográbamos entrever que un cambio profundo en la vida política de México se acercaba… el resultado de las elecciones rebasó a la gran mayoría de los analistas. Un partido fundado hace cuatro años logró una importante mayoría en las cámaras… e incluso la presidencia de la República… tal concentración de poder requiere de un renovado sistema de pesos y contrapesos. Lamentablemente, no es un secreto para nadie que este sistema se encuentra gravemente debilitado”.

El presidente entrante amplía la reflexión: “Estamos en un quiebre moral y ético en el que todos tenemos qué ver, ojalá esto no vaya creciendo. Hoy lo que necesita el país es paz para progresar, tranquilidad para que tengamos una vida mejor. Estamos en un momento muy delicado”, aseguró en un encuentro público con ‘influencers’ mexicanos. Ante ello, Rogelio Cabrera propone una nueva actitud para actualizar la Iglesia en el ‘cambio de época’: “Son muy importante los rostros. De los que hablan y los que escuchan. En este diálogo se debe animar a la comunidad a trabajar por la paz […] La amistad social es el preámbulo para la paz […] Es muy importante generar espacios donde podemos amar y ser amados […] Veo que aún hay en la sociedad una respuesta ante el dolor humano. Veo que hay gente que apoya, que está allí. Es un bono que tiene la sociedad y que debemos cuidar”.

La pastoral del siglo XXI, los lenguajes nuevos de la llamada ‘Nueva Evangelización’ y la promoción de una vivencia católica desde la identidad guadalupana son los retos de la Iglesia católica para la tercera década del milenio. Cabrera ha afirmado tajantemente: “La fe no se hereda es un don para cada uno y una conquista para cada uno”. A partir de esta renovada estructura al interior de la Conferencia veremos de qué manera Cabrera y equipo acompañan esas personales conquistas en las fronteras del contexto contemporáneo.

@monroyfelipe

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No se confundan, la agenda es sólo una

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Buena parte de la privilegiada comentocracia afirma que el principal factor de incertidumbre del gobierno de Andrés Manuel López Obrador será la poca disciplina de los miembros de su equipo al opinar, sugerir y promover temas, agendas o proyectos que entran en discordancia con las del próximo presidente. Aún peor, no pueden creer que el mandatario dé más confianza a la opinión popular que a la opinión publicada o erudita.

Inquieta no ver la estricta verticalidad ni la alineación oprobiosa de los pensamientos de los operadores políticos a aquellos definidos, no digamos por el presidente sino por los expertos gurúes de la comunicación y estrategias del poder.

Es claro que la cadena de mando es imprescindible en el ejercicio de la administración nacional; sin embargo, resulta evidente que López Obrador –hasta el momento- parece dejar “muy suelto” a su equipo de trabajo. En ocasiones, sus secretarios y miembros de la transición opinan, reaccionan y dialogan con amplia libertad, incluso anteponiendo opiniones personales a los márgenes del proyecto nacional del presidente. Por eso es inevitable que esto provoque dudas sobre la unidad en el estilo, lenguaje, conceptos, búsquedas y oportunidades de los miembros del equipo presidencial.

Es por ello que algunos sectores (como el empresariado mexicano, las asociaciones religiosas y diversos sectores educativos) han sido muy claros con el presidente electo: ¿Cuál es la verdadera agenda que esperamos? ¿Es la planteada por sus secretarios, la que impulsan los grupos mayoritarios de la sociedad civil o la que usted ha prometido en campaña? Así, los empresarios y megaconcesionarios de proyectos de infraestructura han sido tajantes en su cuestionamiento: ¿En verdad vamos a esperar a que una consulta popular defina las inversiones más importantes del país? Los obispos y líderes religiosos han hecho lo propio: ¿En verdad estos temas antropológicos serán consultados libremente o ya hay compromisos para adoptar agendas polarizantes? Y, finalmente, el sector educativo: ¿Qué podemos esperar: adecuación, derogación o cancelación a la reforma laboral-educativa?

Sin embargo, el abanico no es tan amplio como parece: hay una agenda y un estilo.

Se sabe que, por lo menos a los obispos católicos de México –durante su visita a Monterrey-, el presidente electo les ha manifestado una certeza: la agenda es una, no importa lo que en lo personal opine ni la próxima secretaria de gobernación, ni los intereses que existan entorno a temas de las fronteras de la bioética social. Además, les adelantó que para la designación del próximo titular de la Dirección de Asociaciones Religiosas (ahora bajo la subsecretaría de Participación Ciudadana de Diana Álvarez Maury) no hay compromiso político con el Partido Encuentro Social para que un evangélico presida la oficina. Los obispos aseguran no buscar favoritismo sino neutralidad en esa oficina que es el puente natural entre las diversas asociaciones religiosas y el gobierno federal.

No obstante, con el resto de los sectores, Andrés Manuel ha sido más ambiguo. Quizá porque aquellos temas son más delicados y le interesa ver quienes al final muestran los dientes en el engranaje de lo que llamó ‘la mafia del poder’. Por ello, el presidente electo insiste: hay sólo una agenda, la suya; y un estilo: perdón pero no olvido. Y en esa agenda –a veces demasiado abierta a la opinión popular-, Andrés Manuel no olvidará a quienes operaron en contra suya; los perdonará, sí, pero no van a dejar de estar en el rabillo de su mirada.

@monroyfelipe

Lujitos institucionalizados

El uso de recursos públicos (o corporativos) para satisfacciones o ‘lujitos’ personales es completamente reprobable. Es una de las acciones que más destruye la confianza en instituciones por obra directa de los individuos. Y es, al mismo tiempo, muy fácil para las personas creer que merecen esos ‘pellizcos’ que le dan al erario cuando tienen oportunidad.

Lo que recientemente se hizo público con el caso de la senadora que a todas luces ha utilizado su posición para hacer gastos personales con carga al presupuesto de la Cámara Alta es, sin ser complacientes ni minimizando la gravedad de los hechos, una práctica generalizada en todos los sectores de la administración pública e incluso de no pocas organizaciones privadas, aunque estas últimas exigen una reflexión de otra naturaleza.

Algunos de estos actos son en extremo evidentes como comprar con recursos públicos artículos de uso personal; pero se vuelven más sutiles cuando se trata de pagar ciertos servicios cuya necesidad es debatible costear con dinero público o con los emolumentos personales: gastos de representación (alimentos, traslados y hospedajes), servicios de imagen personal (peluquero, maquillista, asesores de imagen), choferes y seguridad privada, consumo ilimitado de gasolina y peajes, servicios de salud y bienestar (nutriólogos, entrenadores, masajistas), formación y educación (capacitaciones, diplomados, entrenamientos, etcétera).

Por supuesto, mucha gente no quiere comparar lo que “roban los políticos” con lo que “toma la sociedad”. Pero pongamos el ejemplo de las conchas sin azúcar, muebles y artículos personales que la senadora cargó al gasto público frente a lo que muchos ciudadanos hicieron al registrar sus automóviles (muchos de lujo) en el estado de Morelos para no pagar tenencia y evitar fotomultas. ¿Cuál actitud provoca una mayor pérdida a los recursos públicos? ¿Cuál es más sancionable moral y públicamente? ¿Qué consecuencias penales puede tener el primero y cuáles el segundo? Y finalmente, ¿cuál estaría dispuesto a hacer usted, querido lector, si tuviera la oportunidad?

Por supuesto, es muy probable que afirme que la primera acción (ser funcionario y aprovechar la posición para cargar al gasto público satisfactores personales) es más grave porque pone todas las alarmas sobre esa persona en el ejercicio honesto y desinteresado de sus responsabilidades: ¿No acaso un funcionario que gasta sin pudor los recursos de la nación puede también pedir una tajada por negocios, licitaciones o adjudicaciones directas? ¿No acaso un servidor público que no se ruboriza al pellizcar la partida presupuestal puede también crear enormes boquetes financieros en deuda o engañosos proyectos de infraestructura con material de cuarta que terminan en socavones mortales? Y ni siquiera estamos hablando de la prepotencia, la impunidad, el fuero o el tráfico de influencias que también podrían considerarse lujitos institucionales.

Pero los ciudadanos de a pie también pecamos del mismo mal: desde la simulación o evasión en el pago de impuestos hasta la innoble recepción de bienes o beneficios económicos a cambio de la venta de la conciencia o del voto. En general no se critica esta actitud, todo lo contrario: se aplaude a aquel individuo que descubre oportunidades de ganancia ocultas para la mayoría de las personas, aún cuando esas oportunidades lindan en la frontera de lo legal, lo legítimo o lo moralmente correcto.

Aceptar un bien que se obtiene de una manera injusta habla de una cultura del agandalle que hace mucho mal a las sociedades donde se le da carta de naturalización. Y hay que reconocer con vergüenza que México ha adoptado este estilo cuya imagen más cruda es la del pernicioso victimismo pegado a la ubre del presupuesto o del grosero acaparamiento de ventajas inmorales, pero perfectamente legales.

@monroyfelipe

#Debate2018 Ganó el formato, faltaron aportaciones de fondo

asd.JPGConcluido el primero de tres debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, los cinco candidatos –como ya lo habían trabajado en sus equipos de campaña- se declararon ganadores de su trinchera y pusieron en marcha sus tácticas para posicionarse en los espacios noticiosos de la semana. Sin embargo, como nunca antes, las estrategias en las redes sociales presidieron el análisis de lo acontecido en tiempo real y con miles de matices de opinión. Lo que quedó fuera, no obstante, fue la oportunidad de abordar los temas de fondo, que sí los hubo, pero palidecieron bajo las tácticas de imagen y campaña.

Los esfuerzos del Instituto Nacional Electoral para trabajar con las empresas controladoras de las principales redes sociales del mundo y que éstas operaran a favor de lograr audiencias y conversación fueron notorios, pero inquieta mirar los resultados: un inmenso volumen de participantes, pero igualmente inmensa la basura que allí se produce. Eso, sin contar aquello que los vendedores de fantasías llaman “estrategias de redes” pero que no son sino la compra burda de tecleadores obsesivos.

Las redes sociales rompieron el monopolio de opinión de los medios de comunicación tradicionales de noticiarios. Nueve de las diez tendencias masivas en Twitter en México hablaban sobre el debate; además, la utilización de diversos hashtags del INE para generar y concentrar la conversación que produjeron cientos de miles de usuarios facilitó dar seguimiento no sólo a las intervenciones de la sociedad sino a los usos que los equipos de campaña de los candidatos están dando a estas herramientas. Por supuesto, Facebook y Whatsapp también fueron receptáculos inmensos donde creció la exposición de lo acontecido en el debate pero hay datos muy preocupantes sobre este enorme esfuerzo: sólo uno de los diez principales influencers en México decidió participar y colaborar en la conversación sobre el debate presidencial; el resto, para mantener su autenticidad y lo que sus audiencias les piden, decidieron no intervenir, ni voluntariamente ni por medio de intereses económicos que les sugirieron tuitear a favor de ciertos candidatos a cambio de un atractivo bono económico.

Esto quedó reflejado involuntariamente en una encuesta realizada por la empresa Pauta: tras el debate realizó mil 196 llamadas telefónicas a hogares mexicanos, sólo 27% de los encuestados había seguido el ejercicio democrático. Es decir, aún permanece un gran volumen de indiferencia social ante estos temas políticos. Y, cuando los hay, la banalización o la burla antecede a la reflexión desapasionada. En la encuesta de un destacado informativo de Jalisco, más de la mitad de sus audiencias confirmó que lo más importante del debate fueron los ‘memes’ y los ataques. Así que, al igual que otras redacciones de noticias, se colocaron en portada principal dos notas: Los memes de los candidatos y un contador de ataques durante el debate.

Ya se esperaba, los ataques se centraron en el candidato puntero y los analistas coinciden en que esta circunstancia redujo las posibilidades de que los participantes expusieran temas concretos y exploraran respuestas a los temas que se les presentaron en este primer debate. Según el contador de ataques emitidos y recibidos: Anaya hizo 17 ataques y recibió 14; Zavala atacó 14 veces y recibió sólo una crítica; Rodríguez no recibió ninguna embestida pero hizo 15; Meade arremetió en 17 ocasiones y recibió 7 agresiones; y, finalmente, López Obrador, atacó dos veces y recibió 43 señalamientos de sus opositores.

En el balance de los analistas políticos y de imagen pública hay cierta coincidencia en que el candidato Ricardo Anaya, fue el que realizó un mejor desempeño en la técnica; que José Antonio Meade, desaprovechó la oportunidad de salir del tercer lugar en la intención de votos; que Andrés Manuel López Obrador, aportó muy poco en el ejercicio y soportó con estoicismo las acérrimas críticas de sus oponentes; que Margarita Zavala, se esforzó demasiado en el tono y en la emoción pero no en el fondo de las ideas; y que Jaime Rodríguez, destacó por las insensateces vertidas y la disruptiva actitud.

Con todo, más allá de la imagen y desenvoltura de los aspirantes, finalmente los temas de fondo sí aparecieron en estos ejercicios democráticos, aunque con tibieza y abordados sin claridad. Quedan para posteriores reflexiones y diálogos: La elección de un fiscal independiente para combatir la corrupción en el gobierno, la exploración de una reforma legislativa para revocar el mandato presidencial, el diálogo por una estrategia de seguridad eficiente y la gobernabilidad en medio de una crisis de Estado.

En conclusión, ganó el formato del debate y será un error dar marcha atrás en ello. Eso obliga a los aspirantes a mejorar sus técnicas y sus argumentos, a ordenar sus ideas y plantearse una imagen que converja con sus planteamientos y a aprovechar su tiempo porque es el tiempo que los ciudadanos (los pocos interesados) les están dando. El terreno está asentado y la audiencia interesada está deseosa de participar, esperemos que –ahora sí- haya más propuestas para hacer coincidir esos dos espacios.

@monroyfelipe

De ‘alianzas aberrantes’ y narrativa moral electoral

La conformación de las extravagantes amalgamas electorales rumbo al 2018 han despertado la somnolienta moralidad de periodistas y analistas políticos. Como quizá nunca, hoy se cuestiona a los partidos políticos y sus precandidatos sobre sus doctrinas y posicionamientos morales frente a las de sus nuevos compañeros de fórmula aliancista.

No sólo han reclamado al PAN la traición de sus principios -a los que consideran casi religiosos- con la alianza con Movimiento Ciudadano y PRD; también critican que la ideología “evangélica” del PES es irreconciliable con la moralidad jacobina y marxista del PT. Aún más, las ya clásicas críticas al líder de Morena han cambiado del carril del ‘peligro de facto’ a la autopista de la ‘locura inmoral’; y al candidato del PRI le cuestionan que sea el PRI el partido que lo arrope y posicione, como si él fuera mucho mejor persona que todos los priistas juntos.

Es como si quisieran mostrar a sus audiencias que periodistas y analistas conocen más a los partidos y a los políticos que lo que estos dicen de sí mismos. Toman la actitud de un padre que siente placer al decirle a su propio hijo que lo que hace es incorrecto. Olvidan que en la política -la descarnada búsqueda del poder- las razones pragmáticas anteceden a las ideológicas.

Entonces, ¿por qué hemos escuchado en estos días más análisis sobre el mundo de la moral que del campo de la política? ¿Por qué se enfocan en las diferencias que han declarado los políticos ante los medios y no en lo que realmente se configura en estos nuevos armatostes políticos de operación? Los politólogos hablan de congruencia ideológica en dirigentes partidistas cuando la única congruencia que vale en la política es perseguir, conseguir y administrar el poder.

Ya lo dijo con absoluto desparpajo el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson: “Comercio con todas las naciones, alianza con ninguna. Ese debería ser nuestro lema”.

¿En realidad importa si hay convergencia ideológica o no entre los partidos que van juntos para el 2018? Y sí, a todas luces es claro que no ¿qué sí debería interesarnos de estos amarres partidistas?

Las amalgamas -lejos de ser verdaderas alianzas- tienen como objetivo remediar una carencia que partidos y movimientos políticos notaron en las últimas elecciones: la construcción de estructuras operativas funcionales que definan en cada una de las etapas electorales lo que esperan los partidos.

Ningún partido en solitario tiene la capacidad operativa para vencer la estructura promotora, coercitiva y defensora del voto corporativo que recibe apoyo desde el gobierno independientemente del color que tenga. Los procesos, la jornada electoral y la disputa en tribunales de las elecciones en este año dejaron en claro este punto.

Aceptar o no, confiar o no en la narrativa moral que los medios plantean sobre los precandidatos y las plataformas de los partidos corresponde únicamente a los ciudadanos; no sólo para la emisión de su voto y el descanso de su moral obedeciendo a historias sobre quién es “más honesto”, “más congruente” o “más independiente” sino porque la moral ciudadana no puede preocuparse por las presuntas “doctrinales” partidistas, debe preocuparse de las luchas de las familias en medio de las injusticias, de la búsqueda de la dignidad ante las opresiones económicas y la garantía de la seguridad mínima de su existencia.

En síntesis: es sintomático que los medios se preocupen más de la moral de los políticos que de la moral de la ciudadanía, obliga a pensar que el último personaje en relevancia para el concierto democrático es el ciudadano.

@monroyfelipe

Lecciones de periodismo para mundos confrontados

journalism.jpgEs triste, pero es un deber ético reconocer que hablar de religión provoca muchas tensiones y muy profundas discordias. Y no solo sucede cuando se confrontan las posturas de creyentes y no creyentes, sino entre creencias divergentes, dentro de las mismas convicciones y hasta en el corazón de una misma institución religiosa.

Ser testigo de tan sutiles conflictos y traductor para la sociedad de la relevancia que tienen dichas dinámicas para dar lecturas a destinatarios tan íntimos como la fe de una persona o tan públicos como la manifestación social de sus credos, no es un trabajo simple. Pero si esa difícil responsabilidad debe caer en alguien, más vale que sea en las de un periodista; y no de cualquiera, sino de un profesional capaz de amar la verdad aunque ésta siempre le sea esquiva.

El oficio exige compromisos que parecen mínimos, pero que se tornan enormes frente a ciertas circunstancias. En la Declaración Final del Primer Encuentro Internacional de Periodistas de Información Religiosa, realizado esta semana en Madrid, los amanuenses de la información que abordan los perfiles religiosos de este mundo coinciden en que el periodista debe “amar la verdad, vivir con profesionalidad y respetar la dignidad humana”.

Insisto, parece poca cosa, pero son muchas las tentaciones que orillan al periodista a simular el noble oficio y complacer así a formalismos vanos, instituciones pasajeras, personajes mortales o condescendencias cómodas. A veces, el periodista que ha perdido la brújula se convence de su superioridad y la defiende a ultranza.

Por eso llama mucho la atención que en su Declaración, el cuerpo de periodistas de información religiosa haya retomado las palabras que el papa Francisco dejó en su encíclica Laudato si’: “Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco”.

Como decía al inicio, hablar de religión provoca muchas discordias pero resulta esperanzador que los diferentes liderazgos internacionales en materia de periodismo religioso aceptemos que hemos tenido, en buena medida, parte de la responsabilidad para que esos aparentes abismos que existen entre partidarios de posturas contrarias sólo se ahonden y se enardezcan más.

Y creo que si los profesionales de la información religiosa (nicho despreciado en casi todas las naciones) pueden hallar vías para reencontrase con el verdadero servicio social que conlleva el oficio periodístico aún en esos temas de tal gravedad humana; los colegas del resto de tópicos informativos también pueden alzar la mirada y reencontrar en el oficio las claves del servicio que la ciudadanía requiere de ellos. A esto se comprometen este puñado de servidores de la información religiosa en un momento en que el propio pontífice máximo de la Iglesia católica es confrontado desde las almenas de altas catedrales y no debe ser minimizado ni instrumentalizado.

Que los periodistas evitemos ser utilizados como instrumentos ideológicos o políticos; que la búsqueda de la verdad la hagamos desde la honestidad, la transparencia, el rigor y la imparcialidad. Que nuestro trabajo busque siempre –denunciando y proponiendo- la igualdad, la justicia, la solidaridad, la libertad, la paz y el cuidado del ambiente. Que nuestra mediación favorezca el encuentro, la escucha, el diálogo, la sinergia y confrontación de ideas.

¿O no cree, querido lector, que usted merezca esto, cuando menos estos principios éticos y morales de los medios de comunicación que consulta –o que lo invaden en sus redes sociales-, y que hoy le presentan a terribles personajes políticos como los nuevos e inmaculados paladines de la democracia?

@monroyfelipe

¿Y si acabamos con los corruptos, mejoraríamos al país?

535acf18d680cCon fiscales más o fiscales menos, a los mexicanos nos gusta perseguir criminales o, al menos, nos calma la conciencia hacer ‘justicia’ a fuerza de tuitazos. Cada cierto ciclo, si no son narcotraficantes o capos del crimen organizado, son exfuncionarios corruptos o personajes públicos con cuitas de cuestionable moralidad. Y, si bien, la procuración de justicia, la reparación de los daños o el castigo de criminales son acciones indispensables para mantener equilibrios sociales; es un hecho que no cambian aquellas relaciones de control y progreso necesarias para construir una mejor ruta.

Cuando el presidente Enrique Peña Nieto dijo en el foro Impulsando a México que la sociedad “siempre quiere encontrar un responsable o un culpable” tenía razón; sin embargo, no se le puede regatear al respetable ese deseo cuando existen tantos problemas que exigen satisfacción. Donde Peña se equivoca completamente es en definir “al culpable perfecto”; el ejecutivo deslizó la idea de que el enemigo que la sociedad persigue es “la corrupción”. Como si “la corrupción” fuese un individuo y no la cultura que se ha impregnado en cada rincón de nuestras relaciones con el poder y el dinero. La corrupción no es una esencia, es un conjunto de actos realizados por personas concretas de cualquier gobierno, partido, filiación o ideología; y, como se ha demostrado ampliamente, hasta los accidentes o los fenómenos naturales, afectan más y dejan peores secuelas en los más vulnerables cuando aparece algún acto de corrupción.

Con su queja, Peña Nieto involuntariamente normaliza esos actos corruptos, minimiza y desprecia el poder que sus funcionarios (y también sus detractores) han logrado mediante actos de corrupción. Y, con todo, realmente no se espera que entre los políticos y funcionarios exista esta superior reflexión filosófica, pero sí es derecho de la sociedad cuestionar a sus representantes cuando en sus alocuciones defienden la normalización de la corrupción o cuando se preocupan más por el culebrón noticioso de perseguir delincuentes que por los reajustes en el camino hacia el progreso.

El pasado 24 de octubre, la asociación Gestión Social y Organización (GESOC) presentó su Índice de Desempeño de Programas Públicos Federales de 2017 el cual confirma la tendencia de que 8 de cada 10 programas federales orientados al desarrollo social tienen problemas de desempeño o se realizan en condiciones de opacidad. Esto es, más del 80% de los 870 mil millones de pesos que el Estado invierte en programas de desarrollo social no está resolviendo los problemas para los que fueron creados. GESOC afirma que, en el sexenio de Peña, el 53.8% del total de los presupuestos aprobados se dirigieron a programas que mostraron un bajo desempeño.

Por supuesto hay responsables de que toda esa inversión social no beneficie a la gente y, muy probablemente haya actos de corrupción que deben ser castigados; sin embargo, GESOC no pretende que este sea juego de policías y ladrones: La caja negra del gastro social son esos programas que ni siquiera identifica a la gente que dicen beneficiar. El caso del ISSSTE es paradigmático: la institución de salud en toda su red de cobertura médica no tiene datos del universo de población a la que debe atender ni reportes de toda la población atendida. En estos casos es donde la corrupción es la brutal estocada a un sistema agonizante. Sin datos y sin eficiencia de los servicios no hay modo en que los directivos de la institución proyecten mejoras, ni planes, ni nada útil.

Ojalá esto también nos preocupe tanto como la persecución de personajes corruptos representa el 24% del presupuesto público aprobado y vale la pena insistir que apenas dos de cada diez programas sociales instalados en el país para recomponer carencias o promover bienestar podrían estar funcionando. No vayamos a conformarnos con ser como los personajes del finísimo escritor mexicano Elmer Mendoza que viven en medio de balazos, violencia, drogas y corrupción: “tendríamos que entender que así es la vida, que unas veces se pierde y otras se deja de ganar”.

@monroyfelipe

Coppola, un nuncio con visión alternativa para México

coppolaqroaDe nada sirve prohibir porque lo prohibido se vuelve más deseable en automático, no sirven tampoco los cabildeos legislativos contra el aborto o la eutanasia si no van acompañados de un cambio cultural profundo y, finalmente, no sirven los acuerdos cupulares con políticos o funcionarios porque los políticos cambian sus ideologías y principios sin ruborizarse al ritmo que marcan las encuestas o las modas pasajeras. De esta manera ve el Nuncio apostólico en México, Franco Coppola, el panorama actual del país. La famosa “solución mexicana” que el embajador del Vaticano cree que puede ser la vía para superar entuertos sociales y culturales se aleja mucho del maniqueísmo tradicional en donde parece que se han entrampado grandes grupos antagonistas.

Mientras algunos sectores religiosos (no sólo católicos) no paran de hablar de ‘guerra’, ‘brazos armados’ y ‘batallas de la fe’ que suceden en la arena política; el enviado del papa Francisco (que proviene de naciones donde estas expresiones no son sólo figurativas) siempre propone vías de diálogo que exigen un mínimo ejercicio de autocrítica. Una perspectiva que puede venir muy bien ante los tiempos electorales que comienzan a inquietar a los mexicanos.

En principio, al nuncio Coppola le llama la atención que la filiación religiosa de los políticos mexicanos sub-represente la cantidad de católicos en el país: “Me ha extrañado –dijo en Querétaro durante su participación en un encuentro de laicos- que en un país tan católico entre comillas, con 80% de fieles, a nivel político, los que profesionalmente tratan o deberían tratar de conseguir el bien común, haya una presencia muy escasa de católicos. Casi no se ven, hay algunas personas pero muy pocas. No son para nada representativas del hecho que los católicos son el 80% de la población, para nada”.

Sin embargo, Coppola tampoco considera apremiante usar sólo la ficha de la masividad católica como apuesta para construir una verdadera nación de valores humanos y cristianos: “No hay que estar muy atentos sólo en concentrarse en estos hechos. Este es un aspecto importante pero no sirve de nada si no se trabaja con la gente, con el pueblo; si no se construye esta familia, este espíritu de familia en el pueblo mexicano. Hubo un tiempo –ejemplifica Coppola-, el de la conquista, o hace un siglo, incluso hasta hace sólo 40 o 50 años, cuando era posible convertir al jefe y enseguida todos los demás seguían automáticamente. Bastaba convertir al rey y todo el reino seguía. Bastaba con ponerse de acuerdo y hacer unas leyes y todo estaba arreglado. Esto iba bien hace un siglo, ahora no”.

De tal suerte que el diplomático señala sin medias tintas: “Si no se fortalece la conciencia cristiana de la población, no sirve de nada trabajar con los políticos, no se consigue nada. Se puede obtener una ley pero en seis meses será cancelada, no se llega a nada”.

La lectura del nuncio replantea fuertemente las búsquedas que varios sectores sociales han planteado para garantizar en el marco legal mexicano los derechos fundamentales de la vida y la dignidad humana. Coppola no los desanima ni desacredita los esfuerzos de aquellos grupos, sólo les propone una visión alternativa: “Es equivocado pretender defender la vida desde el nacimiento sólo prohibiendo el aborto, no sirve de nada; o defender la vida hasta el último momento prohibiendo la eutanasia. ¿A quién sirven las prohibiciones? Cuando se hace una cosa prohibida, la única consecuencia que uno la desee más; eso psicológicamente es automático”.

Franco Coppola ha planteado en varios foros la perspectiva de promoción de valores humanos y cristianos que el papa Francisco desea en las naciones: “La protección de la vida desde el principio hasta el último momento significa, siempre siguiendo el mensaje del Papa, estar cercanos a la gente. Para que ninguna mujer, ninguna joven, se sienta tan sola que no se sienta capaz de acoger la vida que el Señor le ha dado en su seno. Para estar bien cercanos a los enfermos, a nuestros viejitos, para que no sientan la necesidad o el deseo, como última cosa, de ser liberados de esta enfermedad. No es la ley lo que va a darnos estas cosas, es la cercanía a las personas. Si nosotros no estamos cercanos a las personas, las personas se alejan y tratan de encontrar la solución más fácil: el aborto o la eutanasia. No sirve de nada tapar estas salidas, porque siempre hay muchas maneras ilegales y de todas maneras no sirven. Se puede ganar la batalla si se obtiene una legislación que nosotros queremos, pero si no se hace nada para estar al lado de los adolescentes, las mujeres o los enfermos, no sirve de nada. Es una batalla ganada pero la guerra está perdida”.

La misión de Coppola en México parece ser la de sembrar estas ideas entre los obispos y los ministros de nueva generación, dejar de alimentar el purismo excluyente porque la revancha es un refugio sombrío. Kasuo Ishiguro el nobel de literatura 2017 plantea en su Gigante enterrado: “No sé qué tipo de desesperación nos lleva a instalarnos en parajes tan lúgubres”. La alternativa cristiana, incluso en la política, no levanta muros en las fronteras sino puentes, no llama a la guerra santa profetizando cataclismos: confía y se implica mientras los desesperados echan suertes.

 

@monroyfelipe

 

La batalla por el EdoMex: Lo que sí sucedió en el debate

xcarlosloret.jpg_594723958No entraré en la necedad de apuntar quién ganó o quién perdió en el primer debate realizado por los seis candidatos a la gubernatura del Estado de México porque precisamente ese es el estilo rancio e insustancial que aprovechan los pseudoanalistas para expresar –en el mejor caso- sus fobias y filiaciones políticas; tampoco secundaré las voces victimizadas del ‘pueblo’ que caen en el fácil y cursilón discurso de que los ciudadanos perdemos cada vez que los políticos ganan.

La batalla por el gobierno del Estado de México es, por mucho, el proceso electoral local más desafiante del país. Los once millones y medio de electores en el padrón electoral son, al mismo tiempo, un sueño y una pesadilla. Un sueño porque, con solo entrar en la contienda, los partidos políticos punteros tienen oportunidad de alcanzar una masa crítica de más de un millón y medio de votos potenciales, que representarían algo cercano al 12% de lo que necesitarían en una elección nacional para obtener, por ejemplo, el triunfo de un candidato a presidente de la República. La pesadilla radica en que de esos 11 millones de electores, el abstencionismo raya el 60%.

Más allá de lo evidente –lo esperado de las acusaciones y mutuas descalificaciones- en el primer debate de candidatos al gobierno del Estado de México, hay tres reflexiones por compartir:

 

Primero: Comunicación arcaica

Ninguna plataforma de comunicación propuso un modelo diferente a lo que tradicionalmente se realiza en los debates políticos. Es verdad que el formato de debate no cooperó para trabajar mejor el ritmo y mantener el interés de la audiencia; pero resultó casi ofensivo el que los candidatos se ciñeran al esquema que los libros de comunicación política publicaron hace más de cuatro décadas: “Frases cortas, ideas reiterativas, refuerzos gráficos, implantar la llamada a la acción”.

Los representantes de los partidos políticos –incluso la candidata independiente- se presentaron como las figuras tradicionales de ejercicio del poder, presumieron capacidades de acción y de decisión, desacreditaron a sus oponentes y, sin pensar más allá de una audiencia pasiva, repitieron la retahíla de propuestas geniales –todas buenas, todas eficientes, todas exitosas- que realizarían si ganaran.

Nadie apeló a la ciudadanía como agente del poder colectivo, no se habló desde los lenguajes que expresan democracia y participación bajo el principio de interacción y responsabilidad ciudadana. La persistente visión, desde la clase política, del electorado como una colectividad sin identidad ni capacidad racional organizativa, que sólo ‘merece’ o que sólo ‘pide’, perpetúa un modelo de comunicación donde sólo existen benefactores y mendicantes en el fondo de la estrategia. Y por ello, las expresiones condescendientes, las promesas vacías, el triunfalismo vano.

 

Segundo: Normalización de la corrupción

Las intentonas de desacreditación no son relevantes, lo relevante radica en el trasfondo de los ataques. En este primer debate se acordó atender tres temáticas centrales y de gran interés para la ciudadanía mexiquense: la violencia, la corrupción y el horizonte del desarrollo social. El Estado de México lleva décadas de una descomposición social sostenida que afecta el tejido social, principalmente a las instituciones intermedias de la sociedad (escuelas, empresas, iglesias y demás agrupaciones socio-culturales), mediante la violencia, la impunidad y los excesos de corrupción. El escenario, por tanto, fue el idóneo para que todos los candidatos recriminaran a sus contrarios los actos de corrupción, la falta de transparencia  y la ineficacia de sus previas gestiones administrativas. Cada uno justificó su propio éxito y se encargó de lanzar ‘mordaces cuestionamientos’ (bajo una corrección política soporífera) a sus contrincantes. Nadie salió impoluto (excepto la candidata independiente a la cual todos ignoraron olímpicamente) por una razón: el ejercicio de la administración pública en México está acompañada indefectiblemente de la práctica generalizada de corruptelas, cochupos y transas.

El reparto de dinero en efectivo para ‘incentivar’ la operación gubernamental es una denuncia recurrente del burdo camino mediante el cual los personajes o partidos políticos conservan su influencia con el empresariado formal o los poderes fácticos presentes en el territorio. Pero no es el único método de corrupción: la profesionalización de dicha práctica llega a tal grado de especialización en técnica legaloide que la corrupción en México puede ser inmoral pero no ilícita: el cobro de cuotas vía nomina a empleados de gobierno, los mecanismos de ingeniería fiscal para que las fugas de dinero sean prácticamente invisibles, el cobro del ‘moche’ en licitaciones e, incluso, la aparentemente legal adjudicación de contratos de inversión pública mediante concurso pero cuyo favorecimiento está fríamente calculado con la contraprestación que las empresas hacen al funcionario público.

Que el debate estuviera plagado de estas acusaciones es un síntoma inequívoco de que estas prácticas están más arraigadas y vigentes que nunca en todo el sector político y administrativo del Estado de México.

 

Tercero: Ningún cambio en el horizonte

La inducción no logra vence la deducción. Todos los candidatos formularon explicaciones sobre sus éxitos personales alcanzados en actividades administrativas o de gobierno; pero ninguno planteó cómo ellos mismos son víctimas de un ecosistema perverso que desean remediar.

La inducción explicaría que los “triunfos” en municipios específicos o secretarías de gobierno influirían en la ciudadanía para que ésta concluyera que los candidatos harían el mismo buen trabajo ya en el gobierno del Estado; sin embargo, la deducción insistiría en que la podredumbre del modelo social del Estado hace a cada uno de los candidatos apenas vencedores de la miseria.

¿En dónde se visualizan a ellos mismos en los nuevos escenarios de movilización política? ¿Qué mensajes de campaña expusieron para responder a los desafíos de la identidad ciudadana, de las complejas interacciones comunitarias, de la relación de la ciudadanía con las autoridades, de la operatividad de medios de información y denuncia, de las dinámicas de co-gobierno, de su participación en seguridad pública?  ¿Qué guiños de comunicación y mejora de competencias de gobierno a través de la reestructuración burocrática tradicional presentaron a las audiencias? ¿Cómo abordaron –sin la bravuconería incumplible de meter a la cárcel a todos los exfuncionarios- los medios y mecanismos de regulación de gobierno, la vigilancia ciudadana de la administración pública, en temas como seguridad y política económica?

No. Nadie trató con un mínimo de respeto a esos 11 millones de electores potenciales, la promesa de perpetuar el asistencialismo y generar nuevas dádivas disfrazadas de apoyo social fue todo lo que ofrecieron.  Eso sí fue lo que sucedió en el debate y, a mi juicio, eso es lo más preocupante.

@monroyfelipe

La ineficacia de las políticas ‘de espejo’

espejoEl nobel de literatura, Orhan Pamuk, cuenta que en tiempos del sultán Abdul Hamid II en la ciudad de Estambul habitaban dos famosos locos: uno llamado Osman que andaba continuamente desnudo y otra llamada madame Upola que se vestía con todo lo que estaba al alcance de su mano. Aunque ambos deambulaban por las calles sin causar mayor problema, bastaba que se encontraran frente a frente para desatar una encarnizada batalla; tan violenta que las autoridades decidieron impedirles el paso por el puente sobre el Bósforo.

Traigo a cuenta el relato porque en los últimos meses –particularmente desde el inicio de la administración Trump- los cientos de expertos en política exterior no cesan de sugerir que se apliquen ‘medidas de espejo’ frente a los diferendos que han producido las decisiones del actual habitante de la Casa Blanca: Dicen que si Estados Unidos deporta migrantes sin documentos nosotros deberíamos hacer lo mismo; que si Trump endurece las políticas de visado para prácticamente todos los países, el resto de naciones deben obrar igual.

El último de estos ejemplos es la iniciativa que presentaron los eurodiputados para que todos los países de la Unión Europea nieguen el acceso a los ciudadanos norteamericanos que no tengan visado; la iniciativa no es sino una contestación a la acción ejecutiva de Donald Trump que impide a ciudadanos de cinco países de la eurozona entrar a Estados Unidos sin visa (y, particularmente, los obliga padecer la especial entrevista que realizan los agentes consulares).

A México ya le había ocurrido en el 2009 cuando Canadá impuso el visado a los mexicanos que viajaban a aquella nación. No fueron pocos los expertos que recomendaron a las autoridades mexicanas que aplicaran una ‘medida tipo espejo’ como respuesta severa ante la decisión de su socio comercial. La verdad es que, dicha medida era inútil toda vez que la gran mayoría de los mexicanos yendo a Canadá representaban una migración laboral descontrolada mientras que la mayoría de los canadienses yendo a México terminaban en Cancún tomando tequila pagado en dólares.

Aplicar las ‘medidas espejo’, en el fondo, representa la ira desatada entre los locos de Estambul: uno no podía soportar que el otro hiciera justo todo lo contrario de lo que creía era ‘su identidad’.

Ahora que se cocinan las primeras reuniones para renegociar el Tratado de Libre Comercio que México tiene con EU y Canadá, nuevamente salen las voces que sugieren -sin mucha perspectiva- que si el gobierno de Donald Trump insiste en una política de castigo a las importaciones y recompensa de exportaciones de aquel país, entonces México debe hacer igual; dicen que si EU continúa cancelando inversiones en México, nuestro país debe hacer lo mismo en territorio norteamericano. ¿Es en serio?

En los próximos días, se espera que Trump presente su “histórica reforma tributaria” en la que incluya un impuesto transfonterizo (BAT) del 20% a las exportaciones generalizadas y, por supuesto, los expertos financieros ya advierten que la única respuesta posible son (¡Adivinó usted!): las medidas espejo.

En la misma historia de Pamuk, sobre la Estambul del sultán Hamid II, hay otro relato que se parece al de los locos: un buen día aparece atado del cuello a un árbol un hombre que cargaba vasijas llenas de agua; de pronto pasa un transeúnte y pregunta a la muchedumbre que presenciaba el espectáculo cómo fue que terminó así aquel sujeto. Le cuentan que un agá (una especie de alcalde) vio cómo ese hombre ataba a ese árbol a su caballo cargando las mismas alforjas para irse a jugar cartas y beber café. El agá, por tanto, castigó al hombre con lo que hoy llamamos una ‘medida de espejo’; pero el transeúnte, que era un verdadero sabio, se alejó rápidamente de esa muchedumbre y mientras se iba uno alcanzó a preguntarle por qué se marchaba: “Porque si el agá obró correctamente -respondió el sabio- ahora hay en algún lado un caballo jugando cartas y bebiendo café”. ¿Increíble? Ni más ni menos.

@monroyfelipe