responsabilidad social

Páramos de inseguridad

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No hay empresa legal cuyo crecimiento sea realmente nocivo para México; pero cuando existe una explosión desmedida de ciertos negocios es evidencia de que existen graves fallas en el desarrollo del país en tres particulares áreas de la Nación: la educación, la salud y la seguridad. En México, si estos tres rubros crecen sin control en la iniciativa privada, significa que hay problemas más graves que su regulación.

Es el particular caso de la seguridad pública. Sabemos que la violencia y el crimen en México son un problema que no sorprende a nadie. Desde hace ya más de una década sumamos entre 60 y 80 homicidios dolosos diarios; en los mejores momentos registramos 53 y en los peores hemos llegado a 117 pero nos mantenemos en esos márgenes.

Esto nos ha colocado entre las posiciones 138 y 144 de las 163 naciones que revisa el Gobal Pax Index bajo una compleja metodología de bienestar, seguridad y procuración de justicia. Por su puesto, habitamos el vecindario oscuro e impune del ranking mundial,

Para los expertos en seguridad pública hay recomendaciones muy claras para los países en esas circunstancias. No sólo es inversión en armamento o en estructuras operativas; la sugerencia central pasa principalmente por fortalecer las responsabilidades de la participación ciudadana en y para la seguridad pública. Es decir, mientras la ciudadanía no esté involucrada en la seguridad con una cercana y permanente vigilancia, francamente no podrá haber una mejoría en los cuerpos de seguridad ni en la pacificación de la sociedad.

Las responsabilidades ciudadanas no sólo deben vigilar y condenar las tendencias a la corrupción que pueda haber al interior de las corporaciones policiacas sino dar seguimiento y tener conocimiento de las normativas, los alcances, abusos o limitaciones de dichas instituciones.

A todas luces, esa responsabilidad cívica ha sido una quimera en México. La sociedad se ha rendido y ha preferido contratar seguridad privada antes que confiar en la seguridad pública. En 1983 existía solamente una empresa de seguridad en el país y hoy hay más de 7 mil 500; más de la mitad no están en el Registro Nacional de Empresas de Seguridad y apenas el tres por ciento tienen certificaciones o evaluaciones profesionales sobre sus elementos de seguridad privada.

Hoy podemos voltear a casi cualquier espacio industrial, empresarial, de oficinas e incluso zonas habitacionales en el país y veremos a cuerpos de seguridad privada en también muy desconocidas circunstancias laborales. Es decir, incluso en los cuerpos privados de seguridad (aunque algunos de estos servicios tienen más elementos, más herramientas y más recursos que no pocos cuerpos policiacos municipales) también fallamos en conocer las verdaderas normativas, los alcances, abusos o limitaciones de estos negocios.

Y esto lleva a una reflexión final: En el primer día de trabajo del gobierno federal este 2019 se divulgó un video promocional que invita a los jóvenes mexicanos a enlistarse en la Guardia Nacional. Aún no hay ninguna normativa ni marcos legales de dicha agrupación pero es un hecho que no pocos jóvenes verán en ella una oportunidad para salir del tedio de no tener oportunidades de estudio o de trabajo.

Tener nuevos o diferentes cuerpos de seguridad en México jamás ha sido el problema, hay suficiente necesidad para integrar los más alucinantes proyectos de fuerza pública. El dilema constante es conocer los marcos legales y normativos, de operación y responsabilidades, de derechos humanos y de límites a las responsabilidades cívicas para vigilar el correcto funcionamiento de los mismos.

De esto se debería discutir en las próximas semanas. ¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil en la vigilancia de los cuerpos policiacos y de la seguridad ciudadana? Especialmente en la constitución de la Guardia Nacional del presidente López Obrador. Porque si la ciudadanía no tiene acceso, ni voz para vigilar y construir mejores instituciones públicas en el país, continuaremos en estos páramos de inseguridad e incertidumbre, detrás de lo que nuestro bolsillo pueda pagar para protegernos, inquietos porque también habremos de dudar del profesionalismo o de las lealtades de nuestro servicio privado.

@monroyfelipe

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El noble valor de la crítica

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Hay un propósito -relativamente sencillo- que muy probablemente pocos incorporaron en sus rituales de noche vieja: el propósito de ser serenamente crítico con lo que ve, escucha o cree saber para el año que comienza.

La crítica no sólo será un privilegio de la inteligencia y la razón humanas, será un gesto de valentía, de coraje y de justa indignación; y tendrá un gran valor en el año. No sólo porque las comunicaciones populares están ya saturadas de falsedad y engaños; sino porque los espacios de convivencia humana comenzarán a parecer guetos de ficticia libertad donde las más alucinantes certezas son la droga o vacuna que mantiene en la pureza a legiones de radicales. Y todo, alimentado por los intereses de privilegios.

De inmediato nos viene a la mente, por ejemplo, la prolongada insistencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la construcción del muro fronterizo al punto de ‘cerrar’ el gobierno del país más poderoso del mundo para presionar a su congreso por dinero. Por supuesto, un muro es la representación más simple de la división, la separación y la protección, de encierro y de frontera; de miedo, sí, pero también de apropiación y de control; sin embargo, también hay otras acciones que representan los mismos problemas de aislamiento y necedad.

Son las acciones tiránicas o absolutistas, las certezas invulnerables e irrenunciables, la autoritaria superioridad, el rechazo a la crítica, el chovinismo patológico y, la más perniciosa, la simplificación polarizante. Todas estas actitudes, invariablemente, tienen dos caras y el engaño nos insiste en que una de ellas es la única correcta, la única pura o la única útil.

El engaño, pues, tendrá una privilegiada posición entre las irracionales búsquedas de hits o ‘likes’ en las redes sociales; entre la infinita desconfianza de las fuerzas políticas y fermentará entre la ignominia de los fanáticos, los aplaudidores a ultranza o los negadores sistemáticos.

Piense en el tema que usted quiera y encontrará radicales que se empeñen en hacernos ver que los problemas sólo tienen dos posiciones: ser aliados absolutos o enemigos irreconciliables. Allí tiene usted el origen de la mentira, del error o la falsedad.

Apuntó el genial Nicolás de Condorcet hace 300 años que “los errores, cuando nacen, no infectan más que a un pequeño número de hombres, pero, con el tiempo, el número de imbéciles aumenta” y explica: “Entre el momento en que esos errores alarman a los partidarios de los errores anteriores y el momento en que estos últimos desaparecen, en cada nación se forman dos partidos, y si es verdad que no siempre esos dos partidos dan lugar a una guerra, provocan continuas revueltas y acaban con la opresión de uno de ellos por el otro”.

¿Qué falsedades cree usted que unos u otros partidarios le han sabido vender? ¿Cuáles errores ha adoptado y defendido sistemáticamente? ¿En qué lugar se visualiza a usted mismo cuando piensa que está siendo crítico: desde alguno de los lados del muro o por encima de éste?

El ejercicio de la crítica será mucho más importante en los meses por venir que ser abierta oposición o formal adversario. La radicalidad sólo profundizará la hendidura del error. El propio Condorcet vaticina con tristeza que sin la crítica serena se abre la puerta a un riesgo enorme porque “es imposible que, quien establece errores que él mismo considera inocentes, prevea cuántas extravagancias funestas y monstruosas saldrán a la luz en el futuro a partir de la semilla fatal que sembró”.

@monroyfelipe

¿Qué lección da a la Iglesia el escándalo en Volkswagen?

volkswagen-scandal-2“¿Qué hacía Dios antes del Big-Bang?”, pregunta el comediante.

“Le decía a la prensa que todo lo tenía bajo control…”

Volkswagen es la segunda compañía automotriz con mayor volumen de producción en el mundo; hace ocho años anunciaba con bombo y platillo sus nuevos modelos diesel que, además de abaratar el consumo de combustible, prometía ser altamente eficiente y menos contaminante. Su compromiso, además de comercial era aparentemente ético y responsable con el medio ambiente. Sin embargo, un estudio (casi un accidente) de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos reveló que desde el 2009, 11 millones de sus automóviles diesel contaban con un “dispositivo de defensa” que reducía las emisiones contaminantes sólo cuando se realizaban las pruebas de verificación; al salir, simplemente los automóviles contaminaban muy por encima de lo permitido por las autoridades.

Ahora, en medio del escándalo, el grupo automotriz ha perdido credibilidad, valor de sus acciones, ha salido el CEO y probablemente sus problemas financieros se agudicen al retirar de las calles las unidades manipuladas, recompensar a sus clientes y pagar las multas que los gobiernos decidan imponerles por hacer trampa. ¿Qué tiene esto que ver con la Iglesia?

Aparentemente poco, pero si este escándalo tiene que ser una lección para toda la sociedad, principalmente para las grandes organizaciones, algunos organismos eclesiales podrían reconocer una que otra similitud con el problema de la compañía automotriz alemana.

Más allá de la misión y la mística trascendente que debe tener cada asociación religiosa, es claro que su trabajo y operación debe funcionar bajo las reglas y los mínimos de convivencia ética y de responsabilidad social. Porque al hablar de ética y responsabilidad (ya no digamos santidad) sería odioso que se torciera el modo o la ley para sacar algo de ventaja tal como lo hizo la VW.

Ante los obispos norteamericanos, el papa Francisco habló sin nombrar directamente de los abusos sexuales, acusaciones de encubrimiento y problemas derivados de la mala actuación que se dio ante la gravedad de crímenes perpetrados por miembros del clero*. Dejó en el pasado el episodio al que llamó “momento oscuro en el itinerario eclesial” y reconoció en los obispos de Estados Unidos “la valentía con que los han afrontado […] sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones y sacrificios, sin ceder al miedo de despojarse de cuanto es secundario con tal de recobrar la credibilidad y la confianza propia de los Ministros de Cristo, como desea el alma de su pueblo”.

Aunque esta crisis –como muchas otras dentro de los organismos de Iglesia- no ha concluido, es muy atinado el comentario del pontífice: para recobrar la credibilidad y confianza es preciso asumir las humillaciones y sacrificios, y despojarse de todo lo que en momentos de bonanza se cree indispensable pero es, en el fondo, accesorio.

Hay ejemplos aparentemente menos complejos que el de la pederastia en la Iglesia pero sus consecuencias podrían ser mayores si se minimizan como, en algún momento se intentó con aquel: En una reunión de varias parroquias, cierto obispo quería ‘valorar’ el trabajo con jóvenes que habían hecho los párrocos. Solo una iglesia logró juntar jóvenes para acudir al encuentro con el obispo. Para no dejar en mal a los vecinos, los chicos tomaron por propia una parroquia que no conocían, a la que no pertenecían, para llenar el ojo al obispo visitante. Se tuercen un poco las reglas para simular un buen desempeño, justo como intentó mentir la VW.

En otros casos, aún más delicados, se le da vuelta a la ley para eludir responsabilidades financieras o para sacar ventaja económica de una forzada interpretación de las fisuras de la regla. También se llega a ejercer doble rasero con las penas previstas: a unos se les aplican como lápida, a otros con inexplicable suavidad. Ambas, sin embargo, provocan indignación.

El problema de Volskswagen está lejos de resolverse y sus consecuencias no sólo afectarán a los del apellido alemán, será natural sospechar de todas las compañías automotrices y de sus armadoras (no hay que olvidar que una de las principales armadoras de VW está en México). Ante esto es normal también investigar y denunciar con mucha claridad, sin traicionar la verdad por los compromisos con tufillo de corrupción que puedan adquirirse en el camino. También, ni hablar, hay que asumir nuestra cuota de vergüenza, asumir la crítica, comprender la pérdida de confianza y el que mucha gente nos dé la espalda cuando le hemos traicionado.

Un analista del ramo automotor reflexionaba: “No sé qué decir, es una pena; pero entre Donald Trump y Volkswagen, desafortunadamente los periodistas y los cómicos tienen mucho trabajo”. Así funciona para todo fenómeno que causa escándalo, también los de la Iglesia, y hay que reconocer que si no se deja hacer su trabajo a los periodistas entonces habrá que soportar algo más a los comediantes, que suelen ser aún más mordaces y cáusticos en su oficio.

*Lo abordaría días después en el Encuentro Mundial de Familias tras reunirse con víctimas de abuso sexual cometido por sacerdotes. Ante cardenales y obispos participantes reconoció que esos escándalos no pueden permanecer en secreto y prometió que los responsables afrontarían consecuencias.

@monroyfelipe