verdad

Custodios de noticias

media-2-1.jpgCada 24 de enero, desde 1967, los pontífices de la Iglesia católica envían un mensaje para celebrar y reflexionar los fenómenos entorno a los cambios en las comunicaciones sociales. Desde Paulo VI hasta Francisco, los máximos jerarcas de la iglesia han aportado sus ideas respecto a la prensa, la publicidad, el cine, la radio y el internet; pero también han profundizado en fenómenos humanos intrínsecos de la comunicación como la reconciliación, la interpretación, la claridad de la palabra, el valor del silencio, la verdad y la mentira.

Este 24 de enero, día de san Francisco de Sales -patrono de los periodistas y escritores-, el papa Bergoglio publicó su quinto mensaje de reflexión sobre la comunicación. En su pontificado, Francisco ha meditado sobre lo que “debe” ser comunicado en el contexto contemporáneo: “la cultura del encuentro”, “la gratuidad del amor”, “la misericordia” y “la esperanza”. Pero en este 2018, el argentino alerta sobre un fenómeno que no ha dejado a nadie indiferente en el negocio de las noticias y el servicio de la información: las noticias falsas o “fake news”.

Francisco alerta que las “fake news” son un fenómeno complejo. Dice que básicamente se trata de desinformación difundida basada en datos inexistentes o distorsionados que tienen como fin engañar y manipular a las audiencias. Y su perversidad radica en parecerse a la realidad (‘se mimetizan’, dice Bergoglio). Son “falsas pero verosímiles” y parecen ser más verosímiles mientras más apelan a los sentimientos gremiales, populares, a los prejuicios sociales, a la frustración, las ansias o al desprecio.

Bergoglio no se toma con sutileza este fenómeno: si esa ‘divulgación de información’ sigue la “lógica de la serpiente” (es decir: es capaz de camuflarse, engañar, ser insidiosa y morder) entonces proviene de una sola persona: del ‘padre de la mentira’ que en el catolicismo no es sino el mismo diablo.

Para el papa Francisco, la mejor manera de combatir a las “noticias falsas” es por medio de periodistas que sean “verdaderos custodios de la noticia”, que los profesionales de la comunicación no se dejen vencer por los eslóganes ni por el ruido de las declaraciones altisonantes (esto creo que es muy pertinente para los periodistas que informamos procesos electorales); el pontífice le pide a los periodistas a ser verdaderamente hostiles a la falsedad y que, principalmente, no se pierdan ni desgasten “quemando las noticias” -escribir una tras otra las noticias que provienen de todos y ningún lado a la vez- sino que busquen sus causas reales, contemplen a la gente y su humanidad en ellas y favorezcan a esclarecer una ruta de solución, una potencial respuesta al conflicto.

Custodiar la veracidad y la integridad de las noticias es un mínimo social para el bien común que hacen los periodistas, que deberíamos hacer todos. Pensemos en la actual carrera por el poder en el proceso electoral el México: ¿Cuánto de lo que se divulga y se declara debemos creer que es verdad o mentira? ¿Cuántos intereses subyacen para que una información falsa sobre candidatos y partidos llegue hasta nuestros ojos y oídos? ¿Cuánto hacemos para mantenernos ecuánimes ante la información que nos presentan cuando evidentemente apelan a nuestros prejuicios, creencias, discriminaciones o egocentrismos? ¿Dónde podemos informarnos con moderada objetividad y quiénes son esos “custodios de noticias” en los que confiamos? ¿Quiénes, por el contrario, son mercenarios de la noticia, títeres de la manipulación mediática o víctimas del ‘padre de la mentira’?

El Papa concluye que “la verdad” es una especie de soporte: “La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer”. Y con esa metáfora me viene en mente ese proverbio del funambulista (esos acróbatas que cruzan el espacio vacío suspendidos en delgados cables atados a grandes alturas) que explica la diferencia entre ‘creer’ y ‘confiar’. Sabemos que el artista ha cruzado siempre con éxito un gran abismo y, para ‘creer’ que lo hará nuevamente, basta mirar desde abajo para comprobarlo; pero ‘confiar’ en que lo hará es porque vamos montados en sus hombros mientras intenta la proeza una vez más.

En conclusión: ¿Ya se preguntó en quién o quiénes confía usted, que son verdaderos soportes de la verdad en las noticias que consume todos los días en estas campañas electorales? Si no. Piénselo bien; muy, pero muy bien.

@monroyfelipe

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¿Estamos preparados para la post-verdad?

n_artejoven_circuitos2-1024x724Por primera vez, México tendrá una larga carrera electoral hacia el 2018 con un nuevo elemento a considerar en el horizonte: la post-verdad. Es cierto que las fronteras de la verdad, las promesas y las mentiras no son nuevas para los políticos y los ciudadanos pero, a diferencia del pasado, hoy muchas de las estrategias y campañas políticas estarán aderezadas con este juego perverso que se condensan en las expresiones que la administración Trump ha hecho virales: fake news (noticias falsas) y alternative facts (hechos alternativos).

Decir que los políticos mienten es claramente una obviedad, todos tienen que hacerlo y valorar cuánto de ello les supone un riesgo controlable o no. Politifacts, una empresa norteamericana dedicada a verificar los hechos que los políticos dicen en discursos ha asegurado, por ejemplo, que durante sus dos periodos presidenciales Barack Obama promedió un 25% de mentiras en sus declaraciones. Esa misma empresa aseguró que, durante su campaña, Donald Trump alcanzó en sus discursos hasta un 70% de afirmaciones con premisas falsas.

Cuando sus opositores y algunos medios de comunicación criticaron al magnate por estos alarmantes números, él y su equipo reviraron la acusación y señalaron que los medios hacían ‘noticias falsas’ y que, por el contrario, sólo ellos podían confirmar ‘hechos alternativos’.

Es decir, Trump no sólo calculó que el riesgo en su campaña era mucho menor que el daño que podría causar el mantener un discurso de hasta 70% de mentiras; sino que, cuando fue cuestionado, utilizó la mentira como plataforma para revirar las acusaciones.

Así ganó la presidencia de los Estados Unidos. Y ahora, no son pocos los aspirantes presidenciales (en México y el mundo) que quieren ser “el Donald Trump inculturado”.

Lo peor, es que muchos medios de comunicación también caen en la trampa: llaman a Greert Wilders “el Donald Trump holandés”; a Marine LePen “la Donald Trump francesa”; etcétera. Es más, dependiendo el perfil de informativo que usted tenga, seguramente se habrá convencido de quien, entre los personajes políticos de México, podría ser “el Donald Trump mexicano”.

En realidad las ‘noticias falsas’ y los ‘hechos alternativos’ funcionan de la siguiente manera: un personaje del ambiente digital publica una opinión sobre su contexto (por ejemplo, “el partido demócrata utiliza millones de votantes ilegales”); el planteamiento lo recogen medios de comunicación ideologizados y lo muestran con cierta objetividad (“Ciudadano denuncia votación ilegal de millones de indocumentados”); la información llega a un líder-tomador de decisiones para quien es útil ese planteamiento (“Mis opositores hacen fraude electoral por los millones de votos ilegales”); al ser un personaje público, la información se disemina globalmente (“Trump denuncia de fraude al partido demócrata por utilizar millones de votos ilegales”). De ese modo, cuando se le pregunta a Trump o a sus asesores de dónde salió la información, basta que busquen en Google “millón de votos ilegales” para verificar que la noticia es real. Sí, la noticia es real; aunque el hecho no haya sido verificado ni argumentado con pruebas.

¿Ha visto las noticias donde Andrés Manuel López Obrador le grita ‘¡cállate!’ a uno de los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Qué me dice del famoso pacto entre el presidente del PAN y Peña Nieto para evitar que López Obrador llegue a Los Pinos? ¿Y de los miles de pesos que la fundación de la excandidata presidencial, Vázquez Mota, recibió del gobierno federal?

Seguro tiene su postura frente a cada una de ellas, alguna más o menos favorable, lo que es un hecho es que este tipo de informaciones se multiplicará en los próximos 12 meses. Los asesores de los políticos ya analizan qué tipo de historia quieren vender de ellos y de sus oponentes.

En el fondo, el problema no es de la clase política o sus mercadólogos; como dije, ellos calcularán cuántas mentiras y de qué tipo podrán decir sin despeinarse o sin desplomarse en las encuestas. La responsabilidad recae en las audiencias y en el potencial electorado.

Esto lo comprendió Politifacts en Estados Unidos o el ‘Décodex’ de Le Monde donde las audiencias pueden verificar el nivel de confianza de los medios e informativos de donde provienen ‘los hechos’ porque lo siguiente es una realidad: La comprobación de los datos es de las pocas respuestas que tenemos contra el discurso político que usa y abusa de la mentira, incluso nos previene de un lavado de cerebro.

Lo grave del asunto es que aún ningún medio mexicano ha comenzado a trabajar en la comprobación de datos y hechos. Así que ahí hay un riesgo que nos puede estallar en la cara.

Como dije, no es algo nuevo, pero deberá tenerlo muy presente en este trepidar electoral que ya ha tomado camino porque quizá mucho de lo que usted ya está viendo o leyendo, sea básicamente una mentira bien armada.

@monroyfelipe

El abogado del mal: El bien inexistente

The-Whole-Truth-MovieEl abogado del mal (The whole truth, 2016) presenta un thriller judicial que se desarrolla en el estado de Lousiana, un extravagante juicio sostenido entre la fiscalía que acusa de parricidio al joven Mike Lassiter (Gabriel Basso) y el abogado Richard Ramsey (Keanu Reaves), defensor del menor, que busca a toda cosa evitar que el chico caiga en la cárcel.

El entuerto es algo más complicado: el abogado defensor es amigo personal de la familia Lassiter y discípulo del finado Boone Lassiter (Jim Belushi). Además, aparentemente todos coinciden en que el artero asesinato del poderoso, cruel y millonario Boone era cuestión de tiempo. El despreciable magnate luce como víctima de su propia arrogancia, del desprecio y violento comportamiento contra todos. Por si fuera poco, el joven Mike parece no querer defenderse de las acusaciones y su madre (una Renée Zellweger con los cambios fisionómicos que imprimen carácter dramático al personaje) explica lo absurdo que es desear al mismo tiempo la libertad de su hijo y la necesidad de castigar al responsable del asesinato de su esposo.

La historia se desarrolla sin la genialidad discursiva ni el ritmo que tienen otros clásicos judiciales (12 hombres sin piedad, 1957; Anatomía de un asesinato, 1959, o Tiempo de matar, 1996); sin embargo, a diferencia de la gran mayoría de los dramas legales, la búsqueda de la verdad o la heroicidad de los abogados no camina hacia mejores horizontes, tampoco miramos en ellos a esos profesionales perversos sujetos a los engranajes del poder o del dinero. Simplemente, la compleja condición humana y el misterio entorno a los hechos los va deshumanizando salvaguardando lo único a lo que le tienen miedo: perder la alta dignidad que creen merecer. En una breve clase de técnica judicial, Ramsey explica a Jannelle (Gugu Mbatha-Raw) su abogada asistente, que la gente no teme mentir y que sólo cree que hay algo peor que la cárcel o la pena de muerte: perder su reputación ante los demás.

Ni la escena del crimen, ni el cadáver del patriarca Lassiter dan voz de un asesinato que exige justicia; de hecho, la muerte de Boone es la excusa con la cual su esposa, su hijo, sus empleados, vecinos y amigos intentan reordenar sus códigos, sus fueros y sus intereses. La muerte no propicia condenas ni exige altares, la muerte sólo reacomoda las relaciones que los Lassiter tienen con los otros. El bien, la verdad, la justicia, la caridad, la solidaridad o la compasión no aparecen en los bancos de la corte; el mudo e indiferente jurado complementa la escena.

El abogado del mal es el segundo largometraje de la experimentada directora de series de TV Courtney Hunt (La Ley y el Orden: Unidad de Víctimas Especiales y En Terapia) quien, bajo el guion de Nicholas Kazan (hijo del mítico director Elia Kazan), intenta crear una historia de suspenso dramático con giro inesperado a través de pequeños guiños en un ambiente pequeño y controlado. Con todo, la debilidad del texto, las poco comprometidas actuaciones y el apresuramiento de la dirección para cerrar el círculo del misterio (como en las series unimodulares) revelan el clímax prematuramente, anticipan el resultado del juicio y esperan la complicidad del espectador. Una complacencia que, afortunadamente, reside en cada miembro de la audiencia. @monroyfelipe

La verdad oculta: consecuencias de la verdad

film2016En cartelera para este primer mes del 2016 se encuentran al menos tres películas que abordan crudamente el tema de la verdad; todas grabadas y producidas en 2015.  La Chica Danesa (Danish Girl), que relata la vida del pintor danés Einar Wegener quien en 1912 comienza a asumir su condición de mujer como Lili Elbe hasta someterse a riesgosas y experimentales cirugías que finalmente la conducen a la muerte. Elbe es reconocida como una de las primeras transgénero femeninas de la historia quien además de asumir cambios superficiales y físicos consiguió que la ley le reconociera en su nuevo nombre su identidad femenina. Asumir la verdad que Lili sentía en su persona le hizo renunciar a todo lo que implicaba ser Einar, incluso pintar, que era una de las pasiones de su personalidad masculina dejada atrás. En el papel de Elbe, el actor Eddie Redmayne (ganador del Óscar al mejor actor por La Teoría del Todo) trabaja más los matices del conflicto emocional que el del orgullo a la irreversible decisión.

En Primera Plana (Spotlight) recrea los acontecimientos en Boston durante la divulgación de los crímenes de abuso sexual contra menores perpetrados por ministros religiosos. A través de un grupo de periodistas de  The Boston Globe se realiza la investigación sobre una perniciosa complicidad entre autoridades de la Iglesia y las entrañas del sistema judicial para que los ministros queden impunes y las víctimas silenciadas.  La búsqueda de la verdad, sin embargo, no es un camino en línea recta y, si es honesta, dicha búsqueda no tiene como objetivo una meta, sino un servicio. Los riesgos de seguir las migajas de la verdad histórica no sólo se encuentran en quienes se oponen a la investigación sino a la complejidad de la realidad y de la naturaleza humana.

Finalmente, La Verdad Oculta (Concussion) cuenta el improbable suceso forense que es capaz de vulnerar toda la industria cultural del futbol americano. El médico nigeriano Bennet Omalu (con un Will Smith ligeramente sobreactuado) es un forense de Pittsburgh cuyos estudios sobre Encefalopatía Traumática Crónica revelan que los consecutivos y aparentemente inofensivos choques craneales (como los que invariablemente realizan los jugadores de futbol americano) desarrollan una serie de afecciones mentales graves a largo plazo, irreversibles y mortales. Sus investigaciones no sólo incomodan a los inversionistas del deporte favorito de los Estados Unidos sino que el conocimiento de la verdad y su necesaria divulgación tiene implicaciones más allá de las comerciales o políticas, afecta la alegría de las personas y algunas eligen no reconocer la verdad para, literalmente, seguir jugando.

Estos tres filmes están basados en sucesos reales y personajes verídicos; todos hablan sobre la verdad como la consecución lógica de lo que sentimos, creemos y conocemos. Pero la verdad no es una pieza de rompecabezas que ajusta perfectamente en un espacio vacío; la verdad puede ser esa ausencia, ilógica e irracional, pero absolutamente necesaria. Quien busca honestamente la verdad está dispuesto a sentirse sorprendido, cuestionado y vulnerado en sus más profundas creencias; está dispuesto a padecer la burla, la persecución y la amenaza de quienes creen ya haber alcanzado la verdad; y, finalmente, quien busca la verdad, está consciente de que aun cuando la necesiten, muchos optarán por no mirarla aunque por ello pierdan la vida.

Resulta interesante que estas tres películas coincidan en cartelera y que, a pesar de haber sido concluidas en la segunda mitad del 2015, sean exhibidas en México en el inicio el 2016. Parecen pedir a gritos que las audiencias reconozcan lo dramática y emotiva que puede ser la realidad, pero vivimos en la surrealidad total y nos hace falta más inverosimilitud para que creamos que algo es verdad. @monroyfelipe

¿Qué lección da a la Iglesia el escándalo en Volkswagen?

volkswagen-scandal-2“¿Qué hacía Dios antes del Big-Bang?”, pregunta el comediante.

“Le decía a la prensa que todo lo tenía bajo control…”

Volkswagen es la segunda compañía automotriz con mayor volumen de producción en el mundo; hace ocho años anunciaba con bombo y platillo sus nuevos modelos diesel que, además de abaratar el consumo de combustible, prometía ser altamente eficiente y menos contaminante. Su compromiso, además de comercial era aparentemente ético y responsable con el medio ambiente. Sin embargo, un estudio (casi un accidente) de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos reveló que desde el 2009, 11 millones de sus automóviles diesel contaban con un “dispositivo de defensa” que reducía las emisiones contaminantes sólo cuando se realizaban las pruebas de verificación; al salir, simplemente los automóviles contaminaban muy por encima de lo permitido por las autoridades.

Ahora, en medio del escándalo, el grupo automotriz ha perdido credibilidad, valor de sus acciones, ha salido el CEO y probablemente sus problemas financieros se agudicen al retirar de las calles las unidades manipuladas, recompensar a sus clientes y pagar las multas que los gobiernos decidan imponerles por hacer trampa. ¿Qué tiene esto que ver con la Iglesia?

Aparentemente poco, pero si este escándalo tiene que ser una lección para toda la sociedad, principalmente para las grandes organizaciones, algunos organismos eclesiales podrían reconocer una que otra similitud con el problema de la compañía automotriz alemana.

Más allá de la misión y la mística trascendente que debe tener cada asociación religiosa, es claro que su trabajo y operación debe funcionar bajo las reglas y los mínimos de convivencia ética y de responsabilidad social. Porque al hablar de ética y responsabilidad (ya no digamos santidad) sería odioso que se torciera el modo o la ley para sacar algo de ventaja tal como lo hizo la VW.

Ante los obispos norteamericanos, el papa Francisco habló sin nombrar directamente de los abusos sexuales, acusaciones de encubrimiento y problemas derivados de la mala actuación que se dio ante la gravedad de crímenes perpetrados por miembros del clero*. Dejó en el pasado el episodio al que llamó “momento oscuro en el itinerario eclesial” y reconoció en los obispos de Estados Unidos “la valentía con que los han afrontado […] sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones y sacrificios, sin ceder al miedo de despojarse de cuanto es secundario con tal de recobrar la credibilidad y la confianza propia de los Ministros de Cristo, como desea el alma de su pueblo”.

Aunque esta crisis –como muchas otras dentro de los organismos de Iglesia- no ha concluido, es muy atinado el comentario del pontífice: para recobrar la credibilidad y confianza es preciso asumir las humillaciones y sacrificios, y despojarse de todo lo que en momentos de bonanza se cree indispensable pero es, en el fondo, accesorio.

Hay ejemplos aparentemente menos complejos que el de la pederastia en la Iglesia pero sus consecuencias podrían ser mayores si se minimizan como, en algún momento se intentó con aquel: En una reunión de varias parroquias, cierto obispo quería ‘valorar’ el trabajo con jóvenes que habían hecho los párrocos. Solo una iglesia logró juntar jóvenes para acudir al encuentro con el obispo. Para no dejar en mal a los vecinos, los chicos tomaron por propia una parroquia que no conocían, a la que no pertenecían, para llenar el ojo al obispo visitante. Se tuercen un poco las reglas para simular un buen desempeño, justo como intentó mentir la VW.

En otros casos, aún más delicados, se le da vuelta a la ley para eludir responsabilidades financieras o para sacar ventaja económica de una forzada interpretación de las fisuras de la regla. También se llega a ejercer doble rasero con las penas previstas: a unos se les aplican como lápida, a otros con inexplicable suavidad. Ambas, sin embargo, provocan indignación.

El problema de Volskswagen está lejos de resolverse y sus consecuencias no sólo afectarán a los del apellido alemán, será natural sospechar de todas las compañías automotrices y de sus armadoras (no hay que olvidar que una de las principales armadoras de VW está en México). Ante esto es normal también investigar y denunciar con mucha claridad, sin traicionar la verdad por los compromisos con tufillo de corrupción que puedan adquirirse en el camino. También, ni hablar, hay que asumir nuestra cuota de vergüenza, asumir la crítica, comprender la pérdida de confianza y el que mucha gente nos dé la espalda cuando le hemos traicionado.

Un analista del ramo automotor reflexionaba: “No sé qué decir, es una pena; pero entre Donald Trump y Volkswagen, desafortunadamente los periodistas y los cómicos tienen mucho trabajo”. Así funciona para todo fenómeno que causa escándalo, también los de la Iglesia, y hay que reconocer que si no se deja hacer su trabajo a los periodistas entonces habrá que soportar algo más a los comediantes, que suelen ser aún más mordaces y cáusticos en su oficio.

*Lo abordaría días después en el Encuentro Mundial de Familias tras reunirse con víctimas de abuso sexual cometido por sacerdotes. Ante cardenales y obispos participantes reconoció que esos escándalos no pueden permanecer en secreto y prometió que los responsables afrontarían consecuencias.

@monroyfelipe

¿Por qué no escribes sobre los gays?

31278-Through-The-Looking-Glass“¿Por qué no escribes sobre los gays?” Lo dijo así, con la cabeza un poco hundida en la sopa y lamentándose, miraba de vez en cuando hacia la ventana con los ojos al punto de lágrima, se notaba ligeramente derrotado. Llevaba minutos hablando de cierta guerra que los gays habían declarado a la humanidad, del sucio dinero que ese lobby inyectaba en proyectos que atentaban la salvación del hombre en la tierra, los gays eran culpables básicamente de todas las tragedias. Un poco antes habíamos escuchado a otro sujeto –este sí con la cabeza por todo lo alto, altanerísima y engreída- que aseguraba que “el triunfo contra los sodomitas” estaría del lado de los ‘soldados de Cristo’, que era cuestión de esperar ‘los tiempos perfectos’ y que veríamos muertos en su pecado a todos los que contravienen las leyes de Dios.

Pero él no, su corazón no era político ni pendenciero como el del predicador que escuchamos antes. Él tomaba su sopa con verdadera amargura, su afectación me parecía muy sincera. Su rostro era igual al del icónico sujeto francés que llora mientras atestigua la ocupación nazi de su ciudad. Él mira a la calle con el horror de la sibila y no sé cómo imagina que serían las calles ‘si los gays ganan’.

“¿En verdad parezco un idiota esclavizado?” Esta vez soy yo quien hace esta pregunta a un gran amigo. Y lo hago afectadamente. Salimos de escuchar a un líder –ateo según pude entender después de escucharle una hora de insultos a los creyentes- que para hablar de ‘la última frontera de los derechos civiles’ (en particular de la comunidad gay) básicamente había que erradicar a los cristianos: “porque son muchos, son muy idiotas y son esclavos de una mentira. La ciencia está en guerra contra la ignorancia, y la religión es un reflejo de toda esa ignorancia”, dijo.

Soy periodista y no podría decir que jamás me habían insultado tanto, la verdad he escuchado peores, pero me inquietaba que mi amigo aplaudiera rabiosamente al mal remedo de Richard Dawinks. Aquel predicador ateo tenía algunas buenas ideas, pero los argumentos y la estrategia de reclutamiento me parecieron igual de burdos, tóxicos y crueles como la del predicador cristiano. Desde las antípodas, ambos eran igual de cretinos. Los generales viven de la guerra; tanto, que –si no hay alguna- son capaces de crearla. Pero a mí me importan más los reclutas, todas esas personas que son extirpadas de su vida cotidiana para unirse a los bandos de la guerra. Ellos no viven de la guerra pero sufren las esquirlas de las explosiones y ello les mete de lleno a la batalla. Estoy convencido que, dependiendo del color de la esquirla que les hirió y se alojó en el corazón, serán soldados del bando opuesto.

Esa misma tarde, un colectivo (cristiano en su mayoría aunque no exclusivamente) salió a protestar en las calles de San Luis Potosí para que los magistrados no abrieran la posibilidad de unión civil legal entre parejas del mismo sexo. En la marcha se expresaron tantas necedades que, desgraciadamente, era difícil no darle la razón al predicador ateo.

Sin embargo, he escuchado interesantes argumentos, tanto de creyentes como de no creyentes, en contra del matrimonio gay. El más aséptico, lejos de religiones ideologizadas, es aquel que estipula que el Estado no tiene influencia ni responsabilidades en relaciones no articuladoras de estructuras sociales o antropológicas; asegura esta idea que, por mucho amor que haya, la potencialidad natural (que no artificial ni obligatoria) de tener hijos (o ciudadanitos) y el que estos constituyan la base social co-creadora de instituciones civiles solo se encuentra en las uniones matrimoniales entre un hombre y una mujer. Esto implicaría que, por muy importante que sea para la persona un bautismo, un bar mitzvah o el amor, fidelidad y esperanza que encuentra en la amistad con sus semejantes, estas acciones de pareja, sociales o comunitarias no son de la incumbencia del Estado (como sí lo son el garantizar y responsabilizar la crianza bajo los propios derechos de los menores).

Aunque aparentemente lógico, este argumento tiene su punto débil al homologar ‘el potencial’ para engendrar, con el ‘gasto energético’ a largo plazo que implica la crianza. Y ni negar que ese potencial se destina muchas veces para engendrar salvaje e insensatamente (se advierte en el creciente número de parejas adolescentes embarazadas incapacitadas para la paternidad) mientras un buen número de parejas homosexuales alzan la mano dispuestas a cubrir esa cuota de gasto energético. Oferta que el Estado mira con interés con tal de reducir sus gastos y responsabilidades frente a ciertos sectores vulnerables de la población, sin detenerse mucho a pensar en las fronteras de los niños y sus derechos de crianza.

“¿Por qué no escribes de los gays? ¿Por qué no escribes algo en contra de los gaymonios?” Me lo decía con pesar, con esperanza de que en mis tristes palabras pudiera encontrar un aliado en esa guerra donde él mismo sufría. Entonces le conté la siguiente historia:

—Hace dos días, a la hora del almuerzo, entré en un pequeño restaurante; en el pórtico un letrero advertía que estaba en terreno neutral: ‘En este establecimiento no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física o económica, ni por ningún otro motivo’. Dentro, una pareja me esperaba, les conocí tiempo atrás, por un amigo en común, y me habían citado allí para platicarme de su inminente boda. Se les veía alegres e impacientes. Me contaron de los preparativos; desde cuando lo venían hablando, de cómo lo habían tomado sus respectivas familias y cómo querían que participaran sus padres (en verdad les preocupaba porque unos estaban divorciados y con segundas nupcias). Dijeron que querían algo sencillo y sabían que por la crisis, el dólar por las nubes y por sus trabajos casi enajenantes no podrían tomarse una buena luna de miel. Hice un par de preguntas de cortesía: cómo se habían conocido y dónde planeaban vivir. Me peguntaron, en cambio, sobre mi matrimonio y mi esposa; con cierta indiscreción debo decir, pero les comprendí porque sé que tenían inquietudes, algo de miedo y un gran deseo de que su unión funcionara.

—¿Y eran gays? –me interrumpió. Tal era su obsesión y su principal preocupación. Yo le iba a decir lo que en realidad había sucedido pero por su mueca de asco preferí cambiar la conversación.

EPÍLOGO

Dice el cómico que hay tres clases de personas frente al fin del mundo: las que van al bar a beber, las que van al templo a rezar y las que hacen una venta de liquidación en su garaje. Yo no sé bien qué haría o a donde iría pero de algo estoy seguro: en el fin del mundo, si fuese al bar o al templo, de ninguna manera intentaría vender allí mis opiniones.

El temor de los días

flower_in_desertParece haber llegado el día que siempre temimos, aquel en el que no hay más autores en los diarios ni en las revistas. Nosotros, los que quedamos, apenas juntamos algunas frases para intercalar entre las imágenes, videos y metatextos que lanzan a las audiencias a un viaje al espacio exterior, sin arnés ni carta astronómica; mientras, en el siglo de enfrente, con frecuencia hallamos que las noticias parecen calcas de otras noticias y ni siquiera de noticias de otro día sino del mismo día: comienzan igual, continúan igual y llegan al mismo lugar, como si cualquier cosa fuera vivir.

Por alguna razón hoy siento falta de esos periodistas de larga prosa y creativa lírica que comenzaron a vivir como escritores, artífices de ficciones tan sublimes cuyos argumentos podrían salir sin problema en las ocho columnas del diario de mañana; también faltan esos otros peritos amantes de las letras que para sobrevivir y hacerse famosos no les quedó de otra que hacerle al picateclas informativo y dejaron, sutiles, fuentes fértiles donde mana el arte entre la miseria.

No sé bien qué sucede en estos aires que los maestros en el oficio se nos mueren como inalterable secuencia de fichas de dominó. No nos habíamos recuperado de José Emilio, ni de Fuentes; y por supuesto están aún las ausencias de Monsiváis, Montemayor y Granados Chapa. También tenemos que aguantarnos las partidas de Gabo, Mutis, Marré, José María Pérez-Gay y Carballo. Esta década nos está obligando a la triste costumbre de ir a funerales y a homenajes post-mortem; y es que, a veces, la muerte irrumpe con tanta cadencia seductora que se nos olvida cómo comportarnos ante un nacimiento o una boda. “Pobres, lo que les espera”, he llegado a escuchar en alguno de estos últimos. Aunque tampoco es tan grave, decimos todo esto mientras intentamos colocarnos en la fila.

Javier Marías suele decir que el hombre contemporáneo recibe sin tregua la razón de su pesimismo: desastres incesantes, desgracias encadenadas, terror en sesión continua, y que por lo mismo se le puede disculpar cierta insensibilidad, el desánimo, la falta de entusiasmo. Basta mirar la edición de nuestro diario predilecto de hoy para asentir cómplices.

Hay tanto tedio en este periodismo que incluso hay ‘informativos’ que disfrazan al hecho, lo tuercen a propósito y a conciencia, y nos advierten que sus noticias son remedos de nuestra realidad; ‘parodias’, dicen, pero en el fondo son el fiel retrato de un alma llena de hastío. Hasta dónde habrá llegado el aburrimiento que la realidad ya no asombra, nos distraemos inventando el matiz de nuestro entorno solo para reírnos de nuestro chiste o para anestesiar nuestra conciencia.

La verdad, que suele mostrar su piel desnuda y brillante, en ocasiones es obvia pero hallarla jamás es simple y portarla es como llevar el agua en el cuenco de las manos.  Encontrar en ella alguna historia para contar y compartir es como buscar una aguja en un pajar; pero allí donde algunos usarían un imán, otros encenderían un cerillo.

¿Puede dejar de sorprenderse el oficio que busca sorpresas del mundo? Parecería un sinsentido pero frente a esto nos sentamos día a día; ya sea el televisor, la radio, el internet o un medio impreso: informaciones trasferibles, anónimas, autógenas e inconexas. La dificultad de encontrar al autor, al instigador de miradas y reflexiones, aquel a quien Segura Munguía llama “el que hace crecer, brotar o surgir algo; el que aumenta la confianza, el fiador, garante y responsable” es –casi siempre- una búsqueda sin caminos.

El periodista y escritor Vicente Leñero, maestro en el oficio para varias generaciones, recoge esta voz en La voz adolorida que hoy debe hacernos temer por estos días pero también debe llenarnos de esperanza: “¿De qué está enferma… quiero saber de qué está enferma mi pobre mamá, encerrada para siempre sin ver la luz del sol, sin ver los charcos de agua que se forman en el patio de la casa de San Ángel después que ha llovido muy fuerte; sin ver los mastuerzos del jardín… sin ver la reja, sin ver la calle a la que sale por donde está la reja, y los árboles que hay afuera, y el viejo empedrado de la calle, de ciudad empedrada toda, y donde uno que otro coche pasa de repente y se va dando tumbos…”. Los nuevos autores, los que recojan el gran legado de tantos hombres y mujeres de palabra, los que nos hagan superar el temor de los días, deben preguntarse de qué está enferma esta sociedad y, al preguntárselo, han de mirar con certeza, el hermoso horizonte que hoy nos estamos perdiendo.

Pecado de parcialidad en el periodismo

ImagenA los periodistas no nos es ajena la crítica que se hace de nuestra labor o de los medios que representamos si en el ejercicio de búsqueda y presentación de la realidad omitimos aspectos de la misma. Es una grave falta a la verdad y a la profesionalidad en el oficio. Sin embargo, también somos conscientes que la objetividad más lograda es apenas utópica, no existe, pero es un ideal que nos sostiene en medio de las carencias de nuestras capacidades y en la vorágine de intereses que rodean nuestra pasión por informar.
Los miembros de la Asociación Corallo recibieron una lección interesante el pasado 22 de marzo cuando participaron en una audiencia privada con el papa Francisco. En esta ocasión, como en muchas otras ya memorables, el pontífice ha señalado lo que está en el rabillo de nuestra mirada, que no perdemos de vista, pero en donde no solemos centrar toda nuestra atención.
Corallo asocia a estaciones de radio y televisoras italianas, y reporta a la Oficina Nacional de Comunicación Social de la Conferencia del Episcopado Italiano. Esto es, son una agrupación notablemente católica.
En el centro de su mensaje, Francisco reflexionó sobre la búsqueda de verdad, belleza y bondad como la misión de los comunicadores y los medios de información: una verdad no intelectual sino inteligente, una bondad que supere las barreras de la ética y una belleza que no maquille la realidad. Hasta aquí las virtudes, faltan los pecados.
El pontífice enumeró tres pecados de los medios de comunicación: desinformación, calumnia y difamación. Todos, en cierto modo, van por el camino de la mentira y ésta es la ofensa más grave que puede realizarse desde los informadores para sus audiencias, lectores o usuarios.
Para Francisco la calumnia y la difamación son ‘pecados mortales’, pero no tan peligrosos como la desinformación. Calumnia y difamación tienen un horizonte de reparación, de perdón y de restitución de dignidad de las personas o instituciones que han sido afectadas si se tiene buena voluntad. Sin embargo, la grave falta que se comete al desinformar, “el decir la mitad de las cosas, las que son para mí más convenientes y no decir la otra mitad”, puede estar fundamentada precisamente en una ‘buena voluntad’ mal comprendida. La reparación de este mal y la restitución de la dignidad de la gente de la que deseamos credibilidad tiene que pasar por un largo camino de sanación en el medio, el comunicador, la relación entre ambos y con el público.
Es importante que este mensaje lo haya dado a una agrupación católica de profesionales de la comunicación. A nadie se le haría inusual o incongruente que las informaciones de las agrupaciones políticas, ideológicas o institucionales lleguen a ser parciales a favor de sí mismos cuando se abordan no solo los principios que los congregan sino las estructuras, formas, prácticas, personalidades, intereses y relaciones que han construido. Y, si bien no son incongruentes con su comunidad, su línea política, sus representantes, patrocinadores o su zona de pensamiento, sí lo son con el espíritu de búsqueda de la verdad. La parcialidad es una falta que nace del miedo, la ignorancia o la conveniencia, y ninguna anuncia nobleza.
Francisco Zarco decía: “Examinemos la prensa como simple manifestación del pensamiento, veámosla como instrumento del progreso humano, contemplémosla bajo el aspecto de la ciencia, del arte, de la civilización; demos una rápida ojeada a la historia de sus inmarcesibles glorias y de sus cruentos martirios y veremos, señores, que las trabas mal definidas, como la de la moral, han sido el origen de todas sus persecuciones y las que han hecho ilusoria su libertad”.