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Elecciones llenan de desconfianza y recelo a obispos mexicanos

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Reunión del Consejo Permanente de Obispos Mexicanos con el Consejero Presidente del INE

Ya fuere en sus últimos mensajes del 2017 o en la celebración de la Jornada Mundial de la Paz el primer día del 2018, los obispos mexicanos no desaprovecharon la oportunidad de enviar en sus mensajes una concienzuda preocupación por el año que comienza; particularmente por el proceso electoral en marcha y los efectos que dejarán las campañas en un país fuertemente lastimado por la corrupción y la violencia.

En el corazón de la capital, el teólogo canónigo de la Catedral de México, Julián López Amozurrutia -en suplencia del cardenal administrador apostólico Norberto Rivera Carrera-, afirmó que el 2018 se vislumbra como un año “en el que las esperanzas son tibias” pues dijo son “demasiados los desengaños acumulados”. El teólogo reprochó que en México la persona humana no se encuentre en el centro de las prácticas colectivas y lamentó que los más indefensos “sigan siendo víctimas de atropellos indecibles”.

Sin embargo, fueron los obispos del interior quienes hicieron hincapié en que gran parte de la responsabilidad de aquellos desengaños y atropellos provienen de los partidos políticos y los funcionarios: Arturo Lona Reyes, obispo emérito de Tehuantepec, afirmó que en el proceso electoral próximo todos los partidos políticos carecen de credibilidad por ser responsables de la crisis política, social y económica del país.

Lona Reyes, aseguró que los partidos políticos “están matando a pausas a los pobres de México” y que sus empeños por el poder restan posibilidades de una vida mejor y de dignidad a la ciudadanía.

En cierta consonancia, Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, obispo de Veracruz, dijo que en el país se “ha retrocedido en materia política” toda vez que los partidos se han desprestigiado y que frente a las próximas elecciones las opciones presentadas son decepcionantes: “Cada vez más la sociedad no se ve representada en los partidos y sus gobernantes, cada vez más la percepción de la sociedad es que lo que hace toda esta gente es hacer carrera política para ganar dinero, para hacerse ricos y de ahí corrupciones y todo lo que sabemos, entonces si los partidos han ido desmereciendo la confianza pues lo estamos viendo en las elecciones… Casi casi la mayoría se pone a pensar cuál es el menos peor, porque en realidad está la cosa decepcionante”.

Aunque la mayoría de los obispos de México solicitaron a su grey estudiar bien y analizar el voto que darán a los aspirantes a cargos de elección, el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, afirmó que la solución del país no pasará sólo por las urnas. El obispo, que ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz y acreedor de varios premios internacionales de derechos humanos, animó al trabajo comunitario de los fieles y rechazó que los desafíos del país en el 2018 vayan a encontrar solución en las elecciones del 1 de julio próximo ni que los comicios lograrán cambios en las cúpulas del poder.

“Se espera un año difícil”, resumió el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, en su mensaje de año nuevo ante los feligreses de Morelos; y, aunque pidió recibir al 2018 con esperanza, reconoció lo difícil que es dejar las páginas de corrupción e irresponsabilidad. Lo dice con conocimiento de causa porque en el 2017, Castro sufrió una persecución política por su crítica ante las acciones deliberadas de agresión, corrupción e intimidación del poder criminal en el estado.

Quien expresó con más crudeza las dificultades del año en medio de una compleja contienda electoral y una violencia inédita en el país fue el obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, quien consideró que los recientes asesinatos de alcaldes y candidatos en el estado de Guerrero ya adelantan que “las cosas se van a caldear demasiado”. Al finalizar la misa del primero de enero en la catedral de Chilpancingo, el obispo Rangel afirmó que su perspectiva del 2018 “no es tan halagüeña” y, aunque deseó un feliz año a los fieles, remató: “No creo que sea tan feliz”.

El proceso electoral en el que se elegirán 3 mil 415 cargos de elección popular el próximo 1 de julio mantiene cautos a los representantes de la Iglesia católica en México; Sigifredo Noriega Barceló, obispo de Zacatecas, dijo que el 2018 será un año muy significativo para el país, porque después de que 2017 ha sido uno de los años más violentos de su historia, los mexicanos tienen la oportunidad de revisar la vida y tomar un nuevo camino. Noriega pidió que los votantes no dejen al final su reflexión sobre los candidatos y aseguró que la Iglesia católica colaborará “inyectando esperanza, creando conciencia y trabajando por la paz” con la reflexión en la dimensión política de los ciudadanos.

Se refiere, por cierto, al Manual de Construcción Ciudadana publicado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) en noviembre pasado en el que ofrecen una serie de talleres orientados a fortalecer la democracia participativa y la reconstrucción del tejido social justo frente a los comicios de julio, pero enfocados en generar liderazgos comunitarios más allá de los procesos electorales.

La propia Conferencia de Obispos en voz de su presidente el cardenal arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, invitó a los fieles a prepararse “muy bien” para las elecciones; el cardenal dijo que es un evento trascendente en la vida política del país y exhortó a los votantes a tener mucho cuidado y a observar bien. Finalmente, el cardenal Robles pidió que el juicio que la ciudadanía tenga hoy de sus funcionarios se deje en manos del Supremo: “que sea Dios mismo el mejor juez de quienes hasta ahora en los últimos años nos han gobernado”. Algo que seguramente desearían con fervor los 16 exgobernadores mexicanos que hoy se encuentran prófugos o investigados por diversos delitos y actos de corrupción.

@monroyfelipe

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¿Quiénes se adjudican bombazo en el episcopado?

coffia.JPGPor supuesto, su objetivo es propagandístico. Todas las acciones que el Comando Feminista Informal de Acción Antiautoritaria (COFFIA), grupo que se adjudicó la detonación del artefacto incendiario en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano, están ampliamente documentadas en la red. Comenzaron la difusión de sus atentados en agosto del 2014: el primero en una oficina de atención ciudadana del asambleísta Orlando Anaya González en Iztapalapa y el segundo, presuntamente fallido, en la iglesia de Nuestra Señora de Loreto en el Centro Histórico.

El diario Reforma consignó el primer evento que sucedió a las 22:00 hrs del 25 de agosto: “De acuerdo con testimonios de vecinos que fueron narrados al legislador, unos sujetos dejaron una bolsa junto a la puerta… Afortunadamente no había gente adentro, nadie está lastimado”, relató el entonces asambleísta.

El segundo acto lo relata Lupe La Camelina, líder del Comando: “En realidad, pretendíamos ponerla en la catedral ubicada en la plaza constitución […] Sin embargo, al llegar, vimos a trabajadoras de la limpieza barriendo. Y dado que amamos la vida, y dado que nosotras mismas somos trabajadoras, desistimos de nuestra idea original. Entonces dimos la vuelta y la colocamos en la iglesia de Loreto que está ubicada en un lugar menos concurrido por las noches. Sobre este, nuestras fuentes nos revelan que fue encontrado y desactivado antes de hacer explosión”.

Desde entonces, cada artefacto explosivo detonado durante la madrugada en diferentes espacios de la Ciudad de México es reivindicado por la célula ‘feminista’. El 6 de junio del 2015 se adjudicaron el bombazo en las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano ubicadas en la Av. Revolución y Rio Mixcoac. En diciembre de ese año, colocaron otro artefacto explosivo en la iglesia del Espíritu Santo sobre la avenida Congreso de la Unión: “Se trata de un mensaje de odio a la iglesia católica… Nosotras destruiremos sus sacristías”, firmaba la misma Lupe Camelina.

El 4 de mayo del 2016 dicen haber atacado las oficinas de la SACMAC en la colonia Nápoles, una consultora que se dedica a servicios de ingeniería y construcción para diversos proyectos entre los que se encuentran la Base Aérea Militar de Santa Lucía, la Terminal 4 del aeropuerto de Cancún y el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. SACMAC también asesora y supervisa las obras del Tren Méxio-Toluca, pasos a desnivel del Circuito Interior, intervención estructural en diferentes líneas de metro; y participa en plantas de perforación petrolera, plantas termoeléctricas, diversos proyectos mineros, plantas de producción de alimentos, medicamentos, partes automotrices; hospitales, laboratorios y plantas de tratamiento de aguas residuales.

Aunque se confirmó que el Centro de Comando, Control, Cómputo y Comunicaciones de la Ciudad de México contaba con una serie de videos para iniciar la carpeta de investigación, no se supo qué resultó de aquellos peritajes. Fue el primer comunicado del Comando firmado por Ana La mariposa negra.

El 20 de diciembre del 2016, Ana La mariposa negra escribió un largo comunicado adjudicándose la detonación de un explosivo frente a las oficinas del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México. El método fue idéntico: en la madrugada, frente al portón de acceso, sin lesionados. La Procuraduría capitalina dijo que el explosivo fue un tubo galvanizado, relleno de pólvora negra, con tapón inferior y en la parte superior varios trapos usados como mechas. El ‘Comando’ explicó el ataque y sentenció en su comunicado: “Esperamos que las feministas ‘buenas y bonitas’ no nos tilden de antifeministas y quieran lanzarnos a la hoguera, aunque seguramente no faltará la que sí”.

Sí, el Comando Feminista atacó una instancia al servicio de las mujeres a quienes les reclama: “Sigan cómplices lamiendo su propio grillete. Pero estén seguras de que por lo que a nosotras respecta, nuestro ataque directo a sus instituciones feministas burguesas continuará…”.

El 26 de julio, COFFIA dijo haber colocado la madrugada anterior el artefacto explosivo frente a la Conferencia del Episcopado Mexicano, el comunicado lo firma una nueva identidad: Coatlicue. El ‘Comando’ escribió la consigna que han usado otras veces: “Ni Dios ni amo” y afirman que la explosión la hicieron “¡Por cada tortura y asesinato en nombre de su Dios! ¡Por cada niño ultrajado por los curas pederastas!”. Dijeron que usaron dinamita y gas LP, aunque los peritos de la Procuraduría capitalina aseguran que el artefacto usó pólvora como precursor.

Las autoridades policiacas llevan tres años intentado dar -sin éxito- con las presuntas responsables de estos actos violentos y, todo parece indicar que no lo harán tras este nuevo ataque. Y quizá haya una razón de fondo: las perpetradoras que se adjudican las detonaciones no son los clásicos ‘sospechosos comunes’, quizá parezcan más víctimas y, sí, es muy probable que en efecto lo sean.

En la primera edición de su periódico anarquista llamado Después de medianoche (frase con la que inician cada comunicado de adjudicación de atentados), la líder Lupe La Camelina escribe una frase que no se puede leer sino con escalofríos: “Nosotras llevamos en nuestros cuerpos las marcas de ese horror repitiéndose una y otra vez. Una y otra vez. Horror que sigue ocurriendo, ahora mismo, y de manera cada vez más violenta”.

Que quede claro: sus actos son terribles, repudiables y merecen castigo; pero no puedo dejar de pensar que son también reflejo de las heridas que, como mujeres, han acumulado en este país donde el asesinato y el abuso contra miles de ellas es alarmante; donde la justicia laboral, económica y social sigue guardando tufos de misoginia y machismo; y donde las explicaciones que les dan sobre su destino y participación en diferentes áreas de la sociedad se basan en arquetipos rancios e inoperantes. Así no es raro imaginar que algunas mujeres caigan en aquellos espejismos delirantes de violencia martirial anárquica.

Eddi Dutra, en Ecos del Edén. Desilusiones de una Iglesia postmoderna intenta explicar este fenómeno que podría dar pistas para comprenderlo y para evitar que siga creciendo en rencor e intensidad: “Entonces, cuando vieron en la decepción de los creyentes y los no creyentes la oportunidad de promover sus propios ministerios, se convirtieron en la voz de sus esperanzas. El pueblo, enfermo de tanto escándalo, fue a escuchar sus denuncias sin darse cuenta de que estos denunciantes eran igualmente corruptos; y que les prometieron libertad mientras ellos mismos eran esclavos de la corrupción […] las víctimas del abuso son susceptibles a la revictimización y, en su búsqueda para sacudir todos los males experimentados en la iglesia, se convierten en blancos fáciles para cualquier persona que utiliza este descontento para atraparlos en sus propios intereses”.

Lo confirma la propia Conferencia del Episcopado en su documento Que en Cristo Nuestra Paz México tenga Vida Digna: “La violencia crea un clima socio-cultural que relativiza la función de las normas para regular la convivencia social. Esto sucede sobre todo entre los jóvenes que, cuando son reclutados por organizaciones criminales, no reconocen más ley que la que les da el poder […] Cuando la frustración de estos grupos sociales es capitalizada por actores políticos para sus propios fines, aumenta el riesgo de reivindicaciones violentas y el peligro para la sociedad”.

Y, más adelante reflexiona: “Perdemos el tiempo cuando buscamos culpables o esperamos pasivamente que sea sólo el gobierno quien dé solución a problemas que son de todos. Debemos actuar ya, cada quien en su propio ámbito de competencia”. Espero que sí y, huelga decirlo, me solidarizo con esta última idea.

@monroyfelipe

“Los motivos del lobo”, el poema que inspira a obispo mexicano para hablar con el narco

18920419_10209338733934159_8034887677974637305_n.jpg“Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz,  alzando la mano,  al lobo furioso dijo: ¡Paz, hermano lobo!”, así imaginó el poeta Rubén Darío al santo de Asís en su diálogo con una bestia que asolaba rebaños y pastores; y para Salvador Rangel Mendoza, obispo de Chilpancingo-Chilapa, en el estado de Guerrero, México, es la inspiración necesaria para que desde su ministerio episcopal tienda puentes de diálogo con los narcotraficantes de la región sur del país.

“No podemos tapar el sol con un dedo y no estoy de acuerdo con ese discurso triunfalista del gobierno federal, estatal o municipal de que tienen todo bajo control: sabemos que todo Guerrero está en manos del narcotráfico”, afirma categórico el obispo Rangel Mendoza, quien en meses pasados ha tenido oportunidad de dialogar con narcotraficantes en el estado para evitar que aumente la escalada de violencia en la región.

El obispo, de formación franciscana, considera que su misión como pastor le obliga a mantener las puertas abiertas al diálogo, incluso con narcotraficantes: “Como pastor no le puedo cerrar las puertas a nadie y, como ha sucedido en otras ocasiones, lo que yo quiero con este diálogo es asegurar a los sacerdotes, a las religiosas, a los seminaristas y a los catequistas. Y yo prefiero tener esa puerta abierta, esa puerta de diálogo; por eso lo he hecho. Y no es que esté todos los días con ellos, simplemente es para protección del clero”.

Sin embargo, el diálogo que ha sostenido con criminales ha sido duramente cuestionado por las autoridades: “Ya he hablado con el secretario de gobierno y también hemos tratado la situación con el gobernador Héctor Astudillo, a ellos no les ha parecido, no les gusta que esté dialogando con estas personas y me lo han dicho. Lo que busco es sembrar la paz, invitarlos a dejar estos asesinatos y la conversión de todo mundo; pero es la gente de gobierno la que no quiere dar su brazo a torcer, que no dialogan con criminales, con gente fuera de la ley. Yo me pregunto: ¿En dónde está la gente mala, adentro o afuera?”.

Pero en el diálogo con narcotraficantes, ¿no se llegó a ningún tipo de negociación o intercambio de favores?

No, de ninguna manera. Es un diálogo, no es ninguna negociación. Yo aprovecho ese momento, les digo clarito: “Yo vengo aquí como amigo; vengo a ofrecerles la palabra de Dios; vengo a ofrecerles los sacramentos; vengo, no a juzgarlos, sino simplemente decirles que son parte de la diócesis y quiero estar con ustedes. Hasta allí únicamente. Los invito a que en lo posible no asesinen, no hagan levantones, no hagan cosas inconvenientes; y ellos, queriendo que no, hacen caso de este llamado. Prefiero tenerlos cerca que lejanos, y que escuchen alguna voz. Yo siempre los invito a la paz, a la concordia y a la tolerancia. Creo que muchas veces me escuchan esas personas.

Les hace un llamado a la conversión…

Efectivamente. Y a la misericordia.

Para el obispo Salvador Rangel, la situación en el estado de Guerrero es dramática. Semanas atrás denunció que grupos criminales cobraban derecho de piso a las autoridades de la Catedral de Tlapa pero que tras establecer un diálogo con aquel grupo se logró detener el abuso: “Se logró erradicar ese cobro de piso porque se lo pedí a un personaje de estos y él se encargó de arreglar ese asunto. Desgraciadamente, después llegaron otros y creo que ahora, de parte del municipio o del gobierno estatal, tienen montada una guardia de planta allí en la Catedral”.

Pero las amenazas son la menor de sus preocupaciones: “Este fin de semana tuvimos 26 asesinatos en Guerrero; el sábado solamente tuvimos siete asesinados aquí en Chilpancingo. Por ello no estoy de acuerdo con ese discurso triunfalista del gobierno federal, estatal o municipal de que tienen todo bajo control. Y en lo personal sí tengo un cierto temor. Pero tengo más temor de algunas autoridades o instituciones que de los mismos narcotraficantes”. Este pasado fin de semana se encontraron dos cabezas humanas precisamente en su diócesis: una en Chilpancingo y otra en Chilapa

¿Cómo se dialoga con alguien que en su universo de vida no tiene una orientación positiva con su prójimo, que le roba, que lo asesina, que trata de aventajarse de sus debilidades? ¿Cómo hace usted para dialogar con ellos?

Como fraile franciscano tengo siempre presente el diálogo y abrirse a los demás. Tengo muy presente esa poesía de Rubén Darío “Los motivos del lobo”, como san Francisco acudía a escuchar al lobo, a escuchar sus motivos de por qué se portaba mal. Y yo he ido a escuchar los motivos de esas personas, porque no están metidos gratuitamente sino por las circunstancias. Por ejemplo, uno de ellos dice: “Mataron a mi padre”; y otro: “Secuestraron a mi esposa y a mis hijos”. Entonces hablo con ellos y son personas humanas como nosotros, no dejan de tener fe.

Rubén Darío termina así su famoso poema después de verificar que tras la acción violenta del hombre el lobo vuelve a la violencia feroz: “El santo de Asís no le dijo nada. Le miró con una profunda mirada, y partió con lágrimas y con desconsuelos, y habló al Dios eterno con su corazón. El viento del bosque llevó su oración, que era: Padre nuestro, que estás en los cielos…”

@monroyfelipe

El sobrado placer de la derrota

peñaobisposmxEn política es mejor dejarse empatar y salir del encuentro con la ficticia sensación del ganar-ganar antes que humillar al adversario cuando se tiene la oportunidad; y es que la revancha y la venganza son –dice el clásico- platos que se sirven fríos y a nadie le gusta tener que tragar sapos.

La política mexicana ha adoptado esta convicción de cautela porque aún está muy lejano el horizonte electoral… del 2018; y aunque algunos tienen ya clara su estrategia de revancha, otros solo desean salir en la foto, limosnear lo que se derrame de la mesa. En el fondo, lamentablemente, lo único que se legitima con estas posturas es la medrosa e indiferente comodidad de los privilegios –y los privilegiados- ante el clamor de las muchas víctimas y miserables. Pocos, muy pocos, entienden de procesos democráticos, de madurez ciudadana, de responsabilidad, pluralidad y participación.

“Hay que escuchar a la sociedad”, recomendó el arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, durante el encuentro que sostuvieron los obispos del Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el mandatario en la residencia oficial el pasado 10 de marzo.

Buena falta le hace. No solo por el descenso en su popularidad, sino porque las decisiones que desde el ejecutivo prácticamente impone (ignoramos si por voluntad propia) al poder legislativo y judicial, elevan los niveles de crispación social, de desconfianza y de impunidad.

El fantasma de volver a un autoritarismo que aplasta a un Congreso de la Unión apocado y que coacciona a una Suprema Corte de Justicia condescendiente, alerta e inquieta a no pocos sectores de la población quienes advierten que una actitud así podría agudizar el conflicto social que padece el país.

Por eso el presidente mantuvo su marcador por debajo cuando se reunió con los obispos mexicanos. Se tiró al piso para que lo levantaran; y funcionó, el arzobispo de Mérida, Emilio Berlié, le confió: “Usted va bien. Siga haciendo el bien. Solo al árbol que da frutos le tiran pedradas”.

Peña quiso mantenerse en el margen de la derrota a mitad del partido, aceptando que en las diferentes urgencias nacionales no se han alcanzado los mínimos deseables; pero prometió remontar la pizarra. Todo es parte de la estrategia, les aseguró.

Para seguir con la metáfora, es como si en el medio tiempo, el director técnico de un equipo que va perdiendo por diez goles declarara: “Goles, llevamos pocos, quizá uno; pero qué golazo. ¡Fantástico! ¿Lo vieron? Con ese gol le daremos vuelta al partido”.

Ese golazo, para el presidente tiene nombre: las reformas estructurales.

En respuesta, el cardenal Francisco Robles, arzobispo de Guadalajara y presidente de la CEM: “reconoció los logros alcanzados por el Presidente de la República y los miembros de su Gabinete, en medio de una situación difícil por múltiples problemas añejos y un contexto global complejo”, según afirmó el propio organismo eclesial.

Los obispos agradecieron que Peña no tomara la actitud triunfalista que en su momento asumió Felipe Calderón frente al combate al crimen organizado, la pobreza, la injusticia o la crisis política pero no quisieron avasallarle con los muchos temas negativos propios de su administración y de otros poderes constituidos que continúan sin atención o, en el mejor de los casos, minimizados: la corrupción de funcionarios, la infiltración del crimen en las administraciones públicas, la violencia del Estado contra ciudadanos, el secuestro de la política por parte de poderes fácticos, la depreciación del peso, el crecimiento de la deuda pública, el entredicho de su persona y sus colaboradores por los legales pero inmorales contratos cedidos, la falta de mando sobre el ejército, los miles de desaparecidos y asesinados, la ruptura del Pacto Federal, la nula relevancia del país ante el extranjero, la aniquilación de la oposición, la criminalización de la protesta social y  un largo etcétera.

Para el episcopado, las situaciones anteriores son apenas derivaciones de problemas más profundos; por ello, al tratarse de una reunión institucional, los obispos llevaron su propia agenda y estrategia para hacerle ver a Peña los temas que sí consideran apremiantes: la legislación pro derecho a la vida (presentada por el cardenal Norberto Rivera), la promoción de modelos de educación integral (expuesta por el cardenal Alberto Suárez), la exigencia de atención a víctimas y seguridad ciudadana (reclamada por el arzobispo Carlos Garfias), el llamado al combate a todo tipo de corrupción (convocado obispo Javier Navarro) y la demanda a una firme convicción para la erradicación de las pobrezas (requerida por el obispo Sigifredo Noriega). Temas que invariablemente requieren procesos democráticos, madurez ciudadana, responsabilidad, pluralidad y participación.

El presidente tomó nota de las preocupaciones de los obispos y se comprometió a colaborar por el bien de México, a combatir a la corrupción, a asumir una política de defensa de la vida, a disminuir la pobreza y desigualdad, a redoblar esfuerzos en materia de seguridad… pero como estaba en su cancha, con su balón y ya iba ganando, decidió regalarles un penal y sin portero: “Ustedes los obispos –dijo- están sembrando las semillas de esperanza y optimismo”. @monroyfelipe

Para concluir la guerra

“¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo? ¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas? también les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan / abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno / sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente”. -Mario Benedetti

En realidad me ha costado trabajo encontrar el texto de Carlos Vigil Lagarde Guerra, Justicia y Derecho. Cuando llegó a mis manos en fotocopias hace años me quedó grabada su frase: “Cuando la justicia se acompaña de la caridad, se desvanece el espectro de la guerra; así, la fórmula para la felicidad de las naciones y la humanidad es, pues: vivir en la justicia y la caridad”.
En ese ensayo, Vigil daba nueve sugerencias para erradicar la guerra, algunas suenan descabelladas pero otras están llenas de sensatez: “Establecimiento de una educación antibélica, educar a los padres de familia para erradicar toda violencia en la vida familiar, colocación de placas con informes sobre los daños de la guerra en los monumentos conmemorativos de las batallas”.
Algunas otras ideas de Vigil son de índole punitivo-administrativo e incluso represoras de la libertad, en síntesis: el fermento ideal de violencia institucionalizada sobre la conciencia. Sin embargo, me detengo en las que a mi juicio suenan positivas porque hablan de construir una sociedad con cimientos de educación y de memoria.
Reflexiono esto frente al Museo Memoria y Tolerancia, en el Centro Histórico del Distrito Federal; un recinto lanzado, fuertemente patrocinado y promovido por la comunidad judía en México y que, en sus palabras, ha sido su regalo de agradecimiento a la nación mexicana en el marco de la celebración del bicentenario de su Independencia y del centenario de su Revolución.
Los objetivos del museo se intuyen, son transparentes: primero, no olvidar los horrores que deja a su paso la violencia; y, segundo, construir respeto en la convivencia plural social.
Anima -y no poco- el que este espacio de íntimo reconocimiento y búsqueda de entendimiento registre una nutrida e inusual afluencia de visitantes -muchos niños, por cierto-, porque es en este tipo de proyectos donde se condensa el vaporoso sueño de Vigil y de tantos otros hombres y mujeres de buena voluntad: el fin de la violencia.
La guerra, que hace estéril toda la superficie del mundo, se alimenta a temprana edad de un olvido selectivo y de una paulatina adaptación a las violencias entre los seres humanos.
Por ello preocupa la creciente opinión de varios líderes sociales sobre la construcción del futuro del país a base de una nueva revolución o una resistencia civil pertrechada de rabia y de repudio. Quizá se hayan adaptado tanto a las violencias que piensen que una nueva y definitiva puede controlar la situación; en el fondo no hacen sino seguir el modelo de quienes creen “poder adminstrar el infierno”, como criticó Javier Sicilia.
Inquieta percibir que, como la humedad, la desesperanza ha minado la confianza en la paciencia, la templanza, la justicia y la prudencia, en la fortaleza de las ‘armas débiles’ que son el diálogo y la caridad.
Pero hay caminos de paz, estoy seguro que aún los hay. Eso es lo que pude constatar en una corta vista a Guerrero, donde la violencia se expresa en todas sus dimensiones, en todos sus rostros y en toda su crueldad. Sucedió en el saludo de paz durante una misa en Acapulco, a sugerencia del párroco los participantes nos miramos, nos abrazamos, lloramos juntos nuestras pérdidas, nos perdonamos y nos dimos la oportunidad de confiar en las manos del prójimo, de creer nuevamente en la bondad de los extraños.

Bullying: tapar el pozo y quedarse sin agua

Holding the kid handLas agresiones entre estudiantes en escuelas y colegios en México ya han cobrado víctimas mortales; el fenómeno denominado bullying parece crecer tanto en crueldad como en frecuencia y, frente al espanto, también aumenta la indignación, la cacería de culpables y la exigencia de más controles institucionales.

El nivel dramático de esta situación ha orillado a las instancias de educación pública a establecer medidas de control e intervención en las aulas y espacios educativos, a endurecer la ley, a incrementar la vigilancia y a certificar la ejecución de los protocolos previstos por nuevos reglamentos emergentes. Es lo que llamaríamos ‘tapar el pozo’ y parece correcto, al menos por lo pronto, pero la expresión intuye situaciones difíciles comúnmente obviadas.

Tapar el pozo es la reacción radical, lógica y busca ser proporcionalmente inversa al daño original pero es claro que nada puede remediar. Cuando se tapa el pozo se pretende evitar probabilísticamente daños posteriores terribles pero, mientras tanto (y hasta que la razón que llevó a su clausura se olvide), el pueblo debe aguantar la sed. Al ocurrir esto, es frecuente que el rencor crezca, que surjan nuevas avaricias y que la desconfianza tome asiento entre la gente.

Comienzan las expresiones: “No ha sido culpa mía, ni de los míos, ¿por qué deberíamos padecer estas medidas si han sido otros los culpables?” o “No sé los demás, no me importan; pero con nuestros recursos podemos sobrellevar esta situación con comodidad”; y finalmente: “No creo que la medida lleve a ningún lado, los malhechores no tienen remedio, más que soportar privaciones todos, habría que castigar a los culpables”.

Esto está pasando con el bullying en México: salvaguardándonos de la autocrítica, señalamos a todos los que creemos responsables: al Estado, a la televisión, las películas, la indisciplina, la familia, el consumismo, los horarios de trabajo, los salarios y un largo etcétera. Pero dice el proverbio inglés que cuando apuntamos con el dedo, otros tres nos señalan de vuelta. En este, como en muchos casos, todos debemos pagar nuestra cuota de sudor y de vergüenza para avanzar en la construcción de una cultura menos violenta y más corresponsable.

Tapar el pozo es el voto unánime de legisladores locales al crear ‘leyes antibullying’, es endurecer las penas del código para agresores, practicar el escarmiento público a infractores, es implementar métodos de centros de readaptación social en los colegios y las escuelas, es hacer campañas sensibileras que escandalicen a las ‘buenas conciencias’. Nada de esto tendrá resultados fecundos, no habrá frutos porque no habrá con qué regar la siembra.

Para continuar con la alegoría, opino que hay que mirar al pozo, reconocernos en el reflejo oscuro de su fondo, dolernos por los que allí han caído y construir cultura trascendente a partir de nuestro honesto arrepentimiento. Mirar el pozo es no olvidarlo, es buscar la transformación desde el contacto con la realidad y su esencia, es imaginar alternativas desde el centro de nuestra desgracia y compartir en perspectiva y esperanza, conciencia de nuestro pasado y expectativa de nuestro futuro.

Por desgracia en medio del fenómeno del bullying, aún nada hay como respuesta al drama personal de las víctimas o de los victimarios, de sus familiares y de quienes son testigos cotidianos de la agresión y la vulnerabilidad a la que están expuestos. Son solo pocas las voces que dan esperanza y trazan rutas de trabajo en el horizonte emocional de niños y jóvenes, de padres y maestros, y que desean abrazar a una sociedad que vive constantemente bajo el asedio de la violencia, la superioridad y el desprecio por el prójimo. Quizá solo así, tanto autoridades como las familias puedan encontrar salidas humanitarias a la crisis social que nos agobia.

“Estilo franciscano, recuérdelo”

faustino-enroma-300x225Ha concluido la Visita Ad limina de los obispos mexicanos al papa Francisco. Diferente a las anteriores, en general el ambiente fue más franco, distendido. Los obispos de México pudieron hablar sin los titubeos que la mediación del idioma sugiere, sin mediadores que interpretaran de más o de menos. Algo que se está volviendo costumbre del pontífice.

Las capacidades tecnológicas acercaron también mucho más allá de los reportes periodísticos, detalles del encuentro, convivencia, celebración y peregrinación espiritual de los pastores del país en la Ciudad Eterna. Los propios obispos fueron los principales reporteros, fotógrafos e informadores, armados con sus teléfonos inteligentes publicaron en sus redes sociales postales y fragmentos de interés sobre la visita y que los feligreses de sus diócesis agradecieron recibir en sus muros o time line.

Sin duda ha sido una gran oportunidad para conocerse y reconocerse, para charlar sobre los temas qué más apremian en la Iglesia católica mexicana. Los temas más recurrentes: la violencia en el país, la destrucción del medio ambiente, los desafíos educativos y culturales, la ofensiva pobreza, la tragedia migratoria, la falta de liderazgos políticos, la crisis vocacional y familiar, el activismo de la vida religiosa, la resistencia  desde la trinchera antropológica, la difícil gobernanza de congregaciones y presbíteros, así como la caída de viejos paradigmas sociales.

Frente a todos estos temas, el Papa ha escuchado y compartido; ha dado un mensaje claro y contundente: “En la actualidad, las múltiples violencias que afligen a la sociedad mexicana, particularmente a los jóvenes, constituyen un renovado llamamiento a promover este espíritu de concordia a través de la cultura del encuentro, del diálogo y de la paz. A los pastores no compete, ciertamente, aportar soluciones técnicas o adoptar medidas políticas, que sobrepasan el ámbito pastoral; sin embargo, no pueden dejar de anunciar a todos la Buena Noticia: que Dios, en su misericordia, se ha hecho hombre y se ha hecho pobre”, dejó expresado el 19 de mayo.

A lo largo de sus alocuciones insistió en la responsabilidad y, al mismo tiempo en que reconocía la labor de las comunidades, las parroquias o la “insustituible” labor de los laicos, expresó su esperanza en que estos hombres y mujeres puedan transformar y edificar un mundo más justo y solidario.

El Papa no puede elegir qué tipo de feligreses quiere en México, y es evidente que él no ha elegido el amplio cosmos episcopal en el país. Pero sí puede animar y conducir con un tono especial, armonizar las sutiles tensiones y hacer partícipes a todos de un camino abierto, libre, misericordioso y de esperanza. Eso es todo. La colegialidad, de la que muchos habían comprado un boleto, se profundiza y extiende con la aquiescencia pontificia, se ha hecho más manifiesta aunque para algunos haya sido como sacarse la rifa del tigre.

Para tales tribulaciones, el Papa ha dado un consejo: tomar en cuenta el estilo franciscano. Mirar nuevamente a san Francisco de Asís y a su comunidad fraterna: “el estilo franciscano, ten en cuenta, ten en cuenta” dijo el Papa a José de Jesús González Hernández, obispo prelado de Jesús María El Nayar.

¿En qué consiste ese famoso estilo franciscano? Mucho de él se lee entre las líneas de los escritos del Povorello de Asís: practicar la misericordia con los urgidos, vivir con caridad en favor de los necesitados, ubicarse siempre como forastero y peregrino,  evitar añadir parafernalia inútil, expresar la virtud a través de la sencillez y, sobre todo, los pobres, acordarse de los pobres.

Futuro de la educación católica en México

DSC_0255Cuando el episcopado mexicano presentó su documento Educar para una Nueva Sociedad, la doctora María Luisa Aspe Armella, presidenta del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC), advertía que en el tema específico de la educación católica en México se requería, además de un diagnóstico preciso y complejo, la formulación de “estrategias para la formación de formadores y de maestros católicos en formación permanente con el mundo secular y el de las culturas, que participen activamente en las iniciativas de la sociedad civil”.

Para acompañar este reto de los centros docentes, la editorial SM realizó el Tercer Foro Nacional de Reflexión sobre la Escuela Católica con el fin de plantear desafíos y rumbos de la educación católica en México.

La temática en general giró en torno a la participación y la corresponsabilidad de religiosos y laicos en la misión compartida de educar en el contexto nacional y global actual. Superiores y directivos de colegios en el país tuvieron oportunidad de compartir experiencias y enfoques teóricos-prácticos de su tarea magisterial.

En materia pedagógica, los retos que señalan los obispos mexicanos como prioritarios para un desarrollo social y cultural en México son: mejorar en equidad la calidad y la cobertura educativa, revertir los bajos índices de aprendizaje, responder ante la deserción escolar y promover una educación significativa y atractiva para el alumno y para su contexto específico.

A dichos retos, la escuela católica ha dado un paso al frente. El objetivo es certificar lo que se espera de ella: “formar con mayor libertad a sus alumnos a través de una adecuada educación profesional y mayor conciencia social efectiva; no basta la ‘excelencia académica’, México necesita hombres y mujeres capaces de asumir –como responsabilidad propia- las necesidades de los demás, en especial, de los más pobres y marginados”. Para el religioso marista Alexandro Aldape Barrios, presidente de la Confederación de Escuelas Particulares de México, es importante que en los colegios haya una formación humanista, que debe partir de los maestros, basada en valores universales como el respeto, la libertad, la justicia, la honestidad y la equidad.

En nuestra edición impresa de Vida Nueva México publicamos una reseña de lo trabajado durante este Tercer Foro Nacional: las nuevas fronteras y desafíos pedagógicos planteados por Mons. Alberto Agustín Bustamante, consejero superior de educación católica de la región Cono Sur; y la voz de las congregaciones religiosas femeninas con misión docente en México, representada por Georgina Zubiría, de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. En concreto, hay avances y aún hay retos en la respuesta al desafío de una ‘educación con valores’ lanzado por los obispos: que los valores sean reconocidos e interiorizados al grado que se conviertan en ideales que orienten la vida.

Baumgarthner, un corazón y los planetas

Felix_-Baumgartner_edge_spaceLa hazaña humana y tecnológica tiene las mismas fronteras que las de la imaginación, eso quedó demostrado por el equipo de operaciones que llevó a cabo el ascenso de Félix Baumgarthner a la estratósfera terrestre para, desde allí, dejarse caer sobre la costra de nuestro planeta.

Mientras seguía la transmisión por televisión de esta histórica secuencia no dejé de pensar en la posibilidad de convocar todas las artes y experiencias humanas para ser sintetizadas en un par de minutos de hechos inauditos. ¿No vale la pena la preparación, el coraje, la audacia, la ciencia, la fe y la razón para caer vertiginosamente sobre nuestro propio planeta? ¿No valdría más hacer lo mismo para caer así sobre planetas diferentes? Y no me refiero a los planetas físicos, a los que ya conocemos o a aquellos que conoceremos gracias a los grandes avances científicos o a las sondas espaciales.

Pienso en los planetas internos, en los que el corazón es toda una geografía accidentada y el alma que es nuestra atmósfera toda.

Las cámaras que siguieron a Baumgarthner al confín de la Tierra nos lograron mostrar esa esfera azul que es nuestro planeta; tan diminuto, terso y vacilante lucía que, en un momento del salto, me pareció ver que el atleta quería abrazarlo completamente.

En nuestro país, donde ronda un viento de muerte y venganza, cuyas flores y aromas artificiales revelan una vida social y política simulada aún hay esperanza en el abrazo. Por supuesto, esta actitud requiere de perdón, reconciliación y de todos nuestros esfuerzos para acompañar en el dolor pues, aunque para nadie es noticia que nuestro país es una patria herida, hay quienes se empeñan en no reconocer que el principal problema es la indolencia del sufrimiento ajeno.

Hay una geografía personal lacerada, erosionada por el horror del crimen y la violencia, hay un aire contaminando nuestra región transparente con densa niebla de inseguridad y miedo. El tocar esta realidad implica también sufrimiento y sacrificio, significa compartir heridas pero también participar de una misma mirada de esperanza.

Pienso entonces que sí vale la pena saltar en vacío sobre el corazón ajeno, explorarlo, descubrirlo. Reconocer que hay lugares en donde se puede visitar y sentirse agradable, como en el corazón de los amigos y en el de nuestras familias, con quienes compartimos experiencias semejantes y donde hallamos consuelo mutuo. También reconocer que hay otros sitios en los que el aire es tan tóxico que parece imposible estar cinco minutos allí, pero no dejan de ser corazones humanos necesitados de comprensión. A veces hay quienes quieren modificar un planeta: hacer lagos donde hay desiertos, quitar montañas, cambiar cauces de ríos violentos; pero eso es imposible, al menos de forma inmediata y contando sólo con las fuerzas humanas.

De alguna manera pienso en el momento cuando, con todo el valor que alguien puede juntar, decide caer sobre sí mismo, descubrir su propio planeta, porque debe saber que ese salto interior revelará tanto su belleza como sus pantanos; no es sólo mirarse al espejo, es tocarlo hasta traspasarlo completamente. Esto suele sorprender enormemente.

El papel de una sociedad fraterna

16111432ffe78c3medA finales del 2012, las cifras de muertos y desaparecidos en México desde el inicio de la guerra en contra del crimen organizado y el narcotráfico emprendida por el Gobierno Federal en el año 2006 eran de vértigo. Mientras que las muertes violentas eran contabilizadas entre 60,000 y 70,000, los desaparecidos van en el orden de los 20,000. El cambio de estrategia no ha cesado los ríos de sangre pero sí los ríos de tinta que denunciaban esto.

Al igual que en aquellos días, hoy también poco se habla del contexto humano, todos estos muertos no son las únicas víctimas de la cruel batalla por el control del territorio y su gobernabilidad. También están los millares de huérfanos y viudas, los familiares fantasmas de muertos anónimos; también están los heridos en su paz y su tranquilidad, los que han sido expulsados de sus comunidades, los que viven encerrados a piedra y lodo en sus casas, los que temen del prójimo, los que no viven sino sobreviven aterrados de vivir. Y es que, todos los días, la violencia cobra mucho más que víctimas mortales en el país; en su estela de destrucción se encuentran los despojos del miedo y de la desesperanza asentados en ciudades enteras. Es en este escenario en el que movimientos sociales han querido intervenir sensiblemente.

Destaca el trabajo anunciado por el colectivo “Por los vientos de la guerra”, iniciativa del periodista José Luis Arévalo, corresponsal de guerra por más de 14 años. El movimiento, en principio tiene la finalidad de reunir recursos para apoyar a los hijos de soldados del Ejército Mexicano caídos en el cumplimiento de su deber. Digo en principio pues el trabajo que se desea emprender es auxiliar en la reconstrucción del tejido social, sensibilizando, desanimando deseos de venganza y, quizá por qué no, también ayudar a los familiares de los criminales para que no renueven ciclos de violencia y rencor. A este movimiento se han sumado las organizaciones Pro Mazahua, Viva la Gente, Bécalos, la AAA, así como las universidades La Salle, Panamericana, Intercontinental, la Alianza para la Educación Superior (ALPES), además la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Desde la publicación del documento “Que en Cristo Nuestra Paz México tenga Vida Digna” en el 2010 las comunidades parroquiales, religiosas y diocesanas también han propuesto con creatividad y dignidad diversos programas y acciones de prevención, resolución de conflictos y acompañamiento fraterno en los heridos por las balas y en los heridos por la maldad. Tal es el caso de los talleres de modelos de atención a víctimas de la violencia cuya finalidad es evitar ciclos de venganza, culpa y resentimiento.

Para toda la sociedad mexicana, la atención a los vulnerados por ‘efectos colaterales’ de la guerra es imprescindible para lograr cierta reconstrucción del tejido social y detener, en los límites de lo razonable, la escalada de violencia que ha azotado al país en los últimos años.