Visita Ad Limina

¿Hay riesgo de mexicanización en América Latina? 

Publicado en Vida Nueva Cono Sur (Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile)

 



Dos frases de Francisco, contundentes y privadísimas, cuyo contenido quizá habría quedado en la conciencia del receptor de un e-mail, saltaron, sin embargo, al mundo entero: “Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización” y “allá la cosa es de terror”.

Las expresiones nacieron en un intercambio de correos electrónicos entre el papa Francisco y su connacional Gustavo Vera. Ante la inquietud del legislador, el pontífice imploró que la nación argentina no llegue a los niveles de México en el tema del crecimiento en el narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción de las autoridades.

Más allá de la indignación oficial del gobierno mexicano (poco respaldada por la ciudadanía), de la ‘minimización’ que procuraron algunos al recluir el tema al ‘estrictamente personal’ (habría que recordarles las palabras del Papa a los obispos mexicanos del 19 de mayo pasado) y del affaire diplomático que obligó a una ‘operación cicatriz’ exprés, queda la inquietud sobre qué significa mexicanización y si es verdad que los países latinoamericanos deben evitar esta condición antes de que vivan momentos “de terror”.

Encontrar una historia que sume narcotráfico, crimen organizado, violencia, corrupción, impunidad y brutal salvajismo en México es igual que tirar un dardo en cualquier dirección con los ojos vendados, y acertar en el centro de un episodio infame que, a nuestro juicio, podría ser el más cruel con el que nos podríamos haber topado… hasta que volvemos a tirar el dardo.

Esto comenzó hace una década, cuando encapuchados lanzaron desde una camioneta en movimiento bolsas negras con las cabezas cercenadas de sus rivales en el negocio; con esto, querían dejar una idea clara: el crimen goza de total impunidad. Por eso luego hubo un sujeto que se deshacía de los cadáveres disolviéndolos en tambos de ácido, un grupo de secuestradores enterró a más de doscientos migrantes en fosas clandestinas (después aparecieron decenas de fosas con restos de personas que también habían desaparecido), el líder de un cártel desmembraba a sus víctimas aún con vida y con frecuencia les arrancaba el rostro, otro grupo ‘levantaba’ y secuestraba menores para obligarlos al oficio de ‘sicario’

Las confrontaciones entre cárteles de la droga llevaron a situaciones inverosímiles: una docena de cadáveres colgados de un puente vehicular, centenares de ‘encobijados’ sembrados en todos los páramos, enfrentamientos en plena luz del día, ciudadanos que murieron en medio del fuego cruzado, localidades enteras que debían pagar ‘protección’ al crimen organizado, carreteras enteras usurpadas por los criminales, largas tardes de balaceras interminables en varias ciudades del país. La respuesta del gobierno entonces fue la confrontación directa y la persecución de los criminales; la estrategia no calculó que las fuerzas públicas estaban infiltradas y corrompidas por el crimen. Tropa y mandos de las policías municipales y estatales completamente dedicadas a la protección y al servicio de bandas criminales y cárteles de la droga. El caso de Ayotzinapa, con la desaparición de 43 estudiantes de mano de la policía local y bajo el conocimiento del Ejército, como convidados de piedra, es el mejor ejemplo de aquello.

El problema no concluye allí: líderes políticos, representantes populares, legisladores, directivos de partidos políticos, empresarios y toda clase de funcionarios públicos han sido evidenciados por sus vínculos con el crimen organizado; algunos bajo amenaza y otros por convicción, dejan trabajar a los delincuentes en el ejercicio del poder. Sin duda, con cierta regularidad han caído los líderes de estos grupos criminales; a veces, en medio de un festín de sangre, como en el caso de los Beltrán Leyva o Edgar Valdéz La Barbie; y otras con total control como con Joaquín El Chapo Guzmán o Servando Gómez La Tuta. Con todo, los ejecutados y desaparecidos se acumulan cada semana, muchos criminales continúan operando desde prisión. Del otro lado, los muertos y secuestrados son ciudadanos inocentes, líderes sociales, defensores de derechos humanos, activistas políticos y, también, sacerdotes.

Esto le platicaron los obispos mexicanos al papa Francisco en la visita Ad Limina del año pasado y de allí la expresión que, aunque no le haya gustado a la administración del presidente Peña Nieto, fue ampliamente asumida con vergüenza por la ciudadanía.

¿Hay riesgo de esto en Argentina o en los países latinoamericanos? Leo un breve resumen sobre las noticias de los últimos diez días sobre el crimen organizado en La Nación: jueces y fiscales amenazados por la mafia, un tiroteo entre narcotraficantes deja muertos y heridos en un asentamiento, apresan a un sicario presunto responsable del asesinato de un subcomisario, robo de avionetas para trasiego de drogas y armas, madre e hija en prisión por narcomenudistas, guerra de narcos en Rosario, un cura denuncia el problema de la droga en su comunidad, la banda delictiva de Los Monos opera crímenes desde la cárcel y la autocomplacencia del Estado en sus estrategias y medidas de seguridad… Sí, Argentina, al igual que todo el subcontinente, tiene riesgos de ‘mexicanización’.

El problema está en el imperio de la ley y del peculio, en la corrupción de las autoridades y en la apatía de la ciudadanía; en la impunidad con que gozan los criminales y el egoísmo con el que se afrontan los problemas; en la ambición de éxito y poder que vende valores por dinero. Pero Francisco no señala carencias si no anticipa propuestas, las dijo a los obispos de México: “Ustedes con su pueblo siempre y desde allí promover este espíritu de concordia a través de la cultura del encuentro, del diálogo y de la paz”. Esperamos, junto al Papa, que otras naciones aún estén a tiempo.

 

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Garantías sociales ausentes

mb-progresonacionalEl proceso de reformas en el que se ha empeñado el Estado mexicano desde hace un par de años ha supuesto un enorme esfuerzo por parte del propio sistema estatal, de sus organismos y de los partidos políticos que detentan -no siempre con justicia ni sin interés particular- la vocería y representación del pueblo mexicano. Las reformas estructurales no significan otra cosa sino las modificaciones de los parámetros legales para la supuesta mejora en la operatividad, inversión y manejo de recursos materiales y sociales para el desarrollo de la nación.

Las reformas que abarcan las dimensiones de energía, educación, telecomunicaciones, hacienda y la del propio Estado mantienen con inquietud a gran parte de la sociedad mexicana sobre los beneficios reales que la conclusión de estos debates hará tangibles entre la población. El debate y el análisis de dichas reformas ha traspasado los causes del discurso legislativo en el país y las interrogantes desde diferentes miembros de la sociedad civil no se han tardado en hacer presencia mediática.

Así lo ha hecho la Conferencia del Episcopado Mexicano quien a nombre de los obispos del país ha publicado en el marco de su 97° Asamblea Plenaria el mensaje ¡Actuemos ya! el cual básicamente secunda el cuestionamiento que se ha hecho en diferentes espacios ciudadanos sobre el interés prevalente de la población en el tema de las reformas estructurales y advierte que la verdadera reforma debe acontecer en la mente y el corazón: “Si no se reforma la mente y el corazón, si no se reforma la conciencia que genere una auténtica escala de valores y nuestra capacidad de encuentro y fraternidad solidaria no habrá reforma que nos ayude a superar las intolerables desigualdades e injusticias sociales”.

En las palabras de los obispos de México resuenan las del papa Francisco en aquella entrevista al sacerdote jesuita Antonio Spadaro, director de la Civiltà Cattolica: “Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser de las actitudes”. Y este cambio de actitud que propone el episcopado mexicano compromete a los bautizados tanto como les compromete a ellos mismos: “Los obispos, especialmente han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos de Dios en su Pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas”, dice el Papa.

La construcción de sociedades más abiertas, participativas y corresponsables es un deseo que claman diferentes organizaciones sociales, culturales y comunitarias; es una respuesta al modelo oligopólico asentado en el país durante todo el siglo pasado. En su mensaje, los obispos han puesto ejemplo en esta apertura, sin hacer exclusivo al destinatario de su mensaje ni cerrarse a las propuestas que no emerjan de cierto grupo social o gremio cultural. En su ¡Actuemos ya! se lee un plural incluyente que destierra a las tercera personas, a ‘aquellos’ y lo transforma en un ‘nosotros’.

Esto ha sido lo que manifestaron los obispos mexicanos al Papa durante su peregrinación a Roma, el cardenal Francisco Robles Ortega lo sintetizó en un panorama claro-oscuro: un pueblo que busca desarrollo justo y sustentable pero mantiene una “extendida y endémica pobreza”; un pueblo alegre que ama la vida pero que “enseñorea la cultura de la muerte”; un pueblo que practica la solidaridad pero con “hondas divisiones”.

Para el cristiano participar es acompañar y el acompañamiento -como dice el clásico- es el arte de aprender siempre a quitarse las sandalias, ante el terreno sagrado del otro. Este terreno en particular es el de las garantías sociales que, si bien jamás alcanzó en plenitud la sociedad mexicana, por lo menos se encontraban en fragmentos legislativos de ideales por trabajar. Estas garantías, hoy ausentes, podrían convertirse en apenas una ilusión del pasado si las reformas actuales se agotan en tecnicismos sin ubicar como fin último de su propósito el bienestar de cada persona humana.

“Estilo franciscano, recuérdelo”

faustino-enroma-300x225Ha concluido la Visita Ad limina de los obispos mexicanos al papa Francisco. Diferente a las anteriores, en general el ambiente fue más franco, distendido. Los obispos de México pudieron hablar sin los titubeos que la mediación del idioma sugiere, sin mediadores que interpretaran de más o de menos. Algo que se está volviendo costumbre del pontífice.

Las capacidades tecnológicas acercaron también mucho más allá de los reportes periodísticos, detalles del encuentro, convivencia, celebración y peregrinación espiritual de los pastores del país en la Ciudad Eterna. Los propios obispos fueron los principales reporteros, fotógrafos e informadores, armados con sus teléfonos inteligentes publicaron en sus redes sociales postales y fragmentos de interés sobre la visita y que los feligreses de sus diócesis agradecieron recibir en sus muros o time line.

Sin duda ha sido una gran oportunidad para conocerse y reconocerse, para charlar sobre los temas qué más apremian en la Iglesia católica mexicana. Los temas más recurrentes: la violencia en el país, la destrucción del medio ambiente, los desafíos educativos y culturales, la ofensiva pobreza, la tragedia migratoria, la falta de liderazgos políticos, la crisis vocacional y familiar, el activismo de la vida religiosa, la resistencia  desde la trinchera antropológica, la difícil gobernanza de congregaciones y presbíteros, así como la caída de viejos paradigmas sociales.

Frente a todos estos temas, el Papa ha escuchado y compartido; ha dado un mensaje claro y contundente: “En la actualidad, las múltiples violencias que afligen a la sociedad mexicana, particularmente a los jóvenes, constituyen un renovado llamamiento a promover este espíritu de concordia a través de la cultura del encuentro, del diálogo y de la paz. A los pastores no compete, ciertamente, aportar soluciones técnicas o adoptar medidas políticas, que sobrepasan el ámbito pastoral; sin embargo, no pueden dejar de anunciar a todos la Buena Noticia: que Dios, en su misericordia, se ha hecho hombre y se ha hecho pobre”, dejó expresado el 19 de mayo.

A lo largo de sus alocuciones insistió en la responsabilidad y, al mismo tiempo en que reconocía la labor de las comunidades, las parroquias o la “insustituible” labor de los laicos, expresó su esperanza en que estos hombres y mujeres puedan transformar y edificar un mundo más justo y solidario.

El Papa no puede elegir qué tipo de feligreses quiere en México, y es evidente que él no ha elegido el amplio cosmos episcopal en el país. Pero sí puede animar y conducir con un tono especial, armonizar las sutiles tensiones y hacer partícipes a todos de un camino abierto, libre, misericordioso y de esperanza. Eso es todo. La colegialidad, de la que muchos habían comprado un boleto, se profundiza y extiende con la aquiescencia pontificia, se ha hecho más manifiesta aunque para algunos haya sido como sacarse la rifa del tigre.

Para tales tribulaciones, el Papa ha dado un consejo: tomar en cuenta el estilo franciscano. Mirar nuevamente a san Francisco de Asís y a su comunidad fraterna: “el estilo franciscano, ten en cuenta, ten en cuenta” dijo el Papa a José de Jesús González Hernández, obispo prelado de Jesús María El Nayar.

¿En qué consiste ese famoso estilo franciscano? Mucho de él se lee entre las líneas de los escritos del Povorello de Asís: practicar la misericordia con los urgidos, vivir con caridad en favor de los necesitados, ubicarse siempre como forastero y peregrino,  evitar añadir parafernalia inútil, expresar la virtud a través de la sencillez y, sobre todo, los pobres, acordarse de los pobres.

Y los obispos mexicanos visitaron a Francisco

BnczNobCQAAmjt7“¡Qué Dios le conserve la alegría!”, le dijo al despedirse el papa Francisco al obispo de Colima, Marcelino Hernández Rodríguez, quien al escucharlo rió abiertamente. Distendido, cercano, en español obviamente… así ha sido reportado el primero de los nueve encuentros que sostendrá el pontífice con los obispos mexicanos durante la visita que realizan al Vaticano desde este 12 mayo y que esperan concluya el día 31. En el ínterin, el Papa realizará una peregrinación a Tierra Santa, del 24 al 26 del mes.

Con alborozada inquietud, los obispos mexicanos dicen “¡Muchas gracias!” cuando Francisco les pide tomar asiento y lo reafirman con gusto; por primera vez en la historia la visita al Papa es en su lengua materna, así que se expresan en confianza y libertad. Hernández Rodríguez pregunta no sólo en español sino en franco tapatío: “¿Somos los primeros latinos, verdad?”. Francisco dice que ya han pasado los obispos españoles pero el mexicano insiste y hace rectificar al Papa: “¿Pero de América Latina no, verdad?”.

En efecto, los obispos mexicanos son los primeros mitrados del continente que realizan la visita denominada Ad Limina Apostolorum al papa Francisco; como se sabe está ordenada así por el derecho canónico y para muchos es una oportunidad de -en primer lugar- conocer y saludar al Santo Padre y también para actualizarse en el desempeño de sus funciones episcopales con las diferentes estructuras y dicasterios de la Curia Romana.

México es un país con una gran cantidad de obispos: 92 circunscripciones eclesiásticas que, entre diócesis y prelaturas, albergan a más de un centenar de mitrados. El país aún mantiene el segundo sitial por cantidad de católicos en el mundo tan solo debajo de Brasil y un tercer lugar de porcentaje proporcional de bautizados entre la ciudadanía con un 88 por ciento. Paraguay y Ecuador tienen el primer y segundo en la región de América Latina.

Por esta razón, la visita episcopal en Roma se hace en tres partes: organizados por ubicación geográfica y equilibrando un número aproximado de obispos, éstos mantendrán por grupos sendas audiencias con el Papa. De antemano, los obispos han enviado algunas informaciones generales al Vaticano como estadísticas, relaciones territoriales y diversas actualizaciones cuyo contenido redundará en las páginas del Anuario Pontificio. Sin embargo, también expresarán personalmente al Santo Padre las preocupaciones pastorales de sus diócesis  y las inquietudes que más les agobian.

Entre ellas están el tema del presbiterio.

El obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, fue encomendado por el episcopado nacional para coordinar algunos aspectos de la visita. Al charlar con él sobre este encuentro sintetiza: “La visita tiene como objetivo un encuentro personal con el Santo Padre, cada diócesis ya ha enviado un informe bastante general y concreto en donde se informa de toda la realidad de la diócesis bajo todos los aspectos y se hace una síntesis. En los encuentros que sostengamos con el Papa participarán diez diócesis por oportunidad, en él va a hablar solamente el obispo diocesano. Allí va a dar una visión general, sintética de la diócesis, máximo de cinco minutos por cada diócesis y el Papa podría preguntar, profundizar, etcétera”.

El saludo al Papa es solo un momento de la visita. Castro prosigue: “Son dos realidades con las que debemos estar en contacto. Tenemos que ir a todas las congregaciones y pontificios consejos; esto lo hacemos a través de la Congregación para los Obispos. Con la Prefectura de la Casa Pontificia vimos qué diócesis iban a participar en cada encuentro y en la Audiencia del Miércoles. Y finalmente, aunque hemos querido participar de la misa privada con el Santo Padre, y lo vimos con sus secretarios particulares, ellos han respondido que no es posible por la apretada agenda del Papa”.

El 19 de mayo se tiene programado el mensaje que Francisco a los obispos mexicanos, todos estarán allí para escucharlo.